ACTO DE HOMENAJE

al Maestro Federico García Vigil

29 de junio de 2010

 

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

 

(Se inicia el registro de la versión taquigráfica)

(Es la hora 15:46)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Dari Mendiondo).- Muy buenas tardes.

            Saludamos la presencia de la señora Intendenta de Montevideo, escribana Hyara Rodríguez.

            En el despacho de la Presidencia tuvimos la visita del actual Ministro de Cultura, ex Intendente de Montevideo, doctor Ricardo Ehrlich, quien vino a acompañar y a saludar al maestro Federico García Vigil.

También contamos con la presencia del señor Orlando Scasso Raffo, asesor del Ministerio de Turismo y Deporte.

Para dar lectura a una nota del Ministro de Turismo y Deporte, tiene la palabra el señor Secretario General.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Otero).- Buenas tardes a todos.

            La nota dice así:

            “Señor Presidente

            Don Dari Mendiondo

            Junta Departamental de Montevideo

            De nuestra mayor consideración:

            Tengo el agrado de dirigirme a usted a fin de acusar recibo y agradecer muy sinceramente la invitación enviada para el Acto de Homenaje donde se declarará ‘Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Montevideo’ al Maestro Federico García Vigil a llevarse a cabo en el día de hoy a las 15:30 horas en la Sala de Sesiones de la misma.

            A esos efectos nos es dable destacar que aunque mi más firme intención era estar junto a ustedes en tan merecido homenaje, su realización a la misma hora de una Comisión de Ministros, realmente hacen imposible asistir al homenaje, por lo que le solicito pueda tener a bien le trasmita mis más sinceras felicitaciones al insigne Maestro,

            Sin otro particular, saludo a usted muy atentamente.

            Ministro de Turismo y Deporte, doctor Héctor Lescano”.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Dando comienzo a la parte oratoria, tiene la palabra el señor Edil Mario Calandra, Presidente de la Comisión de Cultura de la Junta Departamental de Montevideo.

 

SEÑOR CALANDRA.- Muchas gracias, señor Presidente.

            Sería muy extenso todo lo que habría para decir de Federico García Vigil, por su propia vida y por todo lo que ha aportado. Creo que declararlo Ciudadano Ilustre nos ilustra a todos los montevideanos.

Si detallara todos los datos que encontré al investigar sobre él ‑anteriores homenajes, su extensa trayectoria‑, además del conocimiento que tengo de la familia, no les permitiría hablar a muchos de los señores Ediles de otros partidos.

            Podría decir que dirigió la Orquesta Sinfónica de Bogotá, la de Río de Janeiro, la de Porto Alegre, la de San Pablo, la de Maracaibo, la Orquesta Municipal de Caracas y la Orquesta Simón Bolívar. También dirigió las sinfónicas de Greenville, Chicago, Portland, Vancouver, Madrid, Córdoba, Palma de Mallorca, Estocolmo, Varsovia, Bucarest y la Orquesta Sinfónica NHK de Tokio. O sea, nos dejó bien representados el amigo Federico García.

            No en vano se llama Federico García, él, y Mariana, su hermana. El Federico García español fue perseguido por los tiranos. También él, este Federico García, de alguna manera no le caía simpático ‑para nada‑ a los tiranos de la dictadura.

Por decir algo, podemos recordar la Camerata, con Manolo Guardia, el aporte que hizo con Los Shakers y hasta su vinculación con el Kinto.

            A Federico lo conocí en la bohemia del viejo barrio La Mondiola de los Pocitos ‑aunque quizá él no se acuerde‑, con el "Tito" Calandra y con el "Bocha" Calandra. Después, gracias a mi condición de Edil tuve la oportunidad de disfrutar de algunas óperas; recuerdo puntualmente "La Boheme", cuando vi por primera vez una ópera en el Solís. Me acuerdo de esa cabellera blanca moviéndose al mismo tiempo que la batuta y delante el atril.

            Creo que García Vigil, quien alguna vez en alguna instancia fue polémico ‑porque todos fuimos polémicos‑ nos ha representado en todo el mundo, pero, además, nos ha dejado un legado en la materia, porque acá no se trata de música culta, sino de música popular. Quien crea que es culta se equivoca, porque llega a todo el mundo. Aquella música que llega a quien quiera llegarle, a quien tiene oportunidad de llegarle y a quien quiera promoverla a pesar de algunas culturas foráneas, es popular. Cualquiera que prenda la televisión y ponga un canal uruguayo, o prenda una radio, verá que siempre está presente la mal llamada música culta. Acá no hay diferencia; es música popular: llega a todos los que quieran absorberla y a quien quiera promoverla. Por mi lado, me he criado en una familia de músicos: mi madre fue profesora de piano durante 54 años. Quien escuche y quien promueva esto va a absorber lo que trasmite siempre el maestro de orquesta.

            No quiero ser muy extenso, pero no quiero dejar de mencionar la lista de homenajes que recibió Federico: sus primeros premios Florencio en los años 1969 y 1970; el Primer Premio en Dirección de Orquesta en Francia, en 1973; otro Premio Florencio en 1981; un Premio Fabini; un Premio Morosoli; un Primer Premio de Música de Cámara; un Iris de Oro en 1995; premios otorgados en Polonia, Chile y en el Foro Iberoamericano de las Artes de la Universidad de Alcalá de Henares; Medalla al Mérito Cultural, etcétera. Es demasiado. Creo que desde hace rato este señor jerarquiza la distinción de Ciudadano Ilustre.

