ACTA N° 1.404

 

En Montevideo, a los veintinueve días del mes de julio de dos mil ocho, siendo la hora dieciséis y cinco minutos, celebró Sesión Extraordinaria la Junta Departamental de Montevideo, bajo la Presidencia de:

 

DON GASTÓN SILVA, Presidente; y,

DON ALVARO VIVIANO, 2do. Vicepresidente.

 

 

Secretaría de los señores: Alejandro Sánchez, Secretario General y José María Bidegain, Secretario General Adjunto.

 

Con la asistencia de los señores Ediles:

 

TITULARES

 

CANTERO, FITZGERALD                       LUJÁN, LUIS

FACELLO, GUILLERMO                          MARTINEZ, LUIS

FACHINETTI, ANGEL                               MENDIONDO, DAR

FERRER, PABLO                                      OSTA, GUSTAVO

FERRO, CRISTINA                                               RIPOLL, FERNAND0

GARÍN, GRACIELA                                   RONDÁN, GLENDA

GLOODTDOFSKY, ANÍBAL                    SÁNCHEZ, JAR

GRAFFIGNA, DANIEL

 

SUPLENTES

 

GONZÁLEZ, RAÚL

 

En uso de licencia los señores Ediles: Susana Pereyra, Ruben Prieto y Edmundo Estavillo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SESIÓN EXTRAORDINARIA DE CARÁCTER SOLEMNE EN HOMENAJE AL EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, DON JORGE PACHECO ARECO, AL CUMPLIRSE PROXIMAMENTE DIEZ AÑOS DE SU FALLECIMIENTO.

(EXP. 2008-1061).

 

SEÑOR PRESIDENTE (Gastón Silva).- Habiendo número en Sala, damos comienzo a la sesión extraordinaria en homenaje al ex Presidente de la República Jorge Pacheco Areco.

 

(Es la hora 16:03)

 

______Buenas tardes a todas y a todos los presentes en este reciento. Damos la bienvenida a los invitados: doctor Julio María Sanguinetti, ex Presidente de la República; señora Graciela Rompani de Pacheco Areco; doctor Óscar Magurno; Diputado Daniel García Pintos; Duilio Zuppardi, ex Edil de esta Junta Departamental, y a todos aquellos y aquellas que nos acompañan en esta oportunidad.

 

            Primero vamos a dar la palabra al Secretario General de la Junta para que lea unos saludos que hemos recibido.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Alejandro Sánchez).- “Montevideo, 28 de julio de 2008.

 

“Señor Gastón Silva,

 

“Presidente de la Junta Departamental de Montevideo.

 

“Presente.

 

“De mi mayor consideración: he recibido la invitación para la Sesión Extraordinaria en homenaje al ex Presidente de la República, Jorge Pacheco Areco. Lamento informarle no poder concurrir en esta ocasión, por lo que le solicito haga llegar mis saludos a familiares y amigos del ex Presidente Jorge Pacheco Areco.

 

“Saludo a usted con mi más alta estima, Ricardo Ehrlich, Intendente Municipal de Montevideo.”

 

(Aplausos)

 

______“Montevideo, 29 de julio de 2008.

 

            “Sr. Presidente de la Junta Departamental de Montevideo, Edil Gastón Silva

 

            “De mi mayor consideración:

 

            “En este día en que nuestra Junta Departamental sesiona extraordinariamente para recordar al ex Presidente de la República Don Jorge Pacheco Areco acercamos a usted la presente nota ya que reglamentariamente no estamos en condiciones de hacer uso de la palabra.

 

            “El mejor legado que el Presidente Pacheco nos ha dejado a los colorados y batllistas ha sido una sólida vocación de ‘luchar por causas nobles que significa vivir en plenitud’ o ‘no huir de las responsabilidades’, ‘en el acierto o en el error gobernaré y haré lo que mi conciencia me indique que deba hacer’.

 

            “Por ello en esta sala no sólo está el espíritu de Pacheco en el recuerdo, está vivo en el corazón de muchos señores Ediles, ya que 8 de nosotros, titulares y suplentes, nacimos o desarrollamos nuestra acción desde esa formación y ahí está el verdadero legado de Pacheco en la vida institucional de los montevideanos.

 

            “Porque repitiendo con él: ‘le ofrecemos al pueblo lo mismo que le pedimos, honradez y trabajo’

 

            “‘Soy un hombre que lucha contra todo lo que no sea el interés nacional’.

 

            “’Nuestras decisiones estarán inspiradas en una limpia y responsable intención de servir al bien público, nunca en el cálculo del aplauso fácil, no aspiramos a ganar circunstanciales voluntades a costa del país...’.

 

            “Cordialmente,

 

            “Dante Nieves, suplente de Edil

 

            “Partido Colorado.”

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Le damos la palabra al señor Edil Guillermo Facello.

 

SEÑOR FACELLO.- Gracias, señor Presidente.

 

            En primera instancia, además de destacar a las personas que usted mencionó, debo particularmente agradecer la presencia de la bancada del Partido Colorado, la del Partido Nacional y muy particularmente a los integrantes de la bancada del Frente Amplio, en una actitud que mucho los enaltece. Asimismo, hago extensivo ese juicio al mensaje que acabamos de recibir del señor Intendente Municipal de Montevideo.

 

            Señor Presidente: hace hoy diez años moría quien fuera Presidente de la República Oriental del Uruguay y líder de la Unión Colorada y Batllista, don Jorge Pacheco Areco.

 

            Por encima de todas las cosas, Pacheco fue un gran oriental, fue uno de nosotros, un representante de los valores y de las virtudes de nuestro pueblo. Valores y virtudes que pueden pasar inadvertidos en la vida cotidiana, pero que, como la clase de los atletas que se agigantan en la alta competencia, emergen con toda su nitidez y fuerza en los momentos decisivos de la vida, cuando los hombres de temple se diferencian de los timoratos y de los mediocres.

 

            Pacheco descendía de una familia cuya vocación política se extiende por varias generaciones: su padre, el médico Manuel Pacheco, fue legislador; su abuelo, Ricardo Areco, Canciller de la República.

 

Como tantos jóvenes de la clase media uruguaya, Pacheco cursó varios años de la carrera de Derecho sin recibirse, como ocurre con muchos de los inscritos en esa casa de estudios. También, como tantos hombres de la clase media uruguaya, Pacheco fue empleado público, profesor de Enseñanza Secundaria, deportista amateur y periodista.

 

La vinculación familiar con los Batlle Pacheco propició su carrera periodística. Fue sucesivamente redactor, editorialista y, finalmente ‑a la muerte de su tío Rafael Batlle, en 1961‑, asume la dirección del tradicional diario battlista “El Día”, fundado por don José Batlle y Ordóñez.

 

En las elecciones de 1966, Presidente, se plebiscitó y fue aprobada una reforma constitucional que suplantaba al Poder Ejecutivo pluripersonal vigente desde 1952 por la actual Presidencia de la República. La nueva Constitución buscaba subsanar las falencias que había demostrado el régimen colegiado de gobierno en los turbulentos años ’60, cuando el país fue conmocionado por olas de agitación sindical y por la aparición de movimientos armados que atentaban contra la legalidad democrática vigente.

 

            Aquí comienzan para nosotros, señor Presidente, las diferencias: su carácter y los tiempos que le tocó vivir a Pacheco le abren las puertas de la historia.

 

La reforma constitucional propuesta enfrentó a Pacheco con su tío César Batlle, descendiente directo de Batlle y Ordóñez e integrante de la familia propietaria de “El Día”. Pero como en toda su vida, Pacheco, fiel a sus convicciones, reafirmó su apoyo a la reforma y renunció a la dirección del diario “El Día”.

 

            Tenía ya Pacheco años de militancia partidaria y había sido Diputado cuando el general Gestido lo seleccionó como compañero de fórmula en las elecciones del ’66. Ganan las elecciones y Pacheco se transforma en Vicepresidente de la República, un cargo que normalmente representa un alto honor para quien lo desempeña, pero cuya trascendencia política es más que nada nominal. El general Gestido, un militar de larga trayectoria civilista en el batllismo, reconocido por su acrisolada honestidad y por su demostrada eficiencia como administrador, representó una esperanza para la ciudadanía uruguaya después de un ciclo de dificultades que pusieron en juicio la gobernabilidad del país y que condujeron a aquella reforma constitucional.

 

Pero la desgraciada circunstancia del fallecimiento de Gestido ‑cuando hacía apenas seis meses que había comenzado su mandato‑ introdujo una variable impensada en la historia nacional e, indirectamente, en la vida del señor Jorge Pacheco Areco. Asume Pacheco la Presidencia de la República ‑que seguramente jamás había pensado tener que desempeñar en forma permanente‑, y a partir de ahí se demuestran las condiciones de su personalidad y los valores que inspiran su conducta. A partir de ese momento emerge, del ciudadano común que había formado parte de la fórmula presidencial, ese perfil compuesto por todos los grandes valores de nuestra nacionalidad: el respeto al orden institucional, garantía de la libertad individual y del desarrollo de la personalidad humana; el sentido de la responsabilidad que nos lleva a hacer frente a las dificultades cuando hay que cumplir con las obligaciones del cargo que ocupamos, asumiendo los costos y los riesgos correspondientes; el espíritu de justicia, por el cual nos rebelamos ante los atropellos y los abusos a los derechos de las personas; la solidaridad con los menos pudientes, los que trabajan y viven de su salario.

 

Señor Presidente: Pacheco actuó siempre dentro de la Constitución y de la ley, y jamás se habría apartado de ella de haber sido reelecto para un segundo mandato. Ya lo he dicho yo  en esta Junta en otra oportunidad: con Pacheco reelecto no habría habido un golpe de Estado en el Uruguay, porque con la misma firmeza con la que hizo frente a la subversión de izquierda no habría tolerado el desacato de los militares ni de nadie.

 

(Aplausos)

 

______Se puede discutir su interpretación de los hechos y la conveniencia de las medidas que adoptó en el ejercicio de sus funciones, pero lo que nadie puede discutir es la entereza con que actuó, la honestidad material e intelectual con que se desempeñó y sus buenas intenciones. Pacheco defendió siempre la Constitución de la República. Culminó su mandato sin que la vigencia de la ley fuera vulnerada, y entregó el mando a su sucesor, surgido en elecciones en plena vigencia de las libertades democráticas. Así lo reconoció en su momento, señor Presidente, el general Seregni, citado por el periodista Samuel Blixen en su libro “Seregni, el día siguiente”. El general Seregni decía de Pacheco: “Aprendió rápido. Aprendió lo que era el poder y lo usó. Y hay que reconocer su inteligencia. Es cierto, contó con la complacencia del poder político, pero nunca transgredió la Constitución y la Ley”. No es justo entonces, ni razonable, reprocharle que se pueda haber equivocado al promover la candidatura de Bordaberry. Digo que fue un hombre de bien y un gran Presidente. No pretendo que haya sido infalible ni adivino; como se dice ahora, señor Presidente: Pacheco no tenía el diario del lunes para saber lo que iba a pasar.

 

            En la mejor tradición del Partido Colorado, escudo de los débiles, Pacheco veló por los intereses de los pobres y de los que para vivir no tienen más que su trabajo. Enfrentó decididamente la inflación; congeló precios y salarios; dejó fijos los ingresos, pero también veló celosamente por mantener los precios al alcance de los que menos tenían. Controló y persiguió a quienes violaron esta norma, y muchas empresas fueron sancionadas y clausuradas. También dejó en suspenso los lanzamientos y las ejecuciones, dando respiro a quienes estaban ahogados por las dificultades económicas del momento. Antes de la congelación se otorgó a los funcionarios del Estado un aumento salarial ‑más alto aún de lo que ellos pedían‑, y se les facilitó, además, un préstamo no reembolsable destinado a capear las dificultades del momento; y no estábamos en año electoral.

