Acto de Homenaje a la Primera Jornada Nacional de Protesta Contra la Dictadura

Celebrado el 1º de octubre de 2008

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

SEÑOR PRESIDENTE (Gastón Silva).- Buenas tardes a todos y a todas.

            Vamos a dar comienzo al acto de homenaje en conmemoración del 25 de agosto de 1983, “Primera Jornada Nacional de Protesta contra la Dictadura”, convocada por la intersectorial de los partidos políticos.

 

(Es la hora 17:13)

 

______Le voy a dar la palabra al señor Secretario General para que lea dos notas que hemos recibido en esta oportunidad.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Alejandro Sánchez).- “Por indicación de la Sra. Ministra de Educación y Cultura Ing. María Simón, agradecemos la invitación recibida para el acto homenaje a la ‘Primera Jornada Nacional de Protesta contra la Dictadura’.

            “Cuestiones de agenda, que comprenderán, le impiden poder estar presente.

            “Atentamente,

            “Secretaría de la Ministra de Educación y Cultura”.

            Por otro lado, tenemos la siguiente nota: “Sr. Presidente de la Junta Departamental de Montevideo,

            “Edil Gastón Silva,

            “Presente.

            “El Intendente Municipal de Montevideo, doctor Ricardo Ehrlich, lo saluda y agradece la invitación que le enviara con motivo del homenaje a la ‘Primera Jornada Nacional de Protesta contra la Dictadura’.

            “Lamentablemente no podré acompañarlos por compromisos adquiridos con anterioridad.

“Ricardo Ehrlich.

            “Intendente Municipal de Montevideo”.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Agradeciendo las notas recibidas, y la presencia de los Ediles y Edilas presentes, le damos la palabra al Edil Gabriel Weiss.

 

SEÑOR WEISS.- Señor Presidente: vamos a iniciar esta intervención con una frase de Primo Levi, que plantea: “Y se quedarán estas cosas: / Que yo les ordeno / Grabadas en su corazón. / Y las repetirán a sus hijos / Al regresar a casa y al ir en los caminos”. En estas líneas Levi hace hincapié en que toda lectura de libros de memorias, testimonios y testamentos, nos convierte a nosotros, los lectores, en portadores de memoria y en eslabones de una cadena de inmortalización de temas que tienen que ver con el colectivo. La imagen de convertirnos en eslabones de una cadena nos muestra el valor colectivo de la memoria, más allá de que se construye a partir de las aportaciones individuales. Nos referimos al testimonio como esperanza; y el único temor que hay que tener es al silencio, a la mudez, a que el testimonio quede soterrado y finalmente sea olvidado.

            En el fundamento que Oscar Destouet escribe para esta larga cadena de recordatorios de aquel año tan emblemático ‑diríamos de aquel año mítico, tomándolo prestado del historiador de las religiones, el rumano Mircea Eliade, en tanto habla de un tiempo fundacional; en realidad, es un tiempo fundacional, porque es la reconstrucción, el retorno del Uruguay, a través de un proceso, a un régimen de libertades, al régimen democrático‑ dice: “Memoria democrática. Compartimos el mandato del Premio Nobel Elie Wiesel al referirse al holocausto: recordar, homenajear e investigar. Una tríada que resume el trabajo de la construcción de la memoria democrática.

“Es que las instituciones y los valores democráticos no se sostienen por sí mismos, sino que necesitan ser apreciados, cuidados y protegidos. El silencio y la indiferencia hacia el sufrimiento de otros o la violación de los derechos humanos en cualquier sociedad pueden, aunque sin intención, perpetuar los problemas. El terrorismo de Estado no fue una casualidad en la historia, ocurrió porque individuos tomaron la decisión de que ocurriera y porque otros no tuvieron la capacidad de impedirlo y los más optaron por la indiferencia hasta muy avanzado el tiempo.

“Para Maurice Halbwachs, historiador, el recuerdo no se conserva: se reconstruye a partir del presente. La memoria del pasado sólo es posible por obra de los marcos sociales de referencia con que cuentan los individuos. Como el individuo aislado es una ficción, la memoria individual sólo tiene realidad en cuanto participa de la memoria colectiva”. Esto lo cita de “Los Marcos Sociales de la Memoria”, publicado en Barcelona en el año 2004.

            Más adelante Primo Levi dice: “Toda la historia del ‘Reich de los Mil Años’ puede ser releída como una guerra contra la memoria (…). ‘La batalla por la memoria’ fue declarada ya en los primeros días del gobierno nazi, con la quema de libros en Alemania. La lucha por la destrucción de la cultura, el empujar a los judíos afuera de la sociedad humana, la negación a ellos de los derechos básicos y (…) la negación del derecho a la vida a través del asesinato en masa. También después de esto continuaron los esfuerzos para borrar la memoria y para no dejar recuerdo alguno del crimen ‑ni documentos ni tumbas‑. Aquel entusiasmo cruel y destructivo que fue uno de los signos de la guerra del Tercer Reich contra los judíos continuó sirviendo a los asesinos en sus esfuerzos para exterminar todo lo que podría aludir a la existencia de los judíos y al hecho de su aniquilación. Los documentos que nos legaron los muertos y los testimonios que nos han sido entregados de boca de los sobrevivientes ayudan al rescate de las figuras de los asesinados desde el abismo del olvido, adonde los alemanes trataron de meterlas.

“Muchos de los sobrevivientes recuerdan que los soldados de la SS se divertían lanzando advertencias cínicas a los prisioneros: ‘sea cual sea el fin de esta guerra, nosotros ganaremos la guerra contra ustedes; no quedará ninguno de ustedes para dar testimonio’”. Es impresionante la lucidez del mal que había en estos guardias de la SS; tenían absolutamente claro que la batalla se ganaba cuando se silenciaba la memoria, cuando no había nadie que pudiera testimoniar el horror de lo que había acontecido y el horror que se había construido como un fenómeno humano. Continúa diciendo: “Incluso si se salva uno, el mundo no le creerá. Quizá sospechen, lo debatan, los historiadores lo investiguen, pero no habrá certidumbre, porque destruiremos todas las pruebas junto con ustedes. Y en caso de que quede una prueba cualquiera y alguno de ustedes sobreviva, las gentes dirán que los eventos que ustedes relatan son demasiado monstruosos para que sea posible creerlos: dirán que esas son exageraciones de la propaganda de los aliados, y le creerán a los que le refutan todo: a nosotros y no a ustedes, porque nosotros dictaremos la historia”.