Yo termino con una frase de un trovador cubano, que dice, respecto a hacer ciertas cosas:

"Para eso no hay oro, París, Nueva York, para eso sólo hay el amor.

Para eso no hay mando, para eso no hay Dios,

para eso sólo hay el amor".

Ese es el amor que ha puesto este señor, no sólo en Uruguay sino en todo el mundo.

            "Pudiera ser o acaso ser

            No sé. Puede ser. Qué se yo".

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Muchas gracias, señor Presidente.   

            Señor Presidente, señora Intendenta, autoridades, vecinos de Montevideo, compañeros Ediles, Federico y tu compañera de la vida ‑si bien en el día de hoy es el maestro el que va a recibir este homenaje, creo que es compartido con su compañera de la vida‑: cada vez que en esta Junta Departamental hemos homenajeado a alguien que hace música hemos hecho referencia a la música en sí, y podemos hasta ser reiterativos, pero no hay más remedio que hacerlo.

            Yo no hago música. Como las niñas de mi generación estudié piano y violín, porque las nenas teníamos que ir a estudiar un instrumento musical para tener el tiempo ocupado, tal como se decía en aquellas épocas. Pero nunca fui buena en eso.        

La música para mí, neófita en el tema, es el único lenguaje universal; no existe otro. Porque si hablamos en castellano, sólo nos van a entender aquellos que lo hablen, y si lo hacemos en francés, en ruso o en chino, va a ser igual. En cambio, la música es universal, porque todo aquel que escucha, que pone su oído, que pone su alma, entiende. Que no hay una comprensión idéntica, también es cierto; pero tampoco hay una comprensión igual ni siquiera frente a las palabras, porque todos decodificamos los mensajes de forma distinta.

            La música también es poesía, y de la más perfecta, porque cada uno la puede interpretar como la siente; pero además hoy la puede interpretar de una manera, y otro día, de otra, porque su estado de ánimo puede ser otro.

            La música, además, tiene una peculiaridad, desde mi punto de vista, y es que acompaña a la humanidad desde sus orígenes. Se me ocurre que aquellos que creen en Dios como un creador imaginan que éste creó al mundo con música; si no, no podría haber hecho cosas tan hermosas, como por ejemplo la humanidad, como nuestro planeta ‑que tan deshecho lo tenemos al pobre‑, porque, en general, las cosas bellas se hacen con música. Como decía, la música acompaña a la humanidad desde sus comienzos, ya fuera con el golpe de un hueso contra otro hueso. Eso es música también, porque es un sonido, y bien hecho puede llegar a sonar bien, se me ocurre. Sin duda el maestro después, en privado, me dirá: “Glenda, eso es un disparate”, o no.

            La música es el amor, el amor en la más amplia extensión de la palabra. “El amor” ‑como dice la Biblia, El cantar de los cantares‑ “que da todo sin esperar nada”. Porque la música es el amor de la madre cuando le canta y acuna a su hijo, ese amor que da todo y no espera nada. Pero es también el otro amor, el de pareja. Creo que todos y cada uno de nosotros, que ya tenemos unos cuantos años transitados por esta vida, tenemos una melodía en el corazón que representa un momento de nuestra vida y de nuestro amor. Pero también representa a todos los otros amores que por suerte los hombres y las mujeres sentimos: esos amores de amigos, esos amores a los cuadros deportivos. Hoy, ¿quién no se muere cuando escucha las canciones que nos recuerdan a nuestra “celeste”? Eso es música, eso es poesía. Aunque no estemos cantando, sentimos que estamos vibrando con esa bandera, la única, la celeste.

            La música es disfrute; es el disfrute de sentarse, ya sea en una sala o en casa, en silencio, a escuchar.

            La música es compañía. A muchos de nosotros nos ha acompañado durante todo nuestro tiempo de estudiante; muchos de nosotros aprendimos a estudiar con música. Nos acompaña en los momentos tristes. ¡Vaya si lo hace! ¡Muchísimo! Por eso la música también es consuelo. La música nos consuela cuando estamos tristes; cuando a veces sentimos que todo se nos viene arriba, buscamos alguna música en especial que tenga que ver con nosotros, y es como si otro horizonte se abriera. Si cuando escuchamos música cerramos nuestros ojos, podemos percibir colores, perfumes, sentimientos, todo lo que queramos, porque se nos abre un panorama absoluto.

La palabra “maestro” encierra, para muchos, diversos significados. Para mí, la palabra “maestro”, en este caso, está aplicada al maestro Director de Orquesta, maestro de otros maestros, además. Pero quiero decir que este maestro es también un maestro de la vida. Y quizá puede ser más sencillo dirigir una orquesta ‑dicho esto con todo respeto, porque no debe de ser nada fácil‑ que ser un maestro de la vida. Porque la vida nos pone ante las más diversas partituras, y hay que dirigirlas. Y Federico, señora Presidenta, es también un maestro de la vida ‑lo digo con conocimiento de causa‑, un maestro que a muchos nos ha enseñado a seguir viviendo, a vivir, a seguir y a tener esperanza.

