ACTA Nº 1.472

 

En Montevideo, a los veinte días del mes de octubre de dos mil nueve, siendo la hora dieciséis y ocho minutos, celebró SESIÓN EXTRAORDINARIA, la JUNTA DEPARTAMENTAL DE MONTEVIDEO, bajo la Presidencia de:

 

DON DARI MENDIONDO, Presidente y

DOÑA TERESITA AYESTARAN, 2ª Vicepresidenta

 

Secretaría de los señores: Alejandro Sánchez, Secretario General y Hugo Ubilla, Secretario.

 

Con la asistencia de los señores Ediles:

 

TITULARES

 

MERONI, JORGE                                  SÁNCHEZ, JAR

CALANDRA, MARIO                            FACCHINETTI, ANGEL

CURUTCHET, ÓSCAR                       OSTA, GUSTAVO

FERRER, PABLO                                 NIEVES, DANTE

MARTÍNEZ, LUIS                                  CANTERO, FITZGERALD

MACHADO, EDGARDO                       BRUM, BALTASAR

ESTAVILLO, EDMUNDO                   GRAFFIGNA, DANIEL

RONDÁN, GLENDA                                

 

 

SUPLENTES

 

                                 

ESCOBAR, CRISTINA                        PÉREZ, CONSUELO

 

En uso de licencia los señores Ediles Susana Pereyra, Cristina Ferro y Aníbal Gloodtdovsky.

 

 

SEÑOR PRESIDENTE (Dari Mendiondo).- Habiendo número en Sala, damos comienzo a la sesión extraordinaria convocada para la tarde de hoy.

 

(Es la hora 16:08)

 

HOMENAJE AL EX PRESIDENTE DON JOSÉ BATLLE Y ORDÓÑEZ A 80 AÑOS DE SU DESAPARICIÓN FÍSICA.

(EXP. Nº 2009-1236)

 

______Por Secretaría se dará lectura a las licencias solicitadas.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Alejandro Sánchez).- Vamos a dar lectura a dos solicitudes de licencia y a algunas adhesiones llegadas a la Mesa con motivo de esta sesión extraordinaria.

           

La primera de ellas dice así:

 

“Señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo, Edil Dari Mendiondo. De mi consideración:

 

            “Por intermedio de la presente solicito, por razones particulares, licencia en el día de la fecha”.

 

            “Sin más, saluda atentamente,

 

            “Cristina Ferro”.

 

            La siguiente dice así:

 

“Señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo, Dari Mendiondo. Presente.

 

            “Solicito a usted se me conceda licencia el día 20 de octubre de 2009 por razones personales.

 

            “Saluda atentamente,

 

            “Aníbal Gloodtdofsky”.

 

            Asimismo, nos ha llegado una nota que dice:

 

“Señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo

 

“De mi mayor consideración:

 

“Tengo el honor de dirigirle la presente con el fin de felicitar y agradecer a ese Cuerpo el homenaje que le rinden a José Batlle y Ordóñez a 80 años de su desaparición.

 

“El Uruguay no puede explicarse hoy sin él. Fue, sin duda alguna, uno de los hombres políticos más importantes de nuestra historia. Un visionario que siempre miraba al futuro.

 

“Hoy, al felicitarlos por la iniciativa nos permitimos a su vez recordar sus palabras expresadas en 1918 que, con seguridad, marcarán nuestro camino en el futuro: ‘Se abre una época nueva en nuestra historia. El Partido Colorado actuará en ella con una libertad, con una independencia de acción que nunca ha tenido y podrá ennoblecer su historia y enriquecer su programa con nuevos actos de progreso e ideales cada vez más definidos’.

 

“Saluda a usted Atte.

 

“Pedro Bordaberry

 

“Secretario General del Partido Colorado”

 

(Ocupa la Presidencia la señora Edila Teresita Ayestarán)

 

______La siguiente nota dice:

 

“Sr. Presidente de la Junta Departamental

Dari Mendiondo

 

“De mi mayor consideración:

“No pudiendo acompañarlos tal como hubiera querido en este homenaje a José Batlle y Ordóñez, quiero hacer llegar a Usted, a la Junta Departamental, a todas y a todos los presentes un muy cálido y fraterno saludo.

 

            “En momentos singulares en que nuestra sociedad se prepara para definir el rumbo que seguirá el país en el futuro, recordar la figura de Don José Batlle y Ordóñez es sin duda un acto de particular significación. Su figura es emblema de una etapa histórica, fundacional, en la que el Uruguay, a través de profundas reformas estructurales orientadas a la ampliación de derechos y la construcción de un Estado al servicio de la gente, marcó por décadas la construcción de un Uruguay en el que hombres y mujeres de los más diversos sectores de la sociedad tuvieran igualdad de oportunidades, derechos y responsabilidades.

 

“Hoy, el recuerdo de José Batlle y Ordóñez es una referencia ineludible a la hora de mirar hacia el futuro y comprometernos con la construcción de una sociedad cada vez más humana, justa y solidaria.

 

            “Reciban un fuerte abrazo”.

 

La nota está firmada por el señor Intendente Municipal de Montevideo, Ricardo Ehrlich. 

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra el señor Edil Fitzgerald Cantero.

 

SEÑOR CANTERO.- Muchas gracias, señora Presidenta.

 

            A nosotros nos gusta recordar más las fechas agradables, como los natalicios, pero sin duda no podíamos dejar pasar estos 80 años de la desaparición física de don José Batlle Ordóñez que se están cumpliendo en el día de hoy.

 

            Vamos a hablar de un hombre que tiene un sitial de privilegio en nuestra historia, y para muchos de nosotros en nuestras vidas y en nuestras acciones futuras.

 

            José Gervasio Artigas es el mejor de todos los orientales, y José Batlle y Ordóñez es el mejor de todos los Presidentes orientales. Ante esa figura estamos. Una figura de estas características genera elementos que nos atraen la atención y nos habilitan a hablar horas sobre su vida, su obra, su pensamiento, su ideología. Para muchos de nosotros el batllismo es una ideología; una ideología que tiene más de cien años y está totalmente vigente.

 

            Quiero señalar un motivo estructural que demuestra la permanencia del batllismo, y otro, coyuntural. Este último es el de la crisis financiera internacional que se desató hace un año.

 

La salida que se vislumbra en estos momentos se da por el lado del Estado, porque el Estado debe ser el que equilibre e iguale las relaciones que se dan en una sociedad; es el Estado el que está cubriendo las fallas que el mercado por sí genera. Las fallas del mercado y del sistema capitalista que nos rige deben contar con un Estado atento que ampare, que proteja, que controle, que regule. El batllismo no es sinónimo de un Estado omnipresente, pero sí lo es de un Estado que garantice que no haya sectores avasallados ni sectores avasallantes.

 

            El otro elemento, el estructural, está dado por soñar el porvenir. Siempre habrá batllismo mientras haya batllistas que estén proyectando el futuro y adelantándose a él.

 

            Podemos hablar de la faceta juvenil de Batlle, de su personalidad autodidacta, de sus profundos estudios, por ejemplo, de los clásicos. Inspirado en Aristóteles, sobre todo en su teoría de las revoluciones, proyectó un país de clase media donde los extremos no fueran tan fuertes, porque los extremos no son buenos para la sociedad. Luchó para que la brecha entre ricos y pobres fuera pequeña y se igualara para arriba.

 

            Podemos hablar de su faceta como periodista, de sus brillantes columnas y editoriales firmados por él o bajo un seudónimo. Podemos hablar de su amor por la vida, de su lucha contra los juegos en los cuales eran castigados los animales, como por ejemplo las corridas de toros, la caza de palomas, las riñas de gallos. También luchó contra el boxeo. Del mismo modo, podemos hablar de su permanente preocupación por los derechos de las mujeres, por la educación, por los derechos sociales. Podemos hablar del creador de una organización partidaria que está basada en la libertad, en el voto secreto, en las asambleas, en el debate permanente.

 

            Fue un hombre de diálogo y dispuesto a confrontar ideas siempre. Basta con leer las actas de las Convenciones coloradas en las que debatía ‑lejos de abusar de su poder‑ de igual a igual con sus pares.

