Entrega del premio

“Día Internacional de la Mujer”

a la Dra. María Cristina Grela Melluso

26 de marzo de 2010

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

 

SEÑOR PRESIDENTE  DE LA JDM (Dari Mendiondo).- Muy buenas noches.

            Damos comienzo al homenaje.

 

(Es la hora 19:08)

 

MAESTRA DE CEREMONIAS (Adriana Gentile).- Buenas noches.

            Autoridades nacionales y departamentales presentes, señoras, señores: en el día de hoy, 26 de marzo del 2010, la Junta Departamental de Montevideo tiene el agrado y el honor de realizar el presente homenaje a la doctora María Cristina Grela Melluso y de entregarle el premio Día Internacional de la Mujer - Junta Departamental de Montevideo.

            A continuación veremos una proyección sobre algunas de las actividades de la Comisión de Equidad y Género, así como de los objetivos propuestos por las Edilas.

 

(Se exhibe presentación multimedia)

(Aplausos)

 

______Agradecemos el envío de felicitaciones de parte de las autoridades nacionales, las cuales paso a leer:

“Al no poder concurrir el señor Ministro de Salud Pública, economista Daniel Olesker, al acto de entrega del premio ‘Día Internacional de la Mujer ‑ Junta Departamental de Montevideo’ a la doctora Cristina Grela, hacemos llegar sus felicitaciones”.

Otro saludo dice:

“Agradezco especialmente la invitación que me hicieron llegar para concurrir a la entrega del premio ‘Día Internacional de la Mujer ‑ Junta Departamental de Montevideo’ a la doctora María Cristina Grela Melluso, a la cual lamentablemente no podré asistir por compromisos asumidos con anterioridad. Subsecretario del Ministerio del Interior, licenciado Jorge Vázquez”.

            Iniciando la oratoria, escucharemos palabras de la señora Edila Graciela Villar.

 

SEÑORA VILLAR.- Buenas noches a todas y a todos.

 Cristina: no es un chiste. A veces, cuando entre nosotras somos capaces de premiarnos, tenemos la mala costumbre de que hasta que no nos paramos acá no nos damos cuenta de que no es un chiste.

            Esta Comisión de Equidad y Género logró instituir algo que puede ser una banalidad: entregar anualmente, en el marco de los festejos del 8 de marzo, un premio llamado “Montevideanas”. El espíritu de esta Comisión ha sido, fundamentalmente, el de hacer visibles a las mujeres que todos los días y en cada lugar de esta sociedad montevideana contribuyen con sus capacidades técnicas, con sus capacidades humanas, con su voluntad y con el sacrificio de su propia familia a construir esa sociedad con la que estamos todos comprometidos, una sociedad que contenga la equidad y la inclusión como elemento fundamental y principal. En ese sentido María Cristina, además de doctora, de ginecóloga, de sexóloga, ha sido una compañera que ha recorrido el país explicándoles a mujeres, a veces semianalfabetas, qué pasaba con su cuerpo, cómo cuidar su cuerpo y cómo cuidándolo podían disfrutar de él. Esa mujer, madre de cuatro hijos, ha desarrollado su carrera junto con la crianza de sus hijos, sacando horas de todos lados, transformando poco pero dando mucha calidad, estableciendo esas complicidades que sabemos establecer las mujeres que estamos todos los días fuera de casa, que también establecemos vínculos de carácter indestructible a partir de esa experiencia de vida que tenemos en este contacto cotidiano con otras mujeres, con otras realidades, con otras oportunidades.

Esta distinción la habíamos entregado antes a Laura Canoura por lo que representaba desde el punto de vista mediático y de gran impacto. Ella era una mujer que se había venido desarrollando durante los años de la dictadura, siendo una voz de las mujeres en un contexto estrictamente masculino. Después elegimos a la compañera Mabel Simois. ¿Por qué a Mabel? Porque había fundado la primera casa que protegía a las mujeres víctimas de violencia doméstica en la Unión. Posteriormente elegimos a la doctora Alicia Esquivel. ¿Por qué elegimos a la queridísima compañera Alicia Esquivel? ¿La elegimos porque era médica? No. La elegimos porque, además de médica y de compañera, era una afrodescendiente y un símbolo del significado que para nosotros tienen la inclusión y las posibilidades que debemos tener las mujeres porque, si bien esto está en la Constitución, realmente debemos pelearlo todos los días. Y en eso va nuestro compromiso. Cuando le dijimos eso, a Alicia le tembló el caracú y dijo: “¿Qué me estás diciendo?”. Y yo le contesté que como afrodescendiente y como universitaria ella tenía un doble mensaje para dar en su calidad de mujer. Porque si hacemos estadísticas, las mujeres afrodescendientes están por debajo de la línea de pobreza; ellas son las que más dificultades tienen para salir de de esa línea, y precisamente esa es nuestra obligación: poner en el escenario público, independientemente de las simpatías o antipatías, a las mujeres hacedoras. Es como ese cuento que escribió Fernando González que hablaba del hacedor de pájaros, que era ciego pero que pudo inventar los colores. En ese sentido le decimos a Cristina que ella ha colaborado, y no sólo desde lo técnico. A ella le sobra currículum, y me encanta poder decir de una mujer ‑y lo voy a leer‑ que es la Directora Nacional del Programa de Salud, Equidad y Género del Ministerio de Salud Pública; me encanta, porque no siempre las mujeres tenemos rótulos tan rimbombantes. Y detrás de ese largo y extenso título hay una mujer que ha sabido pelear por el derecho de otras mujeres.

