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ACTO DE HOMENAJE AL PBRO. JULIO C. ELIZAGA EN
CONMEMORACIÓN DE SUS 50 AÑOS DE ORDENACIÓN SACERDOTAL |
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Celebrado el 9 de setiembre de 2008 |
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Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos |
SEÑOR PRESIDENTE (Gastón Silva).- Buenas tardes a todas y a todos
los presentes en
(Es la hora 15:09)
______Hoy tenemos la alegría de iniciar una sesión de homenaje al Presbítero Julio César Elizaga, quien ha realizado una investigación religiosa no desde el punto de vista crítico, sino desde el conocimiento, lo que le ha merecido el respeto de pastores y religiosos de otras religiones e iglesias.
Más allá de su
reconocida labor como párroco en
Decía alguna vez el Presbítero Elizaga: “Hermanos: recordemos lo que nos ha dicho el Señor con su palabra: ‘Ustedes no me eligieron a mí, sino que yo los elegí a ustedes’”.
Actualmente, su parroquia cuenta con una policlínica, un consultorio jurídico, un hogar para mujeres en situación de calle, un merendero para alrededor de 130 niños y un club infantil en conjunto con el INAU. Asimismo, se está comenzando a implementar un plan, conjuntamente con el Ministerio de Desarrollo Social, cuyo objetivo será fomentar el cooperativismo, para ayudar a personas sin preparación.
Desde este Legislativo se ha apuntado a reconocer a los ciudadanos y a las ciudadanas que con su esfuerzo han entregado mucho a la sociedad, desde lo cultural, desde lo social, desde lo deportivo, desde lo político.
Es por eso que hoy, en sus 50 años de sacerdocio,
queremos compartir con él este pequeño reconocimiento; a través de
Muchísimas gracias por estar aquí presente esta tarde.
Queremos también saludar a quien lo acompaña, el Vicario Episcopal de Monseñor Cotugno, Milton Trócoli, y demás autoridades eclesiásticas.
Tiene la palabra el señor Secretario General a efectos de dar lectura a unos saludos que hemos recibido.
SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Alejandro Sánchez).- El primero de ellos dice así:
“Montevideo, 9 de setiembre de 2008.
“Señores
Integrantes de
“Presente.
“De nuestra mayor consideración:
“Con motivo del homenaje que en la fecha realizan al Pbro. Julio C. Elizaga en conmemoración de sus 50 años de Ordenación Sacerdotal, hago llegar a Ud. y demás integrantes de esa Corporación mi más sincera adhesión al mismo.
“Lamentablemente, compromisos ineludibles contraídos con anterioridad me impiden acompañarlos como hubiese sido mi deseo, pero creo imprescindible trasmitir a Uds., a través de estas líneas, mi convicción de que la obra del Padre Elizaga, ampliamente conocida por todos es, sin lugar a dudas, merecedora de toda nuestra admiración y respeto.
“Reciban Uds. mis más cordiales saludos y mejores augurios, que agradezco hagan extensivos al Pbro. Julio C. Elizaga.”
Está firmado por el doctor Jorge Larrañaga, Presidente del Honorable Directorio del Partido Nacional.
(Aplausos)
______El siguiente saludo dice lo siguiente: “El Senador de
(Aplausos)
______Por último, ha llegado un saludo del señor Embajador en
“El Pbro. Elizaga ha sabido unir a su profunda vivencia religiosa una militante y constante labor de promoción a favor del prójimo, particularmente de los más necesitados. De este modo ha trascendido la esfera meramente eclesial, razón por la cual merece el reconocimiento de toda la comunidad por la que tan esforzadamente trabaja.
“Desde Roma, Julio, y esperando tu visita, recibe un muy cordial y fraterno abrazo, con augurios de paz y bien.
“Mario Cayota”.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Carlos Iafigliola.
SEÑOR IAFIGLIOLA.- Muchas gracias, señor Presidente.
Padre Julio
Elizaga, homenajeado de
El 22 de abril de
este año, señor Presidente, nosotros tuvimos la dicha de participar en
Hoy estamos, creo que muy merecidamente, haciéndole un homenaje al Padre Julio César Elizaga, para muchos de nosotros pastor, pero también amigo. Me parece que es bueno, señor Presidente, que estos homenajes podamos hacerlos en vida. ¡Qué bueno es tenerlo hoy aquí, Padre Elizaga, entre nosotros y que pueda recibir el caluroso homenaje de esta Junta Departamental en pleno!
Señor Presidente, señores Ediles: nosotros, para hablar del Padre Elizaga, a quien conocemos desde hace muchísimos años ‑cerca de 27‑, no necesitaríamos papeles. Pero creímos que para no errarle en ningún dato, sobre todo en lo que tiene que ver con sus vivencias, era necesario que tomara como referente al propio libro que el Padre Elizaga escribió: “Memorias de un cura”. Todos aquellos que tuvimos la oportunidad de leerlo sabemos muy bien que de alguna manera en él está concentrada la historia del Padre Elizaga, con una cantidad innumerables de anécdotas. A aquellos que no lo leyeron nunca, se los recomiendo; está muy bueno. Este es el mío y se lo puedo prestar a algún Edil si lo quiere. De verdad, uno ahí puede ver la infinidad de características, de actividades, de lugares que visitó, que acompañó y que apoyó el Padre Elizaga.
Queremos empezar, señor Presidente, hablando de la infancia del Padre Elizaga, quien nació en el barrio Reducto en el año 1929. ¡Y qué mejor que leer algunas de las cosas que en este libro el propio Padre Elizaga dice!
“Recuerdos de infancia. En Montevideo, el 15 de mayo de 1929, como casi todos los niños en esa época, vine al mundo en mi casa, en la calle Bella Vista casi General Flores a una cuadra de bulevar Artigas. Fui el tercero de cuatro hermanos: dos mujeres y dos varones.
“Mis padres se llamaban Juan Elizaga y Elvira Fuentes. Con ellos y mis hermanos Walter, Dalia y Violeta transcurrieron los años felices de la infancia y de la adolescencia en un hogar donde reinó el amor y el respeto”.
Y sigue diciendo en esta primera parte: “Siempre” ‑se refería a su papá‑ “me trató con afecto y respeto para que yo aprendiera a respetar y a sentirme seguro y responsable. Nunca me dio todo hecho y sin esfuerzo. Con el propósito de que aprendiera a asumir pequeñas responsabilidades, y a descubrir por mí mismo el valor de cada una de las cosas, me enseñó a decidir y a obrar por iniciativa propia, y cuando me exigía determinados comportamientos me explicaba las razones que lo motivaban.
