Acto de homenaje por los 16 años del atentado a la AMIA

5 de agosto de 2010

VERSIÓN PRIMARIA (Aún no aprobada)

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Muy buenas tardes. Habiendo número en Sala, damos inicio a la sesión conmemorativa de los 16 años del atentado a la AMIA.

 

(Es la hora 14:12)

 

______En primer lugar queremos saludar a las delegaciones aquí presentes, a las que brevemente mencionaremos: Universidad ORT, WIZO, B'nai B'rith, Comité Central Israelita del Uruguay, Comunidad Israelita del Uruguay, Confraternidad Judeo Cristiana, Keren Kayemet Leisrael, Organización Sionista del Uruguay, Consejo de Entidades Feministas Israelíes.

            Saludamos también la presencia, en representación de la Embajada argentina, del asistente del Secretario Leonardo Constantino, así como también de autoridades nacionales y departamentales, del Diputado Javier García y demás organizaciones aquí presentes.

Para la Junta Departamental es un gusto realizar hoy una sesión de estas características.

            Ahora proyectaremos un video alusivo al hecho que hoy conmemoramos.

 

(Se exhibe presentación multimedia)

 

______También quiero destacar que se recibieron saludos alusivos a este homenaje del señor Ministro Daniel Olesker y del señor Ministro Héctor Lescano.

            Dando comienzo a la parte oratoria, le damos la palabra al señor Edil Juan Curbelo.

 

SEÑOR CURBELO (Juan).- Gracias, señor Presidente.

            Quería comenzar este homenaje con este video porque luego de ver estas imágenes creo que la primera pregunta que nos debemos plantear es: ¿por qué? ¿Por qué tanta barbarie? ¿Por qué tanto odio? ¿Por qué tanto dolor y tanta muerte?

            El 18 de julio de 1994, a las 9:53 de la mañana, en Buenos Aires ocurrió el brutal atentado que causó la muerte de 85 personas y dejó más de 300 heridos, no todos judíos pero sí todos inocentes.

            El 18 de julio de 1994 la Asociación Mutual Israelita Argentina ‑la AMIA, una de las asociaciones más representativas de la comunidad judía en la República Argentina‑ sufrió este salvaje atentado terrorista, que obviamente no sólo golpeó a una comunidad religiosa ni a un país hermano como la República Argentina, sino que golpeó a todos los seres humanos que crecimos y vivimos de acuerdo con los principios y los valores más sagrados, como la libertad, la democracia, la tolerancia, es decir, la plena vigencia de un Estado de derecho.

            En este acto, creo yo, la Junta Departamental de Montevideo clara y contundentemente alza su voz de condena ante este acto criminal, sin banderas sectoriales o políticas, unida en defensa de una sociedad tolerante, unida en la diversidad.

            Fue un acto del terrorismo fundamentalista, ganado por el odio, por el desprecio a la vida humana, que usa sistemáticamente el terror para coaccionar a sociedades y Gobiernos. Fue un acto de violación flagrante, ejecutado para difundir terror, desprecio hacia la vida humana, por un miserable interés. Cobardes asesinos de inocentes; cobardes asesinos de inocentes. Ataques que se cometen en distintas partes del mundo: en Irak, en Jerusalén, en Madrid, en Nueva York, en Buenos Aires. Atentados que nos van matando a todos los que creemos en la construcción de una sociedad tolerante, en la que existan distintas interpretaciones religiosas, étnicas, políticas y filosóficas.

            La indiferencia frente a estos hechos nos hace más débiles para enfrentar esta lucha que vivimos. No es solamente defender nuestra forma de vida, sino defender a nuestros hijos y a nosotros mismos.

            El 18 de julio de 1994, a las 9:53, atentaron contra todos nosotros, y somos nosotros, como comunidad, los que debemos reaccionar para que nunca más vuelva a ocurrir. Atentaron contra nuestra forma de vivir, contra nuestras esperanzas de tener un mundo más justo, más solidario. Atentaron contra la democracia, contra las instituciones sociales, que son parte del engranaje social y de la plena convivencia entre los hombres; por eso es que buscaron una entidad embanderada con esa entrega y con esa búsqueda de consenso social, por eso fueron por la AMIA. Atentaron contra el Estado de derecho.

            A 16 años del atentado terrorista contra la AMIA ‑planificado por un país extranjero y ejecutado por una organización terrorista, Hezbollah‑, ni olvido ni perdón, pues eso sería traicionar a las víctimas, que no tuvieron la posibilidad de vivir en una sociedad libre, tolerante y en paz.

Aprendamos a vivir en la diversidad y prioricemos los valores humanos, especialmente la vida, como valor supremo. Creo que tenemos que abogar por una sociedad plural, por la formación de un espíritu laico, condición indispensable para la convivencia de todas las culturas.

Queremos y exigimos justicia. Queremos que a los responsables de este atentado terrorista se les aplique todo el peso de la ley, que no queden impunes. Exigimos que la justicia actúe con firmeza, con imparcialidad; esa es la mejor manera de actuar contra el terrorismo. Ante la barbarie, la legalidad.

            A 16 años del atentado asumimos el compromiso de defender los derechos humanos ‑sea donde sea‑, y marcamos y condenamos la existencia de actos antisemitas de algunos gobiernos populistas de turno de nuestra América Latina. Para que nunca más tengamos que presenciar muerte, odio, asumimos el compromiso de la defensa de la libertad, la tolerancia y la igualdad.

            Hace más de 70 años el maestro Vaz Ferreira sentenció que lo que da la dirección del signo moral de la humanidad es el sentimiento creciente de horror y de condena al mal, a las guerras. Hoy también pensamos que ese es el camino; esa es la lucha, el compromiso y el legado a las generaciones venideras.

            Esta ciudad de Montevideo, a través de su Junta Departamental, mantiene viva la llama de la vida de las 85 personas que murieron en la AMIA aquel 18 de julio de 1994 a las 9:53 de la mañana.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Muchas gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Mario Barbato.

 

SEÑOR BARBATO (Mario).- Gracias, señor Presidente.

            Doy las buenas tardes a los representantes diplomáticos, a los dirigentes y al personal del Centro del Comité Central Israelita del Uruguay, a las asociaciones e instituciones educativas aquí presentes, a las autoridades nacionales y departamentales, a los amigos y al público en general.

            En nombre de la bancada del Partido Colorado, llegue nuestra cálida bienvenida a quienes hoy aquí hemos dicho presente para hacer un alto en el camino y detenernos para recordar en esta fecha una página oscura de la historia reciente, cuyo luto trasciende a la colectividad judía y nos concierne a todos como miembros de una sociedad occidental moderna que vive bajo amenazas latentes de ataques terroristas y que, en tal sentido, lleva a la reflexión para honrar a las víctimas inocentes de la AMIA, cuya desaparición, lejos de palidecer en el tiempo, debe constituir un acicate imperecedero como símbolo máximo de las libertades irrenunciables que debemos defender, aun a costa de ofrendar nuestra propia sangre para su salvaguarda.

            La Asociación Mutual Israelita Argentina ‑AMIA, su sigla‑ tiene su origen en 1894 y pronto se convirtió en el espacio de articulación y participación de los sucesivos contingentes migratorios judíos en ese país, ocupando desde 1945 la casa histórica ubicada en la calle Pasteur Nº 633, en el corazón de Balvanera, en la ciudad de Buenos Aires.