Es, además, uruguayo uruguayo, porque tiene todas las condiciones del uruguayo; no se le ha pegado nada de esa aureola que tiene de músico internacional, de maestro internacional. Él sigue siendo uruguayo, con sus costumbres, su sensibilidad y su profunda humildad, cualidad esta que en los artistas es a veces difícil de encontrar. Porque, evidentemente, los artistas son seres diferentes. El ser artistas los hace diferentes; como yo digo: están tocados por lo que a ustedes les guste pensar ‑por la mano de Dios o por lo que sea‑, pero no son iguales a nosotros, que somos personas comunes; son diferentes. Y él, en su grandeza, conserva la humildad de tratarnos a todos y a todas como iguales, con el mismo cariño, el mismo afecto, como si realmente fuéramos iguales, cuando en verdad no lo somos. No somos iguales, porque él es el maestro. Para nosotros, los uruguayos, es el maestro. Y lo digo con total tranquilidad de espíritu: para mí, Glenda Rondán, desde el punto de vista de la música Federico es el maestro por encima de todos los maestros.

            Yo lo observo mucho cuando dirige. Él me atrapa cuando dirige. Y estuve pensando que quería de alguna manera decirle hoy qué representa, o qué representa para mí cuando dirige. Se me ocurrieron dos cosas que parecen opuestas pero que no lo son tanto. Por un lado, es un león, porque tiene una fuerza tal que a sus músicos los levanta con una fuerza impresionante; uno, que está en la platea, vibra con esa fuerza que trasmite este hombre a través de su batuta y de sus músicos.  Pero en otros momentos es para mí una lluvia de principios de otoño: suave, con toda la ternura que a veces irradian su música y su persona. Porque su persona irradia una inmensa ternura, cualidad que a veces a nuestros compañeros varones no les es fácil trasmitir, por nuestra propia sociedad. Por suerte, en esta Junta tenemos una cantidad de compañeros que saben irradiar ternura: entre ellos ‑por nombrar a uno y porque es el primero entre nosotros ahora‑, nuestro Presidente; nuestro señor Presidente de hoy es un hombre que sabe irradiar ternura. No es fácil para los hombres, y yo lo entiendo perfectamente bien; se les enseñó de otra manera.

            Seguramente, maestro, las musas lo eligieron, porque, si no, no podría ser como es. Y, sin duda, como las musas son mujeres, lo han dotado de tantísimas cosas, porque sólo las mujeres somos capaces de dotar de determinadas cosas que usted sabe que tiene.

Hoy es ilustre; para mí fue ilustre siempre. Y si yo tuviera que decir algo, diría que para mí es Federico “el grande”. Y no estoy haciendo alusión al “Federico ‘el grande’” histórico; no. Federico “el grande”: el grande de los uruguayos.

No quiero dejar de mencionar que este homenaje ‑el último que hacemos, señora Presidenta‑ es un broche de oro, es un lujo que nos estamos dando, porque lo están homenajeando todos los ciudadanos de Montevideo, pero nosotros tenemos la posibilidad, por ser este el Parlamento de Montevideo, de tener la voz de los ciudadanos de Montevideo, y yo me atrevo a más: de los ciudadanos del Uruguay, porque no hay nadie en este país que no sepa quién es Federico García Vigil, para mí Federico “el grande”.

No quiero terminar sin agradecerle públicamente un 20 de junio frío y lluvioso. Yo le dije: “Maestro, no voy a ir, porque no es un día para que yo vaya”. Y usted me dijo: “Andá, que yo te voy a dedicar buena parte del concierto a vos y a tu hijo”. Aunque ese concierto fue para todos, en mi corazón fue el regalo más lindo que alguien me pudo haber hecho en mucho tiempo.

Mucho tiempo más lo voy a seguir escuchando, maestro, y dándole besos cada vez que lo vea, porque para mí también es un placer mostrarle mi afecto, y usted por mucho tiempo va a seguir deleitándonos. Y algún día, cuando usted y yo no estemos, seguramente usted, sentado en un balcón de nubes, seguirá haciendo sonar su música para los que lo estemos acompañando del otro lado, porque su música, su forma de dirigir, su forma de trasmitir, maestro, no se va a terminar nunca.

Gracias por hacernos el honor de estar acá con nosotros.

Gracias por habernos brindado tantos momentos ‑en esta larga vida de algunos de nosotros‑ alegres y felices.

Gracias por acompañarnos.

Gracias por permitirnos que usted sea nuestro, absolutamente nuestro.

Y sepa que usted, maestro, Federico “el grande”, no se pertenece. Usted no es dueño de usted; los dueños de usted somos nosotros: todos los uruguayos y las uruguayas.

Gracias.

 

(Aplausos)

(Ocupa la Presidencia la señora Edila Ayestarán)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra el señor Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Buenas tardes, maestro Federico García Vigil, señora Olga Bérgolo, compañeros de Federico de la Filarmónica, señora Intendenta de Montevideo ‑a quien desde el llano me da gusto saludar y decirle una vez más que está en su casa‑, autoridades presentes en este homenaje.

            Es realmente gratificante que en la tarde de hoy podamos cerrar de esta forma este ciclo de la Junta Departamental, que el próximo jueves 8 de julio finalizará cinco años de labor, de trabajo, de debates, de polémicas, de encuentros políticos y de confrontaciones, pero también de muchas soluciones para los montevideanos.

