Acto de homenaje a la señora Edila Cristina Ferro

Celebrado el 19 de mayo de 2010

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

SEÑOR PRESIDENTE (Dari Mendiondo).- Buenas tardes.

            Damos comienzo a la sesión de homenaje a nuestra compañera de Cuerpo, colega de esta Junta Departamental, la Edila por el Partido Colorado Cristina Ferro, recientemente fallecida.

 

(Es la hora 16:08)

 

______En nombre de toda la Junta Departamental de Montevideo, damos la bienvenida a su esposo, Carlos Rodríguez Batlle; a sus hijos e hijas; a sus familiares; a sus correligionarios: Senador Pedro Bordaberry, Diputado Fitzgerald Cantero, Diputada Alma Mallo; al ex Presidente del Banco Central, César Rodríguez Batlle; al ex Presidente del Banco de Seguros del Estado, Alberto Iglesias, y a las demás personalidades aquí presentes.

            Ha llegado la señora Intendenta de Montevideo, escribana Hyara Rodríguez ‑a quien invitamos a sentarse junto a nosotros‑ y el señor Jorge Rodríguez, Prosecretario de la Intendencia de Montevideo.

 Damos también la bienvenida a los legisladores y parlamentarios presentes, y a los compañeros Ediles y Edilas.

Tiene la palabra la señora Edila Teresita Ayestarán.

 

SEÑORA AYESTARÁN.- Gracias, señor Presidente.

            A lo largo de los 20 años que he estado en la Junta Departamental hemos tenido que despedir a muchos integrantes de este Cuerpo que fallecían. Pero nunca nos había pasado esto, nunca habíamos tenido que despedir a una compañera que estaba en ejercicio, una compañera integrante de este Cuerpo en esta Legislatura, una compañera que hasta hace muy poco ocupó su banca en este recinto.

Como la incansable trabajadora que era, la Edila Cristina Ferro trabajó hasta el límite de sus fuerzas. Pudiendo haberse tomado el último receso de la Junta como un tiempo de descanso, ella no quiso hacerlo. Integró la Comisión Permanente durante todo el receso; tuvo una muy importante participación en dicho ámbito ‑tal como era habitual en ella‑ en representación de su Partido Colorado.

            Cristina era una mujer de partido: compartía, defendía e impulsaba todos los postulados del Partido Colorado, y se sentía muy orgullosa de pertenecer a él. Asimismo, se sentía muy orgullosa de pertenecer a esta Junta Departamental y en sus planes estaba continuar aquí. Podría haberlo hecho, ya que la ciudadanía con su voto le habría dado la posibilidad de integrar por un período más esta Junta Departamental.

            Cristina tenía una enorme capacidad y contracción al trabajo, y lo tomaba con una enorme responsabilidad. Muchas veces, cumpliendo con su labor de legisladora y controladora, presentó denuncias en esta Junta, hizo pedidos de informes e incluso impulsó Comisiones Investigadoras, Llamados a Sala… Pero lo hizo siempre con gran seriedad, con un trabajo detrás, con mucha documentación. En algunos casos podía tener razón y en otros, no, pero en todos ellos había, sí, una enorme responsabilidad, un gran trabajo y una gran seriedad, lo que la hizo ser, sin lugar a ninguna duda, una Edila excepcional.

Era sumamente respetuosa con todos ‑ni que hablar con sus compañeros de Partido, con sus compañeros de bancada‑, también con la oposición. En el fragor más grande de la lucha legislativa, en la discusión por la defensa de sus postulados ‑que muchas veces no compartíamos‑, Cristina nos trató siempre con el máximo respeto. Jamás salió de su boca un improperio, una falta de respeto, hacia nadie. Tenía sumo cuidado en no rozar ‑y jamás lo hizo‑ la vida personal de ninguno de nosotros.

            Como decíamos, era una trabajadora incansable. Cuando llegaba a Sala o a las Comisiones siempre nos reíamos con ella porque traía una enorme cantidad de material y sus característicos papelitos amarillos. Yo le decía: “Ya llegaste con tus papelitos amarillos”. Todos aquellos expedientes estaban marcados con papelitos amarillos. En el desarrollo de sus exposiciones siempre buscaba información en una versión taquigráfica, en el informe de un Director, etcétera; o sea que iba demostrando un enorme y profundo estudio en aquel trabajo que estaba haciendo.

            Hace unos días estuvimos hablando con algunos de sus colaboradores más cercanos. Graciela nos decía que era muy difícil seguirle el tren de trabajo a Cristina. Realmente era así, para nosotros, también. Era una Edila que nos obligaba a prepararnos muy bien a fin de enfrentarla en un debate, en esta lucha, en esta lid política, porque era una compañera que siempre traía los temas profundamente estudiados y documentados. Ello demostraba el gran orgullo que era para ella ser una Edila Departamental y con qué responsabilidad ocupaba su cargo.

            Quiero resaltar aquí la gran lealtad de esta compañera. En todo momento exponía las cosas con total claridad, ponía todas las cartas encima de la mesa. Jamás, en los 20 años que la conocí, se guardó algo en la manga o trajo algo escondido; por el contrario, ella ponía sobre la mesa todas las cartas. De esa manera ella trabajaba.

            Era una mujer de códigos; los tenía en su accionar político cotidiano y los sabía cumplir; jamás se apartaba de ellos. Cuando en alguna oportunidad, en Comisión o en Sala, nos decía: “Yo voy a votar tal expediente, tal proyecto de decreto; lo voy a votar, tienen mi voto”, así pasaran 20 días, un mes, dos meses, cuando el tema llegaba a Sala no necesitábamos preguntarle nuevamente: “Cristina, ¿vas a votar”. Sabíamos perfectamente bien, señor Presidente, que esa sería su posición, que había dado su palabra y que no cambiaría de idea.

            Trabajó incansablemente en esta Junta Departamental. Ningún tema le era ajeno. Algunos temas le interesaban más, como el Presupuesto, la Descentralización, pero ningún tema le era ajeno: de todos era una estudiosa y en todos tenía una gran participación.

            Por eso, si bien hoy Cristina se ha ido de esta Junta ‑muchos de nosotros también nos vamos a ir dentro de poco de esta Junta Departamental‑, su trabajo quedó y quedará, no solamente para esta bancada ni para la próxima legislatura: van a pasar muchos años y el trabajo de Cristina, su opinión sobre los distintos temas, será un referente para los Ediles que nos sucederán, no sólo del Partido Colorado, sino de todos los Ediles de la Junta Departamental.

            No quiero terminar de hablar, señor Presidente, sin referirme a algo muy personal. Cristina era mi amiga. Nosotras teníamos una amistad ‑muchas veces nos dijimos que nos sentíamos realmente amigas‑, amistad que quizás algunos no entendieron. Tanto a mí como a ella alguien nos podía haber preguntado: ¿cómo podés ser amiga de Cristina, de una adversaria política de fuste, como lo era ella? Sin embargo, fuimos amigas.

            La conocí en el año ’90. Yo era Edila suplente en la Junta Departamental y ella era Edila titular. Integramos juntas una Comisión que en aquel momento se llamaba de Género y Asistencia Social; hoy es la Comisión de Medio Ambiente y Salud. En aquel momento no era como ahora, que hay mucha mayor apertura y nos brindamos con más facilidad; en aquel momento había como un cierto reparo.

            El Frente Amplio había ganado la Intendencia de Montevideo; estábamos aprendiendo a ser gobierno, y el Partido Colorado, a ser oposición, por eso había una cierta reserva. Muchas veces lo comentamos.

            A mí me tocó trabajar en dos temas con Cristina. Uno de ellos fue el traslado de la feria de Obligado, algo muy trabajoso para la Intendencia de Montevideo y para esta Junta Departamental, porque también vimos la necesidad de hacer un reglamento que rigiera esas ferias especiales. La Comisión nombró a tres personas ‑una de cada partido político‑ para hacer un trabajo conjuntamente con la Intendencia, y a mí me tocó trabajar con Cristina y con Beatriz Argimón, que en aquel momento era Edila. Allí comenzamos a conocernos, a conocer nuestra manera de trabajar.

            Luego hubo otro tema también muy importante: la pandemia del cólera. Esa pandemia tomó casi toda América Latina; no llegó a nuestro país, pero había muchas posibilidades de que lo hiciera. Esta Junta Departamental trabajó muy activamente en ese tema, y a mí me tocó hacerlo muy estrechamente con Cristina.  Eso nos permitió seguir conociéndonos y saber que, más allá de los temas que no compartíamos ‑por supuesto que era así y que iba a ser así, yo pertenecía a un partido político y ella a otro; teníamos visiones diferentes‑, había muchos temas en los cuales podíamos tener grandes coincidencias y trabajar juntas por el bien de Montevideo y de los montevideanos.