 

            Decía Pacheco: “La congelación de precios y salarios, decretada dentro del cuadro de las medidas prontas de seguridad, fue el recurso extremo e inevitable al que debimos recurrir para ordenar la vida económica del país...”. Y agregaba refiriéndose a los delitos económicos: “Que nadie que haya cometido daños o los cometa en el futuro en el plano económico o social duerma tranquilo. Redoblaré mis esfuerzos para que ninguno, ni el más encumbrado, escape al castigo”. “He luchado hasta la fatiga” ‑continuaba Pacheco‑ “contra la inflación, la delincuencia económica, contra los grupos de presión que asfixian al país.” “La usura, el agio, la especulación y toda clase de delitos económicos serán sancionados con la misma energía, en defensa de la población.” “La inflación” ‑decía Pacheco‑ “favorece a los poderosos, a los que no tienen sueldos o salarios fijos, sino porcentajes de ganancias, o a quienes integran grupos fuertes de presión. Y perjudica a los económicamente débiles, a las clases pasivas, a quienes no tienen fuerza de presión en el mercado de trabajo. Incluso dentro del mismo sector asalariado acentúa las diferencias entre los mejor remunerados y los que perciben ingresos más bajos.” “Vencer la inflación” ‑decía Pacheco‑ “es ganar la primera batalla por el desarrollo.” A propósito, veamos lo que dice el libro “Tendencias Recientes de la Economía Uruguaya”, publicado en 1986, y cuyo autor es el contador Danilo Astori. Astori dice que en 1967 la inflación en el Uruguay era del 136%. Un año después, había bajado al 66%, y en 1969, al 14%. Quiere decir, señor Presidente, que en dos años Pacheco redujo la inflación que encontró en el Uruguay en el momento de asumir la Presidencia ‑inflación de las mayores del mundo en aquel momento‑ a la décima parte. Hoy en día, seguramente, argumentarán que las herramientas que utilizó no fueron las mejores; puede que tengan razón, pero yo observo que una variedad del control de precios la está poniendo en práctica el actual Gobierno, y que la preocupación por detener las ejecuciones de hipoteca la tienen en este momento los gobernantes norteamericanos.

 

            Hoy también se habla mucho de la mujer en la política. Es bueno recordar, entonces, que fue en el gobierno de Pacheco que por primera vez en nuestro país llegó a ocupar un Ministerio una mujer, la senadora Alba Roballo, quien tiempo después estaría entre los fundadores del Frente Amplio.

 

            El sentido social de la obra de Pacheco es particularmente visible en la construcción de viviendas, en la infraestructura de la Salud Pública y en el reparto de tierras. Allí están el Parque Posadas y tantas otras obras como testigos.

 

            En 1969 crea el Plan Nacional de Viviendas; se da trabajo a la construcción, se hacen viviendas para la clase media y menos pudientes. El Banco Hipotecario asume con inspiración batllista una auténtica función social. Se crean los sistemas para la adjudicación de viviendas por ahorro previo, cooperativas o ayuda mutua. Al final del gobierno de Pacheco, señor Presidente, se habían entregado casi 4.000 viviendas; quedaban 11.300 para entregar, y 9.000 más en construcción. También habían obtenido la personería jurídica, durante ese período, 150 cooperativas de vivienda de ayuda mutua. En suma, se construyeron más viviendas durante los tres años de gobierno de Pacheco Areco que durante los 30 años anteriores.

 

            En salud, se amplió y remodeló el Hospital Maciel. Se financiaron las obras de Salud Pública con recursos propios, y se vendieron tierras de ese mismo Ministerio para que fueran usadas con fines sociales a través del Instituto de Colonización y de la Dirección Nacional de Viviendas. Así se habilitaron decenas de salas de cirugía, salas de parto, consultorios, miles de camas a lo largo y ancho del país.

 

            En cuanto al reparto de tierras, bandera tan agitada por otros, decimos que con Pacheco el Instituto Nacional de Colonización ‑que se había creado en 1948, y desde entonces había repartido solamente 15.000 hectáreas‑ tomó un nuevo impulso: se expropiaron al Estado y a particulares 200.000 hectáreas, que se distribuyeron dando prioridad a los egresados de UTU. Las tierras se entregaron a los colonos sin discriminación de ningún tipo y sin preguntarles sus ideas políticas. Por ejemplo, en Artigas se expropiaron 25.000 hectáreas a la sucesión Sylvia y Rosas para que allí se asentara la Colonia Doctor Eduardo Acevedo con 500 familias. También se expropiaron 16.000 hectáreas a la familia Marticorena, para crear la Colonia Doctor Emilio Frugoni.

 

            Pero no menos importante que la preocupación social de Pacheco fue el énfasis puesto en la afirmación de nuestra soberanía. El gobierno de Pacheco extendió nuestra soberanía a las 200 millas del mar territorial, ampliándola en 120.000 kilómetros cuadrados de espacio aéreo, lecho y subsuelo. Esto tiene importantísimas proyecciones industriales y económicas, porque reivindica nuestro derecho a explotar la riqueza ictícola de la región, defendiendo el trabajo nacional, y permitió impulsar la prospección petrolífera en nuestro litoral atlántico, proyecto del que se está volviendo a hablar en nuestros días.

 

            Tal vez se le pueda reprochar a Pacheco que muchas veces se haya mostrado intransigente. Pero ocurre que transigir es posible sólo cuando no están en juego principios ni derechos ni obligaciones que son irrenunciables. Un gobernante no puede renunciar al ejercicio legítimo de la autoridad cuando está en juego la estabilidad de las instituciones y cuando se vulneran los derechos más elementales del ser humano: la seguridad personal y jurídica, el derecho a la circulación y al trabajo, el derecho a vivir y a expresarse sin temer represalias ni agresiones, sin ser perseguido ni coaccionado.

 

            Decía Pacheco: “Podrán imputárseme errores, pero no omisiones en el ejercicio de la función de gobierno. La función que me impone la Constitución de la República de ejercer mis atribuciones” ‑continuaba diciendo‑ “la cumpliré no sólo por mandato constitucional, sino además por deber moral”.

 

            Se ha pretendido algunas veces que las medidas adoptadas por el gobierno de Pacheco crearon un clima de temor que trajo la guerra civil y la dictadura. Eso, terminantemente lo digo, no es así; la verdad histórica es completamente distinta.

 

            Ha dicho Jorge Batlle sobre Pacheco en su discurso parlamentario: “Le tocó vivir los momentos más dramáticos que pudo haber vivido Presidente alguno desde que el país vio la paz de 1904”. Fue así. Le tocó gobernar cuando se vivía en un clima de inseguridad y de temor, creado por los atentados con bombas, los robos, los secuestros de empresarios privados, de diplomáticos, de funcionarios del Gobierno y hasta de magistrados del Poder Judicial, y con el clima de intimidación que las personas corrientes sufrían en sus lugares de trabajo y de estudio. A eso se sumaron desórdenes callejeros de suma violencia que la autoridad pública, cumpliendo con sus obligaciones, no tuvo más remedio que reprimir. No fueron las medidas del Gobierno las que desencadenaron la espiral de violencia que nos envolvió y que produjo, desgraciadamente, pérdidas de vidas y daños materiales. El Gobierno, lo único que hizo, legítimamente, fue intentar mantener el orden, que es el único capaz de ofrecer garantías para todos. Fíjense, ustedes, que los que despreciaban el orden y la justicia burguesa sufrieron después los excesos de la dictadura, cuando ese orden contra el cual ellos habían atentado ya no existía.

 

            Pacheco decía: “Del beneficio que deje a la Nación el resultado de nuestra lucha, gozarán igualmente los que creen en nosotros y los que nos combaten”. Él luchó por el derecho de todos y por la libertad de todos. Lo hizo con buena voluntad, con excepcional valentía y con el único propósito de servir a la República.

 

            De la misma manera que lo han hecho Pacheco y los pachequistas, hemos estado siempre dispuestos a ofrecer nuestra ayuda para garantizar la gobernabilidad cuando existen autoridades legítimas. Aquí, en esta misma Junta, ustedes me han visto acompañar con mi voto a la mayoría, cuyas ideas políticas no comparto, en actos de gobierno en los que ese voto era decisivo. He sido criticado por alguno de mis correligionarios por eso, pero me siento satisfecho de haber actuado como demócrata y pachequista, aplicando el mismo criterio que llevó a Pacheco a dar su apoyo al Presidente Sanguinetti, al Presidente Lacalle y al Intendente Vázquez en su oportunidad. A Vázquez lo fue a visitar a su casa cuando fue elegido Intendente, y Pacheco le dijo que él no permitiría que los montevideanos fueran rehenes de enfrentamientos sectoriales. Ese criterio es el que he defendido y defenderé aquí como representante del grupo que lidera el señor Óscar Magurno, quien, como Pacheco, es un hombre de principios, de obras y de realizaciones.

 

(Aplausos)

 

______A quien legítimamente desempeña el gobierno, señor Presidente, creemos nosotros que hay que dejarlo gobernar. Eso es democracia y ese es el ideal de Pacheco, un uruguayo como todos nosotros, cuya condición de tal fue agudamente captada por el ex Presidente Sanguinetti cuando, hablando en el entierro de Pacheco, dijo: “Detrás de aquel hombre que sus adversarios veían como una roca impenetrable había, en definitiva, un uruguayo sencillo y afable, con profundo sentido del humor, en el que convivían la dicotomía extraña del caudillo épico con el sentido gardeliano de la amistad en su entrañable condición de identidad uruguaya”.

 

(Aplausos)

 

______Pacheco era uno de nosotros, y un día, por circunstancias del destino, tuvo que asumir la máxima responsabilidad que ofrece el Gobierno democrático y, sin habérselo propuesto, se encontró enfrentado a una situación crucial del país. En esa situación demostró sus condiciones de conductor y su indiscutible calidad de hombre de bien, de demócrata y de defensor de los más desposeídos.

 

            Señor Presidente: a Pacheco la historia no lo debe absolver de nada; la historia y el país le reconocieron y le reconocerán la impronta de una gran gestión, la que dejó sometida sin temor alguno al juicio de la posteridad, que es la única que juzga sin odios ni pasiones subalternas.

 

            ¡Viva Pacheco!

 

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra la Edila Cristina Ferro.

 

SEÑORA FERRO.- Gracias, Presidente.

 

            Celebro la iniciativa del señor Edil Guillermo Facello de traer hoy a Sala este homenaje a la figura de don Jorge Pacheco Areco. La celebro porque, además de su excelente intervención, que realmente ha recorrido vastamente todos aquellos aspectos que hacen a una gestión como la de Pacheco, es acorde a los merecimientos de esta figura, que supo dejar su impronta en el quehacer nacional. Además, señor Presidente, es también acorde a las exigencias de esta época, de una época en que para nosotros, los colorados en general, los colorados militantes, los colorados que abrazamos la causa, los que sentimos al partido, y mucho más los que tenemos la responsabilidad de ejercer espacios en los que representamos a otros colorados, es exigencia el recordar, el señalar, el traer a la realidad de la época actual estas memorias de otros tiempos que están corriendo el grave riesgo de ser distorsionadas. Por tanto, nosotros nos vemos obligados a recordarlas cada vez con más énfasis y con más reiteración a los efectos de que se conozcan por parte de la opinión pública, de que se conozcan por parte de nuestra propia gente y de estas generaciones que hoy incursionan en la vida política, que se merecen, señor Presidente, conocer la verdad.

 

            El Presidente Pacheco Areco fue un hombre de una especial percepción política, de una sensibilidad muy particular; un hombre que llega al Gobierno siendo poco conocido por el pueblo. Había sido Diputado; creo que alguna vez le escuché decir a un dirigente colorado líder de un sector político ‑que está en esta Sala acompañándonos hoy‑, el señor Alberto Iglesias, que el señor Pacheco Areco era representante de una monobancada por la Lista 10 en la Cámara de Diputados. Así fue como, por su bajo perfil pero por su actuación política permanente ‑por todos los hechos que destacaba el señor Edil Facello de esa época en que Pacheco se enfrentó a las autoridades del diario “El Día” para defender su ideario, ajustado, según entendía, al momento crucial que estaba viviendo el país‑, fue seleccionado por el general Gestido para acompañarlo en la fórmula. Pacheco accede a la Presidencia de la República por el lamentable fallecimiento del general Gestido, cuyo corazón generoso y amplio se vio realmente jaqueado por las circunstancias de aquel momento.

 

Un hombre que llega poco conocido se va, señor Presidente, ungido por el pueblo: nada menos que con más de 500.000 votos. Esos votos los logró no como candidato único de un partido político; esos votos fueron a Jorge Pacheco Areco, al que se había transformado a lo largo de esos años de Presidencia, en medio de las circunstancias más difíciles, de las crisis más perversas, en un carismático líder partidario y popular.

