ACTA N° 1.413

 

En Montevideo, a los dieciocho días del mes de setiembre de dos mil ocho, siendo la hora dieciséis y quince minutos, celebró Sesión Extraordinaria la Junta Departamental de Montevideo, en las instalaciones del Cabildo de Montevideo, bajo la Presidencia de:

 

DON GASTÓN SILVA, Presidente;

 

 

Secretaría de los señores: Alejandro Sánchez, Secretario General y Hugo Ubilla, Secretario.

 

Con la asistencia de los señores Ediles:

 

TITULARES

 

GARIN, GRACIELA                                               AYESTARÁN, TERESITA

LUJAN, LUIS                                                          ESTAVILLO, EDMUNDO

VILLAMARIN, FABIAN                                         TUTZÓ, CARLOS

CALANDRA, MARIO                                             RONDAN, GLENDA

FERRER, PABLO                                                 SÁNCHEZ, JAR

SCHIAVONE, JULIO                                             FACCHINETTI, ANGEL

CARRASCO, MARCELO                                     OSTA, GUSTAVO

MARTÍNEZ, LUIS                                                   CANTERO, FITZGERALD

AGUIAR, SILVIA                                                    GLOODTDOFSKY, ANIBAL

MACHADO, EDGARDO                                       RIPOLL, FERNANDO

MENDIONDO, DARI                                              GRAFFIGNA, DANIEL

WEISS, GABRIEL                                                 VIVIANO, ALVARO

 

SUPLENTES

 

GONZÁLEZ, RAÚL                                    BRUSCO, RAÚL

RISSOTTO, PEDRO                               VILLAR, GRACIELA

 

En uso de licencia los señores Ediles: Susana Pereyra, Ruben Prieto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEÑOR PRESIDENTE (Gastón Silva).- Buenas tardes a todos y a todas quienes nos acompañan en la tarde de hoy.

 

(Es la hora 16:15)

 

SESIÓN EXTRAORDINARIA EN CONMEMORACIÓN DE LOS 200 AÑOS DEL CABILDO ABIERTO DE 1808.

(RES. 10.336).

 

______Estamos dando cumplimiento a la resolución de celebrar una sesión extraordinaria con motivo de la conmemoración de los 200 años del Cabildo Abierto de 1808.

 

            Queremos saludar la presencia de las señoras y señores Ediles; de los funcionarios de la Junta Departamental de Montevideo; de los vecinos y vecinas; del Prosecretario de la Intendencia Municipal de Montevideo, doctor Jorge Rodríguez; de la Directora del Departamento de Acondicionamiento Urbano, Esc. Hyara Rodríguez, y queremos saludar la posibilidad que tenemos todos hoy de estar acá, en este recinto cuya historia hace a las mejores situaciones y momentos de nuestro departamento.

 

            Aquí, “En tan humilde local celebraron sus sesiones y dictaron sus acuerdos, bandos, ordenanzas y pragmáticas los primitivos cabildantes; desde él mantuvieron sus fueros, derechos y regalías, contra la prepotencia de los comandantes militares primero y algunos gobernadores después; ponían el precio a los comestibles, que expendían los comerciantes minoristas, ordenaban la limpieza de las fuentes públicas, y recomendaban la higiene de las calles y plazas; velaban por la conservación de la riqueza ganadera; dirimían sus querellas sobre la pureza de la sangre; admitían en su seno a los delegados indígenas para tratar con ellos la sumisión de la horda; disponían la forma en que solemnizarse las grandes festividades como Corpus y San Felipe, o el nacimiento de algún príncipe, o la jura de un nuevo monarca y por último, en tan mezquino albergue ‑porque todavía carecían de sillas para sentarse‑ abrían llenos de unción y respeto las epístolas del rey, con quien el Cabildo de Montevideo se honraba en cartearse directamente”.

 

Este texto es del historiador Orestes Araújo y creo que relata fielmente lo que fueron este lugar y sus habitantes en los orígenes. Montevideo vivió un proceso fundacional que fue desde 1726 hasta 1730, cuando se funda el primer Cabildo.

 

            Los Cabildos eran ordinarios o extraordinarios; los extraordinarios eran los que convocaban al pueblo y a la gente para decidir cuestiones que tenían que ver con sus vidas o los que se convocaban frente a algún acontecimiento importante. Esta es una sesión de la Junta Departamental de Montevideo también extraordinaria.

 

            En 1808 se realizó un Cabildo Abierto que es importante ‑del que estamos celebrando 200 años‑ porque ahí se creó la Primera Junta Gubernativa de Montevideo, de la cual hoy nosotros, los Ediles y Edilas aquí presentes, somos sus continuadores y su presente. Nosotros somos hoy el presente de aquello que hace 200 años se constituyó en este lugar.

            Esta Junta Departamental que nosotros integramos en la actualidad tuvo sus orígenes entonces, en los Cabildos, organismos de honda raigambre artiguista.

 

            En el artículo 1º del Capítulo 3 del proyecto de Constitución elaborado por José Gervasio Artigas se decía: “…por lo tanto los Cabildos serán los verdaderos órganos de los pueblos y representantes de los mismos”, y en el oficio al Cabildo del 21 de mayo de 1811, Artigas decía: “...entre cuantas autoridades ha creado la política, no hay alguna más honrosa que la de los Cabildos, pero tampoco hay alguna que denigre más a los hombres de los que abusan de ella, o abandonen los deberes que les impone”.

 

            Con estas brevísimas palabras damos apertura a la sesión extraordinaria de la Junta Departamental y agradecemos nuevamente la posibilidad que nos estamos dando todos de estar presentes en esta tarde montevideana de 2008.

 

            Muchísimas gracias.

 

(Aplausos)

 

______Le damos la palabra al señor Secretario General para que dé lectura a un saludo recibido.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Alejandro Sánchez).- “Montevideo, 18 de setiembre de 2008.

 

            “Señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo, Edil Gastón Silva. Presente.

 

            “El Intendente Municipal de Montevideo, doctor Ricardo Erhlich, le saluda y agradece la invitación que le enviaran con motivo de la sesión extraordinaria conmemorando los 200 años del Primer Cabildo Abierto de Montevideo y colocación de una cápsula del tiempo.

 

            “Lamentablemente, no podré acompañarlos por compromisos adquiridos con anterioridad.

 

            “Saluda atentamente,

 

“Doctor Ricardo Ehrlich.

 

“Intendente Municipal de Montevideo”

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Para dar inicio a la parte oratoria, le damos la palabra a la Edila Silvia Aguiar.

 

SEÑOR AGUIAR.- Buenas tardes a todas y a todos.

