ACTO DE HOMENAJE

Celebrado el 13 de noviembre de 2009

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

SEÑOR PRESIDENTE (Dari Mendiondo).- Buenas tardes.

            Damos comienzo a este acto realizado a los efectos de declarar Ciudadano Ilustre al pastor Emilio Castro.

 

(Es la hora 17:05)

 

______Señor Intendente Municipal de Montevideo; señoras y señores Ediles; don Emilio Castro y familiares; invitados aquí presentes; personalidades; montevideanas y montevideanos: en esta tarde primaveral nos llena de emoción y de orgullo homenajear a la personalidad de don Emilio Castro, quien recibirá de parte del señor Intendente de Montevideo el título de Ciudadano Ilustre.

            El pastor Emilio Castro ya nos ha firmado el libro de personalidades que visitan la Junta Departamental de Montevideo, en cuya primera página figura la firma del doctor Tabaré Vázquez.

            Le cedo la palabra al señor Secretario General Adjunto, don José Bidegain, para que lea algunas adhesiones llegadas a la Mesa.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL ADJUNTO (Bidegain).- “Junta Departamental de Montevideo

            “Presente

            “Por intermedio de la presente agradezco la gentil invitación cursada por ustedes al acto de declaración de ciudadano ilustre al pastor Emilio Castro a realizarse el día 13 de noviembre del corriente.

            “Del mismo modo, les hago llegar las disculpas correspondientes por no poder asistir en virtud de compromisos asumidos con anterioridad.

            “Deseando el mayor de los éxitos, le saludo muy cordialmente.

            “Nelson Loustaunau

            “Subsecretario del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.”

           

Otra de las adhesiones dice:

 

“Montevideo, 13 de noviembre de 2009.

            “Señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo

            “Edil Dari Mendiondo

            “Presente

            “De mi mayor consideración:

            “La figura señera del pastor Emilio Castro trasciende en el tiempo, como un verdadero adalid en la lucha por los Derechos Humanos.

            “En su larga trayectoria ha sembrado valores espirituales, que nos alientan a seguir, a continuar el camino de la redención para la sagrada humanidad.

            “Reciba un fuerte y cálido abrazo

            “Rafael Michelini

            “Senador”.

 

            Antes de bajar para concurrir a esta sesión recibí una llamada telefónica del señor presbítero Julio César Elizaga, quien conoce al pastor desde el año 1950. Por problemas de agenda no pudo concurrir y me pidió que dejara especial constancia de su saludo.

            Nada más.

           

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Muchas gracias, señor Presidente.

            Muchas gracias, pastor Castro, por aceptar esta invitación del Parlamento de Montevideo.

            Los que aquí estamos y tenemos más o menos mi edad ‑que son más de 60 años‑ no sólo lo recordamos como un pastor de su Iglesia, cuidador de su rebaño, sino como aquel personaje equilibrado, sereno, educador, de aquel programa “Conozca su derecho”.

            Usted significa muchas cosas de las cuales yo me voy a referir sólo a un par. Todos los Ediles trataremos de ser breves para no cansarlo, aunque no porque usted no pueda estar acá; usted puede estar mucho rato, porque Dios está con usted y entonces no tiene problemas. Las cosas que voy a señalar, para mí ‑lo digo con respeto y humildad‑, son las que diferencian a un hombre común de uno especial.

            Los hombres comunes pasan por la vida y no dejan huella; los hombres especiales pasan por la vida y marcan la vida de los demás. Usted es un hombre especial porque ha marcado la vida de mucha gente en este Uruguay y en esta América Latina tan sufrida. Además, por lo menos para mí, es un símbolo de la libertad de conciencia, porque para usted nunca importó la creencia religiosa del otro, sino que  importó el otro. Es decir, no importaba que fuera ateo, judío, mormón, católico o vaya a saber qué: usted siempre abrazó a todos con el  mismo amor. Eso no debe de ser muy fácil y no lo puede hacer cualquier persona; se necesita tener una calidad de espíritu muy grande para poder hacerlo.

