Recepción de Homenaje del Presidente de la JDM a trabajadores de “El Popular”

Celebrado el 4 de diciembre de 2009

 

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

 

(Se inicia el registro de la versión taquigráfica)

(Es la hora 15:05)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Dari Mendiondo).- Damos comienzo a esta recepción de homenaje que hacemos, en nombre de la Presidencia de la Junta Departamental de Montevideo y de la propia Junta ‑contamos con la presencia del coordinador de la bancada del Frente Amplio, el Edil Edmundo Estavillo‑, a ex trabajadores de un diario legendario de la prensa nacional que contribuyó enormemente a difundir las ideas progresistas, a reflejar las luchas del pueblo por la democracia y por la Constitución de la República, y cuyo último acto de vida fue precisamente el 9 de julio de 1973, cuando el lugar físico en que estaba instalado el diario ‑18 de Julio y Río Branco‑ fue invadido por las fuerzas militares, que derribaron con tanques sus puertas; los trabajadores y las trabajadoras allí presentes fueron duramente reprimidos, incluso compañeras embarazadas.

            Ese fue el cierre de una etapa histórica, la de una prensa de carácter obrero, popular y culto. Realmente podemos decir que los intelectuales que escribieron allí generaron una escuela de pensamiento en la vida política uruguaya. Podemos mencionar a dos de ellos: Atahualpa del Cioppo y Jesualdo Sosa; no quiero olvidarme de Armando González, de Ruben Yañez y de tantos otros: una inmensidad de hombres y mujeres de nuestra cultura que volcaron en las páginas del diario “El Popular” sus experiencias, sus ideas y también, por supuesto, sus pensamientos sociales, políticos e intelectuales.

El diario “El Popular” fue una gesta periodística de décadas; fenece como diario el día en que la dictadura tomó 18 de Julio y barrió con el pueblo en la calle. Luego empezó una nueva etapa para el pueblo uruguayo, que fue la resistencia a la dictadura, el pase a la clandestinidad de miles y miles de trabajadores, de obreros, de militantes de la izquierda, de militantes de partidos tradicionales que luego generan la convergencia en el exterior, la que luego se reflejó en un gran aluvión de pueblo que precipitó la caída de la dictadura. Muchos de los trabajadores de “El Popular” continuaron con la resistencia, imprimiendo y trabajando en lo que se llamó “Carta Popular”; otros fueron al exilio y otros a la cárcel. Pero podemos decir que esta fue realmente una epopeya de un sector de trabajadores que avivó la llama de la resistencia y que partía de una enorme experiencia en un diario que nació, creo, un 28 de enero de 1957.

            Damos la bienvenida al Edil Marcelo Carrasco, gran amigo del hijo de César Reyes Daglio, también hombre de prensa que fuera secretario del sindicato del Centro de Obreros Gráficos. Don César Reyes Daglio, fundador del Partido Comunista, era el padre de Carlos Reyes, gran amigo del Edil Marcelo Carrasco y gran inspirador de sus ideas; hoy el Edil Carrasco está aquí, con nosotros.

            Decíamos que no podía pasar desapercibida la significación de esa prensa que fue el diario “El Popular” y, en particular, el factor humano que la alimentaba. Con esos hombres y mujeres ‑parte de ellos están hoy aquí‑ la Junta Departamental de Montevideo contribuyó en la lucha que dieron por lograr la ley que les reconociese sus derechos; afortunadamente, se logró. Creemos que siempre será poco lo que hagamos por reconocer lo que ustedes han hecho, lo que ustedes han representado y lo que representan. Y no existe figura más emblemática de todo lo que han representado los trabajadores del diario “El Popular” que Aurelio González, a quien tengo sentado aquí, a mi derecha, aunque es un hombre de izquierda.

 

(Hilaridad)

 

_____ Aurelio es, realmente, un ejemplo de vida, de hombre de prensa, de fotógrafo, de militancia, de convicciones, de coraje, de valentía. A nuestro juicio ‑lo hemos conversado con algunos Ediles‑, la Junta Departamental de Montevideo debe proponer que se nombre a Aurelio González Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Montevideo, por todos sus méritos, que creemos son los de todos los trabajadores de “El Popular”, los de todos los trabajadores de la prensa, todos los fotógrafos que trabajan y han trabajado en la prensa ligados a la lucha del pueblo.