 

            En primer lugar, quiero señalar que, como bien dijo el Presidente, para nosotros es un día muy importante y, a su vez, que esta idea fue fruto de un compañero, el Edil Dari Mendiondo, quien ‑en un principio desde la Comisión de Nomenclatura y posteriormente desde esa Comisión integrada con la de Cultura‑, le dio trascendencia a este evento.

 

            La corona española, para poder gobernar y dominar a América, implementó una serie de autoridades que eran elegidas en España y que venían a América: el virrey, las capitanías generales y gobernaciones. Pero, sin lugar a dudas, fueron los Cabildos ‑instalados en ciudades, villas y pueblos‑ los que tuvieron gran trascendencia. Por un lado, debían dar forma o estructura a la población ‑como lo hizo este‑, y a la vez despertar el “espíritu cívico de sus habitantes”, cosa que no era menor en esos momentos. Estaba vinculado cotidianamente a los problemas de la población ‑como también lo estamos nosotros hoy‑; y así fue que el Cabildo creció en importancia.

 

            El gobierno de estas jurisdicciones se confiaba a los españoles peninsulares, pero no todos los vecinos de la ciudad se transformaban en cabildantes, porque no todos podían serlo; debían tener “casa poblada y linaje conocido”. Esto dio lugar, en principio, a una incipiente “aristocracia ciudadana” que, con el correr del tiempo, con los negocios y las especulaciones, siguió en ascenso.

 

            Si algo caracterizó a los Cabildos fue el carácter anual del desempeño de sus integrantes, lo que permitió una mayor participación de los vecinos. La condición social de sus integrantes y las características de sus funciones los transformaron en un poder popular y democrático. Es en los “Cabildos Abiertos” o públicos “donde una barandilla de madera color café separaba el recinto de los cabildantes del resto de la sala, reservado para el público cuando el Cabildo tenía esta característica, la de tratar asuntos extraordinarios”. Estos Cabildos Abiertos se realizaban frente a problemas graves, acontecimientos de trascendencia, y en ellos participaba un número mayor de cabildantes, que junto con los titulares ampliaban la base y se convertían en asambleas populares en las que el pueblo se veía reflejado. En ciudades pequeñas, como lo era entonces Montevideo, los vecinos llegaban a ocupar varios oficios capitulares, para “tratar cosas de utilidad a la ciudad”, como también nosotros lo hacemos.

 

            También eran ellos, como cabildantes, quienes elegían a sus sucesores anualmente. Fue solamente en el primer gobierno artiguista cuando se eligieron popularmente, como “Cabildo Gobernador de la Provincia”.

 

            El Cabildo Abierto del cual emanó la primera Junta de Montevideo se enmarca en el inicio del fin del Montevideo colonial y en las primeras manifestaciones que posteriormente gestaron el movimiento independentista, aun cuando esta Junta Gubernativa no lo fue, dado que seguiríamos siendo fieles al rey Fernando VII.

 

            El 21 de setiembre de 1808, con motivo del vacío de poder que generó en la península la invasión napoleónica, se creó la Junta Gubernativa particular y subalterna de Montevideo, la primera de la América Hispana.

 

            Ya en el día anterior “una manifestación popular que había estado en el Fuerte (...) preguntaba en el patio a de Elío: ¿por qué querían llevarlo a Buenos Aires? Y ante la respuesta: ‘Ignoro los motivos pero si tengo delito quiero que me corten la cabeza en Montevideo’,  irrumpiendo en gritos contra Michelena, Liniers y Buenos Aires, salió de allí para el cabildo (…) donde, sintiendo ahora los cabildantes, que rodeaban la casa profiriendo gritos hostiles, y golpeando las puertas y ventanas previa deliberación, resolvieron preguntar la razón de aquel tumulto, y el pueblo contestó: ‘queremos cabildo abierto’”. Esto ¿qué demuestra? Demuestra indudablemente una duda frente a las autoridades constituidas y a sus resoluciones; porque lo que se iba a juzgar en ese Cabildo era nada menos que la conducta de los virreyes del Plata, y se iba a solucionar una gravísima situación de la colonia. Por otra parte, al aceptar esta solicitud del pueblo, las autoridades admitían que estaban temerosas de asumir solas la responsabilidad de las decisiones, cosa que tampoco es menor.

 

            “En la noche la triunfante multitud ocupó las calles y a las doce de la noche otra multitud, precedida de una banda de música, se dirigió al Fuerte, con hachas encendidas los comerciantes, oficiales de la guarnición y del pueblo vociferaban mueras a Michelena, Liniers traidor a Buenos Aires, y vivas a nuestro gobernador”. Llenando el patio estallan en aplausos al recibir al gobernador de Elío, en tanto algunos oficiales, levantándolo en brazos, lo llevan al centro de la multitud, mientras se jura morir antes que consentir que de Elío saliera de Montevideo. 

 

            Al día siguiente aparecieron en las esquinas carteles manuscritos convocando al Cabildo a las 10 de la mañana “para sostener a de Elío y guardarse del afrancesado”. El 21 de setiembre se instaló el Cabildo Abierto. Los cabildantes se presentaron y convocaron al pueblo para que eligieran sus Diputados. Por aclamación, 19 Diputados se incorporan a las autoridades y demás reunidos en la asamblea.

 

            Constituido el Cabildo con 59 vocales, y presidido por el Gobernador de Elío, se abrieron las puertas y ventanas para que el pueblo presenciara y acompañara el debate.

 

            Orestes Araújo dice: “Absorto y en suspenso quedó el pueblo en presencia de su propia obra (…) Aquella asamblea, que él mismo exigió y formara, iba a resolver como soberana los asuntos que agitaban la colonia”. Abierta la sesión, Liniers releva a de Elío por Michelena. Luego del debate se concluye que no era voluntad del pueblo y que, por lo tanto, se debería “obedecer pero no cumplir”. Continuaban los gritos del pueblo; la asamblea se puso de pie; todos hablaban a la vez; la multitud, desde afuera, participaba del debate a gritos. Se vuelve a abrir la sesión de la asamblea para elegirse una Junta de Gobierno presidida por de Elío y conservar la oriental “en la debida obediencia a su legítimo soberano don Fernando VII”. Esta resolución fue recibida con aplausos del pueblo que esperaba afuera.

            ¿Por qué es importante este Cabildo Abierto? Porque juzga por primera vez, desde América, la conducta del virrey Liniers; y el día 22, reunidos todos en el Fuerte, se eligió la Junta Gubernativa de Montevideo ‑la primera en América‑ como respuesta a la crisis de la monarquía española. Yo traje para compartir con ustedes esa frase de Orestes Araújo porque me pareció bien interesante cómo el pueblo lucha por algo y después queda como absorto de su propia obra, esa obra que ni ellos mismos podían creer que con su lucha y su énfasis en lo que querían podían lograr.

