ACTO DE HOMENAJE A

ELISA DELLEPIANE DE MICHELINI

Celebrado el 26 de agosto de 2009

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Buenas tardes a todos.

            Vamos a dar comienzo a este acto de homenaje a la figura de la señora Elisa Dellepiane de Michelini.

 

(Es la hora 16:13)

 

______Hoy la Junta Departamental va a rendir homenaje a una gran mujer, una mujer que, por su grandeza, no pertenece a ningún partido político, sino que es de esas figuras que trascienden los partidos: pertenecen al país, a la sociedad, nos pertenecen a todos.

            Nosotros hubiéramos querido hacer este homenaje con su presencia aquí; lamentablemente, ello no fue posible. Pero hoy la Junta Departamental, de igual manera, le rinde su homenaje, y pensamos que ella, donde está, nos debe estar viendo.

            Vamos a dar la palabra al Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Señora Presidenta, estimados familiares de la señora Elisa Dellepiane de Michelini, estimados amigos, ciudadanos, vecinos, compañeros de lucha que aquí están: bienvenidos.

            Quisiéramos destacar también que Amnistía Internacional nos ha expresado ‑por razones administrativas la nota no llegó‑ su solidaridad con este acto de homenaje a Elisa Dellepiane de Michelini.

            Pensé mucho en qué iba a decir esta tarde, y al final decidí remitirme a un artículo que escribí el día que murió Elisa Dellepiane de Michelini ‑el artículo fue publicado por el diario “La República” cuatro días después‑, en el que creo que están plasmados mis pensamientos y mis sentimientos, como también un análisis objetivo de una personalidad tremendamente exquisita, que realmente engrandece a las mejores mujeres de nuestro país.

            El artículo dice así:

            “Nunca lo olvidaré.

“Fue una mañana soleada de abril, otoño en Montevideo, año 1972; con el entonces senador Jaime Pérez nos correspondía, junto al diputado José Luis Massera, integrar una delegación solidaria con las víctimas de atentados con explosivos por parte de grupos parapoliciales de la época. En esa madrugada, dos domicilios de personalidades de la izquierda fueron objeto de estragos y destrucción”. Anteriormente, lo había sido el del doctor Crottogini.

“En la calle Blixen, barrio Tres Esquinas, vivía el senador Enrique Rodríguez; en Larrañaga (hoy Luis Alberto de Herrera) en el barrio La Mondiola, el senador Zelmar Michelini. Luego de visitar a Enrique Rodríguez” ‑algunos integrantes de la delegación, con el entrañable Mario Benedetti, el doctor Carlevaro y el doctor Anuar Fadol, fueron a visitar al doctor Crottogini; existe una fotografía de aquel entonces en la que estamos todos juntos en la casa de Enrique Rodríguez‑ “con Jaime Pérez y el coronel Pérez Rompani nos dirigimos hacia la casa de Zelmar; con él estaban su secretario, Coitinho, una vecina del barrio y Elisa. Al costado estaban dos niños” ‑hijos del matrimonio‑ “que jugaban entre ellos; en la casa, igual que en la de Enrique Rodríguez, estaban las consecuencias de la deflagración, rotura, escombros, vidrios, destrozos y estragos hechos por la expansión de la carga explosiva. En lo de Enrique Rodríguez encontré a Susana Kvedaras, en aquel entonces esposa del chofer de Enrique” ‑hoy taximetrista‑ “Osvaldo Sardiñas, y me comenta: ‘¡pensar que tras ese ventanal, en el sofá, se quedaba de noche Osvaldo a dormir!’. Miré a Juan Carlos Boccone” ‑un amigo que tiene una chacra en San Jacinto; el Senador Rafael Michelini lo conoce‑ “mecánico de Pluna” ‑fue fundador de la OTAU: Organización de Técnicos Aeronaúticos del Uruguay‑ “que vivía frente a la casa del senador” ‑éramos amigos, y lo seguimos siendo‑ “y le comenté: ‘No era su hora’”, refiriéndome a lo que me decía Susana Kvedaras de su esposo Osvaldo Sardiñas.