            Con estas breves palabras queremos dar la bienvenida a los trabajadores de “El Popular” e invitarlos a figurar en el libro de visitantes de la Junta Departamental de Montevideo, libro que abre el doctor Tabaré Vázquez y cierra Lilí Lerena de Seregni.

            Tiene la palabra el Edil Estavillo.

           

SEÑOR ESTAVILLO.- En nombre de la bancada del Frente Amplio, como coordinador de ella, quiero darles una calurosa bienvenida y decirles que me siento verdaderamente regocijado por este homenaje.

            Es muy difícil hablar después de Dari Mendiondo ‑siempre nos pasa lo mismo‑, porque él es un libro abierto, un conocedor de la historia, sobre todo de la historia del movimiento obrero del Uruguay. Pero quiero contarles una breve anécdota y hacer una reflexión sobre ella.

            El otro día, a impulso de la Comisión de Derechos Humanos, le hicimos un homenaje y solicitamos la declaración de Ciudadano Ilustre para el Pastor Emilio Castro. Muchos compañeros Ediles jóvenes me preguntaban quién era Emilio Castro. Durante el homenaje, el Pastor contó, a modo de reflexión, la anécdota de cuando fue a renovar el pasaporte a la embajada uruguaya en Suiza y la Embajadora, que en ese momento era la hermana del ex Presidente Pacheco Areco, le dijo que tenía orden de pedir autorización al Uruguay para extenderle el pasaporte. Él decía que esa autorización la estaba esperando hasta ahora, porque nunca llegó. Durante muchísimos años ‑hasta el advenimiento de la democracia en el Uruguay‑ tuvo que viajar con un pasaporte de apátrida. Contaba entonces lo doloroso que era andar por el mundo siendo un apátrida, es decir, sin tener patria, sin tener nación. Y decía el pastor Emilio que hoy el pueblo de Montevideo le devolvía lo que le había sacado la dictadura.

            Para nosotros, todos los homenajes que hacemos tienen ese carácter. También lo tiene, por supuesto, este que hacemos a los compañeros de “El Popular”. Nosotros, como trabajadores del medio obrero, como militantes sindicales que fuimos durante muchísimos años, supimos conocer el valor de “El Popular” acompañando las luchas de la clase obrera, y también sentimos la ausencia del diario durante muchos años después.

Yo no voy a hablar de anécdotas que ustedes conocen mejor que yo, porque las vivieron. Pero, realmente, estos homenajes tienen para mí ese carácter: mantener la memoria viva en todos los ámbitos ‑que los ciudadanos de Montevideo conozcamos esa historia‑ y devolver a todos los compañeros lo que la dictadura les robó. A ustedes les robó cosas materiales, como el trabajo. Quiso robarnos la dignidad, pero no pudo. Hoy, después de muchísimos años, la historia, que es porfiada, hace que ‑a veces pronto y, si no, como decía el compañero Salvador Allende, más tarde o más pronto, más pronto o más temprano‑ la verdad y la justicia resplandezcan y pongan a la gente en el lugar donde tiene que estar. A los otros también los pone donde tienen que estar. Son pocos; esperemos que sean más y que estén, sí, donde tienen que estar.

            Yo les agradezco muchísimo y agradezco, además, al Presidente de la Junta Departamental de Montevideo, Dari Mendiondo, por darme la oportunidad de estar aquí, con ustedes, y decirles esta palabras.

            Un abrazo grande a todos.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra el Edil Marcelo Carrasco.

 

SEÑOR CARRASCO.- Yo quiero dar la bienvenida a todas estas personas. Si bien a algunos no los conozco personalmente, creo que oí anécdotas de casi todos, porque pasé la mitad de mi vida escuchando hablar de historias de “El Popular”.

            Nosotros arrancamos con Carlos Reyes, que era compañero de papá en la Secretaría de “Polo” Bruera. Es así que conozco anécdotas de Carlos Reyes, del amigo Bouquet ‑me ha contado mil anécdotas‑ y de Vanrell; también de un gran amigo que hoy me llamó para decirme que no podía estar acá, Lenin de los Santos, y del “Gallego”, cuyas anécdotas son conocidas por todos.

            Nosotros empezamos a tener relación con todos ustedes hace un par de años, cuando pusimos una placa en el edificio Lapido.