            La organización está encargada de promover el bienestar y el desarrollo individual, familiar e institucional de la vida judía en Argentina, con el propósito de asegurar la continuidad y sostener los valores de su pueblo, afianzando el sentido de comunidad y fortaleciendo los principios básicos de democracia y pluralismo, impulsando una convivencia creativa desde las particularidades que conforman la sociedad en la que intervienen.

            Entre los valores que preconiza la Asociación se destacan: la vida, entendida como la dignidad superior a la que todos tienen derecho; la solidaridad, como expresión de responsabilidad colectiva para restablecer la justicia; la memoria, como sustento del recuerdo que sirve para enseñar y resignificar la tradición; la igualdad, para garantizar las mismas oportunidades para todos; el respeto, para saber convivir con las diferencias; la continuidad de su pasado, como esencia para que sirva para reflejar las múltiples expresiones de la identidad judío-argentina, contribuyendo al afianzamiento de una sociedad con vocación por el bien común.

            En  1994, al cumplirse el centenario de su fundación, la AMIA tenía organizada una serie de festejos para su celebración que se vieron fatalmente interrumpidos en la mañana del 18 de julio, poco antes de las 10 de la mañana, cuando manos asesinas activaron un cobarde ataque terrorista mediante bombas de alto poder destructivo, encubiertas en una camioneta estacionada frente a su sede, provocando el derrumbe del edificio, con el saldo de 85 muertos y más de 300 heridos ‑como recién decía el Edil preopinante‑, la mayoría internos de la Asociación, pero también transeúntes que pasaron en ese trágico instante por las cercanías del vehículo explosivo.

            Personas de todas las edades de pronto vieron truncados sus sueños para la eternidad, sus amores y esperanzas. Y muchos de los sobrevivientes arrastran hasta hoy secuelas físicas y el padecimiento de la pesadilla constante que los martiriza cada noche por el miedo sufrido ante tanto dolor.

            El autor material fue identificado como un militante del grupo armado Hezbollah. Su sacrificio es glorificado con una placa en el sur del Líbano, donde tienen actividad las milicias chiitas.

            Coincidentemente, este atentado contra la AMIA se produjo en el entorno de otras fechas en las que acontecieron otras barbaries en perjuicio de la población y símbolos judíos de larga data.

            Sin duda que estamos en presencia de un atentado de carácter terrorista, pero además fue, inequívocamente, un atentado antisemita, perpetrado contra el lugar más representativo de la colectividad judío-argentina, que se reconoce como la más amplia en América Latina.

            Tras un largo proceso judicial errático, finalmente el fiscal, doctor Alberto Nisman, ha concluido que se trata de la autoría de un auténtico acto de guerra de un Estado contra otro, que dejó de ser patrimonio argentino y se ha convertido en una causa estrictamente judía.

            Según su investigación, pudo ser rastreado el origen del atentado en una reunión que tuvo lugar el 14 de agosto de 1993 en la ciudad iraní de Maashad, e inculpó al régimen de Irán como instigador y a Hezbollah como brazo ejecutor de la matanza, recabándose a través de Interpol la captura de ocho jerarcas del régimen islamista, acusados por el juez Rodolfo Canicoba Corral de cometer un crimen de lesa humanidad. Todo esto ha sido desoído por las máximas autoridades iraníes de la actualidad.

            Aquí quisiéramos detenernos para situar en su debido contexto el atentado a la AMIA como una pieza dentro del tablero de ajedrez del terrorismo mundial, fomentado por el totalitarismo nihilista de base teocrática, que lleva décadas gestándose en el corazón del islam rigorista, y que, en su culto a la muerte, considera objetivo militar a cualquier ser humano.

            En una publicación reciente, el Presidente a mandato cumplido en dos períodos, el doctor Julio María Sanguinetti, escribía:

            “¿Qué sostiene, si no, el movimiento Hamas? ¿Qué sostienen los grupos terroristas islámicos? ¿No hemos oído hablar una y otra vez al propio gobierno iraní, un Estado que se sienta en Naciones Unidas, que Israel debe desaparecer de la faz de la tierra? ¿No saben que en ese mundo reaccionario con atmósfera de inquisición medieval la mujer es un sujeto sin derechos, sometido a un estatuto de esclavitud? ¿No oyeron nunca que los atentados terroristas de Nueva York, Madrid y Londres pretendían agredir al corrupto Occidente y sus valores?

            La misma publicación agregaba más adelante:

            “La solución de la cuestión Palestina sabemos que pasa por la creación de un estado Palestino, del que ya existe un embrión importante con la Autoridad Palestina. Sin embargo, esa necesaria construcción no resolverá la cuestión del fundamentalismo islámico, que no amenaza sólo a Israel sino a todos los Estados y Gobiernos del mundo árabe que no se inclinen ante su fanatismo irracional, del mismo modo que asume como guerra santa liquidar los valores que dan razón a Occidente. La cuestión, entonces, es profunda y compleja.”

            Existe coincidencia, pues, en que la pretensión de Irán de borrar a Israel del mapa no es novedosa, como tampoco constituye un hecho aislado en la región, que ya supo de varios episodios antisemitas entre 1941 y 1967. Estos episodios se han visto recrudecidos por el carácter visceralmente racista del régimen de los Ayathollas que impera en Irán desde 1979 y que fue el desencadenante del atentado que hoy estamos recordando.

            La visión del escenario en Medio Oriente permite observar una ideología islamista totalitaria fuertemente establecida en varios países de una Liga Árabe poderosísima y en un Irán cuyo poder crece exponencialmente y que irradia fuertemente una corriente de antisemitismo al resto del mundo.

            La semejanza con el régimen que estremeció el siglo XX tiene también que ver con el sueño de dominar el mundo y de obligar a la humanidad a estar regida por determinada forma de vida por ellos impuesta.

            El hecho concreto es, además, que en nuestro mundo globalizado los países lejanos de zonas conflictivas no nos encontramos a salvo. Conviene recordar junto con el atentado a la AMIA en Buenos Aires a los atentados de Madrid, el del subte de Londres, el de las Torres Gemelas, el de Bali, y las decenas de atentados que felizmente fueron frustrados en diversos lugares del mundo.

            Si algo está uniendo a las diferentes corrientes del islam fundamentalista es la guerra contra la modernidad, entendida ésta como el conjunto de valores que garantizan la libertad. Por eso, el atentado a la AMIA supone una carga de gran simbolismo, porque fue aquí donde el terrorismo islámico comenzó a mostrar su implacable manual de destrucción: muerte civil, arbitraria y masiva; gran capacidad tecnológica y financiera; gran libertad de movimientos, y una finalidad de largo plazo que busca la destrucción de las libertades en los países democráticos a través de la práctica del terror.

            Insistiendo sobre el tema, el doctor Julio María Sanguinetti también aportaba lo siguiente:

            “… no se debe perder de vista que el objetivo es desmantelar a estas fuerzas terroristas, que quieren someter la dignidad del hombre y la libertad de su gente. El enfrentamiento entre Occidente y los fundamentalismos islámicos no será una guerra convencional, acá nada va a ser sencillo, nada va a ser claro. Lo que sí se tiene, no sólo por el derecho sino por el deber, es desmontar estas organizaciones armadas para la violencia, mediante el corte de suministros financieros que supriman el suministro de armamentos, pero es una lucha muy difícil y tiende a ser un proceso largo y penoso. Al terrorismo se lo combate con la conciencia y el espíritu” ‑como estamos hoy‑, “y nadie puede ser desertor frente al fenómeno del terrorismo.”