“De mi madre” ‑dice el padre Elizaga‑ “guardo profundamente grabados en mi corazón su dulce voz y sus hermosos ojos negros. Ella fue quien me acunó y me crió con todo su amor y abnegación, y sobre todas las cosas fue el centro de un hogar cálido y hospitalario, donde se respiraba una atmósfera de paz, de respeto, de confianza y de afecto. Su amor era paciente y perseverante; siempre encontré en ella el refugio en mis momentos de adversidad. Su palabra oportuna y el consejo desinteresado me ayudaron a desarrollar y a consolidar y mi espíritu de libertad y de iniciativa”.
También
refiriéndose a parte de su vida, a su niñez, dice en uno de sus párrafos ‑la
verdad es que tiene una cantidad de anécdotas muy ricas‑: “En la casa
había una gran radio en la que escuchábamos Montecarlo, Carve y El Espectador,
las tres primeras radiodifusoras de nuestro país; y a veces se encendía para
escuchar programas musicales en los que se irradiaban canciones grabadas en
discos de pasta de 78 r/m y otras veces en vivo y en directo, como cuando
Carlos Gardel cantó en la fonoplatea de radio Carve en
Termino esta parte vinculada a su infancia citando lo que él mismo dijo: “Desde que mi memoria lo permite tengo presente el retrato de Gardel, vestido de gaucho con su guitarra, siempre sonriente, en el dormitorio de mi hermano mayor. Gardel, desde sus tangos y canciones acompañó mi infancia y mi juventud. Siempre admiré su prístina voz cuando interpretaba El día que me quieras o Volver, Cuesta abajo, Mano a mano, Volvió una noche y Sus ojos se cerraron.
“En aquellos años vivía yo mi joven vida y se podía decir que era: como un sol de primavera / de esperanza y de pasión. / Sabía que en el mundo no cabía / toda la humilde alegría / de mi pobre corazón”.
Empieza la vida
del homenajeado, señor Presidente, el Padre Elizaga ‑ahí veíamos parte de
su niñez‑, y entra en la adolescencia, en una “adolescencia intensa”,
como él mismo
Más adelante manifiesta: “Desde mi adolescencia
comencé a leer diariamente
Una referencia
más, señor Presidente, a todo aquel tiempo de juventud del Padre Elizaga es el
amor que tuvo y que sigue teniendo ‑nos consta‑ por esa gran
expresión popular que es el Carnaval. El Padre dice en su libro: “Siempre me
atrapó el carnaval. (…) Entre los carros
alegóricos que desfilaban siempre se destacaba el de El Chaná por su música y
sus colores…” ‑ahora está fuera de concurso, decimos todos‑ “Solía
también concurrir a los tablados, especialmente al Astral, ubicado en General
Flores y Municipio, donde pude ver varios años la brillante actuación de las
murgas Los Patos Cabreros, Asaltantes con Patente, Araca
Esto que relaté, señor Presidente, fue el comienzo de la vida de Elizaga, su infancia, su adolescencia, su juventud.
Con 20 años entra
al Seminario y ocho años después, el 22 de abril de 1958, es ordenado sacerdote
en
“Con plena
seguridad de sentirme llamado por el Señor,” ‑decía‑ “sin ningún
titubeo me preparé para mi ordenación sacerdotal, realizando una semana de
ejercicios espirituales en
“Debido a la enfermedad de Monseñor Barbieri, con su permiso fui ordenado por Monseñor Luis Baccino en la ciudad de San José”.
Y dice en la
última parte de este relato: “Finalizada la misa, impartí la bendición
sacerdotal al resto de los presentes. Al llegar a Montevideo, seguido por una
larga hilera de coches que me acompañó desde San José, fui escoltado desde
Simón Martínez por una gran caravana de feligreses de
Señor Presidente: luego de esta efervescencia de los
primeros tiempos del Padre Elizaga‑culminaba recién mi relato hablando de
su ordenación sacerdotal, algo tan importante en su vida y, por supuesto, en la
vida de quienes lo conocemos‑ despertaban ya sus primeras inquietudes por
todo lo que tenía que ver con lo social, con el apoyo a la comunidad, con el
apoyo a los más necesitados. Y de este relato de su vida y obra que vengo
leyendo yo tomo algunos momentos, entre ellos, el que le tocó vivir en
Al respecto respecto, decía el Padre Elizaga en su
libro: “Una mañana de 1955, (…) me trasladé a
“No era un mundo desconocido con el cual me iba a encontrar, pues ya había tenido un primer contacto en ocasión de visitar el antiguo Hospital Vilardebó, donde había visto enfermos psiquiátricos, algunos tranquilos que no hablaban con nadie, otros entre rejas y otros sujetos por una cadena a la cintura”.
Dice más adelante: “Estas experiencias me impactaron profundamente, al ver la desolación y el sufrimiento de personas que alguna vez en su vida disfrutaron de buena salud y de la compañía de su familia y amigos”.
Más adelante, señor
Presidente, haré una pequeña referencia a lo que de alguna manera terminó siendo
también uno de sus primeros pasos: el pasaje por
Un poco más
adelante, en el año ’59, va a su segundo lugar, su segunda casa:
Pero a partir de
la experiencia del Stella Maris surge algo que me parece bueno marcar, señor
Presidente: su experiencia en
En este libro el Padre Elizaga cuenta una anécdota que quería traer a Sala, señor Presidente, porque por ella, aquellos que lo conocemos decimos: esto lo pinta al Padre tal cual es. Dice así: “Una vez, un adolescente me arrojó un adoquín que casi me pega en la cabeza, pero al ver mi reacción me pidió perdón. Luego fuimos a la playa, bromeando por lo que había pasado y jugando le hundí varias veces la cabeza bajo el agua”.
(Hilaridad)
______Este muchacho, evidentemente, no se olvida más de ese momento.
Continúa diciendo el Padre: “Con el paso del tiempo algunos lentamente fueron tomando el camino del bien y de la superación personal”.
Respecto a su experiencia en
Señor Presidente:
el Padre Elizaga deja luego esa querida experiencia en
“El 29 de
setiembre de
“Allí viví solo, sin teléfono y sin rejas en las ventanas, en un barrio muy oscuro pues no había ninguna luz en las calles. Con la ayuda de Dios comencé con la preparación de niños para la primera comunión, y los primeros bautismos y casamientos. (...)
“Visitaba a los enfermos y oraba por los difuntos en
los velatorios y entierros. (...) Cada año, al atardecer, recorríamos todo el
barrio con la imagen de
Al que no leyó este libro le recomiendo que lo haga, porque está muy bueno.