            Habría muchas más virtudes para destacar de usted. Con mucho atrevimiento ‑y con esto voy a terminar‑, quiero hacer referencia a un pasaje bíbilico, concretamente a cuando Jesús dice que debemos amar al prójimo como a nosotros mismos y que además debemos amar a nuestros enemigos. Amar a aquellos que nos aman por supuesto que es muy sencillo; pero amar a los que nos vituperan y demás, como dice el versículo bíblico, sí que es difícil, y para hacerlo hay que tener el alma muy cerca de Dios. Y usted, para mí, es capaz de amar al prójimo, yo no diría como a usted mismo, sino más que a usted mismo. Ojalá su ejemplo cunda en este momento en que algunos ánimos están tan alterados y sea una campana que resuene para que los uruguayos y las uruguayas aprendamos a amar al prójimo como a nosotros mismos, especialmente a los que piensan distinto de nosotros. Creo que únicamente así se puede logar no sólo la paz en la sociedad, sino la paz espiritual, tan difícil de lograr.

            Finalmente, humildemente le pido que me bendiga pastor, porque me hace mucha falta.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- En nombre de la bancada del Frente Amplio, tiene la palabra el señor Edil Edmundo Estavillo.

 

SEÑOR ESTAVILLO.- Muchas gracias, señor Presidente.

            Antes que nada quiero agradecer la presencia de todas y de todos los amigos del alma que lo conocen personalmente a usted, pastor, y la de aquellos que, como yo, lo conocen por haberlo seguido a lo largo de toda su historia. Lo admiramos permanentemente y tratamos de saber de usted en momentos muy oscuros, cuando era muy difícil saber de las otras personas.

            Queremos decir, muy brevemente, que este homenaje que le hace el señor Intendente Municipal de Montevideo al declararlo Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Montevideo es absolutamente merecido. La Junta Departamental de Montevideo y, en especial, nuestra Comisión de Derechos Humanos acompañaron la iniciativa desde el momento en que se enteraron de ella. Muchos amigos, que quisieron quedar en el anonimato, vinieron muchas veces hasta aquí por este tema, en especial una amiga, a quien tengo que agradecerle muchísimo lo hecho y a quien no voy a nombrar para no herir su sensibilidad, pues me pidió que no la nombrara. También debemos agradecer la posibilidad de realizar este acto al doctor Javier Miranda ‑con quien trabajamos intensamente‑ y al señor Intendente Municipal.

            Yo diría que todos los nombramientos de Ciudadano Ilustre de Montevideo han sido efectivamente merecidos: artistas, músicos, hombres de la literatura, toda gente que ha contribuido a engrandecer esta ciudad y este país, pero en lo más íntimo de mi corazón siento por primera vez qué merecido está este homenaje que se le hace hoy a usted, pastor Castro.

            Como decía la Edila Glenda Rondán, acá hay muchos Ediles jóvenes que no lo conocen de la época de aquel programa de televisión que salía en Canal 10 y que nos atrapaba, “Conozca su derecho”, con Reisch Sintas. En ese programa se realizaban polémicas hermosas, con respeto, con altura, profundas, que en nuestra juventud nos hacían pensar sobre temas que todavía no habían despertado nuestro interés. A través de ese programa y de su palabra nuestro interés se despertó y desde entonces empezamos a hacernos hinchas del pastor Castro; no digo que ya lo admiráramos, sino que éramos sus hinchas, como si se tratara de un cuadro de fútbol. En esas polémicas importantísimas se tocaban el tema del aborto, de la mujer, de la violencia doméstica, temas que eran muy raros en aquella época y que hoy están en el tapete y se discuten abiertamente.

            He leído algunas cosas sobre el pastor Castro y quiero hacer algunas referencias, sobre todo para los más jóvenes. Quiero decirles que el pastor Castro ha sido uno de los factores fundamentales ‑no el único‑ de la lucha por la paz en el mundo. El pastor Castro ha estado muchas veces con los grandes líderes del mundo: con Fidel Castro estuvo tres o cuatro veces; con Nelson Mandela estuvo no bien salió de la cárcel. Nuestro pueblo a veces olvida esas cosas y debemos ponerlas nuevamente en el tapete y en la memoria de todos.

