ACTA N° 1.421

 

En Montevideo, a los cuatro días del mes de noviembre de dos mil ocho, siendo la hora dieciséis y diez minutos, celebró SESIÓN EXTRAORDINARIA la JUNTA DEPARTAMENTAL DE MONTEVIDEO, bajo la Presidencia de:

 

DON GASTÓN SILVA, Presidente.

 

Secretaría de los señores: Alejandro Sánchez, Secretario General y José María Bidegain, Secretario General Adjunto.

 

Con la asistencia de los señores Ediles:

 

TITULARES

 

MERONI, JORGE                                       AYESTARÁN, TERESITA

GARÍN, GRACIELA                                   ESTAVILLO, EDMUNDO

CAIRO, CECILIA                                        TUTZÓ, CARLOS

VILLAMARÍN, FABIÁN                             SÁNCHEZ, JAR

CURUTCHET, OSCAR                            FACHINETTI, ANGEL

FERRER, PABLO                                      OSTA, GUSTAVO

SCHIAVONE, JULIO                                 FERRO, CRISTINA

MARTÍNEZ, LUIS                                       GLOOTDOFSKY, ANÍBAL

AGUIAR, SILVIA                                        VIVIANO, ÁLVARO

MENDIONDO, DARI

 

SUPLENTES

 

LUCAS, EDUARDO                                  NIEVES, DANTE

 

 

 

 

SEÑOR PRESIDENTE (Gastón Silva).- Buenas tardes.

 

SESIÓN EXTRAORDINARIA EN HOMENAJE A LA FIGURA DEL DR. CARLOS VAZ FERREIRA.

(EXP. 2008-0514)

 

            Estamos dando inicio a la sesión extraordinaria que hoy, martes 4 de noviembre de 2008, realizamos en homenaje a la figura del doctor Carlos Vaz Ferreira.

 

(Es la hora 16:08)

 

______Para dar lectura a los saludos que hemos recibido, le damos la palabra al señor Secretario General.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Alejandro Sánchez).- “Montevideo, 31 de octubre de 2008. Sr. Gastón Silva. Presidente de la Junta Departamental de Montevideo. Presente. De mi mayor consideración:

 

            “He recibido con mucho gusto la invitación que me cursara para compartir con Ud. la Sesión Extraordinaria en homenaje al Dr. Carlos Vaz Ferreira.

 

            “Lamentablemente compromisos asumidos con anterioridad me impiden acompañarlos en tal especial ocasión.

 

            “Sin otro particular saluda a Usted atentamente, Ricardo Ehrlich, Intendente de Montevideo.”

 

            “Montevideo, 31 de octubre de 2008. Señores Integrantes de la Junta Departamental de Montevideo. Presente. De mi consideración: acuso recibo de vuestra invitación con motivo de celebrarle un merecido homenaje al Dr. Carlos Vaz Ferreira con cuya obra ha dejado un legajo muy valioso para nuestra sociedad.

 

            “Por compromisos ya asumidos no podré estar junto a ustedes en las actividades previstas para ese día.

 

            “Reciban mis felicitaciones y aprovecho la ocasión para enviarles un cordial saludo, Dra. María Julia Muñoz, Ministra de Salud Pública.”

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Habiéndose leído los saludos correspondientes, pasamos a la presentación de un PowerPoint referido a la figura que hoy estamos homenajeando.

 

(Se exhibe presentación multimedia)

 

______Tiene la palabra la señora Edila Silvia Aguiar.

 

SEÑORA AGUIAR.- Gracias, señor Presidente.

 

            Hoy estamos celebrado una sesión especial de homenaje al filósofo Carlos Vaz Ferreira.

            A mi modo de ver, en el mes de octubre ‑que es el mes que se le dedicó a esta figura‑ ya se realizaron dos grandes conmemoraciones: una fue la exposición que se realizó en nuestra Sala de Exposiciones, que emanó de una investigación histórica, y la otra fue la colocación de un monolito en el Parque Vaz Ferreira, en la Villa del Cerro, que ‑como dijimos cuando se inauguró‑ estaba prevista desde el año 1972.

 

            Cuando nosotros pensamos en esta ciudad de Montevideo y en el porqué de algunas cosas, por ejemplo, por qué este parque que estaba concebido como un parque mayor de nuestra ciudad lleva el nombre de un filósofo como Carlos Vaz Ferreira ‑que uno lo asocia a la filosofía y no tanto a la naturaleza‑, nos damos cuenta de que no hay un lugar más justo para llevar su nombre. Si bien Vaz Ferreira fue un filósofo y un epistemólogo de real valor, también fue un naturalista como casi nadie. Así como amó y profundizó en el conocimiento de lo humano, amó y profundizó en el conocimiento de la naturaleza. Yo me voy a permitir citarlo en este aspecto, es decir, en lo humano. Dice algo que a todos nos interesa, porque se refiere al lenguaje: “Nuestro lenguaje corriente, o nuestra manera corriente de pensar, consiste en calificar, en aplicar atributos a sujetos, en resumen, en clasificar. Pensamos continuamente, o hablamos o discutimos sobre si tal o cual persona concreta, Pedro, es ‘bueno’ o es ‘malo’,  (…) lo que la lógica no ha visto todavía claramente es que en todos estos casos flotan las mismas falacias que se muestran a propósito de las clasificaciones conscientes; y que estas clasificaciones que nosotros aplicamos a los seres o a los fenómenos en el lenguaje corriente son también esquemas…”. ¿Qué quiere decir él? Nosotros pensamos: “Pedro es bueno o es malo”, “Pedro es solidario” o “Pedro es alegre”. Nadie es del todo bueno ni del todo malo, sino que intenta ser lo mejor que puede. Es en ese sentido que a veces nos apresuramos a clasificar.

 

            Con respecto a por qué amó la naturaleza, los compañeros que asistieron a la inauguración de la exposición o los que la visitaron posteriormente habrán visto que en una de las esquinas había un ramo de glicinas, que tiene que ver con su profundo amor por la naturaleza. Este aspecto lo llevó a detener la construcción de un muro con el fin tan importante de preservar un tronco de glicinas. Precisamente, su hija, en una reflexión, dice que parecería que esa vieja glicina, agradecida, florece todas las primaveras por aquella acción. Creo que esto es muy interesante y que demuestra cómo se pueden conjugar el pensamiento y la reflexión que hay en todas las obras de Vaz Ferreira, con ese amor por la naturaleza.

