ACTO DE HOMENAJE A LOS MÁRTIRES ESTUDIANTILES, AL CONMEMORARSE 40 AÑOS DEL ASESINATO DE LÍBER ARCE

Celebrado el 12 de agosto de 2008

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

 

SEÑOR PRESIDENTE (Gastón Silva).- Buenas tardes a todas y a todos los aquí presentes.

            Estamos dando comienzo al acto de homenaje a los mártires estudiantiles al conmemorarse 40 años del asesinato de Líber Arce.

 

(Es la hora 19:07)

 

______La Junta Departamental de Montevideo, el Parlamento de la Ciudad, se congratula con la presencia del Rector de la Universidad de la República, Rodrigo Arocena, y de los senadores Mariano Arana y Eduardo Lorier, quienes nos acompañan en la conmemoración de esta fecha.

            Tiene la palabra el señor Secretario General a efectos de dar lectura a una nota recibida.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Alejandro Sánchez).- Nos ha llegado una adhesión del doctor Héctor Lescano, Ministro de Turismo y Deporte, que dice así: “Esta fecha está marcada a fuego en el corazón de todos los que hemos integrado el movimiento estudiantil, y más aún en ese conjunto de personas que participamos en esa pacífica manifestación. Todos los 14 de agosto los estudiantes y quienes alguna vez fuimos miembros de la FEUU seguiremos homenajeando a aquellos compañeros que dieron la vida luchando por una educación democrática y para todos y por una sociedad más justa. Seguiremos trabajando por mejoras en el sistema educativo, por la paz y la justicia, por un mundo mejor. Seguiremos recordando a Líber Arce y a los mártires estudiantiles por su memoria, su entrega y su lucha y la de los movimientos que ellos representaron”. Firma, Héctor Lescano.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Muchísimas gracias.

            A continuación veremos una presentación multimedia.

 

(Se exhibe presentación multimedia)

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Le vamos a dar la palabra al Rector de la Universidad, Rodrigo Arocena.

 

SEÑOR AROCENA.- Buenas noches, señoras y señores Ediles.

Señor Presidente: muchísimas gracias por haber hecho esta honrosa invitación a la Universidad de la República, que trae sus saludos a los integrantes de la Junta y a todos los compatriotas que nos acompañan.

Hace 40 años estaba escrito en la Universidad: “La cuestión es sólo entre la libertad y el despotismo”. Con esa consigna cayó el primer estudiante muerto en defensa de la libertad, en homenaje a una tradición que nos viene del fondo de nuestra historia y que se entreteje con las mejores tradiciones de todos los partidos políticos que construyeron este país.

A Wilson Ferreira le gustaba referirse al ejemplo de Francisco Lavandeira ‑joven catedrático de Economía Política de aquella época, de 1870, que salió de una mesa de examen a pelear por la libertad de sufragio‑, y por eso decía: “Cayó pistola en mano en las gradas de la Matriz defendiendo sus convicciones”.

Pasaron los años y hace justo cien años que tuvo lugar aquí, en Montevideo, el Primer Congreso Americano de Estudiantes. Allí, por primera vez, el estudiantado de este continente adoptaba la reivindicación de la participación de los estudiantes en el gobierno de sus casas de estudio. La propuesta fue realizada por la delegación uruguaya y formulada por Baltasar Brum, quien años después sería Presidente de la República y 25 años después de ese Congreso de Estudiantes ofrendaría su vida resistiendo el golpe de Terra.

Entretejidos con la historia de la libertad están en este país los sacrificios de compañeras y compañeros de la Universidad de la República; sacrificios que alumbraron también la vuelta de la libertad y la democracia. En estos días uno recuerda conmovido a Líber Arce ‑nuestro compañero de militancia de hace 40 años‑ y piensa que del ’68 al ’83, en ese período luctuoso de la vida del país, la resistencia fue mantenida por mucha gente, entre la que había estudiantes. La generación estudiantil de 1983, con la Semana de la Primavera de aquel año, le anunció al país que volvía la democracia. Entretejida con las mejores tradiciones políticas de todos los partidos de este país está, pues, esa lucha universitaria.

¡Cómo no recordar que fue en un homenaje que le rindió la generación del ’83 a Líber Seregni que tuvo lugar su último gran discurso público en el Paraninfo de la Universidad! Allí él nos encargó una tarea que hemos asumido y que hacemos nuestra: que al cumplirse los 25 años de la generación del ’83 le rindiéramos homenaje a ese grupo maravilloso de muchachas y muchachos que alumbraron la vuelta de la democracia al país.            

Le hemos pedido a la generación del ’83 que nos acompañe en este setiembre para celebrar una nueva Semana de la Primavera, que espera ser también una semana de la  transformación universitaria. Este año 2008 es el año de todos los aniversarios para la Universidad: los cien años del Congreso Americano de Estudiantes; los 90 años de la Reforma de Córdoba, que gestó una Universidad comprometida con la sociedad como no hay otra; los 50 años de la Ley Orgánica; estos 40 años, hecho por el que tengo el inmenso honor de estar aquí recordando a mis compañeros de entonces; y los 25 años de la semana del ’83.

Queremos que todo ese pasado sea fuente de inspiración para el presente y el futuro, y estamos en pleno proceso de transformación universitaria. Esperamos no concluir este año sin comenzar a elaborar un nuevo proyecto de Ley Orgánica que revitalice, en las condiciones del siglo XXI, los principios por los cuales nuestra Universidad y sus estudiantes tanto han peleado. Queremos una Universidad al servicio de la sociedad en las condiciones del siglo XXI, trabajando por que todos puedan acceder, de una manera o de otra, a la educación avanzada. Líber Arce, que era un estudiante pero que era sobre todo un trabajador que estudiaba, nos marca un compromiso. Tenemos que llegar a ofrecer en este país posibilidades de seguir estudiando a nivel avanzado a todas y a todos, y particularmente a aquellos que trabajan; tenemos que organizar una Enseñanza Pública que permita seguir aprendiendo siempre a todos. En ese contexto y con este propósito de que el pasado sea fuente de inspiración para cambiar el presente y alumbrar el futuro es que este 14 de agosto, a las doce y media, en Odontología ‑la Facultad a la que pertenecía Líber Arce‑, vamos a hacer nuestro acto central de homenaje. La Universidad, entre las doce y las dos de la tarde de ese día, detendrá todas sus actividades no imprescindibles, y sería un alto honor para nosotros que todos los que están aquí presentes ‑y puedan‑ nos acompañen.

Déjenme concluir agradeciendo a la Junta Departamental una vez más, y diciendo que para nosotros Líber Arce significa un compromiso que nos viene del fondo de la historia que puede enunciarse simplemente así: nuestra democrática Universidad es casa abierta a toda la sociedad, en la que siempre se defiende la libertad y siempre se construyen futuros.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el Edil Gerardo Núñez.

 

SEÑOR NÚÑEZ.- Muchas gracias, señor Presidente.

            En primer lugar, quiero agradecer a todos aquellos que hoy están presentes en este homenaje tan importante no sólo para el movimiento estudiantil, sino para el conjunto del movimiento popular.

            Quiero agradecer, como se hacía desde la Mesa, la presencia del Senador Mariano Arana, del Senador Eduardo Lorier, de los compañeros de la Central de Trabajadores ‑por ahí hemos visto a Luis Puig‑ y a todos aquellos Ediles y Edilas que hoy están acompañándonos.   Es importante también agradecer a Mario Handler, quien nos proporcionó las imágenes de ese video que, aunque tenía dificultades de sonido, igual optamos por pasarlo porque es el único recuerdo documental de la década de los ’60 que hoy tenemos en nuestras manos, debido a que la Marina en aquel entonces lo quitó de la creación artística de un cineasta tan importante. 

            También quisiera agradecer a Elbio Ferreiro, que fue quien nos alcanzó el video, ya que Mario recientemente salió de una operación y por eso no pudo realizar personalmente la entrega.

            Comenzaremos a hablar ahora de lo que significa, de lo que significó y de lo que será sin dudas para el futuro, para las generaciones que vienen, conmemorar estos 40 años del asesinato de Líber Arce.

            Un día como hoy, el 12 de agosto pero de 1968, caía herido mortalmente por la espalda el joven estudiante Líber Arce, estudiante de Odontología, trabajador, de 28 años. Luchaba por llevar adelante las medidas del movimiento estudiantil, del movimiento popular y, por supuesto, aquella convicción personal que tienen los hombres y las mujeres a la hora de pelear por los derechos colectivos. El 14 de agosto, dos días después, cuando muere Líber Arce, el pueblo lo despide. No lo despide de una manera poco merecida, sino todo lo contrario. Varios de los que hoy están aquí presentes seguramente recordarán ‑muchos de ellos nos han narrado lo que fue ese día‑ lo que significó la despedida de un joven que ofrendaba lo mejor de sí por la causa de la liberación de los pueblos; no solamente de nuestro país, sino también de nuestra América Latina y del mundo. Ese día quedó claro para el pueblo uruguayo que no alcanzaba con la muerte de Líber Arce. Habría más muertes, como la caída de Hugo de los Santos el 21 de setiembre, y, en un acto heroico, la de la compañera Susana.

