ACTA N° 1.421
En Montevideo, a los
cuatro días del mes de noviembre de dos mil ocho, siendo la hora dieciséis y
diez minutos, celebró SESIÓN EXTRAORDINARIA
DON GASTÓN SILVA, Presidente.
Secretaría de los
señores: Alejandro Sánchez, Secretario General y José María Bidegain,
Secretario General Adjunto.
Con la asistencia de
los señores Ediles:
TITULARES
MERONI, JORGE AYESTARÁN,
TERESITA
GARÍN, GRACIELA ESTAVILLO,
EDMUNDO
CAIRO, CECILIA TUTZÓ,
CARLOS
VILLAMARÍN, FABIÁN SÁNCHEZ, JAR
CURUTCHET, OSCAR FACHINETTI, ANGEL
FERRER, PABLO OSTA,
GUSTAVO
SCHIAVONE, JULIO FERRO, CRISTINA
MARTÍNEZ, LUIS GLOOTDOFSKY,
ANÍBAL
AGUIAR, SILVIA VIVIANO,
ÁLVARO
MENDIONDO, DARI
SUPLENTES
LUCAS, EDUARDO NIEVES, DANTE
SEÑOR PRESIDENTE (Gastón
Silva).- Buenas tardes.
SESIÓN EXTRAORDINARIA
EN HOMENAJE A LA FIGURA DEL DR. CARLOS VAZ FERREIRA.
(EXP. 2008-0514)
Estamos dando inicio a la sesión extraordinaria que hoy,
martes 4 de noviembre de 2008, realizamos en homenaje a la figura del doctor
Carlos Vaz Ferreira.
(Es la hora 16:08)
______Para dar lectura a
los saludos que hemos recibido, le damos la palabra al señor Secretario
General.
SEÑOR SECRETARIO GENERAL
(Alejandro Sánchez).- “Montevideo, 31 de octubre de 2008. Sr. Gastón Silva.
Presidente de
“He recibido con mucho gusto la invitación que me cursara
para compartir con Ud.
“Lamentablemente compromisos asumidos con anterioridad me
impiden acompañarlos en tal especial ocasión.
“Sin otro particular saluda a Usted atentamente, Ricardo
Ehrlich, Intendente de Montevideo.”
“Montevideo, 31 de octubre de 2008. Señores Integrantes
de
“Por compromisos ya asumidos no podré estar junto a
ustedes en las actividades previstas para ese día.
“Reciban mis felicitaciones y aprovecho la ocasión para
enviarles un cordial saludo, Dra. María Julia Muñoz, Ministra de Salud
Pública.”
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Habiéndose leído los saludos correspondientes, pasamos a la
presentación de un PowerPoint referido a la figura que hoy estamos
homenajeando.
(Se exhibe presentación
multimedia)
______Tiene la palabra
la señora Edila
SEÑORA AGUIAR.- Gracias,
señor Presidente.
Hoy estamos celebrado una sesión especial de homenaje al
filósofo Carlos Vaz Ferreira.
A mi modo de ver, en el mes de octubre ‑que es el
mes que se le dedicó a esta figura‑ ya se realizaron dos grandes
conmemoraciones: una fue la exposición que se realizó en nuestra Sala de
Exposiciones, que emanó de una investigación histórica, y la otra fue la
colocación de un monolito en el Parque Vaz Ferreira, en
Cuando nosotros pensamos en esta ciudad de Montevideo y
en el porqué de algunas cosas, por ejemplo, por qué este parque que estaba
concebido como un parque mayor de nuestra ciudad lleva el nombre de un filósofo
como Carlos Vaz Ferreira ‑que uno lo asocia a la filosofía y no tanto a
la naturaleza‑, nos damos cuenta de que no hay un lugar más justo para
llevar su nombre. Si bien Vaz Ferreira fue un filósofo y un epistemólogo de
real valor, también fue un naturalista como casi nadie. Así como amó y
profundizó en el conocimiento de lo humano, amó y profundizó en el conocimiento
de la naturaleza. Yo me voy a permitir citarlo en este aspecto, es decir, en lo
humano. Dice algo que a todos nos interesa, porque se refiere al lenguaje:
“Nuestro lenguaje corriente, o nuestra manera corriente de pensar, consiste en
calificar, en aplicar atributos a sujetos, en resumen, en clasificar. Pensamos
continuamente, o hablamos o discutimos sobre si tal o cual persona concreta,
Pedro, es ‘bueno’ o es ‘malo’, (…) lo
que la lógica no ha visto todavía claramente es que en todos estos casos flotan
las mismas falacias que se muestran a propósito de las clasificaciones
conscientes; y que estas clasificaciones que nosotros aplicamos a los seres o a
los fenómenos en el lenguaje corriente son también esquemas…”. ¿Qué quiere
decir él? Nosotros pensamos: “Pedro es bueno o es malo”, “Pedro es solidario” o
“Pedro es alegre”. Nadie es del todo bueno ni del todo malo, sino que intenta
ser lo mejor que puede. Es en ese sentido que a veces nos apresuramos a
clasificar.
Con respecto a por qué amó la naturaleza, los compañeros
que asistieron a la inauguración de la exposición o los que la visitaron
posteriormente habrán visto que en una de las esquinas había un ramo de
glicinas, que tiene que ver con su profundo amor por la naturaleza. Este
aspecto lo llevó a detener la construcción de un muro con el fin tan importante
de preservar un tronco de glicinas. Precisamente, su hija, en una reflexión,
dice que parecería que esa vieja glicina, agradecida, florece todas las
primaveras por aquella acción. Creo que esto es muy interesante y que demuestra
cómo se pueden conjugar el pensamiento y la reflexión que hay en todas las
obras de Vaz Ferreira, con ese amor por la naturaleza.