            Leyendo una anécdota que el pastor cuenta en un libro que escribieron dos de sus amigos y colegas se me ocurrió la idea de que el pastor Castro puede ser definido como un obrero de la paz; ha sido un obrero de la paz, y esto no ha sido casualidad. De niño vivió en aquel viejo Cerro con su padre ‑de nacionalidad chilena‑, militante obrero perteneciente al Partido Colorado, batllista cuando el batllismo estaba pleno de realizaciones e impulsaba las leyes más modernas que no se conocían en Sudamérica como, por ejemplo, la que permitió votar a la mujer.

            El pastor Emilio Castro cuenta dos anécdotas que yo me voy a permitir repetir acá. Una era que cuando iba a buscar a su padre al café ‑“Papá, vamos que mamá te llama”, decía “Tito” Cabano y definía perfectamente bien esa situación que hemos vivido sobre todo los niños de aquella época‑, y a veces su padre venía gritando: “¡Viva Alessandri! ¡Viva Batlle!”. Eso a mí me tocó muy hondo en el corazón.

            Otra anécdota que leí, realmente maravillosa, me hace pensar que en ese momento comenzó a modelarse la arcilla de un hombre extraordinario como es usted, pastor Castro. Usted relata que un día su padre cae enfermo y aparece un compañero del sindicato al cual él pertenecía con la caja del sindicato para que pudieran pagar el alquiler. Allí se da cuenta ese niño, no en abstracto sino en la realidad, de lo que es una asociación de obreros, los valores profundos de solidaridad que esa clase tenía. Yo creo que ese barro modeló al pastor Emilio Castro y lo hizo ser lo que fue.

            El agradecimiento más profundo para usted, pastor, muchas gracias por ser y por estar acá.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Queremos destacar la presencia en esta Sala de figuras distinguidas que nos hacen recordar lo que fue la diáspora, la lucha del pueblo uruguayo en el mundo por las libertades y por la democracia, en la cual el pastor Emilio Castro jugó un papel fundamental. Destacamos la presencia de la señora Susana Sienra de Ferreira Aldunate; de su hijo, el ex Senador Juan Raúl Ferreira; del ex Diputado León Lev; del ex Rector de la Universidad Rafael Guarga; de la escribana Hyara Rodríguez; del señor Defensor del Vecino, Fernando Rodríguez; de la ex Subsecretaria de Relaciones Exteriores Belela Herrera. En fin, agradecemos la presencia de distintas personalidades que destacan, dan luz y también representan una cuota de lo que fue la resistencia del pueblo uruguayo a la dictadura, y de lo que fueron los encuentros de todos los que estábamos contra la dictadura en el país ‑presos‑ y en el exilio. El pastor Emilio Castro fue una especie de Erasmo de Rotterdam, ya que todos iban hacia el pensador que reflejaba la solidaridad en el mundo.

            Quiero finalizar mis palabras, para darle la posibilidad al señor Intendente de que realice su oratoria, diciendo que de esa audición televisiva que se veía en aquel entonces en el primer canal del país, que fue Canal 10 ‑y no estoy pasando ninguna tanda, sino tratando de ser objetivo‑, habría que destacar a quien estará siempre en nuestros corazones: me refiero a Manuel Liberoff y a aquel otro abogado, también general, Arturo Baliñas, que  formó parte de ese equipo de Canal 10 que debatía, que escarbaba, porque en aquella sociedad uruguaya se estaba abriendo un nuevo camino, un nuevo rumbo, que era la posibilidad de colocar ideas frontales de transformación y de cambio, y ellos fueron protagonistas.

            Saludo también al doctor Javier Miranda ‑a quien sabemos cuánto afecta todo lo que hemos hablado aquí‑ y al ex Intendente Mariano Arana, quienes también nos acompañan hoy.

            Le doy la palabra al señor Intendente de Montevideo, doctor Ricardo Ehrlich.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR INTENDENTE DE MONTEVIDEO (Ricardo Ehrlich).- Señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo; estimados Ediles y Edilas; autoridades presentes; querido Emilio; familiares; amigos y amigas de Emilio Castro: en este recinto, en este ámbito nos hemos encontrado muchas veces para reconocernos en ciudadanos y ciudadanas a través de su trayectoria, por lo que significan y han significado para la sociedad. Eso es importante, porque nos enriquece; encontrarnos y reconocernos en uno de los nuestros o en una de las nuestras nos lleva a sentirnos mejor, nos lleva a sentir el potencial, la capacidad que tenemos en nuestra sociedad.