 

            Pacheco tuvo muy pero muy claro el objetivo de su Presidencia, su tarea. El objetivo era el país, el país y su gente. Las herramientas para llegar a ese objetivo eran su partido ‑el Partido Colorado, todo el ideario colorado y batllista que él había absorbido a través de su vida y de su actividad política‑ y el poder que como gobernante tomaba en el momento de asumir; poder que supo ejercer ‑lo señalaba el Edil Facello‑, y dio inmediata cuenta de esa capacidad de resolver, decidir y trasladar a la acción la más profunda convicción democrática, batllista, partidaria.

 

            Así, Pacheco Areco fue generando una línea de acción que fue criticada por muchos. Nosotros entendemos que las críticas que genera el accionar son válidas. Lo que queremos reivindicar, señor Presidente, como integrantes del partido y, por sobre todas las cosas, como demócratas, es la capacidad formidable de Pacheco de trabajar en un tiempo de crisis social, económica y política tan fenomenal; de trabajar gobernando con fuerza, con convicción, con coraje, siempre manteniéndose ajustado a la Constitución y a la ley, generando un nuevo concepto de autoridad en la nueva política uruguaya; autoridad que no se dejaba seducir ni convencer por las seudomayorías, aquellas que haciendo ruido, escándalo y estruendo querían, pero no podían, representar la voluntad popular. La voluntad popular era aquella que comprendía que Pacheco tomaba las medidas que tomaba siempre pensando en dos cosas importantes para la población en ese momento: mantener la seguridad interna y resolver la crisis económica. Las medidas prontas de seguridad fueron tomadas en ese sentido, para lograr la paz y para generar el camino rápido, viable, posible para acceder a las soluciones primarias de esa crisis que no nacía con el gobierno de Pacheco, sino que venía de antes.

 

            Decíamos, señor Presidente, que como gobernante Pacheco supo generar una corriente nueva de pensamiento que terminó gestando un liderazgo carismático que sembró un qué ver en la conciencia ciudadana que trascendió los tiempos.

 

            Hoy, a diez años de su muerte ‑y a muchos más de que su actividad política se fuera viendo disminuida paulatinamente, principalmente por razones de salud‑, hay detrás suyo tanta gente que lo vive, lo siente presente y lo reivindica, señor Presidente, que nosotros nos emocionamos cada vez que en círculos partidarios y políticos se nos traslada esa opinión, ese sentimiento de afecto, de cariño, de agradecimiento, de sujeción al líder por parte de tanta gente que aún hoy sigue reivindicando con orgullo ser pachequista.

 

(Aplausos en la Barra)

 

______Después de toda esa etapa que ha podido describir con tanto acierto el señor Edil Facello, quiero referirme a otra etapa de la vida de Pacheco Areco, a la etapa posterior a su Presidencia, después de terminado aquel tiempo difícil que recordamos muy bien quienes en aquella época ya militábamos en política. En el año ’71 tuvimos dificultades en las elecciones internas de Unidad y Reforma y debimos enfrentar disturbios permanentemente. Es cierto lo que dijo el Edil Facello: la historia no se escribe de un solo lado; no se escribe hablando de lo que pasaba en esa época e intentando plasmar la situación sólo como un estado de represión. ¿Qué sentíamos nosotros, los que no pensábamos como aquellos de la batahola, cuando queríamos militar políticamente en el grado más simple y más sencillo que nuestra organización partidaria permitía, que era el de transformar en clubes políticos nuestras propias casas, con los famosos cantones que teníamos instalados en Montevideo y en todo el país? Nosotros supimos de la agresión, supimos de la quema de banderas, supimos de la quema de pasacalles, supimos de las amenazas, y supimos lo difícil que fue trabajar en ese momento. Por eso sabemos que Pacheco, más allá de la enorme cantidad de votos que consiguió, y a pesar de haber sido tentado desde las Fuerzas Armadas para que siguiera en el poder, no lo hizo y sí supo plebiscitarse a la opinión ciudadana. Habiendo sido vencido en las urnas, entendió que lo mejor era retirarse del país y dejar que continuara adelante el Gobierno que se iniciaba, a efectos de no interferir en el mismo con su fuerte personalidad.

 

            Señor Presidente: la época en que comienza el alejamiento de Pacheco del país tiene también todo un significado en lo que respecta al mantenimiento permanente de ese líder con su gente. Tal es ese significado, señor Presidente, que llegado el tiempo de finalización de la dictadura él resuelve retornar. Luego de haber permanecido muchos años en el exterior, seguramente habría podido quedarse allí, amparado por sus amigos; seguramente habría tenido siempre un cálido espacio en el que estar acompañado y ser visitado, y habría seguido siendo siempre el mismo referente que había sido desde acá. Pero él decide regresar. Vuelve, retorna a la vida, a la actividad, político‑partidaria porque entiende que ese es su lugar, y su tarea, encolumnar desde aquí a su gente detrás suyo y aportar al Partido Colorado los votos que tanta falta le hacían para llegar adonde llegó el partido en la Presidencia del doctor Julio María Sanguinetti inmediatamente después de la salida de la dictadura.

 

            Es en ese momento, señor Presidente, que una vez más el señor Pacheco Areco demuestra lo que es: no solamente apoya enfervorizadamente todo el proceso del “cambio en paz” que tanto reivindicamos los colorados ‑particularmente los sanguinettistas, los foristas‑, sino que de ahí en más apoya la gobernabilidad. Pacheco siempre puso sus mejores hombres al servicio, primero, del país, y después, del partido. Porque no lo hizo solamente en los gobiernos colorados: también lo hizo en los del Partido Nacional ‑en el gobierno del doctor Lacalle, acompañándolo con su gente‑ y también, señor Presidente, como bien señalaba el Edil Facello, cuando hubo que resolver en la primera Administración del doctor Vázquez. Ese era su criterio: el de la unidad y el de la gobernabilidad. Hasta el final de sus fuerzas siguió intentando aportar esos votos con aquellas fórmulas presidenciales en las que varios compañeros de su sector le acompañaron y que permanentemente logró convertir en votos y en aporte esencial ‑repito‑ para los triunfos partidarios.

 

Era un hombre de unidad, a tal punto que muchas veces dejaba de lado sus intereses sectoriales, y especialmente los personales, en aras de esa unidad partidaria. Yo, señor Presidente, tuve oportunidad de conocer esa interpretación de la unidad que el señor Pacheco Areco tenía en ocasión de la candidatura del doctor Mario Carminatti a la Intendencia de Montevideo, instancia en la que tanto peleó y luchó para que fuera el candidato único del Partido. También pude conocerla en momentos, para quien habla, de dificultades muy particulares y personales en la vida política. Don Jorge Pacheco Areco supo marcar un camino de unidad, y supo, en el caso de quien habla, respaldar situaciones ‑repito‑ de dificultades políticas especiales.

 

Por eso, señor Presidente, a este hombre ‑que supo plasmar, también, en su retórica el doctor Sanguinetti, quien al referirse a él hablaba de bonhomía, de bohemia, de bondad detrás de aquella apariencia de hombre tan duro y tan firme‑, que le dio al partido lo mejor de su vida y su esencia, es que homenajeamos hoy con convicción.

 

Dicen, señor Presidente ‑y es una frase manida‑, que el tiempo es gentilhombre y que acomoda estas cosas en su lugar. El juicio será certero pasado el tiempo; se juzgará a Pacheco con sus luces y sombras, sus defectos y sus virtudes, pero, por sobre todas las cosas, con algo que nosotros queremos reivindicar en la noche de hoy: con respeto, señor Presidente, con el profundo respeto por alguien que supo conducir al país, que entró votado por el pueblo y se fue cuando el pueblo ‑más allá de haberlo votado una cantidad muy importante de ciudadanos‑ no le dio la posibilidad de alcanzar nuevamente la Presidencia.

 

Por eso, señor Presidente, nosotros queremos terminar estas palabras haciéndonos eco de un sentimiento que creemos Pacheco mucho contenía y preservaba en su espíritu, y que más de una vez hemos expresado en esta Sala. Hay una frase con la que el doctor Sanguinetti culmina su libro “Meditaciones del milenio” que a nosotros mucho nos impactó siempre. Ahora la aseveramos, repito, como el comportamiento y la actitud permanente de don Jorge Pacheco Areco: “La democracia es el más revolucionario de los principios y la libertad la más humana de las ideas”.

 

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el Edil Ángel Fachinetti.

 

SEÑOR FACHINETTI.- Muchas gracias, Presidente.

 

            En primer lugar, quiero dar la bienvenida al Secretario General del Partido Colorado y dos veces Presidente, Julio María Sanguinetti…

 

(Aplausos en la Barra)

 

_____ … a la señora de don Jorge Pacheco Areco, la señora Graciela Rompani

 

(Aplausos en la Barra)

 

______...al Diputado y amigo de don Jorge Pacheco Areco, el señor Oscar Magurno…

 

(Aplausos en la Barra)

 

______...a nuestro Intendente de Rivera, Tabaré Viera…

 

(Aplausos en la Barra)

 

______...a Alberto Iglesias…

 

(Aplausos en la Barra)

 

______...y al Diputado García Pintos.

 

(Aplausos en la Barra)

 

______Señor Presidente: si bien algunos creemos que usted, por su investidura, debía estar presente en esta sesión, no podemos dejar de reconocer que hoy esté aquí en este homenaje, que para muchos de los colorados ‑sobre todo para quienes somos filosóficamente pachequistas‑ es un homenaje sentido. En mi caso personal, vengo de una cuna pachequista: mi padre fue Diputado en los años 1966 y 1971, por Gestido y por don Jorge Pacheco Areco.

 

Asimismo, quiero agradecer la presencia de los compañeros de la bancada del Frente Amplio de la Junta Departamental de Montevideo. Creo que esto, más que hablar de debilidad, habla de fortalezas; habla de que los uruguayos tenemos la madurez política que debemos tener, por más que el homenajeado esté en las antípodas de nuestro pensamiento. En este caso, estamos homenajeando a una persona a la que valoramos con todo nuestro corazón, pero la actitud sería la misma si se tratara de alguien cuyo pensamiento político estuviera distante del nuestro.

 

            Señor Presidente: hoy se cumplen diez años de la muerte de don Jorge Pacheco Areco.

 

            En primer lugar, quisiera referirme a la época y a las circunstancias en que le tocó asumir la Primera Magistratura.

 

Cuando se produjo la muerte de don Oscar Gestido el país se encontraba padeciendo una crisis social e institucional como pocas, gestada por organizaciones clandestinas que trataban de imponer sus ideas por la fuerza. Don Jorge Pacheco Areco tuvo el temple necesario para seguir gobernando siempre dentro de los límites de la Constitución. Su mayor logro fue llegar al término de su mandato y entregar el poder al sucesor, elegido nada más ni nada menos que por el voto popular, en una clara muestra de su inquebrantable compromiso democrático.

 

Decía el entonces legislador Walter Santoro: “Las duras decisiones que debió tomar el Presidente Pacheco las tomó con la finalidad de que el sistema político pudiera superar la situación y proteger lo que para el Uruguay es un valor de carácter excepcional: sus instituciones republicanas”.

 

Por su parte, el Senador Penadés expresaba: “El Presidente Pacheco fue un gran ciudadano, un gran hombre público y un hombre que estuvo a la altura de las circunstancias en los momentos que tuvo que actuar”. Son conceptos que nos enorgullecen y que, por provenir de otro partido político democrático, nos dan pie para decir que en la defensa de las instituciones todos los demócratas somos pachequistas.

 

Ahora voy a entrar en su obra y en los aspectos más importantes de su gestión, que lo marcan como un gran estadista. Pese a la tormenta institucional que debió enfrentar, supo generar en el pueblo ese afecto, esa correspondencia, ese sentimiento de pertenencia que llevó a que el pueblo uruguayo lo idolatrara. Ante los especuladores ‑que, lamentablemente, siempre están‑, impuso primero la congelación y luego la regulación de precios de artículos de primera necesidad, porque la inflación que se duplicaba de un día para el otro se llevaba el alimento de los trabajadores y de los que menos recursos tenían. Los salarios se continúan evocando como una guía. La comparación nos demuestra un poder adquisitivo acorde a las expectativas de las necesidades de la población. Impulsó el Plan Nacional de Vivienda, que sigue siendo un orgullo y que permitió a la población acceder a un techo. Abrió para nuestro país el camino hacia la reivindicación de los derechos que en materia de investigación nos corresponden en el continente antártico, y sentó las bases para reclamar la llamada Zona Económica Exclusiva e impulsó el Tratado de Límites del Río de la Plata.