 

            Dice su hija: “Conocido es el cariño que le profesaba a las plantas y cuán sincero era el que sintió por una añosa glicina que extendía sus innumerables brazos frente al antiguo escritorio de su quinta de Atahualpa, que hizo desviar la línea de edificación varios metros ante el estupefacto asombro del arquitecto Alberto Riboratti”. Uno se lo imagina. “Parecería que la planta, conmovida en agradecimiento, no solamente ha subsistido con corroída estructura centenaria, sino que de su tronco sin ramas ni hojas hace florecer aun tiernos racimos (...) que ofrecen un contraste muy sugestivo”.

 

            Vaz Ferreira fue un hombre que tenía, como muchos, el placer de pensar y el placer de reflexionar tanto sobre el aspecto de lo humano como sobre el de la naturaleza. Cuando él tuvo su cátedra libre o cuando fundó la vieja Facultad de Humanidades lo hizo en ese sentido: por el placer de conocer y por el placer de reflexionar acerca de cómo es el conocimiento que tenemos de las cosas.

 

            También fue un maestro; el aspecto docente de Vaz Ferreira, más allá de su investigación, es muy importante.

 

            Tuvo grandes amigos, entre los cuales a mí me gustaría destacar a nuestro querido Frugoni, que permitió que Vaz Ferreira fuera incluido en la lista del Partido Socialista. Él decía que tenía una amistad de tantos años con Frugoni y que tenía tantas ideas en común que propiciaba que él y Frugoni tuvieran un intercambio político ‑aunque no fue un hombre de política‑ muy fructífero.

 

Creo que son bien interesantes estos diferentes aspectos del maestro.

 

Quiero aquí felicitar a la Comisión del Patrimonio, que le dedicó un mes de homenaje en el cual esta Junta participó activamente, sobre todo por tratarse de un filósofo que estuvo un tanto olvidado durante muchos años.

 

La Facultad de Humanidades hizo un simposio específico sobre su figura en el cual participaron filósofos de otros países del mundo ‑como España‑ que estudiaron a Vaz Ferreira, que no es fácil. Ese simposio tuvo un éxito muy particular.

 

También en el Paraninfo de la Universidad se realizó un acto de reflexión acerca de esta persona.

Creo que es muy bueno que esta Junta se haya unido cuando a partir de una propuesta se reflexiona y se profundiza sobre el aporte que hizo  Vaz Ferreira a la sociedad, y a la sociedad montevideana en particular, que es con la que nosotros nos comprometemos. Hoy, como corolario de estas actividades que se desarrollaron en todo Montevideo ‑en las escuelas públicas, en los liceos, en los museos, en otros lugares y en su propia casa, que fue visitada por mucha gente‑ realizamos este homenaje, que es bueno porque nos permite a nosotros también engrandecernos en el estudio de este filósofo tan querido por todos y tan olvidado durante tantos años.

 

Es todo. Gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted, señora Edila.

 

            Vamos a escuchar una grabación a pedido del Edil Dante Nieves.

 

(Así se efectúa)

 

            “En la voz de Carlos Vaz Ferreira: Psicología de la Credulidad:

 

            “En el plan de conferencias de este año me propongo tratar algunos hechos y teorías sobre arte. Por ejemplo, la relación de algunas artes con las otras; similitudes y diferencias, y también algunas teorías y hechos científicos.

 

            “Pero antes de entrar en esos temas voy a referirme hoy a hechos que he observado y a consideraciones que ellos me han sugerido sobre psicología de la credulidad, porque algunas personas han creído que explicar algo sobre este punto ‑pues tengo alguna experiencia de él‑ puede tener cierta utilidad. Voy a tratar de satisfacerlas.

 

            “Algo sobre psicología de la credulidad. No trataré de los efectos psicológicos de la credulidad en cuanto a la calumnia. Recuérdense tantos proverbios populares y la romanza de Rossini, que puede bastar. Prescindiremos así del animus, o sea de la intención de afirmaciones o insinuaciones, pues lo que interesa son los efectos de ellas sobre la credulidad de los hombres, y aun sin afirmaciones o insinuaciones, lo que en general y en virtud de la psicología especial de la credulidad humana tiende generalmente a producirse. Yo una vez escribí esto: ‘la reputación depende de lo que uno hace y de lo que los demás dicen, y todavía lo que uno hace no sirve sino para déclencher’.

 

“Antes de entrar al asunto, me tienta referir un cuento que encontré en una novela de Cherbuliez y que no viene mal recordar a propósito de muchos hechos reales o posibles; especialmente los funcionarios deberían todos conocerlo.

 

            “Un hombre se encontró en la calle una cartera con dos mil francos y cumpliendo la ordenanza respectiva la entregó en el próximo puesto de policía. En el primer mes, el hecho se comentaba así: ’N es un hombre muy honesto. Encontró en la calle una cartera con dos mil francos y enseguida la fue a entregar a la policía’. El segundo mes, el comentario tomó esta forma: ¡Al fin y al cabo, ese señor N, al entregar a la policía la cartera con los dos mil francos, no hizo más que cumplir con su deber’. En el tercer mes, el comentario ya fue éste: ’Y quién nos prueba que no había más que dos mil francos en la cartera’. Y siguió pasando tiempo, y N, que era empleado en un Ministerio, no ascendía nunca. Todos pasaban antes que él. Hasta que encontró a alguien que se prestó a llevar la queja al Ministro. ’Sí’, respondió éste, ’ese señor N es efectivamente empleado nuestro y es competente y cumplidor. Pero, ¿qué quiere usted? En la historia de ese hombre hay un asunto de unos dos mil francos que nunca se ha podido aclarar bien’.”

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Dante Nieves.

 

SEÑOR NIEVES.- Gracias, Presidente.

 

            Nos pareció oportuno traer a colación estas palabras, como funcionarios públicos que somos. Nunca debemos olvidar situaciones como las que Vaz Ferreira repetía y que aún hoy son vigentes, reales, y que podemos percibir todos los días. Porque eso es lo importante de Vaz Ferreira, eso es lo que nos trasmitió a través de toda su vida. Por eso realizar este homenaje desde la Junta Departamental es una actividad que impulsa a los Ediles por los caminos del pensamiento, que creo que nunca es bueno dejar de recorrerlos, ya que, como decía el filósofo, los hombres de pensamiento son también hombre de acción, sólo que de mucha más acción.

 

Entonces, en ese desafío constante nos encaminamos para recordar a Vaz Ferreira. Obviamos los datos biográficos y bibliográficos, que ya quedaron referidos en la presentación inicial. Nos queremos dirigir más hacia la línea motivadora de su pensamiento, que fue el más claro ejemplo de tránsito para los que considerábamos a la filosofía como un camino oscuro para recorrer. Creo que no debe haber ninguno de nosotros a quien la filosofía, en un primer momento, no nos haya puesto barreras que parecían insondables. Pero luego, a través de la lectura de su obra, el pensamiento de Vaz Ferreira fue como un haz de luz, como una linterna, y llegamos a comprender temas que parecían insondables; no hay más que ponerse a leerlo en forma pausada y tranquila para entrar a dialogar con su pensamiento y a comprender las cosas.