Dice su hija: “Conocido es el cariño que le profesaba a
las plantas y cuán sincero era el que sintió por una añosa glicina que extendía
sus innumerables brazos frente al antiguo escritorio de su quinta de Atahualpa,
que hizo desviar la línea de edificación varios metros ante el estupefacto
asombro del arquitecto Alberto Riboratti”. Uno se lo imagina. “Parecería que la
planta, conmovida en agradecimiento, no solamente ha subsistido con corroída
estructura centenaria, sino que de su tronco sin ramas ni hojas hace florecer
aun tiernos racimos (...) que ofrecen un contraste muy sugestivo”.
Vaz Ferreira fue un hombre que tenía, como muchos, el
placer de pensar y el placer de reflexionar tanto sobre el aspecto de lo humano
como sobre el de la naturaleza. Cuando él tuvo su cátedra libre o cuando fundó
También fue un maestro; el aspecto docente de Vaz
Ferreira, más allá de su investigación, es muy importante.
Tuvo grandes amigos, entre los cuales a mí me gustaría
destacar a nuestro querido Frugoni, que permitió que Vaz Ferreira fuera
incluido en la lista del Partido Socialista. Él decía que tenía una amistad de
tantos años con Frugoni y que tenía tantas ideas en común que propiciaba que él
y Frugoni tuvieran un intercambio político ‑aunque no fue un hombre de
política‑ muy fructífero.
Creo que son
bien interesantes estos diferentes aspectos del maestro.
Quiero aquí
felicitar a
También en el
Paraninfo de
Creo que es muy
bueno que esta Junta se haya unido cuando a partir de una propuesta se
reflexiona y se profundiza sobre el aporte que hizo Vaz Ferreira a la sociedad, y a la sociedad
montevideana en particular, que es con la que nosotros nos comprometemos. Hoy,
como corolario de estas actividades que se desarrollaron en todo Montevideo ‑en
las escuelas públicas, en los liceos, en los museos, en otros lugares y en su
propia casa, que fue visitada por mucha gente‑ realizamos este homenaje,
que es bueno porque nos permite a nosotros también engrandecernos en el estudio
de este filósofo tan querido por todos y tan olvidado durante tantos años.
Es todo.
Gracias.
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Gracias a usted, señora Edila.
Vamos a escuchar una grabación a pedido del Edil Dante
Nieves.
(Así se efectúa)
“En la voz de Carlos Vaz Ferreira: Psicología de
“En el plan de conferencias de este año me propongo
tratar algunos hechos y teorías sobre arte. Por ejemplo, la relación de algunas
artes con las otras; similitudes y diferencias, y también algunas teorías y
hechos científicos.
“Pero antes de entrar en esos temas voy a referirme hoy a
hechos que he observado y a consideraciones que ellos me han sugerido sobre
psicología de la credulidad, porque algunas personas han creído que explicar
algo sobre este punto ‑pues tengo alguna experiencia de él‑ puede
tener cierta utilidad. Voy a tratar de satisfacerlas.
“Algo sobre psicología de la credulidad. No trataré de
los efectos psicológicos de la credulidad en cuanto a la calumnia. Recuérdense
tantos proverbios populares y la romanza de Rossini, que puede bastar.
Prescindiremos así del animus, o sea
de la intención de afirmaciones o insinuaciones, pues lo que interesa son los
efectos de ellas sobre la credulidad de los hombres, y aun sin afirmaciones o
insinuaciones, lo que en general y en virtud de la psicología especial de la
credulidad humana tiende generalmente a producirse. Yo una vez escribí esto:
‘la reputación depende de lo que uno hace y de lo que los demás dicen, y
todavía lo que uno hace no sirve sino para déclencher’.
“Antes de
entrar al asunto, me tienta referir un cuento que encontré en una novela de
Cherbuliez y que no viene mal recordar a propósito de muchos hechos reales o
posibles; especialmente los funcionarios deberían todos conocerlo.
“Un hombre se encontró en la calle una cartera con dos
mil francos y cumpliendo la ordenanza respectiva la entregó en el próximo
puesto de policía. En el primer mes, el hecho se comentaba así: ’N es un hombre
muy honesto. Encontró en la calle una cartera con dos mil francos y enseguida
la fue a entregar a la policía’. El segundo mes, el comentario tomó esta forma:
¡Al fin y al cabo, ese señor N, al entregar a la policía la cartera con los dos
mil francos, no hizo más que cumplir con su deber’. En el tercer mes, el
comentario ya fue éste: ’Y quién nos prueba que no había más que dos mil
francos en la cartera’. Y siguió pasando tiempo, y N, que era empleado en un
Ministerio, no ascendía nunca. Todos pasaban antes que él. Hasta que encontró a
alguien que se prestó a llevar la queja al Ministro. ’Sí’, respondió éste, ’ese
señor N es efectivamente empleado nuestro y es competente y cumplidor. Pero,
¿qué quiere usted? En la historia de ese hombre hay un asunto de unos dos mil
francos que nunca se ha podido aclarar bien’.”
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Dante Nieves.
SEÑOR NIEVES.- Gracias,
Presidente.
Nos pareció oportuno traer a colación estas palabras,
como funcionarios públicos que somos. Nunca debemos olvidar situaciones como
las que Vaz Ferreira repetía y que aún hoy son vigentes, reales, y que podemos
percibir todos los días. Porque eso es lo importante de Vaz Ferreira, eso es lo
que nos trasmitió a través de toda su vida. Por eso realizar este homenaje
desde
Entonces, en
ese desafío constante nos encaminamos para recordar a Vaz Ferreira. Obviamos
los datos biográficos y bibliográficos, que ya quedaron referidos en la
presentación inicial. Nos queremos dirigir más hacia la línea motivadora de su
pensamiento, que fue el más claro ejemplo de tránsito para los que
considerábamos a la filosofía como un camino oscuro para recorrer. Creo que no
debe haber ninguno de nosotros a quien la filosofía, en un primer momento, no
nos haya puesto barreras que parecían insondables. Pero luego, a través de la
lectura de su obra, el pensamiento de Vaz Ferreira fue como un haz de luz, como
una linterna, y llegamos a comprender temas que parecían insondables; no hay
más que ponerse a leerlo en forma pausada y tranquila para entrar a dialogar
con su pensamiento y a comprender las cosas.