 

            Se trató de un demócrata, de un líder, de un verdadero estadista que logró las adhesiones de los sectores más populares y de los de más bajos recursos. Voy más profundo: los votos a favor de su reelección vinieron de todos los partidos políticos; fueron más de 600.000 votos. Se trató de un grande, de alguien que, por sobre todo, promulgaba su lealtad a la patria y estaba para colaborar. Supo ser mayoría, pero también supo ser minoría, y desde un lugar u otro siempre estuvo para construir. Como bien decía la Edila Cristina Ferro, con sus votos trató de dar gobernabilidad al Partido Nacional. Y, como bien decía mi amigo, el Edil Guillermo Facello, cuando el señor Presidente de la República Tabaré Vázquez, en ese momento señor Intendente Municipal de Montevideo, le pidió una reunión porque había unos temas que le importaban a Montevideo por encima de divisas, don Jorge Pacheco Areco dijo: “Si esto es bueno para los ciudadanos de Montevideo, para nosotros también es bueno”.

 

            Para el final voy a dejar lo que para mí resulta una enseñanza, y que es lo más importante que logro destacar de esta figura, de don Jorge Pacheco Areco. Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente destacamos su sencillez, que mantuvo durante toda su vida. Pacheco fue amigo de sus amigos; amigo con ese particular sentimiento de amistad que generaba, pero, por sobre todas las cosas, señor Presidente, Pacheco fue un hombre honesto. Es importante para nosotros en estos tiempos que vivimos decir que Pacheco vivió pobre y murió pobre, pero con algo que no se compra en la farmacia, que se llama dignidad. Cuando se fue, lo hizo muy ligero de equipaje, como lo hacen los grandes; lo hizo de pie, dando la cara, mirando a los ojos y levantando la bandera de su amado partido, el Partido Colorado, y de sus convicciones.

 

            Lo que sí produjo Pacheco es una contradicción: por un lado, se fue pobre en cuanto a lo económico, pero se fue rico y millonario en cuanto a los afectos de todo su pueblo y de todos los que lo quisimos y lo queremos tanto.

 

(Aplausos)

 

______Como dice el Diputado García Pintos, Pacheco vive en su pueblo, vive en esta gente que hoy ha venido a recordarlo: gente humilde, gente de trabajo que supo apreciar en él su hombría de bien, su poder de convicción, su lealtad y honestidad por encima de todas las cosas.

 

            Señor Presidente: en esta sesión extraordinaria hago público que nuestro sector, Fuerza Nueva Colorada, va a presentar una solicitud a la Comisión de Nomenclatura ‑al cumplirse diez años de su fallecimiento‑ para que una calle de la capital departamental, de nuestro querido Montevideo lleve el nombre de don Jorge Pacheco Areco.

 

(Aplausos)

 

______Con el orgullo de haber participado y de haber hecho uso de la palabra, termino diciendo que para los pachequistas y para los que somos filosóficamente pachequistas, que estamos en todos los sectores del Partido Colorado, hoy es un día de enorme importancia. Sigamos el ejemplo de don Jorge Pacheco Areco, de su honestidad, la que también vemos en los hombres de su confianza, como, por ejemplo, en Alberto Iglesias, cuando tuvo que presidir el Banco de Seguros; en el Diputado García Pintos, quien lleva varias Legislaturas en ese cargo; o en el ex Diputado Oscar Magurno, quien a través de la Asociación Española sigue su ejemplo y lo recuerda.

 

(Aplausos)

 

______Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el Edil Pablo Ferrer.

 

SEÑOR FERRER.- Muchas gracias, señor Presidente.

 

            En primer lugar, quiero explicar el significado político de mi presencia en la Sala de Sesiones durante la realización de esta sesión extraordinaria de homenaje. Sin dudas que habitualmente no es necesaria esta explicación, ya que simplemente es parte de nuestra obligación como Ediles concurrir a las sesiones del Cuerpo, sean de carácter ordinario o extraordinario. Obviamente, las circunstancias que se han dado en torno a esta sesión hacen que uno sienta la necesidad de iniciar su intervención explicando el alcance del significado político que tiene su presencia en Sala.

 

            En tal sentido, señor Presidente, queremos expresar que, además de estar cumpliendo con el deber y el compromiso que tenemos con la ciudadanía de asumir con plenitud esta tarea, estamos cumpliendo también con nuestro deber como personas, como ciudadanos y como demócratas al facilitar que se lleve a cabo por parte de un señor Edil un homenaje a quien fuese su líder político y principal referente de su partido, el Partido Colorado, en un tramo importante del último tercio del siglo XX, y eso es para mí motivo suficiente para estar en Sala.

 

            Aún más, señor Presidente: hay motivos para estar en Sala si a ello agregamos que esta sesión extraordinaria, este acto de carácter institucional, se lleva a cabo por iniciativa de toda una bancada partidaria y por toda la oposición política representada en esta Junta Departamental, que entienden justo y necesario rendir homenaje a esta persona.

 

            Señor Presidente: yo sé que una parte importante de nuestra población, particularmente los más jóvenes, nos reclaman dar vuelta la página. Pero también sé que no es fácil dar vuelta la página de la historia, y soy consciente de que quizás este tipo de actos de homenaje ‑tanto éste como todos los demás‑ no colaboren mucho en tal sentido, pero esto también es parte de la reconstrucción de la memoria histórica, memoria histórica que es necesario construir y reconstruir, pero que no puede ni debe reconstruirse en forma autoritaria, imperativa, autorreferencial, intolerante, ni singular; memoria histórica que no puede transformarse en el relato de los ocasionalmente vencedores, papel que precisamente hoy nos toca desempeñar, aunque no nos olvidamos de que es en forma ocasional.

 

            Señor Presidente: comparto poco y nada de lo que hasta el momento se ha expresado a lo largo de esta sesión, y probablemente el balance sea el mismo al finalizar la misma, pero mañana defenderé, al igual que ayer y hoy, el derecho a expresarse de quienes así lo han hecho, aunque no comparta sus opiniones, o, mejor dicho, defenderé su derecho a expresarse porque no comparto en absoluto sus opiniones; ese es, sin duda, el derecho de expresión que más vale la pena defender. Quizás en algún momento hasta me logren convencer de parte de sus argumentos, o incluso en todo, y visto en forma egoísta, quizás esté defendiendo su derecho a expresarse porque en definitiva es también parte de mi derecho a pensar libremente, sometiendo al juicio crítico mis propias convicciones frente a los argumentos de quienes no piensan como yo.

 

            Señor Presidente: si uno no se da a sí mismo la oportunidad ‑siquiera‑ de cambiar de opinión, de escuchar al que piensa distinto, al que mira la historia desde otro lugar, se transforma en autorreferencial, se congela, se paraliza y se niega a seguir cambiando, y yo creo que la vida es cambio, un cambio continuo, permanente, quizás hasta imperceptible por momentos, más rápido en otros; pero sin cambios difícilmente la vida merezca vivirse.

 

            Señor Presidente: nuestra fuerza política, el Frente Amplio, es evidencia misma de esto que estamos diciendo. ¿O es que acaso en ella no confluyeron ciudadanos de mayor o menor trascendencia que provenían de los dos partidos históricos y que habían tenido diferentes derroteros antes de llegar a la conformación del Frente Amplio, junto con los de partidos tradicionalmente de izquierda? ¿O es que acaso ninguno de los frenteamplistas, de ayer y de hoy, con mayor o menor relevancia, estuvo de alguna forma vinculado al proceso histórico protagonizado por quien está siendo hoy homenajeado? ¿O acaso en los años 60 y comienzos de los 70 todos quienes hoy integramos esta fuerza política coincidíamos en cuanto a concepción, método, táctica y estrategia? ¿O, por el contrario, teníamos grandes diferencias e, incluso, quienes no vivíamos en aquellos tiempos no diferimos hoy entre nosotros respecto de la interpretación histórica? ¿O es que acaso nunca representantes de nuestra fuerza política hemos acudido al homenajeado, o a quienes se consideran herederos de su legado, para encontrar en ellos la cuota de gobernabilidad que necesitamos para llevar adelante aspectos sustantivos de nuestro programa de Gobierno?

 

            Señor Presidente: yo aspiro a seguir cambiando individual y colectivamente; aspiro a alcanzar un futuro mejor, un país mejor, y aspiro a que todo eso sea posible hacerlo juntos, entre todos los uruguayos, y que en ese esfuerzo podamos encontrar sumadas las energías, las fuerzas, las ideas y los pensamientos de todos. Espero poder convencer a otros de que nosotros tenemos algunas razones más que ellos ‑aunque ellos puedan tener su cuota parte de razón‑, y difícilmente eso sea posible si comienzo por negar la posibilidad de que todos cambiemos. Por ello, incluso, es que entendí necesario estar presente en Sala, permitiendo con mi presencia ‑por decirlo de alguna forma‑ que se realizara este homenaje.

 

Señor Presidente: ahora sí quiero referirme, aunque más no sea en forma muy breve, a algunas características del período en que el homenajeado se encontró al frente de la máxima magistratura nacional, a los efectos de ilustrar cómo el cambio y el paso del tiempo hacen que muchos cambien de opinión en muchas cosas; es parte de este rico proceso.

 

En el plano político, el período se caracterizó por las Medidas Prontas de Seguridad como estado de excepción permanente; por la limitación de las libertades fundamentales; por la limitación de la libertad de expresión; por la censura y clausura de medios de comunicación ‑¡qué diferencia, señor Presidente!‑; por la prohibición y disolución de partidos políticos; represión policial; militarización sindical; asesinato de estudiantes jóvenes por el delito de manifestar en forma pacífica.

 

En el plano económico, como ya se ha dicho en esta sesión, se aplicó la congelación de precios y salarios, el control absolutista y autoritario de precios, lo que significó la aplicación del programa económico más antiliberal y más intervencionista que el país haya conocido en toda su historia.

 

Todo ello, señor Presidente, no fue posible sólo gracias a la acción y decisión del homenajeado sino, fundamentalmente, gracias a la concepción de ilustres pensadores ‑muchos de los cuales hoy, por ejemplo en el plano económico, son los más firmes defensores del libremercadismo‑ y, fundamentalmente, gracias al sustento político partidario en el marco de las normas constitucionales ‑como fuera dicho hoy en Sala‑ de una coalición entre la mayor parte de los dos partidos políticos históricos; estos dieron sustento político, parlamentario y legislativo al Gobierno de la época a través del respaldo a su acción.

 

Más tarde, señor Presidente, una vez que el homenajeado había abandonado la primera magistratura, podemos diferenciar muy claramente dos períodos en el último cuarto de siglo de su vida, en un juego de luces y sombras, de claros y oscuros.

 

Podemos identificar un primer período que se inaugura con su sucesión, con la elección de su sucesor y el apoyo a éste en el golpe de Estado desde el cargo de Embajador de la República en España. Colaboró con el régimen de facto desempeñando la representación diplomática del mismo en España, Suiza y Estados Unidos. Dio su apoyo al intento de reforma constitucional que pretendió eternizar el régimen cívico‑militar convocando a votar por el Sí.

 

El segundo período ‑para nosotros más de claros, más de luces‑ es el que se inaugura con la reapertura democrática y con la recomposición institucional del país. Su gesto político fue dar gobernabilidad ‑como también fuera dicho‑ a los diferentes Gobiernos de todos los partidos políticos, tanto a nivel nacional como departamental, bajo aquella máxima que sintetizara en una frase simple, de acuerdo con lo que trasmitiera el señor Magurno: “Hay que apoyar al que gana”. Con el recuerdo y el valor que se expresa en esa frase, que supone anteponer los intereses del país a los propios, es que nos quedamos.

 

Vaya nuestro respeto, señor Presidente, a su familia, a sus amigos y, particularmente, a quienes se consideran continuadores de ese legado al que nos referimos.   

 

Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Silva).- Tiene la palabra la Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Gracias, Presidente.

 

            Es harto conocido por mis compañeros que yo no iba a hacer uso de la palabra, pero hay circunstancias que me obligan a hablar.