            Hoy estuvo con nosotros el ex Intendente doctor Ricardo Ehrlich, que vino a saludar expresamente al maestro Federico García Vigil. Él también fue partícipe de nuestras batallas legislativas, propias de una democracia como tenemos en el Uruguay.

            Para evocar a Federico García Vigil ‑como dijera el Edil Mario Calandra‑ no alcanzarían las páginas de una enciclopedia, porque es una vida pletórica, no solamente desde el punto de vista artístico sino también desde el punto de vista humano.

Federico es hijo de un padre comprometido social y políticamente. Además, es sobrino de alguien que estuvo más o igualmente comprometido políticamente: el doctor Guillermo García Moyano, homenajeado aquí, en esta Junta Departamental de Montevideo.

En aquellos tiempos durísimos, en que a los obreros les costaba mucho ser recibidos en el Parlamento de la República y no tenían quienes los escuchasen ‑los medios de prensa, los medios de comunicación estaban cerrados a su lucha, y prácticamente no existían los institutos jurídicos y de defensa de los derechos de los trabajadores‑, había aquí cerquita, en Cerrito 661, piso 2, un hombre ‑junto con otro que era procurador y cuyo hijo, ¡oh casualidad!, también es músico, bajista internacional, muy conocido y premiado en Estados Unidos: Federico Britos; Alberto Britos se llamaba el padre‑ tenía una oficina en la cual se atendían los reclamos de los obreros, porque estaba a la vuelta del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Ahí este abogado se transformó en una figura fundamental que representaba a los trabajadores y trabajaba en la defensa de sus intereses. Era de los pocos ‑por no decir el único‑ que lo hacía en aquella época; estamos hablando de los años 1949, ’50, ’51, ’52,  en que la situación social y política del país era muy diferente a la de hoy. Pues bien, Federico García Vigil es sobrino de Guillermo García Moyano, “Gimo”, entre otras cosas, autor ‑en sus tiempos de periodista trasnochado‑ de un libro maravilloso que se llama “Pueblo de Los Pocitos”, que leí 30 veces en el Penal de Libertad, pese a la censura. Yo sabía que leía a un hombre comprometido, con ideas avanzadas. Guillermo García Moyano era un marxista convencido, un luchador comunista de la época. Tan comunista que el Partido Comunista le encarga la tarea de conseguir una casa para que residiese en ella una persona durante cuatro o cinco días, sin que se lo dijese a nadie. ¿Y qué se le ocurre a Guillermo responder? “Tengo una casa para eso. Es una casa en la que descansamos los fines de semana; está en El Pinar. Ahí puede ser.”

El hecho es que la estadía de húespedes se extiende. Los niños, Federico y su hermana, que no pueden ir a descansar a El Pinar, les preguntan a los padres: “¿Por qué no vamos a la casa de la costa?”. No hay respuesta, hay incógnitas. Pasa el tiempo. Cuando van a El Pinar, los niños, jugando, hurgan, mueven cosas, entre ellas un ropero. Y resulta que detrás del ropero hay un pequeño poema que después le voy a pedir que lea a Federico García Vigil.

El huésped misterioso que su padre supo albergar, poniendo en peligro a su propia familia ‑porque era una operación clandestina‑, era nada más ni nada menos que Pablo Neruda, que entró de incógnito al Uruguay para viajar hacia Europa, porque era perseguido por la dictadura de González Videla en Chile, en el año 1938. Posteriormente vendrán todas sus historias vinculadas a los grandes de la lucha en defensa de la República Española, entre ellos Federico García Lorca, y luego se escribirá “El cartero”.

            García Vigil fue un hombre comprometido desde su niñez con ideas, con procesos sociales, con procesos políticos. Al mismo tiempo, supo compaginar la sensibilidad política y la realidad de su país con una maestría en el desarrollo del arte, lo que lo ha llevado a los lugares que hoy ocupa, a la trascendencia que hoy tiene, trascendencia que no voy a analizar y a la que no me voy a referir porque es conocida por todos.

Bastaría decir solamente una cosa: el aporte que ha hecho Federico García Vigil para que la ópera volviera al Teatro Solís ha sido fundamental. Esa ópera con calidad, con fuerza, que cuenta con la participación no solamente de artistas internacionales ‑de bajos, de sopranos, de barítonos‑ sino de uruguayos que están triunfando en el mundo ‑porque los trae al Uruguay‑, ha colocado nuevamente al Teatro Solís en el circuito de los grandes teatros de América. Federico García Vigil, además de sus cualidades musicales, tiene un talento organizativo realmente fuera de serie. Es como los campeones de ajedrez: siempre está tres jugadas más adelante de lo que uno está. Y no voy a hablar de su papel diplomático en Colombia.

A Federico García Vigil lo conozco desde que era joven. Junto con Federico Britos y Manolo Guardia eran aprendices en la orquesta del Sodre; estaban al lado de Canessa, de Lauro Fernández, de Guridi ‑que acaba de morir; vayan nuestros respetos‑, de Dante Frangoni: los viejos violinistas, los viejos músicos de esa orquesta clásica que tenía el Sodre. Esa orquesta era una expresión de la realidad del país, porque teníamos en la cultura la expresión de un país que florecía. Ellos se formaron ahí, y luego ‑como bien se ha dicho aquí‑ sale Camerata. ¡Lo que significó Camerata para la formación musical de miles de jóvenes uruguayos! Ahí se incorporó la música clásica como una expresión de la música popular.