En ese sentido es que hoy esta bancada que represento, la bancada del Frente Amplio, tiene el orgullo de entregar el premio “Montevideanas”.

Ahora voy a leer este texto que eligió la compañera Verónica Batalla para imprimir en el presente que les hemos entregado. Se trata de “Las Mujeres No se Oyen”, de Carolina Escobar Sarti.

“No se oyen / pero escuchan. / Están sentadas / en la parte de atrás. / Cuando por fin alzan la mano, / descubren el rostro / de una palabra / con ojos de liebre asustada / que huye / de las cocinas / de los cuartos / y las salas / para asomarse / ‑aunque sea por un instante‑ / a un lugar sin paredes / pero con alma”.

            Gracias por permitirme estar con ustedes.

Es un orgullo entregarle este premio a la compañera Cristina Grela.

 

(Aplausos)

 

MAESTRA DE CEREMONIAS (Gentile).- A continuación hará uso de la palabra la señora Edila María Luisa Decia.

 

SEÑORA DECIA.- Buenas tardes a todos; bienvenidos y bienvenidas.

            Quiero agradecer a todos los presentes ‑veo que está Margarita Percovich, que es una amiga‑ y, por supuesto, al Presidente; también a las compañeras de la Comisión de Equidad y Género y a Cristina, que está sentada al lado mío; es un placer tenerla.

            Como verán, hoy es un día en el que para los integrantes de la Comisión de Género priman múltiples sentimientos.

El primero de ellos es la alegría, ya que este es el cuarto año consecutivo en que la Comisión de Género entregará el premio “Montevideanas”.

            A modo de racconto quiero comentarles que la Comisión nació en el año 2005, con este Gobierno Departamental, y ha sido una experiencia muy enriquecedora para todos. Se trata de un grupo humano que ha trabajado con mucho respeto, con mucha altura.

            El primer homenaje que hicimos fue a Laura Canoura, pilar importante que ha representado a todas las mujeres del Uruguay. También homenajeamos Alicia Esquivel, excelente ser humano, luchadora, defensora a muerte de los derechos de los afrodescendientes, y a Mabel, que es una mujer excepcional, pionera en la creación de programas de apoyo a las mujeres víctimas de violencia.

            Por otro lado, tenemos un sentimiento de nostalgia, porque culmina un ciclo, una etapa, un camino que recorrimos con sacrificio y que representó un desafío muy importante. Si bien faltan algunos compañeros, están aquí Cristina Escobar, que también formó parte de esta Comisión, y Consuelo Pérez. También está Verónica Batalla, que es un ejemplo de vida; ella y yo somos las dos más jóvenes, y tenemos mucha energía para seguir.

            Quiero decirles que este homenaje no sólo tiene un corte de género. Nuestro objetivo es hacer visible cada día a cada una de ustedes; las homenajeadas nos representan a todas nosotras.

            Hoy distinguimos a Cristina Grela, de quien Graciela Villar dijo todo; me dejó sin palabras.

De todas maneras, quiero hacer mención a un artículo que leí en el año 2005, en el que ella decía que las mujeres enseñan y los varones toman las decisiones. Es muy fuerte. En cinco años hemos avanzado, pero todavía nos queda mucho por hacer. No me cabe ninguna duda de que el objetivo de Cristina es y será lograr que la salud sea un derecho para todos y por todos.

            Quiero terminar con algo que digo siempre y que es muy gráfico: estamos recorriendo un camino de aprendizaje y de conocimiento trazado por muchas mujeres que en distintas áreas han dejado su huella en el colectivo de todos nosotros, y eso es lo que nos motiva a seguir adelante.

            Muchas gracias a todos por estar aquí.

 

(Aplausos)

 

MAESTRA DE CEREMONIAS (Gentile).- A continuación, escucharemos palabras de la señora Edila Glenda Rondán, Presidenta de la Comisión de Equidad y Género.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA RONDÁN.- En primer lugar, muchas gracias a todas y a todos por estar aquí.

            Como dijo María Luisa, para algunas de nosotras este es un día de sentimientos encontrados. Las compañeras se han referido a la doctora Cristina Grela ‑para nosotras, Cristina‑, a la que se puede recurrir en cualquier momento y a cualquier hora. Yo, que ya pasé los 60 y que la conozco desde hace tiempo, puedo decir que Cristina ha dado sobrado testimonio de compromiso de género.