            En realidad, menciono esto porque en esta Sala de Sesiones efectivamente hemos intercambiado ‑y está muy bien que lo hagamos‑ sobre la función de la memoria, sobre quién construye la memoria y sobre cómo la memoria se va direccionando. Y nosotros pensamos que así como hay que recordar los episodios de la dictadura, las desapariciones, las torturas, la lucha por la reconstrucción democrática, los ámbitos de construcción de espacios para ganar la libertad, también hay que recordar con especial énfasis las jornadas y los eventos que nos permitieron retornar a este ámbito de libertades en el que hoy podemos expresar todas estas cuestiones que en aquella época, obviamente, era imposible hacer.

            “El 25 de agosto se cumplen 25 años de uno de los actos de resistencia más importantes del año 1983. El 11 de agosto los sacerdotes Luis Pérez Aguirre” ‑‘Perico’, fallecido‑ “y Jorge Osorio comenzaron un ayuno por una jornada de Reflexión Nacional. Tres días después se sumó el pastor Adhemar Olivera. La medida se extendió hasta el 25 de agosto, día en que se convocó a cacerolear como medida de protesta pacífica ante la cerrazón del gobierno cívico‑militar. El semanario ‘Aquí’ convocaba desde su tapa con la proclama de Juan Antonio Lavalleja: ‘Mostremos al mundo que queremos ser libres’.

“A las ocho de la noche, miles de uruguayos apagaron las luces de sus casas y la caceroleada se extendió por Montevideo y ciudades como Salto, Paysandú y Colonia.”

Por cierto, muchos de los que aquí estamos fuimos protagonistas. Es más: caceroleamos con ímpetu y con alegría porque era una manera de demostrarle al mundo y a nuestros compatriotas que merecíamos ser libres. Y fíjense el verbo que utilizo: “merecer”. Merecíamos ser libres, ganarnos la libertad, no como una cuestión que cae por su propio peso, sino como una conquista a partir de la cual un pueblo se hace acreedor a ese valor.

“El comunicado oficial registró el hecho de esta manera: ‘Se pudo comprobar que entre las 20:00 y las 20:30 horas, en distintos puntos de la ciudad, se produjeron apagones voluntarios de luz acompañados de intensos golpeteos de utensillos de cocina’.

“Cientos se manifestaron pacíficamente en la calle aunque la forma no violenta de las manifestaciones no impidió la represión:” ‑esto último, obviamente, no es el comunicado oficial‑ “173 personas fueron detenidas frente a la sede de SERPAJ y otras 225 en la Avenida 18 de Julio. ‘El Día’ del 27 de agosto de 1983, en tapa, daba cuenta de esta situación: ‘Medidas Prontas de Seguridad para 48 manifestantes. Otras 177 personas liberadas.

La Jefatura de Policía libró anoche un comunicado de prensa dando cuenta de que 225 personas fueron detenidas en las últimas horas del día 25 de agosto, mientras manifestaban por la Avenida 18 de Julio, cuando se desplazaban “coreando consignas contra el gobierno y acompañados del batir de palmas”, según se expresa’”; se refiere a este comunicado.

‘De ellas, 48 quedaron a disposición del Poder Ejecutivo en el marco de las Medidas Prontas de Seguridad, en tanto que el resto fue puesto en libertad.

‘Mediante otro comunicado de prensa se da cuenta asimismo de que el día 24 del corriente se detuvo a 173 personas que manifestaban frente a la sede de SERPAJ, donde ayunaban tres religiosos, situación que dimos cuenta en anteriores ediciones’.

“Semanas después el SERPAJ” ‑el Servicio de Paz y Justicia‑ “fue ilegalizado y sus bienes incautados. Sin embargo, la protesta significó” ‑obviamente‑ “un jalón muy importante en el camino a la democracia. La había precedido el acto del 1° de mayo por ‘Libertad, Trabajo, Salario y Amnistía’. Y le siguió la Semana del Estudiante ‘Por una enseñanza democrática’ (setiembre), el Acto del Obelisco ‘Por un Uruguay sin exclusiones’ (noviembre) y el Vuelo de los Niños del Exilio (diciembre). Los tres religiosos que realizaron aquel ayuno son referentes éticos importantísimos a los que tenemos que recordar por su contribución a la recuperación ‑y a la calidad‑ de nuestra democracia”.

            Es importante señalar que todos los días, a partir del 11 de agosto… Además, recordemos que en el mes de julio los militares, unilateralmente, habían cortado el diálogo con los representantes de los partidos políticos; dialogo que  buscaba el camino para trazar un cronograma de retorno a la democracia. Asimismo hay que recordar que también unilateralmente amenazaron con imponer la reforma constitucional ‑episodio que aquí ha recordado varias veces algún Edil‑, y nadie va a negar el impacto impresionante que tuvo esa manifestación democrática en las urnas, que fue un golpe brutal a la dictadura. De todas maneras, ellos amenazaron con desconocer el mandato de las urnas, a pesar de que habían sido quienes habían convocado a ese plebiscito, al presentar su proyecto de modificación constitucional, sólo que les tocó perder estrepitosamente.

            En realidad, el ayuno convocado por esta gente se desarrolló en la sede de Cristo Rey, en la avenida General Flores; y todas las noches se acercaban ciudadanos, que al principio estaban en la puerta del Cristo Rey y luego en los canteros centrales. Allí había, obviamente, un importante contingente de personas de fe católica, cristianos en general, porque las iglesias cristianas eran las que, notoriamente, llevaban adelante esta iniciativa, en tanto que había dos sacerdotes católicos y un pastor protestante. Tenían, además ‑eso lo dijo Jorge Osorio; ahora vamos a leer su testimonio‑, la anuencia de monseñor Carlos Parteli, el Arzobispo de Montevideo. En esos momentos se daba un informe de cuál era el estado de salud de los ayunantes y se oraba el Padre Nuestro.

            Había una importantísima presencia de mujeres ‑esto es importante destacarlo‑, mujeres que luego tuvieron que ver con la fundación no sólo de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, sino también con la Asociación de Familiares de Procesados por la “Justicia Militar” ‑entre comillas‑. Aquí queremos recordar aquella inefable frase de Flores Mora de que la Justicia Militar es a la Justicia como la música militar es a la música.

            Este ayuno culminó el 25 de agosto, y la Intersectorial, que estaba integrada por las organizaciones sociales ‑ASCEEP, PIT‑ y los partidos políticos, convocó a los ciudadanos a permanecer en sus domicilios y hacer un apagón voluntario con un caceroleo. Me comentaba un amigo de este Cuerpo que él se portó muy bien ese día, que no se movió del lugar donde estaba y acató la determinación: estaba preso en el penal de Libertad, así que no tenía muchas chances.