            En los días que hoy transcurren, a más de 16 años de esa tragedia, Uruguay ha recibido la visita del Ministro de Información de Israel, Yuli Edelstein, quien se encuentra de gira por la región con el fin de crear conciencia sobre el riesgo de la expansión iraní hacia América Latina. Fue recibido por el Vicepresidente, contador Danilo Astori, y sus declaraciones se han hecho públicas este martes pasado.

Frente a tales advertencias, ¿estamos preparados para un nuevo desastre? ¿Cuánto tiempo nos resta? ¿O desconocemos la existencia de células terroristas movilizadas en los alrededores de la ciudad fronteriza del Chuy o en la zona de la Triple Frontera, a punto de asestar un nuevo golpe sorpresivo y letal en algún punto de la región?

            En este acto de recordación para dignificar a las víctimas de la AMIA condenamos toda forma de terrorismo y reafirmamos nuestro compromiso ciudadano con la libertad; y como miembro representante ante este Cuerpo de uno de los partidos fundacionales de este país, que siempre acogió con amplitud de espíritu y solidaridad a todas las corrientes inmigratorias que han hecho la amalgama de lo que hoy constituimos como nación, dejo constancia expresa de nuestra legítima aspiración a que todos los actores de la sociedad, desde sus respectivos ámbitos de acción, tengan la capacidad de prevenir las nefastas consecuencias que la historia nos ha enseñado se producen cuando no son advertidas las señales de quienes actúan desde las sombras, amparados en deleznables y oscuros intereses hegemónicos.

            Para finalizar, señor Presidente, quisiera tener el honor de citar textualmente un artículo acerca de una de las víctimas, y a través de él tributar el homenaje de nuestra bancada en memoria de todos los fallecidos, así como la manifestación de nuestro máximo repudio a los culpables de este cobarde atentado, con la esperanza de que la Justicia argentina, mediadores de la causa y altos representantes de los organismos internacionales consigan revertir la situación de no colaboración del Gobierno iraní para que se pueda avanzar en la identificación de los criminales, para paz y sosiego de los familiares damnificados, a quienes a la distancia les hacemos llegar nuestras profundas expresiones de apoyo y solidaridad como vecinos de países hermanos y ciudadanos del mundo libre.

            De entre todas las historias conmovedoras que hemos visto en este video que inauguró esta sesión elegí reproducir la historia de Sebastián, la última de las imágenes que vimos en dicho video.

Voy a leer de pie, señor Presidente, porque creo que es la mejor forma de honrar a Sebastián y a todas las víctimas de ese atentado.

 

(Así se efectúa)

 

            “Argentino, 5 años. Pasaba por la puerta de la AMIA, de la mano de su mamá.

            Sebastián tenía tres años cuando le dijo a su maestra que, de grande, iba a ser presidente. La maestra le preguntó por qué. ‘Para pagarle mucha plata a los jubilados’, contestó. Desde muy chico, se plantaba y decía qué le gustaba hacer y qué no. Para las fiestas patrias, aceptaba que lo disfrazaran pero no que lo pintaran (sólo una vez dejó que le dibujaran bigotes): se negaba a ser abanderado porque le daba vergüenza y únicamente se vestía si él elegía la ropa. ‘Yo así ridículo a la calle no voy a salir’, argumentaba si no le conformaba el vestuario. Era un nene grande.

            Muy charlatán, nunca dejaba de decir lo que pensaba. Tanto, que sus padres sufrían cada vez que abría la boca. ‘Una vez, estaba en el almacén y una amiga de mi mamá se le acercó y le dijo: che, pibe. Se lo repitió varias veces y él no le contestaba hasta que en un momento se dio vuelta y la encaró: ‘Por qué me decís che, pibe. Yo me llamo Sebastián. ¿A vos te gustaría que te digan che vieja?´. Cuando le preguntaban cuántos hermanos tenía siempre respondía que dos: Lara,…” ‑ese es el nombre de mi hija; por eso elegí a Sebastián, ya que me siento identificado por esto‑ “…de diez meses y Pamela, la perra. Sebastián quería mucho a los animales (últimamente, reclamaba conejitos de Indias que una tía abuela le había prometido). Y también a Lara. Iba con ella por la calle preguntándole a los vecinos: ‘¿No es hermosa mi hermanita?’.

            La perra, la bicicleta y su tortuga ninja eran tres cosas que nadie le podía tocar. Como a cualquier chico, le gustaba también jugar a la pelota y que le contaran cuentos. Sebastián tenía dos amigos muy amigos del jardín ‑Martín y Luisito, su hermano postizo‑, otro compinche del barrio ‑Ariel, un nene más grande, al que admiraba‑ y una novia, Julieta. ´A ella el año pasado la cambiaron de jardín pero se encontraban en los cumpleaños. Una de las veces, Sebi me llama y me dice: mamá, yo no sé si soy el novio todavía. Andá a preguntarle, le digo yo. Cuando vuelve me cuenta que no se animó. Pero cuando la vea otra vez le voy a preguntar ‑agrega‑ porque me parece que seguimos siendo novios: estuvimos todo el cumpleaños juntos’.

            Sebastián estaba por terminar el jardín. Iba a pasar a primer grado. Por eso, aunque él ya no estaba, en la fiestita de colación prepararon un diploma y, junto con los de sus compañeros, largaron al aire un globo con su nombre. Para que no faltara".

Estar a la altura de un homenaje de esta naturaleza sentimos que supera nuestras posibilidades. No somos expertos en sionismo ni en el entorno de las relaciones conflictivas que afectan a todo Medio Oriente. Humildemente, hemos querido sumar nuestras palabras a las del resto del Cuerpo con el único propósito de ayudar a formar conciencia sobre los retos que enfrentamos como sociedad moderna, y que muchas veces pasan desapercibidos por el trajinar cotidiano.

            Hablamos como ciudadanos del mundo libre que sueñan con que algún día los Estados que están en la punta en el desarrollo mundial cesen su carrera armamentista, abandonen el financiamiento de grupos terroristas afines a intereses radicales y totalitarios, dediquen su mejor esfuerzo a una paz duradera, y que los conflictos sean resueltos a través de la vía pacífica en los foros internacionales creados a tales efectos, y no mediante la ofrenda de sangre inocente que la humanidad ha venido entregando desde hace siglos hasta nuestros días en el altar de las luchas antagónicas, que han enfrentado a las sociedades tras propósitos que nunca han privilegiado la suerte de los más indefensos.

            Que víctimas, familiares y sobrevivientes encuentren pronto la paz que todos anhelamos para ellos.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Muchas gracias a usted, señor Edil.

Tiene la palabra el señor Edil Jorge Buriani.

 

SEÑOR BURIANI (Jorge).- Gracias, señor Presidente.

Saludamos profundamente a todos desde la bancada del Frente Amplio ‑particularmente, desde la del Partido Socialista‑, y nos sumamos al homenaje que hoy se está realizando en esta Sala.

            Uno de los hechos más trágicos y tristes del año ‘94 fue el atentado que se produjo el 18 de julio, a las 09:53 horas, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Una bomba detonó en el edificio de la AMIA, y en pocos segundos varios edificios de los alrededores quedaron en escombros, a raíz de lo cual 85 personas murieron ‑67 estaban dentro del edificio y 18 fuera de él‑ y más de 300 quedaron heridas.