“Para solemnizar la primera Navidad” ‑cuenta el padre Elizaga‑ “el gerente de la empresa Philips me prestó un pequeño amplificador con micrófono y dos parlantes. Fue todo un suceso, pues pudimos transmitir hacia la calle los villancicos navideños dos horas antes de la misa. Me sentí tan contento con el equipo de amplificación que pedí para regresarlo después de la celebración de Año Nuevo, de Epifanía,” ‑si será importante hasta hoy el tema de la amplificación para el Padre Elizaga, y quienes lo conocemos sabemos que es así; anda Daniel Villar en la vuelta‑ “y recibí una carta del gerente de Philips diciéndome que ante mi retraso en devolverlo el directorio optaba por regalármelo”.
(Hilaridad - Aplausos)
______Señor Presidente: en esta Parroquia de Belén, en este barrio
de Malvín Norte, el Padre Elizaga y su comunidad de Belén son parte vital y el
barrio sabe que es así: es parte de la historia viva del barrio Malvín Norte.
Fue a través del esfuerzo de los vecinos del barrio, comandados por el Padre
Elizaga, que se lograron infinidad de cosas en ese barrio. Antes no estaba el
Presupuesto Participativo, pero estaba ‑como también lo está hoy‑
la iniciativa de los vecinos y de las organizaciones sociales de los barrios.
Entre otras cosas, llevó adelante la apertura y la iluminación de las calles
Zaragoza y Mataojo; levantó la policlínica médica, el consultorio jurídico, y
durante años atendió a los enfermos terminales en el Pereyra Rossell; todas
éstas fueron tareas salidas también desde su parroquia. También atendió a los
discapacitados de la zona; levantó un hogar para mujeres en situación de calle;
abrió y fue Director responsable durante 30 años del Colegio Parroquial de
Cristo Salvador, etcétera. Muchas de estas actividades, señor Presidente, al
día de hoy permanecen. También, más adelante en el tiempo, levantó
Señor Presidente: en la vida del Padre Elizaga hubo otras actividades que no necesariamente estuvieron restringidas al barrio de Malvín Norte. Yo, simplemente, voy a contar algunas.
Escribió un folleto y dio varias charlas ‑a
muchos les consta‑ acerca de
Ha sido un gran estudioso de la historia. Fue nombrado
por el Papa Juan Pablo II como consultor de
Otra faceta, señor Presidente, de quien hoy estamos
homenajeando merecidamente, tiene que ver con algo que es muy caro a nuestro
país, de lo que varias veces en este reciento, en esta Junta Departamental,
hemos conversado y discutido: el tema de la pérdida de las libertades. El padre
Elizaga, durante la época de la dictadura, tuvo una participación que le hizo
pasar algunas dificultades a él y a su comunidad. Acudió varias veces a la
fiscalía militar interesándose por la suerte de algunos detenidos. En otras
oportunidades la parroquia fue rodeada por el ejército y luego allanada. Las
patrullas policiales pasaban con frecuencia a la hora de la misa y se llevaban
a los jóvenes y a los hombres, aun cuando tenían sus documentos. También fue
detenido junto con varios feligreses e interrogados en
Quiero leer, señor Presidente una parte de su relato en este libro, cuyo título es: “Detenido por el ejército”, haciendo referencia a ese momento tan difícil que nos tocó vivir a todos, pero a él, en particular, en esa zona.
“De los difíciles años setenta recuerdo un suceso
ocurrido en
“En una casa de la calle Pedro Cosio estábamos en una
reunión de comunidad con un grupo de treinta jóvenes que cantaban acompañados
de guitarras y panderetas, a quienes luego yo les explicaba
“Comenzada la reunión, alguien se percató de un movimiento poco usual a esa hora en el barrio y ante la incredulidad de todos la casa fue cercada por soldados fuertemente armados. No dudé en hacerme cargo de la situación y salí a la puerta de calle presentándome como el cura párroco de Belén. Me exigieron la documentación, que revisaron minuciosamente, y me hicieron acercar a uno de los carros militares. Escuché que por radio informaban que me habían encontrado junto con otras personas en una reunión.
“‘Entendido, procedo de inmediato’, finalizó el
soldado y concretó la orden: llevarnos a todos a la seccional policial
Nº 14, en el Parque Rivera.” Sigue el relato: “Procuré llevar tranquilidad
a los jóvenes manteniendo mi semblante serio pero sin indicios de preocupación.
¿Ocultábamos acaso algo fuera de la ley? No. En consecuencia haría pesar toda
la autoridad que un inocente puede tener. Una vez que llegamos a la seccional
me hicieron pasar al despacho del comisario, donde me comunicaron que vendrían
de Jefatura para un interrogatorio y al resto de los jóvenes se los ubicó en
diferentes celdas. Antes de separarnos les dije: ‘Guarden la calma, no se
olviden lo que Jesús nos dice en
Sigue el relato: “Mucho me alegró escucharlos, pero imaginé lo que me esperaba.
“El policía de Jefatura llegó finalmente, y sin saludarme, con gesto duro y malhumorado, me preguntó: ‘¿Qué clase de sacerdote es usted?’. Sin enternecerme ni asustarme, mantuve mis ojos en los suyos y le contesté: ‘Sacerdote católico del clero secular, ¿esto lo entiende?’, mientras se oían otros cánticos de la muchachada.
“‘No es eso lo que le pregunto, sino ¿qué predica
usted?’ Creo que nunca tuve poder de reacción tan rápido como en esa situación,
y mostrándole
“El interrogatorio continuaba, al menos de su parte. ‘¿Pidió usted permiso para hacer reuniones?’ Si los muchachos seguían cantando confiados en la protección de Dios, consideré que su párroco no podía dejar de dar el mismo testimonio.”
Termino este momento, señor Presidente diciendo otra parte de su relato: “El policía, a pesar de su insistencia y severidad, no conseguía nada de lo que quería saber. ‘Usted se está buscando dificultades’. Le respondí enseguida: ‘Jesús nos dice en el Evangelio que si le persiguieron a Él, también nos perseguirán a nosotros’”.
Señor Presidente: hemos intentado brevemente ‑y le confieso que súper brevemente‑ con estos relatos de la vida del Padre Elizaga, con su misma escritura, mostrar una vida muy rica, muy pesada, de mucho trabajo; hemos tratado de sintetizarla en pocos minutos, y quedan muchas cosas por decir.