            De acuerdo con Ana Frega, este Cabildo Abierto es un escenario de gran incertidumbre. La Junta de Montevideo fue el resultado de la confluencia efímera de grupos de intereses contradictorios. Se constituyó a partir de un Cabildo Abierto, celebrado el 21 de setiembre de 1808, y se disolvió el 30 de junio de 1809, en obediencia a lo dispuesto por la Junta Central y Gubernativa. En esos nueves meses de funcionamiento desconoció la autoridad del Virrey ‑acusándolo de ser proclive a Napoleón‑, gobernó en forma autónoma su jurisdicción y realizó gestiones ante las autoridades peninsulares, diversas ciudades del virreinato y representantes de gobiernos extranjeros.

            1808 fue un año de incertidumbre por el temor a una nueva expansión portuguesa ‑ante la llegada a Río de Janeiro de la familia real‑, a una posible tercera invasión militar británica y a una profunda crisis del imperio español. De ahí que los habitantes de Montevideo se vieran obligados a actuar con una autonomía que jamás habían tenido, pero ‑yo acotaría‑ que muchas veces habían soñado.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Anibal Gloodtdofsky.

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Presidente: le agradezco que me haya dado la palabra ‑lo adivinó, porque no se la había solicitado‑; usted sabe que yo siempre estoy dispuesto.

            Buenas tardes.

            En las palabras que acabamos de escuchar hemos tenido una reivindicación de aquellos días de 1808 que nosotros consideramos constituyen, sin duda, un hito en el proceso que vivió en aquel momento la Banda Oriental y que luego se concretara en la independencia.

            Este edificio, levantado en 1737 ‑cuya primera construcción quedó en ruinas a los pocos años, fruto de los materiales empleados, y que fue reconstruido en 1804, con el aporte de los presos, en piedra sillar‑, este mismo edificio que construyó don Tomás Toribio y que durante muchos años fue sede de la representación nacional, supo albergar también otros episodios que, a nuestro juicio, pautaron ese proceso; proceso que aquí se ubica en 1808, pero que nosotros situamos unos años antes.

            Acá fue donde se desarrollo básicamente la actividad de los ingleses durante el período que ocuparon Montevideo, en esa extraña participación de fuerzas extranjeras que sembraron en este país ‑más allá de la reivindicación monárquica que se hiciera en 1808‑ la verdadera idea de libertad. Fue aquí que durante la invasión inglesa, reunidos en este mismo edificio, el Cabildo ‑presidido por Joanicó‑, estuvieron a punto de ser degollados por una soldadesca enfurecida. Fueron salvados por el capitán Bowel, quien ingresa al edificio, detiene a los soldados y, recibiendo de parte del Cabildo la espada y las insignias de justicia, las devuelve inmediatamente para que vuelvan a su ubicación dentro del edificio. Dentro del edificio pone guardia y da seguridad a los cabildantes.

            Ese episodio, junto con el nacimiento del primer órgano de prensa ‑“La Estrella del Sur”, que los ingleses llevaron adelante aquí‑ y toda su prédica, fue lo que sembró la idea de libertad, de libertad de comercio, que se concretara con el primer tratado de libre comercio que se firmara en estas tierras, firmado por Artigas. Artigas firmó el tratado de libre comercio con el imperio.

            Esos episodios fueron los que a continuación dieron lugar a los de 1808 y a esas referencias al período artiguista que se hicieron acá.

            Es interesante leer el diario de Francisco Acuña de Figueroa porque relata día a día lo que pasaba dentro de Montevideo durante el sitio, y la alegría que despertó en los godos cuando Artigas se retira del sitio, sabiendo que Rondeau no podría quizá contener las fuerzas de los monárquicos dentro de Montevideo.

            Aquí, en este mismo edificio, fue donde la Hermandad de la Caridad dio de comer a más de tres mil quinientas personas durante el sitio. Fue aquí donde se desarrollaron en los siguientes 50 años los episodios más importantes de la historia nacional.

            Esta fecha que nos reúne, señor Presiente, es muy importante, al igual que la interesante idea de plantar una cápsula donde no solamente recordemos lo que pasó, porque el pasado es importante, pero, como decía Batlle y Ordóñez, lo importante está en el porvenir. Nuestro mensaje y nuestro compromiso están con aquellos que algún día lean las palabras que aquí hemos pronunciado.

            Sentimos que a casi 130 años de la oración más importante que ha tenido la República y la Patria, debemos reiterarla para que las generaciones futuras, aquellas de dentro de dos siglos, la tengan como viva y la asuman como propia. Y esa oración no es otra que aquella que se pronunciara en mayo de 1879 y que yo me voy a tomar el atrevimiento, dada la importancia y jerarquía de su autor, de reiterar aquí, para que conste en actas y para que dentro de dos siglos algún niño, quizá ‑ojalá así sea‑, la pueda leer.

            Dice así: “Todo acabó… Ya el mundo / Firme al novel batallador escucha / Dictar sus leyes y escribir su historia, / Y al solio de los pueblos lo levanta / Que, aun cubierto de polvo de la lucha, / Trepa el guerrero con serena planta. / La patria redención ya consumada, / Exige el culto de sus hijos fieles, / En el altar del alma conservada. / Tú, a la sombra feliz de tus laureles, / Patria, patria adorada, / En tu tranquila tarde del presente, / De tus santos recuerdos al arrullo, / Duerme ese sueño de los pueblos grandes, / De paz y noble orgullo. / Rompa tu arado de la madre tierra / El seno en que rebosa / La mies temprana en la dorada espiga, / Y la siega abundosa / Corone del labriego la fatiga. / Cante el yunque los salmos del trabajo; / Muerda el cincel el alma de la roca, / Del arte inoculándole el aliento; / Y, en el riel de la idea electrizado, / Muera el espacio y vibre el pensamiento. / En las viriles arpas de tus bardos / Palpiten las paternas tradiciones, / Y despierten las tumbas a sus muertos, / A escuchar el honor de las canciones. / Y siempre piensa en que tu heroico suelo / No mide un palmo que valor no emane; / Pisas tumbas de héroes… / ¡Ay del que las profane! / Protege, ¡oh Dios! La tumba de los libres; / Protege a nuestra patria independiente, / Que inclina a Ti tan sólo, / Sólo ante Ti la coronada frente”. Juan Zorrilla de San Martín,  La Leyenda Patria”. 

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Buenas tardes, estimados colegas Ediles, autoridades de la Intendencia Municipal de Montevideo, ciudadanos y vecinos aquí presentes, funcionarios de la Junta y prensa:

            Es realmente emocionante celebrar en esta sala magna el bicentenario de la instalación del primer Cabildo Abierto, que en Montevideo generó la primera Junta Gubernativa del continente latinoamericano.