            De 1995 al 2000 Cristina no estuvo en la Junta. Cuando volvió, en el año 2000, ya nos conocíamos, y ese conocimiento se fue transformando ‑no sé cuándo ni cómo; no importa‑ en una amistad, porque teníamos una manera muy similar de hacer las cosas. Coincidíamos en muchas cosas del quehacer cotidiano de la política, y también, señor Presidente, tanto a ella como a mí, había algo que nos importaba más que esta Junta: nuestra familia.

El hecho de compartir cantidad de cosas como madres y como abuelas fue algo que nos unió mucho. Compartimos a nuestras familias; compartimos las alegrías, las tristezas, las preocupaciones, las enfermedades. Yo me acuerdo de que una vez Cristina tenía a una de sus hijas enferma; estaba muy preocupada por eso. La tuvieron que operar y lo hizo un médico de la Española. Se resolvió todo el tema, felizmente todo pasó. Al poco tiempo un hermano mío se enfermó. Inmediatamente ella vino a decirme: “Tratá de que lo atienda el doctor Pomi, porque es un gran cirujano, a nosotros nos resolvió el problema”. Ella estaba detrás de mí, preocupada por la salud de mi hermano, tratando de saber si también lo iba a atender ese médico, que para ella había sido quien había solucionado el problema de salud de su familia. Puedo contar miles de anécdotas como esta, de todos los días.

Decía que compartimos a nuestros nietos. Ella conoció a uno solo de mis nietos, pero compartí a mis cuatro nietos con ella. Yo conozco a Pedro y a Ema ‑la vi una vez‑, pero no conozco a Sofía ni a ninguno de sus nietos mayores ‑como decía Cristina: “mis nietos de afuera”- pero intercambiamos anécdotas, fotos, logros, señor Presidente, y eso hizo que compartiéramos una parte muy importante de nuestras vidas, más allá de lo que vivimos juntas acá como dos mujeres políticas. 

Por todo eso, a la bancada del Partido Colorado, al Partido Colorado todo, a los colaboradores más inmediatos de su despacho, a los funcionarios de esta Junta Departamental pertenecientes al Partido Colorado ‑muchos de ellos fueron amigos de Cristina‑, a Carlos, a sus hijos y a sus nietos, les doy mi más apretado abrazo.

Gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra el Secretario General, Carlos Otero, para dar lectura a mensajes recibidos en la tarde de hoy.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Otero).- Buenas tardes.

            El primer saludo al que daremos lectura dice lo siguiente:

            Señor Presidente de la

            Junta Departamental de Montevideo

            Don Dari Mendiondo

            PRESENTE

            El justo homenaje que la Junta Departamental de Montevideo brinda en recuerdo de la amiga y correligionaria Cristina Ferro merece mi total reconocimiento y adhesión.

            En su vida política demostró como edil y legisladora abrazar y defender los más caros principios de justicia social que el Batllismo tiene en sus fueros más íntimos desde siempre.

            En la vida toda, intentó sin descanso inculcar a quienes la rodearon los valores morales que nuestra sociedad jamás debe perder.

            Lamentablemente, en estos momentos en que se realiza este homenaje estoy en la ciudad de Rivera representando a nuestro Partido Colorado.

            Mis respetos a los miembros de esa Junta Departamental y a la familia de nuestra querida Cristina.

            Senador Tabaré Viera Duarte.”

El siguiente saludo dice:

            “Señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo

            Edil Dari Mendiondo

            De mi consideración:

            Ante la imposibilidad de concurrir al Acto de Homenaje a la señora Edila Departamental Cristina Ferro, al conmemorarse un mes de su lamentable desaparición física; solicito a usted se sirva hacer llegar mis respetuosos saludos a los Miembros del Cuerpo que ella integró y que distinguió por su entereza, tesón y profesionalismo.

            Licenciado Néstor Campal.

            Director General de Desarrollo Ambiental de la Intendencia Municipal de Montevideo.”

También recibimos excusas de la Secretaría del Ministro de Turismo y Deporte, señor Lescano, y del Senador Chiruchi.

 

(Por resolución de Junta del 20.05.2010, se adjunta a esta versión taquigráfica la siguiente nota del Dr. Julio Mª Sanguinetti, recibida el 20.05.2010)

 

“Señor Presidente de la

Junta Departamental de Montevideo

Don Dari Mendiondo

De mi consideración:

            Tardíamente enterado del homenaje tributado a la Edil Cristina Ferro, me hago un honor y un deber moral asociarme a él con un profundo sentimiento de respeto y cariño.

            Fue Cristina una luchadora infatigable de la ciudad de Montevideo, a la que sirvió y quiso toda su vida. Trabajó tomando iniciativas, alentando proyectos, procurando siempre una administración municipal del mejor nivel. Su ‘Movimiento Montevideo’ resultó a lo largo de años un animador permanente del debate montevideano.

            Parlamentaria de elevada calidad, su presencia en la Junta fue siempre un elevado punto de referencia. Desde 1989 hasta hoy, su labor marcó un hito en la actividad de vuestro Cuerpo, al que representó en numerosas instancias nacionales e internacionales. Su labor en las Comisiones fue proverbial, destacando su inteligencia de análisis y espíritu de compromiso con la función.

            Para el Partido Colorado, que abrazó desde su primera juventud, su desaparición representa una invaluable pérdida. Le representó en la Junta y también en varios lapsos en la Cámara de Representantes. En la Convención Nacional Colorada y en las campañas políticas, la voz de Cristina se escuchó siempre con un enorme respeto y resonancia.

            La muerte la sorprendió luego de tres largos años en que luchó con la enfermedad, plena de espíritu y optimismo. Hasta pocos días antes del desenlace se mostraba animosa y como primer titular de la Lista 2000, vivía el mismo entusiasmo de sus años más jóvenes. Con esa imagen la recordaremos por siempre quienes fuimos sus amigos.

            Por su intermedio, señor Presidente, hago llegar mi pésame al Cuerpo parlamentario comunal, agradeciendo haga llegar a los familiares de la Edila Cristina Ferro estas expresiones.”

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra el señor Edil Mario Calandra.

 

SEÑOR CALANDRA.- Muchas gracias, señor Presidente.

            Es muy difícil abundar después de haber escuchado a la Edila Ayestarán, quien sabíamos que iba a hacer uso de la palabra no sólo por ser integrante del Frente Amplio, sino por la relación que tuvo con la Edila Cristina Ferro. Tan así es que terminó con su voz quebrada, y lo comprendo, porque hubo una gran amistad entre ellas, producto de que coincidían, fundamentalmente, en las Comisiones de Planeamiento y de Legislación. Por eso entiendo el quiebre de su voz y la emoción que le pueda surgir, quizá más que a muchos de nosotros.

Yo viví dos etapas con Cristina Ferro. La primera como integrante de la Convención Departamental del Partido Colorado, en el año ‘90. Allí debatí algunas veces sobre el batllismo con Cristina Ferro, pero siempre con respeto y altura. Mi otra etapa fue cuando entré a la Junta como Edil por el Frente Amplio.

A veces miro hacia su lugar y veo ese asiento vacío y realmente me cuesta volver a mirar hacia allí. Se siente la ausencia de ese debate, de esa confrontación hecha con altura y respeto. Quiero decirles acá que muchas veces, previo al debate de algún tema, yo entraba a Sala convencido, y luego, al escucharla, me hacía dudar sobre si realmente estábamos haciendo las cosas bien. Muchas veces yo no había estudiado bien el tema y no era quien más hablaba en esas Comisiones que ella integraba.

Se va a extrañar su respeto, su altura, su confrontación, su visión batllista de la sociedad. Era una defensora del batllismo y tenía puesta su camiseta; pero tampoco nadie va a olvidar su camiseta bolsilluda, de Nacional, que muchas veces traía puesta; a veces, en el medio del debate hacía comentarios relativos al tema. Cuando miro para ahí me acuerdo de que hace dos o tres meses jugaba Nacional con Deportivo Cuenca a la misma hora de la sesión. No podía ver el partido, pero supongo que se enteraba de cómo transcurría por la radio o por mensajes a través del celular. Fue así como en su alocución incluyó chascarrillos a favor de Nacional en el momento en que hacía el gol.

            Eso fue prácticamente ayer, y miro para su lado y me cuesta creer lo que pasó, como cuando veo las fotos de Pepe Batlle y los afiches de Nacional en la puerta de su despacho. Eso se va a extrañar.