Cuando uno ve la historia del Padre Elizaga, cuando uno tiene oportunidad de releer libros como éste, de escuchar sus anécdotas ‑muchas las hemos escuchado muchos de nosotros personalmente‑, se da cuenta de que no hay nada más merecido que el homenaje del día de hoy.
Ahora sí me
quiero dirigir a usted, Padre Elizaga. Usted sabe que nos conocemos desde hace
mucho tiempo; hace exactamente 27 años que lo conocemos y que hemos visto su
esfuerzo, su trabajo en la parroquia, en
Padre: hace 27 años ‑y éste es simplemente mi testimonio, pero habría cientos, miles de testimonios más‑ usted me sacudió, me mostró el camino, recuperé mi fe y empecé en la senda del Señor. Cuando digo “me sacudió”, para los que no lo conocen, aclaro que me sacudió de verdad; está Gerardo por allá y él sabe que cuando sacude, sacude.
De
Cuando uno está en momentos difíciles de la vida, que todos los tenemos ‑todos, sin excepción‑, espera siempre que un amigo o un familiar lo llame, se preocupe y vea qué le está pasando. A veces no es tan fácil que aparezcan esos amigos. Yo doy el testimonio acá de que si hay alguien que nunca se olvidó de llamarme en los momentos más difíciles de mi vida, ese fue el Padre Elizaga. Por eso, Padre, más allá de su referencia como pastor, usted sabe bien que lo quiero como amigo. Pero también, ¿sabe qué?: usted es responsable de que yo esté hoy acá, porque, al igual que muchos jóvenes, en algún momento nos planteamos distintas inquietudes. En mi caso personal, tenía varias; entre otras, como algunos jóvenes de aquellos tiempos, la vocación sacerdotal. Pero, lentamente, en oración y con la asistencia y la guía del Padre, fuimos descubriendo que teníamos otro camino que recorrer, que teníamos que ser instrumentos de Cristo pero en otras áreas de la sociedad. Lentamente y con su asistencia, Padre, empezamos a dar los primeros pasos en la militancia gremial universitaria y luego en la militancia social y en la militancia política. Por eso digo que usted es responsable de que yo esté hoy acá: porque sembró en mí muchas cosas en aquellos tiempos, y sigue haciéndolo diariamente. ¡Y vaya si nos da tirones de orejas para que no nos apartemos del camino de Cristo y para que podamos, en el ámbito donde estemos ‑en este caso, en la política‑, seguir siendo testigos de la fe!
Señor Presidente,
señores Ediles: nosotros sentimos que este es un homenaje bien merecido, como
lo han sido otros que esta Junta Departamental ha realizado y como seguramente
lo serán algunos de los que votaremos en el futuro. Pero, en lo personal, no me
voy a olvidar jamás de este homenaje, que fue respaldado por todos los
compañeros de
Antes de decir
mis palabras finales, no me quiero olvidar, señor Presidente, de agradecer a
todos los funcionarios de esta Junta Departamental, que también, desde que se
planteó este homenaje y se empezó a coordinar, nos han ayudado, nos han dado su
apoyo incondicional para que fuera llevado a cabo. Fueron varios, pero, sobre
todo, los de
Quiero terminar,
señor Presidente, con algo que el Padre dijo al comienzo de este libro en un
momento en que quizá no estaba con todas las pilas puestas. Muchos de los que
estamos cerca de él sabemos que tiene esos momentos, porque como dicen algunas
de las canciones que cantamos en la parroquia, sabemos que también sufre, que
también siente. Él decía: “Dice
Yo, simplemente,
quiero decirle: ¡gracias, Padre!, en mi nombre, en el de mi familia, en el de toda
Me voy a despedir, no como a veces lo hago en nuestra Comunidad de Belén, sino con una frase distinta: ¡salud, amigo!
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Le decimos al Padre Elizaga que estamos poniendo a prueba lo que suponemos es una de sus dotes: la paciencia.
Tiene la palabra el Edil Dari Mendiondo.
SEÑOR MENDIONDO.- Señor Presidente, señores Ediles, señoras y señores presentes en Sala, Padre Elizaga: en realidad, esta exégesis, este homenaje que le ha hecho el señor Edil Iafigliola refleja nada más ni nada menos que el perfil de una personalidad; una personalidad que ha fundido su vida con una concepción religiosa, con una práctica religiosa. Evidentemente nos encontramos ante un hombre excepcional, de esos uruguayos que con su vestidura religiosa generan espiritualidad, pero también obras.
Sin la menor duda vemos que el camino de
Yo tengo en mi
mente la inspiración de hombres religiosos, laicos, masones, sin religión,
agnósticos y gnósticos, que siempre de una u otra manera han contribuido a
forjar este país, a forjar nuestra historia y nuestro Uruguay. Pero, en materia
religiosa, particularmente en torno a
Uno ha tenido experiencias personales en la lucha
contra la dictadura, en la huelga general, etcétera, y hoy siente que a través
de este homenaje también homenajeamos a
Voy a finalizar,
señor Presidente ‑tomando en cuenta lo que usted mencionó sobre la
paciencia del Padre Elizaga‑, saludando a este reverendo hombre de
Un Mendiondo, que no es el cura de Rivera y que tiene sus inclinaciones ateas, lo saluda con mucho aprecio. ¡Salud, Padre!
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.
SEÑORA RONDÁN.- Muchas gracias, señor Presidente.
En primer lugar,
quiero felicitar la iniciativa del Edil Carlos Iafigliola, como así también a
Si usted me permite, señor Presidente, yo quiero decir que me alegra muchísimo volver a ver al Padre Elizaga. Yo soy una vieja vecina de Malvín ‑el Padre, por supuesto, ya lo sabe‑ y a él no lo veía desde el año 2001 y no le escuchaba la voz desde el año 2003. Por supuesto que el Padre siempre está preocupado por los demás y por ese motivo me llamó en el año 2003; esa conversación, queridos compañeros Ediles, queda entre el Padre Elizaga y yo, como si fuese un secreto de confesión.
Yo soy una mujer profundamente cristiana, criada en
una familia cristiana, que lleva el nombre “del Rosario” porque su abuelo,
cuando llegó de Europa, después de mejorar su casa, levantó una capilla en su
campo con una imagen de tamaño natural de Nuestra Señora del Rosario. Entonces,
como dijo el Edil Mendiondo, tanto las raíces del catolicismo como las de la
masonería están en la historia misma de
Ahora
voy a pasar a otro hermosísimo libro, uno de los más hermosos de
El capítulo 7 del
“Cantar de los Cantares” dice algo que tiene que ver específicamente con las
mujeres, que a veces estamos tan desdibujadas, no solamente en
Ustedes quizá se preguntarán por qué he leído estas cosas. Porque a veces se quiere hacer creer que para los católicos todo está mal, y eso no es cierto. El católico predica su fe, pero no todo está mal. No todo está mal cuando la pureza del amor está presente, y la pureza del amor está presente cuando un hombre y una mujer de verdad se aman, porque de allí a veces surge una nueva vida.