            Quiero ser lo más breve posible; si no, Graciela me va a tirar de la pollera.

Si bien hoy es el día de Cristina ‑así lo reconozco y lo respeto‑, para mí también es un día especial.

Hoy quiero agradecer a todas y a todos los funcionarios de la Junta Departamental, porque quizás este sea mi último acto como Presidenta de la Comisión de Equidad y Género. Pero, además, ésta será la última vez  en la que yo participe activamente como Edila para entregar este premio, porque yo soy de esas mujeres ‑como Margarita, como Consuelo, como Beatriz Argimón‑ que no estuvimos ni vamos a estar en las listas; soy de esas mujeres. Entonces, de alguna manera me quiero despedir de esta Comisión, que va a quedar en muy buenas manos, porque ya sé que hay mujeres como Graciela Villar, como Gloria Benítez ‑que está por ahí‑, como Cecilia Cairo, que van a encabezar listas.

 

(Aplausos)

 

______Son mujeres con conciencia de género las que van a estar en este nuevo período, y eso ya es un avance.

            A muchas de ustedes les mandé a fin de año una tarjeta que decía: “Aunque no estemos, estamos, porque la simiente que sembramos reverdecerá cada año en cada niña y en cada mujer”. Es decir que no importa que nosotras no estemos, porque hay otras. Y después  de esas otras, vendrán otras, y así será por siempre.

Los sentimientos se me entremezclan. Siento tristeza al dejar la Junta, porque es un ámbito muy especial, pero también siento alegría al saber que voy a poder cumplir con otras funciones, siempre en el mismo ámbito, siempre trabajando en los temas de género. Nunca voy a bajar los brazos.

            Quiero agradecerles a los taquígrafos, que hoy están aquí; ellos sí que me van a extrañar, porque no va a haber quien los divierta en la sesiones...

 

(Hilaridad)

 

______También quiero agradecer especialmente a la Senadora Margarita Percovich ‑para mí, por siempre va a ser la Senadora Margarita Percovich‑, porque forma el núcleo duro de ese grupo de mujeres que han sabido dar batallas no por ellas sino por las demás. Ese es el secreto: dar batalla por las otras, no por nosotras, y saber que los cargos no importan, que lo que importa es lo que nosotras sabemos que dimos, lo que nosotras sabemos que trabajamos. ¡Eso es lo que importa! Porque nuestra huella no es como huella en la arena ni como huella en la mar. La huella de cada una de nosotras ‑con o sin cargo‑ quedó grabada a fuego en cada lugar en el que estuvimos. Nadie se va a olvidar de nosotras. Nadie se va a olvidar de Margarita Percovich, no sólo porque va a seguir haciendo cosas, sino por todo lo que hizo antes. Tampoco se van a olvidar de Beatriz Argimón ni de ninguna otra.

            Les deseo a todos y a todas lo mejor, especialmente a las que van a ocupar bancas en la Junta. Sé que cada una va a defender con corazón y vida no sólo los temas de género, sino también todo aquello que hace a la calidad de vida de los montevideanos y de las montevideanas.

            ¿Saben qué? Me voy absolutamente tranquila, por varias cosas. En primer lugar, porque en estos casi cinco años creo haber cumplido con mi deber de legislar y controlar. Y también me voy con la enorme satisfacción de haber hecho siempre lo que la conciencia me dijo que tenía que hacer.

            Cada uno de ustedes, hombres y mujeres de la Junta Departamental de Montevideo ‑Ediles, funcionarios‑, van a estar por siempre aquí, en mi corazón. Yo sé que no voy a volver; uno tiene que entender que llega un momento en el que los ciclos se terminan. Me voy, como decía Antonio Machado, “ligera de equipaje” y absolutamente feliz, aunque con la nostalgia de no poder verlos todos los días.

            Y por ser quien soy, no puedo terminar más que de una manera: de la manera como se terminaba cada vez que nos juntábamos las mujeres. Nosotras somos, Margarita, la mitad de la tierra. Nosotras, Consuelo, ya somos la mitad del cielo. Nosotras, María Luisa, queremos la mitad del poder.

            Sean todos ustedes muy felices. Que cada uno cumpla con lo que su conciencia le mande.

            Muchísimas gracias.

 

(Aplausos)

 

MAESTRA DE CEREMONIAS (Gentile).- Finalizando la parte oratoria, hará uso de la palabra el señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo, Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR PRESIDENTE DE LA JDM (Mendiondo).- Buenas noches a todas y a todos.

            Muchas gracias por acompañar a la Comisión de Equidad y Género y a la Junta Departamental de Montevideo en este acto anual de reconocimiento a mujeres ilustres y destacadas.