 

            Voy a dar lectura, señora Presidenta, a la declaración política que hizo la Convención Nacional del Partido Colorado ante su fallecimiento, acontecimiento que hoy recordamos. La declaración dice así:

 

La Convención del Partido Colorado, apreciando en todo su alcance la inmensa pérdida que la muerte del Sr. José Batlle y Ordóñez significa para la causa de todos los que sufren injusticia social y de todos los que aspiran al progreso nacional, declara ante el país que el Partido Colorado, cuya más alta autoridad inviste, continuará su marcha por el mismo camino y hacia los mismos destinos que Batlle eligiera, sin más alteración que la de redoblar los esfuerzos para la consecución de los altos ideales que constituyen la razón de ser de nuestra colectividad política.

 

            “Todos los ciudadanos de buena intención tienen un puesto en nuestras filas. Aquellos que antes nos acompañaron, queden para ratificar su actitud. Aquellos con quienes antes no contamos, vengan ahora para que puedan reparar en lo futuro el doloroso error que cometieron al no acompañar a Batlle durante su vida, en la generosa obra de mitigar dolores, reparar injusticias, iluminar con la verdad y la ciencia todos los espíritus y enaltecer la condición humana allí donde hubiese un hombre, sin preguntarle quién era, de dónde venía, adónde iba, qué pensaba, qué creía, bastando su necesidad de amparo para que fuera ayudado.

 

            “La ideología y la organización batllista serán mantenidas en todo su principismo. Será en lo futuro nuestro partido lo que deba ser para honrar dignamente su pasado. El país entero sabe, así, cuál será nuestra conducta y cuál la meta que anhelamos alcanzar.

 

            “Y ahora a cada ciudadano patrióticamente inspirado, que quiera enaltecer su acción cívica en la excelsitud de la ideología de que Batlle fue maestro y cultor, toca solidarizarse íntima y firmemente con el futuro de nuestro partido, a fin de mantener lo conquistado, realizar lo programado y completar nuestras aspiraciones de mejoramiento nacional.

 

            “Llegamos del pasado cargados de laureles: nos ponemos en marcha para aumentar esa gloriosa carga.

 

            “Todos los que están agobiados por la injusticia son nuestros protegidos.

            “Todos los que no están cegados por el prejuicio nos esperan. Con estas palabras de Batlle afrontamos el porvenir. Viejos y nuevos correligionarios: preparaos para vencer”.

 

            Señora Presidenta: a 80 años de su fallecimiento, Batlle y Ordóñez sigue y seguirá constituyendo para nosotros, batllistas y colorados, un desafío a mejorar constantemente y una referencia para mirar con optimismo el futuro. Batlle y Ordóñez sigue y seguirá siendo para todos los orientales un orgullo y un ejemplo a seguir.

 

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra el señor Edil Carlos Iafigliola.

 

SEÑOR IAFIGLIOLA.- Gracias, señora Presidenta.

 

            En primer lugar, quiero hacer referencia a que somos quienes vamos a hablar en nombre del Partido Nacional, y por ello deseamos agradecer a los compañeros que nos dieron esta representación para adherirnos a este sentido homenaje que se hace con motivo del 80º aniversario del fallecimiento de don José Batlle y Ordóñez.

 

En el momento en que el coordinador de nuestra bancada, el Edil Daniel Graffigna, me trasmitió esta designación, sentí como un doble desafío. Varias veces hemos participado en homenajes en esta Junta Departamental para hacer referencia a hombres y prohombres de nuestra patria, pero en este caso el desafío era doble: en primer lugar, porque teníamos enfrente a don José Batlle y Ordóñez, un hombre que tuvo enfrentamientos duros con el partido en el que milito, el Partido Nacional; y, en segundo lugar, señora Presidenta, porque también fue un rival duro de la Iglesia Católica, que es la iglesia en que milito.

 

Cuando a uno le toca hacer referencia a algunos de esos hombres o prohombres de nuestra patria debe hacer una síntesis de lo que ha visto en los libros y de lo que le han trasmitido sus mayores, y en esa síntesis me siento muy cómodo al representar hoy a mi partido pues sé que se está homenajeando con justicia a uno de esos grandes hombres que ha tenido nuestra patria, a una de las figuras políticas públicas más importantes que ha tenido nuestro país en la primera mitad del Siglo XX.

 

            Estamos homenajeando a don José Batlle y Ordóñez, hombre que estuvo dos veces en la Presidencia de la República. Mi abuelo materno, de gran militancia batllista, lo definía como un gran Presidente.

 

            Don José Batlle y Ordóñez fue, sin lugar a dudas, uno de esos Presidentes que llevó adelante una democracia fuerte basada en un Estado fuerte, arraigada, también, en la clase media de nuestro Montevideo.

 

            Homenajeamos al Presidente don José Batlle y Ordóñez que desarrolló fuertemente la industria en nuestro país; al Presidente que llevó adelante, como decía recién, ese modelo de Estado fuerte, protector, que hizo que por esos tiempos se pudiera ir definiendo a nuestro país como la Suiza de América.

 

            Homenajeamos al José Batlle y Ordóñez que con esa visión de Estado fuerte abordó los temas económicos de la vida del país, y de ahí la gran participación en la nacionalización del Banco de la República Oriental del Uruguay; fue quien nacionalizó los ferrocarriles, el creador del Banco de Seguros del Estado y de UTE.

 

            Otra faceta muy importante en la vida de don José Batlle y Ordóñez mencionada recién por el Edil preopinante fue su papel de comunicador. A uno le cuesta aceptar algunos momentos de su participación en el diario “El Día”, del cual fue fundador. Quizás a la luz de la historia uno no los comparta, pero sin duda fue desde ese diario que después se luchó por la libertad y por la democracia en períodos bastante oscuros de la vida de nuestra patria.

 

            Recordamos hoy, en el 80º aniversario de su fallecimiento, al don “Pepe” ‑y perdónenme, pero creo que muchos lo han conocido como “Pepe”‑ de las leyes sociales, una de las facetas que más conocemos. Quizá fue uno de los elementos más fuertes de su actividad política pública el llevar adelante leyes sociales que cambiaron, en parte, la visión que se tenía sobre el trabajador, dándole el lugar que le correspondía, achicando la jornada laboral, amparándolo más, exigiendo a los patrones el seguro por accidente. Realizó un despliegue de leyes sociales que amparaban al trabajador, pero también ‑como recién decía el Edil Cantero‑ se ocupó de la defensa de los derechos de la mujer, un tema también muy importante. Si a don “Pepe” Batlle se lo pudiera definir haciendo referencia a un solo tema ‑cosa que en realidad no es posible‑, yo lo definiría como el Presidente de las leyes sociales de nuestro país.

 

            Señora Presidenta: para ir terminando, más allá de esas diferencias que yo marcaba en el plano filosófico y religioso de algunos momentos de la vida de don José Batlle y Ordóñez ‑ni que hablar de lo que fueron los duros enfrentamientos con monseñor Mariano Soler‑, en estos tiempos tuvimos la oportunidad de escuchar anécdotas de hombres de fe, de hombres de la Iglesia que marcaron algunas facetas interesantísimas de don José Batlle y Ordóñez y quería, simplemente, contarlas.

 

            Recuerdo una de ellas. Cuando fue elegido el Papa León XIII, don José Batlle y Ordóñez le envió una carta felicitándolo, y cuando León XIII fallece decreta en nuestro país duelo nacional. Esto, más allá de las afirmaciones que hoy hacía, muestra una faceta suya muy interesante. También cabe destacar la traída desde Turquía a Uruguay de los restos del hermano de un sacerdote, el padre Cúneo, cosa que hizo con mucho cariño.

 

            Por último quiero hacer el cuento ‑que muchos de ustedes conocen‑ de lo que fueron sus últimos días en el Hospital Italiano, que en ese tiempo estaba comandado por las Hermanas Capuchinas. Cabe destacar esa relación de sus últimos tiempos, especialmente con una hermana italiana que estaba al frente del hospital. Esa relación tan fuerte hizo que don “Pepe” tuviera la gentileza de entregarle a esa hermana, durante muchos días, un ramo de rosas por lo bien que estaba siendo cuidado. Ella siempre le decía que eran para la Virgen, y él le contestaba: “En realidad, yo se las regalo a usted; usted haga lo que quiera con ellas”.

 

(Hilaridad)

 

______Esa misma hermana fue quien lo tuvo en sus brazos en el momento de partir, y después lo acompañó en el cementerio para despedirlo.