 

El Parlamento Nacional publicó sus obras completas; la Cámara de Representantes realizó una sesión de homenaje en la que participaron diferentes actores que llevaron ese proyecto adelante. En el prólogo de ese trabajo se dice: “En el plano de la aportación de la filosofía a los problemas estéticos ha realizado estudios de la más alta calidad, en cuyo mérito, las más abstrusas cuestiones se transforman en un léxico diáfano de singular expresividad”. Y justamente es así: se refiere a la claridad con la que Vaz Ferreira exponía todos los temas, aún los más profundos.

 

Como humanista auténtico, nacido en época del positivismo ‑tal como lo analizaba Ardao en el libro sobre el positivismo en el Uruguay‑, también se preocupó por lo inmediato ‑a esto hacía referencia la Edila Aguiar‑, por las cosas de todos los días, por lo cotidiano, por lo concreto y por los estudios desinteresados en la búsqueda de la verdad en forma permanente. Esa es la base de la filosofía.

 

Descolló en todas las ramas de la enseñanza con un espíritu académico desacartonado que lo llevó siempre a ser comprendido, ya fuera por la Cátedra en la conferencia, por el estudiante en el aula o por el pueblo en la calle; todos pudieron comprender a Vaz Ferreira. Él no escribía, él hablaba de la forma que escuchábamos al inicio de esta participación; siempre hablaba con total claridad y cotidianeidad, lo cual le permitía a sus lectores u oyentes elevarse en forma permanente en sus ideales, en sus pensamientos.

 

Consideramos, al igual que los recopiladores de sus obras, que quien más perfectamente lo definió fue Don Miguel de Unamuno cuando a principios del siglo XX escribía sobre el joven Vaz Ferreira: “Sus libros más que escritos parecen hablados; y a través del libro se oye la voz del profesor”. “He ahí” ‑agregaba‑ “el encanto de su estilo de apariencia descuidada”.

 

Hace un tiempo, en un análisis periodístico en un semanario, hablando sobre estas cosas de los hombres públicos, analizábamos la vigencia de su pensamiento, de lo que él escribió a principios del siglo XX; lo analizábamos desde el punto de vista de la moral para los hombres públicos en función de la obra “Moral para intelectuales”. Y justamente hacíamos referencia a cuán vigentes están en el siglo XXI los pensamientos de las primeras décadas del siglo XX para ser rectores del pensamiento del hombre público. Son una base fundamental y no se apartan en nada; parece que estuviéramos leyendo algo escrito hoy para el hombre de hoy.

 

Siguiendo con lo cotidiano de Vaz Ferreira, si analizamos su libro “Sobre la propiedad de la tierra”, nos encontramos con que habla del derecho de estar del hombre, del derecho de habitar, y dice: “…que cada individuo en su planeta, en su nación, sin precio ni permiso...”; ese es el derecho humano fundamental. Si continuamos analizando todo el tema, lo que él decía sobre la propiedad de la tierra hace 80 ó 90 años, vemos que es totalmente vigente; es un pensamiento planteado en los albores del siglo XX, de carácter social, batllista lo llamaríamos nosotros, porque el desarrollo de la propiedad de la tierra era un principio netamente batllista. Spencer decía: “Esta ley, entendida en su acepción ética, implica que cada individuo recogerá los resultados favorables y desfavorables de su propia naturaleza y de la conducta que de ella resulta”, tal como recién se lo escuchábamos manifestar a Vaz Ferreira.

 

Cabe destacar también la vigencia de sus apreciaciones en su libro “Sobre el feminismo”; se trata de temas que en la actualidad estamos tratando en forma permanente, aunque con otras denominaciones: hoy hablamos de equidad y género. A eso apuntaban las propuestas y el pensamiento de Vaz Ferreira hace ya más de 80 años. Analizaba los temas con absoluta claridad; si nos abstraemos de quién fue el autor de esos pensamientos y cuándo los escribió, vemos que planteaba los mismos temas que discutimos nosotros diariamente.

 

Y no debemos olvidar los principios desarrollados a nivel de la enseñanza en nuestro país. Hoy hablamos permanentemente de la posibilidad de que los jóvenes se desarrollen en la enseñanza media, de la posibilidad de que adquieran títulos en un sentido amplio ‑profesiones, capacitación‑, títulos que les permitan integrarse a la vida laboral activa con un conocimiento importante. Ya Vaz Ferreira en 1940 hablaba de la enseñanza y de un doble plan que permitiera el perfeccionamiento de ésta, “disolviendo la enseñanza superior y la enseñanza media para permitir el temprano perfeccionamiento de los jóvenes, con conocimientos que les permitan abrirse caminos por profesiones intermedias, que les permitan una más rápida interacción social”. ¡Si esa no es la reforma educativa de la que estamos hablando hoy...! Es real; era la propuesta de Vaz Ferreira 70 años atrás.

 

Señor Presidente: voy a terminar por aquí para permitir que otros compañeros continúen con este homenaje. Simplemente, pretendíamos dejar una cosmovisión sobre Vaz Ferreira, sobre lo que representó su pensamiento vivo en la primera mitad del siglo XX y su proyección hacia el siglo XXI.

 

            Gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted.

 

            Tiene la palabra el Edil Pablo Ferrer.

 

SEÑOR FERRER.- Señor Presidente: en primer lugar, reconozco a quienes tuvieron la iniciativa de realizar este justo homenaje.

 

Más allá de que este año se dé la particularidad de que se cumplen 50 años del fallecimiento de Carlos Vaz Ferreira y de que en el Día del Patrimonio se lo haya recordado, la verdad es que homenajear y mantener vivos los pensamientos y la vasta trayectoria de este hombre significa para algunos una especie de compromiso, aunque en realidad siempre sentiremos que no hacemos lo suficiente.

 

            No hace mucho rato con los compañeros de trabajo intercambiábamos algunas ideas, algunas inquietudes respecto de quién era Carlos Vaz Ferreira, y lo que uno tiene muy presente es que realmente los jóvenes saben muy poco acerca de él. Por esas cosas de la vida, tengo el beneficio de poder contar en casa con la colección completa de Carlos Vaz Ferreira, editada por la Cámara de Representantes. Asimismo, por la inquietud que tuve en algún momento de tomar aquellos libros y comenzar a leerlos, para mí Carlos Vaz Ferreira es un referente mayúsculo del pensamiento nacional y una persona con la cual el sistema educativo todo está en deuda, tan en deuda que nunca le pagará lo suficiente. Es más: tengo la percepción de que lo han dejado en un olvido relativo, de que no le han dado el lugar que debería tener, no sólo por lo que hizo activamente por la educación, sino por lo que sus enseñanzas aportan.