 

            En primer lugar, señor Presidente, me quiero dirigir a la señora Graciela Rompani de Pacheco Areco, al ex Presidente Julio María Sanguinetti; al Intendente Tabaré Viera; al ex Diputado e integrante del Comité Ejecutivo Nacional, don Óscar Magurno; al integrante del Ejecutivo Nacional y del Ejecutivo Departamental de Partido Colorado, don Alberto Iglesias; al Diputado Daniel García Pintos; a los ex Ediles Alma Mallo y Duilio Zuppardi, y a todos ustedes, que hoy están aquí para recordar a alguien que debe estar en sus corazones.

 

(Ocupa la Presidencia el señor Edil Álvaro Viviano)

 

______Quiero agradecer a los Ediles del Partido Nacional por la compañía, y también a los Ediles del Frente Amplio, más allá de su “discrepancia”, entre comillas. A lo mejor se sortearon ‑salvo en el caso del Edil Ferrer‑ a quién le tocaba venir y a quién no... Mi amiga Graciela Garín se ríe; por algo será.

 

            A mí me gustaría saber ‑no lo voy a poder saber nunca‑ si esas banderas, uruguaya y del Partido Comunista ‑al cual respeto mucho‑, estarían colgadas ahí con esa intención si Arismendi estuviera aquí. Me atrevo a decir, sin ánimo de ofender a los compañeros del Partido Comunista, que no estarían ahí con esa intención. Lamento que ahora no esté el ex Presidente Sanguinetti en Sala, porque Arismendi y el doctor Sanguinetti tuvieron una excelente amistad, quizá porque a pesar de no ser cristiano, a Arismendi la lectura de los Salmos ‑que siempre tenía a mano‑ lo hacía ser tolerante. Es precisamente esa la razón por la cual yo hoy estoy haciendo uso de la palabra: por esas banderas que no homenajean, que ofenden. Aunque me hago cargo del dicho “no ofende quien quiere sino quien puede”, a mí no me ofenden; simplemente quiero que quede esa constancia.

 

            Yo nunca voté a Pacheco, nunca fui pachequista. Mis votos fueron del doctor Sanguinetti y, por siempre, del doctor Jorge Batlle; he votado una vez al doctor Sanguinetti, y luego, siempre al doctor Batlle.

 

            En esa elección en la que Pacheco obtiene esa cantidad abrumadora de votos yo lloré, porque tengo mi corazón: yo quería que ganara Batlle. Pero había ganado el partido.

 

El Frente Amplio ‑perdónenme la alusión partidaria, pero ya se han hecho varias‑ es un conjunto de partidos o de sectores, como quieran llamarlo. Nosotros también, y somos respetuosos de los otros sectores.

 

            Hay una cosa que es indudable: Pacheco no salió reelecto, no salió la reelección, pero que tenía 500.000 votos en su espalda, los tenía. Nadie obligaba a votar a nadie aquello, esto o lo otro. Nos ganó al resto de los colorados y al resto de los partidos en buena ley, y como yo creo que cuando alguien es elegido por la voluntad de la gente hay que respetarlo, no importa que no me guste, y con esto no estoy diciendo que no me guste totalmente. Creo que al doctor Bordaberry habría que haberlo respetado “hasta que”. Pero quiero dejar una cosa bien clara: una cosa es Jorge Pacheco Areco y otra cosa es Juan María Bordaberry. Juan María Bordaberry fue un dictador y Pacheco fue un Presidente elegido por el pueblo; son cosas bien diferentes.

 

            Como todos los compañeros se han referido extensivamente a la figura de Pacheco yo voy a hacer otro tipo de consideraciones, pero antes de continuar quiero felicitar de forma especial al Edil Guillermo Facello y quiero evocar algunas cosas que los que tenemos cierta edad y estuvimos juntos en ese momento podemos hacerlo con mucho orgullo: ¡Guillermo, hoy fuiste el del Cine Cordón, fuiste el que habló en el Cine Cordón cuando nos sacaron de a caballo a la calle! ¡Ese es Guillermo Facello, pachequista!

 

(Aplausos)

 

______Creo que lo peor que puede tener un ser humano es ocultar lo que es. Uno es lo que es, uno es sus principios, y eso es mi amigo, mi hermano Guillermo Facello.

 

            Creo que un ser humano político, mujer u hombre, tendría que tener tres condiciones que muchos que integran esta Junta tienen. Una de ellas es la tolerancia; no el sentir igual al otro en el sentido de pensar igual, sino sentir que el otro, aunque sea minoría, es mi igual. Por eso, vaya mi agradecimiento al discurso ‑porque acá todos venimos a decir lo que pensamos‑ del Edil Ferrer, a quien quiero felicitar y hacerle una chanza: evidentemente, Edil, usted será frenteamplista, pero los genes de su abuelo blanco están ahí; esos no se los va a poder sacar.

 

            Yo quiero decir qué es para mí ser batllista. Para mí, ser batllista, en primer lugar, es tener honestidad republicana. Yo no creo que Jorge Pacheco Areco haya sido deshonesto, dicho esto desde el punto de vista de la corrupción. Debemos ser liberales desde el punto de vista filosófico, tener la cabeza bien abierta para ser capaces de comprender a todo el mundo. También hay que ser humanistas, tener un profundo espíritu de justicia social y, repito, tener tolerancia.

 

(Ocupa la Presidencia el señor Edil Gastón Silva)

 

______Yo era grande cuando el Gobierno de Pacheco, y también ya era una mujer cuando la dictadura.

 

            Ya que hemos hablado de algunos temas políticos, señor Presidente, para terminar voy a hablar de un tema político que me importa destacar. Considero que en las Presidencias de todos los hombres, de todos los partidos, hay luces y sombras, y quienes pertenecemos a sus propios sectores a veces tenemos discrepancias. Porque perdón: aquel que no tenga discrepancias ‑aun con sus líderes‑, para mí es un ser que va tirado de la nariz. Podemos tener una serie de principios que nos hacen pensar casi igual, pero nunca puede haber dos personas que piensen exactamente igual; no existen. Pero durante su Presidencia jamás el señor Pacheco Areco, en un acto, emitió una sola frase político partidaria. De la misma manera que mi queridísimo compañero Edil Ferrer señalaba aquellas cosas que no le gustaban de un muerto, yo voy a señalar las de un vivo. Creo que si se pueden considerar antidemocráticas las Medidas Prontas de Seguridad ‑que están dentro de la Constitución‑, mucho menos democrático es que un Presidente electo por la gran mayoría de este pueblo diga en una reunión de Consejo de Ministros: “¡Hasta la victoria, siempre!”. Nunca Pacheco dijo: “¡Arriba los corazones!”, “¡Viva Batlle!”, ni nada de eso. Eso también hace que un Presidente sea democrático. Porque un Presidente es elegido por la gente que lo vota ‑se supone que por la de su partido‑ pero es el Presidente de todos y de todas, y Pacheco, con sus luces y sus sombras, fue siempre el Presidente de todas y de todos, cosa que hoy no es así; basta con mirar la prensa, y no estoy diciendo nada que no sea cierto.

 

            A los hombres no se los recuerda con palabras. Hoy estamos haciendo un homenaje, pero a los hombres y a las mujeres valiosos y valiosas que han tenido todos los partidos políticos que integran nuestras colectividades se les recuerda con acciones. Nosotros, que siempre militamos dentro del partido pero en otros sectores, tenemos un profundo respeto por los compañeros pachequistas; si bien en muchas cosas no pensamos como ellos, sabemos respetarlos.

 

            Lo otro que quiero decir es que esta bancada del Partido Colorado jamás dejó de estar en un homenaje que hiciera cualquier otro compañero. Es más, esta bancada nunca se quedó en silencio; siempre habló, más allá de las luces y las sombras. Ahora, hablando a título  personal, debo decir que esta mujer cree que todos los seres humanos tenemos luces y sombras, a veces tenemos más sombras que luces, y a cada quien, en la forma en que quiera,  le asiste el derecho a recordar a quien considera su líder; por eso mi profundo agradecimiento.

 

            Para terminar, señor Presidente, voy a usar una frase que Luis Batlle pronunció en un congreso de jóvenes hace muchísimos años ‑por supuesto‑ en el departamento de Salto. Nos dijo algo que a mí, por lo menos, me quedó grabado. Dijo así: “Nadie puede ser realmente libre si no es capaz de ser tolerante”. Solamente a través de la tolerancia es que nosotros y nosotras podremos recomponer un Uruguay que, hoy por hoy, a uno le da por pensar que parece que está mal herido, más mal herido que cuando la dictadura de Terra y que cuando la Guerra Grande. Entonces, apelemos todos a la tolerancia que cada uno debe tener para con el otro.

 

            Señor Presidente: por último, perdóneme una referencia bíblica: amar a quien me ama es muy simple; ahora, amar a los que me odian y me vituperan, eso sí es difícil. Quizá, como no somos perfectos ‑y me pongo en primera línea en esa falta de perfección‑, es que creo que debemos ser cada día más compañeros y más compañeras, porque cada día el Uruguay necesita de gente que se ocupe de las cosas que hay que hacer, en nuestro caso, por Montevideo. Acá hay muestras en el caso de algunos Ediles ‑entre los que me incluyo‑, que hemos votado con el Frente porque creímos que esa medida de gobierno era correcta, y en lo que a mí respecta lo haré tantas veces como lo tenga que hacer porque, como dice don Óscar, acá lo que hay que hacer es ayudar. Eso ha hecho el Partido Colorado siempre: ayudar a quien esté en el Gobierno, no importa el color, siempre y cuando éste mantenga los principios de respeto a la Constitución y a la Ley.

 

            Felicitaciones a ustedes, que después de diez años mantienen ese sentimiento vivo.

 

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Aníbal Gloodtdofsky.

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Señor Presidente: bienvenidos sean todos los invitados.

 

Quiero decir ‑quizá contrariando alguna cosa dicha‑ que creo que la belleza debe amonedarse en palabras y no sólo en acciones, y que es bueno decir las cosas que se pueden estar diciendo acá. No tenemos acción por delante, tenemos palabras, y a ellas nos vamos a lanzar.

 

            Quien habla nunca fue pachequista; es más, inició su actividad política enfrentando a Jorque Pacheco Areco. Allá, en las internas del año 1982, eran las fuerzas vinculadas al ex Presidente Jorge Pacheco las que enfrentaban al llamado Batllismo Unido, integrado por aquella sopa de letras, ABX y ACE, lideradas en aquel entonces por el doctor Julio María Sanguinetti y por el doctor Enrique Tarigo. Nosotros nos iniciamos allí. Así que la forja de nuestra imagen del señor Jorge Pacheco Areco es el punto de partida de una evolución hacia el conocimiento de un personaje que ha sido emblemático, señero, trascendental en la última mitad del siglo pasado y principios de éste.

 

            Tengo, además, en mi haber el mayor de los recuerdos: tener por norte y por guía en mi vida todas las enseñanzas que nos dejara el doctor Enrique Tarigo, formidable campeón de la libertad y de la democracia, que en aquel momento también enfrentara al señor Jorge Pacheco Areco.

 

            ¡Curioso! A pesar de esa actitud posterior al año ’85 ‑tantas veces registrada hoy en Sala‑, una noche, allá en el año ’93 ó ’94, el doctor Tarigo reconocía, primero, el invalorable patriotismo de Jorge Pacheco Areco por lo que había sido su apoyo a los gobiernos posteriores al retorno a la democracia, y, segundo, su increíble sentido del humor. No dejaba de ser revelador que un adversario, con las características personales que además tenía Tarigo, dijera lo que estaba diciendo.

 

En esa evolución que tuvimos a partir del año ’82 vivimos lo que es la propia identidad que nos hace colorados: el sentido de la construcción, la idea de ser constructivos, la idea de que cuando se vuelca la balanza lo hace siempre a favor de la esperanza, dejando el platillo del rencor en lo más bajo, porque es siempre, sin dudas, la condición natural de un colorado vivir para el porvenir y no vivir en el pasado. En tanto se viva para el porvenir, se vivirá con esperanza, y en tanto se viva en el pasado, se vivirá con rencor, con intolerancia, con gestos que nos avergüenzan en lo que es nuestra sensibilidad democrática.

