Acto de Homenaje al Cuarteto Em Cy

Celebrado el 23 de marzo de 2010

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

 

SEÑOR PRESIDENTE (Dari Mendiondo).- Buenas tardes.

            Damos comienzo a este acto de homenaje.

 

(Es la hora 17:19)

 

______Para nosotros hoy es una tarde esplendorosa, no solamente porque tenemos los rayos de este sol natural sino porque también tenemos los rayos de quienes supieron iluminar el camino de este gran poeta, de este gran músico, de este gran artista, de este gran diplomático que fue Vinicius de Moraes. Su aprecio y cariño por Montevideo están registrados en sus escritos y en su música. Por eso, para nosotros esta es una tarde de esplendor doble: por la naturaleza y por recibir a esas meninas que son Cyva, Cybele, Cynara y Sonya, las cuatro Cy.

            [1]Esta Casa, a la que las hemos invitado, es su casa.

            Ustedes son bahianas, pero hay toda una generación de jóvenes ‑hoy hombres y mujeres‑ de este país que siempre se movieron con la canción a Río de Janeiro, “Cidade Maravilhosa”...

 

(Aplausos)

 

______¡Bienvenidas!

            Tiene la palabra la señora Edila Silvia Aguiar.

 

SEÑORA AGUIAR.- Después de usted, Presidente, poco tengo para decir.

 

(Hilaridad)

 

______Sean bienvenidas con mucho afecto y cariño a esta Casa, que es el Parlamento de Montevideo, la casa de todos los montevideanos y, desde hoy, vuestra casa.

            En el día de hoy celebramos con alegría que ustedes estén aquí y que podamos ofrecerles humildemente un reconocimiento en nombre de todos los vecinos de esta ciudad.

            El año pasado tuvimos el privilegio de recibir a Gilberto Gil, a Toquinho, a Maria Creuza y, hace pocos días, a Caetano Veloso.

            Hoy recibimos al Cuarteto Em Cy: cuatro mujeres que llegan acompañadas por Chico Faría, João Faria, João Cortes y Misael Hora. Mi portugués no debe ser tan bueno como el del Presidente, que es de Rivera; yo soy del Cerro, apenas.

 

(Hilaridad)

 

______Las recibimos en el Mes de la Mujer, en el marco de los 70 años del Instituto Cultural Uruguayo‑Brasileño ‑con una fecunda trayectoria en la irradiación de la cultura brasileña en nuestro país‑ y también en el marco de los 60 años del Complejo Cultural Plaza. Quiero agradecer a Fernandes, que tuvo la osadía de luchar mucho para que hoy estén con nosotros.

            Ustedes llegan a Montevideo para realizar un espectáculo en homenaje a Dorival Caymmi y a Vinicius de Moraes, al cumplir 40 años de carrera musical.

            Este es realmente un homenaje a la música popular brasileña, a la cual nos adherimos fervientemente. ¿Por qué? Porque la música popular brasileña para nosotros tiene un sabor particular, porque profundiza las emociones y las sensaciones humanas. La saudade de ustedes tiene, tal vez, algo en común con la nostalgia de nuestro tango aun cuando las diferencias en las estructuras musicales son enormes, cosa tan propia de los pueblos “trasplantados”, como lo diría Darcy Ribeiro, antropólogo de ustedes que también supo ser profesor de nuestra querida Facultad.

            En los años ’60, cuando era estudiante, compartía con un grupo de compañeros el placer de escuchar al poeta del mar, al pescador de Bahía; al hombre de cantar sencillo y apasionado para las muchachas de su playa, que interpretaba también con calidez inigualable la “Samba de mi Tierra”, del recordado Dorival Caymmi.

            Claro que esta influencia de la música brasileña no era la única; estaban Antônio Jobim, João Gilberto con “Desafinado” o “Basta de Nostalgias”, Stan Getz y João Gilberto junto a Antônio Jobim con las chicas de Ipanema, Chico Buarque en “Construção” o “Cotidiano”, entre otros. Como ven, estuve viendo todos mis discos viejos de pasta. Porque es verdad que nosotros, mientras escuchábamos a los Parra o las canciones de la Guerra Civil Española, también nos nutríamos de esta música brasileña que llegaba y que nos daba mucha fuerza para seguir.