“Zelmar nos recibió con la fraternidad que lo caracterizaba; estaba preocupado y nos agradeció la presencia de la delegación. En la mano tenía un fragmento del artefacto; nos lo muestra y dice que el objetivo es destruir, y con ello intimidar y aterrorizar. El coronel le solicita el fragmento de proyectil, lo observa y comenta que no es un artefacto casero. Zelmar se separa para hablarles a Jaime Pérez y al coronel Pérez Rompani. Entonces me aproximo a Elisa; yo la conocía de haberla visto en la casa de Dante Frangoni (violinista del Sodre de la vieja generación, junto a Lauro Fernández, Vicente Boronat, Canesa, Vinisky, al lado de los cuales se formarían los jóvenes músicos Manolo Guardia, Federico Britos y Federico García Vigil); la esposa de Frangoni, Aída, era fundadora junto a Elisa y al doctor Prunel del Comité de Base que funcionaba en lo de Clarita Cotelo, en la calle Presidente Oribe…”; frente a la plaza Madame Curie: ahí estaba el Comité de Base Villa Dolores, comité al que iba Elisa. Rafael Michelini cuenta que a veces, en las horas de presión, difíciles, complejas, Elisa le decía: “Vamos al comité”, y él le respondía: “¿A qué vamos al comité, mamá?”. “Vamos al comité aunque sea a pegar un cartel”. La cuestión era zafar de las presiones tremendas de la época y hacer algo positivo.

            Luego de la caída de la dictadura, este comité fue reabierto; se denominó Comité “La Redota”.

            Continúo con la lectura. “A ese comité, Elisa iba con los chiquilines de Zelmar, en 1971, cuando se fundó el Frente Amplio”. Ella fue fundadora del Frente Amplio.

            “A Zelmar lo conocía desde 1955, cuando la Huelga de la Ferrosmalt, en la cual él y Alba Roballo jugaron un rol decisivo para encontrar solución a un conflicto duro, largo y sangriento”. Esa huelga dejó como víctima a una mujer: María Carmen Díaz. Su muerte dejó a diez hijos sin madre: seis eran menores, el más pequeño tenía ocho años de edad.

            Coincidentemente, en el día de hoy, a las ocho y media de la mañana, enterramos en el Cementerio del Buceo, en el Panteón del CASMU, a la hija mayor de María Carmen Díaz, Telma Casanova, esposa de uno de los principales dirigentes del gremio de la Ferrosmalt, el tornero Mario Pérez. Fue esta mujer y su marido quienes se hicieron cargo de los niños para que no fueran al Consejo del Niño, porque ellos eran capaces de criarlos. A los 37 años de edad, el marido, Mario Pérez, muere rápidamente de un cáncer. La hija mayor de María Carmen Díaz se queda a cargo de sus tres hijos y, además, de sus hermanitos. Hoy son todos adultos; viven en Cerro Norte, Paso Molino… En fin, hoy los acompañamos y ahí nos encontramos con Carlos Falero, quien aún tiene fija en su memoria, en su retina, en sus ojos, la reunión de la Comisión de Legislación del Trabajo, en el Palacio Legislativo, en la que Zelmar Michelini presentó la fórmula para solucionar el conflicto de Ferrosmalt. Él siempre me recuerda que en esa reunión lo de Zelmar fue realmente fantástico, porque estaban en un callejón sin salida.

            Sigo con el artículo. “Entre un escenario de destrucción y vecinos que transitaban por la vereda y miraban con asombro y, por qué no, con temor ante tanta barbarie, entablamos un diálogo con Elisa que me heló la sangre. Con esa serenidad que caracterizaba su personalidad fuerte y con entereza me dice: ‘¡se da cuenta que esa barbaridad casi mata a los niños!’. Por suerte la bomba estalló de costado y no de frente, pero casi les alcanzan los vidrios.