            Edificios destruidos; una onda expansiva de gas arrasó con la cuadra de la calle Pasteur entre el 600 y el 700. Autos, árboles, carteles y personas volaron literalmente por los aires, y a seis cuadras a la redonda los vidrios de los comercios y viviendas estallaron.

            Hace 16 años sucedía este horrible atentado en la ciudad de Buenos Aires; atentado que recordamos y que todavía hoy sigue impune.

            Hace un año, Oscar Destouet, conocido profesor de historia uruguayo, escribía:

“…en el atentado a la AMIA no hubo víctimas inocentes, ni víctimas judías, ni víctimas culpables, lo que hubo fueron víctimas. Fueron amas de casa, empleados, comerciantes, oficinistas, estudiantes, obreros, muchos judíos, otros católicos, algunos ateos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos a quienes se los catalogó como ‘otros’, excluyentes, sobrantes, dignos de exterminar. (…)

            El atentado intentó cercar a las instituciones ‑religiosas y laicas‑, guetizando a la comunidad como supuesta respuesta de seguridad. El objetivo del terrorismo es generar miedo y paralizar a la sociedad, sabemos que cuando cualquier sector es afectado, en realidad se está afectando a todo el colectivo social.

            Recordar es una manera de vencer el miedo, romper el silencio y verbalizar el dolor y la esperanza. No podemos devolver la vida de aquellos que la bomba se la truncó, pero no podemos, con nuestra afonía, volver a matarlos. (…)

            Del mismo modo que existen crímenes contra la humanidad, existen también crímenes en contra de la memoria.

            La memoria es una saludable actividad humana. Significa y representa querer un mundo mejor. Al recordar aprendemos, al optar qué olvidar y qué recordar, definimos qué no volver a hacer y qué tomar como ejemplar.”

            Construir democráticamente una memoria se funda en la búsqueda de la verdad, en el libre ejercicio de la justicia y en la dignificación de las víctimas. Identificar víctimas y victimarios es parte también de lo humano.

            En el largo camino del esclarecimiento de los hechos de la AMIA, tanto lo que se refiere a la conexión local como internacional, esos recuerdos que aún siguen vivos son necesarios y saludables; si bien no recuperan lo perdido, contribuyen a rescatar elementos muy importantes para mirar y alertarnos de los peligros y desafíos, para que no nos constituyamos en cómplices de la impunidad.

            En una consolidación permanente de los derechos humanos como forma real de profundizar la democracia en tanto construcción de ciudadanía, debemos rescatar la memoria como un proceso cultural, en el que la cohesión de la sociedad es posible cuando llegamos a la verdad, y por tanto a la justicia. Es necesario, entonces, construir un fuerte bloque de aislamiento social y político de las prácticas de terroristas, y fortalecer la democracia reconociendo los derechos de todos, sin exclusiones.

            Quien mata personas, sean ellas judíos, musulmanes, cristianos o ateos, quien mata en Jerusalén, Tel Aviv, Afganistán, Irak, Pakistán, Nueva York, Madrid, Buenos Aires o en cualquier parte del mundo ejerce sobre el otro miedo y opresión, violando uno de sus derechos esenciales: el derecho a la vida.

            Si una sociedad tiene miedo, si una sociedad está oprimida, si una sociedad está inmersa en la impunidad, esa sociedad está destinada a vivir recorriendo caminos de injusticia, sin cerrar heridas fundamentales para la construcción de su propia identidad.

            La memoria mutilada, estreñida o desconocida de un pueblo debilita las formas de convivencia, nos condena a vivir en la desconfianza, así como debilita las formas de construir una justicia que sea capaz de cambiar y procesar aquellos crímenes de lesa humanidad.

            Vale entonces recordar a León Gieco en su tema “La Memoria” cuando nos dice “…y los que en cualquier guerra cayeron. / Todo está guardado en la memoria, / sueño de la vida y de la historia”. Esta canción ‑siempre vigente‑ nos recuerda cómo los genocidas tienen derechos basados en la complicidad de quienes no quieren recorrer el camino de la reconstrucción real de la sociedad y prefieren por derecho o tácitamente el camino del indulto, creyendo que así se pone un punto final a cualquier tragedia que viva nuestro mundo. Entonces, el único camino es la justicia, porque es cierto que “…la memoria estalla hasta vencer / a los pueblos que la aplastan…”.

            Para terminar, me voy a tomar el atrevimiento de mencionar al rabino Daniel Goldman, quien el 18 de julio de 2010, en un mensaje esperanzador, advertía que la verdad en la causa por el atentado a la AMIA va a aparecer “sin importar el tiempo que eso lleve”. El religioso fue uno de los principales oradores en el acto que la agrupación Memoria Activa realizó la mañana del 18 de julio de 2010, frente a la sede de la AMIA, y valoró los avances de la investigación a nivel local.

“La verdad aparece sin importar el tiempo que lleve.” ‑decía‑ “Tenemos que aprender de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo para que la fuerza y la militancia no se desvanezcan”.

            Goldman, una personalidad identificada con la defensa de los derechos humanos, enfatizó que “la justicia pasa a injusticia” cuando hechos como el atentado de la AMIA no se esclarecen.

“Hay algunos avances en la causa, por lo menos en lo que tiene que ver con la conexión local, porque si no hubiera habido cómplices en el país, no habría atentado. Hay que tener esperanza, la verdad surge pese a todo”, dijo el rabino, quien consideró que tras el atentado se modificó “la idea de ciudadanía, que después del 18 de julio de 1994 pasó a ser una ciudadanía activa”.

            Quiero cerrar con un poema de Abba Kovner, líder de la resistencia judía y comandante partisano, poeta y escritor hebreo. Abba Kovner nació en Sebastopol, Rusia, cursó estudios secundarios en la escuela hebrea de Vilna, donde se incorporó al movimiento juvenil sionista socialista “Hashomer Hatzair”. Cuando Vilna fue ocupada por los nazis en 1941, él resolvió que la única respuesta posible era la resistencia activa. Concentró sus esfuerzos en la creación de una fuerza judía combatiente clandestina. Ello inspiró a otros jóvenes judíos de toda Europa Oriental a hacerles frente a los nazis. El 21 de enero de 1942 se creó una agrupación militar judía en Vilna: la Organización Partisana Unida. Abba Kovner fue uno de sus líderes y luego su comandante a partir de julio de 1943. Durante la deportación final, en septiembre de 1943, dirigió las acciones de la organización partisana, FPO, y la fuga a los bosques de los combatientes del gueto. Luego dirigió una unidad partisana en los bosques.