            Luego estuvo el aporte fundamental del tropicalismo, que rompe con la estética al fusionar la bossa nova, el rocanrol y la música tradicional brasileña. Es el tiempo de Caetano Veloso, Gilberto Gil, Maria Bethânia, entre otros. Pero sin lugar a dudas la mayor influencia en este paisito y en esta ciudad de Montevideo fue la del incomparable Vinicius de Moraes, quien, además, supo vivir cerquita de acá, a unas cuadras, cuando fue embajador y representó a vuestro país en la República Oriental del Uruguay. Entonces, con Vinicius soñábamos con las tardes de Itapoá y hasta hablábamos de los amores en la playa de la “Garota de Ipanema”. Daba para mucho, y mientras tanto estudiábamos “La República”, de Platón.

            “Como si todos fuéramos iguales a vos, también, y yo sé que te voy a amar, oh Irene”. Les quiero contar lo que pasó en la última presentación de Caetano. Cuando interpretó “Irene” pensó que el público iba a responder brevemente, pero todos los que asistimos sabíamos la canción. Cuando él advirtió eso hizo callar a la orquesta, se calló él y escuchó a un público que sabía “Irene” de cabo a rabo. Entonces, Caetano dijo: “Esto es un sueño”. Realmente fue un sueño para él, y también para nosotros; un sueño, porque es el reconocimiento al trabajo poético y musical que todos y cada uno de los artistas brasileños hacen por su música popular que, al enriquecerse, enriquece a toda la música del mundo.

            Como vemos, entonces, nada más justo que un homenaje a esta música que es popular en el más amplio sentido de la palabra.

            Lo que ustedes hacen pertenece nada menos que a las figuras de Caymmi y de Vinicius, a quienes, modestamente, quise traer desde el recuerdo de mi juventud.

            Yo quiero agradecer a Elbia Fernandes por su trabajo, que hizo esto posible; a la compañera Carmen Pi, que nos va a deleitar en esta tarde, y a Cyva, Cybele, Cynara y Sonya. De corazón, gracias. Desde hoy esta Casa, que es de todos los montevideanos, también es la casa de ustedes y del Cuarteto Em Cy.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Muchas gracias, señor Presidente.

            ¡Sejan benvindas, mulheres!

            En una oportunidad, en esta Junta Departamental ‑no recuerdo si a instancias del Edil Gabriel Weiss o de la Edila Silvia Aguiar; nadie vaya a enojarse si fue otro u otra‑ hicimos un homenaje a la lengua portuguesa en esta Sala. Entre las cosas que aquí se dijeron, más allá de la hermandad latina que nos une ‑porque el español, el francés y el portugués son lenguas nacidas del latín‑, la lengua portuguesa tiene una dulzura que quizá provenga de lo que nosotros, que hablamos el castellano ‑porque el español no existe, existe el castellano‑, sentimos como un canto. Muchas veces, cuando nosotros les decimos a hermanos de Entre Ríos que ellos cantan, ellos nos dicen que somos nosotros los que cantamos. Pero, como digo, nosotros sentimos a la lengua portuguesa como un canto.

            La música tiene algunas ventajas frente a otras artes, desde mi modesto punto de vista. Aunque no se pueda ver a simple vista, tiene mucho que ver con la pintura. Justamente, acá en Sala tenemos un compañero que es pintor: el Edil Carrasco. En literatura ‑y esa es mi profesión, yo soy profesora de literatura‑ es imposible encontrar una palabra que en alemán quiera decir “rancho” ‑por ejemplo‑ para traducirla en el Martín Fierro. Ocurre lo mismo con palabras de otras lenguas cuando se traducen. En cambio, la música y la pintura son idiomas universales. Yo puedo escuchar a Mozart, a Tchaikovsky, a Matos Rodríguez en La Cumparsita y no me va a importar su nacionalidad, porque esa música va a llegar a mis oídos y yo la voy a interpretar. Eso mismo sucede con la pintura: ante el hecho estético, me paro frente al cuadro, lo miro y me trasmite algo, y no importa la nacionalidad del pintor.