 Federico García Vigil, junto con Hagopian, hizo que Alfredo Zitarrosa cantase con la Filarmónica de Montevideo. Fueron creaciones nuevas, aportes extraordinarios. Y podríamos seguir agregando cualidades a la personalidad de este hombre, que estuvo exiliado, que se fue del país porque sabía que estaba comprometido con la resistencia y que estuvo en Cuba viviendo una experiencia.

Es un hombre que, además de los éxitos, ha conocido el sufrimiento y ha tenido que superar pruebas en su vida, como lo manifiesta en su libro. Ni que hablar de lo que es la pérdida de un hijo joven, situación tremendamente dolorosa; sin embargo, hay que superarla. También hay que superar las debilidades del ser humano, debilidades que todos tenemos y contra las cuales luchamos, unos más y otros menos. A aquellos que no son capaces de crear esa fuerza interna para superarlas, esas debilidades los barren, y la fama se puede transformar en todo lo contrario: en desprestigio. A pesar de todo, este hombre de trasnoches, de grandes garufas, de borracheras, fue encontrando el camino en el cual su aporte espiritual y sus cualidades estuvieron al servicio de su formación musical. A su vez, esa formación musical sirvió para educar a nuestro pueblo, que necesita conocer y dominar esa música clásica. Por eso Galas de Tango se ha transformado en una parte esencial de la Orquesta Filarmónica, yo diría que en un artículo de exportación. Porque la hazaña de tocar el tango en las pirámides de Egipto, en El Cairo, solamente pueden contarla quienes estuvieron ahí. Digo esto por ese público tan particular, por esa sociedad milenaria llena de historia, de tragedia ‑allí estuvieron el Imperio Romano y el Imperio Napoleónico‑, por ese pueblo despojado, agobiado, robado, que, sin embargo, todavía existe y sigue viviendo ahí. La Orquesta Filarmónica deslumbró a la sociedad egipcia con su espectáculo Galas de Tango dirigido por Federico García Vigil, en el que cantó Laura Canoura. Hay una famosa anécdota de Federico en la que él cuenta que una vez vio a cuatro militares uruguayos con uniforme sentados allí, en El Cairo, escuchando a la Filarmónica. Cuando terminaron, los señores militares, los oficiales, se arrimaron y se presentaron: “Somos oficiales uruguayos que estamos en el Sinaí”. Esa fue la primera misión de paz del Uruguay; si la memoria no me falla, creo que fue en el año 1967.

            Podríamos seguir, estimados colegas, estimados amigos, pero en esta tarde estamos finalizando el homenaje a un hombre que se ha jugado en la vida por una postura clara en defensa de los más oprimidos, de los más desamparados y que, sin embargo, no ha perdido su condición de ciudadano al servicio del pueblo uruguayo. Por eso su música nos eleva, nos educa y  nos llama a continuar.

            Federico: un abrazo grande y gracias por elegirnos. Podrías haber elegido el Teatro Solís ‑que es un ámbito muy tuyo‑; podrías haber elegido el Cabildo de Montevideo, o podrías haber elegido uno de los hoteles que circundan la Ciudad Vieja. Sin embargo, elegiste a la Junta Departamental de Montevideo; esta Junta que es continuadora de la Junta Económico‑Administrativa, en funciones desde el año 1890. Somos el Parlamento de la Ciudad; somos el Poder Legislativo de la Capital del Uruguay. El Gobierno Departamental es la Junta Departamental y el Intendente o Intendenta.

            Muchas gracias por estar aquí, en nuestra Casa.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra el señor Edil Miguel González.

 

SEÑOR GONZÁLEZ (Miguel).- Muchas gracias, señora Presidenta.

            Señora Intendenta, señor García Vigil y señora, autoridades y amigos del señor García Vigil: bienvenidos y buenas tardes.

            Como verán, es muy difícil hablar después del glamour de Glenda, o después de los datos históricos de Dari; es muy difícil. Por eso lo mío va a ser breve; después de todo lo que dijeron, queda muy poquito por decir.

            En este país toda la cultura está prácticamente basada en el fútbol, en el deporte; hay dos instituciones que se pelean por saber por quién se hizo conocido el Uruguay en el mundo, que son Peñarol y Nacional. Sucede que a veces dejamos de lado a grandes personalidades que cuando salen de nuestro país y nos representan no sólo llevan nuestra bandera, sino también nuestra música, nuestra identidad.

            Por eso, lo único que me queda por decir hoy es: gracias, Maestro; muchísimas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- A continuación, vamos a darle la palabra a la señora Intendenta de Montevideo, escribana Hyara Rodríguez, quien declarará Ciudadano Ilustre al Maestro Federico García Vigil.

 

SEÑORA INTENDENTA DE MONTEVIDEO (Hyara Rodríguez).- Creo que tengo que remarcar mi satisfacción por tener esta oportunidad, este gran honor de declarar Ciudadano Ilustre al Maestro Federico García Vigil.