            “Pero la muerte en ese hogar se dio por otro lado, cuatro años después, un 20 de mayo Elisa tuvo que soportar el golpe más terrible de su vida: el asesinato de Zelmar ‑junto a Héctor Gutiérrez Ruiz y el matrimonio Whitelaw‑ y además la presión de sus hijos y la desaparición de su nieto (luego encontrado en Argentina). Sobrevivió con sin igual equilibrio emocional a la vez que con firmeza, con pulso y capacidad de mando timoneó el barco familiar y en el advenimiento de la democracia, liberadas sus hijas Margarita y Elisa,” ‑con quienes compartió cárcel y celda mi compañera, Teresita Cuadrado‑ “su hijo Rafael ‑con 24 años‑ es electo legislador comunal”. Ustedes ya conocen la anécdota ‑ya la he contado‑ de cuando nos encontramos en la calle Agraciada con Rafael Michelini, con Ramón Cabrera y otros Ediles de aquel entonces.

            “14 de febrero de 1985: me liberaron del Penal de Libertad; es de tarde, me llevan a una casa a la calle Ciudadela, o Juncal, Casa del Liberado; en ella, junto a otras queridas madres y abuelas se encuentra Elisa Dellepiane” de Michelini.

            “Allí anotan nombre, apellido y nos entregan la ropa que necesitamos;” ‑porque salimos con casi nada del Penal de Libertad, sólo con el mameluco‑ “hasta el día de hoy, 23 años más tarde, conservo el par de zapatos que el largo brazo de la solidaridad nacional e internacional nos prodigó”. Y no lo conservo en una caja; en algunas ocasiones en que me pongo traje, ese par de zapatos luce en mis pies espléndidamente.

            “Habían pasado 13 años desde abril del año 1972, y ahí, en esa casa, estaba con la mano extendida de la fraternidad Elisa Dellepiane para que a los que salíamos del Penal no nos faltase la ropa que sustituiría al mameluco”, al gris mameluco con el número negro en la espalda.

            “La compañera de Zelmar, la madre ejemplar, la militante frenteamplista, la mujer culta de origen social cultivado, que enraizó su vida con un hombre, una causa, una familia protagonista de la mejor historia de este país, con su trayectoria no hace otra cosa que llevarnos a la imagen de Bertolt Brecht: Madre Coraje, como símbolo de todas nuestras madres que se han jugado por ideas, afectos, el amor a sus hijos, y nuestro querido Uruguay”.

            Quiero destacar que, siendo Senador Rafael Michelini, allá por el año 1995, cuando fallece mi madre ‑etapa en la que yo estaba en otras tiendas políticas‑, fui y le dije: “Murió mi madre. Fue blanca y militante del Partido Nacional, pero necesito que le hagas un homenaje en el Senado porque vos la conociste”. Me respondió: “¡Cómo no!”, y efectivamente habló de Blanca Bidart de Mendiondo en el Senado de la República, y lo hicieron, además, el Senador Segovia, en nombre del Frente Amplio, y el Senador Luis Alberto Heber.

Entonces, en nombre de mi madre y de todas las madres, vaya este homenaje a una Elisa inolvidable. Jamás se borrará de nuestras mentes ni de nuestros corazones, porque estas mujeres Madre Coraje son la historia misma de nuestra patria.

Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Gracias, señora Presidenta.

            Señora Intendenta, señor Senador Rafael Michelini, familiares de la querida Elisa: como ustedes habrán visto, me acercaron el celular porque tenía una llamada del Edil Gustavo Osta, quien se excusa porque le es imposible llegar hasta aquí. Eso, en primer lugar.

            Hablar de Elisa es para cualquiera que lo haga un honor. En la historia de los pueblos no existen muchas Elisas. Y creo que es obligación de quienes de alguna manera somos representantes del pueblo hacer que esas figuras permanezcan por siempre en la memoria, en la historia de los pueblos.