 

            Señor Presidente: nosotros vamos a hacer mención a algunas de sus obras.

 

Vaz Ferreira, como pensador, como filósofo, abordó prácticamente todos los aspectos que podían ser abordables por alguien con sus condiciones.

 

            Entre sus obras hay algunas de carácter netamente filosófico, en las que asume temáticas que en aquel momento estaban en primer plano. Escribió durante más de 50 años,  lo cual ‑dicho sea de paso‑ no es poca cosa. Para ser más franco con la realidad histórica, en realidad realiza conferencias. Muchas de sus obras y muchas de sus publicaciones no hacen más que recoger esas conferencias. Por lo tanto, poseen la frescura de las conferencias originales, y uno tiene la posibilidad de leerlas más de 50 años después de haber sido pronunciadas.

            Cabe destacar sus obras sobre el pragmatismo, su distinción entre pragmatismo teórico y pragmatismo práctico, su rescate del pragmatismo teórico, su crítica sobre el pragmatismo práctico ‑incisiva, por cierto‑, sus conceptos sobre lo que es la teoría de la verdad para el pragmatismo. Y permítame, Presidente, repasar en dos párrafos esta obra. Allí señala: “El concepto corriente de la verdad o de la realidad ‑dicen los pragmatistas‑ es el concepto de algo inerte o pasivo. La realidad existe, está, y nosotros la conocemos, o no la conocemos. La realidad sería permanente y fija, sin perjuicio de que nuestro conocimiento de ella sea más o menos perfecto.

 

            “En cambio, según el pragmatismo, la verdad se va haciendo, ocurre, sobreviene, y depende de nuestros hechos, de nuestras mismas creencias, en mayor o menor grado. Nosotros contribuimos a hacer la verdad; y ésta es, en resumen, lo que sirve para relacionarse eficazmente con el mundo, lo que da éxito, lo que conduce a resultados, lo que ‘trabaja’”.

 

Sin duda que la disquisición al respecto será mucho más extensa. Efectivamente, hace una crítica muy fuerte del pragmatismo práctico, pero también una valoración muy positiva del pragmatismo teórico.

 

            Permítaseme una licencia poética, y espero que Vaz Ferreira no se espante con lo que voy a decir. El Premio Nobel de Economía, el economista Paul Krugman, recoge mucho de lo que es el pragmatismo teórico. Invito a leer sus obras, pero no por los motivos que llevaron a que se le otorgara el Premio Nobel, sino por su teoría económica, por lo que expresa acerca del papel de las ideas, de los conceptos económicos, de cómo influyen esas creencias en la realidad y en la práctica, y cómo, en definitiva, van construyendo valor de verdad. Creo que es oportuno rescatar algo que hace casi un siglo señalaba y rescataba Vaz Ferreira de esos valores del pragmatismo teórico.

 

            También aborda las cuestiones de la lógica desde una perspectiva bastante distinta; no lo hace desde la perspectiva de la lógica formal. En su obra “Lógica viva” la define como “un estudio de la manera como los hombres piensan, discuten, aciertan o se equivocan ‑sobre todo de las maneras como se equivocan‑ pero de hecho: un análisis de las confusiones más comunes, de los paralogismos más frecuentes en la práctica”.

 

            El objetivo de Vaz Ferreira en esta obra es orientarse “sólo al fin positivamente práctico de que una persona cualquiera, después de leído ese libro, fuera algo más capaz que antes de razonar bien, por una parte, y más capaz, por otra, de evitar algunos errores o confusiones que antes no hubiera evitado, o hubiera evitado con menos facilidad”.

 

            Es un aporte realmente único en el campo de la lógica. Dicho sea de paso, en más de una oportunidad ha estado presente aquí, porque  tiene ese sentido práctico de encare de la lógica, no meramente formal.           

También están sus reflexiones sobre los problemas sociales, su ideario social, la toma de posición comprometida sobre él, su búsqueda para resolver las tensiones generadas entre libertad e igualdad, tensiones más que históricas, casi primitivas para la humanidad. Él no escurre el bulto a esas tensiones entre igualdad y libertad, sino que asume valientemente la discusión, asume valientemente esos problemas sociales y, en definitiva, desde una perspectiva individualista se pronuncia a favor de la libertad del individuo, pero asegurándole un mínimo social integrado, entre otros aspectos, por el derecho a habitar y por medidas tendientes a restringir el efecto contrario a la igualdad de la herencia.

 

            Sin duda, sobre cada una de estas cosas uno podría citar uno, dos, tres, cuatro párrafos, pero seguramente no nos daría el tiempo de la sesión ni la paciencia de quienes nos acompañan.

 

            Asimismo, cabe destacar sus reflexiones en “Sobre el feminismo”. En definitiva, constituye el primer libro que aborda desde una perspectiva filosófica el tema del feminismo en América Latina. Y no es una postura más, no es una postura intrascendente, sino que hace una opción filosófica. Su postura se distingue claramente de lo que él denomina “feminismo de igualación”, es decir, aquel que procura, en nombre de la igualdad, que las mujeres sean jurídica y socialmente iguales a los hombres. Opta por un camino distinto, que yo creo que ha tenido un papel muy positivo; opta por un feminismo comprometido, un feminismo de compensación. Al feminismo de igualación él le hace una crítica que para uno es compartible plenamente: que cuando uno opta por la igualdad social y jurídica de las mujeres frente a los hombres se olvida de que hay cargas y desigualdades de hecho, que son primitivas y que hacen a la condición de ser de diferentes géneros y de tener distintos lugares, distintas posibilidades, porque la biología lo marca así. El feminismo de compensación, por el cual opta Vaz Ferreira, se centra en la necesidad de tomar en cuenta las situaciones una a una y de buscar atenuar las cargas de las mujeres compensando su situación, en vez de proceder simplemente a la igualación. Ese es el compromiso del feminismo de compensación, que lo lleva a impulsar ni más ni menos que el divorcio por la sola voluntad de la mujer, que tiene como punto de partida su insistencia y su prédica.

 

            También aborda los problemas sobre la libertad y el determinismo; aborda esa confusión mental que en muchas teorías a veces se colaba. Trata de resolver esa contradicción entre libertad y determinismo, trata de aportar conceptos que ayuden a solucionar esos problemas.