            Verdaderamente es un placer tenerlos a todos acá y poder conocer a quienes formaron parte de esta historia. Y, entre paréntesis, nosotros, como nueva generación que está iniciando la carrera política, nos sentimos contentos de poder tener estos referentes.

            El hacedor nuestro ‑de mi familia, de mi viejo y mío‑ fue Carlos Reyes. Yo aún tengo recortes de artículos de Carlitos Reyes que sigo usando, porque están tan vigentes como si fueran de mañana. Es impresionante la pluma que había en este diario, el material humano que tenía “El Popular”. Los felicito por eso. También me felicito a mí mismo por estar con ustedes y le doy la bienvenida al eterno “El Popular”. Espero que los compañeros nos sigan enseñando a quienes tenemos la responsabilidad de trabajar en política.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra el señor Edil Carlos Tutzó.

 

SEÑOR TUTZÓ.- Voy a ser muy breve, porque el objeto de este homenaje no somos nosotros sino los compañeros.

            Simplemente quiero decir que concurrir a algo de “El Popular” es tremendamente emocionante, y lo es por tres razones. La primera, por una cuestión de formación personal; la segunda, porque “El Popular” tiene que ver con la memoria histórica de este país ‑memoria histórica que tanto cuesta rescatar, pero vamos avanzando‑, y la tercera, por el presente y el futuro de este país, que están ligados a esa memoria histórica y a los compañeros que están acá.

            Yo vengo de una familia que no era militante pero que compraba “El Popular”.
Recuerdo que una señora muy viejita lo llevaba desde el Buceo todos los martes y sábados, porque era cuando se miraba la cartelera para ir al cine. Mis hermanos y yo lo mirábamos, porque era lo que llegaba. Empezábamos mirando la página editorial, el dibujo, el poema y, como jóvenes que éramos, también los deportes. De a poco, mientras nos ensuciábamos las manos con aquella edición ‑porque uno se enchastraba todo‑, íbamos “cazando” algo. Después de leer “El Popular”, nadie podía negar que lo había hecho. Eso de alguna manera marcó a esa juventud. Éramos jóvenes que leíamos y aprendíamos algo de la vida en medio de las movilizaciones de trabajadores y estudiantes. “El Popular” nos ayudaba.

            Cuando ingresamos en la Juventud Comunista, “El Popular” se hizo lectura obligatoria de todos los días, no de martes y sábados solamente. Fue un gran orientador de nuestra labor, así como de la de miles de uruguayos.

            ¿Qué hacíamos? Nos levantábamos temprano, íbamos a comprar el diario, al mediodía escuchábamos a Enrique y con eso ya estábamos armados para todo el día. Después, el 9 de julio de 1973, tuvimos la suerte ‑o la desgracia‑ de participar no en la entrada al diario pero sí en esa gigantesca movilización popular.

            También nos recordamos ensobrando; en la mishiadura, los botijas de La Juventud íbamos a “El Popular” a ensobrar.  Trabajábamos y ayudábamos a los compañeros durante horas. También mirábamos con admiración esa inmensa maquinaria que imprimía el material de todo “El Popular”, así como el de sus sucedáneos durante la dictadura, como “Carta Semanal”. Para nosotros eran la continuación, dentro de su modestia, de “El Popular”. Por eso nos referíamos a la memoria histórica de un medio de prensa que tenía una orientación política que no se podía ocultar, que llegaba a miles y miles de uruguayos y que colaboraba, compartiéramos o no lo que  decía, en la discusión política en este país.

            Hoy podemos decir con orgullo pero con una modestia muchísimo mayor desde el punto de vista del tamaño, de los periodistas, etcétera, que en los quioscos de este país sigue estando “El Popular”, ya no como un diario sino como un semanario. Obviamente, no tiene el nivel del que hicieron los compañeros, pero trata de mantener viva una concepción y una historia que ustedes escribieron con letras de oro y que hoy nosotros escribimos con letras de estaño.

            Les doy las gracias a todos ustedes.

            Muchas gracias, señor Presidente, por permitirnos intervenir.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Quiero rematar esto con los siguientes comentarios.