            Señora Presidenta: nunca es fácil ser mujer... Nunca es fácil. No me estoy refiriendo específicamente a la mujer política; no es fácil ser mujer en cualquier ámbito, y menos aun, señora Presidenta, ser mujer en los oscuros años de la dictadura, porque si era joven, tenía vedados hasta los conocimientos básicos para la formación intelectual en la educación, y si era adulta, vivía con el corazón en la boca por los hijos y las hijas.

            Elisa eligió por amor una vida difícil, porque se enamoró de Zelmar, y Zelmar, a quien yo conocí desde muy chica, no era un hombre cualquiera: era también un hombre especial. Y como hoy vamos a hablar de Elisa y no vamos a hablar de Zelmar, yo quiero hacer referencia a la visión que esta mujer tiene de Zelmar.

            Mi padre tenía un club en una calle que se llamaba Criollos ‑hoy se llama Manuel Rodríguez Correa‑ casi Bulevar Batlle y Ordóñez. Sin duda que ni Felipe ni Rafael eran nacidos.

            Ahí tuvo lugar el primer acto en el que Zelmar hizo uso de la palabra; fue un acto callejero. Yo era una niña y recuerdo que mi papá me dijo: “Estás escuchando a un hombre que va a llegar muy lejos desde el punto de vista político”. Después pasaron los años y se fundó la Lista 99; mi esposo y mi suegro fueron cofundadores. El local estaba ubicado en la calle Gral. Flores y Lorenzo Fernández, en el club del querido Liborio Sicca. O sea que mi vida, que hace 46 años que está ligada a ese hombre, también estuvo en cierta medida ligada a la Lista 99, ya que Zelmar y Aquiles Lanza fueron testigos de mi casamiento.

            Decía que hoy quería hablar de Elisa, quien por amor eligió a un hombre peculiar. Es muy difícil ser la o el compañero de un hombre o de una mujer que se dedique a la política, porque tenemos una vida extremadamente complicada. A veces por obligaciones políticas tenemos que dejar de lado las obligaciones del hogar, tanto los hombres como las mujeres. Y es difícil llevar esa vida cuando se es la otra parte; Elisa era esa otra parte, ya que tenía que hacer de papá y de mamá, porque Zelmar era un hombre comprometido con todas las luchas, no sólo con su tarea de Diputado o de Senador, sino también con las luchas sociales. Donde había un conflicto gremial, estaba Zelmar; donde había un conflicto en las cárceles, estaba Zelmar. Y ni que hablar de cuando comenzaron los años duros en este Uruguay: ahí también estaba Zelmar.

            Sin duda que Elisa tuvo que sufrir las terribles consecuencias. No hay nada peor, señora Presidenta, que el sufrimiento que a una mujer le puede causar el daño que se les ocasiona a sus hijos; no hay nada peor.

            Elisa tuvo que soportar la prisión de dos hijas: Margarita y Elisa. Sin duda, Elisa sabía lo que estaba sucediendo con sus hijas. Era una mujer de fe, religiosa, y me imagino que esa fe la sostuvo de pie para poder soportar la prisión de sus hijas y el terrible asesinato de su marido. Porque cuando alguien muere por muerte natural, se sufre, pero cuando alguien que fue escogido para compartir toda la vida es asesinado, y uno sabe en qué condiciones eso ocurrió, el quiebre es peor.

            Recuerdo el entierro de Zelmar, porque yo estuve. También recuerdo a sus hijas, que estaban vestidas con esa ropa infame de la que hablaba el compañero Presidente Mendiondo; las recuerdo. También recuerdo los atropellos. Todas esas cosas, señora Presidenta, mantuvieron a Elisa de pie.

            Fue, además, una mujer de una humildad increíble. Porque pudo ser Senadora, Diputada o lo que ella hubiese querido ser, de eso no tengo dudas; sin embargo, siempre quiso permanecer trabajando por los derechos humanos. Y cuando trabajaba por los derechos humanos no estaba trabajando solamente por lo que había pasado con sus hijas, con su marido y con sus nietos, sino que estaba trabajando por todos ‑lo definió muy bien el Edil Mendiondo‑, señora Presidenta. Porque tenía esa enorme capacidad de amar que no todas las personas tenemos.

