ACTO DE HOMENAJE AL MAESTRO

 “PANCHITO” NOLÉ

Celebrado el 20 de mayo de 2009

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

 

(Se inicia el registro de la versión taquigráfica)

(Es la hora 17:09)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Gastón Silva).- Buenas tardes a todas y a todos los presentes en esta Junta Departamental de Montevideo en este acto homenaje, que tenemos el orgullo de presidir, a una figura señera de la música nacional como es el maestro Francisco “Panchito” Nolé.

            La Junta Departamental de Montevideo tiene entre sus características la necesidad y la posibilidad de agradecer a aquellos ciudadanos que han hecho de nuestra capital una mejor ciudad porque le han dado valores culturales, deportivos, artísticos de diversa naturaleza, y bien merecido tiene Francisco “Panchito” Nolé que nosotros, representantes de los ciudadanos del departamento, generemos hoy la posibilidad de decírselo, de manifestárselo y de agradecérselo.

            Voy a leer simplemente tres o cuatro de los tantos saludos que hemos recibido, porque nos parece importante que él los pueda escuchar. El primero dice: “La Asociación Uruguaya de Músicos (AUDEM) saluda al consocio Maestro Panchito Nolé y se regocija por su nombramiento como ciudadano ilustre de la ciudad de Montevideo. Comisión Directiva”.

            Otro: “Es para nosotros un orgullo saber que la Junta Departamental y la Intendencia Municipal de Montevideo han resuelto homenajear y otorgar la distinción de ‘Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Montevideo’ a tan reconocido y dedicado músico, que con su trabajo y su talento ha dejado el prestigio de nuestro país muy en alto, tanto dentro como fuera de fronteras.

            “Esta Sociedad Uruguaya de Artistas Intérpretes (SUDEI) le brinda la más calurosa felicitación a nuestro distinguido Socio de Honor, Don Francisco ‘Panchito’ Nolé”.

Firman: Juan Mazzino, Secretario; Roberto Giordano, Presidente”.

            Tengo otro saludo que dice: “Querido Panchito: Pocas cosas habré lamentado tanto en mi larga vida como la imposibilidad física de asistir al muy justo y merecido homenaje que te tributa hoy la Junta Departamental de Montevideo, pero esa imposibilidad física no podrá impedir que espiritualmente esté a tu lado durante toda la emotiva ceremonia.

            “Algo me consuela, en parte: hemos estado juntos en tantos instantes felices de una amistad de más de medio siglo que tendría algo de egoísmo el querer disfrutar de uno más; reservemos, entonces, un poco de felicidad para el resto del mundo.

            “Con mi abrazo más sentido para ti, mis afectos para tu ejemplar compañera, mis saludos para tu hermosa familia y mi aplauso a esa Junta por el acierto de esta nominación, te felicito y salud con el afecto de siempre. Raúl Barbero”.

            Y el último dice: “Pancho, tus hijos, Ricardo y Fernando, te mandan un muy fuerte abrazo desde Buenos Aires y te felicitan por el premio que te ha dado la ciudad de Montevideo. Tus hijos quieren expresarte que esto significa, sin dudas, el premio a la formación, al esfuerzo, al sacrificio, a la trayectoria que has desarrollado a lo largo de tu vida como músico, como profesional y como ser humano”, y está firmado por Ricardo Nolé y Fernando Nolé.

            Luego de esta presentación y de los saludos que nos han llegado ‑y que le vamos a entregar para que se los lleve como recuerdo y testimonio de este día‑ pasamos a proyectar un video para todos nosotros.

 

(Se exhibe presentación multimedia)

(Aplausos)

 

______Esperamos que este video, estas diapositivas, hayan sido del agrado del homenajeado, que con seguridad tuvo la oportunidad de recordar muchas cosas desde su infancia hasta casi su presente.

            Saludamos la presencia de la viceintendenta de Montevideo, escribana Hyara Rodríguez ‑que nos acompaña en este momento‑, y la del doctor Bartolomé Grillo, Presidente de la República de la Parva Domus.