Miro acá a Gadda y me acuerdo de su padre, Hermes Gadda; me acuerdo de Velia Ramírez, de Scorovich, cuyos padres conocí en la redacción de “Justicia” en la calle Uruguay. Miro acá a Couto Chassale y me acuerdo del “Tito” Chassale, de Gerardo Cuesta, esposo de Roma Chassale. Cuando entró “Perecito” le mostré la fotografía de Julio César Grauert, y me comentó: “Pensar que esa foto la tenía mi padre...”.

            Con esto pueden tener una idea de lo que es la acumulación histórica en el plano social y político del Uruguay. Las cosas se dan pero son producto de algo, de un proceso de acumulación.

Recién Marcelo Carrasco comentaba que Carlitos Reyes, secretario de Leopoldo Bruera en el Senado, trabajaba con José Carrasco. Cuando Luis Iguini se jubiló le dijo que no iba a ir más como asesor suyo a las Comisiones de Presupuesto en el Senado de la República. Entonces Bruera le pidió que le llevara a alguien que supiera, porque él no sabía nada sobre el Presupuesto General de Gastos de la República. Es así que le recomiendan a José Carrasco, y le advierten que era pachequista. Bruera dijo que, si sabía, no importaba. Al año y medio José Carrasco era frenteamplista. Entonces conoce a Carlitos Reyes, quien luego fue su secretario durante el período ’94‑’99, cuando fue Edil de la Junta Departamental. ¡Cómo la vida va haciendo vínculos, va creando relacionamientos!

Además, compañeros, tener un Einstein acá, entre nosotros, siempre es importante; es como tener la sabiduría.

 

(Hilaridad ‑ Dialogados)

 

______¿Cómo no acordarnos de López, allá en la 22, ese pintor loco, pero loco por las ideas? Era una maravilla, un ejemplo de vida en ese Cerrito de la Victoria. ¡Cuántas tradiciones hay y cuántas se esconden detrás de la historia del diario y de la gente que lo representa, que son ustedes!

            A Marino siempre le decimos “el paraguayo”, y él sabe bien por qué le decimos así. Fue compañero de Líber Arce.

            Los invito a firmar el libro; luego serviremos un refresco para disfrutar de este encuentro con ustedes.

 

SEÑOR EPSTEIN.- ¿Me permite, señor Presidente?

            Ya que flores van y flores vienen, quiero recordar que esto que se supone debe ser un homenaje a “El Popular” también es un homenaje a la Junta Departamental. Quiero recordar que en el año 2005, cuando iniciábamos todo el trabajo a efectos de ser amparados por la Ley Nº 18.033, no encontrábamos la forma para arrancar, y la que nos acunó en primera instancia fue la Junta Departamental de Montevideo; fue la primera caja de resonancia que nos hizo trascender ‑incluso en la prensa‑ para que se nos conociera como un grupo de gente que estaba intentando que lo que había sido una especie de ninguneo se convirtiera en un acto de justicia. Aquí, en esta Junta Departamental, iniciamos los primeros pasos; los compañeros lo deben recordar.

            Después vino el homenaje que nos realizaron aquel 9 de julio en la Avenida de 18 de Julio, en la puerta del edificio Lapido. A través de una minuta de aspiración de esta Junta Departamental se le pidió al Gobierno que se hiciera cargo de la situación que estaba atravesando la gente que se había quedado sin trabajo durante la dictadura y que nunca más había podido insertarse en el mercado laboral. Con los antecedentes que teníamos… No sé si no tenemos nada que ver con el arsenal que descubrieron en el Cerrito de la Victoria.

 

(Hilaridad - Dialogados)

 

______”El Popular” fue el órgano de la clase obrera de este país, el que decía todo lo que la prensa grande escondía. El segundo ‑que debió haber sido el primero cronológicamente‑ fue el diario de don “Pepe” Batlle, que tanto tiene que ver con la historia de nuestro país.

            No quiero que esto sea solamente un acto de justicia con los compañeros de “El Popular”. También quiero reivindicar a los políticos. La gente dice: “No me vengas a hablar de los políticos, por favor...”. Todos somos políticos cuando compramos un pan, cuando salimos a la calle, cuando levantamos una bandera, cuando festejamos algo.

            Mi agradecimiento a la Junta Departamental en la persona del Presidente actual, mi amigo Dari Mendiondo, y en la de los anteriores Presidentes, que también hicieron mucho por nosotros.

            Muchísimas gracias. Siempre reconoceremos este acto.

            Era todo lo que quería decir.