            No es casualidad que este acto se haga en el mes del Día Internacional de la Mujer. Todos sabemos que la historia escribe que en la ciudad de Nueva York, allá por 1890 ‑siglo decimonónico‑, doscientas obreras textiles fueron encerradas en una fábrica por protestar por sus derechos y reclamar las ocho horas de trabajo. Y no solamente fueron encerradas en la fábrica, sino que la fábrica fue prendida fuego. Doscientas inocentes trabajadoras que peleaban por sus derechos ‑en aquel entonces, las ocho horas‑ murieron asfixiadas y quemadas. Era la lucha por las tres ocho: ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar, y ocho horas para estudiar y para la elevación espiritual. En 1815, durante el gobierno de José Batlle y Ordóñez, gracias a la lucha de los trabajadores y a la destacada acción parlamentaria del doctor Emilio Frugoni, Uruguay fue el primer país de América que consagró la ley de las ocho horas. No es casualidad que nuestro país haya sido el primero en América del Sur en el que la mujer conquistó su derecho al voto y en el que hubo, por primera vez, una Senadora, como lo fue Julia Arévalo en 1946.

El Uruguay ha sido un país en el que la lucha por los derechos humanos, la lucha contra el conservadurismo y contra la añeja tendencia de negarle a la mujer su papel en la sociedad ha sido tradición. Hoy la lucha ya no es solamente por mejor salario o por las ocho horas, sino por equidad, por el respeto a las etnias, a sus orígenes, por la libertad religiosa, por el derecho a elegir opción sexual. Hablamos del derecho y la equidad de género. En esto también nos consideramos un país que está luchando para transformarse en un país avanzado.

            Por eso, se homenajea hoy a una ilustre ciudadana uruguaya, médica, especialista, que trabaja en la sociedad montevideana y también en todo el Uruguay.

            Esta señora es ejemplo de cómo se actúa en la sociedad con profesionalidad, ética, espíritu de lucha y entrega, méritos que la hacen una ciudadana digna de un premio, una ilustre uruguaya, ejemplo de otras y ejemplo de todas.

Queremos extender este homenaje a las mujeres que han caído en la lucha por los derechos sindicales, por los derechos humanos y por los derechos políticos. Respecto a la lucha por los derechos políticos en el mundo siempre me acuerdo del “águila en la montaña”, de Rosa Luxemburgo, tirada en un callejón, asesinada junto con su compañero de lucha, Karl Liebknecht, por los que después transformaron a Alemania en lo que fue el nazismo.

Queremos también homenajear a las mujeres uruguayas, a las caídas, a las obreras; a María Carmen Díaz; a las mujeres y madres que durante la dictadura caminaban hacia los cuarteles en la búsqueda de sus maridos, hijos y padres; a las mujeres que se formaron en la resistencia y despertaron la conciencia de esa juventud que nos permitió organizar un 1° de mayo como nunca, que fue un instrumento fundamental para la derrota de la dictadura, pero cuya acción más importante se desarrolló en la búsqueda de los desaparecidos. La lucha por los derechos humanos ha generado una conciencia por la justicia y por la verdad en el pueblo uruguayo. Homenajeamos, pues, a todas las que luchan.

            Debo decir a Glenda Rondán que yo también encabezo una lista, pero no soy mujer.

 

(Hilaridad)

 

______Muchas gracias. ¡Adelante, adelante y adelante!

 

(Aplausos)

 

MAESTRA DE CEREMONIAS (Gentile).- A continuación, el señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo, Edil Dari Mendiondo, hará entrega del premio a la doctora María Cristina Grela.

 

(Así se efectúa)

(Aplausos)

 

______Invitamos a la homenajeada a hacer uso de la palabra.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA GRELA.- Quienes me conocen deben saber lo que voy a decir ‑casi se puede adivinar‑, porque soy transparente cuando hablo; además, suelo remover algunas cuestiones importantes.

            En principio, mis más grandes agradecimientos a quienes están hoy acá y a quienes trabajaron durante este período en la Junta Departamental.

Cuando Olga me avisó de este evento, yo iba llegando al Encuentro de Mujeres Rurales en Florida. Le dije: “¿En serio? ¡Es un chiste!”. Ella me respondió: “¡Como va a ser un chiste, doctora! ¡Por favor!”

A mí me parece sumamente importante que todos quienes estamos hoy acá hagamos una reflexión sobre la importancia de esta Junta Departamental de Montevideo, porque si uno no se acerca y no conoce el trabajo que ella hace como Poder Legislativo de la ciudad de Montevideo y de la Intendencia, sus funciones pueden quedar a veces mezcladas con las que realiza el Gobierno Nacional. Pensemos por un instante que el Gobierno Nacional no estuviera en Montevideo y pudiéramos ver el trabajo que hacen los legisladores, las legisladoras y la propia Intendencia como ejecutora de todas esas políticas que nacen en la Junta. Cuando andamos viajando y trabajando por el Interior, bien sabemos de la importancia que tienen las Intendencias departamentales. Y esta Intendencia de Montevideo tiene una importancia muchísimo mayor que la que los montevideanos y las montevideanas le damos. Pensemos ‑no vine a conversar, pero como siempre termino en un compromiso‑ cómo sería posible que todos quienes vivimos en esta ciudad de Montevideo, ya sea porque nacimos aquí o porque la elegimos por decisión, por trabajo o por estudio­, viésemos con claridad que la Junta Departamental realmente es una hacedora y constituye un grupo alerta a la situación de Montevideo  y a tomar en cuenta y auditar las acciones de la Intendencia. Yo creo que esa es una tarea que nos debemos como montevideanos.