 

            Señora Presidenta: desde el Partido Nacional adherimos plenamente a este sentido homenaje, porque estamos frente a un hombre de nuestra patria que tuvo gran adhesión popular, un gran caudillo, un gran líder del histórico Partido Colorado, que dejó, sin duda, una huella que se ve hasta el día de hoy. Hoy son muchos, dentro y fuera del Partido Colorado, que se dicen batllistas, y eso es porque la obra, el pensamiento y la acción de don José Batlle y Ordóñez dejó una huella muy fuerte en la vida de nuestra patria.

 

            Muchas gracias, señora Presidenta.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Gracias, señora Presidenta.

 

            Aunque para los demás compañeros que no integran el Partido Colorado pueda resultar una cosa sencilla hablar de don José Batlle y Ordóñez, no lo es. Hablar de Batlle y Ordóñez nos pone, en primer lugar, en una circunstancia de muchísimo respeto, en segundo lugar, de mucha reflexión, y, en tercer lugar, de una profunda emoción.

 

            Quienes sentimos, creemos, aseguramos que somos batllistas sabemos que en nuestra espalda cargamos una mochila muy pesada, porque contiene los principios, las enseñanzas, las luchas de don José Batlle y Ordóñez. Para cargar esa mochila con dignidad hay que cumplir realmente con esas cosas tal como si fuera una religión. No se trata de que sea un dogma sino, como dijo el Edil Cantero, de una ideología, que es lo que necesariamente debe sustentar a un partido político: si no está esa ideología, no está el partido político. Entonces, es obligación de cada uno de los que nos sentimos batllistas, de los que asumimos el compromiso, de los que hacemos una especie de acto de fe, conservar esos principios como un conjunto de elementos sagrados ‑no incambiables, porque la historia tiene coyunturas que requieren, de pronto, otras cosas‑ de los que no se debe abdicar nunca si se tiene dignidad.

 

            Es difícil definir a Batlle y Ordóñez. El discurso del Edil Fitzgerald Cantero fue realmente estupendo, pero yo lo voy a enfocar por otro lado, porque acercarme a lo que hace un politólogo, señora Presidenta, para mí es muy difícil. Yo lo voy a hacer desde los sentimientos y desde mis convicciones.

 

            Si yo tuviera que definirlo diría que fue un revolucionario de su tiempo, con dos vetas: fue el revolucionario que tomó las armas en la Revolución del Quebracho, y fue el revolucionario capaz de modificar el país, de hacer del Uruguay un país moderno, como muy bien lo dice Vanger en su libro. Pero además de ser un revolucionario fue un hombre con una profunda convicción en cuanto a todas aquellas cosas que hacía. Por eso era tan sereno, señora Presidenta: porque estaba seguro de lo que estaba haciendo. Tenía un coraje inmenso, no sólo para llevar adelante sus ideas, sino también ‑y eso es lo más difícil‑ para admitir cuando se equivocaba y corregir aquello que entendía que debía hacerse de otra manera. Además, tenía una profunda decisión, con la que abrazaba sus principios republicanos y democráticos.

 

            Sus dos grandes maestros fueron Ahrens y Krause. Ellos le imprimieron, además de toda la ideología del batllismo, un sentido profundo del humanismo. De allí surgen todas las cosas que señalaron los Ediles preopinantes, porque detestaba cualquier forma de violencia, no sólo contra las personas, sino también contra los animales.

 

            Era un hombre profundamente humanista, y eso fue lo que lo llevó a preocuparse tanto por la mujer. Tuvo una sabiduría que pocos hombres en el Gobierno son capaces de tener. Profundizó, buceó, se metió dentro del alma femenina, y eso no es fácil, señora Presidenta, porque las mujeres no somos iguales a los hombres. Él supo desgranar los sentimientos de las mujeres, esos deseos, esas frustraciones, de tal manera que nos dio cosas importantísimas, como la Ley de la Silla, para que las mujeres se pudieran sentar en tanto trabajaran; la Ley de Hijos Naturales, para que los hijos que nacían fuera del matrimonio tuvieran igual derecho que los hijos legítimos y los bienes que les correspondían; la Ley de Divorcio por la sola voluntad de la mujer. Aquí voy a hacer una digresión, porque se dice que Batlle hizo esta ley para poder casarse con Matilde, lo que no es cierto: ya estaba casado hacía mucho tiempo porque Michaelsson había muerto, pero no quería que nadie pasara por lo que él había pasado. Porque aquella sociedad pacata repudiaba a doña Matilde, y las damas, que seguramente se sentían muy puras y muy pulcras, eran capaces de retirarse de un lugar cuando el Presidente de la República entraba con la mujer que amaba.

 

Si hay algo en lo que yo defino a Batlle es en el amor, y no sólo en el amor al ser humano, a su patria, a los hombres y mujeres del Uruguay ‑a todos por igual‑, sino por el amor que le tuvo a esa mujer, que en esa época le hizo transgredir todas las normas y echarse encima todo lo que estaba en contra. Pero cuando el amor, señora Presidenta, es realmente fuerte, no hay absolutamente nada que lo detenga.

 

            También nos dio el derecho a votar, y eso no es poca cosa; cierto es que esto tuvo un impulso enorme en nuestro país y después nos fuimos quedando.

 

            Quisiera destacar, con palabras de Batlle, algunas cosas que me parecen bien importantes; algunas de ellas ni siquiera son políticas, señora Presidenta, sino que tienen que ver con eso que hace de un hombre o de una mujer política un ser humano. Esto es bajarlo del bronce para ponerlo a la altura de lo que somos todos los demás, porque eso son todos los grandes hombres que ha prohijado esta patria.

 

            Cuando todavía no tiene ninguna relación con Matilde, le escribe a su hermano y le dice:

 

“¡Qué mujer Matilde! Si yo fuera capaz de amar y ella no estuviera ligada a otro hombre por un vínculo indisoluble; ¡oh! ¡Qué puesto tan alto yo daría en mi corazón! Pero no soy nada de esto y una amistad sincera y tranquila, me la hace apreciar tal vez mejor de lo que la apreciaría de otro modo”.

 

            Es decir que, aun amándola, no lo dice porque entiende que no es pertinente. Estos son los primeros destellos del amor en el corazón de este hombre, que amó y con todo, señora Presidenta; amó con el alma, pero también con el cuerpo, con esa fuerza y con esa pasión que caracterizó a Batlle y Ordóñez.

 

También quiero hacer referencia a uno de los grandes dolores de don “Pepe”, porque sufrió la pérdida de su mujer pero, antes, la pérdida de una hija. Él dice así:

 

“Yo adoraba la alegre y dulce luz de su sonrisa, la honda serenidad de la mirada, la majestad de las líneas helénicas, el timbre cariñoso de la voz, la claridad y la bondad de su alma... yo descansaba de la lucha al contemplarla; el único orgullo de mi vida, era mi esperanza de un dulce anochecer de mi existencia”.

 

            No pudo lograr eso, señora Presidenta, porque obviamente no murió en brazos de Matilde ni de Ana Amalia. La vida le reservó otras cosas, y uno sabe que puede escapar de muchas cosas, pero no del destino.

           

Quiero detallar otra cosa, prácticamente para terminar, y es con respecto a la cultura, esa respecto a la que en general los gobernantes hacen un poco la vista gorda. Cuando hay que recortar presupuestos, se recorta la cultura, y eso ocurre en todos los Gobiernos. Batlle dice lo siguiente:

 

“Lo que se emplea en la generalización de la cultura intelectual, por ejemplo, no es un gasto reproductivo. Son capitales que no dan intereses en dinero. Pero es un aspecto de progreso moral, que no debe quedar fuera de la iniciativa de los hombres de gobierno”.

 

A Batlle le importaban esos hombres y mujeres a los que les había dado la Ley de Ocho Horas,  fundamentando, entre otras cosas, lo que llamaba el ocio creativo, esa libertad de poder descansar ‑sin tener que trabajar‑ para tener la capacidad de crear.

 

            Por último, tantos años de estudio de don “Pepe” me han llevado a concebirlo en su totalidad, y quiero expresar algo. Era un hombre laico, pero no era un hombre contrario a ninguna religión: entendía que la religión no debía ser parte del Estado. Por eso, para nada me llaman la atención las palabras del Edil Iafigliola, porque relata cosas que sucedieron. Pero,  filosóficamente, partiendo de Ahrens y de Pons, era humanista; por lo tanto, era espiritualista y deísta. De ahí su famoso poema “Como se adora a Dios en un altar”.