            Queremos leer dos testimonios, uno de esa misma noche, de María Josefina Plá, que dice así: “25 de agosto de 1983. Muy queridos amigos.

            “A casi nadie he podido escribir en este mes de agosto… Hoy por eso les quiero dedicar estas líneas para todos, compartiendo algunas cosas de estos días tan intensos...

            “El mes empezó para todos los uruguayos con signos muy sombríos: el día 12 se anunció la suspensión de la actividad política y se establecieron limitaciones más graves aún para la libertad de prensa.

“Al cabo de diez años de dictadura, cuando veníamos viendo signos muy positivos y alentadores de apertura, de reclamo de participación, esta medida ‑que era precedida por la ruptura del diálogo unos días antes y la denuncia de torturas a un grupo de estudiantes detenidos en junio‑ resultaba muy dura.

“En medio de una situación económica angustiante, con un índice de desocupación altísimo que nos golpea en los rostros concretos de vecinos y amigos, no podíamos caer en la desesperanza ahí nomás.

“Es por eso que les quiero contar de los signos nuevos que descubrimos en medio de esta difícil situación: signos de vida entre la muerte que acecha… Esa es nuestra pascua.

“Quiero destacar en primer lugar el ayuno iniciado por el Servicio de Paz y Justicia desde el 11 hasta hoy 25 buscando un día de Reflexión Nacional, buscando la verdadera reconciliación entre los uruguayos. De una inspiración profundamente cristiana, esta medida iniciada por dos sacerdotes (Luis Pérez Aguirre y Jorge Osorio) y un pastor metodista, Adhemar Olivera, acompañada de profunda oración, constituye, sin duda, un signo profético en medio de la Iglesia y el país.

“Se intentó acallar de todas maneras; se buscó allanar el local pero no se obtuvo la autorización judicial…” Nótese el detalle: en plena dictadura, no tuvieron la autorización judicial para poder allanar el local donde se estaba realizando el ayuno, lo que marca que, indudablemente, se estaban abriendo caminos, pese a esta resistencia de los dictadores, que hacían todo lo posible para retrasar los tiempos.

Continúo con el testimonio: “…se hostigó exigiendo documentos a cuantos entraban al local donde los ayunantes compartían la oración diariamente. Se impidió a la prensa dar cualquier noticia sobre el tema, al punto que el Semanario Aquí debió postergar un día su aparición para artesanalmente cortar de todos los ejemplares la noticia y foto del ayuno…

“Al 6º día de ayuno impidieron la entrada al local de toda persona salvo el médico” ‑que era nada más ni nada menos que el actual Intendente de Canelones, el doctor Marcos Carámbula, que era quien los visitaba a diario, quien hacía el control médico, y quien les contaba a ellos, que en ese momento estaban aislados, cómo repercutía en el país el hecho que estaban gestando‑ “e hicieron retirar el gran letrero, estilo pasacalle, que lucía al frente de la casa. La sede quedó a partir de ese momento custodiada por personal policial. Inútiles resultaron todas mis gestiones tendientes a entrar como abogada.

            “Eso no los detuvo ni debilitó la medida. Los ayunantes siguieron firmes, acompañados del P. Mosca que optó por quedar dentro; los miembros del Servicio seguían afuera, sin sede, con más dificultades, pero firmes en la tarea de difundir el objetivo de lograr la reflexión nacional. Todos los días, a las horas de las oraciones públicas ‑12:30 y 20 horas‑” ‑dos veces por día se convocaba a la gente para una oración comunitaria‑ “se congregaban frente al local a rezar y solidarizarse con los ayunantes un grupo cada vez más creciente de personas.

            “Al mismo tiempo se fueron anunciando gestos similares en diversos grupos, comunidades, parroquias, movimientos. Muchos grupos ayunaron, oraron, reflexionaron sobre la situación difícil que vivimos. Así en nuestra Parroquia de Santa Gema, nos reunimos a las mismas horas a rezar públicamente al frente del templo y tuvimos dos jornadas completas de ayuno y oración, el domingo 21 que culminó con la ida de la comunidad hasta la sede del Servicio en Gral. Flores y hoy 25, de 10 a 16 horas.

            “La represión continuaba. Así el día 20 le fue impedida la entrada al país del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel (…)”. Voy a hacer un comentario: qué salvajes fueron al impedir la entrada a un Premio Nobel; en realidad, es una salvajada impedirle la entrada a cualquier persona, pero este caso demuestra lo obtusos que eran, ya que le terminaron dando, obviamente, una difusión tremenda, impresionante al hecho. Porque cualquier persona que reciba esa distinción, pasa a tener dimensión internacional, si es que ya no la tiene. Por lo cual, circuló por todo el mundo que no habían dejado entrar a Adolfo Pérez Esquivel, y también se dijo a qué venía y por qué motivo no lo habían dejado entrar.

            Decía, entonces: “…le fue impedida la entrada al país del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel declarándolo persona no grata. Eso no fue obstáculo para que igualmente tuviéramos una muy fuerte celebración de la Palabra en la Capilla Jackson, desbordante de público.

            “El día 23, ante la creciente difusión de la medida ‑fuerza que brota de la debilidad y no violencia de la misma‑ hubo una Conferencia de Prensa convocada por el  Ministro del Interior” ‑el inefable‑ “Linares Brum en la que intentó alertar al país sobre la campaña tendiente a soliviantar el pueblo. Con gran dolor escuchamos sus acusaciones y calumnias que no hacían más que tranquilizarnos sobre la falta de motivos que legitimaran cualquier ataque. Esa misma noche desplegaron un letrero que decía: ‘La verdad nos hará libres’”, en referencia, obviamente, a la frase bíblica.

            “Ayer, 24, último día previo de la gran reflexión de hoy, se habían congregado cerca de 200 personas frente al SERPAJ y cuando rezaban pacíficamente un Padrenuestro, fueron cercados por las fuerzas de choque policiales y llevados a la Metropolitana para ser fichados siendo liberados pasada la medianoche”. Se ve que en el Uruguay la libertad de cultos no regía en es momento; o si había libertad de cultos, había que ficharse antes de poder practicarlos.