La música tiene otra cosa importante y es que, conjuntamente con la pintura, es una de las primeras manifestaciones culturales de la humanidad; desde mi punto de vista ‑quizá la antropóloga me corrija‑, la primera. Creo que antes de las pinturas rupestres el hombre, de alguna manera, hizo percusión, y luego cantó, porque no se me ocurre que haya una madre que no cante para acunar a sus hijos.

Hay cosas con las que se nace, y ustedes tienen el don de la música. Si yo quisiera cantar acá, me echan, porque no tengo ese don, pero ustedes, que han nacido con ese maravilloso don, deben necesariamente compartirlo; los dones se dan para compartir. Para nosotros es una gran emoción compartir con ustedes ese don que les ha sido dado.

 Ustedes son mujeres privilegiadas: han tenido el enorme privilegio de conocer, de palpar, de aprehender, de vivenciar a Vinicius, que para mi generación es un símbolo tan importante como fueron para mí los Beatles o como es hoy el tango.

            Vinicius fue un músico, sin duda, pero fundamentalmente fue un poeta a través de la palabra y de la música. Se puede ser poeta de las dos maneras. Él tuvo la enorme capacidad de ser poeta a través de aquello que escribía pero también de la música que hacía. Y a los que en aquella época no conocíamos la cidade maravilhosa, Río de Janeiro, a través de esa “Garota de Ipanema”, de esa mujer tan exuberante, tan hermosa, que es la mujer brasileña, nos hacía sentir el viento en las palmeras, la arena, el ruido del mar y el perfume de Río. Cuando después la vida me dio la gran fortuna de conocer Río y de recorrer Copacabana, sin duda mi primer pensamiento fue para Vinicius y su “Garota de Ipanema”. Porque, compañeras, las que ya pasamos los 60: ¿quién no se sintió alguna vez una garota de Ipanema? ¿Qué hombre no sintió alguna vez que alguna mujer fue para él esa garota de Ipanema? Y esas son composiciones universales, que valen en el Uruguay, por supuesto en el Brasil, en Alemania o en la China, porque las mujeres y los hombres tenemos sentimientos en cualquier lugar del mundo. Las vibraciones que producen esos sentimientos cuando se mueven podrán ser un poquito diferentes por nuestras culturas, pero no es el caso de brasileños y uruguayos, porque estamos tan cerca que las vibraciones pueden ser muy parecidas. Entonces, cuando uno piensa en Vinicius, si bien piensa en el sol, en la playa, en la arena y en el murmullo de las olas, también sabe sentir las saudades de Vinicius, porque los uruguayos también somos un pueblo con poetas melancólicos; los hay muchos. Y los uruguayos también somos gente melancólica. Eso no quiere decir que seamos tristes; somos melancólicos. Quizá porque nos marcó nuestra generación del ’45, que para mí son poetas muy importantes, o filósofos como Vaz Ferreira. Ellos han marcado esa actitud, quizás no tanto hacia la melancolía pero sí hacia la reflexión. Y la reflexión, en cierta etapa de la vida, indefectiblemente nos lleva a la melancolía. Por eso Vinicius no sólo es la playa y toda esa cosa bella: es también la otra cosa bella que son los sentimientos, que están tan escondidos que a veces no afloran, pero sí comienzan a hacerlo a través de una música, a través de una canción.

            Si yo tuviera que definir a Vinicius, quizás en una forma muy atrevida diría que fue un canto a la vida, en primer lugar. Un poeta le puede cantar a la muerte. Si yo pienso en un poeta francés, en Baudelaire, digo que le cantó a la muerte. Pero también le cantó a la vida. No conozco prácticamente poetas que no le hayan cantado a la vida de alguna manera, porque, de última, la muerte es la compañera inseparable de la vida; nace con la vida misma. Entonces, para mí Vinicius es un canto al amor, un canto a la vida y un canto a la mujer, a la que le rinde un profundo homenaje. “Garota de Ipanema” no es sólo un homenaje a la belleza de la garota: es a todo lo que se desprende de esa garota, que uno siente que no es sólo bella. Es bella exteriormente, pero por dentro es también una mujer muy bella. Si no, Vinicius no le hubiera cantado. No le hubiera cantado a una mujer solamente bella; para él una mujer debía tener algo más que la carcasa, que también es importante. No vayan a pensar mis compañeros ‑para distender esto un poco‑ que yo, porque ya estoy vieja, pienso que la carcasa no es importante. Es también importante la carcasa.