            Es importante señalar cuál fue el proceso político y social por el cual se llega a este 14 de agosto, y no puede quedar por fuera de ese análisis la importancia de las movilizaciones del año ’58 entre la clase obrera, los estudiantes, el pueblo todo, para intentar mostrar su solidaridad frente al mundo, para mostrar su espíritu liberador, combativo, necesario en aquellos momentos en que se producían invasiones, como fue el caso de la República Dominicana, o se producían avances para los pueblos, como la Revolución Cubana en el ’59. Dicho sea de paso, mañana se conmemoran 55 años del asalto al Cuartel Moncada. También es un elemento necesario e imprescindible, porque sin duda habla de lo que motivó en aquel entonces a los jóvenes estudiantes y a los trabajadores.

            Tampoco se puede desconocer el proceso de unidad por el que transcurría nuestro pueblo, un proceso de unidad que se puede ver reflejado claramente en lo que el Primer Congreso del Pueblo recogió como logros importantes: no solamente tener un programa reivindicativo para todo el pueblo, sino también la construcción de herramientas populares como la Central Nacional de Trabajadores o, más tarde ‑en el ’71‑, la creación del Frente Amplio. Nos parece que esas cosas deben estar presentes porque explican el temor, el miedo de las clases dominantes que tenían el poder en aquel entonces, y explica la ferocidad con que atacaron con mano dura y deshonesta, en particular a los estudiantes.

            Obviamente, no faltó, no podía faltar la mano del imperialismo, la mano de los Estados Unidos, no solamente incorporando nuevas formas de entrenamiento en las fuerzas militares sino también dando, “aportando” ‑entre comillas‑ armas que fueron utilizadas en aquellas movilizaciones a pesar de que tenían carteles que decían que no se podían utilizar en movilizaciones de masas. Igual se utilizaron, y se utilizaron para reprimir y para matar a los jóvenes estudiantes.

            También en el ’68 se produce la eliminación de los Consejos de Salarios y, antes del 14 de agosto, la implementación de las Medidas Prontas de Seguridad, que ponen en la calle ‑como no podía ser de otra forma‑ a los trabajadores y a los estudiantes en particular para pelear, porque aquellos elementos democráticos de nuestro país, aquellas insignias que significaron y que significan para muchos de nosotros emblemas, necesitaban la defensa, necesitaban la lucha, necesitaban la movilización, y porque se visualizaba claramente el proceso por el cual atravesaría nuestro pueblo.

            Decíamos que la represión comienza a aumentar: el 12 de agosto, el 14 de agosto, el 21 de agosto y posteriormente. El primer asesinado en la dictadura fue un joven estudiante, Ramón Peré.

La solidaridad estaba expresada no solamente desde el punto de vista discursivo, declarativo, sino en la ocupación de los centros de estudios, en la movilización, porque en aquel momento ¡vaya si sería difícil para aquellos jóvenes estar en la calle, peleando, por la represión que se vivía!

Esa huelga general del ’73 convocó no solamente a los trabajadores: también se sumaron los estudiantes. Es necesario remarcar esto en momentos en que es imprescindible reafirmar esos lazos, esos vínculos tan importantes entre trabajadores y estudiantes, que nos permitan seguir avanzando, que nos permitan seguir construyendo el país que los mártires habían soñado.

La lucha de los mártires, además de reflejarse en su espíritu democrático y liberador, también se refleja en aquellos elementos que hacen a la educación, como la autonomía, el cogobierno, la lucha contra la suba del boleto, la implementación del boleto gratuito para los estudiantes o el presupuesto justo para la educación. Esas son cosas que en aquel momento reivindicaron estos compañeros, y algunas de ellas hoy, a la luz de un Gobierno del Frente Amplio, se han podido conquistar.

Además, peleaban por una sociedad más justa, peleaban por un mundo más justo que construyera las bases de un modelo social opuesto al que se venía dando; que pusiera fin al hambre, a la explotación, y no sólo en nuestro país sino prácticamente a nivel mundial. Esa lucha que llevaron adelante los estudiantes y que hoy lleva el movimiento estudiantil tuvo y tiene que ver con la denuncia a ese sistema capitalista que todavía no ha podido resolver necesidades centrales, de primera índole para la humanidad, como la alimentación. ¡Vaya si tiene que ver la lucha de los estudiantes del ’58 y del ’68 con la resistencia a la dictadura y, posteriormente a ella, con lo que se vive hoy! Era un sistema que estaba en crisis y que sigue en crisis, crisis que se profundiza, se agudiza. Como dice el trabajo del compañero Lorier con relación al hambre, la estructura del sistema cruje, se despedaza, y por eso la necesidad histórica de que el movimiento estudiantil, como parte fundamental de un sector avanzado de la sociedad, incorpore y siga incorporando su dinámica para seguir avanzando en la construcción de un modelo distinto.

            Hace un rato hacíamos referencia a lo que ocurría en el plano internacional en aquella época, pero es también necesario hacer referencia a lo que hoy ocurre en el plano nacional y, fundamentalmente, en el internacional, a cómo el imperialismo, las grandes potencias del mundo, siguen oprimiendo a los países y fundamentalmente a los pueblos del mundo como a Cuba o como a Bolivia, donde las clases dominantes se dieron los dientes contra el piso el domingo ante una demostración popular en la que se puso, blanco sobre negro, cuál es el camino que elige el pueblo. Es importante que eso quede claro, porque la opresión va a seguir y, por lo tanto, la solidaridad debe seguir por parte de cada uno de nosotros que integramos el movimiento estudiantil en diferentes lugares.

            Queremos plantear que se viene trabajando desde las diferentes organizaciones sociales, como la FEUU, el CEIPA y la Coordinadora de Estudiantes de Enseñanza Media, en una marcha para el 14 de agosto, y destacar también la importancia que tiene que esa marcha se realice cuando se inaugura el 2º Congreso del Pueblo. Esa marcha tiene un significado muy particular también para el movimiento estudiantil, porque significa avanzar, profundizar en los cambios que ha venido desarrollando nuestro Gobierno del Frente Amplio, pero también porque fortalece el bloque político, social y radical de los cambios frente al bloque dominante, que sigue expresado en las clases dominantes, como decíamos al comienzo.

            En este sentido, es fundamental afianzar la participación, seguir buscando la participación de las nuevas generaciones, no solamente de los estudiantes, sino también de los jóvenes trabajadores, que han dado muestra de que tienen mucho para decir en este país. Hay que seguir afianzando la alianza obrero‑estudiantil, por lo que decíamos hoy, pero también por el significado estratégico que esta alianza tiene, en tanto son dos sectores sociales claramente definidos que están enfrentados con el bloque dominante. Eso nos debe permitir avanzar y redoblar el compromiso desde los diferentes ámbitos de acción.

Para eso también es necesario el recuerdo, es necesaria la memoria, pero no la memoria en vano, sino la memoria para recordar aquello que no queremos que vuelva a pasar. Una forma de recordar a los mártires, a modo de homenaje, es traer a la memoria nuevamente sus nombres, sus orígenes, para que queden expresados también en este Cuerpo: Líber Arce ‑primer estudiante asesinado‑ fue herido el 12 de agosto y muere el 14 de agosto; Hugo de los Santos ‑estudiante de Ciencias Económicas y militante de la Juventud Comunista‑, asesinado en setiembre de 1968; Susana Pintos ‑estudiante de la IEC y también militante de la Juventud Comunista‑, muerta en setiembre de 1968; Heber Nieto ‑estudiante de la IEME‑ murió asesinado en 1968; Rodríguez Muela ‑estudiante del Liceo Nº 8‑, asesinado a principios del ’70; Íbero Gutiérrez ‑poeta y estudiante de Humanidades, que militaba en la FEUU y en el Movimiento 26 de Marzo‑, a quien asesinaron en 1972 los escuadrones de la muerte; Julio Spósito ‑estudiante del Liceo Suárez‑; Joaquín Kluber ‑estudiante de Agronomía‑, a quien mataron en 1972; Jorge Salerno ‑estudiante de Agronomía e integrante del MLN‑, asesinado en 1972 durante la toma de Pando; Walter Medina ‑estudiante de Secundaria y miembro de la Juventud Socialista‑, asesinado en 1973 mientras pintaba un muro en el marco de la huelga general; Ramón Peré ‑estudiante y docente de la Facultad de Veterinaria, militante de la FEUU y de la Juventud Comunista‑, muerto en los días de la huelga general en 1973; Nibia Sabalsagaray ‑estudiante del IPA, militante de la FEUU, del CEIPA y de la UJC‑, quien se había recibido hacía poco de profesora de literatura.