            “Ciertamente esta medida tan pobre y sencilla, en la que estos hermanos se han acercado al hambre de nuestro pueblo, ha conmovido nuestras vidas. Resulta un grito que clama por una sociedad más justa, donde todos participemos, y aportemos lo mejor de cada uno, viviendo como verdaderos hermanos. Y fue lindo apreciar el valor y mérito de nuestras pequeñas comunidades  eclesiales de base en la concientización y difusión de esta historia que a veces no es la que se publica. Una señora de mi Comunidad daba gracias la semana pasada por estar en la Comunidad ya que de otra manera, no se enteraría de las cosas que pasan…

            “A su vez los partidos políticos no quedaron pasivos ante esta nueva andanada del poder. Pero lo más importante, es que conscientes de la hora difícil que nos toca vivir, buscaron el consenso entre todos: los partidos autorizados y no autorizados, todos, sin pretender hacer primar su camiseta, acordaron las medidas que como reguero de pólvora se difundieron por toda la población: no salir de nuestras casas en la tarde de hoy entre las 18 y las 20 horas en las que aprovecho a escribir, y un apagón de 20 a 20 y 15. Podrá ser poco para algunos, pero lo trascendente es lograr hoy acuerdos nacionales para poder transitar con todo nuestro pueblo hacia días mejores de democracia, justicia y libertad donde los pronunciamientos categóricos ya efectuados en 1980” ‑plebiscito‑ “y 1982” ‑elecciones internas de los partidos políticos‑  “sean respetados.

            La Iglesia no ha dejado de ser noticia también este mes de agosto. La diócesis de Montevideo vivió dos acontecimientos muy portadores de esperanza; por un lado el día 7 la jornada de unas cien personas responsables de diversas zonas pastorales, movimientos religiosos, curas y laicos, que luego de un largo proceso de preparación en sus comunidades buscaban delinear los principales desafíos y objetivos para la acción pastoral en el periodo 1984-1985.

            “Al fin de esa reunión empezamos a compartir la grave preocupación que todos teníamos de que la Iglesia dijera una palabra en este momento en que tantos estaban impedidos de hacerlo. Y así el día 15 de agosto, Fiesta de la Asunción, los tres obispos de Montevideo (Parteli, Gotardi y Scarone) dieron a conocer un documento en que reclaman canales abiertos de libre expresión, respeto a los pronunciamientos de las mayorías, la seguridad al servicio de la libertad y no de la esclavitud, respeto a los derechos de todos los ciudadanos, auténtica reconciliación sin revanchismos, apoyo al compromiso de los laicos en agrupaciones, partidos, sindicatos y movimientos. Concluyen que ‘nuestra esperanza es segura y firme. No se basa sólo en la probada fortaleza, capacidad y madurez de nuestro pueblo sino también en las ‘grandes cosas’ que Dios hace entre nosotros para llevarnos a la plenitud de nuestro destino como las hizo en María...’

            “Pero grande como el júbilo con que recibimos esta palabra de aliento, fue nuestro dolor ante la intervención de algunos obispos que pretendieron hacer una mediación con el gobierno para la reanudación del diálogo, pero sin ninguna representación del sentir de las bases, haciendo apreciaciones duras para los políticos que intervinieron en el diálogo interrumpido.” Obviamente, dentro de la Iglesia había algunos cuadros que indudablemente estaban más a favor del proceso que en contra. “Pronto se hicieron oír las voces de protesta de los partidos políticos que compartimos plenamente. Igualmente sufrimos ante un comunicado de la diócesis de Maldonado presidida por Corso, cuestionando el Servicio de Paz y Justicia y el ayuno iniciado, comunicado en que se apoyó el Ministro del Interior para hacer su conferencia de prensa. Felizmente el obispo Parteli, como obispo de Montevideo, interrogado por la prensa ‑que luego que el Ministro diera amplia difusión al tema pudieron dar cuenta‑ reconoció el valor del ayuno que calificó de respetable y la inspiración cristiana de muchos de los miembros del SERPAJ.

            “Este mes también fue intenso en lo personal y comunitario (...)”

Lo importante de este testimonio ‑hecho, naturalmente, desde la visión de una persona pública, de una abogada de larga trayectoria, de una militante católica‑ es cómo se visualizaba desde ese ámbito de la sociedad lo que era, cómo se operaba, cómo se actuaba en la resistencia.

            Voy a terminar mi intervención, señor Presidente, citando otro testimonio, testimonio que recibimos en el día de ayer en ocasión de que se otorgara la distinción de Ciudadano Ilustre al padre Jorge Osorio y al pastor Adhemar Olivera. En ausencia, Jorge Osorio hizo llegar una nota que dice: “Amigos, compañeros del SERPAJ, autoridades:

            “Al enterarme de este reconocimiento público, a lo que fuera la convocatoria a ‘Un día de reflexión nacional’ que hiciera el Servicio de Paz y Justicia, SERPAJ, en agosto de 1983, y que incluyera, como forma de resistencia no‑violenta, 15 días de ayuno, habiendo sido yo uno de los ayunantes, y no encontrándome en este momento, por opción personal, residiendo en Montevideo, me comunico con ustedes a través de esta carta que he solicitado a Martha Delgado, compañera de la primera hora del SERPAJ, que la lea, en mi nombre, en este acto de reconocimiento, conmemoración y reafirmación de compromisos, agradeciendo a todos y a todas por haberme hecho llegar tal invitación y designación.

            “Ademar, Perico ‑quien en su ausencia, seguramente está presente en este momento como en tantos otros‑ y yo, asumimos hacer ese ayuno en nombre de todo el Equipo del SERPAJ, después de una larga y difícil reflexión. Pero la Convocatoria fue más allá del hecho puntual de los 15 días de ayuno, implicó mucho esfuerzo y compromiso de todos, y no sólo de quienes éramos miembros del SERPAJ, sino también de muchas comunidades cristianas que se movilizaron, de muchas personas anónimas que estuvieron allí presentes, de muchas personas que prestaron solidariamente su apoyo y su servicio. No los puedo nombrar a todos, porque sería una lista muy larga y porque de muchos de ellos, quizás de la mayoría, no he conocido o no he guardado sus nombres. Por ello, recordándolos a todos, preferencialmente a los más anónimos, quiero recordar a Doña Olga y Don Manuel, caseros, en aquella época, en la Academia ‘Cristo Rey’ quienes siempre y en todo momento, no sólo durante esos 15 días, nos prestaron su solidaridad y apoyo, con lo que tenían y podían, asumiendo los riesgos que eso conllevaba. Como la ‘viuda’ del Evangelio.