            Es cierto que los Ediles que me precedieron en el uso de la palabra han sido muy explícitos; la sensación que tengo es que quedan muy pocas cosas para agregar.

            Quiero decirle a Federico que tengo muy presente, muy marcada en mi memoria ‑porque me conmovió profundamente‑, la actuación de la orquesta ‑dirigida por Federico‑ en la Explanada Municipal a fines del Gobierno de Tabaré Vázquez. 

            Creo que, más allá de todo lo que se ha dicho sobre su trayectoria innegable como músico, como Director de Orquesta, como Embajador del Uruguay, digamos, al representarnos cada vez que ha dirigido orquestas en todo el mundo, la satisfacción que siento al declararlo Ciudadano Ilustre es porque representa como músico, como Director de la Filarmónica de Montevideo, algo así como la síntesis de lo que el Gobierno del partido al que pertenezco ha intentando hacer en Montevideo.

            Pienso que nuestra pelea contra la exclusión social, esta lucha permanente por tratar de lograr la equidad y que todos tengamos las mismas oportunidades y derechos para que de verdad se cumpla con lo que dice la Constitución en el sentido de que nuestras diferencias sean solamente nuestros talentos y nuestras virtudes, está representada en esa orquesta inalcanzable, ininterpretable para muchos durante un largo tiempo, dirigida por Federico.

            El hecho de haber podido mostrar en la práctica que es cierto que la música clásica no es una música de élites  y para élites, que no se trata de que uno tenga que hacer cosas de baja calidad para que las aprecie el pueblo, sino que hay que darle lo mejor, porque el pueblo efectivamente lo aprecia, es lo que me llena de satisfacción, de orgullo. Esa melena blanca, como aquí se dijo, representa en gran medida en el arte lo que nosotros hemos tratado de hacer en todos los ámbitos de nuestra actividad en el Gobierno de Montevideo durante estos 20 años.

            Por lo tanto, de verdad, con toda la satisfacción del mundo, para mí es un honor declarar hoy Ciudadano Ilustre de Montevideo al Maestro Federico García Vigil.

 

(Se hace entrega de una plaqueta)

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Le hacemos entrega de un obsequio de la Junta Departamental en este momento tan importante para usted y para nosotros. Sabemos que es una persona muy galardonada en el mundo entero, pero estamos seguros de que para usted ‑al igual que para nosotros‑ este momento es muy importante.

 

(Así se efectúa)

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra el señor Federico García Vigil.

 

SEÑOR GARCÍA VIGIL.- Señora Intendenta y escribana Hyara Rodríguez, vieja amiga desde hace muchos años y muy amiga del escribano Moratorio, de Basso, que fue quien me crió cuando murió mi padre, cuando yo tenía nueve años; señores Ediles de la Junta Departamental de Montevideo; Presidente de la Junta Departamental de Montevideo, amigo Dari Mendiondo; miembros de la Junta Departamental en general y queridos amigos que están aquí, en esta ceremonia tan emocionante ‑pensé que iba a ser más liviana, pero se fue transformando en algo cada vez más emotivo‑: es verdad, he recibido innumerables distinciones en muchos lugares. He sido Ciudadano Ilustre de muchas ciudades, como Santiago de Chile, Bogotá, Alcalá de Henares, Madrid, Estocolmo. También he recibido, como decía Mario Calandra, una condecoración del Ministro de Cultura de Francia. Pero de todas esas distinciones, galardones y homenajes, este es, para mí, el más importante, y lo digo con total sinceridad y emoción. Este es el homenaje que me llevo en la vida, porque concluye un ciclo de actividad de vida dentro de un país y en una ciudad en la cual nací hace 69 años.

            Yo nací frente a la Intendencia, en el Palacio Díaz; el camino de mi vida y mi carrera estaban signados.

 

(Hilaridad)

 

______Nací en el Palacio Díaz porque mi padre alquilaba un apartamento a la familia Díaz ‑que tenía el Estudio Díaz, de don Pedro Díaz‑, donde trabajaban Wallace, Dubra y toda aquella cantidad de abogados.

            A veces me asombra la memoria que tengo de esos años de mi niñez. Recuerdo perfectamente la historia que contó Dari sobre los días que pasó Pablo Neruda no en El Pinar sino en Parque del Plata, en la Calle 3 y Mario Ferreira.

Recuerdo muy bien, por ejemplo, el campeonato de Maracaná ‑yo tenía nueve años‑, esa fiesta popular increíble en la que vi a Peloduro arriba, en la tribuna popular, porque él trabajaba como periodista en ese momento.

            Después de esa época en el barrio nos conocimos con la familia de Calandra, con “Tito” y con toda la barra; así se empezó a formar mi personalidad de adolescente en el barrio La Mondiola. De ahí las historias que Calandra rememoraba sobre aquel taller mecánico al que todos íbamos todos los días y en el que al final nunca se arreglaba ningún auto, por lo que se lo llamó "el taller de los inútiles"; después, incluso, Manolo Guardia le dedicó un tango maravilloso llamado "Los inútiles". De ese taller, que estaba en la calle Pagola y Luis Lamas, nunca salió bien un auto, pero ahí se formaron muchísimos músicos. Ahí estuvo Fito Cabano, que hizo el tango "Un boliche" con Mingo Medina; ahí se formaron los Fattoruso, Manolo Guardia... Rada era chiquito ‑en esa época era flaquito‑, e iba al taller a ver qué podía hacer. Allí se formó el grupo "Los Delfines”, donde estaba el hermano de Cairo Vila y también el "Coyo” Abuchalja, que en este momento tiene un cargo importante en la Cámara de Industrias. Estábamos todos juntos ahí, disfrutando mucho de una bohemia muy constructiva, muy cariñosa, muy fraternal y muy sana.