            Señor Presidente: queremos recordarlos y ofrendar también nuestra lucha y nuestra pelea por intentar llevar adelante sus ideales, sus formas y también el método por el cual los estudiantes llevaron la lucha popular a la calle, porque no quedó reducida a las salas de estudio ni a los salones gremiales, sino que tuvo un correlato importante a nivel callejero. Por eso, compañeros, es importante señalar también que el movimiento estudiantil sigue reivindicando una ley de educación que contemple y consagre la autonomía, el cogobierno; y esperamos que se sigan profundizando los avances en materia económica para alcanzar un Presupuesto más justo y más digno, reconociendo los avances en ese sentido de este Gobierno del Frente Amplio. También aguardamos que se siga avanzando en la construcción del país productivo con la necesaria justicia social, y que se siga avanzando en la transformación de una sociedad que nos permita elevar la condición de lo humano. Es ese el elemento central por el cual nuestra lucha se expresa en todos los ámbitos.

            Por eso hoy los frenteamplistas recordamos a los mártires, porque los frenteamplistas jamás renunciaremos a la historia, jamás renunciaremos a nuestro pasado, como tampoco renunciaremos a la construcción del futuro.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Queremos saludar la presencia del Director de la División Turismo, ex Edil Fernando González.

            Tiene la palabra al Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Señor Presidente, estimados colegas, invitados y participantes de esta sesión de homenaje a los mártires estudiantiles: nunca más justo tener presente en nuestra memoria a los luchadores sociales y políticos que han forjado la historia de nuestro país.

            Precisamente, el Rector de la Universidad, Rodrigo Arocena, recordaba aquí algo sobre lo que habláramos en sesiones pasadas: la identidad de este joven asesinado aquí, en la Plaza Constitución, en la Plaza Matriz, cerca del año 1875, en los albores del golpe de Estado del coronel Latorre. Me refiero a Francisco Lavandeira, quien levantó la bandera del sufragio, de la necesidad de elegir, de que el pueblo en las urnas expresara su voluntad política. Francisco Lavandeira fue un mártir de la política. Pero si bien no es el momento de profundizar en nuestra historia, debemos decir que la del Uruguay es una historia trágica. Desde sus albores la patria nace dividida entre dos opciones, dos posiciones, dos posturas, dos banderas, y eso generó lo que se denomina las tradiciones de los partidos políticos, particularmente del Partido Colorado y del Partido Nacional. Luego tenemos las luchas sociales, la influencia de las ideas anarquistas, los emigrados perseguidos en la Comuna de París, los hinchas de Bakunin ‑ruso‑, cuyas concepciones anarquistas fueron sembradas y fertilizaron mucho en España, extrañamente. Al Uruguay vinieron muchos anarquistas, con sus oficios, pero también con sus ideas al hombro, sus ideas de libertad, de anarquía, de que el hombre tenía que ser libre y que él por sí mismo tenía que ser la medida de sus actos, sin dios, sin ejército, sin Policía, sin Estado. Esas ideas germinaron en los orígenes del movimiento sindical.

Así surgen los primeros gremios. Luego de un proceso de identidad y de avance de esas propias ideas anarquistas, surge la corriente anarco sindicalista, que termina con la tesis de que los anarquistas y los obreros no negociaban porque era “pisar alfombras”. De esta forma surgen corrientes nuevas de anarco sindicalismo que van comprendiendo los cambios en la situación social y los métodos de lucha que había que emplear para combatir a los patrones, a los empresarios, de aquel entonces.

Así van penetrando otras ideas, como las marxistas. A principios de siglo van surgiendo los primeros círculos marxistas, cuyo principal exponente es la gran figura de don Emilio Frugoni. Sin embargo, Emilio Frugoni sale Diputado en el año 1910 por un fenómeno particular y general: el Partido Nacional, derrotado en 1904 en Masoller, no se presenta a las elecciones de 1910. Por lo tanto, hay sólo dos opciones: el Partido Colorado y la opción nueva, la de Emilio Frugoni con el Partido Socialista. Así sale el primer Diputado Nacional socialista, que levantaba en el Parlamento la defensa de los obreros, de los gremios, de la identidad de la clase trabajadora, tomando los principios de la Primera Internacional: los trabajadores se emanciparán en la medida en que se organicen y luchen, y la causa de los obreros es su propia emancipación.

Esto no es casualidad, porque en esa época en la Argentina también sale Diputado el otro gran socialista, Palacios. Es decir que había una corriente en el Río de la Plata que también se expresaba, en menor escala, en Brasil y también en Chile: el surgimiento de nuevas ideas, las de llevar la cuestión social al plano político, particularmente al parlamentario. Pero, sin embargo, sectores de las clases dominantes creían que la cuestión social se resolvía con represión y con poner a la Policía o al Ejército cuando hacían paros o huelgas los trabajadores. Cuando los trabajadores de la carne ocupaban los frigoríficos, ¿quién iba a trabajar y a carnear? Los soldados. Es decir que el gobierno de la época tomaba en sus manos el dispositivo que le daba la Constitución de la República para cuidar la frontera, para defender la Nación, o sea, el Ejército, para ir a hacer el trabajo de los obreros. Ahí se fueron generando odios, antipatías, una separación entre todo lo que era uniforme y todo lo que era civil.

En ese proceso, tan traumático, se fueron encauzando las luchas. Así surgen las ocho horas, por una iniciativa del movimiento sindical, pero también de Batlle y Ordóñez. Va surgiendo una corriente nueva en el Partido Colorado, el batllismo, que tiene un gran sentido social, con un gran orador, un gran defensor de la causa obrera, como era don Domingo Arenas. Y los blancos no eran todos blancos cerriles, sino que va surgiendo también la teoría de los blancos independientes, que sienten la cuestión social y necesitan ser representativos de ello, y así tenemos un Carnelli. Sin embargo, muchas de esas luchas se dirimieron a caballo, a sable y a fusil. Cuando nos referimos a Francisco Lavandería hablamos de 1875, pero el levantamiento del Quebracho fue en 1886 contra la dictadura de Santos. Luego, en 1897, se da el levantamiento de Timoteo Aparicio; posteriormente, en 1904, se levanta Aparicio Saravia, y la institucionalidad en el Uruguay recién empieza con la derrota de 1904, en el Gobierno de Batlle y Ordóñez. Ahí empiezan a surgir los Entes del Estado y una política de Estado único, una política centralizada llevada al máximo, que ha generado las diferencias que tenemos entre el Interior del país y la Capital.

            No voy a abundar en detalles, pero con este golpe de imágenes pretendo demostrar que cuando la Policía reprimía al movimiento estudiantil o al movimiento sindical cumplía una función que los órganos políticos le daban para cumplir. María del Carmen Díaz fue muerta por los carneros en una huelga de la Ferrosmalt, en 1955, pero los carneros estaban protegidos por la Policía. Cuando vemos esa película en que los policías desenfundan el revólver para tirar contra los estudiantes es porque los estudiantes en la calle eran considerados enemigos. Así, el antagonismo en la sociedad uruguaya pasó a escalas y a niveles que nos llevaron a situaciones explosivas que culminaron con el proceso dictatorial.

            Es cierto que no eran solamente fenómenos nacionales: también estaban los fenómenos internacionales. La Revolución Cubana fue un factor de aceleración del surgimiento y aparición de movimientos que veían en esa revolución un camino rápido hacia la solución. Sin embargo, compañeros, nosotros decimos que ese proceso fue generando en el Uruguay contradicciones y enfrentamientos que llevaron a que hubiese tantas víctimas del movimiento estudiantil y del movimiento popular en las décadas del ’60, del ’70 y del ’80 hasta el advenimiento de la democracia.

            En ese marco, queremos finalizar diciendo que lo de Líber Arce conmueve. Nosotros  estuvimos en la manifestación en que era llevado a pulso el féretro desde la Universidad de la República hasta el Cementerio del Buceo.

            Sabido es que Líber Arce era un joven comunista. Su primo hermano Julmer Arce también era un joven comunista, luego militante del Partido Comunista; fue un hombre de la resistencia contra la dictadura y luego cayó preso en el Penal de Libertad. Los padres de Líber eran feriantes, gente del Cerrito de la Victoria, un barrio de mucha tradición de lucha, de combate, que arranca desde el sitio de Oribe pero que encarnó en la fuerza de izquierda, particularmente en los gremios, en el Partido Comunista.