            “Junto con ellos, a la Comunidad de las Hermanas ‘Misioneras Cruzadas de la Iglesia’ que, desde el comienzo de nuestra actividad, nos brindaron su apoyo y compartieron con nosotros este compromiso y tarea.

            “No puedo dejar de mencionar en este día, a la Comunidad de la Parroquia San Alberto del barrio Peñarol y a quien era su párroco, Pepe Bonifacino; comunidad en la que yo vivía y trabajaba pastoralmente. Ellos tienen mucha historia vivida y compartida, no sólo con este ‘Ayuno’, sino con todo el día a día en esta amplia tarea de trabajar por los derechos de las personas. Seguramente a muchos de los ahí presentes, les vendrán una serie de recuerdos a la memoria, recuerdos que nos hablan de un camino bien concreto de compromiso y de práctica solidaria.

            “Finalmente, hago mención a Mons. Carlos Parteli, Arzobispo de Montevideo en aquel momento, quien nunca puso obstáculos para que yo asumiera diferentes compromisos y tareas en este vasto campo de los Derechos Humanos y la defensa de los mismos. Todo lo que somos y hacemos no es obra nuestra, y mucho menos para nuestra vanagloria, no nos pertenece.

            “Queridos compañeros de aquel SERPAJ de la ‘primera hora’, recibamos todos juntos este reconocimiento. Que él nos anime a seguir en el mismo camino. También hoy sigue habiendo derechos humanos lesionados, y seguramente todos estamos dispuestos a continuar dando nuestro pequeño aporte para que esas situaciones, como aquellas, puedan irse revirtiendo. Si nos convocan allí estaremos, y si no, en nuestros lugares cotidianos, estamos igual.

            “Fraternalmente, Jorge Osorio.

“Río Branco, 29 de setiembre de 2008.”

            Finalizo, señor Presidente. Creo que todo el año ’83 se convierte en una inolvidable gesta del pueblo uruguayo que estaba representado en los distintos ámbitos ‑en sus partidos políticos, en los ámbitos religiosos para quienes tienen fe religiosa, en las movidas estudiantiles y sindicales, en las movidas culturales‑, una magnífica gesta que rompió definitivamente un dique que ya venía resquebrajándose y que permitió que el pueblo uruguayo recuperara su libertad. Y esto debemos recordarlo todo el tiempo, porque hay que estar siempre alerta para no retornar a caminos que nadie desea y porque la defensa de la libertad es un compromiso de los 365 días del año, todos los años.

            Gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted.

            Tiene la palabra el Edil Mario Calandra.

 

SEÑOR CALANDRA.- Gracias, señor Presidente.

            Cuando hacemos homenajes siempre trato de ver qué nos dejan para el tiempo actual. En este caso, recordaba que en aquella época había una comunión entre corazón y pueblo contra lo que era el monstruo que entró a trastabillar en el ’80. Se dio la serie de eventos que nombramos el otro día, como la marcha de la ASCEEP, el Acto del Obelisco, el 1º de Mayo, en los que había una bandera común. Yo hablaba de esa bandera común ‑citando la canción‑, esa bandera común que voló con la historia ‑no que ondeó, sino que voló‑ y eso se trasladó a todos los ámbitos.

Aquellos caceroleos terminaban en concentraciones en plazas como la Lafone, la Gomensoro y la de los Olímpicos. Allí se encontraban diferentes ideologías; nos encontrábamos los que hoy posiblemente estemos enfrentados, pero en ese momento nos abrazábamos colorados, blancos, frenteamplistas, anarquistas, y se veía esa bandera común, que era la bandera uruguaya, y cuál era el fin.

            Traslado el espíritu de entonces a este momento, año preelectoral, y digo que esa convivencia de bandera común tiene que persistir más allá de las contusiones que puedan dejar las campañas electorales, incluso las internas. El otro día hablaba de una ley de educación, hoy puedo hablar de todo. Y es así, porque las campañas electorales están en eso.

Entonces, el mejor homenaje es tratar de mantener esa bandera común entre todos. En ese momento estábamos abrazados, ahora capaz que estamos enfrentados, incluso en las internas; pero seguir con ese abrazo es el mejor homenaje para que el Uruguay de hoy sea el que queríamos entonces. Recuerdo el Acto Institucional Nº 14 ó 15, que reiteraba la prohibición de efectuar reuniones y que fue respondido con esto, o sea que en definitiva importó a los sectores, tanto sociales como políticos.

Espero que en este año preelectoral y en el año electoral, más allá de los enfrentamientos políticos y de los discursos, se tenga en cuenta esto.

            Muchas gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted.

            Tiene la palabra el Edil Aníbal Gloodtdofsky.

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Gracias, Presidente.

            Confieso que había visto que estaba el homenaje, pero no tenía claro que se hiciera hoy. Si no, me habría gustado hacer un poco más de memoria para contar qué fue lo que hice y dónde estaba ese día.

            Me acuerdo de que por aquellos días en que se formó la Interpartidaria hubo un movimiento dentro de las entonces minúsculas Juventudes que tenían los partidos. En paralelo a la Interpartidaria se consolidó una Interpartidaria Juvenil, que funcionaba orgánica y oficialmente con representación de los partidos. Mucha de aquella gente quedó por el camino; nunca más volví a tener contacto con ellos. Sí recuerdo, por su vigencia, por la amistad que forjamos y por ser quien cedía el local para reunirnos, a Pablo Iturralde, del Partido Nacional, que en ese tiempo era un joven estudiante; tenía un sucucho ‑por llamarlo de alguna forma‑ en la calle Ponce, al fondo, y allí nos reuníamos. Recuerdo también a Luis Mardones y Eleazar de León, del Partido Socialista. Representando a los demócratacristianos había un muchacho de lentes, cuyo nombre no recuerdo, que después fue a la Unión Soviética conmigo, a espantarse conmigo. Alguna vez también fue, en nombre de ASCEEP, el actual Prosecretario de la Intendencia, Jorge Rodríguez.

            Esta Interpartidaria Juvenil tenía un funcionamiento yo diría que regular, militante y de trabajo bastante serio, tratando de instrumentar aquellas cosas que se disponían desde la Interpartidaria, de modo tal de poder actuar también como una suerte de coordinación de las acciones que se emprendieran.