            Ahora vamos a dar la palabra a los Ediles departamentales que se van a referir a la figura que tenemos entre nosotros. En primer lugar, tiene la palabra la Presidenta de la Comisión de Cultura, Edila Silvia Aguiar.

 

SEÑORA AGUIAR.- Gracias, señor Presidente, y buenas tardes para todos.

            Hoy es un día de fiesta para esta Casa, que es la de los vecinos de Montevideo. Hoy todas y todos estamos muy felices; tenemos mucho ritmo porque, precisamente, “Panchito” Nolé es un hombre que lleva el ritmo en la sangre.

Yo quisiera comenzar destacando que tengo a mi lado a su hermana Teresa, que vino desde Argentina, y a su hermana Inés, y que sus hijos le han dedicado un saludo desde la tierra hermana. Asimismo, destaco la presencia en Sala de otros compañeros a quienes esta Junta en particular ha tenido el placer de dedicarles una sesión de homenaje.

Esta es una sesión extraordinaria de homenaje a tu persona, a tus años dedicados a la música. Es como si todos los montevideanos dijéramos hoy: “¡Gracias, ‘Panchito’!”. Nuestra intención es que pases un rato agradable, que estés entre nosotros ‑los legisladores de Montevideo‑, los vecinos, los amigos y tus familiares. La música es muy importante; tan importante que yo sería una atrevida si te dijera cuánto lo es. Lo cierto es que no hay cultura que no tenga su expresión musical, ese arte de combinar los sonidos con el tiempo y darles, también, el silencio justo en el momento indicado.

He leído muchas cosas en tu libro, un libro que es muy ameno, de fácil lectura; a mí me gustó eso ‑yo suelo escribir también‑, porque permite que todos entiendan lo que escribís; si no, no vale la pena. Allí hablás de lo que has interpretado. A mí me gusta mucho el jazz; me gusta el jazz, me gustan la milonga y el tango, me gusta la cumbia, me gusta la rumba y todos esos ritmos que nos han traído a esta América los africanos esclavizados. Tú has tomado todos esos ritmos y les has dado una interpretación particular: tu interpretación. Me pareció una cosa muy interesante, porque el jazz, el swing ‑que tú has interpretado tan bien‑ eran expresiones de libertad para aquellos que tenían diferentes lenguas y que eran agrupados, justamente, para que no pudieran comunicarse. El jazz y la música eran una forma de expresar el sentido de la libertad. Yo encontré en tu música esa expresión de libertad como ahuecada en los sonidos que vas desplegando.

Vos me decís que sí, y yo me alegro. Es como una pintura a la que uno le da una mirada. Cada pieza tiene varios rostros: lo que se ve depende de los ojos de quien la mira. Con la música pasa lo mismo. Algunos somos capaces de percibir la musicalidad y otros, no, porque ese momento de comunión es intransferible. Tú interpretás determinada música sin saber quién la va a escuchar; es como el que escribe un libro y no sabe quién lo va a leer. Entonces, cada uno, a partir de su vivencia personal, logra encontrar en esa música tu música, porque es una interpretación, algo que le llega al corazón y lo hace crecer, porque la música hace crecer a la gente.

De tu libro saqué una cita de Chick Corea, un músico portorriqueño muy entrañable, que dice que no hay mayor proceso químico, orgánico y espiritual para un músico que el que produce un concierto en vivo, de buena música, con buenos músicos. Yo creo que por ahí ha pasado tu vida: por hacer buena música con buenos músicos, porque has sabido acompañarte de gente que ha logrado contigo ensamblar instrumentos muy variados para dar una unidad musical muy interesante.

Hace muchos años que hacés música; según leí en tu libro, desde los diez años. Yo citaría, si me lo permitís, una anécdota: cuando trabajabas como repartidor y fuiste a una casa en la que viste un piano, y lo mirabas de reojo... Yo me imaginaba esa escena: vos tratando de irte, de volver al trabajo, y ese piano que te hablaba y que, al final, abriste y tocaste. Esa señora a la que vos le habías llevado algo te pidió que por favor te quedaras. Y también recordaría, casi palabra por palabra, el rezongo que te dieron; la verdad es que no sabían lo que estaban haciendo, porque de ahí en más vos asumiste un compromiso con la música que mantuviste toda la vida.