 

            El aporte de Vaz Ferreira no se limita sólo a estas cuestiones. Sin duda, señor Presidente, creo que se nota que estoy tentado de hablar muchísimo, pero seguramente usted me va a llamar la atención en forma rápida. De todas maneras, me voy a tomar unos minutos más, porque la compañera Silvia Aguiar me dice que siga.

 

            También reflexionó sobre la moralidad y la conciencia moral. Sus afirmaciones son realmente provocadoras. Por ejemplo, en una frase señala: “Poder vivir con la conciencia tranquila, lejos de constituir criterio de superioridad moral, indica normalmente alguna inferioridad: ordinariamente, insensibilidad (salvo ciertos casos de gran simplicidad mental; en ese caso la inferioridad sería intelectual)”.

 

            Es un povocador nato en sus reflexiones; es un pensador agudo. Este es un párrafo de varias páginas, pero no voy a leerlas; los invito a leer los capítulos de “Fermentario”. Si logro que de aquí vaya alguien a buscar las obras de Vaz Ferreira para leer algunas reflexiones, sentiré que he cumplido con el objetivo que señalaba al principio.

            Menciono su reflexión sobre los juicios morales, sobre cómo los hombres solemos ser injustos al hacer juicios morales, sobre cómo muchas veces lo que nos pesa es la falta de tolerancia y en otros casos, el exceso de tolerancia y la necesidad de equilibrios a la hora de realizar los juicios morales. También quiero mencionar sus reflexiones sobre las edades ‑esta sí es para invitar a los jóvenes en particular a leerlas‑, sobre el espíritu innovador en la juventud y sobre cómo los jóvenes tienden a veces a apasionarse de lo nuevo, y lo nuevo resulta ser nuevo en apariencia y no en contenido. Si provoco a algún joven para que vaya a buscar “Sobre Edades” en “Fermentario”, habré cumplido también en cuota parte mi objetivo.

 

            Estoy cerca de terminar, Presidente. Quiero decir algunos chascarrillos que en este caso son bien oportunos. Hay una frase de Vaz Ferreira que dice: “Muy importante prácticamente, no pudiendo aspirar a tener razón en todo lo que creemos, es distinguir los casos en que creemos tener razón y los contrarios no podrían tenerla, y los casos en que creemos tener razón pero los contrarios podrían tenerla.” ¡Qué linda máxima! Hermosa máxima, como me acota la Edila Ferro..

 

(Dialogados)

 

______ La practico, no la anoto.

 

Hay otra frase que seguramente ahora no la voy a encontrar, pero que también me parece maravillosa, que refiere a que si te gusta una frase de alguien, no leas el libro; si te gusta el libro, no leas la obra, y si te gusta la obra, no pretendas conocer al autor. Yo, lamentablemente, debo contradecir a Vaz Ferreira porque a mí me hubiera encantado conocerlo. Quizá se hubiera cumplido su máxima, y me hubiera decepcionado; pero pienso que no. Alguna vez un gran pintor dijo que lo que le llevó más trabajo fue pintar como un niño. En realidad, creo que la perfección de algunas cosas se ve cuando uno puede encontrar una frase que contiene todo esto. En la dedicatoria de “Fermentario”, uno puede encontrar una frase que para mí es de las cosas más profundas, más simples que alguien puede decir. La dedicatoria de “Fermentario” es: “A Elvira Raimondi de Vaz Ferreira, por quien, para mí, no todo ‘lo real fue dolor’ y no todo ‘lo ideal fue sueño’”.

 

            Creo que esto, señor Presidente, pinta a quien sin duda fue un gran hombre.

 

            Muchas gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted, señor Edil.

 

El pintor al que se refería el señor Edil Ferrer es Pablo Picasso, y dijo que hacer los clásicos le había llevado un tiempito y  dibujar como los niños, toda la vida.

 

            Tiene la palabra el señor Edil Aníbal Gloodtdofsky.

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Señor Presidente: nos sentimos honrados, pese a lo árido de la Sala y de la Barra, de hablar sobre Vaz Ferreira. Además, lo hacemos muy contentos porque hemos descubierto que con el Edil Ferrer nos hermana la pasión por este hombre, cuya desaparición física acompañó el lento declive del pensamiento uruguayo. El repecho que ha tenido que ascender el país también ha sido más duro de remontar con la ausencia de hombres como estos, hombres de esas generaciones de comienzos del siglo XX y de lo que se llamó el Uruguay batllista que, francamente, hicieron un país de excepción.

 

            Todo lo que ha dicho el Edil Ferrer me lleva a empezar por la mitad, quizá, para su alegría, señor Presidente.

 

Ya que nosotros no tenemos Media Hora Previa porque no hay número, yo creo que quizá deberíamos de proponer dar pequeñas charlas sobre los puntos que proponía Vaz Ferreira para analizar en esa Media Hora Previa. Seguramente serían muy enriquecedoras para el funcionamiento de este Cuerpo como órgano legislativo e integrado por hombres y mujeres que, seguramente, caen todos los días en los pantanos del lenguaje y de la separación a que el pensamiento por sistema nos lleva.

 

            Acá tengo “Fermentario”, el libro al que se refería el Edil Ferrer; es un incunable, porque está hasta firmado y con la fecha.

 

Creo, Presidente, que es válido contar que allá por el año ’82 fue el comienzo de aquellos tiempos en los cuales nos teníamos que nutrir para afrontar una militancia política distinta, diferente, irrepetible. Una vez, a raíz de una discusión sobre las almas tutelares, el amigo Miguel Manzi me recomendó “Fermentario”; me hice de él en la feria, y aquí está. Fue el comienzo de lo que yo considero que son, aun hoy, los cimientos de nuestra forma de ver las cosas. Porque de “Fermentario” y Vaz Ferreira, con la llama que se inclina por la brisa ‑como sucede con todo aquello expuesto a la libertad‑, pasamos también a José Ingenieros. Quizá para mi falta de profundidad en las cosas me resultaba mucho más fácil abrazar a José Ingenieros, por la rigidez de su pensamiento, a través de “El hombre mediocre”, que me impulsaba también a ser mejor. Después pasamos a Spencer, en la lucha contra el Estado, y ahí ya nos empezamos a fascinar y, lentamente, a sentirnos más firmes y a apasionarnos. Y luego pasamos a Ortega y Gasset, con “La rebelión de las masas”.

 

Ese es, en definitiva, con algunos matices, el ciudadano que tienen ustedes aquí. No hay mucho más que esos cimientos, y creo que no deberían ser suficientes y deberíamos enriquecerlos todos los días. Pero creo que con eso nos ha alcanzado para afrontar las tormentas de la vida.