            Habíamos tenido algunos episodios bastante frustrantes. Una vez, en ocasión de celebrarse un partido de fútbol entre Uruguay y Perú, quisimos aprovechar el momento en que se entonara el Himno para generar en el Estadio algún episodio, con volanteadas. Obviamente, los Servicios de Inteligencia fueron subestimados por nuestra inmadurez: no hubo Himno, de modo que se nos frustró la movilización. Peor aún: a la salida del Estadio nos esperaron a todos; yo siempre tenía suerte, pero el resto marchó casi todo.

            El problema más grande que teníamos ‑y que se nos trasladaba a su vez desde la Interpartidaria‑ eran las dificultades de comunicación. Particularmente en ese momento ya no quedaban los históricos mimeógrafos que se habían utilizado; en el transcurso de la dictadura habían sido requisados. Un buen aporte que hicimos todos fue la idea de adquirir un mimeógrafo. Se lo compramos a un imprentero de Propios y San Martín. Funcionaba muy bien y nutrió de volantes a esa movilización. Todos los volantes para esa movilización salieron de ese mimeógrafo; recuerdo que hicimos una cantidad impresionante de volantes.

            Lo divertido de la cosa era que nadie quería tener el mimeógrafo en la casa, por razones obvias. Fue así que primero lo tuvimos un tiempito en el Boxing Club La Blanqueada, en Juan Cabal y Emilio Raña. Luego estuvo en un quiosco ubicado en Lindoro Forteza y 8 de Octubre. Y después ‑como venia la cosa‑ apuntaba a terminar en mi casa, que era, razonablemente, la última casa que iban a revisar; eso estaba claro. Finalmente quedó en lo de un vecino, Ruben Díaz. La elaboración de los volantes se hacía generalmente o en la casa de Pablo Iturralde o en el Boxing Club La Blanqueada. Estoy hablando de miles y miles de volantes que había que repartir. En muchos casos no había inconveniente, porque la gente iba y los retiraba; en otros ‑y digo esto sin ánimo de generar polémica; estamos en un homenaje‑, había dificultades para la entrega, porque se nos decía que quienes debían retirar esos volantes corrían riesgos muchos más serios que los que corríamos el resto, por su condición partidaria. Eso ya era bastante dificultoso, porque si quienes los teníamos que entregar no sabíamos dónde entregarlos y quienes los tenían que recibir no los venían a recibir porque su situación era tan particular… Como era, entonces, muy complicado entregarles los volantes a esas notorias militancias ‑yo sospechaba en esos días que podría tratarse, de pronto, de militantes del Partido Comunista, que no integraba la Interpartidaria formalmente, también por estas razones‑, generalmente de esa entrega se ocupaba gente de los sectores que hoy integran el Frente Amplio, que hacían el contacto en algún lado. La verdad es que funcionaba, porque después los volantes aparecían. Estoy seguro de que esos volantes aparecían en la calle, no así muchos otros.

            Un día, previo a esta jornada ‑el año anterior habíamos tenido un fracaso grande el 23 de setiembre; habíamos pensado una cantidad de locuras que, gracias a Dios, no llevamos adelante‑, eran tantos los volantes que teníamos en la calle Ponce y que debían entregarse al Partido Colorado y a algunos otros sectores vinculados a la izquierda, que lo íbamos a hacer en un edificio cercano, en un apartamentito de un estudiante del Interior que se llamaba Álvaro González.

            Llevábamos una bolsa de nailon ‑en ese tiempo no tenían tasa y servían para estos menesteres‑ grande ‑medía un metro veinte‑, pesada, llena de volantes para esta jornada. Casualmente, ese día se casaba el hijo de un coronel que vivía en ese edificio. Cuando entramos al hall del edificio nos cruzamos con toda la familia que salía. Nosotros veníamos con los volantes en una bolsa de nailon transparente. Cuando el hombre se cruza con nosotros, se da cuenta de que se olvida de algo; vuelve y sube al ascensor, donde estábamos nosotros, sentados arriba de los volantes, dispuestos a que vinieran las Naciones Unidas a desalojarnos de ahí arriba. El hombre compartió el ascensor con nosotros, los cuatro pisos, y se bajó; luego seguimos, y los entregamos.

            Seguramente fue Jorge Rodríguez el que nos comentó sobre la experiencia de “A las 20:00 horas tire la cadena” o algo así. Si todos los ciudadanos de Montevideo en el mismo momento descargan los ocho litros de la cisterna, se genera un bloqueo impresionante, con lo cual se desbordan las alcantarillas y se arma un lío bárbaro. Era algo que se había practicado en algunos pueblos más chicos, en Chile. Obviamente, cada vez que íbamos con una de estas propuestas a la Interpartidaria de adultos, por decirlo de alguna manera ‑Interpartidaria del adulto mayor, decía yo en ese tiempo‑, nos decían que no. Y esta era una de las propuestas más tolerables de todas las que hicimos.

            Cuando en la Interpartidaria de mayores y en la juvenil se dio la discusión ‑que no fue menor‑ acerca de si se anexaba o no una caceroleada ‑porque había muchos a favor de que fuera solamente un apagón‑, yo descreía que fuera a darse lo de la caceroleada. A mí me habían asignado llevar los volantes en la parte de 8 de Octubre, pues yo ahí tenía un reparto de diarios y conocía bien la zona. Esa noche iba caminando por 8 de Octubre y Carlos Crocker cuando llegó la hora. Se apagaron un poco las luces, y yo dije: “No va a pasar nada; vamos a volver a tener otro fracaso más”, porque habíamos tenido ‑repito‑ tres o cuatro fracasos duros. De pronto, por ahí se escuchó un grito, y enseguida dos ruidos aislados, y aquello empezó a parecer una noche de lluvia intensa, de esas en que la lluvia golpea contra las ventanas y los techos; era un ruido parecido a ese, que iba in crescendo. El sonido fue creciendo y creciendo, y de pronto ya no importaron las luces; había gritos, apareció uno en la esquina con un fierro y le empezó a pegar a las columnas, que producían un ding dang, como de campanadas. Sigue el sonido, siguen los gritos, alguien pasa y toca bocina... “Si usted tiene muchas ganas de cantar, no se quede con las ganas de cantar”, decía aquella canción de “Canciones para no dormir la siesta”, que curiosamente estaba siendo emitida en las radios en ese momento. La canción decía: “Si usted tiene muchas ganas de aplaudir, no se quede con las ganas de aplaudir. Si usted tiene la razón y no hay oposición, no se quede con las ganas de cantar”.

            Eso nos llevó a todos a la sorpresa, a reunirnos y a festejar el hallazgo de una forma de protesta esencialmente pacífica, esencialmente demostrativa de lo que la gente estaba reclamando en esos días. Fue una instancia muy satisfactoria para quienes integramos ese grupo.