Ya termino, señor Presidente.
Yo provengo de una institución que tiene muchas premisas que debemos honrar; una de ellas es la caridad. A mí me importa mucho lo que decía Jesús sobre la limosna, porque creo que es algo que todavía no hemos aprendido ni en el Uruguay ni en el mundo: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha (...)”. Pienso, señor Presidente, que esa es una de las formas más maravillosas de ejercer la caridad: que nadie sepa quién la ejerce. De lo contrario, se vanagloriaría aquel que hace la caridad, y en este mundo tan materialista en que vivimos, señor Presidente, diríamos: “Vaya a saber con qué fines está dando esa limosna...”.
Y, como no puede ser de otra manera, señor Presidente,
Padre Elizaga, no podemos abandonar los Evangelios, porque los Evangelios son
la buena nueva, como lo indica la palabra; son la buena nueva, la palabra
nueva, la palabra que cambia la ley del ojo por ojo y diente por diente, o sea,
Aquí me voy a
referir al tributo, pero no quiero leer todo el pasaje. Se acercan los fariseos
a preguntarle al Maestro, a Jesús, si deben cumplir con los tributos, y le
dicen: “Maestro, sabemos que eres
hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los
hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. (...) ¿Es lícito dar
tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? (...) Mas él, percibiendo la hipocresía
de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea.
Ellos se la trajeron (...) Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la
inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de
César, y a Dios lo que es de Dios”.
Ese, señor Presidente, es mi más
puro pensamiento. Como decía el Señor: “Mi reino no es de este mundo; mi reino
es de los cielos”. Me parece maravillosa ‑lo quiero decir acá, frente a
todos, porque la conozco‑ la obra del Padre Elizaga, pero también creo
que debemos preservar el estado laico. Sería muy hipócrita ‑y no lo soy‑
si no lo dijera hoy. Sé, señor Presidente, que el Padre Elizaga, que me conoce,
no lo toma como una ofensa, porque él sabe que soy imperfecta, que soy como
soy.
Voy a ir a un versículo muy
tergiversado, muy comentado últimamente y muy llevado y traído, que es el de la
mujer adúltera. Solamente voy a leer la última parte. A la mujer la van a
apedrear, porque es adúltera; todos lo saben, pero lo digo para que quede en
actas.
Jesús
estaba escribiendo; era como una costumbre de Cristo inclinarse hacia
Sinceramente, señor Presidente, a
uno, cuando es muy joven, le es muy sencillo emitir juicios, y los emite de
todo tipo: políticos, religiosos, filosóficos; incluso hacia otras personas.
Pero cuando uno crece comienza a darse cuenta de que es tan grande su
imperfección que, más allá de su condición religiosa y la creencia o no del
pecado, nunca está pronto para poder lanzar la primera piedra mientras uno
pertenezca a este mundo. Digo yo que si el Señor nos tiene acá es porque por
algo todavía nos tenemos que quedar; si no, nos llamaría para que fuésemos al
lugar que nos corresponde.
Por último, quiero hacer referencia
al Jesús resucitado. A mí no me gusta el Jesús de
Voy a
hacer una pequeña digresión. La doctora Adela Reta nos decía en
La primera persona a la que se le aparece Jesús no es un hombre, es una mujer: es María Magdalena. Cabe preguntarnos ‑y nos lo preguntaremos siempre‑, ¿por qué una mujer? Quizá porque él nació de una mujer, quizá porque como él era perfecto conoció a profundidad el alma de una mujer, lo que no es muy sencillo para nadie. Pero como él era perfecto, la podía conocer; quizá por eso ‑o vaya a saber por qué‑ se le apareció a María Magdalena. “Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; vio a dos ángeles…”. Los ángeles le dicen: “Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboní! (que quiere decir, Maestro)”.
Es decir, señor Presidente, que desde el punto de vista bíblico las mujeres hemos obtenido la mayor gloria: una mujer, María, le dio la vida a Cristo, y otra mujer, María Magdalena, lo vio por primera vez.
Padre, si el señor Presidente me permite, lo quiero felicitar por muchas cosas. Lo quiero felicitar por lo que usted hace en Malvín y por decir lo que usted piensa. Y digo esto con el mayor de los respetos, porque para los que creen en su religión usted es prácticamente un mito, casi una santidad; yo estoy muy lejos de eso, pero usted en algo se parece a mí: dice lo que piensa y no le importa dónde ni cuándo, pero dice lo que piensa y lo que siente. Y por eso es que yo le tengo a usted tanto respeto.
Para finalizar quiero decir una frase: somos cada vez más libres cuanto más libres dejamos ser a los otros. Por algo tenemos el libre albedrío.
Muchas gracias.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el Edil Jorge Morandeira.
SEÑOR MORANDEIRA.- Gracias.
Señor Presidente:
hace pocos días, cuando usted asumía
Gracias por acompañarnos esta tarde; gracias a todas y
a todos los que están presentes en
Justamente, con relación a los reconocimientos que hemos hecho en este último período y que usted hacía al asumir como Presidente, es importante resaltar que no todo el Cuerpo puede compartir la historia, las opciones personales, las trayectorias, los compromisos políticos, sociales o religiosos de los homenajeados, pero con orgullo podemos decir ‑lo señalaba recién la señora Edila Glenda Rondán‑ que este es un ámbito democrático en el que prima la relación que el tema en consideración tenga con las ciudadanas y con los ciudadanos de Montevideo.
Entonces, ¿puede tener relación con la comunidad montevideana toda el hecho de que un sacerdote cumpla 50 años en el ejercicio de su profesión? Sí, consideramos que sí, y felicitamos a quienes tuvieron la iniciativa de homenajearlo, pues en un tiempo en el que todo es efímero, en el que en nombre de las libertades todo es suave, todo es liviano ‑es light, en el idioma anglosajón‑, la fidelidad de 50 años en la opción de vida del Padre Elizaga es motivo de nuestro respeto y admiración.
Este acto debería cumplir la función de difusión; vimos algunos medios aquí presentes. No nos compete ‑ya lo han dicho los Ediles preopinantes‑ hablar en este ámbito de la defensa de la fe que a lo largo de su sacerdocio ha hecho el Padre Elizaga, ni de lo que ha trasmitido en sus escritos, pero ya que aquí no sólo profesamos ideologías y credos distintos y que, como se decía, no hay sólo católicos, podríamos al menos mencionar lo que ha sido toda su lucha a favor del ecumenismo.