            Líber Arce marchaba a la cabeza de la columna. Algunos entonábamos La Internacional, y la parte más humana ‑diría yo‑ fue cuando pasamos frente a la iglesia y empezaron a repicar las campanas por Líber Arce. Tampoco era casualidad: en la iglesia había un gran obispo, que era Monseñor Partelli. En mi modesta opinión, la Iglesia resolvía la cuestión social con la encíclica de León XIII, y no con la de Pío XII.

            Por lo tanto, lo de Líber Arce fue una demostración de pueblo, de masas, que indicaba que el Uruguay quería algo que no fuese sólo el poder absoluto en torno a una salida programática y a una política económica que marginaba las masas sociales del Uruguay y también al movimiento estudiantil.

Yo participé en el ’58; estuve en grandes asambleas de la Universidad de la República con la FEUU de aquel entonces, con el “Gaucho” Moura, con los Errandonea, con quienes discrepaba porque eran anarquistas de tomo y lomo pero, sin embargo, sentían la necesidad de la unión de obreros y estudiantes. Cuando se hizo la gran manifestación del año ’58 por autonomía universitaria y convergió hacia el Palacio Legislativo, era un río humano de estudiantes y obreros que gritaban: “¡Obreros y estudiantes, unidos y adelante!”. Era el espíritu de Córdoba de 1918, pero también era el espíritu de Simón Bolívar. Junto con su maestro, Simón Rodríguez, hicieron el juramento de ir hasta el Vaticano caminando, predicándose a ellos mismos que era necesario liberar a América del colonialismo español, y obtuvieron su objetivo: llegaron hasta la cúspide misma del Vaticano y luego se produjo la liberación no solamente de Venezuela, sino de toda América, incluso la más tardía, que fue la de Cuba, en 1898.

            “¡Obreros y estudiantes, unidos y adelante!”; obreros y estudiantes de este estudiantado uruguayo que tomó de José Ingenieros la famosa frase: “Juventud sin rebeldía es servilismo precoz”, y que tomó del espíritu de Córdoba la necesidad de la revolución cultural para ubicarse en los nuevos tiempos, en los cambios de la historia de incorporarse a la gran columna para marchar no solos, sino juntos.

En ese cuadro es que nosotros creemos que se enmarca este homenaje, que es significativo, que recuerda a nuestros mártires, pero que también busca consolidar un proceso democrático en un Uruguay en paz, de tal manera que lo mejor del pueblo uruguayo esté en ese proceso de transformaciones que la patria necesita haciendo política de Estado, pero política en serio; política de Estado para la Universidad de la República; política de Estado para la salud; política de Estado para la política exterior del Uruguay, porque los fenómenos externos ‑de los que no he hablado, pero que aquí muy bien mencionaba un Edil preopinante‑ están presentes.

Si alguien quiere referirse a la historia, que agarre el mapa y vea lo que fueron el Gobierno de la Defensa, el sitio de Montevideo y el Gobierno de Oribe, en el Cerrito, con las tropas francesas acampadas en las afueras de la Ciudadela y las fragatas italianas en el Puerto de Montevideo. Es decir que había fuerzas extranjeras que estaban preocupadas por lo que pasaba en el Uruguay. Esas fuerzas extranjeras han cambiado; no tienen esa presencia activa de las fragatas pero, sin embargo, tienen la presencia económica, la presencia política, la presencia tecnológica, la presencia ideológica del racionalismo cultural que niega hoy a Darwin; incluso, hay toda una filosofía dentro de Estados Unidos que niega las teorías de Darwin. Hay una vuelta hacia atrás del avance cultural y del conocimiento de la propia humanidad.

Por lo tanto, estamos con las ideas progresistas ‑termino‑; estamos con las ideas que atraen el progresismo y juntan lo mejor que hay en la sociedad uruguaya para hacerla avanzar, y condenamos los actos reaccionarios, las ideas reaccionarias, todo lo que sea conservador, todo aquello que significó que Giordano Bruno terminara en la hoguera porque pensaba diferente de los tiranos de turno.

Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Queremos saludar la presencia de la Directora del Departamento de Descentralización de la Intendencia de Montevideo, señora Miriam Rodríguez, y del Director Julio Battistoni, que acaban de ingresar a Sala.

            Tiene la palabra el señor Edil Guillermo Facello.

 

SEÑOR FACELLO.- Gracias, señor Presidente.

            Si nos situamos en 1968 lo podemos describir, sin duda, como un capítulo de la vida institucional del país signado por episodios de violencia, desórdenes callejeros y una ola de agitación interna como nunca antes se había conocido.

Ubicados en ese contexto, y focalizando nuestra intervención en el ciudadano a quien el Cuerpo recuerda en esta fecha, deseamos aportar algunas reflexiones.

Filosóficamente, señor Presidente, la muerte nos inspira un gran respeto por tratarse de un camino sin retorno, en el cual cada uno comparece con sus riquezas y sus miserias, en soledad, abandonando para siempre los sueños y los afectos de los seres queridos para convertirse en memoria. Por eso, lamentamos todas las muertes, y por ser contemporáneos sentimos más profundamente las sucedidas en aquellos episodios de violencia que enlutaron a toda la nación. Pero que se entienda bien, señor Presidente: lamentamos todas las muertes, sin distinciones: las de civiles, de policías, de militares, de estudiantes, de dirigentes sindicales, y hasta las de combatientes de una guerrilla que utilizó la violencia como medio para alcanzar el poder en el seno de una sociedad que se vio conmovida en sus cimientos tradicionales de convivencia pacífica y cuya fractura aún hoy, a más de cuarenta años, no ha sido posible soldar.

En esos tiempos de agitación cayeron víctimas, algunas por cumplir lealmente con sus obligaciones para con la sociedad, otras por seguir designios mesiánicos foráneos al margen de la ley. Pero, producto de las circunstancias, el enfrentamiento se cobró también algunos jóvenes que habían sido arrastrados hacia posiciones ideológicas de enfrentamiento con las autoridades legítimas del país.

Contrariamente a como se pretende hacer ver por parte de sectores interesados en tergiversar la historia, a nuestro criterio el origen de la espiral de violencia no es concomitante con el Gobierno de aquella época, sino que data de mucho antes; incluso, fue anterior a la irrupción en la escena local del Movimiento de Liberación Nacional, cuando se recibían armas desde el extranjero, se adoctrinaba en materia de lucha armada por el poder y se entrenaban milicias en el exterior, tal como puede comprobarse no porque lo diga yo, sino por testimonios de época y por versiones más actualizadas de sus protagonistas publicadas recientemente en diferentes medios.

Nos preguntamos, señor Presidente: ¿es, o no, deber de un Gobierno en democracia, legalmente constituido, defender el estado de derecho y el orden interno ante abusos y desbordes de movimientos de agitación afines a actos de violencia que ponen en riesgo la paz y la garantía de los derechos individuales de los ciudadanos de un país? ¿Son de dominio público, o no, las acciones de represión por parte de fuerzas de Gobierno, asumidas por regímenes distintos al nuestro, cuando se ha entendido que subvierten el orden, ya se trate de actos pacíficos de estudiantes, como el de la Plaza de Tiannanmen, o fusilamiento de civiles por constituir oposición ideológica, como en la Cuba de Fidel Castro, o como en Praga, o como en Hungría? ¿Todos esos actos de represión han merecido, señor Presidente, la misma condena que se endilga a las fuerzas de gobierno de la época? ¿Acaso eran diferentes? ¿No ocasionaron también víctimas sangrientas? ¿Acaso no reprimió este Gobierno los desórdenes acaecidos en oportunidad de la visita del Presidente Bush y se detuvieron y procesaron ciudadanos por ello? En estos días, en la convulsionada Bolivia, ¿no se ha tenido que reprimir una movilización popular que enfrentó a seguidores y detractores del Presidente por su continuidad y que ocasionó la muerte de dos jóvenes?

En el día de hoy, y para volver al tema que nos ocupa en esta sesión, voy a extraer del historiador Lincoln Maiztegui Casas algunos pasajes para refrescar el lamentable incidente. Dice este historiador blanco: “Hubo un choque entre universitarios y policías al ser ocupada la Universidad, donde resultó herido por una granada de gas lacrimógeno el estudiante Mario Toyos, a quien se dio por fallecido lo que no era cierto a pesar de las graves lesiones recibidas, pero que sirvió como acicate para agravar aún más los conflictos que traerían consigo días de ira, calamidad y miseria”. Agrega el historiador: “La tragedia se veía venir y el 12 de agosto el diario ‘El País’ publicó un artículo titulado ‘En busca de un mártir’, en el que atribuía a los grupos de izquierda la expresa voluntad de provocar una víctima mortal para emplearla luego como bandera agitativa”. Esto lo dice, reitero, Maiztegui Casas, un historiador blanco.