 

            Entonces, señor Presidente, en el mismo sentido que decía Vaz Ferreira, el hombre tiene que escribir un solo libro en la vida, y después debería escribir revistas mensuales, en las que va poniendo distintas variaciones de lo que escribió algún día, porque es a eso a lo que se dedica: a trabajar y a perfeccionar un solo texto. Luego escribe pensamientos aislados, variantes de ese, y así sucesivamente. Creo que la expresión más clara de eso es, precisamente, “Fermentario”, que es una serie de fogonazos que tiran ideas y que nos obligan a pensar.

 

            Creo que para los hombres que ejercemos política es muy bueno tener presentes algunas pequeñas cosas que aquí vamos a leer, como la actitud del hombre público: “Tranquilidad de conciencia. Satisfacción del deber cumplido”.

“Es curioso que esto lo entiende cualquiera para la vida diaria”. Pero vamos a explicarlo de un modo que pueda entenderse el absurdo que supone. “Si a un hombre se le enferma un hijo, y hace lo posible para salvarlo: le trae médico a tiempo, lo vela, lo cuida y  el hijo se le muere, nadie se atrevería a hablarle de su ‘satisfacción’ por el deber cumplido. Y si él mismo hablara, sería más bien un monstruo.

 

 “Pero no se siente así para otros casos. Se piensa, por ejemplo, que en el hombre público que lucha por un proyecto y no puede realizarlo o realizarlo bien; que en el hombre público que lucha por evitar una guerra o cualquier otra calamidad y no lo consigue, y en toda las situaciones análogas que constituyen la normalidad de la vida, puede haber y debe haber, y sobre todo debe bastar, esa pretendida satisfacción del deber cumplido”.

 

            Además, es una expresión que nosotros escuchamos cuántas veces al culminar una gestión: “Nos vamos con la satisfacción del deber cumplido”.

 

Dice Vaz Ferreira: “Por ejemplo, que el que desea ‑y propugna‑ el bien a realizar, y no lo consigue, o no todo, tiene que sufrir por el bien no realizado, o por no poder realizar bastante.

 

“No puede haber ahí, no ya satisfacción, que querría decir placer, sino siquiera ausencia de sufrimiento.

 

“Ahora, si algunos pueden ‘contentarse con haber cumplido con su deber’, es porque no sienten bastante el deseo del bien real, del bien objetivo; el sufrimiento por el mal real, por el mal objetivo.

“Y puede haber en ello mucho de vanidad, o demasiada satisfacción egoísta. (…)

 

            “En cuanto a ‘conciencia tranquila’, como estado general, revela, salvo casos excepcionales, pobreza o inferioridad en la naturaleza moral.

 

“Salvo deficiencia intelectual, la explicación casi no puede ser sino por algo de esto: desde luego porque el sujeto no duda de sí mismo: suficiencia, orgullo...o estrechez, o dureza...

 

“Y después, sobre todo: falta de dolor por el mal hecho”. Porque siempre, cuando los hombres públicos deciden, toman decisiones y eligen, no hay blancos y negros, soluciones buenas ‑las mejores‑ y soluciones imperfectas ‑las peores‑. Siempre que tomamos una decisión también estamos generando un mal, porque el hecho de que la solución no sea perfecta implica que cada una de nuestras decisiones conlleve también un mal.

 

¡Cuántas veces en esta Junta en oportunidad de homenajes, debates y discusiones somos lapidarios con nuestras expresiones y juicios históricos respecto a distintos personajes! ¡Cuántas veces nos hemos tirado con los muertos ‑por decirlo familiarmente, Presidente‑, con los fusilados, los enterrados, los desaparecidos y las torturas! ¡Cuántas veces nos hemos tirado con esto en los debates! ¡Cuántas veces hemos reivindicado el bien de la libertad y de la democracia! ¿Cuántas veces lo hacemos? Y sin embargo, Vaz Ferreira nos ofrece una visión de lo que deben ser las ilusiones de la opinión y de la historia. Dice ‑y me encanta‑: “Ni la reputación ‑sanción de opinión‑ ni la historia, registran y valoran lo que dejó de hacer el hombre: los errores, insensateces, crímenes, faltas, que inhibió.

 

“Ahora bien: los actos que se cometieron, pueden seguirse en todas las consecuencias. La historia registra y valora males, a veces espantosos, que por haberse realizado ciertos actos se pudieron apreciar y medir”. Es decir, esa cosa espantosa es posible medirla porque realmente sucedió; pero es imposibe pensar qué es lo que hubiera sucedido si tal cosa no hubiera pasado. Tantas veces este es un lugar común en el discurso político. Nadie habla de lo que se evitó hacer cuando se hizo algo, como por ejemplo, cuando las crisis económicas. Nadie se preguntó qué hubiera pasado. Sin embargo, el hombre carga con la culpa o con la responsabilidad de lo que hizo; pero ¿cuánto hubiera evitado? Y pone un ejemplo interesantísimo. Dice: “Pero si aquellos actos no se hubieran cometido, ni la reputación ni la historia harían adivinar ni que pudieron cometerse ni sus efectos fatales. Todo el mal que contenían en potencia, no se puede apreciar. De que Lavalle en un mal momento fusilara a Dorrego, p.ej., resultaron males espantosos...”.  Pasamos hasta 1852 discutiendo, y yo creo que aún hoy, en muchos de nuestros debates ‑particularmente, en las diferencias que mantenemos con el Partido Nacional‑ sigue estando presente el fusilamiento de Dorrego. Como decía: “(...) resultaron males espantosos que entenebrecieron durante muchos años la historia de un país. Si no lo hubiera hecho, todos esos males no hubiera podido preverse: tal vez ni la posibilidad del acto mismo, en el caso de que hubiera sido inhibido”. ¿Qué hubiera pasado si no lo hubiera fusilado a Dorrego? Yo no lo sé.

 

            Señor Presidente: ¿qué me llevó a Vaz Ferreira?

            “Hay dos clases de almas: almas liberales y almas tutelares: Almas cuyo ideal instintivo es la libertad (entendamos, propia y ajena) y almas que tienen un ideal de tutela, y por consiguiente de autoridad: que por una parte necesitan  o desean la tutela, y por otra parte desean imponerla (con fines por lo demás muy a menudo bien intencionados).…” ‑agrego yo que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones‑ “Esta es la oposición más verdadera y más indestructible. Mientras que la otra es psicológicamente mucho menos fundamental: mucho menos difieren, quiero decir, los que están, y combaten, en distintos lados, que los que difieren en clases de alma.”

 

            Para ir concluyendo, señor Presidente, quiero decir que me quedo con el mensaje para este Cuerpo, con el honor de haber podido abordar una brevísima pero analizada semblanza, vertida con el afán de que todo lo bueno de este hombre que creía en la bondad, sirva de aporte a este Cuerpo y a sus debates.