            Además, fue una madre ejemplar. Yo conozco a dos de sus hijos: a Rafael y a Felipe. Mucho más a Felipe, porque fue mi compañero durante cinco años; y no fue cualquier compañero, señora Presidenta, porque dio batalla con las mujeres. Fue el compañero que nos ayudó a redactar la Ley de Violencia Doméstica, porque ninguna de las que integrábamos la Comisión de Género y Equidad era abogada; Argimón es escribana. Y nunca nos vamos a olvidar de los consejos de Felipe en lo que tenía que ver con el lenguaje legal que teníamos que emplear en esa ley, que él bien sabe que no fue fácil sacar. Pero también nos ayudó con la Ley de Defensa del Derecho a la Salud Sexual y Reproductiva, y cada vez que las mujeres teníamos que dar una batalla, Felipe estaba con nosotras. Siempre estaba con nosotras. Era a quien recurríamos. Un hombre así sólo puede ser hijo de una mujer como Elisa, que lo educó para ser hombre político, sin duda, pero también para ser un buen padre, un buen esposo y un excelente compañero de sus compañeras, cuestión que no es sencilla, y menos con las mujeres que integrábamos el Parlamento, que éramos bastante revoltosas. Y Felipe daba batalla por nosotras, que nos sentíamos envueltas por su abrazo fuerte y fraterno, ya que cuando teníamos un traspié siempre estaba para decirnos: “No importa, muchachas. Vamos arriba que vamos a superar estas cosas”.

Y también quiero hacer referencia a un preciosísimo gesto de Felipe. En el Parlamento es muy común mandarse cartitas ‑acá yo también las mando‑, y siempre las guardo. Recuerdo que la primera vez que me senté en la Presidencia de la Cámara recibí una preciosísima cartita de Felipe, muy cariñosa y muy divertida. Esa madre no crió solamente a Felipe y a Rafael, sino que crió a muchos hijos más. Y la Biblia dice que por tus frutos te reconocerán, y estos dos frutos que hoy tenemos acá bastan también para reconocer a Elisa, y para mí, señora Presidenta ‑y  no soy de su sector político‑, son orgullo del Parlamento Nacional; ambos son orgullo del Parlamento Nacional. Hoy, en otra tarea, es a Felipe a quien recurrimos siempre las mujeres, señora Presidenta. A pesar de que la Ministra es una gran Ministra, las mujeres que fuimos parlamentarias siempre nos dirigimos a Felipe.

Pero Elisa fue algo más, que también dijo el Edil Mendiondo y no quiero pasar por alto porque soy una mujer política: fue una mujer militante en las épocas en que era difícil ser militante. Cuando las cosas están bien es fácil ser militante, pero en esas épocas en que nosotros no sabíamos qué podía pasar en el club ‑como decíamos nosotros‑ o en el comité ‑como dicen ustedes, frenteamplistas‑, no era fácil. No era fácil salir a la calle con los hijos, tampoco; cuando salíamos con nuestros hijos a cacerolear, la cosa ya estaba un poco más floja.

Esa mujer militante merece este homenaje, pero, como dije al principio, también el recuerdo permanente, porque nuestra historia está llena de mujeres como Elisa, mujeres a las que hoy por hoy prácticamente no se las recuerda. ¿Cuántas veces en el año recordamos a “la Paraguaya”? ¿Cuántas veces recordamos a “la Guaireña”? En Durazno no decimos “la casa de la Guaireña”: decimos “la casa de Rivera”. Y no era la casa de Rivera sino de “la Guaireña”. ¿Cuántas veces recordamos a “Pepita” Oribe? ¿Cuántas veces recordamos a “la China” Ciriaca las mujeres coloradas? Casi nunca. Nosotras, Presidenta, tenemos la obligación de luchar por que las mujeres como Elisa nunca desaparezcan de la historia y del imaginario colectivo, porque son mujeres referentes, y no muchas podemos serlo. Elisa, para mí, es una referente, y no forma parte de mi colectividad política.