“Frente a la Facultad de Veterinaria se reunió el lunes 13 un grupo de estudiantes de esa especialidad, de Odontología y de Enfermería en actitud de violenta protesta contra la política de Gobierno y, en particular, contra los ataques a la Universidad; la Policía recibió órdenes de reprimir y los muchachos la recibieron con consignas y lanzamiento de proyectiles.

“Uno de los agentes se llamaba Daniel Tegiachi; tenía 27 años y era a su vez estudiante. De pronto, sobre el cruce de las calles General Prim (hoy Líber Arce) y Larrañaga, se vio rodeado de grupos hostiles; tuvo miedo y disparó su arma reglamentaria.”

“Tiró al montón; no creo que intencionadamente, más bien por miedo”, declararía alguien más tarde. ¿Sabe quién? Uno de los testigos del hecho: el hoy Ministro Héctor Lescano.

Decía Maiztegui, continuando con su crónica, Presidente: “Líber Arce fue víctima de ese tiempo de intolerancia y violencia que nunca hubiéramos querido sufrir.” ‑esto lo suscribimos todos‑ “Al igual que otros episodios de tragedia de la época, se han convertido en signos póstumos de lo que jamás debió suceder”. Y continúa el historiador: “Era un estudiante de Odontología e inscripto en alguna otra Facultad, de 28 jóvenes años, que, como tantos de su generación, creía en los ideales que alimentaban sus sueños, de una mayor justicia y un nuevo orden social, que sucumbió como víctima de aquella coyuntura desatada por una absurda espiral de violencia instalada en el país.

“¿Quién era? Se sabe poco, en realidad, de Líber Arce, a quien ni siquiera la muerte ha librado de que se polemice sobre su carácter y su personalidad. Para unos” ‑sigue la crónica‑ “un agitador social, estudiante eterno inscripto en tres Facultades diversas (…). Para otros, el hijo de un obrero que desde temprana edad se había afiliado a la Unión de Juventudes Comunistas (…). Otros lo evocan como el hijo de una familia modesta que poseía un puesto de verduras en la feria de Tristán Narvaja, actividad que compartía con sus estudios y con una militancia política (…).

“Seguir especulando a estas alturas sobre estas cosas es impropio, como también la explotación política que se ha hecho de su sacrificio.

“El ex agente Tagiachi se llevó todos los golpes (…). Sus declaraciones no parecen las de un asesino a sangre fría. Dice: ‘No quería matar a nadie. Antes del tiro fatal, que disparé desde el suelo’” ‑el tiro entró por la ingle, por la pierna‑ “‘efectué varios más al aire; ninguno fue dirigido a los estudiantes’”. Según la crónica de la época “sufrió la agresión de los compañeros del caído, quienes le arrebataron la gorra y la exhibieron más tarde como un trofeo”.

Hasta aquí parte de la crónica de Maiztegui.

Yo digo, Presidente, que todo esto no debió pasar. ¿Dónde están sus responsables? ¿Dónde están los que incitaron a la violencia, los que se adoctrinaron en el extranjero, los que generaron las condiciones para la muerte de Líber Arce y de tantos otros jóvenes estudiantes que se mencionaron en esta sesión? ¿Dónde están los que tenían un aparato armado que no se atrevieron a usar? No me estoy refiriendo al MLN. ¿Todos han saldado sus deudas con la sociedad? ¿Todos han reconocido sus errores y horrores al influjo de regímenes que ya han sucumbido en el mundo, salvo escasísimas excepciones?

Señor Presidente: aprovechemos el recuerdo que este Cuerpo realiza en el día de hoy para mantenernos firmes en la defensa de los gobiernos legítimamente instaurados y para exclamar a viva voz que nunca más caigan víctimas inocentes de todo signo, envueltas en las consecuencias de tramas urdidas por oscuros intereses, que luego los convierten en mártires al caro precio de interrumpir sus sueños, de arrancárselos a sus seres queridos y de acabar con sus vidas cuando éstas recién empiezan.

Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Muchas gracias, señor Presidente.

            Realmente, quiero agradecer a quienes hayan sido los hacedores de este homenaje por darnos el regalo de tener presente en ésta, nuestra Casa, al señor Rector de la Universidad; nosotros no sabíamos que íbamos a tener el gusto de que él estuviera aquí. Bienvenido, señor Rector, a este Parlamento de la ciudad de Montevideo.

            Cada vez que hay un homenaje en esta Junta Departamental casi siempre hago uso de la palabra porque realmente me siento motivada, y en este caso doblemente, porque se trata de un estudiante y yo soy docente. Esa fue mi profesión hasta que definitivamente abracé la que hoy tengo ‑por cierto, con mucho orgullo‑, que es la profesión política.

            Si usted me permite, señor Presidente, yo quiero dedicar mis palabras ‑dichas con todo respeto y dedicadas también a todas las personas que hoy nos acompañan aquí‑ a dos personas que están vivas: al Edil Placeres y al Director de Turismo, Fernando González. Quizás usted, al igual que el resto de los compañeros, se preguntará por qué. Porque en el transcurrir de nuestra vida hay algunas cosas ‑al menos para mí‑ que están muy por encima de todas las demás. La primera es una condición que uno tiene desde el punto de vista filosófico y que le exige, por encima de todas las cosas, la tolerancia. A veces no logramos la tolerancia que deseamos, pero pretendemos lograrla porque sabemos que entre las diferencias surge la verdad, que no es única: para unos tiene un brillo, un color, y para otros y otras tiene otro. El secreto de la tolerancia es saber aceptar con respeto esas otras verdades. Algún día quizá lleguemos a una verdad universal; yo no creo que pueda llegar a verlo.

            Yo me quiero referir a la presentación en PowerPoint. Sin duda, el autor es un gran profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, pero a mí me habría gustado ‑hablo a título personal‑ ver una película o fotos de la vida de estos estudiantes, porque si yo fuera la madre de alguno de ellos lo que me gustaría ver serían las cosas que me hacen feliz. Yo siempre hago referencias personales; sé que a algunos compañeros no les gusta, pero cada uno es como es. Cada día que se cumple fecha de la muerte de mi hijo yo planto una planta. ¿Por qué? Porque la vida se termina según cómo se viva y según lo que crean los que se quedan. Cuando yo vi todos esos preparativos pensé que me iba a encontrar con otra cosa. Si bien el pasado no hay que olvidarlo, porque los pueblos que no tienen memoria son pueblos sin historia, tampoco hay que solazarse en la desgracia de ese pasado; al menos, esa es mi posición. No hay que revolver. Con esto no estoy haciendo referencia a la justicia o a la no justicia; simplemente, digo que no hay que revolver. Eso que pasó fue muy desgraciado; pero, como dijo el Edil Facello y como también lo dijo el Edil Mendiondo, fue desgraciado no solamente para los muertos ‑de todos lados‑, sino que fue desgraciado para la República entera, porque además de perder personas, señor Presidente, perdimos tiempos. Mi generación y la de muchos que están acá quedó truncada; los que teníamos vocación política perdimos más de una década de nuestra vida. Otros perdieron mucho más, sin duda alguna. Yo siempre digo que la historia es. Aclaro que quiero excusarme porque en Sala hay una antropóloga ‑nuestro compañero profesor de Historia hoy no está‑ y puede haber gente que sepa mucho más de historia que yo. Pero, desde mi punto de vista, la historia es. Después están los historiadores, que la interpretan, y estamos los que la leemos, que también la interpretamos. Por eso no hay una única interpretación de la historia; no debe haberla. Si la hubiera, seríamos todos iguales.

            Yo, que tuve la suerte de ir al IPA y de hacer, aparte de Literatura, un año de Historia, tuve dos profesores absolutamente distintos desde el punto de vista ideológico: tuve a Pivel Deveto y a Nahum, y con los dos aprendí mucho. Ninguno de los dos tenía que ver con mi condición política, pero aprendí mucho.

            ¿Por qué me referí a dos personas jóvenes hoy?

A Placeres, porque fue mi alumno; fue uno de mis más queridos alumnos. Fue un alumno inteligente, responsable, solidario. Quizá, cuando yo llegué a esta Junta ‑que fue en un momento difícil de mi vida‑ una de las mejores cosas fue reconocer en ese grandote, barbudo, que está ahí, a mi alumno, a quien traté de enseñarle, más que literatura, a ser persona y tolerante. Me da mucha satisfacción que ese alumno que está ahí no integre mi corriente política, porque yo traté de enseñar a mis alumnos a que fueran libres. La literatura es muy útil para eso, y quienes nos quedamos aquí aguantando, desde la literatura, desde la filosofía, desde la historia, tratamos que nuestros alumnos aprendieran a ser libres.