 

(Aplausos en la Barra)

 

______Por eso, como bien señalaba el señor Edil Ferrer en sus muy buenas palabras, creemos en la importancia del cambio y en la posibilidad de que cada uno cambie, como cambié yo desde el año ’82, dejando las puertas y las ventanas de nuestros hogares, de nuestros lugares de trabajo y de nuestros despachos abiertas para que entre el viento fresco de la democracia, de la tolerancia, para poder entender que solamente en armonía, hablando, dialogando, procesando los conflictos a través de los mecanismos que nos da la democracia es que se puede construir república y con ella felicidad para los uruguayos.

 

            Digo, Presidente, que todo lo que ha sido valioso en la gestión presidencial del señor Jorge Pacheco Areco ha sido muy bien dicho desde el arranque mismo por el excelente discurso del Edil Facello. Creo que lo que marcó el Gobierno de Pacheco Areco no fueron las Medidas Prontas de Seguridad. Ahí estamos evaluando un Gobierno por una consecuencia y no por una causa. Lo que marca, lo que signa, ya no el Gobierno de Pacheco sino los de esos tiempos en toda América Latina, son los tiempos violentos, como aquella película de Quentin Tarantino; tiempos violentos que marcaron a toda América Latina. Hace unos días aquí homenajeamos a Salvador Allende, naturalmente que con la participación de todas las bancadas y de todos los Ediles en Sala, y hablábamos del famoso discurso en el que concreta la Unidad Popular el 6 de enero de 1970; allí el propio Allende advertía sobre el peligro de la asonada, sobre el peligro de aquellos que habían abordado a la Unidad Popular y marcaban un futuro de peligro, de violencia y de enfrentamiento. Además, advertía Salvador Allende que con esos tendría que tener la mayor autoridad para evitar los desbordes. Salvador Allende, un Presidente socialista, enfrentaba casi en el mismo tiempo circunstancias similares a las que enfrentaba Pacheco; la advertencia era la misma, y la solución naturalmente se vio con el correr del tiempo que la tenía el Gobierno de Pacheco Areco en el respeto a la Constitución y a la ley, y en el hacer respetarlas.

 

            Rescatamos en lo que es nuestro ejemplo personal en la evolución y la consideración de la figura de Pacheco Areco la idea de construcción y del partido constructivo. Rescatamos la idea de un hombre que sirvió al partido con la mayor honestidad, y rescatamos a un hombre que recogía en sí toda la genética de la mayor epopeya nacional. Este país no conoció más tiempos violentos ni mayor epopeya que aquella de la nueva Troya, que aquella de la ciudad sitiada, de los 30 años de Montevideo luchando por la independencia. Allí, en ese mismo tiempo, en ese mismo momento, hubo otro Pacheco que también supo ponerle el pecho y también supo hacer respetar la soberanía nacional, la independencia y el futuro de la República, que era don Melchor Pacheco. En esos Pachecos es que está la esencia del Partido Colorado; en esos Pachecos es que está la idea sobre la cual tenemos que trabajar para que la tolerancia, la democracia y la libertad sean siempre el tesoro de los uruguayos.

 

            Gracias, Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Señor Presidente; señoras y señores invitados; colegas Ediles del Partido Nacional, del Partido Colorado, del Frente Amplio: como bien dijera el Edil Pablo Ferrer, esta sesión es una sesión institucional de la Junta Departamental de Montevideo, en la cual los Ediles, electos por el pueblo, nos sentimos comprometidos con las normas, los reglamentos y las formas de existencia del sistema parlamentario.

 

Desde ese punto de vista consideramos que todas las verdades expresadas por los partidos son parte de la identidad de los propios partidos. Cada fuerza política aquí representada tiene su historia, tiene sus protagonistas, tiene sus íconos, tiene sus trayectorias, y somos respetuosos de las trayectorias de las fuerzas políticas que componen el escenario político nacional. En función de ello siempre apelamos al fondo de nuestra historia.

 

El Uruguay se conformó como Estado independiente no en un cuadro aislado, sino en un cuadro de inmensa presión geográfica de los países poderosos que nos rodean, ya sea por el norte, ya sea por el litoral de la República.

 

Cuando aquí se habla del Gobierno de la Defensa sabemos de la incidencia que tuvo en el Uruguay en aquel entonces la lucha entre los unitarios y los federales en la Argentina. Cuando hablamos de la Revolución de 1904, que se dio cerca de la frontera, también tiene una incidencia el norte del país. Inicialmente, la sociedad uruguaya sale confrontada y dividida entre los dos grandes partidos, y así se fue forjando el país, la nación, con amores, con alegrías y también con odios.

 

Debo decir que cuando la Revolución de 1904, en mi pueblo, en el departamento de Rivera, fue uno de los lugares donde más se sintió el antagonismo de las dos banderas, de los dos lemas, de los dos colores. Es más, debo decir que se ha escrito que en la herrería de un tío abuelo mío, blanco, Paulino García ‑casado con una de las primeras maestras de la ciudad de Rivera, mi tía abuela Galdina Bidart‑, se armaban fusiles para la Revolución de 1904. Por lo tanto, mi madre se llamaba Blanca Bidart y su hermano mayor, nacido en 1904, se llamaba Aparicio Bidart, por si había alguna duda de que mi abuelo, Pedro Bidart, era blanco. Pero mi padre, Osmi Mendiondo, era colorado, y mi abuelo, tan colorado era, que tuvo ocho hijos varones, a los cuales cuando cumplían cuatro años les daba un pañuelo celeste y uno colorado, y les preguntaba en portuñol: “¿Que cor tu gostas?” Y el menor de ellos le contestó: “Me gusta el celeste, porque tiene el color del cielo”. Y mi abuelo ‑domador, carrero, chacrero, que perteneció a una familia cuantiosa, fundadora de Rivera, que se instaló allí desde 1865‑, a quien quise mucho, tomó la decisión democrática de agarrar al niño y colgarlo de un árbol.

 

(Interrupción de la Edila Rondán)

 

______Sí, colgarlo en serio. Todos los hijos le salieron colorados, menos ese.

 

Joaquín Pedro Mendiondo fue Receptor de la Aduana de Rivera, a quien sacó la dictadura; era colorado batllista de la Lista 14. Un capitán de la Marina le dijo: “Joaquín Pedro Mendiondo”. Y él contestó: “Presente”. Y el capitán agregó: “Me tiene que entregar las armas largas y las armas cortas que tiene en la Aduana”. Y Joaquín Pedro Mendiondo contestó: “Las armas las entrego si el Ministro de Hacienda, que es mi Jefe, mi autoridad, me da una orden”. A las 48 horas fue cesado; 45 años de servicio en la Aduana de Rivera.

 

Mi tío, Juan Mendiondo, fue Comisario y Sub Jefe de Policía. Y podría seguir con toda la tradición de esos Mendiondo colorados de la primera hora.

 

Recuerdo que cuando el levantamiento de Paso de Morlán ‑en ese momento el caudillo político era don Romeo Ferrando‑ ese gran médico colorado riverista, Armand Ugón, hizo con el caudillo la lista en la cual estaba mi padre para venir a combatir, a defender al Gobierno de 1935. Eso se expresaba en la familia.

 

            El otro día decía yo aquí que mi abuela, Gabina del Junco Correa, que tenía un gran trabuco y fumaba chala, de niño me decía que los blancos eran buenos y los colorados eran malos. Iba mi padre y decía: “M’hijo: los blancos son unos blancos pillos”. Así fue nuestro departamento.

 

            Cuando se elige a don José Batlle y Ordóñez Presidente de la República contó con el voto de un blanco, que fue decisivo: don Eduardo Acevedo Díaz. Ese gran escritor uruguayo que escribió “Ismael”, “Grito de Gloria”, entre otras. Sin embargo, fue expulsado del Partido Nacional, tuvo que irse fuera del país y nunca pudo volver, porque dio su voto para que Batlle y Ordóñez fuese Presidente.

 

            Podemos hablar también del general Flores y de Berro, ambos muertos en esas luchas intestinas que había en el proceso difícil y complejo de la patria.

 

            Por lo tanto, la historia no arranca con el período sobre el que estamos debatiendo aquí. La historia nuestra, como narra Hudson en “Tierra purpúrea”, es muy profunda, muy honda, y de ahí la necesidad ‑y no quiero extenderme, señor Presidente‑ de la racionalidad para entender nuestros procesos e intercambiar y comprendernos, más allá de que no estemos de acuerdo con la mayoría de las cosas que aquí se han dicho sobre el señor Pacheco Areco, tal como dijera el Edil Pablo Ferrer. Pero todos los hombres tienen sus luces y sus sombras, por eso rescatamos también el criterio de gobernabilidad que tuvo Pacheco Areco con relación a diversos Gobiernos, fueran blancos o del Frente Amplio, como cuando el doctor Tabaré Vázquez asumió la Intendencia Municipal de Montevideo, y lo asumimos como una actitud positiva. Por supuesto que eso no lo exime de las críticas que nosotros le hacemos por una realidad terrible que sufrió nuestro país, que no fue sólo producto del Uruguay, sino de una situación de América Latina y del mundo que ejercía influencia y actuaba sobre nosotros. Ahí fuimos todos protagonistas, unos de una manera y otros, de otra.

 

            Como Presidente de la Comisión de Nomenclatura el otro día recibí una solicitud para ponerle a una plaza el nombre de Francisco Lavandeira. Fui a la historia de Lavandeira: fue un joven asesinado en la Plaza Zabala, allá por el año 1863. Principista; un héroe de las luchas políticas, como fue un héroe de la lucha estudiantil Liber Arce. ¿Quién lo puede negar? Justamente, en ese momento estaba el Gobierno de Pacheco Areco. A esa realidad me refiero yo; por eso lo de la razón de la sinrazón que la razón tiene, de que hablaba Cervantes.

 

En el Uruguay también estamos en un proceso de construcción de memoria y de identidad. No dejemos que la pasión nos ciegue, busquemos la racionalidad. No sólo me inspiro en elementos nuestros, me inspiro en un gran patriota, en un gran luchador, en un gran hombre de la historia brasileña que se llamó Luís Carlos Prestes, teniente, que encabezó una marcha inmensa en Brasil, más larga que la marcha de Mao Zedong, una marcha de un millón de kilómetros que se llevó a cabo en el año 1927. Fue un militar, un héroe nacional, luego Senador; fue perseguido y encarcelado por Getulio Vargas; Su mujer fue enviada a Alemania y murió en un campo de concentración. Estando preso, un teniente quiere levantarse contra el Gobierno de Getulio Vargas y Luís Carlos Prestes le dice lo siguiente: “Nadie como yo puede tener tanta antipatía y tanta aversión por Getulio Vargas, pero primero está Brasil. Todo lo que se haga para debilitar al Brasil será nuestro propio debilitamiento”. En esa línea está mi espíritu al estar hoy acá.

 

Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Álvaro Viviano.

 

SEÑOR VIVIANO.- Gracias, Presidente.

 

            En primer lugar, nosotros estamos en este homenaje como hemos estado siempre en cada uno de los homenajes propuestos, más allá de las líneas de pensamiento, más allá de los proponentes, porque entendemos que los actos institucionales que determina el Cuerpo no merecen otro tipo de actitud de los señores Ediles.

 

            Yo, señor Presidente, como wilsonista que soy, debo confesar ante el público, ante los presentes, ante el propio Partido Colorado, que la figura de Pacheco Areco no es una de las figuras políticas de ese Partido Colorado que más me atraiga, leyendo, analizándola, viéndola desde una perspectiva histórica; debo decirlo con total lealtad porque creo que es lo que corresponde. Pero también reconozco que varias de las actitudes políticas que asumió al cabo de su historia merecerían ser valoradas, aunque más no fuera durante unos breves instantes.

 

Revisando notas de su vida personal pude ir encontrando aportes verdaderamente interesantes, no de su vida política sino de su vida como periodista, como deportista ‑por su afición al box; si no me equivoco, es de ahí que viene su apodo de el “Bocha”‑, actividades que, además, lo llevaron a obtener reconocimientos en la esfera internacional, también por sus destacadas actuaciones.

 

            Es obvio ‑y el Cuerpo hoy está dando cuenta de ello a partir de las distintas intervenciones‑ que Pacheco, al igual que muchos de los grandes líderes que ha tenido la rica historia política de este país, no ha transitado en forma indiferente, en absoluto. A partir de ello, como es notorio, tuvo adherentes fervorosos ‑que aún mantiene‑, y ha tenido, también a lo largo de su vida política, detractores ‑digamos‑, y muy acérrimos. Es más: de esa dicotomía seguramente provenga hasta la denominación popular de su sector político, pachequismo o pachecato, como popularmente ha sido recordado y mencionado, según el lado del que se mire; situación que seguramente no es deseable por nadie, porque esas cosas hablan, de alguna manera, de pequeñas señales de resentimiento o intolerancia que, por lo menos hoy, no pretendemos en nuestro país.