            Eso es la ciudad de Montevideo, la manera de ser de Montevideo. La población de Montevideo es más de la mitad del Uruguay, y este es el Parlamento de más de la mitad de los habitantes del Uruguay. Esa manera de ser de los montevideanos, tan bien descrita después por Ferrer en algunos trabajos que ha hecho, es algo que yo llevo y siempre llevaré dentro, porque creo que es auténtica. Somos diferentes en ese aspecto. Por supuesto que todos somos uruguayos desde aquí hasta Bella Unión, y seguiremos siéndolo, pero Montevideo tiene una serie de características que yo llevo en el corazón y que me emocionan todos los días. Me encanta ser un vecino más de esta ciudad, me emociona el "buen día, vecino". Ciudadano Ilustre es un mimo que me hace la Junta y lo agradezco enormemente, pero el saludo en la feria de los domingos, en el supermercado, en los espectáculos deportivos; el reconocimiento, el respeto enorme, el agradecimiento, la educación y el afecto sincero con que la gente se acerca a saludarme son cosas que hablan muy bien de la calidad de la gente que vive en esta ciudad, de la que ustedes son representantes.

            A Montevideo la viví toda; en el ’50, con aquella fiesta enorme en 18 de Julio y con "Peloduro" arriba, en la tribuna popular; en la época del florecimiento enorme del Sodre, la belle époque de las artes en nuestro país; en la visita de Eric Claider, uno de los grandes directores de aquella época... Fue entonces que conocí a Olga. Cuando la conocí empezó para mí una nueva vida. Comenzó realmente un disfrute del arte cada vez más profundo, no sólo dentro de nuestro país sino internacionalmente, porque al haber sido becados por la Embajada de Francia para estudiar ­‑ella en la Ópera de París y yo en el Conservatorio de Estrasburgo, en Francia‑ tenía una visión del desarrollo artístico de la carrera de ambos. Eso luego coincidió con el golpe de estado y el exilio cultural que significaba la clasificación de la gente en A, B y C. En aquella época yo no podía ni pasar por la puerta del Teatro Solís.

Lo que más rescato de esa época es el éxito logrado en Europa ‑Olga también estaba en la plenitud de su carrera‑, el haber podido desarrollarlo en el resto del mundo antes de volver al Uruguay, antes del retorno a la democracia, que es cuando comienza el renacimiento maravilloso de esta ciudad. Montevideo comienza a renacer, y la empiezo a ver crecer, realmente, a la vez que yo mismo crecía. Y comienzo a crecer en base a un instrumento humano, querido, fraternal e inolvidable para mí: la Filarmónica de Montevideo. Tuve un instrumento sonoro uruguayo ‑que en aquella época dependía de la Intendencia‑ a través del cual me pude expresar y generar lazos de comunicación con la gente. La Orquesta Filarmónica de Montevideo tuvo una evolución maravillosa durante mi dirección titular y después, porque sigue teniéndola hasta el día de hoy.

            Ese retorno, ese conocimiento de Olga, esa vida de 40 años de pareja, la creación de nuestra familia y el poder desarrollar mi actividad libremente dentro de mi país, todas esas cosas empezaron a entusiasmarme, y empecé a sentirme conforme conmigo mismo y con lo que me rodeaba. A partir de ese momento el camino de la creación estaba a la mano.

Es indudable que desde el primer Gobierno Municipal ‑el de Aquiles Lanza, cuando se me otorgó la Dirección de la Orquesta Sinfónica Municipal‑ hasta el día en que me jubilé de la Intendencia de Montevideo, se produjo, sin que me lo propusiera, una especie de revolución cultural. No hubo un propósito de revolucionar de forma fundacional, como si dijera: “Ahora estoy yo y voy a hacer tal cosa”. Se fueron dando una serie de hechos que fueron acercando el arte a toda la población, o al máximo posible de la población de Montevideo. Recuerdo que se hicieron siete u ocho sinfonías de Beethoven ‑la Novena no se pudo hacer porque no teníamos coro‑ en todos los barrios de Montevideo, tanto en verano como en el invierno crudo, dentro de unas carpas calefaccionadas con carbón. Llenamos de música a todo Montevideo, porque en ese momento la realidad era otra: no teníamos teatro donde desarrollar esa actividad. Eso fue creciendo desde Montevideo hacia todo el país, hacia todo el Uruguay; hacia todas las capitales, hacia todos los departamentos, y luego hacia el exterior. La primera orquesta en cruzar el océano Atlántico hacia aquellos lares fue la Filarmónica de Montevideo. Hicimos una gira y estuvimos en Egipto y en España.