            En esta sala está el escudo, del que aprendimos en la escuela lo que simbolizan las figuras que contiene: el sol, símbolo de la naturaleza siempre viva, enérgica y soberana; el cerro de Montevideo, símbolo de la independencia y la soberanía; el caballo, símbolo de la libertad; la balanza, símbolo de la igualdad, y el ganado, símbolo de la abundancia de los bienes materiales. ¡Qué contenido tan profundo tiene nuestro escudo nacional! Le unimos los colores de la bandera, el color del cielo, el sol ‑que es significativo en su expresión‑, la bandera tricolor de Artigas y la bandera tricolor de los Treinta y Tres Orientales, que también tiene una inspiración: son las barricadas de la Revolución Francesa de 1789, de la liberté, égalité, y fraternité.

            El surgimiento de esta Junta de Gobierno en 1808, tal como ha sido dicho aquí por los oradores anteriores, no es un rayo en el cielo sereno; es producto de una acumulación de elementos sociales y políticos concretos que se abren paso y cuyo tiro o estampido inicial estuvo en la Revolución Norteamericana del 4 de julio de 1776. Fue una revolución sangrienta, sumamente dolorosa; sin embargo, triunfó la república en Estados Unidos de Norteamérica. Allí se destacó Thomas Paine, ese inglés que fue a Estados Unidos y se transformó en uno de los grandes próceres, líderes e intelectuales de la revolución junto a Washington, junto a Sherman, Jefferson y Benjamín Franklin, junto a los grandes líderes nacionales, que eran en su época comerciantes nativos norteamericanos.

            Esa Revolución Norteamericana que inspiró a Artigas, que inspiró a Varela, que inspiró a los prohombres de nuestra patria, también estaba haciendo su trabajo en el año 1808, cuando aquí, en el Uruguay, en Montevideo, se toma esa decisión.

            Como se ha dicho, las invasiones inglesas nos trajeron las guerras napoleónicas al Río de la Plata. La contradicción en la vieja Europa de la Edad Media Baja que se abría paso en la Edad Media Alta, generaría lo más importante de ese siglo decimonónico, que fue la Revolución Industrial, la revolución del maquinismo, y la aparición de un proletariado masivo erradicado de los campos, que se hacinaba en las minas, en las fábricas, produciendo y produciendo 14 ó 16 horas junto a niños, madres, familias enteras. Ahí va surgiendo una Europa en la que nace un nuevo sistema social. Ese sistema social se extiende por el mundo y nos da el ferrocarril en la década del ‘70, como un gran principio y como demostración del triunfo de la ciencia, de la técnica del hombre en la tierra y en los medios de producción.

            Por lo tanto, 1808 no fue un rayo en el cielo, fue una acumulación de cosas. Aquí se ha hablado de las Invasiones Inglesas y de un Cabildo Abierto, pero en 1806 hubo un Cabildo en el cual se exigía la defensa del comercio en el Puerto de Montevideo en disputa con el Puerto de Buenos Aires; es decir, había intereses propios, nativos, locales, que incitaban a defender esas posturas. Con la crisis que se produjo en España por la declaración de las Juntas que defendían a Fernando VII, surge aquí una Junta inspirada en el españolismo. Pero sin embargo le pasó como a Mario, que en Roma dio la idea de sustituir al pueblo armado y poner ejércitos, cuyo mayor ejemplo fue Cincinato, que abandonó el arado y se armó para ir a defender Roma con los campesinos. Ese ejército profesional que formó Mario degeneró y se transformó en un imperio que durante mil años dominó el mundo.

            La Junta Gubernativa creada el 21 de setiembre de 1808 fue como la lámpara de Aladino, fue el despertar a algo nuevo, renovador, revolucionario, algo que prendería el 25 de mayo de 1810 en lo que fue la Junta de Buenos Aires y el grito de independencia de América, del Río de la Plata, respecto al colonialismo español. Esos hechos fueron los primeros. Después vinieron los otros, como Bolívar, el Grito de Dolores en México o la emancipación de Cuba en el siglo XIX, en 1898.

            ¿Qué cantidad de gente, cuántos habitantes tenía Montevideo en el año 1800? En toda su jurisdicción tenía 15.250 habitantes, de los cuales 32% eran negros. En 1811 los negros totalizaban un 34% de la población de Montevideo.

En 1729 se produjo el Primer Cabildo en la casa de Gronardo, y en el año 1737 ‑como bien decía el Edil Gloodtdofsky‑ se trasladó para acá. Con construcciones muy primitivas se fue afirmando aquí la edificación de lo que fue gobierno, administración, administración de justicia y policía, con dos pilares que compartía el gobierno español: por un lado el Gobernador, que era el encargado de la defensa, y por otro lado el gobierno político, que era el Cabildo. El Cabildo, como bien dijera la Edila Silvia Aguiar, era el pueblo, los vecinos ilustrados, los vecinos que estaban en condiciones de ejercer como cabildantes. Luego, en 1816, con Artigas, los Cabildos pasan a ser elegidos por el voto del pueblo.

Aquí les estoy mostrando fotos del Cabildo, de esta casa, en 1737 y en 1743. Hoy estamos celebrando los 200 años de la Junta, pero este Cabildo en realidad tiene 271 años. No es el momento de hablar de las cosas maravillosas que escribió Arnold ‑norteamericano‑ sobre Montevideo, pero quiero señalar que él describe el Cabildo y la Catedral.

Es decir que venían los extranjeros y quedaban encantados con lo que era Montevideo, con su paisaje y, en particular, con su gente. Tengámoslos en cuenta, porque queremos que los extranjeros que sigan viniendo al Uruguay se sientan cómodos en nuestra patria y particularmente en esto que es Montevideo.

            Finalizo, señor Presidente.

Tenemos el tiempo acotado, pero sí podemos manifestarle las palabras de Bartolomé Mitre, ese insigne argentino que supo escribir sobre el Cabildo Abierto y la Junta creada el 21 de setiembre de 1808.

“El Cabildo resume, por excelencia, el interés social, cuida de la sociedad en sus relaciones externas, como de su vida interior. Compone así un concepto de Estado francamente intervencionista en el cual el lucro no favorece sino a la comunidad. La relativa pequeñez colectiva permite esas modalidades características. Las tierras y ganados realengos pueden pertenecer al Cabildo, en beneficio del pueblo.”

¿Qué les parece, señores de la Intendencia Municipal de Montevideo? Las tierras realengas.