Volviendo a la
difusión, sería bueno que esto se conociera más allá de la comunidad de Belén
de Malvín Norte, que está aquí, en masa ‑creo que quienes promovieron
este acto querrían que fuera así‑ y más allá de
Tengo 45 años, o
sea que tuve que recurrir a algunas amigas y amigos, a algunos compañeros de
ruta suyos, y no sólo al ya citado Embajador de Uruguay ante
¿Qué nos decían de usted, Padre? Que es un hombre enérgico, que tiene sus arranques, que es rezongón...
(Hilaridad)
_____No sé si me lo han pintado bien...
(Hilaridad)
_____Parece que sí; en la versión taquigráfica figurará “Hilaridad”.
(Hilaridad)
______Pero todo esto usted lo suple con su espiritualidad, con su
corazón grande, con ese beso de paz que les da a los niños en las celebraciones
de cada semana. Y, precisamente, esta es otra virtud que quiero resaltar.
Grandes mujeres ‑vaya si sobre este tema ha hablado
He marcado o
mencionado la perseverancia, la fidelidad, la templanza, la vida espiritual, el
amor, y para finalizar debería agregar que otra de las virtudes del Padre Julio
es la adaptación a los tiempos que le tocó vivir, como también ya se ha
mencionado. Seguramente tiene que ver con el año de su ordenación, con ese año
1958 tan particular para el país, en el que cambiaba de signo político el
Gobierno, con todos los cambios que se dieron en
Ya que acá cada uno ha mencionado de dónde viene,
quiero señalar que ese año ’58 es muy particular para mí: unos jóvenes
progresistas se lanzaron a crear
Pero volviendo a esta sesión, Padre Julio, porque ha sido protagonista de estos tiempos, porque continúa sirviendo a la comunidad, una vez más le digo gracias.
Ojalá que en todos los órdenes de nuestra sociedad podamos contar con ejemplos de vida como la tuya.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Fernando Ripoll.
SEÑOR RIPOLL.- Gracias, señor Presidente.
Yo conozco
Como bien lo reseñara nuestro compañero Edil Carlos Iafigliola, usted tiene una vida entera en esa comunidad. Y para muestra basta un botón: mire toda la gente que lo acompaña, Padre, que lo quiere, porque es de la comunidad de Belén; eso es lo importante.
(Aplausos)
______El Padre Julio tuvo una niñez con mucho amor, una adolescencia intensa, con una familia como referencia en su vida. Eso me parece una cosa a destacar, y yo voy a centrarme únicamente en estos aspectos, sobre todo en la familia.
En una sociedad como la que hoy tenemos, con un incremento inusitado de la violencia, cuando miramos y debatimos hasta políticamente este tema que está presente hoy en la sociedad, cuando miramos para el costado y hacemos un alto, ¡qué importante es tener un Padre Elizaga, con sus sermones, con sus consejos, con su trabajo con los menores en su comunidad, muchas veces en silencio! Pienso en cuánto vale tener sacerdotes como usted, que nos trasmitan valores en esta sociedad; cuánto vale tener sacerdotes que defiendan a la familia como la base de esta sociedad. Porque yo soy uno de los convencidos de que la familia es lo primero y de que es la base de nuestra sociedad, acá en Uruguay...
(Aplausos)
______...y son valores que no podemos perder.
(Aplausos)
______Yo soy muy sincero: voy poco a misa; tendría que ir más. Me bautizaron, tomé la comunión, me casé por iglesia; pero créanme: reconozco que cuando voy a misa ‑y no lo hago comúnmente‑ o cuando se casa un amigo todavía siento un nudo en el estómago, como una voz que me dice desde adentro que tengo que luchar por mi familia unida. Y eso, Padre, no me lo cambia nada, por más que vaya a misa una vez cada mes o una vez cada cinco meses.
(Aplausos)
______También quiero reconocer el trabajo silencioso de cientos de personas que están acá, que semanalmente van a su iglesia, que están todos los días y a cualquier hora atendiendo gente y ayudando a la comunidad, porque este Uruguay se conforma también con todos aquellos silenciosos que trabajan en comisiones de diferente tipo y que nunca son homenajeados. ¡Vaya hoy el homenaje para ellos también en su persona! Esa trasmisión de valores es importante; por eso es bueno que, en vez de un día, lo hagan durante 50 años, como el Padre Elizaga, que está trabajando por la gente y por los que menos tienen.
Por eso, simplemente, gracias, Padre Elizaga; gracias por haber dedicado su vida a hacer el bien a la comunidad.
Muchas gracias.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Aníbal Gloodtdofsky.
SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Gracias, señor Presidente.
No pretendemos
que este homenaje al Padre Elizaga y a la grey que lo sigue se convierta en una
tortura. Suelen ser así los homenajes en
(Hilaridad)
______Presidente: yo siento el peso de la responsabilidad de hablar de un ciudadano a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, pero de quien he escuchado muchísimo. Tengo un hermano que va a su parroquia, y mucho he escuchado y mucha curiosidad he sentido por conocerlo. También lo he leído y seguido por los medios.
Francamente, le
confieso que nuestra intervención es a través de un juego de espejos. El
espejo, ese instrumento tantas veces señalado como artefacto de la vanidad ‑incluso
en el Norte creo que hay corrientes evangélicas en las que aún el espejo está
prohibido‑, también sirve para darnos cuenta de que muchas veces el peor enemigo
que uno tiene es uno mismo, y es el espejo el único capaz de demostrarlo. En
ese juego de espejos, Padre Elizaga, con el inmenso respeto que nos merece, en
primer lugar, por su presencia aquí ‑ante el homenaje que le hace
Sin duda que soy un cristiano de familia católica. Es más: en estos días, en estas horas, enfrento el enorme combate de mis convicciones, dado que el próximo sábado mi hija Carolina tomará la primera comunión. Y allí el debate está entre lo que yo pienso ‑seguramente adjetivo‑ y lo esencial, lo sustancial. Y lo sustancial es, más allá del templo en el que nos encontremos, tener a Dios dentro de uno ‑llámesele como se le quiera llamar‑; es tener conciencia de que Dios está en nuestros corazones, de que quienes nos rodean son nuestros iguales y de que no hay otro camino que hacer el bien por el bien. Y ese es mi combate de estos últimos quince días con las catequistas que instruyen a mi hija, porque ellas hacen hincapié en lo formal, que también es importante, porque el hábito hace al monje; pero insisto: combato con poco éxito para trasmitirle a una niña de once años la importancia de tener a Dios en su corazón.