Lo tuyo no fue fácil. Tu mamá trabajaba como bordadora en Caubarrere; fue tu papá quien te dio esos primeros años en la música.

Yo diría que no hay lugar de Montevideo ‑confiterías, bailes y otro tipo de locales que seguramente los compañeros van a nombrar‑ donde no se haya escuchado una interpretación tuya. Ese es nuestro orgullo. Sos un intérprete de la música popular y también de la académica, porque te gustan Mozart, Beethoven y tantos otros. Has conjugado ambas con un espíritu sencillo, yo diría que bien montevideano.

Nosotros hoy, humildemente, te queremos decir: “¡Gracias, “Panchito!” Podría ser más ceremoniosa y decirte Francisco Nolé, pero nosotros te queremos como “Panchito”. Gracias, “Panchito”, por esa música montevideana que has sabido interpretar tan bien. Gracias por todos esos años en que, sin saberlo, nos estabas dejando parte de tu vida; porque todo el que interpreta música, como el que escribe, deja parte de su vida en ello, y en cada espectáculo que da, como dice Chick Corea.

            Hoy nosotros estamos realizando un acto en vivo y creo que esto es lo más importante: poder decirte hoy y siempre ‑porque en tu interpretación vas a trascender‑: gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Queremos agradecer la presencia del Director del Teatro Solís, Gerardo Grieco; de la Directora de la División Promoción Social de la Intendencia Municipal de Montevideo, Graciela Garín; del maestro Julio Frade ‑a quien recién veo sentado acá, a mi izquierda‑ y de Mercedes Vigil.

 

(Aplausos)

 

______Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Gracias, señor Presidente.

            No es fácil hablar a propósito de alguien que ha hecho música. Hay cosas que son naturales, señor Presidente, que nacen con nosotros, como el habla. Hablar hablamos todos; de una manera u otra podemos expresar todo aquello que queremos decir. Ahora, hacer música…  Eso ya es otra historia. Eso no nos está dado a todos; está reservado a algunos.

            Quiero hacer referencia justamente a algo que Mercedes Vigil ‑a quien usted, Presidente, acaba de nombrar‑ dice en el prólogo de su último libro. Ella habla del agua, del agua como vida, como elemento transportador, como vida en la medida en que nos da vida ‑sin agua no podemos vivir‑, pero también como vida en el sentido de origen, ya que en el útero materno vivimos en un medio acuoso.

            Me parece que no debe haber manifestación artística que se parezca más al agua que la música, porque el agua tiene sonidos. El pintor la puede pintar, puede recrear una espectacular marina, pero no puede repetir sus sonidos; el escritor la puede describir, pero no puede repetir sus sonidos. En cambio, el músico, señor Presidente, tiene la capacidad de reproducir los sonidos de la naturaleza, y eso es una verdadera maravilla, porque la naturaleza, para los que creen, es la creación de Dios; y para los que no creen es, sin duda, la evolución de algo que siendo muy rústico terminó teniendo todo lo que tiene y lo que, seguramente ‑si lo cuidamos‑ podrá seguir teniendo. A través de la música se recrean esos sonidos, es decir que la música es también vida.

            ¿Por qué digo que la música es vida? Porque nos acompaña en el transcurso de toda nuestra vida, prácticamente en todos nuestros momentos, también cuando abandonamos este mundo.

            Recuerdo que con Frade teníamos en el liceo Rodó una profesora de Educación Musical que nos hablaba mucho de los pueblos de la antigüedad. En aquel momento la clase de Educación Musical era para nosotros ‑aun para el maestro Julio Frade‑ un divertimento; pero hay cosas que nos quedaron.

            Asimismo, una de las primeras manifestaciones de arte de los pueblos ‑esto lo estudiamos los profesores de Literatura, y la Edila que me precedió en el uso de la palabra, que es antropóloga, me corregirá si no es así‑ es la música. La música para comunicarse, la música como arenga, la música para alabar a los dioses. La música, la música, la música. Es así que podríamos establecer que la música forma parte intrínseca de la humanidad desde sus comienzos. Y es un lenguaje perfecto, mucho más perfecto que el habla.