Entonces, quisiera expresar que, al decir de Mitre, éste fue el primer Cabildo que abrió una ruta en el continente americano. Es hoy un día hermoso, soleado, pero mucho más hermoso en nuestra conciencia.

Y podemos terminar con el llamado que hacían a los vecinos para asistir al Cabildo: “¡Convocaos, ciudadanos, que hay Cabildo abierto y habrá decisiones!”.

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra la Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Buenas tardes, señor Prosecretario General de la Intendencia, señores compañeros y compañeras Ediles y Edilas, funcionarios de la Junta Departamental de Montevideo, señora Viceintendenta de Montevideo, escribana Hyara Rodríguez ‑que no por última deja de ser la primera‑, y vecinos:

            En primer lugar quiero agradecer el apoyo del Edil Dante Nieves, que me acercó un material, y en segundo lugar la generosidad de mis compañeros de bancada por haberme permitido hacer uso de la palabra en el día de hoy.

Hay gente que piensa que las paredes, los muebles y los ornamentos son objetos inanimados. Puede ser que sí, pero a la vez son testigos de los hechos. Y hoy nosotros y nosotras, parlamentarios de la ciudad de Montevideo, estamos en este lugar que, además de histórico, fundamentalmente deberíamos considerarlo sagrado para todos y todas, los montevideanos y las montevideanas, los uruguayos y las uruguayas, porque es precisamente aquí donde nacen los parlamentos. Es en este lugar donde tienen origen los Parlamentos.

Como es muy poco el tiempo y hubo referencias históricas ‑especialmente, las de la Edila Silvia Aguiar y las del Edil Gloodtdofsky‑ muy ajustadas a la realidad desde mi punto de vista, yo solamente voy a mencionar dos aspectos, que me parecen muy importantes y que son un aporte del Edil Dante Nieves.

Aquí, en esta Sala, Lucas Obes ‑si bien refiriéndose a lo que en ese momento se defendía, que no era otra cosa que el derecho a ser españoles y no a ser orientales‑ maneja por primera vez el concepto de patria, y eso, compañeros Ediles, no es poca cosa. Por primera vez acá se habla del concepto de patria. Yo no voy a leer todo el texto, sino simplemente algunas cositas.

Transcurría el año 1807. Dice así: “(...) el vecindario concurrió al Cabildo expresando su confianza en el gobernador y enviando a Liniers un oficio ‑calificado por éste de escandaloso‑ en el que decía que iba a tomar como desaires al pueblo los inferidos al Gobernador” ‑como verán, los montevideanos hemos sido siempre medio escandalosos y transgresores, por suerte‑ “y en otro expresaba: ‘Las Juntas populares cuando sólo son dirigidas a representar, pedir y suplicar con veneración lo conveniente a la seguridad de la Patria (...)’”. Aquí Lucas Obes, por primera vez en nuestra historia, maneja el concepto de patria.

Dice más adelante el historiador: “La fundamentación doctrinaria de la Junta ‑que debe completarse con las citadas reflexiones de Pérez Castellano y con una proclama anónima aparecida en la época en Montevideo y concebida en términos coincidentes‑ encontró en Lucas Obes a un sagaz teórico. En respuesta a una carga dirigida a Elío por Villota, uno de los fiscales de la Audiencia de Buenos Aires, expresa que los pueblos americanos no son colonias, ‘son pueblos españoles (...)’”. Es decir que aquí se sentía que eran españoles. No es por casualidad ‑por lo menos a mi entender‑ que esto ocurra en el mes de setiembre, porque este para mí es el mes de la libertad de pensamiento. Es precisamente aquí donde comienza a nacer la semilla de la libertad de pensamiento. Pero no es que comience a nacer porque no estuviera en la esencia de cada ser humano. Esa semilla de libertad, que es la misma que Prometeo les robó a los dioses en esa preciosísima tragedia, nace con cada hombre y con cada mujer; simplemente hay que despertarla. Aquí comenzó a despertarse ese espíritu de patria, de nación, de libertad, de independencia. Todos nosotros somos hijos de esos Cabildos. Y es bueno que digamos que también son hijas de esos Cabildos las primeras Asambleas Orientales: la de 1813 y la de 1815. ¡Vaya si ambas fueron importantes! Lo fueron porque sentaron las bases de nuestra nacionalidad en lo que tiene que ver con la democracia, con las libertades e incluso con la propiedad, con el Reglamento de Tierras de 1815.

Hay algo que no puedo dejar de señalar, especialmente porque va a quedar en esa cápsula del tiempo: que en ese momento, queridos compañeros y compañeras, en ese Cabildo no había mujeres. Y eso era natural, porque las mujeres, como la historia lo dictó, estaban ocupadas en otras cosas. Pero ¡cuidado! En otras cosas, pero detrás de las cosas; en ese momento, detrás de las cosas.  Y por eso es que quiero que hoy, 200 años después, quede constancia en esta cápsula del tiempo de que muchas mujeres, no sólo las que tenemos el privilegio de haber sido elegidas Edilas, de ocupar cargos relevantes en el Municipio de Montevideo o las que trabajan en los Concejos Vecinales y en las Juntas Locales ‑que no son otra cosa que parte del Gobierno de Montevideo‑, sino también las mujeres anónimas, día a día construyen este Montevideo que todos los días todos y todas pretendemos que sea mejor. Hoy, 200 años después, aquí hay mujeres que hacen sentir su voz, que luchan por sus derechos, quizá por esos derechos que estaban en el corazón de la “china” Ciriaca, de Manuelita Oribe, de Bernardina Fragoso, de Ana Monterroso y de muchas otras a las que, lamentablemente, hasta su nombre la historia borró. Desde hace un tiempo ya no se puede borrar el nombre de las mujeres en la historia.

Es muy difícil en poco tiempo hacer referencia a hechos tan importantes que se han dado entre estas paredes. En primer lugar, tendríamos que volver no a la veneración que a los símbolos patrios se nos hizo hacer en la dictadura ‑eso era una forma de yugo, de sujeción‑, pero sí a venerar los lugares que para nosotros tienen que ser sagrados porque son de donde partió la libertad de nuestros pueblos, libertad que nunca más podemos permitir que se nos quite, bajo ningún concepto y de ninguna de las maneras posibles. ¡Libres e independientes por siempre!

En segundo lugar, creo que también como parlamentarios debemos recordar una frase de Artigas en una de esas asambleas: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”. Ningún legislador, ni nacional ni departamental, se puede olvidar de que la soberanía únicamente radica en el pueblo y no en los cargos, que son nada más que transitorios.