            Pero Vinicius también le cantó a su tierra. Porque tampoco hay poetas que no le canten a la tierra. Brasil, como es un país tan grande, yo diría que se puede comparar con un crisol. Nosotros somos un país con forma de corazón. Será por eso que los uruguayos decimos que tenemos un corazón mucho más grande que nuestro país. Tenemos forma de corazón. Somos un país pequeño, y no somos tan diferentes los que nacieron en Cerro Largo ‑como yo‑ o los que nacieron en Montevideo, como el señor Edil Carrasco, o como nuestro señor Presidente, que no sé si nació en Rivera; sí sé que doña Blanca, su madre, a quien admiro profundamente, nació en Rivera. No somos tan diferentes. Pero no es lo mismo un gaúcho que uno que nació en el Sertão; no es lo mismo. Y eso yo lo aprendí con algunos escritores brasileños. Lo aprendí con algunos que conocí con mis hijos, por ejemplo, como José Mauro de Vasconcelos, pero también con mi queridísimo Jorge Amado, a quien tuve la suerte de escuchar en algunas conferencias que dio en la Universidad Estadual de San Pablo. Y de quien aprendí mucho sobre cómo es ese Brasil de Vinicius fue de Paulo Freire, que fue, también en esa Universidad, mi profesor de Pedagogía.

            Ese Brasil, que es diferente, tiene prácticamente en sí mismo todas las regiones geográficas, y tiene esa fauna, esa flora y todas esas cosas que lo hacen un país grande. Pero un país grande no lo es sólo por su tamaño: lo es también por su gente. Y por gente como Vinicius el Brasil, nuestro hermano y querido país, es un país grande. Ojalá, como decía Jorge Amado, Brasil pueda seguir pariendo hombres y mujeres grandes.

            Y para terminar, señor Presidente, quiero decir que yo realmente me siento feliz pero especialmente emocionada. Me hubiese encantado que hoy estuvieran acá, por ejemplo, los Fattoruso, que son gente de mi generación y unos músicos espectaculares, para poder presenciar esto que vamos a disfrutar en breves instantes.

            Muchísimas gracias por estar en este Parlamento de la Ciudad de Montevideo; muchas gracias por compartir con nosotros y con el mundo eso tan grande que ustedes tienen en su corazón. Lo que está en el corazón no se va ni siquiera cuando uno deja este mundo; perdura en lo que dejamos en los demás. Y en este Uruguay Vinicius dejó un poquito o mucho en cada uno de nosotros, porque ¿quién no se emocionó con una de sus canciones, quién no bailó abrazada con una de esas canciones o quién no lloró penas de amor con alguna de esas canciones?

            Muito obrigada, mulheres do Brasil.

            Gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señora Edila.

            Tiene la palabra el señor Edil profesor Gabriel Weiss.

 

SEÑOR WEISS.- Gracias, Presidente.

            En realidad, todo el honor es para nosotros. Es un acto de amor recibirlas hoy aquí, en este Parlamento de Montevideo; es retribuir en algo la alegría espiritual que nos han ofrecido sus voces, su canto, su interpretación; es reconocer lo mejor de Brasil ‑que me perdonen los grandes empresarios paulistas y otros‑: sus poetas, sus novelistas, sus cineastas, sus escultores ‑desde el gran “Aleijadinho”‑, sus actores y sus actrices, la larga fila de mujeres grandiosas, y cito a Clarice Lispector y me saco el sombrero. Es lo que nos une y no lo que nos separa, lo que tiende puentes que son indisolubles, lo que nos pone juntos hoy aquí y para siempre.

            Hablar de Vinicius de Moraes; hablar de la música, del arte, de la plástica, de ese vigor del Brasil es, repito, hablar de lo mejor que esa nación tiene, al menos para quien aquí está hablando. Por lo tanto, ustedes hoy nos honran con su presencia en este ámbito.