            Claro, como dice el Maestro por ahí en un reportaje, puede haber mala música o buena música. Pero no se trata de que la música sea buena o mala: siempre es buena, el tema es cómo la interpretamos. Quizá con las palabras pueda suceder lo mismo. Pero el que se sienta a un piano, sin duda, se expresa mucho mejor que uno que habla porque, lamentablemente, al lenguaje lo hemos ido destruyendo ‑especialmente la lengua castellana‑ poco a poco con tantas modificaciones ‑algunas buenas y otras no‑; el lenguaje se ha ido modificando mucho. Sin embargo: do, re, mi, fa, sol, la, si ‑y después seguiría con la otra escala del do‑, eso sigue siendo el do, ya sea en clave de fa, en clave de sol, etcétera, pero siempre es un do. En cambio, con la lengua no pasa igual.

            Como decía, señor Presidente, la música nos acompaña siempre. Nos acompaña desde que nacemos, incluso desde que estamos en el vientre materno: porque la madre escucha el tipo de música que a ella le agrada, pero también porque dentro del útero hay música, en tanto el feto, al moverse, produce sonidos en ese medio acuoso. La música nos acompaña siempre ‑y ahora voy a hablar específicamente como lo que soy, una mujer‑: cuando cumplimos 15 años ‑¿quién de nosotras no se acuerda qué vals bailó cuando cumplió 15 años?‑, cuando, si somos del Interior, nos presentan en sociedad ‑¿quién no se acuerda qué bailó cuando fue presentada en sociedad? ¿Quién no se acuerda qué bailó en el Democrático o en el Uruguay cuando fue presentada en sociedad en su departamento? Cuando nos casamos todas nos acordamos si entramos con la marcha nupcial, con qué salimos, etcétera.

            La música nos acompaña cuando nos enamoramos, señor Presidente, cuando estamos felices. Pero también nos acompaña cuando estamos tristes, porque siempre es una compañía. Yo aprendí a estudiar con música y mis hijos también, porque es un fondo necesario para uno sentirse absolutamente calmo.

            La música también nos acompaña cuando dejamos este mundo, porque también hay música fúnebre. Cuando yo muera ‑como tal vez haya mucha gente contenta, les voy a allanar el camino‑ quiero que pongan música alegre, puesto que llegó el momento de pasar a otro estado.

            Ser músico, señor Presidente ‑como ser pintor, cantante, actriz‑, es ser un ser especial. Son gente que uno siente que, aunque estén cerca, están distantes; pero no porque se establezca una distancia, sino porque son seres ‑como los escritores‑ tocados de un don especial, don que los hace diferentes y establece una relación que va del músico a la música. Estoy segura de que si hoy tuviéramos dos pianos y sentáramos al Maestro Nolé y al Maestro Frade a interpretar la misma partitura, no lo harían igual, porque el músico no se limita sólo a tocar lo que está escrito, sino que hay una carga brutal de sentimientos. Lo mismo pasa con el que pinta, el que canta, el que escribe. Pero también hay otra relación, entre músico‑música y quien la recibe, quien la escucha. Ahí se establece una relación que escapa de las manos del músico, en la que cada uno de nosotros establece una relación que le es propia, única e irrepetible, porque cada uno de nosotros es un individuo. Entonces, cada música que vaya acompañada de una letra, para cada uno de nosotros tendrá un valor, porque va a estar cargada no sólo del contenido semántico, si tiene letra, sino que también va a estar cargada de su música y de lo que para nosotros representó en el momento que la escuchamos. Uno a veces dice: “Esa es mi canción”, o “Esa es mi música”, porque corresponde a un día especial de nuestra vida, que no tiene por qué ser feliz. Por eso es que la música es tan humana, porque acompaña en cualquier momento a la humanidad en su conjunto.