¡Que vivan los cabildantes de 1808! ¡Que vivan los ciudadanos de aquella época y aquellos que no podían ser ciudadanos ‑como muy bien lo dijo la Edila Silvia Aguiar‑ pero que sí lo eran en el corazón! Y benditos sean todos aquellos hombres que llegaron también con las Invasiones Inglesas para hablar de libertad, de igualdad y de fraternidad, que son cosas muy caras para muchos y muchas uruguayas.

Muchísimas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted, señora Edila.

Tiene la palabra el señor Edil Fernando Ripoll.

 

SEÑOR RIPOLL.- Muchas gracias, señor Presidente.

            Verdaderamente, es un honor hablar hoy, a tan sólo tres días de cumplirse 200 años de que se celebrara esa gran reunión de vecinos, de cabildantes, que al otro día se llamó “Primera Junta de Gobierno de Montevideo”.

            Quiero hacer algunas citas de la historia, pero primero voy a saludar la presencia de las autoridades municipales, del Prosecretario de la Intendencia, señor Jorge Rodríguez, y de la señora Directora del Departamento de Acondicionamiento Urbano, escribana Hyara Rodríguez, así como de todos los Ediles y de todas las Edilas, porque, como muy bien dijo la Edila Glenda Rondán, en ese primer Cabildo no había Edilas.

            Quiero hacer una precisión, si usted me permite, que es como una pequeña propuesta: me gustaría que se recogieran en la versión taquigráfica los nombres de las autoridades y de todos los Ediles y Edilas, para que dentro de 200 años se sepa también quiénes estuvieron presentes en esta instancia, en esta sesión extraordinaria de la Junta de Montevideo.

            El Edil Mendiondo, la Edila Silvia Aguiar y otros ya han resumido con una exactitud meridiana toda la historia. Quiero felicitar al Edil Dari Mendiondo, porque esto es iniciativa de él y me parece que ha sido una muy buena idea.

            Al quedar acotada la jurisdicción del Virrey Liniers en el territorio ocupado por los ingleses, entró a desempeñar la gobernación de Montevideo el Coronel Francisco Javier de Elío, en reemplazo de Ruiz Huidobro, quien fue enviado a Inglaterra como prisionero de guerra a raíz de la caída de la ciudad. El nuevo Gobernador se encauzó en los actos de las corrientes de independencia con que los acontecimientos venían empujando al pueblo uruguayo. Inició la lucha con el envío de su renuncia al Virrey; él sabía que con esa actitud afirmaba su autoridad en vez de exponerla a una derrota, porque tenía de su lado al Cabildo y al pueblo.

Y no se engañaba: el Cabildo de Montevideo se dirigió a Liniers pidiéndole que no aceptase la renuncia de de Elío. “Nuestra seguridad” ‑decía el Cabildo en su oficio‑ “pende del valor, actividad y celo del que nos manda.

            “Las Juntas populares” ‑decía el Cabildo‑ “cuando son dirigidas a representar, pedir y suplicar con veneración lo conveniente a la seguridad de la patria; cuando en ellas se descubre que en el corazón del pueblo no hay más que amor a su monarca, y por él a sus magistrados, lejos de ser perjudiciales, considera el Cabildo que son convenientes y deben agradecerse.”

            Liniers resolvió su destitución, nombrando en su reemplazo al Capitán de Navío don Juan Ángel Michelena. Éste llegó el 20 de setiembre en la sumaca Belén, trayendo los despachos que lo acreditaban Gobernador Interino de la plaza en sustitución de de Elío, órdenes reservadas para prenderlo, así como también oficios para los Jefes de Guarnición.

Michelena se presentó al Cabildo y cuando éste se ocupaba de imponerse de los despachos, se agolpó el pueblo en tumulto a las puertas y ventanas de la casa consistorial, oponiéndose a la deposición de de Elío y pidiendo Cabildo Abierto. La conmoción subía de punto y el Cabildo accedió a la demanda del pueblo; resolvió que al siguiente día hubiese Cabildo Abierto. La noche pasó en agitación; la efervescencia popular creció, y temiendo Michelena por su persona, fugó en la madrugada por la playa de la Aguada.

            Liniers no podía conformarse con la actitud que había asumido Montevideo, llamándose a Gobierno independiente de su autoridad, y trató por todos los medios a su alcance de hostilizarle, al mismo tiempo que su edecán, don Hilarión Quintana, en el bergantín Liniers, desechaba comunicaciones para España y establecía cruceros en el río para apoderarse del buque que conducía a Guerra a la península.

            En este marco de disidencias en el que incide de manera inexorable la guerra europea, separando a Liniers ‑de origen francés‑ de de Elío ‑quien era de origen español‑, se celebra el 21 de setiembre de 1808 el Cabildo Abierto, punto de partida de nuestra independencia. Si será importante esta fecha: fue el primer hito a nivel parlamentario de las Américas y, sobre todo, de nuestro querido Uruguay. Esta Junta Departamental en sus orígenes existió antes que el Parlamento, ¡si será importante!

            El pueblo de Montevideo se congregaba en la plaza, aquí abajo, y elegía a sus hombres más importantes para que concurrieran a las deliberaciones y resoluciones del Cabildo.

            Señor Presidente: nuestros representantes pertenecen a esa estirpe de recios varones que tienen el mando de la historia, que surgieron como un símbolo de la voluntad indomable de una muchedumbre que sentía latir el sentimiento de la patria pero que carecía de mentores, de ejércitos; era gente de campaña en cuyas manos leñosas se grabaron las fatigas de las grandes jornadas en la que sirvieron a la patria con decisión ejemplar. Eran caudillos como Artigas, quien al inaugurarse la Asamblea del año XIII inspiró a los representantes de la Banda Oriental, dándoles instrucciones precisas de contenido federalista y revolucionario, inmediata declaración de independencia, constitución republicana, libertad civil y religiosa, igualdad de todos los ciudadanos. Caudillos como Lavalleja, Oribe y Aparicio Saravia surgían de la entraña misma del pueblo; eran su encarnación, su mito y su vigía. Todo lo que tiene de grande nuestra historia fue amasado por esas imponentes concentraciones humanas a cuyo frente se ponía un verdadero conductor, uno de esos individuos de vocación histórica que elevan la forma interna de la propia persona a la forma de pueblos enteros y épocas enteras.

            José Gervasio Artigas, nuestro gran prócer, nos consignó una de las definiciones más valiosas de lo que significa la libertad y la igualdad, definición a la cual hoy aludía la Edila Glenda Rondán: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana. Vosotros estáis en el pleno goce de vuestros derechos: ved ahí el fruto de mis ansias y desvelos, y ved ahí también todo el premio.

            “Ciudadanos: los pueblos deben ser libres. Ese carácter debe ser su único objeto, y formar el motivo de su celo. Por desgracia va a contar tres años nuestra revolución, y aún falta una salvaguardia general al derecho popular. Estamos aún bajo la fe de los hombres y no aparecen las seguridades del contrato”.