Por otra parte, personalmente he tenido la oportunidad de visitar muchísimos organismos sinfónicos del mundo representando al Uruguay. Algunas veces lo hice acompañando visitas presidenciales, como cuando viajé a Bogotá con el doctor Sanguinetti, o cuando con Batlle fuimos a Tokio, donde tuve la oportunidad de dirigir la NHK de esa ciudad.

            La vida fue abriendo caminos, y durante el Gobierno de Lacalle me tuve que trasladar, con Olga, a la ciudad de Bogotá como agregado cultural. En esa oportunidad se conjugaron dos cosas. No había plata en el Uruguay; entonces, se tenía que aprovechar a los artistas contratados por esos países para que, además, desempeñaran en forma honoraria la actividad de agregados culturales. Así fue que se hizo una experiencia con Sara Nieto en Chile y conmigo ‑durante ese período‑ en Bogotá. Parecía un juego. Pregunté qué había que hacer y me dijeron que nada, pero era mentira. Había que hacer; había que recibir a las delegaciones culturales, a las delegaciones de equipos deportivos, etcétera, y se tenía la responsabilidad de representar a un país que cada vez aprendí a querer más apasionadamente y que cada día más quiero.

            La ciudad me sorprende enormemente con su cambio. Me sorprende cómo ha cambiado Montevideo. Quizás ustedes están todo el día acá metidos, pero desde afuera veo cómo fue cambiando a partir de la Torre de Antel, luego con la increíble reapertura del Teatro Solís, con la calidad de su programación y de la organización interna, la calidad arquitectónica y la calidad de funcionamiento administrativo que tiene, que es ejemplo para muchos teatros de la región.

Esto se une a otro hecho: yo tuve la oportunidad de inaugurar tanto el Solís como el Sodre, dar el primer concierto, hacer la primera actuación. La Novena Sinfonía en el Sodre abre un nuevo panorama a esta ciudad, que tiene una historia y una  base cultural de una proporción insólita dentro de lo que son las capitales de este continente, que puede llenar simultáneamente los dos teatros ‑como sucedió hace 15 días‑ con espectáculos diferentes, echando por tierra algunas teorías que decían que eso era un disparate y comprobando la posibilidad de que en un futuro Montevideo pueda llegar a ser, en la realidad fehaciente y objetiva, la Capital Cultural del Mercosur. No me estoy refiriendo a ese título diplomático que se le concede cada determinados años: estoy diciendo que Montevideo se puede transformar en la Capital Cultural del Mercosur por la calidad de la producción que se puede realizar en ambos teatros, Solís y Sodre, con un cuerpo de baile que en este momento es dirigido por Julio Bocca, quien creo que ni siquiera llegó a dirigir el cuerpo de baile del Teatro Colón pero que, sin embargo, ahora está dirigiendo el cuerpo de baile del Sodre. Y en la producción de conciertos hay una coordinación para poder alojar y recibir a artistas en el seno de esos teatros, como se recibió hace dos semanas en el Sodre a Yo-Yo Ma, el mejor violonchelista del mundo de todos los tiempos. De ahí en adelante se puede coordinar una temporada lírica que, desde el punto de vista turístico, puede dotar a Montevideo, incluso en coordinación con el Ministerio de Turismo, de una vida cultural inusitada. O sea que le veo a Montevideo un futuro extraordinario.

            No quiero hablar de cosas que también me sorprenden alegremente y que me dan más ganas de vivir, me dan ganas de vivir 120 años en Montevideo, como es el nuevo Aeropuerto de Carrasco…

 

(Aplausos)

 

______...y una cantidad de obras de carácter social que se van formulando y que se van continuando. Y, además, a la gente cada día la veo más hermanada, a pesar de haber oficialismo y oposición. La veo cada vez más hermanada en proyectos conjuntos; veo que se empieza a producir una fusión nacional que me da una gran esperanza, una gran alegría y una gran confianza en lo que somos los uruguayos y los montevideanos.

            O sea que hay que resolver algunos problemas, pero hay que resolver el problema del futuro, de los niños, de nuestros hijos y de nuestros nietos; no pensar tanto en qué Uruguay vamos a dejarles a nuestros hijos, sino qué hijos y que niños les vamos a dejar a nuestro futuro Uruguay y a nuestro futuro Montevideo.

            Muchas gracias a todos.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- A continuación, como broche de oro de este homenaje, actuará el solista Víctor Szilagyi, acompañado de las cuerdas de la Orquesta Filarmónica. Interpretarán “Las cuatro estaciones” de Ástor Piazzolla.

 

(Así se efectúa)

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Antes de continuar con el espectáculo, vamos a despedir a la señora Intendenta, quien debe concurrir a la Intendencia de Montevideo para firmar, en su rol de escribana e Intendenta, las primeras 20 escrituras de la regularización del asentamiento Las Malvinas...

 

(Aplausos)

 

______...proceso que los Ediles departamentales, desde esta Junta Departamental, hemos seguido desde sus comienzos. Por eso, queremos pedirle a la Intendenta que trasmita a estos vecinos de Montevideo, que hoy dejan de ser ocupantes para transformarse en propietarios, el saludo de esta Junta.

 

(Aplausos)

 

______Ahora continuamos con el espectáculo musical.

 

(Así se efectúa)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Agradecemos la presencia de todos y de todas.

Damos por finalizado este acto de homenaje.

           

(Aplausos)

(Es la hora 17:23)