            Era una persona con una capacidad para la tarea legislativa que muy pocos tienen, y lo digo por lo que yo he visto del año ‘85 en adelante, con una capacidad de estudio, de escuchar, de entender al otro más allá de las diferencias, e incluso con una capacidad de convencer al otro. Era difícil que nos encontráramos en el debate. De esas dos etapas que compartí con ella, un tiempo como correligionario y luego como compañero de la Junta Departamental, no puedo agregar mucho más, porque lo de Teresita fue muy emotivo.

            A todos nos pega su ausencia. Veo los ojos de sus familiares, que están sentados ahí, y pienso que si a nosotros nos afecta esta situación, imagino lo que deben de estar sintiendo ellos.

            Acompaño este homenaje, y muchas gracias por dejarme hablar.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Dante Nieves.

 

SEÑOR NIEVES.- Gracias, señor Presidente.

            Es jorobado tener que hablar en este momento por todo lo que nos unía a Cris.

            Nosotros la recordamos siempre. Miramos la banca ‑ahora está Gabriela‑ y nos parece ver a Cristina dándonos su respaldo para cada cosa que encaramos. Ella siempre estaba presente, impulsándonos, tratando de que saliéramos adelante y nos superáramos.

            Recuerdo que lo último que hizo en esta Junta Departamental, la última vez que estuvimos juntos, fue dejar sentado el gran debate de los ingresos por concurso, y dio resultados. Pero no fue eso solamente. Cuando hablábamos con ella por teléfono mientras estaba internada nos daba consejos sobre lo que debíamos hacer en aquellas Comisiones en las que la estábamos supliendo transitoriamente. Ella nos decía lo que teníamos que hacer, lo que podíamos encarar, dónde teníamos que buscar, etcétera. Siempre estaba estudiando, incluso cuando estaba luchando pensaba en la Junta Departamental y en los montevideanos todos, porque ese era su gran ideal.

            El Partido Colorado no perdió a una Edila, perdió el cargo más importante que podemos tener los colorados de ley: el ser militante del Partido. Eso es lo que perdimos; a una gran militante por la justicia social y las causas batllistas. Esas pequeñas cosas, chicas para el mundo pero grandes para el que las necesita, siempre encontraban el hombro de Cristina. Ella luchaba por ellas.

            La quiero recordar, más que en la pérdida, en la soledad de esta banca luchando por el Presupuesto. Tenía a todo el mundo horas y horas acá, porque ella averiguaba todo lo que surgía del Presupuesto. Eran jornadas agotadoras, pero ella siempre estaba sentada en su banca. Los demás cambiábamos de lugar, íbamos y veníamos, pero ella siempre estaba al firme durante horas, y de eso hace poquitos meses.

            Todos los grandes temas que en este período nos tocó compartir en esta Junta Departamental fueron planteados por Cristina; sobre ellos trabajó toda la Junta Departamental.

            Como decía desde su corazón Teresita Ayestarán, Cristina era temible en el discurso, en la defensa de los temas, y nos tenía a todos buscando permanentemente cómo contrarrestar esas cosas que ella proponía. Siempre estaba muy cerca de la verdad; compartida o no, siempre iba adelante con la verdad. Por eso nos “rompió” todo a muchos de los que la queríamos, que compartíamos con ella un sentimiento mutuo, como todos saben. Abrazábamos las mismas cosas, las mismas causas. Es una pérdida invalorable.

            Cristina no era sólo política. Todas las tardes tomábamos un cortadito, ella comía medio sándwich ‑no comía más que esa mitad‑ y nos poníamos a hablar de su familia y de sus nietos. Hasta esos nietos que no conocíamos eran parte de nosotros, porque todos los días hablábamos de ellos. Pedro era parte de nuestras conversaciones diarias. Tenía presentes permanentemente a sus nietos, porque ella vivía para ellos. Además de vivir para la causa política, para el Partido Colorado, vivía para sus nietos, vivía para su familia, siempre en sintonía con todo lo que la rodeaba, y por eso la extrañamos, la necesitamos.

            Unos días antes de esta última elección del pasado 9 yo pensé que Cristina, como el Cid Campeador, dio su última batalla ya fallecida, y la ganó.

            Gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Gastón Silva.

 

SEÑOR SILVA (Gastón).- Señor Presidente: hace diez años, cuando ingresábamos a esta Junta Departamental, tuvimos varias alertas. Tanto Jorge Mazzarovich como José Tognola y Walter Morodo nos alertaban sobre Cristina Ferro, y los tres coincidían. Nos daban detalles sobre algunas de sus características personales y políticas ‑su compromiso, su estudio‑, y nos decían que, por lo que habían podido compartir en esta Junta Departamental, se habían topado con una figura que hacía la diferencia en política, esa cosa excepcional que a veces uno encuentra en algunas personas en algunos ámbitos. Con esas alertas ingresamos a la Junta Departamental.

            Yo tuve la oportunidad de compartir con ella casi diez años la Comisión de Descentralización. Era muy versada sobre el tema. Fue, justamente, una de las señoras Edilas que dieron lugar a los decretos que instalan la descentralización en el departamento de Montevideo.

            Yo creo que Cristina, como todas las personas que llevamos adelante tareas políticas o político‑partidarias, tenemos tres dimensiones: la dimensión institucional de lo que uno lleva adelante, la dimensión política, que es por qué razón lo hace, y la dimensión personal, que es lo que hace que una persona se ponga a trabajar por una causa pretendiendo determinados objetivos en bien o para beneficio de una sociedad.

            En cuanto a la dimensión institucional de Cristina, el respeto y el cariño que ella le profesaba a esta Junta Departamental de Montevideo siempre me parecieron rasgos distintivos. Ella quería a la Casa; entendía la institución y quería a la Casa. Posiblemente habría podido ser ‑como creo que un tiempo lo fue‑ Diputada, Senadora o lo que ella hubiese querido ‑o lo que los avatares de la política hubiesen marcado‑, pero estoy seguro de que más allá de esos lugares tenía una pertenencia como íntima, muy personal con esta Casa, la Junta Departamental. Es como que de alguna manera había encontrado su lugar en el mundo, en lo institucional, llevando adelante tareas en esta Junta Departamental.

            La dimensión institucional de Cristina iba desde lo parlamentario hasta su relación con la ciudadanía, tanto la que ella decía representar o que representaba, como la que no representaba y no decía representar. En esa dimensión institucional comprendió claramente los roles y las competencias de un Gobierno Departamental y el papel que ella y su partido tenían como oposición. Lo tenía absolutamente claro: tenía trazada una línea invisible que marcaba claramente sus límites y sus posibilidades, las cuales explotaba al máximo. Su figura, entonces, en términos institucionales, es absolutamente rescatable, porque privilegiaba la institución, el lugar, las cosas que hay que hacer y las que no se deben hacer, trascendiendo, incluso, su condición política o político‑partidaria.

            En cuanto a la dimensión política de Cristina, al igual que Teresita y los otros Ediles que han hablado destacamos su lealtad política y su firmeza ideológica, valores a tener muy en cuenta hoy, ya que en los tiempos modernos los valores se han ido trastocando y modificando. Para quienes hacen política, mantener la firmeza ideológica, mantenerse en lo que se considera mejor, no es poca cosa hoy en día.

            El conocimiento que tenía de las materias en que trabajaba era brutal. Yo pocas veces he hablado con una persona como ella, que me demostraba saber de lo que estaba hablando y no talenteando. Porque prender un micrófono y hacer un discurso más o menos bonito lo hace cualquiera, pero saber de lo que se está hablando y adónde se quiere conseguir llegar a través de lo que se está diciendo pocos lo logran. Cristina sabía de lo que hablaba y adónde quería llegar con lo que estaba diciendo.

            Recuerdo que en el período pasado había un tema muy delicado en la Intendencia, y yo estaba trabajando en eso. Me fui con un bibliorato al despacho de ella a mostrarle mis argumentos, tratando de desestimular de alguna manera lo que yo oí que se estaba armando del otro lado. Entonces, me recibió, me escuchó, y saqué mi bibliorato, que era de un tamaño importante, con mucha documentación, antecedentes ‑como dice Teresita‑, reflexiones políticas, etcétera. Después de que me escuchó ella se sonrió y abrió un cajón lleno de biblioratos; había por lo menos seis o siete del mismo tamaño que el mío. Ahí yo dije: “Tenemos un problema, porque por este lado no va a ser la cuestión”.

            Tenía una un conocimiento de los temas y una contracción al trabajo excepcionales. Aparte, a uno le gustaba hablar con ella porque lo que ella decía estaba respaldado en algo; era un ejercicio intelectual muy importante.