            ¡Así se hizo la patria! Nuestras épicas hazañas tienen como resultado la democracia, la libertad, la independencia, conseguidas desde el pueblo y su participación; hazañas dirigidas por hombres elegidos directamente por las masas sin injerencia del poder oficial, los cuales se convirtieron en el brazo y en el órgano directo del pueblo, en la expresión y en el símbolo del mismo.

            Por eso, yo quiero simplemente decir que hace diez años ‑y esto es una disquisición interna que me permitirán los señores integrantes de otros partidos políticos‑ tengo registrada una agrupación que se llama Cabildo Nacionalista de Montevideo. Con mucho orgullo hoy puedo decir que ojalá dure 200 años más,  para que todos la puedan ver.

            Quiero dar un mensaje muy sucinto hacia el futuro. Hace 200 años existían las plumas para anotar, no había computadoras, y los señores legisladores hacían un esfuerzo mucho más grande por entenderse en favor de todos nosotros. No teníamos las buenas condiciones que hoy tenemos. Quizá dentro de 200 años otra sea la realidad; otro sea el nivel de vida de los montevideanos, de los uruguayos. Yo quiero que dentro de 200 años exista un órgano que se llame Junta Departamental ‑o como sea‑, un órgano representativo, republicano, electo por el pueblo y que marque el rumbo de la independencia como otrora lo hicieron los cabildantes en 1808.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el Edil Fitzgerald Cantero.

           

SEÑOR CANTERO.- Gracias, señor Presidente.

            Muy buenas tardes a todos.

            Soy una persona a la cual le gusta hablar más del futuro que del pasado; hacer ejercicios prospectivos; idear desde el hoy el Uruguay del 2030, en el cual festejaremos el bicentenario de nuestra república. Por ello, imaginemos Montevideo dentro de 200 años, cuando se celebren los 400 del primer Cabildo Abierto. Es inimaginable hoy saber cómo serán los espacios públicos, el transporte, las estructuras edilicias, las vías de tránsito.

            El ejercicio que sí podemos hacer es el de cómo queremos que sea esta ciudad capital. Éste, más que producto de la imaginación, será producto de los sueños y deberá tener tantos elementos subjetivos como los que nos atrevamos a ser capaces de soñar. Ese ejercicio es el que invito a desarrollar.

            En lo personal, aspiro a que cuando en el 2208 se pregunte en el mundo a qué se le llamó calentamiento global haya que ir a los libros de historia para averiguarlo. Sueño con que cuando se desarrolle esa celebración los asentamientos irregulares formen parte de la arqueología de la demografía vernácula.

            Ojalá que en ese 2208 quienes nos sucedan vean como antiquísimo el pulular de carros tirados por caballos y personas. Esto significará que la capital resolvió los problemas de la basura, que los niños y los adultos no trabajarán en ella y que no habrá animales castigados.

            Ojalá sea una ciudad que crezca en población y no que la pierda a favor de algunos departamentos del Interior o, lo que es peor, a favor de algunos países que brindan las oportunidades que aquí no generamos.

            Dentro de 200 años, cuando alguien se entregue a la lectura de estas palabras, espero que comprenda que su obligación es dejar el mundo, el país, la ciudad y el pedacito de tierra en el que habita mucho mejor de lo que lo encontró.

            El ejercicio de soñar despiertos es sano porque nos motiva a batallar arduamente para que los sueños se cumplan. Debemos, entonces, soñar con una sociedad de igualdad, pero de igualdad hacia arriba, sin diferencias ostensibles y sin una brecha entre ricos y pobres, con una sociedad en la que la clase media sea, si no la única, la más importante. Con ello se estará garantizando la felicidad de las personas y la estabilidad de la República.

            Y ese sueño, para que no se convierta en quimera, debe estar acompañado por la labor, sin pausa. Así, parafraseando al mejor Presidente que ha conocido este país, don José Batlle y Ordóñez, estaremos realizando la obra del presente y asegurando la obra del porvenir.

            A 200 años del primer Cabildo Abierto tenemos el desafío histórico de hacer de Montevideo una capital cada vez mejor, cada vez más linda, por encima de colores e ideologías... Una capital cada vez mejor, cada vez más linda, por encima de colores e ideologías...

            Aspiro, desde lo más profundo de mi ser, a que sigan siendo los hombres y mujeres lo más importante sobre la Tierra. Seguramente, en 2208 los avances tecnológicos dominen el mundo; ya lo hacen hoy. Pero nuestro desafío y el desafío de quienes nos sucedan es dominar los avances tecnológicos, defender la vida por encima de todas las cosas y reivindicar los valores más intrínsecos de los seres humanos, que siguen siendo los proclamados en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre: la libertad, la igualdad, la paz, la justicia, la tolerancia y la fraternidad.

            Esa es parte de la tarea que nos queda por delante. Si dentro de 200 años quienes juzguen nuestro accionar sienten que hicimos algo ‑por poco que sea‑ para mejorar sus condiciones de vida, habrá valido la pena vivir. Hoy, en setiembre de 2008, seguimos luchando para alcanzar ese éxito, de modo que, cuando nos toque partir, nuestro paso por este lugar del mundo haya sido útil.

            Muchas gracias, Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Para finalizar con la parte oratoria, le damos la palabra al Edil Pablo Ferrer.

 

SEÑOR FERRER.- Muchas gracias, señor Presidente.

            A esta altura del desarrollo de esta actividad, tras cerca de una hora y veinte de intervenciones, finalizar con la parte oratoria tiene varios riesgos. Uno es ser terriblemente tedioso para quienes hace una hora y veinte minutos que están deseando que esto finalice, y otro es ser terriblemente reiterativo de las cosas que se han planteado antes; trataremos de evitar caer en ambos errores.

            Nosotros queremos, sí, centrarnos en la recordación de lo que fue el 21 de setiembre de 1808, no quedarnos en el episodio sino enmarcarnos en lo que fue el proceso histórico, en un contexto mundial de cambios, de cambios de era ‑como lo caracterizara el historiador británico Eric Hobsbawm‑, del cambio de la era del imperio a la era del capitalismo. Estas categorías sin duda son válidas particularmente para los países centrales, para los países europeos y muy especialmente para Gran Bretaña y para Inglaterra, pero tienen algunos matices en los territorios dependientes, en los territorios periféricos del orbe, como era el nuestro, como sigue siendo el nuestro. De todas maneras, ese cambio de era nos impacta. Ese pasaje de los imperios a los capitalismos ‑con la convivencia entre ellos, con los capitalismos que surgen dentro de los imperios‑, que comienza a desatar nuevas fuerzas, nuevos fenómenos ‑que se traducen en la revolución independentista en los Estados Unidos y en la Revolución Francesa, que tienen una base económica indiscutible en sus procesos‑, impacta fuertemente en esta región y en este territorio en particular, en el cual se reproduce ‑quizá como en ningún otro lugar en el orbe‑ esa lucha entre los imperios británico y francés, entre los imperios francés y español, entre los imperios francés y portugués, entre los imperios británico y español, y entre los imperios español y portugués. Los tuvimos a todos de visita por el condado, en distintos momentos y en distintas formas. Todos fueron dando su semilla para lo que se fue construyendo posteriormente.