Después la vida nos fue desparramando. Algunos siguieron en política y otros no, algunos tomaron un camino y luego otros, y hubo quienes mantuvimos el trillo, sin que una cosa fuese mejor o peor; simplemente, es la vida.

Y así como se asumen las cosas de la vida, deben asumirse también aquellas protestas. Los países se enderezan con protestas y manifestaciones de ese tipo, pero no se construyen así. Se construyen con algo muchísimo menos heroico, muchísimo menos apasionado, que es la tarea de todos los días, el trabajo de todos los días, la discusión de todos los días y, por sobre todas las cosas, la convicción de que la mejor forma de honrar el trabajo, la acción y el pensamiento de los uruguayos de aquellos días es mirando hacia el futuro.

            Gracias, Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Dante Nieves.

 

SEÑOR NIEVES.- Gracias, Presidente.

            Nuestro compañero Gloodtdofsky convivía también con nosotros en esa época.

            En esta intervención pretendo hacer un pequeño racconto de vivencias que hacen a la construcción de la historia cotidiana, en la que vamos dejando mojones que a veces no vemos; nuestras acciones son ladrillos de esa construcción histórica. Y lo hago desde este lugar, con el único título o cargo del cual me enorgullezco, que fue el que siempre tuve, el que tengo y el que quiero: militante del partido. Esa fue siempre mi forma de trabajo desde que pudimos empezar a hacer nuestro aporte. Por suerte, la historia nos permitió hacerlo al lado de personas sumamente importantes, que eran el peso político de nuestro partido y de nuestro país en ese momento.

            Debo decir que, como Edil, me avergüenza ver esta Sala en estos momentos. No obstante, quiero traer un recuerdo jocoso, que demuestra lo que ocurre siempre con este tipo de hechos. En la década del ‘70 aquel famoso arquero de Nacional ‑¡Dios me libre por nombrar a ese cuadro!‑ llamado Manga le hizo un gol de arco a arco a Racing, en una tarde lluviosa. No había casi nadie en el Estadio, pero si hoy salimos por Montevideo a preguntar, había 140.000 personas detrás de ese arco. En los ‘80 también faltaban muchos, como hoy faltan en esta Sala para prestigiar una sesión de este tipo. Por eso quería hacer esta mención, porque creo que es un hecho que merece mucho más que la honrosa presencia de los pocos Ediles que estamos en Sala; en estos momentos no los alcanzo a contar, pero en el momento en que fuimos más llegamos a ser catorce, y eso es feo. Pero, bueno, que los compañeros militen donde quieran; nosotros preferimos seguir haciéndolo desde la tribuna o desde el llano, que es el lugar en el que construimos.

            Yo, simplemente, quería repasar una serie de cosas desde la visión de nuestro partido.

En aquellos momentos, cuando estábamos reconstruyendo al Partido Colorado ‑y, con ese aporte, al país‑, trabajamos desde lo que se llamó el Triunvirato del partido, integrado por tres representantes genuinos, a esa fecha aún proscriptos: el doctor Jorge Batlle, el señor Raumar Jude y el doctor Amílcar Vasconellos. Esa era la fuerza que organizaba al partido desde la proscripción. Ya se habían realizado las elecciones internas y estaban instaladas las autoridades de nuestro partido; el doctor Julio María Sanguinetti se encontraba en la Secretaría General. Pero estos compañeros también habían logrado aunar esfuerzos y habían incorporado al doctor Tarigo, que era nuestra voz en la recuperación democrática.

El Edil Facello fue el primero que concurrió, en representación de ese Triunvirato, cuando los militares llamaron a los partidos políticos a dialogar. Lo hizo junto a otros compañeros: el doctor Amilcar Vasconcellos hijo, el señor Máximo Gurméndez ‑que luego presidió la Corte Electoral en el primer gobierno del Partido Colorado, en el año ’85‑ y otros tantos que se me pueden olvidar.

            La reconstrucción se hacía desde esas sedes.

En ese momento, nos devolvieron ‑no sabemos cómo‑ la sede de la calle Buenos Aires, acá cerquita, donde pudimos reunirnos. Ésta pertenecía a la Unión Colorada y Batllista, que en ese momento notoriamente ‑y los acontecimientos históricos después nos hicieron avanzar en esa proyección‑ no estaba en la oposición al gobierno ni en la lucha con nosotros por la recuperación democrática. También nos reuníamos en la sede del doctor Amilcar Vasconcellos, en la calle Cuareim; nos reuníamos en la calle Convención, donde teníamos otra sede. Desde esos lugares íbamos haciendo el trabajo, preparábamos volantes, aprendíamos a usar un mimeógrafo... 

Y algo importante que el Partido Colorado no desarrolló mucho ‑y que en esa época también costó‑ fue la militancia sindical de muchísimos compañeros que llegaron a ocupar lugares de importancia en sus respectivos sindicatos: en la Intendencia Municipal de Montevideo, en AFE, en ANTEL, en UTE, en OSE, en el Banco de Seguros, en ANCAP. Llegamos a conformar una fuerza.

 A los colorados ‑sobre todo, los compañeros del Partido Comunista‑ nos decían los “cavernarios”. Nosotros empezamos a reunirnos en la “caverna”, que era el fondo de la cantina que se encontraba en el sótano de la casa de la actual sede del Partido Colorado, en un rinconcito. Desde allí organizábamos grupos sindicales, que trabajaron ‑y muy bien‑ dentro del movimiento sindical en esas etapas de recuperación democrática. Nosotros, en lo personal, teníamos reuniones secretas ‑todos sabían que las teníamos‑ dentro de la planta de ANCAP, con David ‑nunca me puedo acordar de su apellido; lo vi hace pocos días y está muy viejito‑, que era operario en la refinería de La Teja. Fue el único funcionario que se negó a cumplir la resolución de la dictadura militar que establecía que los funcionarios debían pasar a un régimen de ocho horas. Hasta el día en que se jubiló se mantuvo en un régimen de seis horas; fue un caso único. Dijo que a él no lo podían obligar, y no lo obligaron. Nos reuníamos con David y con el “Cholo” Bentancur en la planta de tratamiento Doktor, y ahí organizábamos nuestra agrupación de trabajadores colorados de ANCAP; así la tuvimos, así participamos en elecciones democráticas dentro del gremio y así participamos desde el año ’81 u ‘82, en que empezamos a organizar los grupos.