No hay nada más hermoso, señor Presidente, que cuando en los actos patrios nos paramos y cantamos ese Himno Nacional todos juntos; no hay nada más hermoso que cantar una canción de cuna a un hijo que se ama, y no hay nada más hermoso que bailar con nuestra pareja una canción que nos llene de recuerdos. Y no hay nada más sano, señor Presidente, cuando uno está enojado, iracundo, que respirar hondo y escuchar música. Tal vez a veces tendríamos que poner un poco de música acá para calmar a la fiera que muchos de nosotros llevamos dentro.

            Como dijo la Edila Silvia Aguiar, “Panchito”, tú representas muchas cosas. ¿Quién en esta Sala no bailó algo tuyo que hoy le trae algún recuerdo? ¿Quién? ¿Quién no escuchó algo tuyo esperando a alguien que a lo mejor no vino? ¿Quién? Así que tú formas parte de la historia misma de cada uno de nosotros y también de los montevideanos y de las montevideanas. Por eso es que hoy, como dijo Silvia, queremos darte las gracias, porque nos has acompañado en todos los momentos de nuestra vida; a veces la música acompaña más que un familiar.

Para terminar, si usted me permite, señor Presidente, quiero saludar a la gente de la Parva Domus pues, aunque mantengo con ellos algunas discrepancias ‑ellos saben cuáles son‑, es una organización espectacular, que te abraza y te rodea con todo su afecto. Quisiera que también sintieras ese mismo abrazo, ese mismo afecto, no sólo de estos Ediles y Edilas que por determinadas circunstancias están sentados en estas bancas, sino que sintieras la calidez del abrazo de los uruguayos y de las uruguayas, y que eso te acompañe siempre. Quisiera que cada vez que te sientes al piano pienses que estamos abrazándote y diciéndote gracias, gracias por acompañarnos tan cariñosamente.

Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Ahora llega el momento de entregarle a “Panchito” Nolé aquellas cuestiones materiales que tratan de representar y simbolizar en algo las palabras de quienes nos precedieron.

            En nombre de la Junta Departamental de Montevideo, le voy a entregar este presente. Suponemos que cuando lo tenga en su casa sabrá que, más allá del cartón, de la madera y del metal, contiene todo el calor, todo el cariño de los montevideanos que aquí estamos representando.

 

(Se hace entrega del presente)

(Aplausos)

 

_____A continuación le vamos a dar la palabra a la viceintendenta de Montevideo, escribana Hyara Rodríguez, a quien le corresponde el honor de proceder a declararlo Ciudadano Ilustre de Montevideo.

 

SEÑORA RODRÍGUEZ (Hyara).- Como decía el Presidente de la Junta, es para mí un honor hacerle entrega de este símbolo, en representación del Intendente de Montevideo, por lo que ha significado y significará para esta ciudad su vida y su arte.

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra “Panchito” Nolé.

 

SEÑOR NOLÉ.- Es sumamente difícil poder hablar, pero, como decía Glenda, por suerte traje el piano, que es mi mejor manera de comunicarme.

            En este lugar, donde hace un tiempo se le dio el título de Ciudadano Ilustre a Mario Benedetti…

 

(Aplausos)

 

_____...y a otros que tal vez lo merecían, ‑pienso que ustedes me lo dieron por cariño y porque tal vez me lo merezco‑, no quería dejar de recordar a Figueroa, que acaba de fallecer, y a nuestro Juan Protasi…

 

(Aplausos)

 

______...un excelente maestro que fue hacedor de coros.

            Rebobinando todo eso, no tengo más remedio que caer en la rutina, pero antes que nada quisiera agradecerle a esta Junta. Yo jamás me metí en nada en política. El único defecto que tengo es que soy del Peñarol de los años ’50, ’60 y algunos me odian, pero esto es otra cosa…

 

(Aplausos)

 

______Tengo casi 80 años. Nací el día de Navidad, por lo tanto, no tengo torta, no tengo fiesta. Pienso que más adelante, por abril, me voy a hacer una fiesta al cumplir 80 años. A uno todavía le queda un poquito de cuerda en el carretel para seguir adelante.