            ¿Por qué a Fernando González? Porque fue uno de los amigos de mi hijo, y porque yo no iba a asumir en esta Junta Departamental el primer día y él me dijo: “Yo no me voy a sentar mirando a mis compañeros, yo me voy a sentar mirándote a vos, para que vos pienses que es tu hijo el que te mira”. Eso, señor Presidente, lo que muestra es solidaridad, porque Fernando González es socialista y yo soy colorada y batllista por donde me busquen, y porque Placeres es del MPP y yo soy colorada y batllista por donde me busquen.

            También creo que no nos podemos olvidar de lo simbólico, porque lo simbólico forma parte de nuestra vida. No podemos tratar de torcer lo simbólico, lo semiótico, hacia una sola parte. Lo simbólico en la historia es todo y cada uno lo aprecia como lo siente, en libertad. Por eso yo soy absolutamente respetuosa de lo que han dicho dos Ediles que no tienen la misma condición política que yo, con los que puedo discrepar en muchas cosas.

Yo podría, señor Presidente, hacer una serie de apreciaciones sobre los muros que se veían pintados; sin embargo, me parece totalmente fuera de lugar hacerlo hoy y aquí, porque hoy y aquí estamos para homenajear a muchos estudiantes. El compañero Núñez nombró a todos, pero se olvidó de uno de apellido Arnaud, de Salto, que era primo segundo mío, tupamaro él. Todas las familias estamos conformadas por personas que tienen distintas ideologías.

Me parece bien homenajear a los mártires estudiantiles, pero me duele algo que se da a través de la historia de todos los pueblos: los que siempre mueren primero son los jóvenes, nunca son los que lideran los procesos revolucionarios, y tampoco son los generales, ni los coroneles. Los que mueren son los soldados, porque esos, señor Presidente, de ambas partes, son la carne de cañón.

El joven, como muy bien dijo el Edil Mendiondo, si no es rebelde no es joven, y cuando a veces a algunos nos tratan de inmaduros es porque todavía, desde nuestros años, seguimos sintiendo en muchas cosas la rebeldía de la juventud. Por eso seguimos entendiendo y respetando a los jóvenes, sean del sector político que sean; sentimos por ellos un profundo respeto. Además, sabemos que si las generaciones adultas no somos capaces de aprender de los jóvenes ­‑y permítame, señor Presidente, una pequeña digresión, quizás en esto haya un poco de deformación profesional de mi parte‑, estamos condenadas a morir desde el punto de vista intelectual. La juventud es la savia nueva, como dicen los blancos. Creo que dicen: “Savia nueva en troncos viejos”, o algo así; yo no soy blanca y no sé esto muy bien. Siempre los jóvenes son la renovación, pero no son los que tienen que ir al frente. Los que tienen que poner el pecho a las balas, en el caso del Ejército y de la Policía, deben ser los comisarios, los comisarios inspectores, etcétera, y del otro lado tienen que ser las cabecitas, pero no los chiquilines y las chiquilinas. Es mi opinión absolutamente personal con respecto al tema.

            Yo respeto a los muertos, a todos los muertos. Pero ¿saben por qué respeto a todos los muertos? Porque los muertos, después de que están muertos, son muertos. Yo podría discrepar con ellos ideológicamente, pero no los tengo para discrepar. Entonces, por una razón filosófica los tengo que respetar, tengo que respetar a todos los muertos. Además, tienen otra condición en común: todos los muertos tienen familia, y todas las familias, aunque el muerto sea un asesino, sienten dolor. Yo siempre pienso en esas familias, sean del lado que sean, que no se curan más del dolor.

            Entonces, a mí me gustaría que esa representación simbólica no se hiciera solamente con quienes murieron de un lado, porque también murieron del otro. No murieron generales, señor Presidente: murieron soldados que de pronto, como ahora, trabajan en eso porque no tienen otro trabajo, porque se vienen del Interior y no tienen otra posibilidad. Vaya a saber uno lo que piensan desde el punto de vista político. En aquella época murieron soldados jóvenes, hijos también, como los otros. Yo no voy a juzgar conductas de los unos ni de los otros. ¿Sabe por qué, señor Presidente? Porque yo no soy nadie para juzgar a nadie. Es la historia la que juzga, y cada ser enfrentado a la historia y a su propia historia. Aunque sea muy trillada esta frase de Ortega y Gasset, para mí es como una frase bíblica: “Yo soy yo y mi circunstancia; si no la salvo a ella, no me salvo yo”. En ese proceso, cada uno, desde su lugar, estaba tratando de salvar sus circunstancias, circunstancias que fueron muy desgraciadas.

Yo tuve este año la enorme posibilidad de estar en mayo en París, enorme posibilidad que me dio la Intendencia Municipal de Montevideo a través del Proyecto URB-AL. Me reuní en París con uruguayos y uruguayas, con latinoamericanos, y les puedo asegurar que no todo el mundo pensaba igual; es lógico. Pero allá se recuerda de otra manera el Mayo Francés, quizá porque los franceses tienen otra forma de pensar, ya que son muchas las guerras que ese pueblo ha soportado. Sin duda, el sólo recuerdo de la Guerra Mundial es mucho más terrible que cualquiera de las otras guerras que hayamos vivido nosotros.

Yo no quiero robar el tiempo de mis compañeros, pero quiero hacer una consideración, Presidente, aunque no sé cómo llamarla. Quiero decir que con las Medidas Prontas de Seguridad se podrá estar de acuerdo o no ‑no estoy dando mi posición; depende de las circunstancias‑, pero están en la Constitución de la República, y cualquier Presidente puede hacer uso de ellas; cualquiera. Igual que la esencialidad. Porque si mañana hay una huelga que va contra los fines primarios del Estado, habrá que aplicar los Servicios  Esenciales. Yo voy a aplaudir al Ministro o a la Ministra que lo haga, porque no me va a importar que no sea de mi partido.

            Para terminar, le quiero hacer un regalo a Fernando, un regalo que va en forma de agradecimiento por haberme dado siempre fuerza, afecto, por haber prácticamente nacido socialista en el mismo barrio que Líber Arce y el mío, en el Cerrito de la Victoria, en donde sus padres tenían un puesto de verdura en la feria de los domingos. Porque acá todos sabemos todo de todos, esto es muy chico, señor Presidente. Entonces, como Montevideo es tan chico, todo el mundo sabe dónde estaba cada uno en cada momento. Nadie puede decir que estaba o no estaba. Yo no tengo dudas sobre dónde estaba Dari Mendiondo en el entierro de Líber Arce, como nadie puede tener dudas de dónde estaba yo cuando enterraron a Zelmar, porque acá nos conocemos todos.

            A mi alumno, a mi queridísimo alumno, como buena profesora de Literatura que soy también le quiero hacer un regalo.

Como el jueves voy a tener el gusto ‑pedí la posibilidad y se me otorgó‑ de homenajear a la doctora Alba Roballo, única mujer en este país que ocupó todos los cargos a los que se puede aspirar, les voy a hacer un regalo a ustedes y también a quienes estamos homenajeando hoy, porque yo creo que escuchan y que están. Es como el lema de los Zorrilla: “Vivir se debe la vida de tal suerte que viva quede en la muerte”. Este poema de Alba, chiquilines ‑y discúlpenme esto de chiquilines y esta falta de protocolo que espero, señor Presidente, sepa disculpar‑, es para ustedes dos y para esos estudiantes, algunos de los cuales eran del Instituto Cayetano Carcavallo y del Instituto y Escuela Superior de Mecánica, donde yo también fui docente. Es de un libro del año ’70 que se llama “Poemas del miedo”. Es muy cortito, así que no se asuste, Presidente. Dice así: “Nunca adiós / nunca / todo es siempre / Me gusta Mayo / madura el vino / y es el tiempo de rosas y rosales / El otoño dorado, se desviste de hojas / desnuda árboles / la noche es fría / el día largo y claro / Elijamos Mayo, / todo será siempre, con mi nunca/ nunca adiós”.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Gastón Silva).- Tiene la palabra el Edil Raúl González.

 

SEÑOR GONZÁLEZ (Raúl).- Muchas gracias, señor Presidente.

            Construyendo valores democráticos, reafirmando nuestra responsabilidad institucional y construyendo un compromiso histórico con nuestra sociedad, estamos hoy en Sala, al igual que estuvimos hace unos días en la sesión extraordinaria del 29 de julio, porque este Parlamento de Montevideo, esta Junta Departamental, tiene dentro de sus deberes institucionales construir más y mejor democracia.