 

            Batlle era un deísta; creía en Dios, pero no en ninguna religión. Creía en esa conjunción profunda del hombre y de lo que el hombre cree. Por eso, cuando separa la Iglesia del Estado hay algo muy interesante para destacar ‑y son palabras de Batlle‑:

 

“El Estado no sostiene religión alguna; reconoce a la Iglesia Católica el dominio de todos los templos que hayan sido construidos total o parcialmente con fondos del erario nacional. Declara también exentos de toda clase de impuesto a los bienes destinados o consagrados al culto de las diversas religiones”.

 

Son normas que hasta hoy en esta Junta Departamental mantenemos exonerando a todas las comunidades religiosas. Separó la Iglesia del Estado, pero no como en otros lugares del mundo en los que se arrasó con los bienes de la Iglesia: los respetó, porque era un hombre que respetaba todas las ideologías, todas las filosofías, todas las religiones. Y quizás en eso radique, por lo menos para mí, la profunda admiración a un hombre inmensamente tolerante en medio de su pasión. Porque es muy sencillo ser tolerante cuando una persona es serena, pero él era un hombre extremadamente apasionado.

            Me gustaría leer algo, porque creo que se ajusta a estos días en que no sabemos qué es lo que va a pasar este domingo después de que se abran las urnas.

 

Luego de una derrota sufrida por Batlle, él dice lo siguiente:

 

“Son vaivenes de la política (...) en las democracias se vence o se es vencido. Lo hecho está hecho. Ahora debemos solamente preocuparnos de salir lo mejor posible de esta derrota”.

 

Es decir que la derrota debería ser para nosotros, mujeres y hombres políticos, eso. Como yo he militado siempre en la Lista 15 y tantas veces he perdido con Batlle, he aprendido a hacer mía esa frase: hay que ver cómo se sale.

 

            En la Casa del Partido Colorado había un señor ‑ya fallecido‑ de apellido Terradas, a quien conocimos Jar Sánchez, Dante Nieves, Osta, el padre de Fachinetti y los que somos medio veteranos o que tuvimos padres muy vinculados al Partido. Ese señor había conocido a Batlle y Ordóñez y siempre nos contaba historias de don “Pepe”, preciosas todas ellas. Hoy, 20 de octubre, que para mí es un día doblemente especial, quiero terminar con la frase que gritaba la gente a voz en cuello ‑según nos contaba don Terradas, como le decíamos nosotros‑ acompañando ese entierro multitudinario. Esa gente que se volcó a la calle, sin lugar a dudas, señora Presidenta, no debería ser toda batllista: era el pueblo uruguayo que acompañaba a un gran Presidente, a un gran caudillo y a un gran hombre, a un estadista para esta América Latina. La gente gritaba: “¡20 de octubre, 20 de Batlle, vive Batlle!”

 

            Muchas gracias, señora Presidenta.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra el señor Edil Baltasar Brum.

 

SEÑOR BRUM.- Señora Presidenta: ochenta años de la muerte de Batlle son, sin duda, ochenta años de perspectiva de la obra de Batlle.

 

            Batlle es claramente un hombre y sus circunstancias. Es un hombre que vivió su época, su momento histórico, con la mayor profundidad, con la mayor pasión, pero sustantivamente con la mayor serenidad de proyectar un país hacia adelante. Don José Batlle y Ordóñez fue esencialmente un republicano, don José Batlle y Ordóñez fue esencialmente un demócrata, pero, fundamentalmente, don José Batlle y Ordóñez fue un visionario que supo proyectar el Uruguay hacia el futuro.

 

            El Uruguay de esa época, a comienzos de los años locos, era apenas un pueblo, un pueblo que despertaba con sangre porque salía de guerras, que despertaba en la enemistad, en la diferencia, porque las guerras y las diferencias habían sido profundas. Don José Batlle y Ordóñez tuvo una sola causa y una sola meta: unir a los uruguayos; construir una patria profunda y unitaria; construir un Uruguay para todos, para nuestros hijos y para los hijos de nuestros adversarios. Don José Batlle y Ordóñez rompió con una tradición del Uruguay: la que enfrentaba hermanos contra hermanos, la que hacía que se mataran entre hermanos, que el que pensaba diferente era el enemigo. Rompió con esa tradición para crear una nueva tradición, que es que aquel que piensa diferente a nosotros es parte de nosotros mismos, es parte de la esencia de nuestro país, y sustantivamente es parte del posible progreso de este país. Era impensable para don José Batlle y Ordóñez, era absolutamente impensable para don “Pepe” un país que no incluyera a todo el mundo: a los que pensaban diferente, a los que promulgaban ideas diferentes, a los que provenían de distintas clases. Pero además era impensable construir un país que no fuera capaz de albergar a aquellos que habían nacido en diferentes lugares, porque también construyó aquel Uruguay en base a todos aquellos que a veces por motivos económicos pero muchas veces por motivos filosóficos eran expulsados de su país. Don José Batlle y Ordóñez les abría las puertas a todos. ¿Para construir qué? Para construir ideología; también lo hacía para eso.

 

            Don José Batlle y Ordóñez tuvo la visión de darse cuenta de que los países monocircunstanciales, los países de monopensamiento eran países que no se desarrollaban. Los países que mantenían una sola filosofía, en los que había un solo vencedor, en los que había una sola visión de país no se desarrollaban; solamente se desarrollaban y se impulsaban hacia el futuro aquellos que sabían amalgamar las diferencias, porque en las diferencias estaba la riqueza de los países. Así supo traer anarquistas expulsados de otros de países; así supo incluir en los Gobiernos a aquellos que pensaban diferente; así supo respetar filosofías ‑aun en la discrepancia‑ de personas que venían de otros países. Esa es la esencia del batllismo; ahí está el legado de don “Pepe” Batlle, que es la tolerancia y la posibilidad de proyectar el país hacia adelante. Créanme que esa es una deuda que tenemos los uruguayos de hoy; esa es la deuda de los uruguayos de hoy.

 

Yo creo, al mirar la perspectiva histórica, la esencia, que lo más importante a rescatar en la figura de don “Pepe” Batlle es que aquellos que pensamos diferente podemos construir una patria a futuro. Eso es lo que tenemos que salir a pensar después de este homenaje a don José Batlle y Ordóñez. Podemos hablar del don José Batlle y Ordóñez que construyó carreteras, que construyó bancos, de las leyes sociales, de las grandes obras, pero la gran obra de don José Batlle y Ordóñez fue la construcción de un Uruguay republicano, en el que todos estamos orgullosos de vivir, en el que todos podemos convivir, en el que podemos sentir y disentir, pero sustantivamente podemos amalgamarnos para construir algo hacia el futuro.

 

            Don José Batlle y Ordóñez pudo proyectar un país hacia el futuro en el que cabían todos, no importaba lo que pensaran, no importaba de dónde vinieran, no importaba de qué color fueran. Ese país era para todos. Creo que eso es la esencia del pensamiento batllista, y la esencia de lo que tenemos que rescatar. No hay más enemigos, sino adversarios. Acá hay adversarios y vamos a discutir hasta que las velas ardan ‑como decía don José Batlle y Ordóñez‑ porque siento que tengo la obligación de construir un país con quienes piensan diferente.

 

            Es muy fácil estar en un lugar donde todo el mundo piensa igual; es muy fácil estar en una discusión en la que todo el mundo le dice amén al otro; lo difícil es construir lo otro, porque eso es lo que proyecta el Uruguay hacia el futuro. El Uruguay fue el país más desarrollado de su época, porque supo amalgamar a quienes pensaban diferente. Mientras otros se mataban porque pensaban que dios venía de tal lado o de tal otro, el Uruguay supo amalgamar las diferencias. Yo creo, reitero, que esa es la esencia del batllismo, y creo que es la esencia que tenemos que rescatar todos.

 

            Este domingo en las calles de Montevideo, cuando todos los partidos políticos levantábamos nuestras banderas en esa gran fiesta cívica que se vivió, le hicimos honor a don José Batlle y Ordóñez. El domingo que viene, cuando todos votemos y acatemos la resolución de las urnas, también le estaremos haciendo un gran homenaje a don José Batlle y Ordóñez.