            Mis más sinceros agradecimientos, reitero, a quienes están acá, que han dejado sus trabajos y han postergado la Semana Santa, de Turismo o Criolla por un día más, que no se fueron por acompañarnos, por el significado que esto tiene.

Desde el principio quería decirles que este es un premio para todas. Es un premio que hoy simbólicamente me toca a mí, cosa que agradezco muchísimo; creo que exageraron muchísimo también. Por eso mi pregunta de si era en serio o en chiste, porque ¡cuántas mujeres hacen su trabajo en el mundo de lo público y en el mundo de lo privado, a veces sin recibir ningún homenaje, a veces recibiendo el reconocimiento de su propia familia, o ni siquiera eso!

Por esa razón, para todas ustedes, para las que están, para las que estuvieron, para las que no están y para las que ni siquiera tienen conciencia de su discriminación por ser mujeres y están hoy en sus casas realizando las tareas, yo quiero pedir un fortísimo aplauso.

 

(Aplausos)

 

______Una especial felicitación a las compañeras que me precedieron en la obtención de este reconocimiento: a Alicia, a Mabel y a Laura, porque también ellas simbolizan a otras tantas mujeres. Este premio, que es personal, también es simbólico, porque justamente reconoce el trabajo en violencia doméstica, trabajo que tantas mujeres realizan y que se ha multiplicado en todo el país. El reconocimiento a Alicia, que simboliza al grupo de mujeres afrodescendientes que están trabajando cada vez más, haciendo cada vez más visible la discriminación que los afrodescendientes, la raza negra sufre en nuestro país. Por suerte, esta vez tenemos a una mujer afrodescendiente como Directora del Instituto Nacional de las Mujeres. Ella me saludó y me dijo que no venía porque su nieta mayor estaba cumpliendo años. Pienso que la presencia de las personas afrodescendientes, no sólo en lo privado, no sólo en el mundo del servicio sino en el mundo de lo político, es algo que tenemos que fortalecer para seguir adelante.

¿Y qué decir de Laura? Creo que el mundo del arte, de la música, del teatro y de todo lo que se está gestando y concretando a nivel universitario está dando a las mujeres una dimensión para salir de lo privado a lo público, cosa sumamente importante, así como también lo es la creación y la participación de las mujeres en el mundo del arte, el teatro y la música. En el homenaje a Alba Roballo y a Adela Reta, Glenda decía que justamente la música simboliza no sólo el lenguaje con el que nos expresamos, sino también un lenguaje universal. Por eso es tan significativo el premio a Laura, que creo que es extensivo a toda la gente que se dedica al arte.

            A pesar de que yo pregunté si era en serio o si era chiste, es impresionante lo que un homenaje de este tipo despierta en las otras personas. Me alegro mucho por lo contentos que están los que me rodean. Por lo menos los que me quieren se contentaron; los demás no sé.

 

(Hilaridad)

 

______Realmente se generó mucha alegría ‑más allá de ser el mes de la mujer‑, un compromiso, un apoyo, un decir “estamos presentes porque importa ese trabajo que están haciendo muchas otras mujeres que vos estás representando”.

            Pero también en el mundo de lo personal uno hace revisiones que no son las que podría hacer en el diván del psicoanalista, al que no voy. Y esas revisiones importan muchísimo, porque nos hacen reflexionar respecto a de dónde venimos, de quién venimos y cómo fue nuestra vida, así como también sobre aquella nenita que nació con un kilo ochocientos. Hace 65 años era muy difícil vivir, y yo viví gracias a que una mujer negra me dio de mamar, porque mi mamá estaba muy grave y no había bancos de leche. Por lo tanto, era muy difícil criar a una beba tan pequeñita que apenas respiraba. De todo ese tiempo importan muchísimas cosas que hacen a lo que uno es.

            Mi hermano, que está en la Argentina y no pudo venir, se enteró por Internet ‑no sabemos cómo- y me llamó enseguida por teléfono para decirme lo felices que estarían mis padres ‑ya fallecidos‑ por saber que esto sucedía, y lo feliz y orgulloso que estaba él. Mis hijos se alborotaron. Mis compañeras de trabajo me hicieron un cartel antes de que yo llegara y lo pusieron en la puerta del Programa. Alrededor de una van pasando cosas que realmente conmueven.

            Y quiero contarles algunas cosas del Montevideo en el que me crié, por esto que estaba diciendo de la importancia de la ciudad en la formación de una y en la manera de ser montevideana.