            Después de la guerra participó en la creación del movimiento HaBrijá ‑La Huída‑, dentro del cual organizó la evacuación de centenares de sobrevivientes judíos hacia el oeste para llegar así a Palestina. Él mismo se estableció en Eretz Israel junto a su esposa, Vitka Kempner, y se convirtió en un escritor importante, lo cual resaltamos. En el poema llamado “Izkor” menciona lo siguiente:

“Recordemos a nuestros hermanos y hermanas, / las casas en la ciudad y en el campo / Las calles de la aldea bulliciosas como un río / Y el solitario paradero / El anciano y su rostro / La joven y sus trenzas / El bebé / Las miles de comunidades de Israel y sus humanos / Toda la colectividad de los judíos / Que sucumbió en el exterminio en manos del asesino Nazi / Quién gritó y cayó en su grito / La mujer abrazando a su bebé y que sus brazos se desplomaron / El bebé cuyos dedos buscan el pezón materno y éste, está azul de frío / Las piernas / Las piernas que buscaron salida y ya no había / Y las manos cerrándose en puños / Y los puños que levantaron el hierro / Y el hierro que se transformó en el arma de la esperanza, / de la desesperación y de la rebelión / Y ellos de corazón generoso / Y ellos con sus ojos abiertos / Son los que se arrojaron sin posibilidad de salvar / Recordemos el día, su mediodía / El Sol que ascendió sobre el altar sangriento / Los cielos altos y mudos / Recordemos los montículos de cenizas debajo de los jardines florecientes / Recordará el vivo a sus muertos / Porque ellos nos enfrentan / Y sus ojos alrededor / Y no cesaremos, no cesaremos hasta que seamos dignos a su memoria.”

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Muchas gracias a usted, señor Edil.

            A continuación, tiene la palabra el señor Edil Daniel Martínez.

 

SEÑOR MARTÍNEZ (Daniel).- Muchas gracias, señor Presidente.

            En primer lugar, y en representación de la bancada del Partido Nacional, queremos expresar el orgullo que sentimos por que usted, señor Presidente, compañero Edil Viviano, esté presidiendo en la tarde de hoy esta sesión de homenaje. ¡Enhorabuena, señor Presidente Edil Viviano!

            Quiero compartir con todos los presentes unas breves notas que he escrito desde lo más profundo de mi corazón y mi ser nacionalista.

            Han transcurrido ya 16 años del peor atentado antisemita perpetrado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en la ciudad de Buenos Aires, capital de la hermana República Argentina. El 18 de julio de 1994, a las 9:53 de la mañana, una fuerte explosión derrumbó el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina ‑AMIA‑ dejando un saldo de 85 personas fallecidas y 300 heridas.

            No todas las víctimas fatales de este atentado cruel y aberrante fueron judíos ‑recordemos que 67 de ellas se encontraban dentro del edificio y otras 18 fuera de él, en la vereda o en edificios aledaños‑, pero sí todas eran seres humanos con sueños, anhelos y esperanzas, como cualquier habitante de este planeta.

            No podemos hablar de solamente 385 víctimas: este acto abominable causó muchas, muchísimas más, y no solamente en la comunidad israelita argentina ‑la mayor de nuestro continente‑ o en la comunidad israelita mundial. De una forma u otra, todos fuimos víctimas, quizá por un familiar fallecido o lesionado, quizá por un amigo, quizá por la vergüenza ajena y, sobre todo, por el dolor compartido como sociedad ante tal ultrajante atentado terrorista. No es grato evocar tales acontecimientos, pero sí profundamente necesario. La memoria es, quizás, el mejor método para que este tipo de hechos, totalmente repudiables, no ocurran nunca más. En estos casos, recordar no da espacio al olvido y mucho menos al perdón, ya que quienes perpetraron este terrible atentado, sea de hecho o intelectualmente, no merecen olvido ni perdón sino, por el contrario, todo nuestro repudio como fuerza política demócrata y republicana.

            El Partido Nacional tiene en su escudo partidario el siguiente lema: “Somos idea. La unión nos hará fuerza”. Estas simples palabras reflejan el ideal y el sentir de toda nuestra colectividad política, y están arraigadas en lo más profundo del ser nacionalista. Ellas nos recuerdan que la fuerza está en nuestra unión, en nuestro compromiso con los más nobles ideales y, por sobre todo, en nuestro más profundo y arraigado amor por la paz y la concordia, y no en el acto cobarde del terrorismo. Repetimos una y mil veces esta expresión: “acto cobarde”, ya que no discrimina ‑niños, adultos y ancianos son sus víctimas por igual‑, ataca a traición, y sus responsables se escudan en la oscuridad del anonimato.

            Quienes militamos en el Partido Nacional, señor Presidente, no podemos más que unirnos al dolor y al sentir de la comunidad israelita toda; no podemos y no sabemos cómo no hacerlo. La comunidad judía no sólo representa un importante núcleo de ciudadanos de nuestro país, sino que además es parte integral de nuestro diario vivir. A través de los inmigrantes judíos que han llegado a estas tierras hemos adquirido hábitos de trabajo, noticias del Viejo Mundo, pero por sobre todo corrientes de ideas y pensamientos que calaron en lo profundo de nuestra sociedad.

            Es por todo esto y mucho más que no podemos ni queremos dejar de recordar este trágico hecho. No podemos porque nuestros más profundos y añosos valores no nos lo permiten, y no queremos porque este tipo de cobardía no tiene ni va a tener cabida en la mente de un nacionalista que se precie de tal.

Recordemos que se dice que un pueblo que olvida su pasado está obligado a revivirlo. Por eso, como miembros y militantes del Partido Nacional, exclamamos, señor Presidente: ¡ni olvido, ni perdón!

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Gracias a usted, señor Edil Martínez.

            Tiene la palabra el señor Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO (Dari).- Señor Presidente, señores integrantes del Comité Central Israelita, colectividad judía, señor Diputado Javier García, periodistas, ciudadanos aquí presentes: vamos a hablar con la conciencia, la memoria y el corazón, a fin de tratar de interpretar esta recordación que en este acto hacemos de un hecho sumamente repudiable para nuestras conciencias y también para nuestras mejores tradiciones en el Río de la Plata, en particular en la hermana República Argentina.

            El terrorismo, como aquí se ha dicho, siempre actúa oculto, emboscado; y cuando golpea, las más de las veces pagan las consecuencias víctimas inocentes.

            Entendemos que existe el terrorismo individual, el terrorismo de organizaciones ‑que se especializa en golpear duramente a una colectividad; en este caso, fue la judía‑ y el terrorismo de Estado, del cual no vamos a hablar porque lo hemos sufrido en nuestro país. Aquí, el 20 de mayo recordamos a nuestras víctimas: los desaparecidos, los que fueron sumamente torturados, aquellos cuyo destino ignoramos cuál ha sido; ni siquiera existe el polvo de sus cadáveres, por lo cual muchas familias uruguayas no pueden rendir culto a sus muertos. Épocas negras de un país ‑también las sufrieron Argentina, Chile, Brasil y todo el continente americano‑, épocas de repudiables dictaduras que se ensañaron con la lucha del pueblo, con la lucha de los demócratas, con la lucha de los hombres que querían un país mejor.

            Ya hemos dicho que las guerras napoleónicas trajeron al Río de la Plata guerras, invasiones, muertos, y también actos de heroísmo de nuestros pueblos, tanto del uruguayo como del argentino. Hubo que soportar la invasión de las tropas inglesas en Montevideo y en Buenos Aires; y las guerras de allá se trasladaron hacia aquí. No quisiéramos que las guerras que existen hoy en Medio Oriente se trasladen a nuestros territorios. Pero, lamentablemente, las consecuencias de estas luchas se han reflejado de esta manera tan dramática, tan cruel, en las víctimas que hoy recordamos: hermanos argentinos, muchos de ellos estudiantes, trabajadores, amas de casa, jubilados, familiares de uruguayos…; algunos venían a Punta del Este o a Las Cañas, o venían a Montevideo a ver a sus familiares y a sus amigos. Hoy ya no están, y no están por obra de un atentado cruel, silencioso, de una emboscada.