            En esa instancia decíamos que la historia no juzga, que quienes juzgan son los hombres y mujeres que leen la historia. Y la historia también se construye con estos actos institucionales. En este libre juego democrático, desde el lugar que ocupamos aportamos a la construcción de la memoria colectiva.

En un escenario histórico, con un gobierno democráticamente electo, sucedieron actos que nos duelen, y nos duelen a todos: nos duelen hijos, padres, madres, hermanos, compañeros y amigos muertos. Lo que hoy recordamos fue uno de esos actos; por eso también nos duele la democracia, por eso nuestro compromiso con la historia, aportando nuestro punto de vista en cada uno de estas instancias que se dan en la Junta Departamental. Como sociedad no podemos permitirnos olvidar, y no olvidando evitaremos repetir la historia.

Nuestros estudiantes conmemorarán todos los 14 de agosto el Día de los Mártires Estudiantiles. Pero el desafío es que nunca más: nunca más mártires estudiantiles; nunca más mártires por defender la democracia, la libertad y la dignidad humana.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra la señora Edila Paredes.

 

SEÑORA PAREDES.- Señor Presidente: desde que comencé la Secundaria supe que el 14 de agosto es para los uruguayos el Día de los Mártires Estudiantiles. Muchas veces en aquellos años adherimos ‑hay que decir la verdad‑ casi inconscientemente al emblemático día con sentadas frente al liceo, con la defensa de la profesora de Italiano separada de su cargo por entonar a capella el Himno Nacional con los estudiantes en el patio del IAVA un 14 de agosto, o faltando a clase. Esas fueron algunas de las tantas estrategias que los jóvenes estudiantes utilizábamos para seguir arponeando a la dictadura. Aunque nacimos casi al borde de su inicio, provenir de un barrio con tanta tradición de lucha obrera como es la Villa del Cerro nos marcó a fuego. Es así que la transmisión oral nos ilustró los años sesenta, las medidas prontas de seguridad, la militarización de los trabajadores públicos, la ocupación de los centros de estudios, la Universidad, el Magisterio.

Ese período ‑como señalaban los compañeros‑ mostró con furia su cara más despiadada en los barrios obreros, y el mío lo era. La huelga de los frigoríficos y la represión sufrida por los trabajadores también estuvieron en el centro de los relatos de los círculos y de las calles que yo frecuenté.

Y llegó el ’68. La creciente participación de los estudiantes en la mayoría de las movilizaciones ‑en las que el grito “Obreros y Estudiantes, unidos y adelante” era la marca de presentación‑ mostró a un pueblo que no se resignaba ante esa política autoritaria, antipopular, sin dejar de enarbolar banderas libertarias y de cambios profundos. Las calles impregnadas de gases lacrimógenos no detenían el arrojo de los manifestantes, que aguantaron palos, cachiporras, sables y corridas, hasta que esas bombas se transformaron en balas.

Dos días antes, el 12 de agosto de ese año, un grupo de estudiantes se convocó frente a la Facultad de Veterinaria como repudio al allanamiento de la Facultad de Derecho. Eran de Odontología, Enfermería y Veterinaria, y estaban defendiendo la autonomía de la Universidad, estaban defendiendo la Constitución. Según los allí presentes, la represión policial fue brutal y a cara descubierta, y como resultado cuatro estudiantes fueron heridos. El más grave, Líber Arce, herido por la espalda. No se permitió asistirlo inmediatamente, demorando su traslado al Hospital de Clínicas; fueron vanos los intentos de los médicos por salvarle la vida.

            El 14 de agosto de 1968, señor Presidente, su muerte llenó de silencio las calles, un silencio que gritaba rabia, indignación, rebeldía, dolor, sentimientos que ganaron los corazones de la gente. Como dijo Macunaíma, “Fuimos miles heridos de silencio, heridos de consignas, estrechados los brazos de los unos y los otros, en una enorme y multitudinaria cadena fraterna”.

            La Universidad instaló en su frente un cartel que decía: “Silencio: murió un estudiante”. Miles de personas, de todos los partidos, acompañaron masivamente los restos de Líber Arce hasta su última morada, con un singular y enorme respeto. Un poema de nuestra querida Alba Roballo lo recuerda: “En la acera te tumbaron / y rayos de estrellas negras / se partieron en la calle. / El pueblo que nada sabe / te llevó en brazos / distancias interminables / a los jardines marinos del Buceo”.

            Luego la noche se hizo más oscura, más fuerte la represión, más desenmascarada la violencia. Para mal de todo el sistema democrático, a la muerte de Líber la siguieron en setiembre la de Hugo de los Santos y Susana Pintos. Más adelante caerían Heber Nieto, Walter Medina, Julio Spósito, Manuel Ramos Filippini, Joaquín Kluver, Íbero Gutiérrez, Santiago Rodríguez Muela y Ramón Peré.

            Ante tanta ignominia surgen entonces, señor Presidente, las voces del silencio, la resistencia y mil formas dignas de enfrentar tanta impunidad. Un país que naufragaba en el mar del fascismo generó una de las más históricas resistencias y el reto de intentar detener un avizorado golpe de Estado.

            Hoy, a cuarenta años de ese luctuoso día, los frutos están a la vista. Los hijos de ese jaqueado país fueron capaces de mantener viva la llama de la democracia, de la igualdad, de la solidaridad, de la utopía, manifiesta en la unidad de los trabajadores en su central única, en la conformación de una fuerza de izquierda capaz de sobrevivir a la dictadura, a los pozos oscuros de la clandestinidad, del exilio y de la cárcel.

            Fue la sangre de estos mártires, señor Presidente, la que también abonó las raíces de la democracia e hizo que surgiera el juramento de no permitir que el olvido de nuestro pasado nos ganara, para poder construir un futuro multicolor, con aromas de fábricas, de campo arado, matizado con risas de niños, con pan, con rosas.

            De esa larga noche no olvidamos el miedo de los padres, de los estudiantes, de los trabajadores. No olvidamos el terrorismo de Estado. No olvidamos la bandera uruguaya manchada con la sangre de los estudiantes, con las lágrimas de las compañeras. Tampoco podemos olvidar que esa inmensa cadena fraterna fue capaz de forjar el 1º de mayo de 1983, la Semana de la Primavera de ese mismo año, el “Río de Libertad” en el Obelisco, la reconquista de un Estado democrático.

            Todo esto se sumó a la lucha de tantos anónimos protagonistas que portaron la bandera que nos hace iguales. Somos sus frutos quienes a diario intentamos con nuestro quehacer mantener vivo a cada compañero.

            Yo creo que hoy, a modo de reflexión, también debemos decir: ¡silencio!, estamos homenajeando a los mártires estudiantiles; estamos homenajeando el paso de un país haciendo su historia.

            Gracias, Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Daniel Placeres.

 

SEÑOR PLACERES.- Gracias, señor Presidente.

            Quiero decir que sigo pensando que la consigna academia y trinchera van de la mano: la academia es la academia y la trinchera son los oficios. El otro día le comentábamos al Rector en una charla informal que tuvimos que sin esa academia y sin esa trinchera este país no avanza. También creo que los países tampoco avanzan sin memoria.

Saludo en este homenaje a los mártires estudiantiles, a todas y a todos los que cayeron en la lucha por la defensa de una causa justa, tan justa que dieron lo más preciado que tiene un ser humano, que no son los objetos, ni la bijouterie, ni la fantasía de vestirse bien y perfumarse bien, sino que es la vida. Esa vida tiene alegrías, tristezas, esfuerzos, amor; tiene “urgencias”, dijera Silvio Rodríguez. Esa vida fue lo que dieron los estudiantes en ese momento.

Yo creo que, como bien decía nuestra compañera Rosana Paredes, debemos siempre homenajear a nuestros más queridos y preciados caídos en esas causas justas, sin pelo ni color ni nada.

A pesar de tener barba y de parecer un cromagnon, como a muchos acá les gusta hablar y poetizar, voy a hacer referencia a Borges, que decía que lo más difícil de ser humano es mirarse en el fondo oscuro de los espejos para encontrarse a sí mismo. Eso es muy profundo.

Yo creo que los uruguayos estamos aprendiendo a encontrarnos. ¿A encontrarnos en qué? En cosas que no nos tienen que dividir partidariamente, como el trabajo, una sociedad más justa, el estudio de nuestras generaciones y un país de oportunidades. Ahí no hay diferencias de partidos ni de banderas; ahí debe haber coincidencia en un camino, en una línea de trabajo.