El Parlamento
Nacional publicó sus obras completas;
Como humanista
auténtico, nacido en época del positivismo ‑tal como lo analizaba Ardao
en el libro sobre el positivismo en el Uruguay‑, también se preocupó por
lo inmediato ‑a esto hacía referencia
Descolló en
todas las ramas de la enseñanza con un espíritu académico desacartonado que lo
llevó siempre a ser comprendido, ya fuera por
Consideramos,
al igual que los recopiladores de sus obras, que quien más perfectamente lo
definió fue Don Miguel de Unamuno cuando a principios del siglo XX escribía
sobre el joven Vaz Ferreira: “Sus libros más que escritos parecen hablados; y a
través del libro se oye la voz del profesor”. “He ahí” ‑agregaba‑
“el encanto de su estilo de apariencia descuidada”.
Hace un tiempo,
en un análisis periodístico en un semanario, hablando sobre estas cosas de los
hombres públicos, analizábamos la vigencia de su pensamiento, de lo que él
escribió a principios del siglo XX; lo analizábamos desde el punto de vista de
la moral para los hombres públicos en función de la obra “Moral para
intelectuales”. Y justamente hacíamos referencia a cuán vigentes están en el
siglo XXI los pensamientos de las primeras décadas del siglo XX para ser
rectores del pensamiento del hombre público. Son una base fundamental y no se
apartan en nada; parece que estuviéramos leyendo algo escrito hoy para el
hombre de hoy.
Siguiendo con
lo cotidiano de Vaz Ferreira, si analizamos su libro “Sobre la propiedad de la
tierra”, nos encontramos con que habla del derecho de estar del hombre, del
derecho de habitar, y dice: “…que cada individuo en su planeta, en su nación,
sin precio ni permiso...”; ese es el derecho humano fundamental. Si continuamos
analizando todo el tema, lo que él decía sobre la propiedad de la tierra hace
80 ó 90 años, vemos que es totalmente vigente; es un pensamiento planteado en
los albores del siglo XX, de carácter social, batllista lo llamaríamos
nosotros, porque el desarrollo de la propiedad de la tierra era un principio
netamente batllista. Spencer decía: “Esta ley, entendida en su acepción ética,
implica que cada individuo recogerá los resultados favorables y desfavorables
de su propia naturaleza y de la conducta que de ella resulta”, tal como recién
se lo escuchábamos manifestar a Vaz Ferreira.
Cabe destacar
también la vigencia de sus apreciaciones en su libro “Sobre el feminismo”; se
trata de temas que en la actualidad estamos tratando en forma permanente,
aunque con otras denominaciones: hoy hablamos de equidad y género. A eso
apuntaban las propuestas y el pensamiento de Vaz Ferreira hace ya más de 80
años. Analizaba los temas con absoluta claridad; si nos abstraemos de quién fue
el autor de esos pensamientos y cuándo los escribió, vemos que planteaba los
mismos temas que discutimos nosotros diariamente.
Y no debemos
olvidar los principios desarrollados a nivel de la enseñanza en nuestro país.
Hoy hablamos permanentemente de la posibilidad de que los jóvenes se
desarrollen en la enseñanza media, de la posibilidad de que adquieran títulos
en un sentido amplio ‑profesiones, capacitación‑, títulos que les
permitan integrarse a la vida laboral activa con un conocimiento importante. Ya
Vaz Ferreira en 1940 hablaba de la enseñanza y de un doble plan que permitiera
el perfeccionamiento de ésta, “disolviendo la enseñanza superior y la enseñanza
media para permitir el temprano perfeccionamiento de los jóvenes, con
conocimientos que les permitan abrirse caminos por profesiones intermedias, que
les permitan una más rápida interacción social”. ¡Si esa no es la reforma
educativa de la que estamos hablando hoy...! Es real; era la propuesta de Vaz
Ferreira 70 años atrás.
Señor
Presidente: voy a terminar por aquí para permitir que otros compañeros
continúen con este homenaje. Simplemente, pretendíamos dejar una cosmovisión
sobre Vaz Ferreira, sobre lo que representó su pensamiento vivo en la primera
mitad del siglo XX y su proyección hacia el siglo XXI.
Gracias, señor Presidente.
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Gracias a usted.
Tiene la palabra el Edil Pablo Ferrer.
SEÑOR FERRER.- Señor
Presidente: en primer lugar, reconozco a quienes tuvieron la iniciativa de
realizar este justo homenaje.
Más allá de que
este año se dé la particularidad de que se cumplen 50 años del fallecimiento de
Carlos Vaz Ferreira y de que en el Día del Patrimonio se lo haya recordado, la
verdad es que homenajear y mantener vivos los pensamientos y la vasta
trayectoria de este hombre significa para algunos una especie de compromiso,
aunque en realidad siempre sentiremos que no hacemos lo suficiente.
No hace mucho rato con los compañeros de trabajo
intercambiábamos algunas ideas, algunas inquietudes respecto de quién era
Carlos Vaz Ferreira, y lo que uno tiene muy presente es que realmente los jóvenes
saben muy poco acerca de él. Por esas cosas de la vida, tengo el beneficio de
poder contar en casa con la colección completa de Carlos Vaz Ferreira, editada
por
Señor Presidente: nosotros vamos a hacer mención a
algunas de sus obras.
Vaz Ferreira,
como pensador, como filósofo, abordó prácticamente todos los aspectos que
podían ser abordables por alguien con sus condiciones.
Entre sus obras hay algunas de carácter netamente
filosófico, en las que asume temáticas que en aquel momento estaban en primer
plano. Escribió durante más de 50 años,
lo cual ‑dicho sea de paso‑ no es poca cosa. Para ser más
franco con la realidad histórica, en realidad realiza conferencias. Muchas de
sus obras y muchas de sus publicaciones no hacen más que recoger esas
conferencias. Por lo tanto, poseen la frescura de las conferencias originales,
y uno tiene la posibilidad de leerlas más de 50 años después de haber sido
pronunciadas.