            La tercera dimensión de Cristina, aparte de la institucional y la política, es la humana. En eso quienes hemos tenido oportunidad de hablar con Cristina más allá de la Sala de sesiones o de las Comisiones vimos el traslado que hacía ella de su familia todos los días, de su esposo, de sus hijos y sus hijas, de sus nietos, de su familia deportiva, de su ex barrio y de su barrio, de sus correligionarios. Uno adquiere confianza con el correr del tiempo de poder hablar de algunas cosas que no son siempre políticamente correctas, pero que son personalmente muy importantes.

            En los últimos tiempos, antes de asumir la Presidencia, tuvimos también oportunidad de tener alguna reunión con ella en particular y con algún Edil que está aquí presente; antes de la Presidencia y después de la Presidencia. Por su dimensión humana uno tenía facilidad para acercarse y ella tenía la facilidad de dejar que se le acercaran.

            Era una figura diferente que todos los cuadros hubiesen querido tener en su equipo. Muchas veces los frenteamplistas dijimos: “¡Si tuviésemos una Cristina Ferro...! ¡Cómo nos ayudaría en muchas cosas!”.

            Era una figura motivadora porque uno tenía que esforzarse para confrontar política, administrativa, técnica e intelectualmente con ella. Y era una figura absolutamente desmotivadora cuando se sentaba ahí con todo y sabíamos que íbamos a tener para un largo tiempo con grandes discusiones y con una persona que sabía de lo que iba a hablar. Entonces, tenía eso de motivarte, porque decíamos: “Ahora sí vamos a discutir”, y tenía eso de desmotivarte porque sabías que no era un adversario que pudiera pasar desapercibido.

            No sé si Nieves era quien decía recién que era una Edila Departamental que incontables veces los que hemos participado en Presupuesto o en otras sesiones la hemos visto sola frente a una bancada. Algunos de los que componían la bancada anterior del Frente Amplio hoy son Ministros, Senadores, Embajadores, Directores de todo tipo; era una bancada muy fuerte políticamente, cuadros políticos de primer nivel. Brenta, por ejemplo, fue Edil Departamental acá hace poco tiempo y hoy es Ministro de Trabajo. No era una bancada cualquiera: una bancada oficialista y una bancada con mayoría; teníamos todo, y ella se ocupaba de entretener a los 20. Y después los 20 decíamos: “¡Si seremos...! ¡Somos 20!”. Sin embargo, ella tenía la posibilidad de entretener a 20 o a gran parte de los 20 tanto en Comisiones como en el Plenario, muchas veces sola. Aparte no te podías descuidar, porque si bien estaba sola tenías que responder a esa soledad preparada, a esa soledad armada política e intelectualmente. Le tenías que responder, no era decir: “Te dejo sola”; tenías que darle una respuesta porque tenías la obligación política y personal de darle una respuesta, porque se lo merecía.

            Entonces, yo no sé si hay alegría en la muerte, no lo sé; algunos dicen que sí, algunas costumbres, algunas civilizaciones y algunos creyentes dicen que sí. Yo lo que creo es que debe haber de parte de nosotros, de la familia y de sus correligionarios la tranquilidad de que ella cumplió con el deber y con la tarea que tenía por delante. Y cumplió con algo más importante, y es que honró la política y a los políticos; honró esa cosa tan denostada, tan en la boca de todo el mundo, tan criticada muchas veces; ella honró esa forma de entender y de pararse frente al mundo para pretender transformarlo de alguna manera. Eso no es menor.

            Además, le dio al valor “trabajo” una gran dimensión. Yo creo que de la crisis de valores que sufre la humanidad, el del trabajo, el de entender lo bueno que es trabajar en algo ‑no importa la tarea sino comprometerse con eso, saberlo‑ es uno de los temas que está en cuestión y que hace a la esencia del ser humano y al comportamiento de la civilización para el futuro, y ella honró también ese valor.

            Por todo eso, porque honró el trabajo y a todos los que estamos hoy accidentalmente atrás de un micrófono, muchas gracias a todos ustedes y muchas gracias a Cristina Ferro.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Muchas gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra la señora Edila Lilián De Esteban.

 

SEÑORA DE ESTEBAN.- Gracias, señor Presidente.

            En estos días he agarrado lápiz y papel más de una vez y la verdad es que no sabía cómo empezar a escribir algo para Cristina.

            Con Cristina nos conocimos hace muchos años. El período anterior de elecciones fue un tiempo de amor y odio con Cristina; trabajábamos juntas y discutíamos mucho. Éramos dos personas de personalidad fuerte, pero había respeto en esas discusiones, mucho respeto.

También en los últimos tiempos nos unió mucho, en principio, la enfermedad de mi hermano. Ella supo acompañarme muy bien, con grandes charlas sobre el valor de la familia. Después tuve la oportunidad de hacerlo yo en charlas cortas cuando concurría a la Junta. Increíblemente, el dolor nos unió.

En el último cumpleaños de ella la llamo por teléfono, estaba en su casa, y me dice: “Lilián, resulta que todavía somos humanas”. Porque nos habíamos peleado tanto en esa campaña electoral… A veces pensar igual o querer hacer mucho por mucha gente lleva a eso, porque pertenecíamos a diferentes grupos y peleábamos por diferentes medios para las mismas personas.

Cristina fue una persona que cuando entré a esta Junta Departamental siempre me aconsejó de la mejor manera. También me advertía y me hablaba sobre los diferentes Ediles del oficialismo, sobre nuestros compañeros y sobre los Ediles blancos. Ella sabía todo de todos: cómo había que tratarlos, en qué momento había que discutir, hasta qué gestos hacían. Si hacían determinado gesto había que callarse la boca, porque seguramente tenían un as en la manga. Siempre que entrábamos en un debate, al menos los que estamos aquí, dábamos vuelta la cabeza y mirábamos de vez en cuando a Cristina a ver qué seña nos hacía. Sin lugar a dudas, ella sabía de qué manera había que pelear.

            Creo que Montevideo y el país, pero principalmente el partido, perdieron ‑como dijo Dante‑ una militante. Sinceramente creo que hemos perdido a una de las políticas más inteligentes, más trabajadoras y más capaces no sólo del partido, sino del país. He visto pocas personas que trabajaran y se prepararan tanto para tratar un tema como lo hacía ella, pero a su vez era una correligionaria que defendía a correligionarios hasta las últimas consecuencias, fuera y dentro del partido. Yo tuve oportunidad de estar en esta Junta Departamental en dos ocasiones en las que compañeros, con los que yo trabajé directamente, estaban pasando por un momento difícil y no vi a nadie defenderlos tanto como lo hizo Cristina Ferro; un caso fue en esta legislatura y el otro fue en otra. Ella los defendió a capa y espada, no importaba nada, era un correligionario y no podía dejársele solo. Esa era su solidaridad. Tenía, además, algo que yo siempre digo que es muy difícil de encontrar, que es el don de gentes; no es fácil que las personas lo tengan, podemos ser solidarios, compañeros, podemos ser macanudos, simpáticos, antipáticos, pero el don de gentes no lo tiene cualquiera. Sinceramente, creo que Cristina lo tenía.

Yo he tenido con ella muchas discusiones, y digo que las tuve porque estos momentos se prestan para ser un poco hipócritas, pero con Cristina no se puede ser hipócrita. Con ella tuvimos discusiones muy fuertes ‑Carlitos sabe que es así, él a veces estuvo en las discusiones‑, pero siempre fueron con respeto y con mucha admiración. Después ella era la compinche en la bancada cuando queríamos defender temas sociales de los más necesitados. Recuerdo el caso de los “Ositos Cariñosos”, caso que siempre tengo presente; ella era la que me ayudó a defender que había que votar eso porque la gente lo precisaba, un batllista no podía dejar de votarlo y a veces ayudaba a hacerle entender eso a otros compañeros; otras veces no se podía. Ella te decía cómo había que hacer las cosas para que uno pudiera votarlo. ¡Cómo me ayudó a hacerlo en ese momento!, a engañar y hacer que yo estuviera en Sala para votar esa guardería que la gente necesitaba. Tenía eso..., era una compinche para hacer cosas.

            Yo quiero, señor Presidente, transmitirle a la familia mi admiración por ella, mi respeto hacia ellos y pedirles disculpas porque, aunque capaz que todos nosotros necesitábamos esta terapia, los estamos haciendo pasar por esto, pero creo que Cristina merecía que quedara en actas el valor que tenía para cada uno de nosotros y el valor que seguramente va a seguir teniendo, porque las cosas que ella hacía en esta Junta Departamental y fuera de ella seguramente van a ir pasando de unos a otros.

            Gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señora Edila.

            Tiene la palabra el señor Edil Daniel Placeres.

 

SEÑOR PLACERES.- Gracias, señor Presidente.

            Yo la conocí poco y discrepé mucho con ella, pero cuando su salud estuvo en una situación crítica me ofrecí a aportar lo que yo podía, que era donarle sangre.

            Debo decir que para vivir la vida hay que estar vivo y yo a esa mujer la veía viva, a tal punto que hasta las últimas consecuencias vivió para vivir. Hoy veo a su familia, a la cual yo no conocía, aunque cuando ella cayó en la situación crítica yo llamé y le dije a quien me atendió ‑no sé si fue su compañero, su marido, su esposo‑ que estaba a las órdenes. Cualquier guerrero o revolucionario para vivir debe tener amor: hoy veo a una familia unida y pienso en lo que mencionó la Edila Ayestarán con respecto a sus nietos.

            La verdad es que yo no la conocí a fondo, pero ‑aun sin conocerla‑ siento que, aparte de ser una luchadora social, era una mujer que tenía amor, y eso es lo esencial de estar vivo. Como bien decía Gastón Silva, los valores en el mundo se van perdiendo. Para construir una sociedad se necesita el trabajo, se necesita estar vivo y tener mucho amor.

            Yo, desde el sector al que pertenezco, quiero agradecer a la familia por haberme permitido hablar.

            Hoy se estudia todo eso de la misión y la visión. Quizá mi misión sea distinta a la de Cristina, pero creo que a la larga la visión de ambos apunta a lograr una sociedad más justa para los más excluidos, en un mundo que cada vez excluye más. Yo pertenezco al sector del Presidente de la República, y ese compañero que hoy preside la República está tratando de revertir justamente eso.

            Así que le agradezco a la Junta; creo que es importante rendir homenaje a esta compañera. Todo el que perteneció a una fábrica sabe que cuando se va un compañero, lo importante es que haya sido buen compañero y buen trabajador. Y creo que lo que se ha dicho acá demuestra eso: que ella ha sido una gran compañera y una gran trabajadora.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Gabriel Weiss.

 

SEÑOR WEISS.- Señor Presidente: en primer lugar, mi saludo y mi respeto a sus familiares y al Partido Colorado.

            Cuando hace diez años ingresamos a la Junta ‑somos unos cuantos los que estamos en esa situación, y algunos no vamos a estar luego del 8 de julio‑, por nuestra historia familiar, por el lugar donde nos había tocado vivir y por diferentes circunstancias de la vida no teníamos una interacción muy profunda con gente del Partido Colorado y del Partido Nacional; me refiero a esa interacción que se da en la vida cotidiana, que te permite conocer el espíritu de la gente, sus ideas, sus convicciones, el sentimiento que uno genera en los otros. Y cuando llegamos aquí, en la primera de cambio, nos encontramos sentados en la banca que está entre Curutchet y González ‑hoy vacía‑, y teníamos muy cerca la presencia omnipresente de la Edila Cristina Ferro. Realmente, su gestualidad, sus palabras, sus discursos movían el piso porque uno, que venía de ámbitos donde todos pensaban igual ‑lo cual a veces no es tan bueno, porque no es formativo‑, se encontraba con una persona que tenía toda la decisión y la determinación de batallar desde el primer minuto hasta el último, último minuto que seguramente fijaba ella, porque acá hemos tenido una buena costumbre, muy saludable, que es la de no cortar la discusión. Acá, salvo contadas excepciones ‑estoy hablando de diez años‑ nunca hemos cortado la discusión. Las discusiones duraban horas, y quiero resaltar el vértigo que les imprimía Cristina Ferro, su capacidad para poner argumentos, uno arriba del otro, con una contundencia envidiable. Eso hacía que, como decía el Edil Gastón Silva, estuviéramos alertas. ¡Pero qué bueno que es eso! ¡Qué bueno es, para quienes tienen circunstancialmente el rol del gobierno, tener en una Sala de Sesiones a integrantes de la oposición que te hagan temblar los dientes ‑lo digo así, con todas las letras‑, que te tensen, que te obliguen, que te hagan mirar hacia adentro para ver si realmente las cosas se están haciendo como se deben hacer! Más allá del diálogo y de las confluencias naturales que uno propone siempre ‑porque la convicción de que lo hacemos entre todos o no hay futuro es algo que siento y tengo integrado‑, yo quiero adversarios políticos como la Edila Cristina Ferro. Yo quiero adversarios que me hagan pensar toda la semana en cómo interpretar su discurso en  la Sala de sesiones, en cómo encuentro en su discurso aquello que es la verdad, porque nadie es dueño de la verdad, la verdad la construimos entre todos, polifónicamente. Y Cristina Ferro tenía para aportar, entre otras cosas, su capacidad de trabajo inclaudicable.

Cristina Ferro no hacía la plancha. Si algo detesto son los hombres y mujeres que hacen la plancha, y en ese aspecto me siento absolutamente consustanciado con el estilo de Cristina Ferro. Cristina Ferro se la jugaba, se la jugaba por lo que ella creía. No hay nada mejor en la vida que encontrarse con gente que se juegue por lo que cree, aunque no sea lo que yo creo y aunque tengamos diferencias de opinión o de ópticas, lo cual es algo natural en la vida.

            Cristina Ferro defendía su Partido Colorado y su batllismo de una manera admirable y dejaba bien asentadas en la cancha sus convicciones. A veces se dan cuestiones paradojales. En determinadas circunstancias uno podía decir: “Bueno, si hoy no entra Cristina Ferro a la cancha tal vez el partido sea un poquito más sencillo”. En cambio, uno hoy dice: “Qué falta que va a hacer Cristina Ferro en esta cancha”. Paradojal, ¿verdad?; pero es absolutamente así como uno lo siente.

            Cristina no miraba para los costados; su tiempo lo ocupaba en trabajar, en munirse de información, en procesarla, en imaginar situaciones y salidas de acuerdo con sus objetivos, en concentrarse y en venir, en general, equipada con rigurosidad a las sesiones del Parlamento de Montevideo. No era un adversario sencillo, ni hacía fáciles las cosas. No quiero a nadie que nos haga fáciles las cosas; no lo quiero y no lo deseo. Quiero que nos tensen y que nos obliguen, como debería quererlo cualquiera que esté en el Gobierno, porque lo mejor que le puede pasar a alguien que gobierna es tener una oposición que lo tense y que lo obligue a pensar, a proyectar y a mejorar las cuestiones de la gestión, que son cuestiones de hombres y de mujeres y que, como tales, tienen luces y sombras, más allá de los partidos.

            En los primeros cinco años tuvimos debates..., duros es poco decir. Recuerdo perfectamente una oportunidad  ‑por supuesto que a veces nos salíamos del Reglamento‑ en que me miró y dijo: “¿El Edil Weiss quiere saber si el Partido Colorado aguanta? El Partido Colorado aguanta”. Y yo pensé: “No sé cómo es la historia, pero de que ella aguanta no tengo la más mínima duda”. Entonces, después salimos y tuvimos una conversación en la que me dijo: “Está bueno también discutir a fondo y que del otro lado tampoco arruguen”.

            Acá ella despidió a algunos Ediles del Frente Amplio. Recuerdo que despidió a un Edil ‑que no se fue de la Junta sino que también se fue de la vida‑ de quien señaló que era un gran luchador, un gran hombre de debate y que a ella eso la impulsaba y la inspiraba. Encontró inspiración e impulso en un Edil de otro partido que en ese momento era antagónico de su propio partido.

            Del plano humano, muchas cosas. Aquí no se ha recordado su amor por sus perros, por sus cimarrones. Recuerdo que la primera vez que nos tocó viajar a San José tuvimos largas conversaciones sobre sus mascotas y lo que significaban para ella; ese rasgo tan montevideano, tan uruguayo, tan universal del vínculo con los animales.

            Otra cosa que tengo que destacar es que si alguna vez conocí algo del barrio donde está instalado el Hipódromo y todo lo que tiene que ver con el turf se lo debo íntegramente a Cristina Ferro. Un día ‑vaya uno a saber por qué‑ me llamó y me dijo: “Te invito a vos e invité a Viviano para hacer una recorrida por el Hipódromo y sus aledaños”. Era una enciclopedia abierta naturalmente por su historia, por su vida. Lo que aprendí ese día sobre ese rubro, ese barrio y ese colectivo que se mueve alrededor de ese rubro es todo lo que sé sobre el tema porque, como otras cosas, no ha estado vinculado a mi familia porque así son las cosas.