            Por aquí han pasado músicos españoles como Luis Eduardo Aute, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat; han pasado artistas plásticos del Uruguay y de otras partes del mundo; han pasado músicos espléndidos como los hermanos Fattoruso del Uruguay, porque nosotros, siendo pequeños, también nos podemos sumar con orgullo al concierto de los grandes artistas que han sido, son y serán en este mundo que compartimos. En este mundo lleno de iniquidades, en este mundo en el que parece que corremos hacia el desbarranque, hacia la destrucción, hacia el Apocalipsis, hacia el caos, el arte da su mensaje de que un mundo mejor es posible. Y el espíritu del hombre y de la mujer trascienden la mezquindad y la pornografía en la cual nos envuelven hoy muchos de los que manejan los hilos y dirigen este planeta contaminado, destruido, lleno de exclusión, de marginalidad, de pobreza, de ambición desmedida, con un espíritu de lucro que no tiene límites. Allí se levantan los artistas, los hombres y las mujeres que muestran que es posible un mundo mejor, un mundo desde la música, desde el cine, desde la literatura, un mundo que nos da felicidad y plenitud, porque al leer la obra de Clarice Lispector, al escuchar al magnífico Vinicius de Moraes, al escuchar a estas mujeres, al escuchar a los hombres y a las mujeres que en el mundo hacen arte, sentimos que vale la pena estar vivos.

            Gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Vamos a proceder a hacerles entrega a nuestras invitadas de arreglos florales y otros presentes.

 

(Así se efectúa)

(Aplausos)

 

______Tienen la palabra.

 

SEÑORA CYVA DE SÁ.- [2]Señor Presidente Dari Mendiondo, Edila Silvia Aguiar: gracias; muchas gracias por todo.

Es un gran honor para nosotras estar aquí con ustedes; muchas gracias. Volvemos a Brasil con la certeza de que hemos conocido gente que es especial, que hace a este mundo mejor; uruguayos hermanos de Brasil que van a estar para siempre en nuestros corazones.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA SONIA MARIA.- [3]Quiero expresar que todo lo que se ha dicho es muy especial para nosotras. Estamos muy emocionadas por las demostraciones de calor y de amor que hemos recibido.

        En lo personal, quiero decir que este es un pueblo que demuestra mucho cariño por la música y la cultura de Brasil. Es mucha la fuerza que nos dan ustedes prestigiando nuestra música y la obra del poeta Vinicius de Moraes, quien ahora está siendo reconocido en Brasil como un gran hombre, además de poeta. Él fue nuestro padrino artístico, un gran músico, un gran artista, un hombre que va a estar en nuestra mente hasta el fin de nuestra vida y en la de todas las generaciones de todos los países del mundo entero.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA CYNARA DE SÁ.- [4]Muchas gracias por todo.

            Solamente me resta agradecer, porque, si no, de la emoción me pongo a llorar.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA CYBELE DE SÁ.- [5]Muchas gracias a todas las personas presentes.

            Me siento muy honrada por estar aquí en este momento tan especial.

            Solamente quiero decir que la música no tiene fronteras, que nosotros amamos al Uruguay, como todo Brasil lo ama, y que esperamos que ustedes sean un pueblo feliz, feliz, feliz para siempre.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra el señor Edil Marcelo Carrasco.

 

SEÑOR CARRASCO.- Señor Presidente: yo no voy a agregar un concepto más a los ya vertidos, porque creo que los Ediles que me antecedieron en el uso de la palabra dijeron todo lo que había para decir, pero sí queremos pasar de los regalos tangibles a un regalo intangible que nosotros le queremos hacer al Quarteto em Cy: la artista nacional Carmen Pi nos va a interpretar un par de temas, y se los queremos regalar a ustedes.

            Muchas gracias por venir. Es un honor que estén en este Parlamento de la Ciudad de Montevideo.

 

(Aplausos)

(La artista Carmen Pi interpreta dos temas de su autoría)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- La señora Edila Silva Aguiar hará entrega de un obsequio a la señora Carmen Pi.

 

(Así se efectúa)

 

______Hacemos llegar un saludo a su padre, el antropólogo Renzo Pi Ugarte, gran amigo de esta Casa.

 

(Aplausos)

 

______A continuación, los invitamos a pasar a la Sala de Exposiciones a brindar con las meninas.

 

(Hilaridad)

(Se suspende el registro de la versión taquigráfica)

(Es la hora 18:01)



[1] Versión traducida del portugués.

[2] Versión traducida del portugués.

[3] Versión traducida del portugués.

[4] Versión traducida del portugués.

[5] Versión traducida del portugués.