Cabe destacar sus obras sobre el pragmatismo, su
distinción entre pragmatismo teórico y pragmatismo práctico, su rescate del
pragmatismo teórico, su crítica sobre el pragmatismo práctico ‑incisiva,
por cierto‑, sus conceptos sobre lo que es la teoría de la verdad para el
pragmatismo. Y permítame, Presidente, repasar en dos párrafos esta obra. Allí
señala: “El concepto corriente de la verdad o de la realidad ‑dicen los
pragmatistas‑ es el concepto de algo inerte o pasivo. La realidad existe,
está, y nosotros la conocemos, o no la conocemos. La realidad sería permanente
y fija, sin perjuicio de que nuestro conocimiento de ella sea más o menos
perfecto.
“En cambio, según el pragmatismo, la verdad se va
haciendo, ocurre, sobreviene, y depende de nuestros hechos, de nuestras mismas
creencias, en mayor o menor grado. Nosotros contribuimos a hacer la verdad; y
ésta es, en resumen, lo que sirve para relacionarse eficazmente con el mundo,
lo que da éxito, lo que conduce a resultados, lo que ‘trabaja’”.
Sin duda que la
disquisición al respecto será mucho más extensa. Efectivamente, hace una
crítica muy fuerte del pragmatismo práctico, pero también una valoración muy
positiva del pragmatismo teórico.
Permítaseme una licencia poética, y espero que Vaz
Ferreira no se espante con lo que voy a decir. El Premio Nobel de Economía, el
economista Paul Krugman, recoge mucho de lo que es el pragmatismo teórico.
Invito a leer sus obras, pero no por los motivos que llevaron a que se le
otorgara el Premio Nobel, sino por su teoría económica, por lo que expresa
acerca del papel de las ideas, de los conceptos económicos, de cómo influyen
esas creencias en la realidad y en la práctica, y cómo, en definitiva, van
construyendo valor de verdad. Creo que es oportuno rescatar algo que hace casi
un siglo señalaba y rescataba Vaz Ferreira de esos valores del pragmatismo
teórico.
También aborda las cuestiones de la lógica desde una
perspectiva bastante distinta; no lo hace desde la perspectiva de la lógica
formal. En su obra “Lógica viva” la define como “un estudio de la manera como
los hombres piensan, discuten, aciertan o se equivocan ‑sobre todo de las
maneras como se equivocan‑ pero de hecho: un análisis de las confusiones
más comunes, de los paralogismos más frecuentes en la práctica”.
El objetivo de Vaz Ferreira en esta obra es orientarse
“sólo al fin positivamente práctico de que una persona cualquiera, después de
leído ese libro, fuera algo más capaz que antes de razonar bien, por una parte,
y más capaz, por otra, de evitar algunos errores o confusiones que antes no
hubiera evitado, o hubiera evitado con menos facilidad”.
Es un aporte realmente único en el campo de la lógica.
Dicho sea de paso, en más de una oportunidad ha estado presente aquí,
porque tiene ese sentido práctico de
encare de la lógica, no meramente formal.
También están
sus reflexiones sobre los problemas sociales, su ideario social, la toma de
posición comprometida sobre él, su búsqueda para resolver las tensiones
generadas entre libertad e igualdad, tensiones más que históricas, casi
primitivas para la humanidad. Él no escurre el bulto a esas tensiones entre
igualdad y libertad, sino que asume valientemente la discusión, asume
valientemente esos problemas sociales y, en definitiva, desde una perspectiva
individualista se pronuncia a favor de la libertad del individuo, pero
asegurándole un mínimo social integrado, entre otros aspectos, por el derecho a
habitar y por medidas tendientes a restringir el efecto contrario a la igualdad
de la herencia.
Sin duda, sobre cada una de estas cosas uno podría citar
uno, dos, tres, cuatro párrafos, pero seguramente no nos daría el tiempo de la
sesión ni la paciencia de quienes nos acompañan.
Asimismo, cabe destacar sus reflexiones en “Sobre el
feminismo”. En definitiva, constituye el primer libro que aborda desde una
perspectiva filosófica el tema del feminismo en América Latina. Y no es una
postura más, no es una postura intrascendente, sino que hace una opción
filosófica. Su postura se distingue claramente de lo que él denomina “feminismo
de igualación”, es decir, aquel que procura, en nombre de la igualdad, que las
mujeres sean jurídica y socialmente iguales a los hombres. Opta por un camino
distinto, que yo creo que ha tenido un papel muy positivo; opta por un
feminismo comprometido, un feminismo de compensación. Al feminismo de
igualación él le hace una crítica que para uno es compartible plenamente: que
cuando uno opta por la igualdad social y jurídica de las mujeres frente a los
hombres se olvida de que hay cargas y desigualdades de hecho, que son
primitivas y que hacen a la condición de ser de diferentes géneros y de tener
distintos lugares, distintas posibilidades, porque la biología lo marca así. El
feminismo de compensación, por el cual opta Vaz Ferreira, se centra en la
necesidad de tomar en cuenta las situaciones una a una y de buscar atenuar las
cargas de las mujeres compensando su situación, en vez de proceder simplemente
a la igualación. Ese es el compromiso del feminismo de compensación, que lo
lleva a impulsar ni más ni menos que el divorcio por la sola voluntad de la
mujer, que tiene como punto de partida su insistencia y su prédica.
También aborda los problemas sobre la libertad y el
determinismo; aborda esa confusión mental que en muchas teorías a veces se
colaba. Trata de resolver esa contradicción entre libertad y determinismo,
trata de aportar conceptos que ayuden a solucionar esos problemas.