            Mi respeto por esa guerrera, y lo digo con plena conciencia de lo que estoy diciendo; por esa mujer que se jugaba por lo que pensaba; por esa mujer que era el azote del oficialismo, que nos tensaba y nos obligaba a pensar. Mi respeto por esa mujer que alguna vez me dio un consejo y que alguna vez me hizo ver que yo había incurrido en un error; todos incurrimos en errores y naturalmente supongo que Cristina Ferro como ser humano también incurría en errores. Pero ella me lo dijo en un lugar en el que sólo la estaba escuchando yo. Me dio la posibilidad de reflexionar, de admitir que efectivamente había cometido un error, para poder enmendar la plana; cuando uno se equivoca es buena cosa admitirlo y enmendar la plana.

            Cuando nos tocó asumir la Presidencia la visitamos en su casa y tuvimos una conversación que también fue más allá de la tensión a la que nos someten la cotidianidad de la Junta Departamental, las Comisiones, el escenario del debate parlamentario. Fue una conversación en la que se llegó a los temas más vinculados a lo humano de todos los días. Porque, ¡atención!: ella también dijo que somos humanos, y es verdad, somos profundamente humanos; todos los que estamos acá somos profundamente humanos. Nos jugamos por lo que pensamos, vibramos con esta actividad así como otros vibran con otras actividades. Y si es por hablar mal de actividades, nos cansaremos de escuchar hablar mal de todas las actividades a las que se dedica el ser humano porque, en realidad, eso nunca falta.

            Cristina Ferro honró a esta Junta Departamental; honró a su partido; honró a Montevideo, y nos va a hacer mucha falta, no sólo a los colorados, sino a todos los montevideanos y las montevideanas.

            ¡Salud, Cristina Ferro!

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Álvaro Viviano.

 

SEÑOR VIVIANO.- Gracias, señor Presidente.

            Como dijo Lilián De Esteban, llegar a esta sesión era muy complicado, muy difícil; sobre todo, intentar hilvanar algo coherente. Elegir entre alguna de sus cualidades; elegir hablar de la mujer eminentemente profesional y dedicada a esta actividad con todo su corazón, con todo su amor; elegir hablar de sus cualidades personales, hablar de esa persona humanamente entrañable en lo personal, para todo este Cuerpo y para todos los funcionarios, o hablar de esa mujer política con sus códigos, sus valores y hasta con sus picardías, por qué no, que en buena medida están incluidas en lo que decía el Edil Gastón Silva… No mantenía entretenida a una bancada de 20 Ediles por estudiar, leer y ser tan capaz como lo era, sino porque también ponía picardía en mucho de lo que hacía; y eso también le dio valor a su trabajo y a su gestión.

            La verdad es que hoy entré a esta sesión como a las sesiones más difíciles, como cuando alguna vez llamé a Sala al Intendente, como cuando entré el primer día de sesión; entré con la misma angustia, con los mismos nervios y con la misma tensión. Y diría que entré hasta con el mismo dolor de cuando a uno le cae la ficha de que perdió a un amigo. Porque de verdad, de todo corazón y más allá de todo ‑muchas veces aquí se dijo que entre ella y yo habíamos construido una asociación política‑, yo sentía que Cristina era una gran amiga; ella para mí era de verdad una gran amiga. Yo siempre he dicho que hay dos Ediles a los que les debo los primeros pasos en esta Junta Departamental, y uno de ellos era ella. No sólo me refiero al trabajo político de todos los días, sino también al verdadero trasfondo de lo que hacemos acá, que en definitiva es ese sentido de pertenencia a la función, siendo contestes en la responsabilidad de representar a los ciudadanos sean estos los que sean, estén donde estén, pertenezcan a la clase social a la que pertenezcan. Ella hacía hincapié sobre todo en los más débiles, con los que, por otras actividades, tenía una muy estrecha relación.

            Se nos hizo muy fácil trabajar con ella y aprender de ella porque nunca lacró con su nombre un tema. Muchos de los compañeros que están acá lo dijeron. Lo hacía ya sea porque estaba en juego la institucionalidad, o porque estaba en juego el departamento, o porque estaban en juego los ciudadanos, o porque estaban en juego posturas que la misma oposición llevaba adelante. Ella, de alguna manera, hacía que todos trabajáramos y apuntáramos a un mismo patrón. No en vano se dieron aquí discusiones muy profundas y muy serias sobre los casinos, sobre la descentralización, sobre el Parque Tecnológico Industrial del Cerro, sobre tantos otros temas que esta Junta discutió y en los que profundizó; y vale la pena decir que ella también logró, a partir de lo que acá se forjó, generar cosas diferentes. Creo que hubo un esfuerzo y un aporte importantísimo y valiosísimo de la impronta que Cristina le puso a cada una de esas cosas. Considero que esos temas fueron los más trascendentes de estos últimos cinco años.

            Repito lo que decían algunos compañeros en el sentido de que daba gusto verla trabajar. Era inimaginable saber cómo hacía para dividir el tiempo entre su actividad, su familia y entre tantas otras cosas a que ella se iba sumando.

            Era matemático que día por medio, a las siete y media de la mañana, apareciera su llamada, y me dijera: “Viste lo que dice el diario. ¿Qué vamos a hacer con esto?”.

Ella te “tropeliaba”, te llevaba y te exigía. Te exigía, como decían algunos compañeros, cuando el debate político subía a un nivel de jerarquía, pero también te exigía, como socio en algunas causas, trabajar en profundidad.

            Ni hablar del tema del barrio Ituzaingó. Un día nos llevó a recorrerlo y luego pasó día por medio retándonos y diciendo que habíamos ido allá, que habíamos dado la cara y que todavía no habíamos hecho nada porque no habíamos escrito nada. Decía que nuestra tarea era otra, ya que si habíamos ido a ese barrio y nos habíamos comprometido, teníamos que hacer algo. Por lo tanto, tenía clara cuál era la tarea política y de qué manera se dignificaba.

            Son pocas las personas que saben distinguir lo personal de lo político. Ella, en función de sus códigos, sabía dónde estaba claramente cada cosa; dónde estaba el debate, pero también dónde estaba la posibilidad de coincidir. Sabía perfectamente cuándo se debía disentir y sabía cuándo había un factor humano por el cual debíamos quitarnos nuestra investidura y ponernos la de todos los días, la de hombres y mujeres de carne y hueso, que es lo que somos.

            Recuerdo las charlas personales, tan pero tan valiosas y tan ricas. Yo vuelvo a ser Edil en el próximo período legislativo, en primer lugar, porque hubo muchos compañeros que después de que perdí la banca en Diputados me empujaron a volver. Pero ‑y esto es casi una confesión‑ el principal impulso y los principales fundamentos para que volviera a pelear por una banca en la Junta Departamental de Montevideo me los dio Cristina. En forma permanente me decía: “Vos tenés que estar; vos creciste en esa Junta; vos tenés para aportar. Montevideo necesita hacia el futuro cabezas que piensen de manera diferente, y tú más otras generaciones que están viniendo son los que tienen que aportar cosas diferentes.”

            Hay algo que me quedó como deuda: el día que el Edil Gastón Silva me llamó para decirme que había fallecido Cristina, yo estaba a punto de subir a un estrado ‑al final, no pude hacerlo‑, y me retrotraje a veinte o treinta días, a una llamada perdida en mi celular, a una llamada que no pude atender en su momento; cuando lo hice, no me pude comunicar y después nunca más pude hablar con ella. Si algo me mueve, me duele, si algo realmente hoy me afecta es no saber para qué me llamó, para qué habrá sido esa llamada y el hecho de que no pude contestar.

Honestamente, debo decir que hay gente que tiene el valor y el coraje para enfrentar en su momento y en forma inmediata la adversidad con todas las energías, y Cristina los tenía; yo no los tuve. Yo sentí que en los últimos días no estuve como ella habría estado si la situación hubiese sido al revés, por esa cosa tan difícil de querer desconocer o de no querer mirar lo que se sabe que ya es irreversible.

Si algo le tengo que expresar a Cristina a través de estas palabras en el día de hoy, en esta Junta Departamental, es, en primer lugar, un gran agradecimiento, pero, en segundo término, una gran disculpa por no haber podido acompañarla en sus últimos momentos como se habría merecido y como estoy seguro de que ella lo hubiera hecho si hubiera sido a la inversa.

La Junta pierde a una Edila, una pieza fundamental para la Corporación, pero sobre todo para la institucionalidad venidera. Obviamente, su partido también pierde, y sabrá aquilatar el valor que tenía Cristina para su funcionamiento. Pero para los que somos y nos sentimos sus amigos y para el resto de los Ediles es una pérdida capital e insustituible.