            Las personas que me crearon en cuerpo, alma y corazón me hicieron querer a Montevideo como mi ciudad. Mis padres eran hijos de inmigrantes, pero realmente tenían una concentración de cariño hacia Montevideo que era increíble. Pero también era un Montevideo que se hacía querer mucho. Recuerdo que participaban muy activamente en las fiestas patrias y que me llevaban a la placita Suárez a cantar el Himno Nacional y a ver lo que allí pasaba. A mis abuelos y abuelas, que trabajaron sirviendo y criando hijos mientras soñaban con una patria inclusiva ‑porque eran inmigrantes‑, esta patria, Montevideo y Trinidad les abrieron los brazos; tengo que nombrar a Flores porque la familia de mi madre es de ahí. Tal vez ellos jamás soñaron que esto sucediera hoy en este lugar donde se gestaron tantas discusiones, tantos acuerdos y tantos documentos. Estamos en el lugar que fue sede del Gobierno de Montevideo durante un siglo, hasta que se construyó el Palacio Legislativo.

Recuerdo que este Cabildo, cuando se reabrió, tenía una música muy especial. Estas paredes percibieron  las mayores de las discusiones, las mayores de las decisiones y también las peleas. Es parte de la historia del Uruguay; es parte de la historia de Montevideo.

            Hablar del Montevideo de los ’50 es sentirse en ese Montevideo; un tiempo imborrable en que fuimos iguales, en que hicimos amistades imborrables. Había un barquito que iba al Cerro. Las vidrieras de 18 de Julio se ponían de fiesta porque las premiaban. En un día de fiesta patria la Intendencia de Montevideo regalaba plantas ornamentales a los vecinos y a las vecinas cuando llevaban el tique de algo de lo que pagaban de impuestos; yo acompañé a mis padres a poner todas las plantas y todas las flores en la calle Antonio Machado, donde teníamos una casa con jardín que no tenía plantas ni flores. Todo lo llevamos de eso que significaba el Montevideo de ese tiempo.

Como sobrina mayor, mis tías y mis tíos también me enseñaron muchísimas cosas y me enseñaron a ponerme al día con la novedades del mundo moderno. Siempre me acuerdo de algo que fue impresionante: casi todos trabajaban en la casa, pero dos de mis tías trabajaban afuera, y una de ellas vino un día con una bolsa de jabón en polvo: todas ‑incluso mi madre‑ se pusieron a lavar las copas del cristalero, a envolverlas en diarios, y todos mirábamos -yo estaba a la altura de la mesa‑ el brillo con que quedaban las copas porque se había inventado el jabón en polvo. Fue impresionante.

 

(Hilaridad)

 

______Todas estas cosas se fueron complementando después con algunas otras de las que muchas veces renegué, pero que a lo largo de la vida las valoro como cosas importantes. Una de ellas fue mi pasaje por el colegio de las monjas alemanas. Yo era una nena buenísima y no entendía por qué me habían mandado al régimen militar de las monjas alemanas.

 

(Hilaridad)

 

______Pero creo que las monjas alemanas sí me enseñaron a concretar proyectos y a cumplirlos a cabalidad en el tiempo en que estaba previsto. Ahora parece que eso es lo corriente, parece que es lo que deben hacer los gobiernos, las instituciones, los departamentos: plantearse cosas y cumplirlas; pero yo lo aprendí de chica porque las monjas no permitían otra cosa más que cumplir con todo lo que se debía cumplir. Quienes me conocen saben que algo quedó de las monjas alemanas en mí.

 

(Hilaridad)

 

______Quedó el aprendizaje del tesón y del cumplimiento.

            Otra cosa importante que me pasó fue la siguiente.

Yo fui católica de las monjas, pero después no sabía si era católica o no hasta que hice preparatorio en Las Domínicas. Sin duda, fueron dos años de una liberación sumamente interesante. Cambiar de lo germano a lo francés se notó en la vida, y sucedió al mismo tiempo que venían las noticias del Concilio Vaticano; ese Concilio Vaticano fue en el ’58, y yo estaba en Las Domínicas en el ’63. Aparecieron entonces unos curas franceses que nos mostraron que no hay que sufrir en la Tierra para ganarse el cielo: que el cielo está acá y hay que ganarlo, y que eso se llama justicia; se llama justicia social; se llama trabajar para todos.

 

(Aplausos)

 

______Creo que eso marcó mi otro primer camino, que fue la juventud en la Universidad. Cuando entré a la Facultad, con mis amigas del alma -que están acá‑ discutíamos y pensábamos: “Esto no puede ser; esto tampoco puede ser; esto que dice la Iglesia Católica, no, y esto que no se puede hacer con los novios, tampoco…”

 

(Hilaridad)

 

______Nos dimos mucho ánimo entre mujeres. Tal vez fue en algunas de las clases del colegio, pero creo que mi primer grupo de mujeres lo formé con las amigas con las que entré a la Facultad.

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Con ellas hicimos un llamado a la atención de todos los militantes de la Asociación de Estudiantes de Medicina, porque entre ellos se comentaba: “Las Dominicas ‘comunizan’. ¿Vieron como vinieron todas las de las Dominicas?”. Fue un tiempo sumamente importante, de  Parroquia Universitaria, de cátedra de Bacteriología...