            Aquí se ha mencionado ‑con mucha razón‑ que el estado de Israel surgió producto de la lucha del pueblo israelí en Palestina contra el colonialismo inglés. Una lucha dura, dificilísima, pero de frente, cara a cara, que contó con el respaldo político de la colectividad judía del mundo y también de las fuerzas democráticas, que querían que el pueblo judío, después de haber sufrido la masacre del nazifascismo en Europa, tuviese un lugar en el mundo donde afincarse, donde estacionarse, donde generar su reencuentro con Moisés, con su religión. La religión judía ha representado un salto cualitativo para el desarrollo de la humanidad, puesto que generó la idea del Dios único. El patriarca Moisés fue quien implantó en un cuadro de un politeísmo acentuado en el mundo la idea de un solo Dios; luego otras religiones la han ido aplicando, en algunos casos con concepciones, a mi juicio, medievales, que facilitan, sin la menor duda, actos lesivos para la dignidad humana como, por ejemplo, el sacrificio humano por objetivos espirituales y religiosos, en el que se sacrifica no sólo la propia vida, sino también la vida de los demás.

En ese marco, nosotros creemos saber diferenciar lo que es una política de Estado de lo que son los pueblos. En este caso concreto, sabemos diferenciar entre lo que es el pueblo de Israel y lo que es la política de Estado, del Gobierno de Israel con algunas cuestiones que compartimos y otras que no. También sabemos diferenciar en el campo palestino lo que es la administración de Cisjordania y la administración de Gaza; sabemos diferenciar un campo de otro. Sin embargo, queremos recordar y compartir el espíritu de Rodríguez Fabregat ‑el delegado uruguayo que en 1948 hizo en las Naciones Unidas un alegato extraordinario‑ a modo de muestra brillante de lo que ha sido capaz de hacer la política de relaciones exteriores del Gobierno uruguayo, sus diplomáticos, entre los cuales estuvo don Alberto Guani, que fuera Presidente de la Sociedad de las Naciones en París, antes de la creación de las Naciones Unidas. Enrique Rodríguez Fabregat, en un alegato histórico, defiende la necesidad de la existencia del Estado de Israel  aplicando un objetivo de la política del Gobierno uruguayo de aquel entonces. Pero siempre manifestó Rodríguez Fabregat ‑y eso ha sido una política del Estado uruguayo, y yo me sumo‑ que, más allá de los colores y de los tiempos, hay que predicar que el único camino para la solución de los problemas territoriales, de los problemas diplomáticos, el único que es realmente generoso para los pueblos es el de la paz. Por ello, en la condena del terrorismo, sea cual sea ‑incluso el terrorismo de Estado‑, siempre decimos que se deben tratar de construir los caminos de la paz, del entendimiento. Siempre habrá hombres y mujeres de buena voluntad, capaces de sentarse en una mesa de negociaciones, como en su tiempo estuvieron Yasser Arafat y Shimon Peres en Camp David. Esperemos que así se contribuya para que esos procesos de violencia que existen en un lugar del mundo no se trasladen al Río de la Plata, a nuestro país, porque en nuestro país no queremos nuevas guerras napoleónicas en este siglo XXI.

            Termino, señor Presidente, invocando una obra de teatro de Bertolt Brecht puesta en escena en el teatro El Galpón por ese gran actor que es Ruben Yáñez: La Resistible Ascensión de Arturo Ui. Esta obra es la historia de cómo un desclasado de un barrio norteamericano se transforma luego en una personalidad política capaz de asumir poder; es una imagen de lo que fue el origen de Hitler; es una alegoría contra el hitlerismo, contra el nazismo. Y decimos que en ese vientre que dieron los Arturo Ui también sigue vivo el huevo de la serpiente. Con relación a esto, más allá de los actos individuales o locales de terrorismo, siempre la historia ha demostrado que con las guerras hay alguien que gana mucho dinero, alguien que siempre está interesado en que las guerras existan, porque así funcionan las máquinas bélicas, las industrias bélicas, cada vez más modernas, más asesinas pero también más enriquecedoras.

Por lo tanto, hacemos un llamamiento a la concordia, a la paz, y eso supone que los pueblos y sus Estados tengan la firmeza necesaria para defender en la mesa de las negociaciones lo que corresponde a los intereses de su pueblo.

            Gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Gracias, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Pablo González.

 

SEÑOR GONZÁLEZ (Pablo).- Gracias, señor Presidente.

            Nosotros suscribimos completamente las palabras de los compañeros que me antecedieron en el uso de la palabra, tanto el Edil Buriani como el Edil Mendiondo. Pero por nuestra condición de militantes activos del Comité de Solidaridad con el Pueblo Palestino queríamos hacer uso de la palabra para comentar y reflexionar en conjunto por qué estamos aquí, en este homenaje.

            Yo creo que estamos en este homenaje, tal como lo planteó el Edil Juan Curbelo, para analizar una situación, un atentado bárbaro, como el que se dio el 18 de julio en la AMIA, mutual que conocimos antes y después del ’94. Nuestra entrañable amiga Tamara Perelmuter, activista por los derechos de la mujer en Buenos Aires, fue quien nos abrió las puertas de esa colectividad tan organizada y que tanto hace por todos los argentinos, no solamente por los judíos.

            Más allá de las diferentes visiones que podamos llegar a tener en el contexto internacional, nos parece que el atentado a la AMIA amerita un momento de reflexión colectiva. Entendemos que nosotros aquí no representamos tal o cual posición internacional, sino que representamos a los vecinos de Montevideo, y si consultamos fuera de esta Junta veremos que no hay ningún vecino de esta ciudad que no haya condenado y condene ese atentado.

            También me parece que tenemos que reflexionar sobre un elemento que está instalado en estos hechos, que es la impunidad y lo que ésta genera. La impunidad, compañeros, no solamente genera ese sentido de fragilidad, de debilidad, de no tener los respaldos suficientes para condenar a aquellos que cometen estos atentados, sino que va permeando todo el sistema, lo va corrompiendo y hace que vaya perdiendo valor hasta el propio ideal de la justicia. Si analizamos todo el proceso que se dio a lo largo de estos 16 años, veremos cómo jueces, policías, servicios y el propio sistema se ponen en duda; eso se debe a que la impunidad ha ido atravesando todos esos ámbitos, se ha ido instalado en cada uno de esos ámbitos. Creo que es contra eso que nos tenemos que rebelar, contra la impunidad, porque la impunidad atenta contra el Estado de derecho.

            Yo quiero agradecer la presencia de las autoridades que están aquí y quiero sumar nuestra voz, nuestro compromiso y nuestro trabajo para que nunca más sucedan estos atentados.

Pero, a la vez, nos parece que necesitamos más ámbitos de reflexión, porque en estos mismos momentos hay pueblos que sufren el autoritarismo, hay pueblos que sufren arbitrariedades, y entiendo que nosotros tendríamos que ser más solidarios con esos pueblos y tratar de reflexionar colectivamente desde donde nos toca, porque este tema no atañe solamente al poder internacional, a los centros de poder; nosotros somos representantes del pueblo, y tenemos que actuar en consecuencia. No debemos ser polea de trasmisión de ningún centro de poder. Me parece que eso también es importante que lo planteemos.