 

            Voy a cerrar estas palabras manifestando aquello que él señalaba refiriéndose a los dioses de Homero; decía que ellos combatían, pero lo hacían con una diferencia: no combatían por el bando en el que estaban; combatían en cada caso por lo justo, prescindiendo del bando.

 

            Concluyo diciendo que quizás esa sea la mejor definición de un hombre libre.

 

            Gracias, Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra la señora Edila Cristina Ferro.

 

SEÑORA FERRO.- Gracias, señor Presidente.

 

            Intentaré ‑con esta voz que tengo hoy‑ expresar algún pensamiento relacionado, señor Presidente, con algo de lo planteado aquí, en Sala, y que refiere a las luces y destaques de una época de pensamiento, una época fermental, de creatividad intelectual, que viviera nuestro país y de la que Carlos Vaz Ferreira fuera uno de sus protagonistas más brillantes.

 

            Esa época, señor Presidente, que tuvo su antes y después y que fue ‑coincido con el Edil Gloodtdofsky‑ desgajándose en el tiempo posterior, nos permite aún hoy abrevar en ella de una manera, yo diría, casi superior, porque cada vez que nos referimos o nos retrotraemos a las circunstancias vividas entonces, cada vez que investigamos las actuaciones de pensadores políticos o políticas de esa época, realmente, señor Presidente, es imperioso para nosotros destacar en algún aspecto y circunstancia, en algún lugar y en algún ámbito, aquellas cuestiones que enriquecen nuestro pensar y nuestro sentir.

 

            Días atrás, señor Presidente, cuando nos cupo el honor ‑honor similar al de hoy‑ de participar en la presentación de un libro referente a la condición de la mujer ‑el libro “Protagonistas y Olvidadas”, sobre la trayectoria de las mujeres en la vida política, institucional y social del Uruguay desde los albores de nuestra nación hasta hoy‑, buscando entre documentos y antecedentes me encontré con una referencia de un ciudadano, un ciudadano que como cualquiera de nosotros caminaba un día por la ciudad y se encontró con un libro. Y dice así: “En camino a mis tareas cotidianas vi un libro singular, en plena avenida montevideana 18 de Julio, fecha que conmemora en el Uruguay, la Jura de la Constitución y para algunos también representa, entre los que me cuento, la independencia misma de este nuestro Uruguay.

 

“Presentado a pocos centímetros del piso entre otras decenas de obras tan valiosas como usadas, en el espacio citadino de un kiosco de diarios y revistas, estaba este pequeño gran libro: ‘República Oriental del Uruguay/ Cámara de Senadores- Homenaje del Parlamento al Dr. Carlos Vaz Ferreira - Mandado  publicar por resolución del 3 de noviembre de 1952’, luciendo al pie de su primer página: ‘Montevideo-1953’”.

 

            Realmente, señor Presidente, si pensamos en lo que debió haber sido el ámbito de ese homenaje a los 80 años del maestro, ¡qué triste resulta hoy asistir a esta sesión, en la que la Junta Departamental de Montevideo homenajea nada menos que a Vaz Ferreira, y que estas bancas y Barras estén vacías!

 

            Conmueve, señor Presidente, el decir y el pensar de este ciudadano común que testifica y testimonia, de alguna manera, lo que le asombró de la lectura de ese libro: el sentirse en medio de aquel ámbito de homenaje a un hombre de pensar superior y, diría yo, más que provocador, absolutamente diferente.

 

            En ese homenaje participaron varios parlamentarios, entre ellos, el Diputado Aldo Ciasullo, quien hizo referencia a varios pasajes de la obra del maestro, a los que no voy a dar lectura, señor Presidente, por razones obvias; mi voz apenas va a alcanzar para decir lo mínimo.

 

            El Diputado cita un pasaje de la obra “Moral para intelectuales”, en el que Vaz Ferreira expresa con meridiana claridad: “La tendencia pedagógica que debe orientar nuestra enseñanza ha de inspirarse, sobre todo, en el punto de vista educativo y de cultura general, nunca prematuramente especializado…” (…) “Los estudios de cultura general…” ‑añade el filósofo homenajeado‑ “…preparando y desarrollando las facultades intelectuales, hacen al sujeto pedagógico infinitamente más capaz de asimilarse los propios conocimientos especiales, que una educación puramente especializada”.

 

            ¡Qué riqueza, señor Presidente, la de esta expresión!, más aún al día de hoy, en que tratamos de llevar al estudiante a compartimentos estancos, donde se perfeccione en determinadas áreas, olvidando el valor de aquello que años atrás tanto importaba: la cultura general, en el más amplio sentido de la palabra, aquello de conocer de tantas materias no un poco, sino lo suficiente como para formar la personalidad de una manera plural y significativamente preparada para los diversos tiempos en los que nos tocara vivir y participar, siendo o no protagonistas, siendo ciudadanos comunes, ciudadanos cotidianos, ciudadanos del montón, en la mejor acepción de la palabra. Conozco muchos, señor Presidente, ante los que debo inclinarme respetuosamente por su vastedad cultural y que son simplemente ciudadanos uruguayos formados en escuelas y liceos públicos, pero ciudadanos que sí participaron en la enseñanza de ese Uruguay de mente abierta y formación amplia.

            “Antes de culminar su intervención, el Diputado Ciasullo recuerda en torno a moral de funcionarios, citada en la obra del filósofo, que este enseña que en la vida pública todos debemos recordar una reflexión de Marco Aurelio que dice: ‘Cuida de no cesarizarte (mando sin trabas)’, en lo que cae con facilidad el jerarca. Dice Vaz Ferreira, además: ‘En la vida pública, sea en la vida política, sea en la vida del funcionario, es menester ‑o, si no, no entrar en ella‑ estar absolutamente preparado para soportar la impopularidad y para afrontarla en todo momento, en todo homenaje al deber’”.

 

            “No cesarizarte”, señor Presidente. ¡Qué enseñanza fantástica! Porque ¡qué tentación y qué declive en la personalidad de muchos es el “cesarizarse” sintiendo que no pueden abandonar el poder, o que el poder no los puede abandonar a ellos, lo que es aún peor!