            Por allí está Raquel, con quien también hablábamos y cuchicheábamos. En el camino he tenido muchísimas compañeras, amigas y amigos que hicieron que en este Uruguay pudiéramos hablar de las cosas importantes de la vida, ver cómo se hacía para superar situaciones concretas, como en los tiempos de la dictadura.

En los comités de base, en aquel silencio y con aquel cuidado, tuvimos otros amigos. Mi hija Florencia, que es la más chiquita y está por acá ‑ya es una muchacha de 29 años‑, estaba en jardinera cuando pegamos ‑a las tres de la mañana, para que nadie nos viera‑ una bandera del Frente Amplio en el muro de enfrente. Para disimular y poder sacarle una foto a esa bandera pusimos a Florencia, agarradita del delantal a cuadritos y de la bolsita; era para que quedara un documento de esa diablura que habíamos hecho. Muchas diabluras hicieron lo que hicieron: terminar con la dictadura; organizada o desorganizadamente, lograron poner fin a ese tiempo de oscuridad.

            Cuando lo recuerdo, veo un tiempo de grises; lo que veo en colores son las caritas de mis hijos. Si tengo que recordar la dictadura, recuerdo el Saint Bois y otras cosas sumamente duras. Pero las caritas de los chiquilines eran impresionantes. Recuerdo la desobediencia civil, los grupos de reflexión en la Iglesia, donde poníamos todo tipo de cosas ‑incluso velas prendidas‑ por si venían a allanarnos: disimulábamos de qué se trataba. Acá tenemos a compañeros y compañeras de ese grupo de reflexión con los que terminamos siendo muy amigos.

            La salud, el sufrimiento y la pobreza me preocuparon mucho. En la cátedra de Ginecología me preocupaba el tratamiento a las mujeres; en el hospital Musto estuve haciendo psiquiatría; luego estuve en el hospital Saint Bois. Fue muy muy impresionante saber que las mujeres eran como objetos de estudio. También lo fue tomar conciencia de que otras ‑entre ellas también yo‑ son discriminadas por muchas causas; de que el cuerpo, los genitales, son de muchos, y que quizá muy pocas veces ese cuerpo, esos genitales, esos sentimientos son de nosotras.

            Probablemente fue una toma de conciencia que adquirimos leyendo a Simone de Beauvoir a escondidas con mis amigas de la Facultad, especialmente Carmiña Pedemonte, una traumatóloga de Argentina. Cuando andaba en problemas, ella se acercaba y me decía: “No te preocupes, Cristina. Estate tranquila que la noche es joven aún”. Era una de las frases que Simone repetía, que señalaba que era tiempo para las mujeres pero de noche, y agregaba: “la noche es joven aún para hacer los cambios”. Creo que eso retumbaba y se fortalecía con todo lo que iba viendo y sufriendo debido a la discriminación hacia las mujeres, discriminación de todo tipo.

            Luego vino mi decisión de trabajar en sexualidad, porque era una forma de empezar a pensar en libertad dentro de la dictadura. Yo daba clases de biología en segundo y cuarto, y especialmente los de cuarto preguntaban sobre sexualidad. Por eso me pareció que había que formarse un poco para trabajar en educación sexual.

            Está Mariela, adscripta del San Francisco con quien seguimos trabajando en tantas y tantas cosas; la concertación de grupos de mujeres, el encuentro con las esencias de esa dimensión... Margarita, ¿te acordás de cómo corrías para que se concretara la Concertación de Mujeres?

Teoría y práctica. Búsqueda de soluciones. El PLEMU y los talleres de sexualidad; con Nita y con Mariela creo que hicimos, por lo menos, 300 talleres de sexualidad en todo el Uruguay. La fundación Mujer Ahora. La Red de Salud. La fundación de MISU. Las Católicas por el Derecho a Decidir, que fue una quijotada impresionante. ¡Cuánto necesitamos que las Católicas existan otra vez en el Uruguay! Pero les quiero contar que fui a una reunión en Asunción y había 70 representantes de las Católicas de América Latina; o sea que los grupos existen, luchan y trabajan. Las jóvenes venían y me preguntaban cómo se me había ocurrido eso, pero lo que importa es que había representantes, muchísima gente joven; o sea que es un movimiento que se generó y que sigue trabajando.

Con todas esas instituciones que nombré, de las que fui fundadora y a las que seguí apoyando desde todos los lugares, tenemos una “compinchez” elaborada que nos da como para pelear, para discutir y para sacar cosas adelante, desde ahora, desde siempre y por siempre. Son un sinfín de experiencias y aprendizajes, incluso ‑ahora que veo a las compañeras del UPA‑ el aprendizaje de buscar fondos, de buscar fondos también para incidir en las propuestas y en las políticas públicas que hoy son políticas de salud, políticas de derechos humanos, políticas que hicieron cambios sustanciales de justicia y equidad.