            Yo no quiero extenderme más, señor Presidente, pero no puedo dejar de decir algo con respecto a lo que decía el Edil Barbato. Él hablaba de ese niño de cinco años que fue arrancado de su familia. Me parece que nosotros tendríamos que reflexionar más. Hay tantos niños que por la impunidad fueron arrancados de tantas familias ‑y todavía esos asesinos siguen caminando por las calles rioplatenses‑ que me parece que es bueno que todos aquí reflexionemos sobre eso y veamos cuánto podemos aportar para acabar con esa impunidad.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Gracias a usted, señor Edil.

            A los efectos de ordenar esta sesión, cerraremos la lista con el señor Edil Ojeda y el señor Edil Casulo, para luego ofrecer la palabra, en nombre de las entidades que nos visitan y nos prestigian, al señor Presidente del Comité Central Israelita.

            Tiene la palabra el señor Edil Ojeda.

 

SEÑOR OJEDA (Andrés).- Gracias, señor Presidente.

            Buenas tardes a todos, y en especial a los miembros del Comité Israelita que nos visitan hoy.

            Por supuesto que un hecho de tal magnitud me motiva a decir algunas palabras.

Los más jóvenes que aquí estamos ‑yo tengo 26 años‑ éramos muy chicos cuando esto ocurrió, pero igualmente tenemos algunos recuerdos. En lo personal, recuerdo que no entendía cabalmente lo que había ocurrido. Hoy, sin embargo, comprendemos el cabal significado de lo acontecido en 1994.

Por supuesto que me hago eco de las palabras del señor Edil Barbato, y quiero agregar algunos comentarios.

Todos han visto en las calles de Montevideo muchas pintadas, muchos grafitis y demás ‑motivados en esta lucha violenta que tenemos en Medio Oriente‑ que hablan de sionismo genocida y de muchas cosas que sinceramente rompen los ojos. Pudimos ver banderas palestinas en el partido de fútbol que tuvimos con Israel, cosa que a mí sinceramente me rompe los ojos. Y me rompe los ojos en un Montevideo que se precia de invertir en cultura, en un Montevideo que se precia de ser tolerante. Verdaderamente, esto me alienta a apostar más que nunca al compromiso de esta ciudad para que nunca más veamos incitaciones a la violencia de esta magnitud en las calles, ni en los espectáculos deportivos, ni en nada que se les parezca. Todos pensamos en el atentado a la AMIA como algo distante, como algo ocurrido hace muchos años, pero esas manifestaciones de violencia existen hasta el día de hoy, porque son manifestaciones de violencia. Tenemos que entender que eso aquí no puede ocurrir, porque el pueblo montevideano es un pueblo tolerante. No podemos preciarnos de ser en alguna medida laicos ‑en el buen sentido de la palabra‑ y estar propiciando espacios para que estas cosas ocurran.

Mucho me quedo con las palabras de algunos miembros de la bancada del Frente Amplio cuando hacen un fuerte hincapié en la impunidad al hablar del atentado a la AMIA. Sinceramente, esa palabra no es la que más me rechina. Yo no creo que buscar culpables solucione lo que ocurrió; creo que eso pasa en todos los órdenes de la vida. Cuando cualquier persona en Uruguay es víctima de cualquier delito, ubicar al culpable del delito no restituye la situación al estado previo de las cosas. Creo que “impunidad” no es la palabra que más tendría que guiar nuestro comportamiento a posteriori. Creo que las palabras que tendrían que guiarnos son de otra medida, y son palabras como “aprendizaje”, “legado”; son palabras para entender que estas cosas no pueden ocurrir, más allá de quién las lleve a cabo.

Nosotros siempre hemos estado respaldando la existencia del Estado de Israel hasta las últimas consecuencias, y lo vamos a hacer siempre, porque es nuestro espíritu; siempre lo ha sido. En esa medida, lo que repudiamos es la intolerancia, lo que repudiamos es que se busque incitar, cosa que ocurre hoy, a 16 años del atentado. En pocas palabras, me cuesta creer que no hayamos aprendido nada; me cuesta seguir viendo esas banderas en los estadios, me cuesta seguir viendo esas pintadas. Y me va a seguir costando; por suerte me va a seguir costando.

No puedo dejar de decir que no me guío por la palabra “impunidad” y que no me gustan los paralelismos de esta situación tan particular con la situación que vive el Uruguay respecto a sus años de dictadura; me parece que no corresponden. En esa medida, me gustaría dejar un cálido saludo a quienes nos acompañan y expresarles nuestro más grato sentido de tolerancia.

Que entiendan a bien que no guiarnos por el sentido este de impunidad hace que seamos mucho más humanos, mucho más tolerantes; mucho más tolerantes que aquellos que perpetraron este atentado contra la AMIA. Por eso podemos decir que somos mucho mejores personas que ellos, sin la menor duda.

Repito, tengo 26 años y tengo vagos recuerdos de esto, pero sinceramente me veo tocado tanto como quienes lo vivieron en alguna otra medida.

Una vez más, muchas gracias a todos.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Gracias a usted, señor Edil.

            Para finalizar la parte oratoria de los miembros del Cuerpo, tiene la palabra el señor Edil Casulo.

 

SEÑOR CASULO (Edison).- Gracias, señor Presidente.

            Para sumarme a las consideraciones que realizaron quienes me precedieron en el uso de la palabra, creo oportuno comenzar analizando el término “terrorismo” y su contenido. No lo voy a hacer desde las definiciones académicas, políticas o de los organismos especializados, sino desde la consideración cotidiana de las personas comunes. Uso el término común en su alcance general inclusivo de las personas que viven en comunidad. Me referiré a aquella definición que se encuentra en los diccionarios de la casa de cualquiera de nosotros, de cualquier lugar de estudio, de cualquier ámbito de trabajo; aquel al que un estudiante, un trabajador, un ama de casa puede acceder.

El terrorismo es la búsqueda de la dominación por parte del terror. En otros términos, es la sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. Abriendo un poco más esta definición, sabemos que el terror no es otra cosa que la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o un daño, es un miedo muy intenso; miedo, o sea, el recelo o aprehensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea para sí. Yo me pregunto ‑y les pregunto a todos‑: ¿qué es aquello que las personas deseamos que nos suceda en nuestra vida? Sin temor a equivocarme, puedo aseverar que es vivir en tranquilidad y con seguridad, tanto para nosotros mismos como para nuestras familias y nuestros amigos. En definitiva, las personas comunes sólo quieren vivir libremente y en paz, rodeadas de sus afectos.

            La utilización de este video es muy oportuna porque vuelve a posicionar a las víctimas en su estatus inmediatamente anterior al hecho que les quitó la vida: el de personas comunes, con una historia, con afectos, con un proyecto, con un futuro.

            Quienes apreciamos por sobre todas las cosas el valor de la vida nos encontramos en  las antípodas de los grupos o de las ideologías que intentan imponerse por el miedo y el terror. Por ello, desde nuestra visión humanista es imprescindible sustraer a todas estas personas que estuvieron en el video del estatus de víctimas ‑que lo son‑ y mostrarlas desde su condición humana. Sólo de esta manera podemos dejar al desnudo que en la irracionalidad de quienes cometieron este acto criminal estas personas no eran personas ‑fueron despersonalizadas‑: eran cosas; eran una cosa funcional, un medio para obtener su fin.

            Aquellos que sufrieron un ataque indiscriminado y violento y que perdieron la vida en el atentado de la AMIA eran personas comunes como nosotros, y esto lo quiero repetir varias veces. La vulnerabilidad en la que se encontraban y el sufrimiento innecesario que a tantas familias les causó esta acción sólo nos permiten decir que es merecedora de un total rechazo; es, en sí misma, un acto inmoral, que no tiene sustento racional ni justificación alguna.