Como hay algunos que creemos que hay una vida más allá, yo creo que Cristina sigue haciendo de las suyas. Entre otras cosas, empujó para que su Partido Colorado y su lista tuvieran una muy buena votación en estas elecciones departamentales. Ayer no pudo lograr lo que tendría que haber hecho; seguramente se le paró algún Cataldi o algún Damiani delante y no la dejó terminar su labor para que hoy pudiéramos disfrutar de un Nacional campeón. Eso es algo que habría querido y que ayer ella habría disfrutado; seguro que habría colgado el banderín en esa banca.

Dios la tenga en la gloria, porque acá la tuvo.

Gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias, señor Edil.

            La señora Intendenta tiene que retirarse por razones de agenda. Agradecemos su presencia y la saludamos.

 

(Aplausos)

 

______Tiene la palabra el señor Edil Oscar Curutchet.

 

SEÑOR CURUTCHET.- Gracias, señor Presidente.

            En primer lugar, quiero expresar mis respetos a sus tres grandes amores: su marido, sus hijos y sus nietos, de quienes siempre hablaba y a quienes siempre tenía presentes en cada instante de su vida, tanto dentro como fuera de la Junta Departamental. Quienes tuvimos la posibilidad de conocerla un poco más sabemos que eso era algo constante en ella: cualquier diálogo terminaba con una digresión en el sentido de que tal nieto hizo tal cosa o tal hijo tal otra. El amor que le tenía a su familia fue también lo que la impulsó a llegar hasta donde llegó sabiendo cómo era su situación en cuanto a su enfermedad.

            En segundo lugar, quiero expresar mis respetos al Partido Colorado, por el que ella siempre sintió la obligación moral, la convicción y la solidez ideológica de defenderlo con todas sus fuerzas.

            En tercer lugar, a su tercer amor ‑del cual no tengo nada que decir porque es Nacional‑ vaya también mi respeto, dado que ella era una acérrima hincha de ese club deportivo.

            Hay personas que pasan por la vida de uno y que, por un motivo u otro, por las vicisitudes de la vida, simplemente pasan sin que se las llegue a conocer, ya sea porque uno no se interesa en conocerlas o porque ellas no se interesan en conocerlo a uno. Yo tuve la suerte de querer conocer un poco a Cristina y, realmente, para mí fue un orgullo y un honor haberla conocido.

            Cristina fue una mujer de unos valores inherentes a su personalidad, a su concepción de ser humano, que defendió hasta el último instante. Con Cristina conocimos el verdadero significado del poder de la palabra. Cuando hicimos varios acuerdos acerca de cómo debíamos llevar adelante un tema, Cristina se mantuvo, más allá de que a veces ese acuerdo no era lo que ella pretendía en cuanto a los efectos.            No había nada ni nadie que la hiciera claudicar de la palabra que había dado en su momento. Era de esas personas ante las que te podías dar vuelta y sabías que iba a mantener exactamente la misma posición que había expresado tiempo atrás, como ya dijo la Edila Ayestarán.

            Cristina era esa persona que en la Junta Departamental de Montevideo quien habla llegó a admirar más que a nadie. Realmente, lo que siento por Cristina es admiración, una profunda admiración, por lo que trabajó, por lo que expresó y por la forma en que lo hizo, por cómo representó a la Junta Departamental de Montevideo, por cómo se situó frente a la ciudadanía y frente a los demás partidos políticos, en una posición que obligó siempre a trabajar y a propender a la búsqueda y profundización de los distintos temas que ella abordaba, que eran realmente casi todos. Eso determinaba un esfuerzo muy importante. Está de más volver a expresar lo que han dicho varios Ediles, en particular del Frente Amplio. Más allá del valor de los Ediles de la oposición, nosotros teníamos en Cristina ese talón de Aquiles que muchas veces nos hacía revisar y volver a revisar cada uno de los posicionamientos o defensas que hacíamos en relación a un tema.

            Cristina fue la persona que llegamos a admirar como ser humano, como mujer política, como representante de una institución. Ella tenía convicción absoluta en los valores democráticos de un Estado, y más allá de la disidencia natural que existía ‑por los lugares que cada uno ocupaba y por la fuerza política a la cual representaba‑, en los grandes temas Cristina siempre llegaba a compartir, por lo menos en algunos aspectos, el fondo de lo que se perseguía con esa temática en particular.Me refiero a temas que hacían a la generalidad de los vecinos y las vecinas de Montevideo, a la profundización de la descentralización, al medioambiente, y temas que tenían que ver con concesiones con el Gobierno Departamental y que hacían a una mejora de la calidad de los servicios y a mejorar el Decreto que se estaba impulsando desde la Junta Departamental.

            Realmente, pierde más que nada la institución, no sólo el Partido Colorado, si bien se puede decir que en términos político‑partidarios el Partido Colorado es el que más pierde; si ingresamos en eso, en términos político‑partidarios el que más gana es el Frente Amplio. Aunque creo que no es así; creo que realmente la institución pierde a una gran persona, una gran mujer, con la que también llegamos a compartir sensibilidades y temas que no tenían relación alguna con la temática departamental. Nosotros tuvimos esa fortuna.

            Sinceramente, para mí fue un orgullo haber podido conocer a Cristina Ferro. Creo que las personas que la rodearon, sus familiares, también deben tener ese talento, esa calidad como ser humano que ella tenía. Era una mujer espléndida.

            Creo que la firmeza ideológica la hacía justamente ser una trabajadora real que cumplía con sus tareas en la Junta Departamental de Montevideo. Cristina asumía las tareas con una real definición. Y todo ello tenía que ver con la concepción humana y los valores que en ella imperaban, que después se traducían en lo exterior.

            Fue un honor haber conocido a Cristina Ferro; agradezco a su familia y a su partido político por esa posibilidad. Y a ella le digo hasta siempre.

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra la señora Edila Cecilia Flores.

 

SEÑORA FLORES.- Buenas tardes.

            Adhiero a este homenaje y tomo como propias las palabras de muchos Ediles.

            Cristina fue una gran mujer, una política admirable, luchadora por sus ideas y, sobre todo, fiel seguidora de los valores batllistas.

            En lo personal, debo decir que conmigo siempre fue encantadora, siempre tuvo un trato muy gentil, siempre dando una mano y dispuesta a ayudar y a enseñar en todo lo necesario.

            Creo que la ida de Cristina fue un golpe duro para el Partido Colorado, pero también para el país entero, porque Uruguay necesita mucha más gente como Cristina: gente con conocimiento, con actitud, con disposición, con coraje, con códigos y, sobre todo, con mucha pasión.

            Conversando con algunos Ediles, varios coincidieron en que con su partida se iba la mejor Edila del período, no sólo Edila mujer, sino Edil en general.

            En lo personal, me quedan dos sensaciones. La primera es de orgullo por haber tenido un alto valor en el Partido Colorado; la segunda, de tristeza por no haber podido disfrutarla un poco más.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señora Edila.

            Tiene la palabra la señora Edila Cecilia Cairo.

 

SEÑORA CAIRO.- Señor Presidente: quiero saludar a la familia en particular, y a Cristina, que está acá con nosotros.

            En realidad, esta sesión ‑si hubiera podido evitar venir lo habría hecho, se los aseguro‑ es bastante dolorosa y tiene mucho de sentimental y de cosas que no pudimos hablar a tiempo. 

Cuando se enfermó, les juro que creí que ganaría esa batalla también, con esa capacidad que tenía y que hace honor al género. Yo, que estoy en contra del género, les digo: ella sí representaba a mi género. Era una Mujer con mayúscula, llena de sentimientos y con unos valores morales y humanos que a veces es dificultoso encontrar en la política. Esto tiene mucho de cosas no muy lindas; lo hablamos varias veces con Cristina. Ella me preguntaba: “¿Qué está primero? ¿La política, o lo afectivo?” Y yo le decía: “El día en que lo afectivo no esté más, seguramente no estaré más en la política”. Y ella me decía: “Coincido, es así”.

            Yo creo que el Partido Colorado perdió un gran valor, para mí ‑y perdónenme, porque no es mi bancada‑, irreemplazable. Sí, la Junta Departamental perdió la mejor Edila que tenía, pero no sólo de este período: la Junta Departamental perdió la mejor Edila que tuvo.

            Cristina no sólo era una gran persona: era una estudiosa de los temas, una compañera Edila, de esas con las que se puede hablar de todo, conversar… Y si cuando estaba negociando conseguía un resultado, se sentía feliz. Eso es importante, porque un pasito más, siendo oposición, lo lograba con sus negociaciones.