 

            Quiero terminar diciendo algo que se dijo en la Convención del Partido Colorado ese 30 de octubre frente a la muerte de su gran líder ‑hay que imaginarse lo que era esa Convención‑, de esa gran proyección que había tenido el Partido Colorado, de aquel gran conductor que había muerto. La verdad es que uno lee las actas y percibe que no había una gran tristeza en la Convención. Por supuesto que había una gran pena por lo sucedido, pero también un sentimiento de esperanza, porque Batlle era eso: un sentimiento de esperanza. Ese sentimiento de esperanza era saber ver hacia delante, hacia el futuro. Allí un convencional dijo: “Yo creo que el acto de hoy reafirma la convicción unánime de que la muerte de Batlle, lejos de producir el desmedro en nuestras filas, servirá para cohesionarlas y engrandecerlas, porque de él nos queda lo más grande y lo mejor: el tesoro de sus idealidades generosos y el ejemplo magnífico de su vibrante abnegación altruista”.

 

            ¡Arriba los corazones, y viva Batlle!

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra la señora Edila Consuelo Pérez.

 

SEÑORA PÉREZ (Consuelo).- Muchas gracias, señora Presidenta.

 

            En este homenaje por los ochenta años de la muerte de José Batlle y Ordóñez debo expresar que para mí es un profundo orgullo sentir que soy una mujer batllista. Batlle formó el modelo de la sociedad en que vivo, y eso lo he llevado con muchísimo orgullo durante todos estos años.

 

Creo que José Batlle y Ordóñez dejó en este país algunas marcas. Muchas veces hablamos de las marcas uruguayas que dejó la época del batllismo, que llegaron hasta nuestros días y que se proyectan hacia el futuro. Sin lugar a dudas, estas marcas están vivas en la gente y parecería que, aun habiendo sido hechas hace tanto tiempo, son parte hoy de nuestra cultura.

 

Quiero poner siete ejemplos de cosas que él hizo que para mí representan el amor al prójimo que él sentía. En primer lugar, mi querida amiga, la Edila Glenda Rondán, hablaba de la llamada Ley de la Silla, que significó la obligación de dotar a los ambientes en los que trabajaban mujeres del número de asientos suficientes para que todas las trabajadoras pudieran sentarse durante la jornada. Fíjense que esto se mantiene al día de hoy; en nuestros autobuses podemos ver que hay un asiento reservado para el guarda, y en los ascensores de nuestro país hay un banquillo para el o para la ascensorista.

 

En ese entonces fueron prohibidos todos los espectáculos que se basaran en la crueldad ejercida sobre los animales. Quedaron prohibidas para siempre las corridas de toros, el tiro a la paloma, las riñas de gallos, y para él el boxeo era una mala palabra.

 

Se empezó a formar la gran cadena de mujeres y sus enormes luchas. Fue uno de los primeros propulsores de la protección a la mujer en lo que tiene que ver con violencia doméstica, y estableció el divorcio a favor de la parte más débil: hubo divorcio por sola voluntad de la mujer, la cual así pudo liberarse de una gran carga para su tiempo.

 

Fue suprimida la pena de muerte, un avance que aún hoy no pudo imponerse en todo el mundo. En ese mismo sentido, se estableció la posibilidad de la libertad condicional para superar y suavizar la dureza de muchas sentencias judiciales. Estoy hablando, sin lugar a dudas, de su gran amor al prójimo.

Se estableció en la Constitución, y rige en nuestra política exterior, el arbitraje obligatorio, sin excepciones, para distender los conflictos internacionales. Cuan presentes están hoy estas realidades.

 

Se creó una asignación universal: las pensiones a la vejez que no se otorgan en virtud de los aportes a la seguridad social, sino por el mero hecho de residir en mi querido país, el Uruguay, haber cumplido los 65 años y no tener recursos.

 

Se creó una segunda asignación universal: todos los habitantes del país faltos de recursos quedaron habilitados para exigir al Estado los alimentos necesarios o un techo bajo el cual abrigarse, lo que dio en llamarse el derecho a los medios de vida. Sin lugar a dudas, señora Presidenta, usted verá que son las marcas que rigen la vida de los uruguayos.

           

No quiero extenderme demasiado ‑es mucho lo que se puede decir‑, pero sí quiero señalar que siento que él modificó el ser nacional, el ser de mi país. Por eso dije al empezar que Batlle había hecho época. Batlle fue el más grande educador. Educó cambiando el fuero íntimo de la gente. Innovó en la ordenación de los valores. Modificó el ser nacional, que es la única manera de cambiar los países. Batlle hizo gente nueva. La patria no es otra cosa que un conjunto de afectos y de rechazos compartidos, y en ese fondo misterioso Batlle sigue presente en lo que amamos, con tal fuerza que nos va la vida en esto.

           

Muchas gracias.

           

¡Viva Batlle!

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra el señor Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Muchas gracias, Presidenta.

 

            En nombre de la bancada del Frente Amplio asumimos la responsabilidad, y les agradezco a mis colegas, a mis compañeros, por adherir a esta iniciativa del Edil Fitzgerald Cantero, del Partido Colorado, de hacer una sesión especial en torno a la personalidad de don José Batlle y Ordóñez.

 

            Efectivamente, como dice la Edila Glenda Rondán, no es fácil hacer una semblanza, abarcar en el análisis una personalidad tan trascendente en la vida política nacional, en la historia del país, en la historia del continente americano. Podemos ubicarlo al lado de los grandes de América: de Mariátegui, en Perú; de Mitre, en Argentina; o de los grandes héroes como Martí, Bolívar, O’Higgins, Tiradentes y, por supuesto, del padre de nuestra patria, don José Gervasio Artigas, porque la personalidad de José Batlle y Ordóñez trasciende el Uruguay, es un hombre de continente y del mundo. Él supo traer de Europa, en sus años juveniles, contactos, experiencias, conocimientos, que trató de adaptar a la realidad de nuestro país, país que, como bien decía el Edil Fitzgerald Cantero, en aquel entonces era una aldea; había casi un millón de habitantes en todo el Uruguay. Además, era un país que venía de profundas guerras civiles, como fríamente relata Hudson en su libro “La tierra purpúrea”; un país que, aunque salía de dos dictaduras militares terribles, como fueron las de Latorre y Santos, podía empezar a construir una civilidad y una democracia republicana basada en los principios elementales de los tres poderes del Estado.

 

El país también luchaba por abrir campo a lo nuevo que surgía en el mundo: las técnicas; las técnicas de producción, las técnicas en el transporte. Aparecen en Uruguay los ferrocarriles. Los saladeros pasan a ser sustituidos por sistemas de enfriamiento de las carnes: los frigoríficos; hay barcos frigoríficos que van hacia el mercado europeo, particularmente al mercado inglés. Asimismo, también se va desenvolviendo una industria nacional, nativa: en Uruguay se empiezan a producir cosas para el consumo interno, a través de industriales, artesanos y grandes iniciadores de las formas de producción, que le fueron dando al país una capa social que nos ha ido identificando como un país de capas medias. A su vez, generó la base de un Estado basado en una concepción liberal, pero no liberal ortodoxa, sino liberal progresista; se ha dicho que estaba inspirada en el liberalismo de George, de origen norteamericano. También en Estados Unidos, luego de la gran guerra civil de 1865, se abría un marco de afirmación del país como potencia industrial.

 

Entonces, había diferentes concepciones. ¿Hasta dónde la propiedad privada debía ejercer el dominio y el control absoluto de la producción, del intercambio y, por supuesto, de las ganancias que generaba ese proceso productivo? ¿Cómo el Estado debía influir y participar de tal manera que protegiese, por un lado, al capital y, por otro, al eslabón más débil en esa cadena productiva, que eran las masas trabajadoras? Batlle, como bien decía la Edila Rondán, adhería a la concepción filosófica de Krause, pero la filosofía de Krause era panteísta, no monista. Se puede decir que Krause también bebió y se nutrió de esa filosofía alemana tan poderosa, tan arraigada en esa Europa medieval, y luego en esa Europa que se descubría en la frontera del desarrollo del industrialismo moderno y del advenimiento de las capas burguesas, con la Revolución Francesa. Nietzsche, Schopenhauer, Hegel... Hay algo de Hegel en Krause. Batlle adopta precisamente esa filosofía de la naturaleza del espíritu y del humanitarismo, por eso concibe un Estado no absoluto, un Estado que comparta con el capital la esencia del desarrollo nacional. De ahí las teorías sociales de Batlle y Ordóñez, compartidas por los socialistas de la época y no compartidas por los anarquistas, porque todo transcurre en un cuadro de grandes contradicciones: contradicciones en las ideas, contradicciones en el espíritu, contradicciones en los fines; quizás en los medios había acuerdo, pero no había acuerdo en los fines. Entonces, de ahí surge la inmensa personalidad de don Emilio Frugoni, crítico de Batlle y, a veces, su aliado. La teoría de Batlle de un país con un Gobierno colegiado, inspirada en las mejores experiencias europeas, apuntaba a romper con esa experiencia negativa del autoritarismo, del militarismo, del absolutismo en el Estado, y lo acercaba a posiciones socialistas, aunque desde el punto de vista filosófico Frugoni era marxista y Batlle era krausista.