 

            Yo creo que todos estos homenajes deberían, más que plantear nuestras diferencias históricas y nuestras distintas posiciones al cabo del tiempo, hacernos reflexionar acerca de esas situaciones en particular y llevarlas al tiempo de hoy para tratar de revivirlas y, también, para aprovechar las enseñanzas de la historia. Yo creo que es un momento vivo que hoy está contagiando a todos y cada uno de los actores democráticos de este país, en el que seguramente parte de la vida política de Pacheco Areco calzaría a la perfección. Uno mira hoy varias acciones de gobierno, en un Gobierno de izquierda, y pensaría que éstas no están tan lejos de las que fueron ‑en materia de comercio, control de precios y demás‑ algunas de las acciones típicas del gobierno de Pacheco Areco.

 

Yo creo que no podemos, de ninguna manera, descontextualizar el análisis de esta figura de un difícil y particular momento de nuestra historia, de que gobernar, por encima de todo, importa poner autoridad. Vaya si no es para los gobernantes un karma manejar esa situación, porque saben que, por encima de todas las circunstancias, tienen que poner autoridad. Pacheco Areco la puso; la puso en el marco de la Constitución y de la ley. Es obvio, quizás en el pensamiento de algunos de nosotros, y absolutamente discutible, si el momento histórico en que se dispusieron las Medidas Prontas de Seguridad era el más conveniente para el derrotero que tuvo después nuestra patria. Es obvio que para nuestra manera de pensar hay situaciones que calaron muy hondo. Por ejemplo, quizá sin darse cuenta y lejos de estar en su intención, por añadidura se fue precipitando un proceso accidental en nuestra patria que terminó, luego de fracasado el proceso de reelección, en la asunción de Bordaberry como Presidente. Eso para nosotros es un doble dolor: en primer lugar, porque precipitó la dictadura; y, en segundo lugar, porque seguramente en el gobierno de Pacheco ‑como bien dijo el compañero Facello‑, o en el gobierno de Wilson Ferreira no habría ocurrido lo que en definitiva ocurrió en este país.

 

            Para terminar, señor Presidente, quisiera traer a Sala una pequeña semblanza que hemos recogido de su vida, en algunos casos remarcada por los señores Ediles del Partido Colorado. Fue un hombre honesto, fue un hombre probo, y eso en la vida también vale e importa mucho.

 

            Yo quiero leer parte de una nota que le hiciera el diario “El País” a Juan Florencio Morales Benítez, quien fue chofer y guardaespaldas de Pacheco cuando éste se desempeñó como Embajador en Estados Unidos, publicada el día 24 de agosto del 2005. Dice así: “El “Bocha” era un verdadero bohemio. Amaba la política, el periodismo y la vida en sí misma. Tan bohemio, que el día que tomó el avión de retorno a Montevideo todo su capital lo llevaba en el bolsillo. Eran sólo U$S 500; se lo juro. No tenía dónde vivir”.

 

            Gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted.

 

            Tiene la palabra el señor Edil Luis Luján.

 

SEÑOR LUJÁN.- Gracias, Presidente.

 

            En primer lugar, quiero decir que este Edil y toda esta bancada están aquí por convicción ‑convicción que muy bien definió el Edil Ferrer‑ y por el compromiso asumido con esta institución sobre la base de nuestro espíritu democrático. Tengan claro que vamos a estar presentes en todas aquellas instancias que la institución nos lo pida, como también vamos a estar el próximo mes de agosto cuando rindamos homenaje a Líber Arce. Eso lo queríamos dejar claro porque es parte de esa tolerancia de la que hablaba el Edil Ferrer y es parte de ese convencimiento histórico. Los uruguayos estamos tratando de recomponernos como país y como sociedad, y tenemos la convicción de que es en estas instancias en que la memoria empieza a formar parte de nuestra cultura y de nuestro quehacer político.

 

También quisiera aclarar algo que dijo una Edila que me antecedió en el uso de la palabra. Este país no está mal herido como se afirmó hace un instante. Si estuviera mal herido, este homenaje no se estaría realizando. Comparar este país, el actual, con el de la dictadura de Terra y con el de 1904 me parece una exageración y una falta de evaluación del momento histórico que estamos viviendo, nos guste o no nos guste, en pleno goce de nuestras libertades y recomponiéndonos como país y sociedad. Esta institución está homenajeando a esta figura a raíz de un planteo traído a Sala por el Edil Facello, y la bancada del Frente Amplio está presente en esta Sala. Decimos esto no para contestar una alusión, sino para plantear que no se puede hacer una afirmación de ese tipo en cualquier instancia ni en cualquier momento. Por lo tanto, lo queríamos dejar claro antes de comenzar.

 

            La mayoría de esta bancada nació en la década del ’60; yo, al menos, nací en esa década. Mi acercamiento a esta figura se dio básicamente por intermedio de la historia, de los libros, de la lectura, de la reflexión. Luego, cuando ya éramos un poco más grandes, vino el plebiscito del ’80, en momentos en que el país vivía una encrucijada. Ahí empezamos a tener diferencias con el homenajeado. Posteriormente seguimos con una serie de diferencias, y a medida que íbamos creciendo nos íbamos informando; íbamos conociendo la historia económica, el contexto regional, las luchas parlamentarias, lo que pensaban los diversos partidos y personalidades históricas sobre la persona hoy homenajeada.

 

            Después de tantos años, la convicción que tengo, como decía el Edil Ferrer, es que me separa de esta situación una gran diferencia de evaluación del momento histórico, de las decisiones tomadas ‑porque lo que tomó el homenajeado fueron muchas decisiones en momentos críticos, las que no comparto, pero las tomó‑; hago esta evaluación en función de los hechos, de los actos. La particularidad básicamente es que no todos habríamos tomado las mismas decisiones para el mismo hecho, en el mismo momento. ¿Las Medidas habrían tenido el mismo tenor si las hubieran tomado otras personalidades? No se sabe. Ahora, yo ‑por lo menos, voy a hablar en primera persona‑ hoy evalúo y miro lo que pasó posteriormente y llego al convencimiento de que dichas Medidas que fueron extremadamente equivocadas para el momento que estaba viviendo el país. Por eso me separan ‑lo digo con respeto‑ enormes diferencias históricas, ideológicas y políticas sobre las decisiones tomadas en ese momento.

 

            Por eso es que hoy, como bancada, teníamos la obligación de plantearlo, porque también forma parte de la construcción de la memoria histórica y política. La memoria política de este país también incluye los hechos parlamentarios, porque también dieron lugar a lo que vivimos posteriormente. Fue una sucesión de errores que luego llevaron a una crisis institucional: pasamos 13 años de la peor época de este país.

 

            Básicamente, compartimos lo que hoy planteaba el Edil Ferrer respecto a las valoraciones históricas. Podríamos hablar muchísimo en ese sentido, pero nosotros no somos políticos haciendo historia: somos políticos evaluando la política y el desenvolvimiento del país desde el ’60 en adelante. Hoy también hay consecuencias, por eso hoy también estamos haciendo memoria, memoria de ese momento histórico, porque, si no, no tendríamos  homenajes por venir. En esos momentos sucedieron hechos políticos a raíz de decisiones tomadas por hombres, por instituciones que funcionaban a veces, decisiones que nosotros también decimos que no fueron tomadas en forma y con los contenidos que la Constitución establecía.

 

Por eso, y por muchas cosas más, si bien estamos acá, no compartimos este homenaje. La bancada tenía la obligación institucional y política de manifestar, con el debido respeto y la tolerancia que se merecen los convocantes, nuestra opinión sobre esta figura.

 

Vaya nuestro saludo al Edil Facello y a las bancadas del Partido Colorado y del Partido Nacional.

 

            Gracias, Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Raúl González.

 

SEÑOR GONZÁLEZ (Raúl).- Gracias, señor Presidente.

 

            En primer lugar, quiero aclarar que estamos presentes en Sala por decisión propia, por respeto a quien propone el homenaje, en respaldo al Presidente del Cuerpo, y no por ningún sorteo. Es ofensivo para quien habla y para esta bancada que se piense que estamos aquí por sorteo. Estamos aquí, y vamos a tener que estar mañana en nuestros lugares comunes, con nuestros vecinos, con nuestros amigos, en los comités de base de nuestra fuerza política rindiendo cuentas de por qué estamos aquí. Este es un acto de madurez política de esta bancada del Frente Amplio.

 

            Dicho esto, nosotros creemos para que poder hablar, estudiar o analizar al homenajeado en el día de hoy es necesario recurrir a un montón de crónicas de la época, y no basarse en historiadores. Hay que analizar, desde fines de la década del ’50, la economía del Uruguay, de la Suiza de América, los beneficios que le había traído la Guerra Mundial a este país. Cuando finaliza esa Segunda Guerra y sus efectos benéficos para el Uruguay empezaban a mermar, empieza a cambiar la  historia de este país. La guerra de Corea trajo cierto respiro, pero eso no duró mucho. También comienza a perder poder adquisitivo el salario de los trabajadores de este país, que con tanta lucha estos habían conquistado. Obviamente, es una reacción natural. Pero decíamos que debemos analizar la situación desde fines de la década del ’50. La sucesión Nardone‑Gestido‑Pacheco‑Bordaberry marca un antes y un después en la historia de este país.

 

            Obviamente, estamos en las antípodas, pero en las antípodas, de las ideas de Jorge Pacheco Areco, por la formación que hemos adquirido, que, justamente, es de quien enfrentó en esa época a lo que vamos a llamar el pachecato. Pero lejos está de quien habla transformarse en un tribunal que juzgue.

 

Nosotros decimos que quienes estuvieron en aquella época y quienes estamos transitando esta época tenemos la responsabilidad institucional y patriótica de aportar todos los elementos necesarios para que, cuando ninguno de nosotros esté presente sobre esta tierra, alguien pueda escribir la historia para que hombres y mujeres puedan juzgar sobre la base de ella. La historia no es la que juzga: los que juzgan son los hombres y mujeres que leen la historia. Es una gran responsabilidad que tenemos cada uno de los que estamos participando en la vida política de este país tratar de dar los datos más objetivos sobre cada uno de los acontecimientos de la historia.

 

Lo que surgió durante y después del pachecato le duele a todo este país. Más de 350 muertos y desaparecidos en Uruguay y en la región.

 

(Murmullos)

 

______No nos afiliamos a la idea de qué habría sucedido con una reelección...

 

(Murmullos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Vamos a solicitar silencio de parte de las señoras y señores Ediles.

 

            Puede continuar.

 

SEÑOR GONZÁLEZ (Raúl).- Muchas gracias, señor Presidente.

 

            Como decíamos al inicio de nuestra intervención, en un acto de responsabilidad y tolerancia, estamos y nos mantenemos en Sala...

 

(Murmullos)

 

______...aunque el acuerdo previo era que la responsabilidad de mantener el quórum era de las bancadas del Partido Nacional y del Partido Colorado. Nosotros, en un acto de grandeza y de responsabilidad, nos mantenemos en Sala y no nos vamos a ir por más que nos moleste lo que digan algunos Ediles.

 

(Murmullos)

 

______Mucho se ha escrito sobre el homenajeado, y algunos se pueden afiliar a una tesis de lo escrito, y otros, a otra. Pero no es un dato menor...

 

(Murmullos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Perdón, señor Edil.

 

            Vamos a solicitar por segunda y última vez que se respete a quien está hablando, como todos y cada uno hemos respetado a quienes hablaron anteriormente.

 

            Gracias.

 

            Prosiga.

 

SEÑOR GONZÁLEZ (Raúl).- Gracias, señor Presidente.