            No sé qué decirle a la familia; no sé si es bueno todo esto. Sí les digo a todos que los quiso muchísimo, que nosotros la quisimos muchísimo y que, realmente, perdimos una gran compañera.

Va a ser doloroso sentir esa silla vacía, porque para mí va a estar vacía por muchísimo tiempo.

            Gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias, señora Edila.

            Tiene la palabra la señora Edila Rosana Paredes.

 

SEÑORA PAREDES.- Señor Presidente: sabemos que debemos ser breves, pero realmente, en honor a nuestra homenajeada, tendríamos que hablar mucho. En este sentido, uno se imagina a Cristina hablando y ya tener la mano preparada para pedir la prórroga de su tiempo, por la catarata de palabras y pensamientos que ella dejaba siempre en esta Sala.

            Es imposible estar sentados acá y no pedir la palabra, como lo es estar acá sin pensar que Cristina también está acá. Eso hace mucho más difícil discernir exactamente qué es lo que vamos a decir, porque nos parece que la estamos viendo: atenta, inquisidora, desafiante, sin perder ni un suspiro de lo que estamos diciendo, como aquellas profesoras que cuando te tomaban el oral se bajaban los lentes y a uno le resbalaban las gotas, porque tenía temor a equivocarse en las palabras o a no poder hilvanar una oración; es así.

            En definitiva, señor Presidente, lo que queremos decir es que Cristina prestigió la política. Obligó a los suyos y a los adversarios a elevar el debate, a estudiar, a articular, a pensar estrategias, a elevar la mirada. No alcanzaba el debate chabacano. Y, como decía el Edil Viviano, cuando ella quería, con su fina ironía sacaba a cualquiera de sus cabales: te acorralaba. Pero también sabía reconocer, y tenía un guiño cómplice, pícaro; para quien lo recibía era casi una distinción, y hablo de la bancada de este lado.

            Todos manifestamos nuestro cariño hacia Cristina, y es verdad que ese cariño es sincero. Pero Cristina no regalaba sus afectos, tampoco sus debilidades ni su compañerismo. Ella era una estilista sofisticada a la hora de intuir o considerar a quién prodigaba su complicidad y su amistad.

            Concuerdo con nuestra compañera Cecilia Cairo: Cristina no hizo de los derechos de género su profesión habitual, pero nosotros sabemos ‑y lo sabemos personalmente, con ejemplos muy claros‑ cuánto reivindicaba nuestros derechos, los derechos de las mujeres, también ‑sin ser irreverentes‑ en la interna de su partido.

            Uno cae en la tentación de hacer referencia a cuestiones o vivencias personales con Cristina, algo con lo que no estamos de acuerdo. A veces, cuando homenajeamos o recordamos a una persona, se cae en eso de contar más anécdotas personales que del homenajeado. No obstante, el genio y figura de Cristina es tan gravitante en esta Junta o en la política montevideana que es imposible hablar de ella sin contar alguna anécdota personal. El dedito para arriba o para abajo de Cristina era certero. No tenía medias tintas, no había grises, no había atajos. Yo no sé si eso es bueno o malo en la vida de las personas, pero para Cristina las cosas no tenían medias tintas ni atajos.

            Me acuerdo de cuando yo era Presidenta de una Junta Local y quien ahora fue electa Intendenta de Montevideo me llamó porque Cristina Ferro se había comunicado con ella un domingo de tarde, seguramente por alguna macana que yo habría cometido en el barrio donde me tocaba actuar localmente, que era el Cerro. Yo creí que las cosas que había hecho estaban bien, pero igual en aquel entonces la Directora, hoy electa Intendenta, me dijo: “Tenés que corregirlo; si Cristina Ferro llama un domingo a la tarde, tenés que corregir lo que hiciste”. Y así era, no había medias tintas.

            No éramos amigas, pero yo sé que Cristina me quería, y ahora lo corroboro escuchando las palabras de Teresita, quien me protegía, sobre todo en la Comisión en que nos tocaba actuar juntas.

            Compartiendo los sentimientos de mis compañeros, finalizo expresando que es bueno estar acá y es bueno decir estas cosas, porque sentimos que hacemos un mimo al alma de la familia de Cristina. Pero no estamos a gusto; es verdad. Es de esos homenajes en los que uno no quiere estar.

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señora Edila.

            Tiene la palabra el señor Edil Jar Sánchez.

 

SEÑOR SÁNCHEZ (Jar).- Gracias, señor Presidente.

            Creo que esto demuestra el cariño y el respeto que todos, desde la oposición o desde su partido, le tenían a Cristina. Más allá de esa catarsis que todos estamos haciendo, es obvio que hacemos sufrir a la familia, porque en definitiva hace un mes que perdieron a Cristina. Les pedimos disculpas por eso, porque están soportando desde hace unas horas cómo cada uno de nosotros expresa lo que ha sentido por esta compañera.

            Creo que también esto es importante, porque en esa catarsis todos nos estamos dando cuenta de que, más allá del disenso político que podíamos tener con Cristina, ella se supo ganar el respeto y la valoración de todos los que estamos sentados aquí.

            Comparto la descripción que ha hecho Gastón Silva ‑como pocas veces en algunos temas políticos‑ de Cristina Ferro. Yo siempre he sabido del respeto y del afecto que Gastón ha sentido por Cristina como representante político, pero hoy en sus palabras él la definió con todo el respeto que Cristina se merece. Por lo tanto, le doy las gracias.

            Vuelvo a pedir disculpas a la familia por estas horas durante las que han tenido que escucharnos hablar de una persona que han querido más que nadie, porque en definitiva aquí le hemos tenido mucho afecto, pero ustedes son la familia. Gracias por compartir a Cristina con nosotros y por estar aquí.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Gabriel García.

 

SEÑOR GARCÍA.- Gracias, señor Presidente.

            Yo quería saludar a la familia y a la Junta por este justo homenaje, en mi nombre y en  del sector al que perteneció Cristina, que es el Foro Batllista.

            Solamente voy a hacer una reflexión ‑porque no puedo abundar más en lo que se dijo sobre la personalidad, el oficio, el profesionalismo, el don de gentes, el humanismo y toda esa concepción batllista de Cristina‑: quien nos ha ocupado la mente, el pensamiento, el corazón y el sentimiento en las últimas horas no se ha ido del todo.

            Muchas gracias y mi saludo a la familia.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra el señor Edil Miguel González.

 

SEÑOR GONZÁLEZ (Miguel).- Señor Presidente: disculpe mi afonía, pero ayer fui a ver a  ese gran cuadro que es Nacional.

            A la familia de Cristina Ferro le digo que después de haber escuchado todo esto lo que le resta es sentirse orgullosa. Yo la conocí hace muchos años cuando empezaba a militar y a andar por los barrios más humildes, y muchas veces nos cruzamos. Ella era una mujer que siempre estaba donde más se la necesitaba y no donde más tenía que estar para poder conseguir estos puestos que a veces da la política.

            Saludo al Partido Colorado, saludo a la 2000, porque ha perdido a su mejor exponente, y también saludo a la familia. Pero siempre piensen que ella desde allá arriba va a estar cuidándolos como muchas veces va a estar acá dentro guiando a más de uno de su partido para saber qué decirnos a los que estamos del otro lado de la barrera.

            Les digo simplemente que una persona que seguía viniendo y poniendo todos los temas sobre la mesa, sabiendo lo que le estaba pasando, era una gran política y una gran mujer.

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señor Edil.

            Destacamos la presencia del Diputado Fernando Amado; del ex Edil, actual Ministro del Tribunal de Cuentas, Gustavo Osta, del ex Edil Guillermo Facello y del ex Edil, ex Presidente de esta Junta Departamental luego del advenimiento de la democracia y actual Diputado, Aníbal Gloodtdofsky.

            Hemos cumplido con un acto de homenaje a una personalidad extraordinaria, tal como se ha dicho en Sala. Finalizamos este “réquiem”, en el que más de la mitad de los Ediles de esta Junta han hablado, lo cual indica el peso político de esta inmensa personalidad que ha perdido esta Junta Departamental, así como la vida política del país. Podemos afirmar, como es el espíritu de todos quienes estamos acá, incluidos sus familiares más íntimos, que Cristina Ferro seguirá viviendo en nuestra memoria y en nuestros corazones por siempre.

            Vamos a enviar la versión taquigráfica de las palabras vertidas en este homenaje a su familia y a todos los organismos correspondientes.

            Se levanta la sesión.

 

(Aplausos)

(Es la hora 17:43)