El aporte de Vaz Ferreira no se limita sólo a estas
cuestiones. Sin duda, señor Presidente, creo que se nota que estoy tentado de
hablar muchísimo, pero seguramente usted me va a llamar la atención en forma
rápida. De todas maneras, me voy a tomar unos minutos más, porque la compañera
También reflexionó sobre la moralidad y la conciencia
moral. Sus afirmaciones son realmente provocadoras. Por ejemplo, en una frase
señala: “Poder vivir con la conciencia tranquila, lejos de constituir criterio
de superioridad moral, indica normalmente alguna inferioridad: ordinariamente,
insensibilidad (salvo ciertos casos de gran simplicidad mental; en ese caso la
inferioridad sería intelectual)”.
Es un povocador nato en sus reflexiones; es un pensador
agudo. Este es un párrafo de varias páginas, pero no voy a leerlas; los invito
a leer los capítulos de “Fermentario”. Si logro que de aquí vaya alguien a
buscar las obras de Vaz Ferreira para leer algunas reflexiones, sentiré que he
cumplido con el objetivo que señalaba al principio.
Menciono su reflexión sobre los juicios morales, sobre
cómo los hombres solemos ser injustos al hacer juicios morales, sobre cómo
muchas veces lo que nos pesa es la falta de tolerancia y en otros casos, el
exceso de tolerancia y la necesidad de equilibrios a la hora de realizar los
juicios morales. También quiero mencionar sus reflexiones sobre las edades ‑esta
sí es para invitar a los jóvenes en particular a leerlas‑, sobre el
espíritu innovador en la juventud y sobre cómo los jóvenes tienden a veces a
apasionarse de lo nuevo, y lo nuevo resulta ser nuevo en apariencia y no en
contenido. Si provoco a algún joven para que vaya a buscar “Sobre Edades” en
“Fermentario”, habré cumplido también en cuota parte mi objetivo.
Estoy cerca de terminar, Presidente. Quiero decir algunos
chascarrillos que en este caso son bien oportunos. Hay una frase de Vaz
Ferreira que dice: “Muy importante prácticamente, no pudiendo aspirar a tener
razón en todo lo que creemos, es distinguir los casos en que creemos tener
razón y los contrarios no podrían tenerla, y los casos en que creemos tener
razón pero los contrarios podrían tenerla.” ¡Qué linda máxima! Hermosa máxima,
como me acota
(Dialogados)
______ La practico, no
la anoto.
Hay otra frase
que seguramente ahora no la voy a encontrar, pero que también me parece
maravillosa, que refiere a que si te gusta una frase de alguien, no leas el
libro; si te gusta el libro, no leas la obra, y si te gusta la obra, no
pretendas conocer al autor. Yo, lamentablemente, debo contradecir a Vaz
Ferreira porque a mí me hubiera encantado conocerlo. Quizá se hubiera cumplido
su máxima, y me hubiera decepcionado; pero pienso que no. Alguna vez un gran
pintor dijo que lo que le llevó más trabajo fue pintar como un niño. En
realidad, creo que la perfección de algunas cosas se ve cuando uno puede
encontrar una frase que contiene todo esto. En la dedicatoria de “Fermentario”,
uno puede encontrar una frase que para mí es de las cosas más profundas, más
simples que alguien puede decir. La dedicatoria de “Fermentario” es: “A Elvira
Raimondi de Vaz Ferreira, por quien, para mí, no todo ‘lo real fue dolor’ y no
todo ‘lo ideal fue sueño’”.
Creo que esto, señor Presidente, pinta a quien sin duda
fue un gran hombre.
Muchas gracias.
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Gracias a usted, señor Edil.
El pintor al
que se refería el señor Edil Ferrer es Pablo Picasso, y dijo que hacer los
clásicos le había llevado un tiempito y
dibujar como los niños, toda la vida.
Tiene la palabra el señor Edil Aníbal Gloodtdofsky.
SEÑOR GLOODTDOFSKY.-
Señor Presidente: nos sentimos honrados, pese a lo árido de
Todo lo que ha dicho el Edil Ferrer me lleva a empezar
por la mitad, quizá, para su alegría, señor Presidente.
Ya que nosotros
no tenemos Media Hora Previa porque no hay número, yo creo que quizá deberíamos
de proponer dar pequeñas charlas sobre los puntos que proponía Vaz Ferreira
para analizar en esa Media Hora Previa. Seguramente serían muy enriquecedoras
para el funcionamiento de este Cuerpo como órgano legislativo e integrado por
hombres y mujeres que, seguramente, caen todos los días en los pantanos del
lenguaje y de la separación a que el pensamiento por sistema nos lleva.
Acá tengo “Fermentario”, el libro al que se refería el
Edil Ferrer; es un incunable, porque está hasta firmado y con la fecha.
Creo,
Presidente, que es válido contar que allá por el año ’82 fue el comienzo de
aquellos tiempos en los cuales nos teníamos que nutrir para afrontar una
militancia política distinta, diferente, irrepetible. Una vez, a raíz de una
discusión sobre las almas tutelares, el amigo Miguel Manzi me recomendó
“Fermentario”; me hice de él en la feria, y aquí está. Fue el comienzo de lo
que yo considero que son, aun hoy, los cimientos de nuestra forma de ver las
cosas. Porque de “Fermentario” y Vaz Ferreira, con la llama que se inclina por
la brisa ‑como sucede con todo aquello expuesto a la libertad‑,
pasamos también a José Ingenieros. Quizá para mi falta de profundidad en las
cosas me resultaba mucho más fácil abrazar a José Ingenieros, por la rigidez de
su pensamiento, a través de “El hombre mediocre”, que me impulsaba también a
ser mejor. Después pasamos a Spencer, en la lucha contra el Estado, y ahí ya
nos empezamos a fascinar y, lentamente, a sentirnos más firmes y a
apasionarnos. Y luego pasamos a Ortega y Gasset, con “La rebelión de las
masas”.