            Yo creo que todos sentimos que en el encuentro de hoy, en el reconocimiento que vamos a hacer en pocos minutos, hay algo más. Nos reconocemos en el pastor Emilio Castro, nos reconocemos en su trayectoria, en su obra, pero creo que también nos proyectamos con él hacia el futuro. No sólo reconocemos su trayectoria, sino que este encuentro de hoy con Emilio aquí es también pensar en ese futuro que estamos construyendo.

Sin dudas, Emilio es un hombre de fe, un hombre de paz que se comprometió siempre con su tiempo y con su gente en el lugar en el que estuviera y a la hora que fuera. Fue un protagonista central de esos tiempos complicados, pero llenos de sueños. Cuando miramos el pasado y recordamos los dolores, las penas, también tenemos que recordar que estábamos llenos de sueños y de proyectos. Los Ediles que hablaron de aquel famoso programa de televisión nos mostraron que estábamos todos pendientes de las ideas, de los sueños, de los proyectos, de los debates, sentíamos que estábamos con posibilidades de construir un futuro distinto que no fue. Nos tocaron horas difíciles, y ahí el pastor Castro, Emilio, estuvo siempre al lado de todos. Más allá de sus gestos, de sus esfuerzos a nivel ecuménico, todos nos sentíamos amparados y protegidos por la imagen, por la palabra, por el gesto, por la fuerza que Emilio tenía y transmitía; yo creo que eso fue bien entendido.

Emilio Castro compartió, como tantos uruguayos, los golpes de la dictadura. Pero después la historia siguió y una parte de nuestro pueblo conoció el exilio, el destierro, y ahí Emilio Castro fue nuevamente pastor de su pueblo, fue un referente, fue una guía; sabíamos que estaba allí y todos nos sentíamos protegidos y amparados por la voz, por la palabra, por el gesto de Emilio Castro.

Sin dudas, es un hombre justo en el sentido pleno, bíblico, de la expresión; fue un hombre de su tiempo, de nuestro tiempo, pero es un hombre del presente. En el exilio se descubre lo que significa la pena del destierro; al lado de las muchas penas que sufrimos como sociedad, sufrimos la pena del destierro, pena que también tiene algo bíblico. Lo vimos en forma muy clara, lo redescubrimos cuando empezamos a construir una sociedad, una ciudad sobre el principio del derecho a la ciudad, sobre ese principio esencial de tener un lugar para vivir, un lugar donde vivir, un lugar donde hacer la vida; el destierro es justamente la negación de todo eso. Creo que todos aquellos que en distintos rincones del planeta sintieron o recibieron la mano tendida de Emilio Castro pueden dar testimonio de cómo eso ayudó a mantener también los sueños de esa patria dispersa.

Pero hoy, Emilio, estamos reconociendo tu trayectoria, tu pasado, y en ti la trayectoria y el pasado de muchísima gente que estuvo a tu lado, mucha gente de religión, de fe, de distintas confesiones, que estuvieron a tu lado y que caminaron contigo de la mano. Hoy en Emilio estamos reconociendo la promesa de ese futuro que estamos construyendo. Para nosotros sos un símbolo de ese país, de esa sociedad, y también de esos sueños que no sólo siguen vigentes ‑con otros males y con otras dificultades‑, sino que sentimos que los estamos construyendo. Eso le da a este sencillo reconocimiento una significación especial para todos nosotros.

La ciudad de Montevideo, la gente de Montevideo, mujeres y hombres que nos reconocemos en ti nos sentimos tremendamente honrados cuando te designamos, en nombre de todos nosotros, Ciudadano Ilustre de Montevideo.

Muchísimas gracias, Emilio, por lo que hiciste y por lo que representas para nosotros en nuestro país.

Muchas gracias.

 

(Aplausos)

(El Sr. Intendente entrega al pastor Castro la medalla de Ciudadano Ilustre)

(El Sr. Presidente de la Junta Departamental de Montevideo entrega al pastor Castro un presente por su trayectoria)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Tiene la palabra, ante sus feligreses, amigos y compañeros, el distinguidísimo pastor Emilio Castro.