            Este homenaje ‑realizado a propuesta de la bancada del Partido Nacional y acompañado por el resto de las fuerzas políticas‑ tiene, entre otros, el sentido de señalar que lo ocurrido en la AMIA no es una situación que debe atenderse sólo por la sensibilidad que despierta el horror del hecho y el dolor ocasionado a toda una comunidad, sino también porque es un claro ataque a las bases de la civilización occidental y a una forma de vida tan legítima y respetable como tantas. 

            Este tipo de hechos hace mella en nuestro acuerdo constitutivo de convivencia como sociedad, y merece no sólo la condena espontánea que han expresado las personas por sí mismas, sino también la condena institucional que con este acto estamos realizando. Las conciencias democráticas y tolerantes de la diversidad, custodios de la paz y defensores de la libertad, deben sumar sus voces y acciones para que hechos de esta naturaleza no vuelvan a repetirse.

            Quiero expresar mi solidaridad con las familias enlutadas por la pérdida de sus seres queridos; mi fraternal abrazo a aquellos que han quedado lesionados e inválidos de por vida. Mi solidaridad para con todos aquellos, judíos y no judíos, que no han encontrando aún el grado de consuelo y satisfacción que la comunidad civilizada debe otorgarles a través de sus instituciones y a través de la Justicia; otras acciones son venganza y pertenecen al mundo de la barbarie.

            Para ponerle nombre, rostro y afecto a estas palabras, desde lo personal y humano me voy a dirigir a don Jaime: gracias por acompañarnos y mi sentido pésame a usted y a su familia por la pérdida de su sobrina.

            Señor Presidente, quiero hacer una pequeña reflexión respecto a lo que nos decía el señor Edil Pablo González, y no es una alusión. Él hablaba de minar el sistema, y claro que el terrorismo mina el sistema, ese es su objetivo. Si tenemos alguna duda de eso como gobernantes de Montevideo, estamos siendo funcionales a sus fines. Sé que no era el espíritu, pero no quería dejar de recalcarlo.

            También creo que este es el ámbito de reflexión. Si bien nosotros somos los representantes de los ciudadanos de Montevideo, estos son parte de la civilización occidental, de raíz judío-cristiana, que a nosotros nos toca tutelar de acuerdo con lo que nos compete.

            Finalizando, señor Presidente, y dentro del sentido humanitario de mis palabras, no puedo dejar de destacar la penosa situación de Gilad Shalit, el joven soldado israelí que está cautivo por el Movimiento de Resistencia Islámico. Gilad Shalit fue secuestrado en el año 2006; lleva más de cuatro años en cautiverio.

            No me corresponde expresarme sobre los procesos y negociaciones, sobre sus formas, sus tiempos y las acciones que se han llevado adelante para solucionar esto. Eso es harina de otro costal y pertenece a los Gobiernos de turno y a los que están involucrados en esa situación. Sí deseo enviar a sus padres, hermanos y amigos un mensaje de aliento y de esperanza por el pronto retorno a su hogar. También quiero sumarme a las voces de tantas y tantas personas de muchos países en pro de su liberación.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Muchas gracias a usted, señor Edil.

            Para terminar, invitamos al señor Marcos Israel, Presidente del Comité Central Israelita del Uruguay, para que exprese algunas palabras. Antes quiero adelantar que en nombre de la Junta Departamental esperamos haber estado a la altura de la sensibilidad y la emoción que genera la recordación de un evento como este.

 

SEÑOR ISRAEL (Marcos).- Muchas gracias, señor Presidente.

            Quiero saludar a todos los integrantes de esta honorable Junta Departamental de Montevideo; expresarles un agradecimiento muy profundo por este recordatorio que nos da la sensación de que esta sociedad montevideana mantiene bien en alto los valores fundamentales de todos los uruguayos: la democracia, el Estado de derecho y el respeto por la diversidad.

            Quiero expresar un agradecimiento muy especial porque, de alguna manera, este recordatorio nos hace sentir que no estamos solos. Lamentablemente, nosotros el suceso de la AMIA lo tenemos que recordar a diario. Todos ustedes habrán visto nuestras instituciones rodeadas de distintas formas de seguridad. Tuvimos que recurrir a ellas a partir de lo que pasó en la AMIA.

            También es importante sentir que no estamos solos en esta angustia que vivimos casi a diario por ver cómo regímenes despóticos, regímenes para los que los derechos humanos no tienen ningún sentido, han ido creciendo y son poderosos. Es importante saber que los representantes de Montevideo tienen conciencia de la existencia de estos regímenes y que actúan teniendo presente siempre eso. Esos regímenes, por la cantidad y por su poderío económico, han logrado de alguna manera debilitar las bases morales de la organización emblemática para la paz que se formó después de la Segunda Guerra Mundial: las Naciones Unidas. Hoy allí se producen hechos absurdos: regímenes que, como dije antes, en su interna no tienen ningún interés por los derechos humanos, participan en Comisiones de Derechos Humanos y parecen regir los destinos del mundo desde allí. Es importante para nosotros saber que ustedes son capaces de tener en cuenta esto.

            Evidentemente, el tema de la AMIA da para muchas cosas. Aquí se han nombrado muchos aspectos, todos valederos, alrededor del suceso de la AMIA. Por suerte, hay un número de personas realmente importante en la vecina orilla que lucha día a día por el tema.

            Para nosotros tiene mucho valor este recordatorio. Sabemos, porque es lógico ‑nosotros, como uruguayos, lo sentimos igual‑, que tanto los integrantes de esta Junta como los parlamentarios de este país tienen una cantidad de problemas, entre los que este es uno más y no el principal. Por eso sabemos que a veces es difícil conocer en detalle todo lo que sucede y su interpretación. Así que nosotros estamos abiertos para aquellos a quienes les interesa reflexionar sobre temas que tengan que ver con esto o con el conflicto de Medio Oriente, que se ha mencionado aquí. Estamos a disposición para cuando ustedes lo crean conveniente, en forma individual o colectiva.

Sabemos que son temas complejos, en los cuales la desinformación es una regla. Se trata de una desinformación que proviene de décadas; por lo tanto, a esta altura hay montañas de desinformación. Para entender lo que pasa y para tomar decisiones adecuadas sobre el presente y el futuro es importante sacar de toda esa información lo que realmente tiene valor.

            Como se ha dicho aquí, estamos envueltos en un enfrentamiento global por la hegemonía en el mundo, con distintas visiones, con distintos intereses; y no estamos fuera. No podemos sentirnos fuera porque, lamentablemente, estamos en este mundo y cualquier cosa que pasa nos va a tocar.

            Así que les agradezco mucho este recordatorio. Nos vamos con la sensación de que no estamos solos en esta problemática.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Álvaro Viviano).- Muchas gracias a usted, señor Israel; muchas gracias por su aporte.

Hay una solicitud de remitir la versión taquigráfica de las palabras vertidas en Sala a las instituciones presentes y también a las representaciones diplomáticas, cosa que haremos.

La Mesa, en nombre del Cuerpo, invita a los presentes a ponerse de pie y guardar un minuto de silencio en homenaje a las víctimas de la AMIA.

 

(Así se efectúa)

 

______Gracias a todos los presentes; gracias, señores Ediles.

 

(Aplausos)

 

______Se levanta la sesión.

 

(Es la hora 15:38)