Usted me llegó ‑como buen amante del cine que soy‑ por su conocida condición de exorcista. Francamente, para ver “El exorcista” cuando se estrenó tuve que pedir una cédula prestada. Sólo quería ver todo aquel juego de chirimbolos técnicos y efectos especiales con los que Linda Blair y Max Von Sydow nos aterraban. Recuerdo que cuando me casé le hice ver esa película a mi señora… Sin éxito, porque aún permanece a mi lado…
(Hilaridad)
______Pero un día descubrí que todo aquello que era una cuestión de cine tenía pies en la tierra y realidad: en Montevideo, una institución milenaria e indudablemente seria ‑por más que podamos tener discrepancias o distintos enfoques‑, guía de lo que ha sido la civilización occidental, respaldaba a un hombre capaz de llevar adelante una práctica como la del exorcismo. De ahí en más me he convertido en un seguidor suyo a escondidas...
(Hilaridad)
______...muy a escondidas. Como dije, íbamos a hablar de un juego de espejos. Da la casualidad de que siempre que el padre Elizaga dice algo, yo estoy del otro lado, invariablemente.
Yo veía por aquí
que en 1984 ‑en aquel tiempo yo era Edil electo; un chiquilín apenas‑
el padre Elizaga había trabajado mucho con el tema de
El segundo punto por el cual ese juego de espejos nos permite encontrarnos, porque no siempre nos distancia, es su apego valiosísimo, admirable, a los pobres, a los más necesitados. Pues bien, yo comparto esa visión y también comparto que no sólo los hombres y las mujeres de la política y los hombres de fe son quienes pueden llevar adelante ese compromiso.
Usted también ha trabajado largamente con el tema de
las sectas, y en esto yo siempre he sentido una íntima discrepancia, pues en
muchos barrios hay grupos de personas con creencias diversas, propias de un
sincretismo que tiene por raíz, precisamente, a la fe cristiana; propias de un
sincretismo que fusiona lo que eran las creencias del África con las creencias
tradicionales de
Y no solamente se lo ve a través de la visión de la religión; también lo vemos desde el lado ideológico. Está usted sentado y rodeado por demonios políticos, porque en definitiva la política también merece un exorcismo, a veces; basta con leer el diario.
(Hilaridad)
______La propia Iglesia ha tenido también sus idas y vueltas en
eso; si no, vaya uno a leer a Boff y
Todo este juego de espejos que refleja lo que usted piensa y lo que yo pienso muchas veces no ha permitido que retroceda ni un ápice la admiración que siento por usted desde el día en que leí en la prensa que había un hombre en Uruguay que hacía lo mismo que Max Von Sydow. Sigo con aquella fascinación infantil, pero esa es la que me ha conducido a reconocerle todo cuanto hace usted por toda esta gente y todo lo que ha hecho usted a lo largo de su vida.
Quiero terminar estas palabras, Presidente, diciéndole al Padre Elizaga, con el mayor respeto y como homenaje, lo siguiente: Padre Elizaga, la paz sea contigo.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra
SEÑORA FERRO.- Gracias, Presidente.
Padre: realmente me he sentido representada, no solamente por las palabras del Edil Iafigliola ‑que lamento no haber podido atender desde sus inicios‑, sino también por muchas de las pronunciadas por algunos de mis compañeros. Pero no podía, Padre, dejar de expresar también yo mis sentimientos ante su presencia, dado que el primer hecho conmovedor que resulta de su visita aquí es que, si bien yo no sé el alcance de la sacudida que le ha dado usted a Iafigliola, a todos nos ha sacudido su presencia de una manera muy particular. Ha hecho que todos hayamos podido manifestar algunas cosas muy íntimas, muy personales, muy de la vida de cada uno, muy de la familia; aquellas cosas que esos demonios políticos a que aludía el Edil Gloodtdofsky a veces tienen ‑aunque no quieren‑ que dejar fuera de ciertos aspectos de esta actividad, ya que por la propia dinámica de nuestra tarea es difícil en muchos momentos conjuntarlas.
Por eso quiero
decirle que su presencia reconforta, que su presencia anima y ‑en el
marco en que ella se da‑ no hace otra cosa que confirmar que quienes
también vivimos en Malvín ‑del otro lado de
De acuerdo o no con sus enseñanzas, con los lineamientos de vida que usted imparte, al referirse a usted muchos compañeros de tarea lo hacen no sólo con respeto sino también con admiración, y no por la tarea religiosa sino por la labor comunitaria llevada a cabo por usted, que no mira qué religión profesa aquel que lo necesita, sino que mira al hermano al que debe tenderle una mano.
En casas de vecinos malvinenses, en reuniones de todo tipo, mucho se habla de usted, y esa es yo no diría una cualidad, sino más que nada una especie de prédica que ha sabido llevar más allá de usted mismo; es parte del resplandor que genera, no sólo por usted, sino por quien está detrás de usted.
Para quienes somos cristianos, para quienes ‑como bien decía nuestro compañero Gloodtdofsky‑ sentimos a Dios profundamente; para quienes compartimos ese nudo en el estómago al que nuestro compañero Ripoll aludía, que se trasmite a veces como una necesidad física, no solamente espiritual, de encontrar a Dios; para quienes entre las dudas y las tribulaciones humanas tenemos también el deber de luchar por la familia, por sus valores, por sus principios y, además, por sus convicciones; para quienes tenemos que trasmitir pero todavía deseamos recibir; para quienes tenemos que trasmitir pero todavía queremos aprender; para todos nosotros, es muy importante reconocer que en nuestro medio, en nuestra ciudad, en nuestro ambiente existen personas como usted, que imparten esas cosas que tanto necesitamos.
Por eso, Padre, quería sumarme humildemente a este homenaje y decirle que 50 años es poco, que lo suyo no tiene un límite temporal y que lo de hoy también vale y podría escribirlo en su libro, porque realmente, Padre, va a tener sus importantes consecuencias.