            Lo más importante es el apoyo, y que uno reciba esto en vida es más que importante. También lo es que tenga a mi mujer viva, a mis hermanas, a mi cuñado y a mis dos hijos, que no vinieron porque trabajan muchísimo. Buenos Aires es una ciudad que atrapa, por eso me vine; ya cumplí mis 30 años allá. Pero yo conocí a mucha gente de esta Junta. Como soy bastante grandecito, yo fui al otro edificio, adonde conocí al padre de Pecoy y a otros; tenía una cantidad de amigos, pero algunos ya no están.

            Nunca pensé que me iba a sentar acá. No sabía qué iba a hacer, porque para acordarme de todos los agradecimientos tenía que traer algo escrito, pero al final no pude.

            Dios pone las cosas en su lugar; a veces tarda en hacerlo porque se toma su tiempo, porque tiene mucho laburo. Cuando uno está muchos años fuera de un país no pierde la  nacionalidad ‑no se pierde nunca‑ pero tiene un sentimiento de desarraigo. Luego, cuando uno vuelve, trata de reencontrarse con la cantidad de amigos que dejó. Pero hete aquí que algunos ya se fueron. Es muy difícil, cuando ya tenés setenta y pico, encontrar amigos. Así encontré esa barra del Expreso Pocitos, que es una barra de dinosaurios ‑alguno incluso debe de estar por ahí arriba‑ que no conocía; sin embargo, por la música, ellos sí me conocían, y hoy no puedo vivir sin pasar un momento por ahí. Quiere decir que, a los setenta y pico, casi a los ochenta, todavía hay tiempo de hacer amigos; yo los hice.

            Por otro lado está la Parva, de donde recibí el abrazo fraternal de gente...

 

(Aplausos)

 

______...de gente que verdaderamente me demuestra su cariño.

Pero, como dije, Dios pone las cosas en el camino y, por intermedio de Julio ‑que fue quien me lo presentó‑, me trajo a un muchacho que vivió muchos años en Venezuela y que se encargó de todo esto. Él me abrió las puertas de la computación. Hace dos o tres años yo no sabía nada de computación y me preguntaba: “¿Cómo puedo hacer para no ser un analfabeto cibernético?” Jorge Rocha me ayudó. Jorge: estoy agradecido, porque sé que esto es obra tuya. No es que la Junta no se acuerde de mí, pero a veces a la gente hay que hacerle acordar que existen muchas personas importantes que pasan desapercibidas por el marketing, el rating, porque no tienen imagen o no tienen cámara. Rocha sabe de todo esto; él fue quien se encargó de todo. Es un muchacho que puede ser mi hijo, pero cuando lo conocí me abrió un panorama para mí desconocido.

            Quiero decirles que yo nací en Mercedes y vine a los tres años y medio para acá, por lo que soy más montevideano que muchos; y no hubo piringundín ni lugar bacán donde yo no haya tocado, y fui aprendiendo. La señora contó una anécdota de cuando yo era mandadero en la tienda Caubarrere, que estaba por acá a la vuelta. Incluso, por acá había un palacete donde vivía la dueña de Barreiro y Ramos o de otra librería que no recuerdo. Entonces, sí, es verdad, había un piano, y yo llevaba telas de tapicería de la tienda Caubarrere, que era muy importante. Los que son “jovencitos” se deben de acordar.

 

(Hilaridad)

 

______Yo era mandadero de esa tienda. Entonces, me mandaron con una cantidad de telas para que las señoras eligieran. Mientras las señoras elegían, yo encontré ese piano y me puse a tocar. La señora Edila se olvidó de decir una cosa: yo era de una familia muy pobre, y este grupo de señoras estaban tomando el té con unas masitas de una confitería que se llamaba El Telégrafo, que quedaba por acá...

 

VARIOS SEÑORES EDILES.- Estaba justamente acá.

 

SEÑOR NOLÉ.- ...entonces, uno veía esas masas y...¡qué iba a comer una masa en esos tiempos si no se podía! Entonces, me acuerdo de que empecé a tocar el piano y me trajeron una masita, pero después me llenaron los bolsillos con monedas. O sea que, en un ratito, gané casi medio sueldo; porque yo ganaba $ 20 y el abono. Eso era para ayudar en mi casa, porque vivíamos en una casa de inquilinato en la calle General Luna, y después pasamos a vivir en Juan Paullier. O sea, todo fue una lucha.