 

Claro, ustedes se preguntarán cómo este hombre que habla tan bien de Batlle no es krausista. Porque yo creo que habría que haber ido más lejos, un poco más lejos, en la teoría de la filosofía, en la interpretación de la realidad, de la naturaleza, de la sociedad, del mundo, de la historia y del papel decisivo que los hombres juegan en la producción. Teniendo en cuenta ese papel que juegan los hombres en la producción es que me hice adepto a las teorías de Engels y de Marx, discípulos de Hegel, quien fue el descubridor de la concepción dialéctica de la vida. Como decía Heráclito, nadie puede bañarse dos veces en las mismas aguas de un río: todo fluye, todo cambia, todo se transforma. Ese cuadro de filosofía y de construcción de un país... Porque tenemos que ver qué era Montevideo. Ahí tenemos la declaración de 1828 en Río de Janeiro, cuando Brasil y Argentina, con el aval de Lord Ponsonby, declaran que la Provincia de Montevideo ‑según dice textualmente‑ se regirá por un sistema electo por las diversas poblaciones sin participación del Ejército. El Ejército quedará en la muralla, dentro de esta muralla de la calle Ciudadela, y las poblaciones elegirán a sus delegados para generar una Constitución, la cual se resolvió en 1830: la Constitución de los tres poderes de Montesquieu, inspirada naturalmente en el republicanismo de la revolución francesa y en la revolución norteamericana.

           

Ese cuadro de formación del país, de identidad, ¿se concebía en el camino de una filosofía radical, o en el de una filosofía que contemple los aspectos radicales y los aspectos conservadores que tiene el desarrollo de la sociedad? Se puede decir que Batlle quedó ahí, y nos ha dado ‑como aquí se ha dicho‑ una nación con un Estado afirmado, con una concepción democrática, con una concepción progresista que aprendió en su juventud.

 

            No voy a referirme a la visita de Batlle a Buenos Aires, cuando tuvo que irse del país porque lo amenazaron de muerte. Batlle no fue sólo un joven idealista, sino que también fue un combatiente. Él estuvo en la guerra del Quebracho: era capitán; combatió; fue prisionero; terminó en la cárcel, y sufrió la prisión junto con sus compañeros. Hay una carta de Santos a José Batlle y Ordóñez que dice:

 

“Sr. Dn José Batlle y Ordóñez

 

Pte.

 

“Querido toro de Veragua

 

            “Te remito el Boletín de la Nacion, por la cual verás que á tu simpatico Másimo Peres lo (...) en el Paso de Mazangano. Ten los por seguro que como el Chaná acabarán todos Vds: principistas jodidos, perros de los Ramírez, etc. 

 

         “Ojalá no tengas tu que verte algun dia en una condición paresida no haga el diablo que te dé por realizar alguno de esos sueños de revolusion que no te dejan dormir, ó pesadillas que te paran esa cabellera troyana y erissan tu bigote filosófico.

 

            “Tuyo

 

            “Santos”

 

            ¡Dios me salve de esos cariños!

 

(Hilaridad)

 

______En ese cuadro tuvo que irse a Buenos Aires.

 

            No voy a describir toda la entrevista que le hace el periodista argentino. Pero dice:

 

“Su aspecto simpático, sus modales suaves y el tranquilo método de su raciocinio, no denotan al hombre de pasiones vehementes;” ‑al que se refería la Edila Glenda Rondán‑ “pero las líneas enérgicas y bien determinadas de su rostro dicen con claridad que hay allí elementos suficientes para la formación de su carácter vigoroso. José Batlle y Ordóñez figura en primera línea, entre los jóvenes de su patria...”.

 

            Luego dice:

 

“Después del último movimiento revolucionario ‑en que tomó parte, organizando aquí en Buenos Aires un batallón” ‑todavía existe ese cuartel donde se organizaban los jóvenes en 1886 para cruzar en lanchones el río Uruguay y dar la batalla en el Quebracho‑ “con la mejor juventud montevideana, José Batlle creyó que si la columna revolucionaria había perecido en el Quebracho, la idea de la revolución quedaba triunfante en el espíritu público” ‑se perdió en lo material, pero se ganó en la conciencia; eso fue así‑ “y que si nada habría que hacer ya con el remington del soldado, mucho podía hacerse aún con la pluma del periodista. Creía también que el santismo reaccionaría después de aquel esfuerzo popular, y que tal vez los hombres de pensamiento contribuirían a esa reacción con una propaganda moderada”.

 

De ahí surge esa gran iniciativa, ese gran baluarte de la lucha por las ideas que fue el diario “El Día”, que además nace en el año de los Mártires de Chicago. Cuando en 1886, en Chicago, eran ahorcados los trabajadores que peleaban por las ocho horas, aquí nacía el diario “El Día”.

 

            Precisamente nos referiremos a un hecho sustancial. Ya finalizo; no me quiero extender no porque el tema no me apasione, sino por consideración a ustedes. El acta de la sesión en que se aprobó el proyecto de ley de ocho horas que salió en 1915 durante el
Gobierno de Batlle y Ordóñez ‑y que fue ardientemente defendido por su gran amigo, compañero y luchador don Domingo Arenas‑ al final dice: “El final de la sesión según glosa en el Acta de esta 27º Reunión Extraordinaria, es así:

 

“Señor Presidente -En discusión.

 

“Se va a votar.

 

“Si se aprueba”. Se refiere a la Ley de las Ocho Horas.

“Los señores por la afirmativa, en pie”. Todos los senadores votaban de pie.

 

“(…) Queda sancionado el proyecto y se comunicará al Poder Ejecutivo.

           

“(Aplausos en la barra).

 

“Le está prohibida a la barra toda clase de manifestaciones; si no, va a ser desalojada”.

 

 Así se sancionó la Ley de Ocho Horas. Debo decir con orgullo que ahora, 94 años después, esta ley se ha extendido a los peones de campo, a los peones arroceros, a los peones monteadores; era una carencia que tenía esta ley desde su vigencia.

           

Por lo tanto, señora Presidenta, termino diciendo que Batlle y Ordóñez no era intransigente ni un abusador del poder, como alguien ha dicho o escrito. Batlle y Ordóñez fue, sin la menor duda, un hombre polémico. Él tuvo que afrontar acontecimientos durísimos de la República como, por ejemplo, el abrazo con el general Galarza, en Peñarol, en donde estuvo Urquiza. En 1830, cuando en el Cabildo se aprueba la primera Constitución del país, el general argentino Urquiza estuvo presente como garantía de que nacía la República Oriental del Uruguay. En Peñarol se dio el abrazo entre el general Galarza y Batlle; no fue un abrazo simpático, porque eran dos personalidades muy fuertes: uno era un civilista y el otro era un militar. Sin embargo, Batlle supo encauzar ese proceso, como bien decía el Edil Iafigliola. El triunfo militar que generó en 1904, luego no se transformó en un aplastamiento político de la oposición, de sus contrincantes. Hubo encuentros y desencuentros, pero lo que precisamente trasciende de la personalidad de Batlle fue el haber generado un proceso en el cual los orientales se reencontrasen. De ahí su proyecto para aprobar una nueva Constitución en 1916. La primera Constitución fue en 1830 y, luego, en 1916, vendría la otra Constitución, que efectivamente se aprobó con modificaciones hechas por la gente.