Desde ellas, con ellas, conmigo, el mayor de los alientos, porque juntas descubrimos el valor y el coraje del feminismo, el feminismo como ideología, pensamiento y acción. Encontramos, por suerte, la posibilidad de ser parte del único movimiento que da sentido al cuerpo, al sentir, al placer, al transgredir para ser, hacer y permanecer, decidir cómo y en qué, con la opción ética como única condición y la fidelidad al pensamiento en el proceso de justicia y liberación para todas, para que todas puedan realizarse como personas, y el compromiso de mejorar la vida y la dignidad de todas las personas y sus familias.

Gracias, Barrán, por tus denuncias, por trabajar la sensibilidad del Uruguay; gracias, “Perico”, por tu defensa a ultranza del sentir y la sensibilidad como factor de comprensión y cambio.

 

(Aplausos)

 

______Me dicen que las campanas sonaban. ¡Por algo sonaban! ¡Las campanas de la Matriz tal vez temblaban!

            Como feminista les digo que este homenaje es para todas las mujeres, para todas las feministas uruguayas que nos antecedieron, las de allá y las de aquí. A mis compañeras y amigas, con las que la lucha nos hermana y nos templa, vaya todo mi homenaje en este y en todos los días, porque cada mujer asesinada por violencia doméstica es nuestra muerte; porque una trabajadora mal paga, en condiciones de esclavitud, nos rebela; porque una afrodescendiente discriminada por lo que sea es una bofetada; porque cada embarazo no deseado lo sufrimos; porque cada mujer muerta a causa de un aborto de riesgo es una de nosotras que muere.

 

(Aplausos)

 

______Y en este tiempo quiero hacer una reflexión especial para mis compañeros y compañeras del Ministerio de Salud Pública. ¡Qué trabajo nos dieron, muchachas y muchachos! Pero en este tiempo, de peleas, de corridas, de logros –muchos‑, salieron bien muchas de las cosas que nos planteamos. Todavía no es suficiente: faltan muchas cosas por lograr, pero el camino está trazado y seguro, y habrá muchas puertas para conseguir lo que falta.

Para quienes se hicieron compinches de nosotros, quienes trabajaron con nosotros hombro a hombro, mujeres y varones, amigas y amigos nuevos, que están acá ‑después les voy a dar un gran abrazo‑, quiero recuperar algo importante que salió en nuestra evaluación. Pedimos una evaluación externa, y el doctor Daniel Pazos ‑que está acá‑, en una de sus respuestas a la persona que estaba haciendo la evaluación, dijo: “Si será importante lo del género que realmente cuestiona todas las otras discriminaciones”. Es a través del género que nos damos cuenta de la discriminación de raza, de clase, de lugar, de geografía, de situación, de lo público y de lo privado. Entonces, creo que el trabajo del equipo fue fantástico; el equipo que tuvimos por este tiempo fue maravilloso, y esperamos poder seguir trabajando de esta manera. No quiero nombrar a nadie porque sé que me va a faltar alguno de las compañeras y compañeros de los programas que abrieron su corazón, sus oídos, sus ojos para entender que hay una dimensión que no puede faltar para hacer justicia, dignidad y paz en este país: la dimensión de género.

A todas les agradezco muchísimo, pero… ¡a seguir adelante! Sigamos adelante. Por ahora no decimos adiós, tal vez un poquito, pero es el adiós del estar con nosotras; de las Edilas que se van, que van a seguir luchando por otro lado; de Margarita, que va a estar por otro; de las compañeras que todavía no tienen lugar pero seguramente van a tenerlo, porque el país necesita de todas nuestras manos, en la sociedad civil, en las organizaciones, dentro del Estado, fuera del Estado, como vecinas, como Edilas, como compañeras, como mujeres amas de casa…. Tenemos que cambiar este país; este país se lo merece. Antes de nosotras hubo mujeres que lucharon por esto, y es el momento de que logremos la equidad, no solamente porque lo merecemos, sino porque es una cuestión de derechos, una cuestión que llevó su tiempo pero que va a suceder en este período, en el que viene. Y ojalá me toque tener alguna nieta ‑tengo sólo dos nietos varones, que no vinieron porque son tan salvajes que pensaba que iban a dar vuelta el lugar‑ que pueda vivir sin discriminación alguna.

            Muchas gracias a todos por estar acá.

 

(Aplausos)

 

MAESTRA DE CEREMONIAS (Gentile).- A continuación, se hará entrega de un ramo de flores a las damas que han recibido esta distinción en anteriores oportunidades y que se encuentran presentes: las señoras Alicia Esquivel y Mabel Simois, a quienes invitamos a acercarse a la mesa.

 

(Así se efectúa)

(Aplausos)

 

______Queremos agradecer la presencia de autoridades nacionales y del público en general.

A continuación, los invitamos a compartir la actuación de la Banda Sinfónica Municipal.

 

(Es la hora 20:10)