            Resulta que cuando volví a la tienda, don Emilio Caubarrere ‑un entrañable amigo‑ me dijo: “¿Yo te traje a la tienda para tocar el piano o para que repartieras los pedidos?”. Y mi madre le fue a pedir que me dejara entrar un poco más tarde, porque yo ya estaba tocando de noche, era Carnaval y me tenía que levantar a las siete de la mañana. Y él le contestó: “La tienda o la música”, y mi madre le dijo: “La música”. Lamentablemente, ella no está desde hace muchos años, porque murió muy joven, pero me debe de estar escuchando.

            Para finalizar, quiero decirles que sin los maestros que tuve ‑entre otros, Enrique Casal Chapí, Lamarque Pons, con sus consejos extraordinarios, Luisito Pasquet, Nibia Mariño,  Kolischer‑ no podría haber llegado a lo que soy. Tuvimos la suerte de tener unos maestros extraordinarios.

            En cuanto a los músicos, yo no concibo una orquesta, un grupo, si no hay una comunión; como decía Glenda, todos hablamos el mismo lenguaje.

La música, cuando se adopta como profesión, es como una mujer, como una amante: te hace feliz, te hace gozar y te hace sufrir. La música es así, no es nada gratuito. Así les pasó a los grandes. Entonces yo, modesto músico ‑y discúlpenme la inmodestia‑, que estoy sentado acá junto a ustedes, prefiero tocar con mi amigo Gastón y con Cono Castro.

            Que Dios los bendiga.

            Gracias por todo; voy al piano.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Vamos a cerrar esta actividad escuchando al maestro “Panchito” Nolé, acompañado por Cono Castro y Gastón Buenseñor.

 (Se interpreta pieza musical)

 

SEÑOR NOLÉ.-  Escucharon cuatro tangos, cuatro bellezas que di en llamar “Cuatro tangos en fa”.

            Pintín Castellanos... Pintín, aquel eminente hombre grandote, campeón de waterpolo, el autor de “La puñalada”... Vamos a tocar “La puñalada”, pero antes voy a contarles una anécdota que siempre cuento porque es muy curiosa.

Yo viví 30 años en la Argentina y anduve mucho por ahí; viví dictaduras..., yo qué sé. Antes no había piqueteros, pero se paraba el tránsito... En fin, lo de siempre. En aquellos tiempos un señor que prohibía todo en aquellos tiempos, que marcaba lo que había y lo que no había que tocar, le cambió el título a “La puñalada”. Dijo que tenía que llamarse “La herida de arma blanca”...

 

(Hilaridad)

 

______...porque el otro nombre era agresivo.

Si hubieran conocido a Pintín... Pintín era un hombre que te daba la mano y te hacía doler los dedos, porque te apretaba. Era entrañable, y además tenía mucha pinta.

Algunos viejitos se acordarán del café La Cosechera, en 18 de Julio y Convención. Allí Dante Iocco, Nobel Valentini y Pintín se paraban vestidos con sus trajes. Eran los “cajetillas”, como dice Mujica, pero los cajetillas de Convención. En honor a él hemos formado un grupo con Gastón, con Cono Castro, con Bordón y con un vibráfono, que se va a llamar Quinteto Pintín, porque él también es un olvidado.

Entonces, dedicada a Pintín, vamos a tocar “La puñalada”.

 

(Así se efectúa)

(Aplausos)

 

______Me voy a despedir con la música con la cual me crié. Es un homenaje a George  Gershwin.

            Me acuerdo de que en Argentina, por el lío que había con las Malvinas ‑todo esto está en el libro‑, estábamos tocando Gershwin y alguien vino a decirnos: “¡Por favor! Con el lío que tenemos con las Malvinas, ¡ustedes se ponen a tocar música en inglés!”. Yo lo miré y le dije: “Señor, Gershwin murió a los 37 años”.

            Vamos a tocar Rhapsody in Blue y algo de música de Gershwin.

 

(Así se efectúa)

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Muchas gracias a todas y a todos.

            Buenas tardes.

 

 (Es la hora 18:10)