Ese es, en
definitiva, con algunos matices, el ciudadano que tienen ustedes aquí. No hay
mucho más que esos cimientos, y creo que no deberían ser suficientes y
deberíamos enriquecerlos todos los días. Pero creo que con eso nos ha alcanzado
para afrontar las tormentas de la vida.
Entonces, señor Presidente, en el mismo sentido que decía
Vaz Ferreira, el hombre tiene que escribir un solo libro en la vida, y después
debería escribir revistas mensuales, en las que va poniendo distintas
variaciones de lo que escribió algún día, porque es a eso a lo que se dedica: a
trabajar y a perfeccionar un solo texto. Luego escribe pensamientos aislados,
variantes de ese, y así sucesivamente. Creo que la expresión más clara de eso
es, precisamente, “Fermentario”, que es una serie de fogonazos que tiran ideas
y que nos obligan a pensar.
Creo que para los hombres que ejercemos política es muy
bueno tener presentes algunas pequeñas cosas que aquí vamos a leer, como la
actitud del hombre público: “Tranquilidad de conciencia. Satisfacción del deber
cumplido”.
“Es curioso que
esto lo entiende cualquiera para la vida diaria”. Pero vamos a explicarlo de un
modo que pueda entenderse el absurdo que supone. “Si a un hombre se le enferma
un hijo, y hace lo posible para salvarlo: le trae médico a tiempo, lo vela, lo
cuida y el hijo se le muere, nadie se
atrevería a hablarle de su ‘satisfacción’ por el deber cumplido. Y si él mismo
hablara, sería más bien un monstruo.
“Pero no se siente así para otros casos. Se
piensa, por ejemplo, que en el hombre público que lucha por un proyecto y no
puede realizarlo o realizarlo bien; que en el hombre público que lucha por
evitar una guerra o cualquier otra calamidad y no lo consigue, y en toda las
situaciones análogas que constituyen la normalidad de la vida, puede haber y
debe haber, y sobre todo debe bastar, esa pretendida satisfacción del deber
cumplido”.
Además, es una expresión que nosotros escuchamos cuántas
veces al culminar una gestión: “Nos vamos con la satisfacción del deber
cumplido”.
Dice Vaz
Ferreira: “Por ejemplo, que el que desea ‑y propugna‑ el bien a
realizar, y no lo consigue, o no todo, tiene que sufrir por el bien no
realizado, o por no poder realizar bastante.
“No puede haber
ahí, no ya satisfacción, que querría decir placer, sino siquiera ausencia de
sufrimiento.
“Ahora, si
algunos pueden ‘contentarse con haber cumplido con su deber’, es porque no
sienten bastante el deseo del bien real, del bien objetivo; el sufrimiento por
el mal real, por el mal objetivo.
“Y puede haber
en ello mucho de vanidad, o demasiada satisfacción egoísta. (…)
“En cuanto a ‘conciencia tranquila’, como estado general,
revela, salvo casos excepcionales, pobreza o inferioridad en la naturaleza
moral.
“Salvo
deficiencia intelectual, la explicación casi no puede ser sino por algo de
esto: desde luego porque el sujeto no duda de sí mismo: suficiencia,
orgullo...o estrechez, o dureza...
“Y después,
sobre todo: falta de dolor por el mal hecho”. Porque siempre, cuando los
hombres públicos deciden, toman decisiones y eligen, no hay blancos y negros,
soluciones buenas ‑las mejores‑ y soluciones imperfectas ‑las
peores‑. Siempre que tomamos una decisión también estamos generando un
mal, porque el hecho de que la solución no sea perfecta implica que cada una de
nuestras decisiones conlleve también un mal.
¡Cuántas veces
en esta Junta en oportunidad de homenajes, debates y discusiones somos
lapidarios con nuestras expresiones y juicios históricos respecto a distintos
personajes! ¡Cuántas veces nos hemos tirado con los muertos ‑por decirlo
familiarmente, Presidente‑, con los fusilados, los enterrados, los
desaparecidos y las torturas! ¡Cuántas veces nos hemos tirado con esto en los
debates! ¡Cuántas veces hemos reivindicado el bien de la libertad y de la
democracia! ¿Cuántas veces lo hacemos? Y sin embargo, Vaz Ferreira nos ofrece
una visión de lo que deben ser las ilusiones de la opinión y de la historia.
Dice ‑y me encanta‑: “Ni la reputación ‑sanción de opinión‑
ni la historia, registran y valoran lo que dejó de hacer el hombre: los
errores, insensateces, crímenes, faltas, que inhibió.
“Ahora bien:
los actos que se cometieron, pueden seguirse en todas las consecuencias. La
historia registra y valora males, a veces espantosos, que por haberse realizado
ciertos actos se pudieron apreciar y medir”. Es decir, esa cosa espantosa es
posible medirla porque realmente sucedió; pero es imposibe pensar qué es lo que
hubiera sucedido si tal cosa no hubiera pasado. Tantas veces este es un lugar
común en el discurso político. Nadie habla de lo que se evitó hacer cuando se
hizo algo, como por ejemplo, cuando las crisis económicas. Nadie se preguntó
qué hubiera pasado. Sin embargo, el hombre carga con la culpa o con la
responsabilidad de lo que hizo; pero ¿cuánto hubiera evitado? Y pone un ejemplo
interesantísimo. Dice: “Pero si aquellos actos no se hubieran cometido, ni la
reputación ni la historia harían adivinar ni que pudieron cometerse ni sus
efectos fatales. Todo el mal que contenían en potencia, no se puede apreciar.
De que Lavalle en un mal momento fusilara a Dorrego, p.ej., resultaron males
espantosos...”. Pasamos hasta 1852
discutiendo, y yo creo que aún hoy, en muchos de nuestros debates ‑particularmente,
en las diferencias que mantenemos con el Partido Nacional‑ sigue estando
presente el fusilamiento de Dorrego. Como decía: “(...) resultaron males
espantosos que entenebrecieron durante muchos años la historia de un país. Si
no lo hubiera hecho, todos esos males no hubiera podido preverse: tal vez ni la
posibilidad del acto mismo, en el caso de que hubiera sido inhibido”. ¿Qué
hubiera pasado si no lo hubiera fusilado a Dorrego? Yo no lo sé.