 

            A los pocos días de ese homenaje que le hizo la Cámara, el 20 de octubre del ’52, el doctor Carlos Vaz Ferreira da una conferencia en el Salón de Honor del Palacio Legislativo, precisamente por sus 80 años. ¡Y qué orgullo es para esta mujer, integrante del Partido Colorado, señor Presidente, que quien abriera el acto y presentara al maestro Vaz Ferreira fuera la doctora Isabel Pinto de Vidal, la primera mujer Senadora por el Partido Colorado en este país! Esa mujer expresó unas criteriosas y, yo diría, avanzadas palabras en su presentación. Decía en uno de esos pasajes, al referirse al maestro: “Amásteis sobre todas las cosas enseñar a la juventud, a esta juventud que nos ha de suceder en los triunfos y en las ansias de una patria (...). Le enseñásteis a apreciar la verdad y el bien sin atarle el espíritu; vuestras ideas caían en el surco, cada cual las interpretaba a su gusto; el respeto por la conciencia de los demás es la base principal de vuestra enseñanza”.

            Luego de despedirse esta Senadora como una alumna agradecida, hace uso de la palabra nuestro pensador, manifestando estos conceptos que merecen ser destacados: “Todo hombre político debe arreglar su vida de tal modo que no dependa de la política: ni por el dinero ni por la vanidad. Esto es muy simple.” (…) “El apolítico es en toda organización, democrática o no, condenable, dando a aquel término el sentido en que debe entendérselo, esto es: el de un ciudadano que no siente, o no siente con bastante intensidad, las cuestiones políticas: las de orden general y las episódicas; o que se desinteresa de ellas. Sentir siempre estas cuestiones y actuar en ellas en el grado para cada uno posible, es deber moral de todo ciudadano’.”

 

            Pensamientos de avanzada, señor Presidente, que muchos decenios después estamos aplicando como algo novedoso, creativo, diferente. Hablamos de construir ciudadanía. ¿Y qué era lo que estaban haciendo estos hombres, este hombre en particular, en esos momentos? ¿Qué era lo que estaban haciendo, señor Presidente ‑lo digo con todo orgullo‑, los batllistas a principios del siglo pasado, cuando buscaban a través de tantas corrientes ideológicas, filosóficas, tantas corrientes diversas de pensamiento, el equilibrio ideal para actuar con justicia social y con justicia moral? Era, precisamente, cumplir con estos deberes.

 

            Y dice el maestro también: “Todo hombre debe sentir la política, y actuar en ella, según sus capacidades (el sufragio es el mínimo). Ningún hombre debe depender de la política en su situación material o en satisfacciones de vanidad o de mando”.

 

            Para terminar, señor Presidente, quiero referirme ‑porque lo ha mencionado anteriormente el señor Edil Ferrer‑ a un aspecto del pensamiento del doctor Vaz Ferreira, como lo fue el pensar en la mujer, en su condición, y el dar origen a toda una teoría justamente en un momento ‑estamos hablando de principios del siglo pasado‑ en el que muchos actores ideológicos, políticos, filosóficos buscaban plasmar el anhelo de tantas y tantas mujeres ‑que luchaban por sus condiciones, por su vida, por la igualdad de su cotidiano vivir con el del hombre‑ en leyes, en propuestas, en códigos. En ese momento Vaz Ferreira crea, da origen a esta teoría a la que aludía el señor Edil Ferrer, del feminismo por compensación o feminismo de compensación. El batllismo procuraba leyes de avanzada para la mujer y pensó en la base del feminismo de igualdad. Y fue grande la resistencia generada por quienes, anacrónicamente, no comprendían lo que muchos aún hoy no comprenden. Porque yo quisiera que se diera un debate sobre feminismo de igualdad, de compensación o diferenciación en los ámbitos parlamentarios de hoy, y ver cuál es la actitud de algunos políticos que se creen de avanzada pero que actúan de una manera absolutamente diferente.

 

Decía que en ese momento el batllismo, que pensaba en el feminismo de igualdad, se vio desbordado por el rechazo brutal que muchos niveles sociales ‑no sólo políticos‑ generaban en relación a esta propuesta. Sin embargo, aceptó ‑y hay escritos formidables de Domingo Arena al respecto‑ esta teoría de Vaz Ferreira del feminismo por compensación o de compensación, que habla de compensar legalmente aquellas diferencias que se dan en la sociedad desde el punto de vista biológico ‑desde el punto de vista de la condición de madre y desde el punto de vista de la condición de mujer‑ en relación con el hombre. Todo esto después fue rechazo por las feministas, que plantearon que no era una teoría viable porque, en definitiva, lo que hacía era discriminar a la mujer estableciendo una importante diferenciación previa con el hombre.

 

Y hoy, cuando está en auge un feminismo de diferenciación con el que se busca diferenciar la condición de la mujer para tratar de alguna manera de igualarla, creo que habría que revisar muy bien ese feminismo de compensación y habría que pensar cómo, partiendo de algunas de esas ideas, se puede generar un feminismo de igualdad, una igualdad real, jurídica, vital y permanentemente dada desde los ámbitos sociales, laborales y culturales, entre el hombre y la mujer.

 

            Por eso, a estos disparadores de la mente, a estos grandes hombres que tanto venera cada uno en su fuero íntimo desde la condición que sea, en nuestro caso como políticos y políticas, como madres y como padres; a estos formidables hombres ‑señor Presidente‑ conviene, de vez en cuando ‑o mejor aún, lo más a menudo posible‑, tenerlos bien cerca para recordar aquello de  no “cesarizarse”, de no convertir esta actividad tan noble en un ejercicio de vanidad ‑que muchas veces es inconfesable pero que se practica‑, y para recordar que esto un día llega a su fin y tenemos que volver a la condición de iguales que tanto nos debe enorgullecer.

 

            Por eso, señor Presidente, a quienes han traído este homenaje aquí, el agradecimiento de quien ha podido expresar un sentimiento muy íntimo en la tarde de hoy.

 

            Gracias, Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted, señora Edila.

 

            No habiendo más Ediles anotados, queremos agradecer a los Ediles y a las Ediles que estuvieron presentes en Sala por compromiso o por convicción. Uno muchas veces se retira de sesiones de homenaje, extraordinarias u ordinarias, con un sentimiento de ¿para qué estuve?. En este caso, como nos pasó en la Intendencia cuando estuvimos trabajando en el tema de las campañas a favor de los vecinos de la ciudad de Montevideo, uno se retira con la sensación de ¡qué suerte que estuve!, más allá del número y de la cantidad. Lamentablemente, en estos tiempos la forma sigue valiendo más que el contenido: importa más la forma en que se festeja un gol que el gol en sí mismo. Esta es una manera de tratar de combatir y contrarrestar esas nuevas formas de la modernidad acudiendo a figuras de respeto intelectual ‑más allá de nuestra capacidad de una total comprensión de lo manifestado‑ como la del doctor Carlos Vaz Ferreira.

 

            Muchísimas gracias a todas y a todos por haber estado presentes.

 

            Se levanta la sesión.

 

(Es la hora 17:25)