Realmente, señor Presidente, es un orgullo que nuestro país tenga, haya tenido y vaya a tener, sin ningún tipo de duda, juventudes comprometidas; de esa forma no va a claudicar, no se va a detener y sí va a avanzar. Al decir de Ingenieros ‑a veces leo un poco, a pesar de que no lo aparente‑, las juventudes sin alas llevan a que las sociedades padezcan. Así que las juventudes son la levadura del mañana, tan sencillo como eso. En nuestro país tenemos un gran problema, ya que nuestros jóvenes emigran; entonces, ¿cómo los cautivamos y los enamoramos para defender eso por lo que muchos pelearon ‑no sólo en nuestra generación, sino también en décadas anteriores‑, la construcción de la República Oriental del Uruguay? Va a ser difícil mantener esto con todo el escenario que se viene por delante.

            Así que vaya mi homenaje a todos estos estudiantes, incluido Líber Arce, porque con seguridad hubo muchos jóvenes anónimos ese día que sufrieron tantos problemas y tantas penas.

            Señor Presidente: me parece muy bueno este homenaje, y para finalizar digo que todos los días nuestros actos de militancia deberán refrendar esa lucha; si no, no habremos sabido cumplir.

            ¡Salud a todos y a todas por este día de homenaje!

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra la señora Edila Cristina Ferro.

 

SEÑORA FERRO.- Gracias, Presidente.

            Me motiva hacer uso de la palabra el hecho de reflexionar, no solamente sobre este homenaje y sobre lo que significa en sí mismo, sino también sobre algunas cosas que se han dicho aquí hoy. Yo diría que quiero enmarcarlas en lo que es el presente que estamos viviendo como nación, como república y, por sobre todas las cosas, proyectarlas hacia el futuro.

            Sabe, señor Presidente, que ante una propuesta de homenaje a los mártires estudiantiles, nuestra bancada, que en tiempos cercanos había sentido que efectivamente se la agredía porque no le votaban ‑como no se votó en esta Junta‑ el homenaje al ex Presidente Pacheco Areco solicitado por nuestro compañero Edil Facello, o sea que había sentido esa actitud negativa y poco constructiva hacia un tiempo de paz y entendimiento, votó este homenaje, y lo hizo con profunda convicción, con la convicción de que era un homenaje legítimo que brindaría no solamente quien desde el partido de Gobierno hoy lo solicitaba, sino también toda esta Junta Departamental. En nuestro caso, no solamente homenajeamos a los mártires estudiantiles, sino, como muy bien dijo nuestro compañero, a todos aquellos que en ese momento y en esa época cayeron defendiendo aquellas cosas en las que creían. Yo creo sí que fue un tiempo difícil, de crisis, de enfrentamientos, pero hubo honestidad, sinceridad y buena intención de ambas partes, de ambos bandos, por así decirlo.

            Por eso, señor Presidente, a mí me preocupa que hoy, en el año 2008, y 40 años después de que eso sucediera, sigamos hablando de las mismas cosas y con los mismos términos: términos caídos, perimidos y enterrados por la dinámica de la realidad. Seguimos hablando de la mano del imperialismo desatada sobre la historia y la realidad de un país, o sobre los hechos sociales y económicos acaecidos en determinado país, cuando después, desde las propias filas de nuestros compañeros a nivel ideológico, político y partidario, recibimos, abrazamos y celebramos las uniones, los acuerdos y los convenios con ese imperialismo, el mismo que atacamos en el discurso  y adoramos en la práctica.

            Yo creo que este es tiempo de honestidad; es tiempo de homenaje sincero; es tiempo de recordar, pero también de sembrar para el mañana. Por lo tanto, estoy convocando humildemente a que terminemos de hablar de modelos sociales opuestos, a que terminemos de hablar de clases dominantes y de clases dominadas. ¡Por favor, señor Presidente! Estamos viviendo en este Uruguay de hoy, en el que podemos sacudirnos muy bien esos esquemas. Yo pregunto en esta Sala: ¿dónde están las clases dominantes y las clases dominadas? ¿Por qué queremos seguir dividiendo una sociedad que ya no quiere estar dividida en esos términos? ¿De dónde nace esa división? ¿A quién vamos a seguir? ¿Al “nunca más”, que fue muy bien evocado aquí, que fue muy bien pedido aquí ‑al que me sumo‑, o vamos a seguir apuntando a esas alternativas violentas?

Señor Presidente: debo dejar constancia de mi absoluto desacuerdo en cuanto a reivindicar ‑como se ha hecho hoy‑ esos modelos de lucha de los estudiantes que no permanecieron en sus locales, sino que salieron a la calle a dar la pelea; no reivindico esos modelos como apropiados para el Uruguay de hoy. Porque de esa forma estaríamos sosteniendo una falacia tan brutal como la que se sostuvo en ese momento, la de que por esos métodos se puede lograr transformar algo, cuando ni siquiera se sabe qué es lo que se quiere transformar. Porque yo quisiera saber, si se aplicaran esos métodos hoy, qué es lo que se querría transformar.

Es por eso que yo, que hablo de asesinato cuando es un asesinato, que hablo de copamiento cuando es un copamiento, que hablo de robo cuando es un robo, que hablo de enfrentamiento cuando es un enfrentamiento, de secuestro cuando es un secuestro, y que no trato de enmendar planas de un pasado histórico, reconozco errores de todas las partes. Por eso celebro que este homenaje se convierta en una especie, diría yo, de búsqueda desde adentro de nosotros mismos de un tiempo diferente; una especie de catarsis ‑una más de las que hemos hecho durante estos años de convivencia en este recinto‑ para poder avanzar desde nosotros mismos hacia nosotros mismos, como representantes que somos de colectividades políticas, que si bien tienen ideologías absolutamente opuestas, algunas de ellas ‑otras, no tanto‑ tienen puntos de encuentro, como es el de buscar el bienestar de nuestra gente, el progreso, la justicia social y, por ejemplo, el país productivo, así como otras cosas expresadas en términos que parece que fueran solamente, yo diría, patrimonio de algunos partidos. ¿Quién de nosotros no ha buscado cada vez que ha podido, siendo mayoría o minoría dentro de cualquier Gobierno, un país productivo? Justicia social, que termine el hambre, la explotación… Pero ¡claro!, esa es una premisa tan interminable como lo es la historia de la humanidad de acá hasta su fin. Pero eso, señor Presidente, no reivindica muertes.

            En ese sentido es que creo que el mejor homenaje que podemos hacer a esos mártires estudiantiles es el de tratar de construir un país del que no se vayan 55 mil muchachos, como ha ocurrido en los últimos tres años. Creo que el mejor homenaje que podemos hacer a esos mártires estudiantiles es entender, señor Presidente, que fueron mártires no sólo del tiempo que les tocó vivir, sino de un condicionamiento ideológico que los empujó hacia determinadas actitudes que, lamentablemente, culminaron en esos hechos tan agraviantes para la condición humana. Es, entonces, en el marco de ese homenaje que yo también rindo homenaje a esos jóvenes y a los otros, a los que del otro lado también se sintieron desbordados, se sintieron agraviados, se sintieron agredidos.

Quién sabe cómo fue en ese momento, señor Presidente, la real historia. El balazo no entró por la espalda, entró por la pierna, y si vamos a discutir cada uno de los detalles vamos a saber que tal vez ninguno de nosotros tiene la verdad completa. En esas cosas puntuales, chiquitas, pequeñas, habría que ver qué dijo la doctora Alba Roballo en ese momento. Yo creo que la doctora Alba Roballo, que estaba de acuerdo con las Medidas Prontas de Seguridad y que formaba parte también del Gobierno del Presidente Pacheco, no dijo alguna de las cosas que aquí se dijeron, sino que fueron de otra época y otro contexto.

Ajustar nuestro pensamiento y ajustar nuestro discurso es el mejor homenaje que podemos hacer para que de ahora en más podamos, finalmente, empezar a entendernos desde estos lugares, que significa también que empiecen a entenderse otros que escuchan las cosas que nosotros decimos algunas veces, Presidente.

Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR NÚÑEZ.- Pido la palabra para una cuestión de orden.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Gerardo Núñez.

 

SEÑOR NÚÑEZ.- Señor Presidente: quisiera solicitar que la versión taquigráfica de todas las palabras vertidas en este homenaje sea enviada a la FEUU, al CEIPA, a la Coordinación de Enseñanza Media, al CEM, al Ministerio de Educación y Cultura, a los gremios de formación docente del Interior, a las Juntas Departamentales, a las Juntas Locales, a los Concejos Vecinales, a las Intendencias Municipales, a la Universidad de la República y a las Embajadas que se radican en nuestro país.

            Muchas gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Así se hará.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Pido la palabra.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Quisiera hacer extensivo el envío de la versión taquigráfica al Partido Nacional, a su Directorio y, particularmente, a las Intendencias y a los señores Intendentes del Partido Nacional.

            Gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Así se hará.

            Damos por finalizada la sesión.

 

(Es la hora 20:52)