            Quería traer ese recuerdo de militancia porque, en definitiva, refleja la construcción de una trinchera, que fue la que mencionó el señor Edil Weiss en su intervención, y la construcción de otra trinchera en la que participaron los compañeros del Partido Nacional. Nosotros también nos reuníamos a escuchar los casetes de Wilson que llegaban del exterior y participábamos en actividades con ellos para sentir esa inyección de deseos de libertad que nos íbamos insuflando unos a otros. Los militantes del Partido Colorado, modestamente y desde nuestra trinchera, construimos esa llegada.

            Creo que el hito culminante fue el acto del Obelisco. Y cada día, cuando venimos a trabajar a esta Junta Departamental, podemos ver colgada en nuestro despacho la foto de la salida del acto, con el doctor Amílcar Vasconcellos, a quien acompañamos. Ese día fue imborrable para cualquiera que haya trabajado en la construcción de la democracia en nuestro país, y nos ayuda a saber que debemos cuidarla, preservarla y regarla a diario, para que podamos ser cada día más libres.

            Gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted, señor Edil.

            Para finalizar, tiene la palabra el señor Edil Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Según aquí se ha dicho por parte del señor Edil Weiss, esta sesión es parte de la memoria histórica.

Como bien decía el señor Edil Nieves, los políticos, los que hemos abrazado nuestra vida a ideas, a partidos, a utopías, jamás de los jamases podremos sustraernos de lo que suponen las experiencias históricas, el debate y el intercambio de vivencias y de ideas.

Me sumo plenamente a esta iniciativa.

Y quiero traer una anécdota para que se tenga en cuenta que la lucha se dio en todos los planos. Se dio en los planos nacionales e internacionales, en las fábricas, en las aulas estudiantiles, en las iglesias; la dieron las amas de casa, la dieron los curas democráticos ‑avanzados y progresistas, como acá se ha dicho‑ y, en particular, el Arzobispo Carlos Parteli. Se dio también en la masonería, en las colectividades extranjeras y democráticas, y en las cárceles, en las que estábamos presos. Como bien decía el señor Edil Weiss, los presos no pudimos... Es más, muchas veces este tipo de cosas no llegaban a tiempo y se traslucían a través de las visitas, incluso de niños. Era muy difícil llegar con la información precisa de lo que se iba a hacer o de lo que se estaba haciendo, máxime tratándose de cosas clandestinas, como bien decía el señor Edil Gloodtdofsky en ese extraordinario relato que hace acerca de cómo empezaron la caceroleada y el apagón. Él hablaba de la falta de fe y de confianza de un joven que veía fracasos, que veía esa sombra negra, ese peso enorme de la dictadura, que asfixiaba. Pero, en realidad, se estaba dando lo que en términos revolucionarios se llaman condiciones objetivas y condiciones subjetivas. Puede haber condiciones objetivas para un salto, para un cambio, pero si en la conciencia de la gente no se ha materializado la necesidad del cambio, no hay cambio, y no se puede imponer, no se puede copiar. Son producto de las experiencias propias, particulares, nacionales. Eso fue lo que se dio en este caceroleo; había condiciones objetivas y subjetivas, porque la gente estaba perdiendo el miedo. Ya no era esa cerrazón del  ‘73, del ‘74, del ‘75, del ’76, del ’77, que veíamos nosotros en el Penal de Libertad, adonde llegaban nuevos y nuevos presos. El número uno era el “Gordo” Torres, del MLN, famoso locutor de radio. Fue el número uno, pero en el Penal de Libertad llegaron a 26.000. Venían, y venían, y venían.

            Con la cerrazón no se percibía el sol, no aparecía la luz.

            No termino con la anécdota del caceroleo y del apagón, y sí con la anécdota del plebiscito y lo que pasaba en el Penal de Libertad.

Había una gran incógnita sobre el plebiscito. A los presos les llegaban las opiniones de la familia: que sí, que no... En Paysandú salió un tipo con una motoneta, a la que le puso un cartel grande que decía: “NO se vende”; circulaba así.

            El día después del plebiscito estábamos en vilo: sabíamos que nos jugábamos la vida, nuestra vida estaba ahí. Había silencio. Al lado de la celda Nº 26 del 1A había un escopetero ‑en cada piso siempre había un escopetero con la escopeta cargada, las 24 horas‑ que le grita al de arriba: “Che, ¿viste que perdieron los viejos?”. Los viejos eran los generales. Entonces el de la 26 pasa al segundo piso ‑donde estaban los presos del MLN‑, golpea la ventana y le grita a Roberto Caballero Montelongo, bancario que ahora está con Huidobro: “Mirá que el milico dijo tal cosa”. Pasan las nueve de la mañana, las diez de la mañana, las once de la mañana. Silencio, silencio, silencio... A la una era el informativo de la tarde ‑un informativo filtrado, controlado por los mandos, con la musiquita‑, que dijo: “Hubo un plebiscito y triunfó...”. Entonces, el penal fue una explosión, se estremeció el Penal de Libertad. Nos prendimos a las mesas, a las paredes, y ¡bum, bum, bum, bum! Era una cosa imponente, un júbilo silencioso y a la vez ruidoso; el silencio que teníamos se expresó en ese ruido.

            De las consecuencias de eso se acordará Bidegain, porque no está por aquí Estavillo. Dos noches después, a la madrugada, creíamos que nos mataban a todos, porque atropellaron contra las puertas; era ¡bum, bum, bum! y explosiones. Pero en el Penal de Libertad rápidamente apareció la Cruz Roja Internacional con SERPAJ, y posteriormente los embajadores, entre ellos el Embajador de Estados Unidos de Norteamérica, que fue a ver al ingeniero José Luis Massera en mi piso. Puedo decir lo que pasó en mi piso; no sé qué pasó en los otros. Lo fue a visitar a la celda para dar garantía de que estaba con vida. El Embajador italiano fue a mi celda con el comandante del Penal porque mi compañero era ciudadano italiano, Raúl Manfrini; fue a preguntarle cómo estaba de salud. Eso nos salvó la vida: la presión internacional, la acción de los Embajadores, la acción de la Cruz Roja Internacional.

            Por lo tanto, queríamos reflejar esa anécdota explosiva de los presos del Penal de Libertad festejando el triunfo del plebiscito. Se estaba haciendo carne en la conciencia del pueblo uruguayo que la dictadura no era invencible. Después, fue una cuestión de tiempo.

            Gracias, Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted, señor Edil.

            De esta manera damos por finalizada la sesión del día de la fecha.

 

(Es la hora 18:14)