           

Battle también tuvo que afrontar divergencias internas, porque todo partido tiene corrientes, tendencias. Tuvo que afrontar a las minorías decisivas del riverismo, a las del vierismo, el sosismo, y a los colorados netos. Había confrontación porque también se manifestaba en ciertos sectores del propio Partido Colorado que ese batllismo de honda raíz popular ‑los “candomberos”, como les llamaban algunos‑, que esos colorados no solamente eran masa del pueblo, populistas, sino que también eran otra cosa. Él supo llevar el barco, y así surgieron como Presidentes Viera, Campisteguy, Baltasar Brum. Tuvo que morir Batlle para tener que vivirse la gran vergüenza que supuso la dictadura de Terra, en la que los batllistas terminaron en la Isla de Flores abrazados con los socialistas, con los comunistas, con los blancos independientes y con todos los que estaban contra esa dictadura.

           

Por lo tanto, señora Presidenta, como decía Batlle: “¡arriba los corazones!”; pero nosotros también reafirmamos: ¡arriba los orientales que luchamos por un país mejor, no solamente para todos los orientales, sino entre todos los orientales y “orientalas”!

           

Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Gracias, señor Edil

            Tiene la palabra el señor Edil Gustavo Osta.

 

SEÑOR OSTA.- Gracias, señora Presidenta.

           

Desde luego que para el Partido Colorado esta es una instancia de suma importancia por la figura de quien es hoy homenajeado, pero también por la circunstancia de que este 20 de octubre, a ochenta años del fallecimiento de José Batlle y Ordóñez, estemos a cinco días de una instancia electoral, instancia que para los colorados y para los batllistas es, en definitiva, uno de esos eventos trascendentales en la vida democrática del país. Los colorados y los batllistas interpretamos al sufragio universal como elemento fundamental del ejercicio democrático de cualquier Gobierno; para nosotros, para nuestra forma de ver la realidad, no hay democracia sin sufragio universal. Por eso se ha hablado aquí de ideología; en ese sentido sí hay una ideología batllista, una forma de ver la sociedad, una mirada sobre la sociedad, una forma de interpretarla. Desde luego que esta forma de ver la sociedad y el Uruguay ha sido muy relevante, ha tenido fundamental importancia, en el correr del siglo XX y aún hoy, al punto que, tal como ha quedado registrado en las actas de esta sesión, diferentes partidos no sólo reconocen la importancia de la figura de José Batlle y Ordóñez, sino que ‑si uno indaga en profundidad en las miradas de los partidos políticos en la actualidad‑ tienen cosas del batllismo. ¿Quién puede hoy discutir el concepto de justicia social? Forma parte, sin duda, de la base discursiva de todo el espectro político; pero en el momento del análisis histórico tiene, necesariamente, una base claramente batllista, en el discurso y en la acción, porque la ideología batllista no se queda en la teoría. Quizá la característica más clara es que esa visión ideológica se modela en una visión teórica, pero también en una actitud que se ha llamado, correctamente, realismo: la teoría con la práctica. Quizá lo que diferenciaba a Batlle de otros líderes o intelectuales de la época era esa capacidad de mirar, de observar, de diseñar, pero siempre pensando en el aspecto práctico, en concretar lo que se pensaba. Es por eso que su figura ha sido trascendental en lo ideológico y en su legado. A partir de esa visión, durante el siglo XX surgieron hombres de la dimensión de Baltasar Brum, Domingo Arena ‑quizás el primer batllista‑, Serrato, Luis Batlle y, más acá en el tiempo, Jorge Batlle y Julio Sanguinetti.

           

Sin embargo, también es importante dejar en claro ‑a pocos días de una elección, cuando se habla mucho de estos aspectos‑ algunos elementos diferenciadores del batllismo. Popularmente se dice ‑y, en parte, es verdad‑ que el batllismo ha desbordado los límites del Partido Colorado. Está bien cuando se dice que la sociedad está impregnada de batllismo, pero hay que definir algunos límites o diferencias que hacían a esta forma de ejercer el Gobierno, de desarrollar la actividad partidaria. Mucho se ha dicho y aquí se han mencionado ‑bien lo ha hecho el Edil Mendiondo‑ las diferencias que existen con el marxismo. Muchas veces se confunde una cosa con la otra; hay mucha gente que se pregunta ‑incluso esto era tema de debate en su época‑ si el batllismo era marxista, o si lo era la forma de encarar la solución de los problemas. Eso claramente se ha definido que no es así. Bien lo decía el Edil Mendiondo: un aspecto central ‑por ejemplo‑ en el que se basa la visión marxista es el de la lucha de clases. Los batllistas no compartimos, Batlle no compartía esa visión de la lucha de clases. Yo creo que ahí hay un elemento trascendental, determinante, definitorio en la línea divisoria entre el batllismo y la visión de izquierda marxista.

           

Decía Batlle:

 

“La lucha de clases puede tener su justificación en ciertos pueblos europeos donde se hallan de un lado los que mandan y los que explotan y del otro lado los que obedecen y son explotados, pero no entre nosotros donde no se podría encontrar la línea divisoria entre una y otra clase; estaría bien en aquellos pueblos donde las clases desvalidas están privadas de todos sus derechos y no hallan otro camino que el de la sumisión; pero no entre nosotros, donde aunque imperfectamente aplicado, tenemos el sufragio universal y la forma republicana de gobierno, que ponen el destino de las multitudes en ellas mismas, si saben darse cuenta de lo que son y de lo que les conviene”.

 

El batllismo, definitivamente, nunca apostó a la colisión entre las clases.

           

Dentro de las diferentes formas en que, desde luego, una sociedad es vista por diferentes actores, hay también algunas soluciones con las cuales Batlle, el batllismo y el Partido Colorado nunca estuvieron de acuerdo. Una que es de trascendental importancia en una sociedad está pautada por la discusión sobre la política financiera o impositiva que un Gobierno impone. Ahí también hay profundas divisiones ideológicas.

           

Decía Batlle en el diario “El Día”:

 

“Es aspiración y propósito del Partido Colorado la supresión paulatina de los impuestos al trabajo nacional ya existentes y el rechazo a los nuevos que se quieren crear. La primera característica fundamental de la definición de propósitos y orientaciones que el Comité Ejecutivo propone a la Convención en materia de política financiera es la que se refiere a la supresión paulatina de todos los impuestos que actualmente gravan el trabajo del hombre (…) El más típico de los impuestos que gravan y obstaculizan el trabajo del hombre es el Impuesto a la Renta, que entre nosotros defienden los políticos oribistas”.

 

Y más adelante expresa:

 

“Contra un régimen fiscal en que abundan los impuestos de esta naturaleza, cuyo carácter casi tradicional no basta a atenuar los defectos sustanciales de que adolecen, es que quiere reaccionar el Batllismo…”.

 

Esto decía Batlle y Ordóñez. Aquí hay claramente una diferencia de enfoque y de visión en una política que es de impuestos o financiera en la organización del Estado.

           

Voy a leer algunas citas más directas sobre el punto.

 

            “Decía Batlle: ‘Yo propongo que el trabajo sea exonerado de impuestos’. ‘Yo creo que siendo tan beneficiosos los resultados del trabajo, no deben cercenarse las satisfacciones a quienes producen’. ‘El impuesto a la renta, que parece no pesar más que sobre los que están en las mayores alturas en la dirección de las empresas, desciende hasta los más necesitados y los reduce a la miseria’.”

 

            Básicamente, el batllismo tiene una visión liberal, en cuanto considera al hombre en el centro de toda la acción que se desarrolla en la sociedad. Es una visión evolucionista y no revolucionaria, en tanto considera que existen en la sociedad los canales adecuados para que ésta vaya evolucionando de la manera necesaria en función de los intereses de los ciudadanos y en la búsqueda de determinado fin. Por lo tanto, es pacifista y es, además, policlasista, porque el batllismo no hacía base únicamente en una clase social, sino que entendía que el proyecto de reforma debía estar en función de toda la sociedad, en un contexto de paz social. Por eso, muchas veces se es injusto en la apreciación histórica cuando fuera de tiempo se entra, quizás, en la actitud anacrónica de interpretar hechos del pasado a partir de la realidad actual; de ahí algunas calificaciones que puede haber habido y a las que hoy hacía mención el Edil Mendiondo. Pero, claramente, esa actitud, polémica tal vez, de la búsqueda de la paz social a través de la afirmación de la autoridad del Estado es necesaria a veces, como lo fue en aquellos momentos a los efectos de introducir al país en la modernidad.