Señor Presidente: ¿qué me llevó a Vaz Ferreira?
“Hay dos clases de almas: almas liberales y almas
tutelares: Almas cuyo ideal instintivo es la libertad (entendamos, propia y
ajena) y almas que tienen un ideal de tutela, y por consiguiente de autoridad:
que por una parte necesitan o desean la
tutela, y por otra parte desean imponerla (con fines por lo demás muy a menudo
bien intencionados).…” ‑agrego yo que el camino al infierno está
empedrado de buenas intenciones‑ “Esta es la oposición más verdadera y
más indestructible. Mientras que la otra es psicológicamente mucho menos
fundamental: mucho menos difieren, quiero decir, los que están, y combaten, en distintos
lados, que los que difieren en clases de alma.”
Para ir concluyendo, señor Presidente, quiero decir que
me quedo con el mensaje para este Cuerpo, con el honor de haber podido abordar
una brevísima pero analizada semblanza, vertida con el afán de que todo lo
bueno de este hombre que creía en la bondad, sirva de aporte a este Cuerpo y a
sus debates.
Voy a cerrar estas palabras manifestando aquello que él
señalaba refiriéndose a los dioses de Homero; decía que ellos combatían, pero
lo hacían con una diferencia: no combatían por el bando en el que estaban;
combatían en cada caso por lo justo, prescindiendo del bando.
Concluyo diciendo que quizás esa sea la mejor definición
de un hombre libre.
Gracias, Presidente.
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Tiene la palabra la señora Edila
SEÑORA FERRO.- Gracias,
señor Presidente.
Intentaré ‑con esta voz que tengo hoy‑
expresar algún pensamiento relacionado, señor Presidente, con algo de lo
planteado aquí, en Sala, y que refiere a las luces y destaques de una época de
pensamiento, una época fermental, de creatividad intelectual, que viviera
nuestro país y de
Esa época, señor Presidente, que tuvo su antes y después
y que fue ‑coincido con el Edil Gloodtdofsky‑ desgajándose en el
tiempo posterior, nos permite aún hoy abrevar en ella de una manera, yo diría,
casi superior, porque cada vez que nos referimos o nos retrotraemos a las
circunstancias vividas entonces, cada vez que investigamos las actuaciones de
pensadores políticos o políticas de esa época, realmente, señor Presidente, es
imperioso para nosotros destacar en algún aspecto y circunstancia, en algún
lugar y en algún ámbito, aquellas cuestiones que enriquecen nuestro pensar y
nuestro sentir.
Días atrás, señor Presidente, cuando nos cupo el honor ‑honor
similar al de hoy‑ de participar en la presentación de un libro referente
a la condición de la mujer ‑el libro “Protagonistas y Olvidadas”, sobre
la trayectoria de las mujeres en la vida política, institucional y social del
Uruguay desde los albores de nuestra nación hasta hoy‑, buscando entre
documentos y antecedentes me encontré con una referencia de un ciudadano, un
ciudadano que como cualquiera de nosotros caminaba un día por la ciudad y se
encontró con un libro. Y dice así: “En camino a mis tareas cotidianas vi un
libro singular, en plena avenida montevideana 18 de Julio, fecha que conmemora
en el Uruguay,
“Presentado a
pocos centímetros del piso entre otras decenas de obras tan valiosas como
usadas, en el espacio citadino de un kiosco de diarios y revistas, estaba este
pequeño gran libro: ‘República Oriental del Uruguay/ Cámara de Senadores-
Homenaje del Parlamento al Dr. Carlos Vaz Ferreira - Mandado publicar por resolución del 3 de noviembre de
Realmente, señor Presidente, si pensamos en lo que debió
haber sido el ámbito de ese homenaje a los 80 años del maestro, ¡qué triste
resulta hoy asistir a esta sesión, en la que
Conmueve, señor Presidente, el decir y el pensar de este
ciudadano común que testifica y testimonia, de alguna manera, lo que le asombró
de la lectura de ese libro: el sentirse en medio de aquel ámbito de homenaje a
un hombre de pensar superior y, diría yo, más que provocador, absolutamente
diferente.
En ese homenaje participaron varios parlamentarios, entre
ellos, el Diputado Aldo Ciasullo, quien hizo referencia a varios pasajes de la
obra del maestro, a los que no voy a dar lectura, señor Presidente, por razones
obvias; mi voz apenas va a alcanzar para decir lo mínimo.
El Diputado cita un pasaje de la obra “Moral para
intelectuales”, en el que Vaz Ferreira expresa con meridiana claridad: “La
tendencia pedagógica que debe orientar nuestra enseñanza ha de inspirarse,
sobre todo, en el punto de vista educativo y de cultura general, nunca
prematuramente especializado…” (…) “Los estudios de cultura general…” ‑añade
el filósofo homenajeado‑ “…preparando y desarrollando las facultades
intelectuales, hacen al sujeto pedagógico infinitamente más capaz de asimilarse
los propios conocimientos especiales, que una educación puramente
especializada”.
¡Qué riqueza, señor Presidente, la de esta expresión!,
más aún al día de hoy, en que tratamos de llevar al estudiante a compartimentos
estancos, donde se perfeccione en determinadas áreas, olvidando el valor de
aquello que años atrás tanto importaba: la cultura general, en el más amplio
sentido de la palabra, aquello de conocer de tantas materias no un poco, sino
lo suficiente como para formar la personalidad de una manera plural y
significativamente preparada para los diversos tiempos en los que nos tocara
vivir y participar, siendo o no protagonistas, siendo ciudadanos comunes,
ciudadanos cotidianos, ciudadanos del montón, en la mejor acepción de
“Antes de culminar su intervención, el Diputado Ciasullo
recuerda en torno a moral de funcionarios, citada en la obra del filósofo, que
este enseña que en la vida pública todos debemos recordar una reflexión de
Marco Aurelio que dice: ‘Cuida de no cesarizarte (mando sin trabas)’, en lo que
cae con facilidad el jerarca. Dice Vaz Ferreira, además: ‘En la vida pública,
sea en la vida política, sea en la vida del funcionario, es menester ‑o,
si no, no entrar en ella‑ estar absolutamente preparado para soportar la
impopularidad y para afrontarla en todo momento, en todo homenaje al deber’”.