 

(Dialogados)

 

SEÑOR SCOROVICH.- ¿Me permite, señor Presidente?

             Yo estoy muy emocionado ‑los que me conocen saben cómo es mi carácter‑, y digo que estoy muy emocionado porque en estos pocos minutos que hemos estado acá, escuchando las palabras del Presidente de la Junta, de los demás Ediles, del compañero Uke, me vinieron a la cabeza recuerdos hermosísimos de hace muchísimos años. A los 14 años ingresé a “El Popular”, como tantos otros compañeros que éramos casi niños cuando empezamos a trabajar allí. En ese momento no sabíamos la trascendencia que tenía trabajar en “El  Popular” ni lo que este significaba, dada nuestra inexperiencia. Luego, con los años, fuimos mamando todo eso y supimos lo que significaba “El Popular”.

            Acá un Edil dijo algo muy importante: nos robaron las máquinas pero no nos robaron lo demás; no nos robaron ni la cabeza ni el corazón.

            Quería decir estas palabras y agradecer enormemente la idea de la Junta Departamental de recordar a “El Popular” y, en nosotros, a muchos compañeros que no están físicamente y a otros que están en el exterior pero que siempre estuvieron con nosotros. Todos fueron muy importantes para que “El Popular” llegara a ser lo que fue, y para que su archivo ‑y acá tenemos a Aurelio, que fue artífice del reencuentro con esas fotos‑ sirviera ‑ya se utiliza en las Universidades del mundo, así como en nuestro país‑ para mostrarle a mucha gente joven ‑entre ellos, Ediles‑ qué era “El Popular” y qué trascendencia tuvo.

            Por eso, en mi nombre ‑y creo que en nombre de todos los compañeros‑, quiero agradecer infinitamente a la Junta Departamental y darle un abrazo enorme al compañero Mendiondo, que siempre nos ha tendido su mano a la hora de plantear nuestras reivindicaciones.

            Muchas gracias.

 

SEÑOR GONZÁLEZ (Aurelio).- ¿Me permite, señor Presidente?

             Voy a ser muy breve.

            Agradezco a esta Junta y a Dari, que habla de nosotros, de “El Popular”. Fue un hombre ‑como varios compañeros que están acá‑ que pagó con años de cárcel, de tortura, de capucha, y nos pone a nosotros, trabajadores de “El Popular”, como ejemplo, cuando está lleno de ejemplos por todas partes.

            “El Popular” era un sentimiento. Los días, los años, a nosotros nunca nos pesaron. Jamás miramos el reloj para ver si nos teníamos que ir porque ya habíamos cumplido el horario; no, lo mirábamos para parar la hora, porque nos faltaba tiempo. Era realmente muy bonito. Es lindo trabajar cuando uno no siente el horario. Y no era un diario de salarios altos; no lo era, compañeros.

 

(Hilaridad ‑ Dialogados)

 

______Era un diario de salarios bajos y horarios largos. Sin embargo, todos los compañeros éramos felices trabajando en ese diario que, de alguna manera, estaba jugando un papel enorme: no existía la Central de Trabajadores; no existía el Frente Izquierda; no existía la Unión Popular, y aquel viejo y querido “El Popular” llegaba a las puertas de las fábricas para ver qué precisaban aquellos trabajadores que se organizaban, que luchaban, y nosotros, al otro día, lo reflejábamos. Pero muchos de los que están acá, que trabajaban en Administración, en Redacción, en Taller, en Fotografía o como periodistas, se llevaban los diarios bajo el brazo para vender “El Popular” en las puertas de las fábricas. Yo creo que no se ha dado nunca más una cosa de ese tipo; y nosotros lo hacíamos con un fervor... Era una competencia de compañeros, con una alegría enorme. Ese era el éxito de “El Popular”.