 

Por eso es que esta forma de ver la sociedad, esta ideología, esta obra, la acción de gobierno de este hombre, ha sido tan importante. Ha sido omnicomprensiva, ha sido inclusiva ‑para utilizar una palabra que hoy está muy de moda‑, porque creyó necesario nutrirse de diferentes ramas ideológicas para llevar adelante un proyecto que, repito, necesariamente tenía un contenido práctico de acción y de ejercicio de gobierno.

 

Muchas de estas cosas han sido hoy aquí referenciadas por distintos integrantes del Partido Colorado. Me refiero, por ejemplo, a las políticas vinculadas a la mujer, a la política social, que también tenía un contexto de gran fe en la ley, en la ley como instrumento para llevar adelante en el país la arquitectura jurídica necesaria para poder hacer efectivas esas reformas.

 

Por todo esto, señora Presidenta, es que compartimos, como bien se ha dicho aquí, el hecho de que el batllismo es hoy un activo importante del Partido Colorado, un activo importante del país y, quizá también, un activo importante del mundo, como decía el Edil Mendiondo. Porque hoy uno ve a nivel internacional no solamente países, sino también algunos organismos internacionales que han moderado sus posiciones y en el momento de visualizar soluciones para la sociedad necesariamente introducen esa visión equilibrada, que es la que promueve la idea de que un país debe progresar por el carril de la libertad, de la democracia, pero también por el carril de la justicia social.

 

Señora Presidenta: con este espíritu es que, como integrantes de la bancada, agradecemos a los demás integrantes de los partidos políticos aquí representados las palabras que han vertido hoy en Sala.

           

Hacemos propicia esta oportunidad para que este tipo de homenajes que ponen sobre la mesa el debate y el recuerdo de hombres importantes, que han construido el país a través de su obra, sea el camino para que lo que claramente impere de aquí al futuro sea esa visión general que hace que los países, las naciones, construyan ciudadanía a través de la afirmación de valores, de principios y del reconocimiento a personas que han hecho mucho por el país, como es el caso de José Batlle y Ordóñez.

           

Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra el señor Edil Pablo Ferrer.

 

SEÑOR FERRER.- Muchas gracias, señora Presidenta.

           

No queríamos dejar de adherir, aunque sea con unas breves palabras, al homenaje a la personalidad de don José Batlle y Ordóñez.

 

            Hijo del ex Presidente Lorenzo Batlle, nació en 1856. Fue protagonista ‑como ya se reseñó‑ de la Revolución del Quebracho ‑levantamiento contra el régimen autoritario de Santos‑ con el grado de capitán. Tenía a su mando un regimiento de unos cien hombres. El 1º de marzo de 1903, la Asamblea General ‑como estaba establecido en las normas de la Constitución de 1830‑, por 55 votos en 82 presentes lo designa Presidente de la República. En ese entonces tenía 47 años y ya se lo conocía como don “Pepe”, que era como sus correligionarios, sus amigos, se referían a él. Lo había precedido en el cargo Juan Lindolfo Cuestas, quien encabezó un Gobierno signado por el compromiso y la coparticipación con los blancos tras el levantamiento armado de 1897, encabezado por Aparicio Saravia.

 

Batlle participó en el Gobierno de Cuestas: fue uno de los colaboradores, Jefe de Policía, Jefe político del departamento de Lavalleja. Ya se destacaba como una nueva figura volcada hacia los sectores sociales y populares, los sectores medios emergentes. Cuestas lo definía como un hombre joven instruido; destacaba que era hijo del Presidente Batlle, de profesión periodista, agitador revolucionario, de elevada talla y musculatura de gladiador romano, popular entre la juventud que se dedica a la política y no aceptado por la opinión conservadora.

           

El Uruguay de ese entonces reclamaba transformaciones, y don “Pepe” se sentía animado a encabezarlas desde su presidencia.

Fue Presidente en dos oportunidades, en el período que va de 1903 a 1915. Sin duda, se convirtió en un hito ideológico en la historia uruguaya y dio expresión a la sociedad de clase media que estaba naciendo al amparo de la prosperidad económica y de la facilidad de ascenso social. Parte de su obra es el fomento a la participación activa del Estado en la economía; el impulso a profundas reformas sociales con fuerte contenido progresista; a la extensión del sistema educativo; a la redistribución del ingreso y a los derechos de los trabajadores. También destacan su oposición al gravamen de los salarios ‑fundamental y exclusivamente de los salarios‑ y su visión crítica al latifundismo, que a veces ‑por decirlo de alguna forma‑ no pasó más del discurso, pero estaba expresado en él. Quizá no logró concretar las aspiraciones o ideas que tenía en ese plano.

           

Debido a sus ideas renovadoras, Julio Herrera y Obes algún día le llegó a decir: “Amigo: usted es socialista”.

           

Durante su Gobierno enfrentó el levantamiento blanco encabezado por Aparicio Saravia, en 1904, motivado por los términos en que se debían llevar a cabo los compromisos y la coparticipación. También debió enfrentar la oposición interna de los sectores conservadores de su propio partido. En ese contexto, se produjeron sustanciales avances que suelen adjudicarse en forma exclusiva al batllismo. Pero permítaseme aquí dar lectura a una cita de Romeo Pérez y Carlos Zubillaga:

 

“Lo que no cabe es atribuir privativamente tales méritos a uno solo de los partidos o de sus fracciones. La expresión ‘Uruguay batllista’, que se ha difundido excesivamente, entraña un error de esa naturaleza. Batlle y el batllismo forman parte primordial del sustento partidario de las decisiones que modificaron el país. Su contribución, empero, se sumó a otras y si liberó a otras de insuficiencias, se benefició, a su turno, de la influencia liberadora de miopías y reduccionismos que otras ejercieron sobre ella. El sistema, en suma, obtuvo un desempeño que, sin llegar al óptimo, sobrepasó los designios de los colorados, los blancos, los partidos ideológicos, los actores extraparlamentarios. Al observar las satisfactorias consecuencias, corroboró el funcionamiento inconsciente y lo prolongó por décadas. El Uruguay del 900 fue estatista y social, por la acción batllista, principalmente; y fue pluralista y movido por los arbitrajes comiciales, en virtud de la acción nacionalista, sobre todo. El resultado se mostró muy valioso; no debe olvidarse, sin embargo, que fue más pluralista y menos elitista que lo que hubiera deseado el batllismo, y más social y menos espontaneísta, que lo que hubiera querido el Partido Nacional. La democratización garantizó el progreso social y éste confirió estabilidad a las prácticas democráticas”.

 

            En palabras de Real de Azúa, el período batllista fue el impulso al que le siguió el freno; el avanzar al que le siguió el alto; la respuesta conservadora que pretendió la restauración del orden previo. Afortunadamente, muchos de los cimientos de la modernización que durante su período de gestión se impulsaron por distintos actores perduraron ‑aunque con éxito relativo‑ para las generaciones posteriores.

           

Vaya a él nuestro tributo.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Tiene la palabra el señor Edil Jar Sánchez.

 

SEÑOR SÁNCHEZ (Jar).- Gracias, señora Presidenta.

           

Para los batllistas es fácil hablar de “Pepe” Batlle, pero yo quiero reconocer hoy aquí, en los Ediles de la oposición ‑en Iafigliola, que habló en nombre del Partido Nacional, y en los Ediles que hablaron en nombre del Frente Amplio‑, sus palabras generosas y sentidas sobre don “Pepe” Batlle. Realmente, nosotros sentimos que este hombre merece todos los tributos que se le han rendido a lo largo de la historia. Pero como decía bien el señor Edil Brum, ochenta años hacen que tengamos una perspectiva real de la obra de este hombre que en su momento, por su propio temperamento y por las luchas que conlleva forjar un país, generó mucha controversia. En definitiva, hoy, con la perspectiva que nos permiten los años y la distancia, nadie puede dejar de reconocer que somos una nación, justamente, porque este hombre supo plantar las bases para que el Uruguay surgiera como tal. Así que muchísimas gracias a ustedes por este homenaje a don Batlle.

           

Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- No habiendo más Ediles anotados y agradeciendo la presencia de todas las personas que nos han acompañado esta tarde, damos por finalizada esta sesión extraordinaria de homenaje.

 

(Es la hora 17:44)