“No cesarizarte”, señor Presidente. ¡Qué enseñanza
fantástica! Porque ¡qué tentación y qué declive en la personalidad de muchos es
el “cesarizarse” sintiendo que no pueden abandonar el poder, o que el poder no
los puede abandonar a ellos, lo que es aún peor!
A los pocos días de ese homenaje que le hizo
Luego de despedirse esta Senadora como una alumna
agradecida, hace uso de la palabra nuestro pensador, manifestando estos
conceptos que merecen ser destacados: “Todo hombre político debe arreglar su
vida de tal modo que no dependa de la política: ni por el dinero ni por
Pensamientos de avanzada, señor Presidente, que muchos
decenios después estamos aplicando como algo novedoso, creativo, diferente.
Hablamos de construir ciudadanía. ¿Y qué era lo que estaban haciendo estos
hombres, este hombre en particular, en esos momentos? ¿Qué era lo que estaban
haciendo, señor Presidente ‑lo digo con todo orgullo‑, los
batllistas a principios del siglo pasado, cuando buscaban a través de tantas
corrientes ideológicas, filosóficas, tantas corrientes diversas de pensamiento,
el equilibrio ideal para actuar con justicia social y con justicia moral? Era,
precisamente, cumplir con estos deberes.
Y dice el maestro también: “Todo hombre debe sentir la
política, y actuar en ella, según sus capacidades (el sufragio es el mínimo).
Ningún hombre debe depender de la política en su situación material o en
satisfacciones de vanidad o de mando”.
Para terminar, señor Presidente, quiero referirme ‑porque
lo ha mencionado anteriormente el señor Edil Ferrer‑ a un aspecto del
pensamiento del doctor Vaz Ferreira, como lo fue el pensar en la mujer, en su
condición, y el dar origen a toda una teoría justamente en un momento ‑estamos
hablando de principios del siglo pasado‑ en el que muchos actores
ideológicos, políticos, filosóficos buscaban plasmar el anhelo de tantas y
tantas mujeres ‑que luchaban por sus condiciones, por su vida, por la
igualdad de su cotidiano vivir con el del hombre‑ en leyes, en
propuestas, en códigos. En ese momento Vaz Ferreira crea, da origen a esta
teoría a la que aludía el señor Edil Ferrer, del feminismo por compensación o
feminismo de compensación. El batllismo procuraba leyes de avanzada para la
mujer y pensó en la base del feminismo de igualdad. Y fue grande la resistencia
generada por quienes, anacrónicamente, no comprendían lo que muchos aún hoy no
comprenden. Porque yo quisiera que se diera un debate sobre feminismo de
igualdad, de compensación o diferenciación en los ámbitos parlamentarios de
hoy, y ver cuál es la actitud de algunos políticos que se creen de avanzada
pero que actúan de una manera absolutamente diferente.
Decía que en
ese momento el batllismo, que pensaba en el feminismo de igualdad, se vio desbordado
por el rechazo brutal que muchos niveles sociales ‑no sólo políticos‑
generaban en relación a esta propuesta. Sin embargo, aceptó ‑y hay
escritos formidables de Domingo Arena al respecto‑ esta teoría de Vaz
Ferreira del feminismo por compensación o de compensación, que habla de
compensar legalmente aquellas diferencias que se dan en la sociedad desde el
punto de vista biológico ‑desde el punto de vista de la condición de
madre y desde el punto de vista de la condición de mujer‑ en relación con
el hombre. Todo esto después fue rechazo por las feministas, que plantearon que
no era una teoría viable porque, en definitiva, lo que hacía era discriminar a
la mujer estableciendo una importante diferenciación previa con el hombre.
Y hoy, cuando
está en auge un feminismo de diferenciación con el que se busca diferenciar la
condición de la mujer para tratar de alguna manera de igualarla, creo que
habría que revisar muy bien ese feminismo de compensación y habría que pensar
cómo, partiendo de algunas de esas ideas, se puede generar un feminismo de
igualdad, una igualdad real, jurídica, vital y permanentemente dada desde los
ámbitos sociales, laborales y culturales, entre el hombre y la mujer.
Por eso, a estos disparadores de la mente, a estos
grandes hombres que tanto venera cada uno en su fuero íntimo desde la condición
que sea, en nuestro caso como políticos y políticas, como madres y como padres;
a estos formidables hombres ‑señor Presidente‑ conviene, de vez en
cuando ‑o mejor aún, lo más a menudo posible‑, tenerlos bien cerca
para recordar aquello de no
“cesarizarse”, de no convertir esta actividad tan noble en un ejercicio de
vanidad ‑que muchas veces es inconfesable pero que se practica‑, y
para recordar que esto un día llega a su fin y tenemos que volver a la
condición de iguales que tanto nos debe enorgullecer.
Por eso, señor Presidente, a quienes han traído este
homenaje aquí, el agradecimiento de quien ha podido expresar un sentimiento muy
íntimo en la tarde de hoy.
Gracias, Presidente.
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Gracias a usted, señora Edila.
No habiendo más Ediles anotados, queremos agradecer a los
Ediles y a las Ediles que estuvieron presentes en Sala por compromiso o por
convicción. Uno muchas veces se retira de sesiones de homenaje, extraordinarias
u ordinarias, con un sentimiento de ¿para qué estuve?. En este caso, como nos
pasó en
Muchísimas gracias a todas y a todos por haber estado
presentes.
Se levanta la sesión.
(Es la hora 17:25)