Y cuando llegó el golpe y hubo que ocupar, como tantos trabajadores de este país, algunos ocuparon su lugar de trabajo y otros salimos a registrar lo que estaba ocurriendo en las calles, en las fábricas, en los mercados, en los frigoríficos. Así vimos una realidad: este pueblo luchando, poniéndose al hombro la libertad de la gente. Los trabajadores fueron los primeros,  esas barriadas humildes, que nunca han tenido el beneficio de una buena iluminación ‑excepto ahora‑, o de un buen saneamiento, o de unas viviendas adecuadas. Aquellos trabajadores ‑también de salarios bajos muchos de ellos‑ salieron a defender la Constitución y la Ley, y pelearon como leones; incluso en fábricas donde había mujeres ‑ustedes saben que es así‑, éstas eran verdaderas tigresas. Cuando llegaban las Fuerzas Armadas vestidas a guerra ‑con esos uniformes manchados, con fusil y bayoneta‑, esas mujeres ‑muchas de ellas con sus bebés en brazos‑ salían a decirles que estaban ocupando porque estaban defendiendo su trabajo. Esa fue la realidad de este país. Y “El Popular”, de alguna manera, lo reflejó. Nosotros, como fotógrafos, lo único que hacíamos era sacar fotitos...

 

(Aplausos)

 

______...que luego la historia quiso que se convirtieran en algo, diríamos, casi bello.

            La dictadura quiso hacerse del archivo, pero no pudo. No voy a contar las historias, pero cuando preguntaron por el archivo no pudieron averiguar nada, no se les dijo nada. El archivo estaba escondido en un lugar muy difícil de llegar. Reitero, cuando ellos preguntaban dónde estaba el archivo, nadie les dijo dónde estaba. Algún trabajador, quizá de la construcción ‑al que, tal vez, nosotros le hicimos un reportaje o le sacamos fotos‑, cuando vio ese montón de latas en ese lugar oscuro, estoy seguro de que pensó: “Esto es un tesoro”. Y cuando agarró la primera lata ‑que pesaba‑, la movió y vio que sonaba como un sonajero, dijo: “Esto es un verdadero tesoro”. Y cuando abrió esa lata se encontró con que ese tesoro eran rollos de película. De alguna manera, era también un tesoro. Ese hombre no los entregó. Es más, las encontraron porque fueron a hacer reformas al lugar. Ese hombre, en vez de entregarlas, las metió por un ducto y las mandó desde el segundo piso al subsuelo. Fue así como estuvieron durante treinta y tantos años desaparecidas. Fíjense ustedes lo que es la historia, lo que se decía aquí, sobre que la justicia y la verdad siempre resurgen. Es como esa tierra que no da nada, que no da fruto, pero que cuando llueve, se abona y se trabaja, sí los da. Lo mismo pasó con esos negativos. Dieron su fruto un 31 de enero del 2006, después de 33 años y 8 meses, cuando descubrimos dónde estaban esos negativos desaparecidos.

            Resulta que yo sacaba fotos porque me gustaba y porque me sentía un campeón ‑que no lo era‑, y ahora resulta que mientras clasifico los negativos en la Intendencia ‑donde están depositados‑ siento como si fuera a ver una película maravillosa, porque está todo entreverado. Entonces, abrimos una lata y no sabemos lo que hay dentro, y resulta que de esa lata sale, como ocurrió el otro día, toda la gira del Frente Amplio cuando nacía. Se ve la primera gira en aquel viejo ómnibus de la Onda ‑los jóvenes no saben que la Onda era una compañía de ómnibus importante‑, y sale Seregni con los brazos levantados detrás del parabrisas y multitudes con banderas saludándolo. También hemos encontrado imágenes de cuando estuvimos en Rocha y nos destrozaron el ómnibus. Toda esa historia está ahí y para nosotros. Está como una historia no escrita ‑que tiene mucho valor‑ sino plasmada en fotos, que para mí tiene mucho más valor todavía porque son hechos, y más cuando están en negativo, ya que hoy en día se puede trucar mucho con las digitales.

Pero están los negativos que muestran a ese pueblo vibrante, con una esperanza enorme porque nacía el Frente Amplio para ser gobierno alguna vez. Compañeros, lo somos, tenemos otros cinco años más para seguir siéndolo y vamos a seguir profundizando.

Les quiero decir que me queda muy grande ese traje de Ciudadano Ilustre de Montevideo. Compañeros: creo que cualquiera de ustedes o en forma colectiva ‑como se está haciendo ahora‑ podrían ser homenajeados así. Simplemente agradezco esa distinción, y dejo claro que ese día, si llega, me voy a sentir realmente muy cohibido ante esa situación, porque soy un españolito que llegó aquí hace 60 años con una mano atrás y otra adelante. Yo llegué con un pantalón, una camisa y los zapatos; no tenía nada, ni familia. Es más, los primeros días dormí en la calle; sin embargo, que me rindan ese homenaje creo que es demasiado, compañeros. Igualmente, lo agradezco.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Quiero contarles una anécdota. Y si alguno estaba esa madrugada, puede corroborar que fue así.