 

SEÑOR CASTRO.- Tengo la impresión de que la persona de que estaban hablando perdió el avión y no llegó, y acá estoy yo recibiendo todo este cariño, despertando tantos recuerdos, sintiendo la gloria de vivir en esta ciudad. Permítanme compartir con ustedes la emoción particular que tiene para mí este momento.

Un buen día me presento al Consulado uruguayo en Ginebra para renovar mi pasaporte y la Cónsul, hermana del ex Presidente Pacheco, me dice: “Pastor, le ruego que me disculpe, pero esta mañana recibimos un télex de Montevideo diciéndonos que no podíamos renovar pasaportes sin la autorización previa de Montevideo”. Yo dije: “No hay ningún problema; proceda como corresponde”. ¡Años pasaron antes de que llegara la respuesta! Ni negativa ni positiva. Entonces, yo era un don nadie suelto en el mundo. El Gobierno suizo me dio un documento que me daba la categoría de apátrida. ¿Saben cómo suena? Me hiere esa palabra. En inglés le llaman “sin Estado”; eso es más sencillo. Pero que le quieran robar a uno la esencia de su identidad, el lugar y el pueblo donde nació; que por decisión del mandamás de turno uno paseara por el mundo mostrando en cada puerto, en cada aeropuerto el documento que decía que uno no tenía raíces, que no pertenecía a ningún lado... Y cuando recibí la noticia de esta decisión de la Junta Departamental y de la Intendencia, esto volvió con una fuerza tremenda. Acá los representantes del pueblo uruguayo me están diciendo: “Tienes tu patria. Eres nuestro. Eres ciudadano”. Y ese honor, esa gloria, no hay poder en el mundo que pueda robármelo, que pueda tocarlo. Entonces, es por lo largo de ese periplo que vivo este momento con profunda gratitud.

            En realidad, el título de ilustre habría que dárselo a la ciudad de Montevideo, porque fue en ella donde aprendimos lo esencial de la convivencia, lo que nos capacitó para luchar por la paz y por la comprensión. Todo eso lo aprendimos en las calles, en los barrios de Montevideo. Lo que nos abrió el mundo fueron los inmigrantes, los exiliados políticos, que encontraban en el Uruguay un lugar donde vivir, donde afincarse, donde reconstruir su vida. Los partidos de fútbol en la calle eran con el vasco, el ruso, el judío; cada uno de ellos representaba oleadas de población de ese pueblo uruguayo, y eran los nuestros, éramos nosotros. Aquí aprendimos a recibir tanto la patada artera como el saludo cariñoso, pero en un clima de pertinencia recíproca de todas las nacionalidades del mundo, y de aquí salimos para el mundo hechos ciudadanos. Por eso digo que la ciudad es la que nos ilustra; ella es la que nos dio la formación para la vida y en la vida, en sus calles, sus escuelas, en los comedores de AUPI ‑la Asociación Uruguaya de Protección a la Infancia‑, aún en la vida política tradicional.

¿Cuán a menudo hemos criticado el clientelismo de los partidos tradicionales? Pero yo pude pasar de la escuela al liceo porque un Diputado colorado me mandó con una tarjetita a la librería Monteverde a buscar los textos de primer año de liceo. Ese era un puente imposible de pasar para la gente de mi condición. Entonces, eso que llamamos clientelismo ha sido el sistema paralelo de ascenso social y ha funcionado cuando no podía hacerlo la familia por falta de relaciones, cuando no había profesionales en la casa. La sociedad había inventado mecanismos de corrección de esas injusticias. Que esos mecanismos cumplieron su obra, que hay que cambiarlos, que hay que mejorarlos, es cierto. Que eso tiene que institucionalizarse, que organizarse, de acuerdo. Pero no seamos malagradecidos con una sociedad que de una y otra manera nos ayudó, nos proyectó hacia adelante. De allí que ‑repito‑ el título de ilustre debe ser para esta comunidad humana, a la cual ustedes sirven y de la cual ustedes son los representantes.

            Por todo ello, muchísimas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Queda levantada la sesión.

           

(Aplausos)

(Es la hora 17:40)