Que Dios lo bendiga.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Para finalizar, vamos a hacerle
entrega, Padre Elizaga, de una bandeja con una inscripción que hace referencia
a usted. También tenemos para entregarle ‑lo haremos posteriormente, en
Esta bandeja es
en agradecimiento de
(Así se efectua)
(Aplausos)
______Damos la palabra al homenajeado, que tiene dos horas para equilibrar lo expuesto por los Ediles departamentales.
SEÑOR ELIZAGA.- En primer lugar, quiero agradecer al señor
Presidente de
Quiero decirles
sinceramente, de corazón, que esto nunca pasó por mi mente. Estoy totalmente
sorprendido y emocionado, porque que
Evidentemente, siempre he sido un hombre abierto; soy un hombre ecuménico de corazón. No he sido un hombre de partido, sino un hombre de unión. He tratado en la vida de llevarme bien con todos, de dialogar con todos. Puedo decirles sinceramente que tuve gran cariño y aprecio por el General Seregni; por Wilson Ferreira, a quien le administré los sacramentos; por Julio María Sanguinetti; por Hugo Batalla; por Enrique Iglesias; por el doctor Crottogini, que me venía a visitar muchas veces a la parroquia, y por tantos otros que no voy a nombrar. O sea que en realidad siempre he tratado de mantener el diálogo con todos, incluso con la masonería, con el Partido Comunista, con los hermanos Pastores evangélicos, con los representantes de otras iglesias cristianas, con el judaísmo, con el islamismo, etcétera. He tratado de comprender que todos, por distintos caminos, vamos marchando a través de la vida tratando de buscar la verdad, de guiarnos por la fe, de brindar a los demás lo mejor que tenemos.
Por esa razón,
entonces, me ha tocado vivir algunos momentos especiales en años difíciles,
algunos de los cuales han sido narrados. Fue para mí muy importante trabajar
con los reclusos, especialmente con los de Miguelete, en aquel entonces; con
los del Penal de Punta Carretas y luego con los del COMCAR. También fueron muy
importantes las experiencias con aquellos muchachos de la que entonces
llamábamos Colonia Suárez, hoy Colonia Berro, en una época difícil ‑como
se dijo‑, cuando se los cuidaba con perros amaestrados, en el tiempo en
que estaba
Luego vinieron las experiencias en las distintas
parroquias, como
Luego fui trasladado a
Hicimos algunas experiencias notables. En el ’67, por ejemplo, integramos los instrumentos musicales a las celebraciones litúrgicas, lo cual causó sensación; la gente lo llamó la “misa beat”. Luego tuvimos la misa carismática.
Al ver la gran
problemática del barrio, una de las primeras cosas que se me ocurrieron fue
hacer un colegio ‑como había hecho en
Por otra parte, se está trabajando especialmente con los niños; estamos tratando de llegar a la mayor cantidad de niños posible. También tratamos de apoyar a los estudiantes, porque hay muchos que fracasan en Secundaria; entonces, tratamos de alentarlos y de que no vivan sólo en el presente, sino que miren hacia el futuro.
También trato de insistir en la importancia de los símbolos patrios, en la importancia ‑aunque les parezca un poco extraño‑ del Himno Nacional, esas cosas que prácticamente nos hacen a todos uruguayos, nos hacen a todos descendientes de Artigas. En mucha de la gente que se va del Uruguay, que emigra hacia otros países, yo no encuentro gran amor a la patria; lo he constatado. ¿Por qué pasa eso? Capaz que porque hemos fallado en no haberles dado precisamente esos elementos que hacen que le tengamos amor a la patria.
Tenemos que querernos todos, tratarnos todos, saber que tenemos distintas maneras de pensar, pero sabernos respetar. Por eso yo me he relacionado con gente de todos los partidos y de todas las tendencias filosóficas ‑el comunismo, la masonería‑, y con todos me he llevado magníficamente bien.
Quiero decirles que este homenaje no lo recibo para mí, porque si bien es cierto que yo trabajé y me preocupé por las alegrías y tristezas, angustias y esperanzas de todos los hombres, conozco a todos los sacerdotes del Uruguay ‑cuando alguien me habla mal de algún sacerdote le pregunto a cuántos conoce, y resulta que no conoce a ninguno‑ y les puedo decir que hay gente maravillosa que trabaja en forma discreta, en silencio. En el Uruguay hay una cantidad de sacerdotes que han entregado su vida para lograr que este país sea un país mucho más libre, mucho más justo, mucho más fraternal, mucho más humano. Lógicamente que todas esas directivas las recibimos de los Obispos; entonces, hay que mirar también a los Obispos. El señor Mendiondo mencionaba hace un rato a Monseñor Parteli. También tuvimos al Cardenal Barbieri, que fue una gran figura; tuvimos a Jacinto Vera, a Mariano Soler. Y ahora tenemos a Monseñor Cotugno, que realmente se está preocupando mucho más de lo que ustedes se imaginan. Vemos lo que ha hecho con el Liceo Jubilar y toda la obra que está haciendo en los distintos barrios. Realmente, yo admiro la gran capacidad de trabajo que posee; evidentemente tiene unos años menos que yo, pero admiro su obra. Todos estamos recibiendo el influjo de los Obispos, que son nuestros pastores, quienes nos orientan. También estamos muy contentos con la presencia del Papa, que aunque no tiene el carisma del otro ‑al otro la gente iba a verlo; a este la gente lo va a escuchar‑ es un hombre sumamente profundo, sumamente inteligente, sumamente sencillo. Y, claro, detrás de todo sentimos la presencia de Cristo y el poder del Espíritu Santo.
Quiero agradecer sinceramente al señor Presidente,
Gastón Silva, y a todos los Ediles que han hecho uso de la palabra: a
Mendiondo; a Ripoll; a Glenda, con quien alguna vez hablamos por teléfono y
hemos tenido alguna discusión; a Aníbal Gloodtdofsky y a Jorge Morandeira.
Sinceramente, les agradezco de corazón las palabras que han vertido. Lo mismo a
Quiero decirles sinceramente a todos ustedes, a los Ediles y a toda la gente que me acompaña, gracias desde lo más profundo de mi corazón. Que el Señor los bendiga a todos y que todos sigamos trabajando por un Uruguay más unido, por un Uruguay que realmente progrese, en el que todos sigamos adelante; por que dejemos de lado los problemas y las discusiones secundarias y vayamos a lo esencial para buscar el bien, la dignidad, el amor, la alegría y el gozo de nuestro querido pueblo uruguayo.
Muchas gracias a todos.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Ahora le vamos a entregar
Le damos la palabra al Edil Carlos Iafigliola.
SEÑOR IAFIGLIOLA.- Simplemente, Padre, para terminar este homenaje se va a escuchar a la cuerda de tambores de Malvín Norte, Lulonga, que quiso hacerse presente para terminar este homenaje con candombe.
(Aplausos)
______Señor Presidente: solicito que la versión taquigráfica de las
palabras vertidas en esta sesión sea enviada a
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Así se hará.
Se levanta la sesión.
(Es la hora 17:07)