            Yo trabajaba en Pesce y Simeone, ubicada en Daniel Muñoz, a cuatro o cinco cuadras de “El Popular”, ubicada en la calle Justicia, esquina Lima. El diario salía el 28 de enero de 1957, y nos dieron cupones para venderlo con anterioridad a los trabajadores de las fábricas, para entregar el diario, efectivamente, el día viernes, que era cuando salía.

            Recuerdo que en Pesce y Simeone éramos unos 70 trabajadores, y vendí 32 tiques.

En aquel entonces yo iba a trabajar en bicicleta; entraba a las 6:00 horas. Ese día llegué a las 5:30 a “El Popular”, y lo primero que veo es una montaña de papeles en blanco, que eran los que las rotativas estaban largando. Parados allí, sin hablar, estaban Alberto Suárez, Guillermo Israel y no recuerdo quién más. Entonces, digo: “Vengo a buscar el diario”, y me dicen: “El diario no salió, porque se rompió la imprenta”. Yo pensé: “¿Y ahora qué hago?”. Porque en la fábrica había gente que era muy amiga, pero había otra que te vivía criticando debido a que eras comunista: “Hacé esto, comunista”, o lo otro.

En la fábrica se había generado toda una expectativa por el diario. Toda una semana, diez, quince días, trabajando por el diario y llego sin él. Entonces, me dicen: “Che: ¿y el diario?”, y les respondo: “El diario no salió”. Me decían: “Comunista mentiroso, siempre lo mismo”, esto y lo otro.

 

(Hilaridad)

 

______Fue terrible. Se tuvo que traer a un técnico argentino, que siempre andaba con un cuchillo...

 

(Hilaridad)

 

______Bueno, aquí está el libro.

Tiene la palabra la señora Niurka Fernández.

 

SEÑORA FERNÁNDEZ.- Buenas tardes a todos los compañeros.

            La verdad es que felicito este homenaje que nos están haciendo a parte de los compañeros de “El Popular”. En este momento siento angustia porque no estamos todos: éramos 250 los funcionarios de “El Popular” y acá estamos un montoncito. Quizás hubo algunos que no se enteraron de la reunión, pero otros están desaparecidos y otros fallecieron.

            Lo que quería recordar no era sólo la época de la dictadura, sino todo lo que en su momento significó “El Popular” para la Central de Trabajadores, para la formación del FIDEL, del Frente Amplio, para la defensa de la revolución cubana. Sacábamos dos ediciones. Los jóvenes comunistas salíamos de noche a vender por todo 18 de Julio esa segunda edición. Cuando militaba en la Juventud, antes de entrar a trabajar en el diario iba por el barrio, en la 22ª, a vender. De esa forma nos acercábamos a nuestra gente, y no sólo íbamos formando a nuestros jóvenes, sino también tratando de traer gente hacia la izquierda.

            Creo que fue muy importante lo que significó “El Popular” a todo nivel, no sólo en la dictadura. Sufrimos todos, los cien compañeros, las trece compañeras que fueron presas. ¡Lo que nos robaron! El diario salía con partes blancas y partes escritas, porque nos censuraban.

Quería resaltar, entonces, la importancia que tuvo en todos esos años “El Popular” para el pueblo uruguayo. Ahí hubo contribución de todo el mundo: periodistas, linotipistas, los que trabajaban en las rotativas, en la administración, los que cuidaban el diario, todos; todos dimos todo. A veces no dormíamos 24 ó 48 horas para estar en el diario. Fue mucha gente la que formó ese diario, no sólo un periodista ‑que es muy importante porque, si no, no sale el diario‑, un fotógrafo ‑que es importante, porque, si no, no está la noticia plasmada‑, sino que había otros compañeros que eran muy importantes también.

            Reitero que quería destacar lo que significó “El Popular” para el pueblo uruguayo. Fue muy importante políticamente y ayudó a que llegáramos a tener hoy al Frente Amplio por segunda vez en el poder. Esto lo digo con mucho orgullo.

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Les agradecemos la presencia y damos por finalizado el homenaje.

 

(Es la hora 15:50