            El Edil Mendiondo habló de Madre Coraje. Es ineludible pensar en Madre Coraje, porque Elisa fue una Madre Coraje. Elisa sembró en estos hijos el espíritu de la libertad, pero también otra cosa más: el espíritu de la tolerancia ‑de eso estoy absolutamente segura‑, especialmente en Felipe. Felipe es extremadamente tolerante, y sé que hay mucho de Elisa ‑también de Zelmar‑ en él. Y cuando uno mira a Rafael le parece ver a Zelmar, porque son muy parecidos físicamente.

Elisa es y será una mujer referente, y yo quisiera hacerle un homenaje pero no con mis palabras, sino con las de otra mujer que ha sido una referente de toda mi vida, mi madre, que tampoco está.

Mi madre era poetisa, y una vez escribió un poema para las mujeres. Creo que de esta manera Elisa se va a sentir satisfecha, porque si le preguntáramos cómo le gustaría que la recordáramos yo creo que diría que como madre, porque ella depositó su amor en todos y en todas, pero sin duda sus hijos fueron los depositarios de su amor más profundo. Sus hijos la mantuvieron viva, porque cuando uno pierde algo muy importante se mantiene vivo en sus hijos y por sus hijos.

Elisa: sé que nos estás viendo, porque al igual que tú creo que nada se termina cuando sobreviene la muerte, sino que algo nuevo empieza. Sé que desde allí nos estás mirando. Entonces, con toda humildad y respeto quiero leer este poema; lo quiero leer porque sin duda la memoria me va a fallar.

“Mujer cofre de carne / donde guarda natura / los ungüentos más dulces / de caricias y amores / Mujer cuando eres madre / se transforma tu nombre / en algo de Dios mismo / la multiplicación / Sea mi verso homenaje / en este día para aquellas mujeres / que son germen de vida / a las madres del mundo / dadles tu paz señor.”

Eso es lo que yo pido: paz. Que todas las madres de todo el mundo puedan tener paz, que puedan criar a sus hijos en paz y en libertad, que todos puedan libremente ejercer sus derechos y que por siempre en este Uruguay y en el mundo haya mujeres tan valientes como Elisa, que fueron capaces de sobreponerse a su propio dolor para seguir adelante en la búsqueda de la verdad.

            Un fraternal abrazo a mi queridísimo Felipe y a mi querido Rafael, y en ustedes, al resto de sus hermanos.

            Sepan que su madre es un honor para todas las mujeres uruguayas, no importa dónde estemos paradas desde el punto de vista político, desde el punto de vista social, desde el punto de vista religioso.

            Elisa es y será Elisa Dellepiane por sí misma, no por haber sido la compañera de Zelmar.

            Muchísimas gracias, señora Presidenta.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Gracias a usted, señora Edila.

            Tiene la palabra el señor Edil Venancio Abellá.

 

SEÑOR ABELLÁ (Venancio).- Gracias, señora Presidenta.

            Quiero saludar la presencia de la señora Intendenta Municipal de Montevideo, Hyara Rodríguez; del Senador Rafael Michelini; del Subsecretario de Educación y Cultura, Felipe Michelini; de la Directora de Derechos Humanos del Ministerio de Educación y Cultura, señora María Martínez, y de los familiares, amigos y vecinos de Montevideo.

            Para uno, que está cerca de Rafael y de Felipe, este es un día muy especial, incluso desde el punto de vista emocional.

            Elisa Dellepiane de Michelini nació en marzo de 1925 y nos dejó en agosto del año pasado.

            Estamos ante una mujer que está entre las personalidades más sobresalientes del quehacer nacional en las últimas cuatro décadas.

            Fue una mujer excepcional, de fe y convicciones cristianas.