            Hubo un momento en el que la libertad económica marcó un fuerte mojón con la presencia por estas tierras en particular de los ingleses. Hace un par de años se realizaba la conmemoración de los 200 años de las Invasiones Inglesas, y es bien de justicia hacerlo. Pero no sólo fue la libertad económica: también  fue la libertad política. A eso también se suma el concepto de la igualdad política: el ser “igualmente españoles” que los españoles de la Península Ibérica. Ese era el concepto de igualdad política en aquel momento, porque los conceptos cambian; 200 años después los conceptos de igualdad y libertad son otros.

Pero, en particular en 1808 y en el marco del contexto histórico de los conflictos entre los imperios que surgían con un vigor capitalista, entre los imperios que eran monarquías ‑en algunos casos, monarquías absolutas, y en otros, con avances en términos de monarquías republicanas‑, se da una crisis monárquica y de poder en el imperio español.

Allí aparece con inusitada fuerza un concepto que, si bien puede tener algún antecedente en los procesos independentistas de Estados Unidos y en la Revolución Francesa, tiene una característica muy propia, muy hispánica, que aterriza con particular fuerza en nuestra ciudad. Y es que, ante la crisis de soberanía del monarca, el poder retrovierte al pueblo. Y a partir de ese concepto clave de soberanía popular ‑del cual todos en este país en particular somos muy tributarios, tanto por la cita de Artigas que más de uno de los Ediles que me antecedieron recordaba, como por el propio precepto constitucional que establece como aspecto central el carácter de la soberanía popular‑, de esa situación de crisis monárquica y de ese poder que retrovierte al pueblo, en Montevideo se establece el primer autogobierno de los Américas, antes que en cualquier otro rincón de las Américas, al menos la iberoamericana. Y es la Junta Gubernativa de Montevideo la que se transforma en ese órgano. También allí está la semilla del concepto democrático y del concepto republicano.

            Nosotros, señor Presidente, para quienes esta instancia también es política, queremos hablar de la necesidad de que la historiografía nacional tenga una revisión crítica de lo que es su tradición ‑esto ya lo hemos dicho también en ocasión de referirnos a las Invasiones Inglesas‑, y que su mirada se retrotraiga algunos años. Decimos esto porque estamos convencidos de que, en particular, en todo lo que es la etapa previa a lo que se conoce como el período artiguista, existen en nuestra historia nacional las más fuertes raíces de la construcción de la nacionalidad, la construcción de la nación o la construcción de la fraternidad oriental, como le quieran decir.

            Por eso, recordar estos mojones que se enmarcan en la recordación del bicentenario ‑y que nos llevarán sin duda a cada uno de los bicentenarios: al bicentenario del ‘30, al bicentenario del ‘51, y no quiero pasar por alto el del ‘25 porque si no lo menciono voy a tener una reivindicación político-partidaria‑ nos obligan a buscar la reconstrucción permanente de nuestra historia y de nuestras raíces como nación, para lograr lo que nos decía el Edil Fitzgerald Cantero: superar algunas cosas que aún hoy, a 200 años de estos procesos, no hemos podido superar.

            Yo tengo el convencimiento, entonces, señor Presidente, de que ir incluso más atrás de lo que hemos llegado en la historiografía nacional y buscar en estos períodos, en definitiva, el inicio de lo que es un sentimiento nacional, de lo que es una identidad nacional ‑que se expresa en concreto en la fecha que hoy conmemoramos, en un autogobierno propio como primera expresión en Iberoamérica‑, nos permitirá superar algunas de las dificultades y barreras con que cotidianamente nos encontramos a la hora de construir, entre todos, ese futuro, ese sueño que compartimos con el Edil Fitzgerald Cantero.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- La entrega de las medallas y lo relativo a la cápsula del tiempo se hará en el correr de estos días.

Los integrantes de la Mesa de la Junta Departamental, los señores Hugo Ubilla y Alejandro Sánchez, el doctor Marcelo Schelotto y la contadora Cristina González, y los Ediles Graciela Villar, Pablo Ferrer, Anibal Gloodtdofsky, Mario Calandra, Fabián Villamarín, Pedro Rissotto, Raúl González, Luis Luján, Teresita Ayestarán, Graciela Garín, Adriana Correa, Dari Mendiondo, Silvia Aguiar, Fernando Ripoll, Dante Nieves, Julio Schiavone, Glenda Rondán, Jar Sánchez, César García Acosta, Angel Fachinetti, Carlos Tutzó, Fitzgerald Cantero, Daniel Graffigna, Edgardo Machado, Marcelo Carrasco, Gabriel Weiss, Gustavo Osta, Raúl Brusco, Leonel Viera y Gastón Silva, aquí presentes, queremos agradecerles a todos ustedes que hayan compartido este momento con nosotros.

            Muchísimas gracias.

            Se levanta la sesión.

 

(Es la hora 17:30)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nómina de funcionarios del Servicio de Actas, Servicios Auxiliares,  Unidad de Relaciones Públicas y Prensa y Departamento de Taquígrafos, que prestaron funciones en la sesión extraordinaria de la Junta Departamental de Montevideo el día 18 de setiembre de 2008 en homenaje al Cabildo Abierto de 1808:

 

Servicio de Actas

 

Graciela, Cova Móttola

 

Servicios Auxiliares 

 

Aguilar, Silvia

Manquis, María Elisa  (becaria)

 

Unidad de Relaciones Públicas y Prensa

 

Santoro, Gladys

Pecoy, Carlos

Marino, María del Lujan

Alvariza, Rodrigo

Rodríguez, María Eugenia

 

Departamento de Taquígrafos

 

Bauzá, Alejandra

Artecona, Roxana

Bagnasco, Analía

Busakre, Irene

Buschiazzo, Helen

Calvo, Alejandra

Daguerre, Beatriz

García, Adrián

García, Marcelo

Lanza, Orestes

Pena, Gabriela

Petrides, Mónica

Romero, Marisa

Santos, Alejandra

Talento, Aníbal

Talento, Carolina

Zamora, Leonor