            Fue esposa de Zelmar Michelini y madre de diez hijos. Acompañó a Zelmar en la gestación y desarrollo de su carrera política.

            Asumió su condición de esposa y madre con sabiduría, ternura, tolerancia, apertura de espíritu y grandeza moral, atributos que están ligados a la exquisitez de su persona.

            Los años ‘60 hicieron que Elisa, habiendo dejado su impronta en su vida familiar, se proyectara a la militancia social y política, donde siempre expresó sus más profundas convicciones, valores y sensibilidad humanistas. Así es que estuvo, al iniciarse el frenteamplismo, en la creación del Comité Villa Dolores, en el marco de otra forma de hacer política.

            Los golpes duros y la violación de los derechos humanos fueron en aumento y golpearon a la familia Michelini, y en esas circunstancias Elisa participó en forma decisiva en defensa de esos derechos.

            La vida la golpeó con el asesinato de su esposo Zelmar y con el exilio y cárcel de sus hijos, pero Elisa continuó sin pausa, sin dar tregua, construyendo la generosidad con los perseguidos y las víctimas de la represión.

            La figura de Elisa cobra una de sus facetas más importantes contra la impunidad en su activa participación por el “voto verde”, encabezando la Comisión Pro Referéndum con Matilde Rodríguez de Gutiérrez Ruiz y María Esther Gatti.

            Elisa también incursionó en la política: fue Senadora suplente, ocupando la misma banca que ocupó Zelmar en el Parlamento.

            Supo desempeñar también su rol de periodista al difundir sus ideas y convocar a la justicia, pero no sólo en nuestro país: tenemos que recordar la carta que le escribió de puño y letra al Senador Ted Kennedy, que lo conmovió hasta las lágrimas.

            En Argentina, Suecia y otros países brindó varias conferencias sobre la importancia del referéndum para afianzar la democracia en nuestro país.

            Sin duda, Elisa fue un pilar fundamental de la dignidad de nuestro pueblo reivindicando los derechos humanos. La marcha de todos los 20 de Mayo es y será todo un símbolo del papel que ella jugó por siempre y para todos.

            Elisa fue luchadora social, ciudadana, madre, esposa, abuela, amiga y consejera. Elisa es uno de los símbolos más valiosos de todos los demócratas, de los hombres y mujeres que defienden los valores y las ideas de progreso.

            Elisa Dellepiane de Michelini tuvo todo lo que tiene que tener una gran mujer.

            Gracias, señora Presidenta.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Carlos Tutzó.

 

SEÑOR TUTZÓ.- Gracias, señora Presidenta.

            Mi intervención será brevísima, ya que nos adherimos a las palabras de los Ediles que hablaron antes.

            Simplemente quiero agregar el respeto total de nuestro partido, el Partido Comunista, que durante casi cuatro décadas ha transitado, junto con la familia Michelini, por los distintos avatares de la vida política de este país. También manifiesto nuestro respeto personal por esta mujer maravillosa.

            Además de ser mujer, madre, militante, la veíamos también como un símbolo de los miles y miles de uruguayos que perdieron partes de su vida ‑en el caso de ella, su querido compañero‑ en la lucha por reconquistar la libertad y luego por la verdad y la justicia.

            Desde lo diminuto de la peripecia personal quisiera dar un abrazo a los compañeros, porque con el “Chicho” Michelini nos cruzamos varias veces en el Comité en el que empezamos a militar en el Frente Amplio, el Comité 26 de Marzo.

            Nada más que eso, señora Presidenta.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA PRESIDENTA (Ayestarán).- Gracias a usted, señor Edil.

            Agradeciendo la presencia de la señora Intendenta interina de Montevideo, escribana Hyara Rodríguez, la presencia de la familia Michelini‑Dellepiane y la presencia de todas las vecinas y vecinos que hoy nos acompañan, damos por finalizado este acto de homenaje.

            Gracias.

 

(Aplausos)

(Es la hora 16:52)