 

            Queremos citar lo que decía Real de Azúa de Jorge Pacheco Areco en su libro “Política, poder y partidos en el Uruguay de hoy”. A mí me ayudó a entender algunas cuestiones, obviamente desde mi punto de vista. Decía: “El presidente es tataranieto de su homónimo, el preboste de Blandengues Jorge Pacheco (1762-1832), famoso por su dureza en la tarea de ‘ordenación de los campos’ en los años preliminares a la Revolución (se le atribuye a la invención de la práctica de los ‘enchalecamientos’) y sujeto tan colérico que dice la tradición que murió de un ataque de rabia cuando, ya muy enfermo, se le sugirió que se confesase. Fue desterrado en 1826 por el gobernador Delgado Joaquín Suárez de todo el territorio de la Provincia Oriental por ‘tentar la honorabilidad y delicadeza’ de los representantes de la Provincia, tratando de ‘inculcarles sus propias ideas y principios desorganizadores’. Su tío bisabuelo, el general Melchor Pacheco y Obes, fue también renombrado por su crueldad, tanto en Mercedes, después de la batalla de Arroyo Grande, como en la Defensa de Montevideo, donde preconizó la política de los fusilamientos ejemplarizantes.

 

            “De familia antigua aunque modesta, y sin otra actuación pública o privada que inconclusos estudios de derecho y un persistente entusiasmo por el boxeo, Jorge Pacheco despertó, en plena juventud, la simpatía de su pariente César Batlle Pacheco, el retraído hijo mayor de Batlle y Ordóñez, dueño de cuantiosa fortuna y de un considerable caudal de influencia política. El brioso púgil de viril arrogancia vio abiertas entonces por todo lo alto las puertas del diario ‘El Día’, el legendario bastión periodístico del batllismo, ‘la caverna’ de persistentes rencores y reflejos, lemas y lenguajes mantenidos sin cambio por más de medio siglo. Tras desempeñar paralelamente funciones aduaneras de las que salió con renombre de probo sino de laborioso, y luego de cuatro años más, durante los cuales, electo diputado por Montevideo, mantuvo en el Parlamento un mutismo casi invariable, Pacheco debió abandonar el grupo codirectivo de ‘El Día’, que entonces integraba, a raíz de su adhesión a la candidatura presidencial del general Oscar D. Gestido. Si se atiende a que este prohijaba la reimplantación del unipersonalismo presidencia y la derogación del ejecutivo colegiado, niño de los ojos de ‘la mística batllista’, ya fue fácil ver qué escasamente internalizados tenía este integrante del ‘inner circle’ bátllico los principios vertebradores de la ideología de su partido.

 

            “De su selección como compañero de fórmula presidencial de Gestido se sabe que este desechó, por una parte, la alternativa de nombres más brillantes por menos cómodos, y que otras ofertas previas de la candidatura vicepresidencial ‑caso del embajador Lacarte Muró‑ le fueron rechazadas a su vez. En noviembre de 1966, como es notorio, fue ratificado plebiscitariamente el proyecto presidencialista ‘naranja’ y el general Gestido resultó triunfante entre los varios candidatos que contendían con él por la nominación dentro del lema vencedor. Ascendió al poder en marzo de 1967, sin que casi nadie atendiera a la figura que lo acompañaba pero, menos de nueve meses más tarde, la muerte repentina del general dio paso a esa figura como presidente de todos los orientales.”

 

            Con la muerte del presidente Gestido, Carlos Quijano escribía en “Marcha”, en noviembre de 1967: “He aquí la muerte llegada, sigilosa, y todo lo trastorna. Porque este repentino desenlace es en las circunstancias actuales una catástrofe nacional”.

 

            Tal vez con esa visión se analizaba lo que podía venir en este país.

 

            Existen estas visiones y también existen las otras que hemos escuchado hoy. Justamente, para que los hombres y mujeres del mañana puedan leer, analizar y escribir un juicio sobre la historia, debemos dar todos los puntos de vista objetivos, con altura y con respeto.

 

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑORA RONDÁN.- Pido la palabra para una cuestión de orden.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Silva)- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán para una cuestión de orden.

 

SEÑORA RONDÁN.- Quiero saber cuál es la bibliografía que utilizó el Edil Raúl González.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Silva).- Consta en actas: Real de Azúa.

 

            Para finalizar, tiene la palabra el señor Edil Osta.

 

SEÑOR OSTA.- Gracias, señor Presidente.

 

            Al tributar hoy homenaje al ex Presidente Jorge Pacheco Areco la Junta Departamental realiza un acto de justicia y de dignidad, en la medida en que en otros ámbitos de mayor envergadura institucional, como el Parlamento Nacional, no fue posible hacerlo porque no se contó con el apoyo de la bancada mayoritaria.

 

            Ha hecho muy bien el Edil Facello ‑apoyado por todo el Partido Colorado‑ en traer a la Sala de esta Junta Departamental este importante homenaje, en el que contamos con la presencia de la señora Graciela Rompani; del Secretario General del Partido Colorado, doctor Sanguinetti; del Intendente de Rivera; del señor Iglesias, ex Diputado; del Diputado García Pintos; de don Oscar Magurno, ex Diputado, amigo e integrante del Comité Ejecutivo Nacional, y de una cantidad importante de personas, ciudadanos que han venido hoy aquí a tributar homenaje a don Jorge Pacheco Areco.

 

            Estamos homenajeando a un Presidente de la República, señor Presidente. Quizás en este aspecto el Partido Colorado tenga una ventaja institucional: cuando miramos con orgullo la historia vemos una gran cantidad de personas, una gran cantidad de Presidentes que han puesto su obra en las calles de Montevideo y en las de todo el país, en nuestras banderas, en nuestros himnos.

 

Nos parece que rendir homenaje a un Presidente es un hecho de relieve institucional fundamental; ello, señor Presidente, desde el punto de vista institucional, no es lo mismo que  homenajear a otras figuras, a las que se tendrá el derecho de homenajear, por supuesto. Aquí estamos hablando de un Presidente de la República, que contó con un amplio respaldo electoral, tal cual lo han descrito con claridad el Edil Facello y quienes han hecho uso de la palabra.

 

            Desde nuestra bancada, agradecemos las opiniones y palabras del representante del Partido Nacional, del señor Edil Ferrer, del señor Edil Luján y del señor Edil Mendiondo. No vamos a entrar a profundizar en otras consideraciones, señor Presidente, de quienes están acostumbrados a limpiar el estercolero y casi siempre se les asigna el trabajo sucio.

 

La primera consideración política que vamos a hacer, señor Presidente, es que hoy estamos en esta sesión porque la oposición ha juntado las firmas necesarias ‑las ocho firmas del Partido Colorado y las tres del Partido Nacional‑ para que este homenaje se llevara adelante en el marco de una Junta Extraordinaria. Es verdad que hay Ediles del Gobierno que están hoy aquí presentes y hacen número, pero oficialmente, señor Presidente, el partido de Gobierno no dio sus votos el día que aquí se planteó la realización de este homenaje. Nos parece oportuno que estén en Sala debido a la obligación institucional que les impone el lugar que ocupan, pero, desde el punto de vista  político, no se apoyó la realización de este homenaje; eso es algo que también se debe saber y por eso lo decimos.

 

            Hoy estamos homenajeando a un gran hombre.

 

            Yo no tengo procedencia pachequista en el Partido Colorado, señor Presidente, pero al igual que a muchos, el conocimiento y el estudio objetivo de la situación, de lo que representó la gestión de Pacheco Areco, me ha llevado a tener una opinión absolutamente positiva. Además, muchas de las cosas que se han dicho parten también de algo que nosotros queremos subrayar: si bien hay varias bibliotecas, del análisis histórico surge que ha habido una tergiversación histórica de algunos aspectos, llegándose a demonizar a Pacheco a través de seudo insultos ‑como eso del Pachecato que tan alegremente se dice a la pasada‑ y a tratar de denostar ‑digo “tratar” porque no se ha logrado‑ la figura y la gestión de un hombre como Jorge Pacheco Areco.

 

            Entonces, cuando se entra en el estudio y análisis de la situación se toma real conocimiento de lo sucedido y se entiende qué es lo que pasó, por qué pasó, qué se hizo y cómo se hizo. No vale acá la nostalgia por el recuerdo de lo que nunca pasó. Nosotros evaluamos el hecho histórico por el hecho histórico en sí. Decimos que las decisiones políticas que se tomaron fueron las correctas y no nos introducimos en sueños o pensamientos sobre cuál habría sido la situación hipotética que nunca se dio, porque la objetividad con que los colorados miramos la historia y la realidad nos lleva a ser mucho más pragmáticos y realistas en el momento de las cosas; quizás haya sido, justamente, por lo que se mencionaba hoy acerca de nuestra histórica responsabilidad en lo que respecta a ejercer el gobierno, y que en el caso de Jorge Pacheco Areco viene de la historia. Viene, sí, del Capitán Jorge Pacheco, capitán de Blandengues ‑digámoslo de esta manera‑, cuyo hijo, Manuel Pacheco y Obes, fue hermano de Melchor Pacheco; gente de la Defensa., tenemos orgullo de estas cosas, las decimos con orgullo; repito la palabra porque ese es el sentimiento que me nace. Cuando nosotros miramos la historia y vemos a los hombres del Partido Colorado, lo que sentimos es orgullo.

 

            Además, señor Presidente, no vale hoy tratar de generar una lectura aislada de un relato histórico sesgado sobre acontecimientos del siglo XIX que condenan fusilamientos, cuando hoy en día, señor Presidente, existen fusilamientos que son aplaudidos por quienes denostan aquellos fusilamientos del siglo XIX.

 

(Aplausos desde la Barra)

 

______Entonces, señor Presidente, también decimos que el tema de la memoria es importante; ya lo hemos discutido en Sala varias veces. La memoria es importante como base del relato histórico. Pero de la misma manera que se sostiene la importancia de la memoria para el relato histórico, también nosotros desde aquí vamos a decir que no estamos dispuestos a soportar los abusos de la memoria. Hablo de los abusos de la memoria que ven la situación en forma hemipléjica y tergiversada. No se puede hablar de hechos históricos enunciando hechos aislados.

 

Es verdad, señor Presidente, que en momentos difíciles de conflicto la Policía aprieta, como está mandando hoy, en un sistema democrático, a apretar ante determinadas situaciones de inseguridad. Es verdad, señor Presidente, y son hechos aislados. Pero de la misma manera que se puede decir que en determinado momento histórico hubo situaciones complicadas desde el punto de vista policial y hubo muertes de estudiantes, no nos podemos olvidar de que hubo secuestros, robos, violación de los derechos humanos, cárceles clandestinas en las que también se violaron derechos humanos de personas que sufrieron y que forman, en definitiva, un cuadro general de una situación.

 

¿Cuáles fueron las causas de esa situación, señor Presidente? ¿Qué vamos a decir aquí? ¿Que la situación de violencia que se generó en ese entonces era causa del gobierno del momento, del señor Presidente? No; él tuvo que administrar esas tensiones ‑que habían aparecido mucho antes en el país‑ de quienes sentían que, en forma iluminada, podían indicarle a la gente mediante la fuerza cuál era el destino que había que seguir. En ese contexto, señor Presidente, aparecieron las Medidas Prontas de Seguridad, de las que hoy se hablaba y que no eran nuevas en el país, ya que los gobiernos blancos las habían tenido que llevar adelante. Entonces, no es cuestión de encajonar un concepto para venderlo de manera endemoniada y aislada de toda una situación.

 

Señor Presidente: vamos a dar lectura a un historiador blanco, para que no se nos diga que estamos haciendo alusión a historiadores colorados. Vamos a leer lo que al respecto decía la propia Ministra de entonces, Alba Roballo; la venerada ex Senadora por la bancada de Gobierno, desde luego, porque terminó su vida política en el Frente Amplio. En ese momento decía en una carta firmada por ella ‑y no es una opinión sesgada de algún historiador‑: “Subrayo que las motivaciones que ha tenido este Gobierno que usted preside para dictar las medidas prontas de seguridad son de orden superior y patriótico y que nunca ha tenido más motivos un Gobierno para llegar a ese extremo constitucional. Esa actitud no contradice mi adhesión personal y política a ese Gobierno y a su persona, que será manifestada a través de la actuación en el Parlamento y desde mi banca, donde seguiré testimoniando la confianza que tengo en el Gobierno colorado y el inmenso aprecio personal que tengo al señor Presidente”. Esta es una carta de Alba Roballo a Pacheco Areco, que Maiztegui publica en el tercer tomo de “Orientales”. Quizá mucha gente diga: “¿Esto es así? Recién me entero”. Sí, muchos no lo saben. Pero de alguna manera es un ejemplo claro de cómo todo un momento histórico se ha mostrado de determinada manera, sesgando juicios, mostrando parte de los hechos. Cuando uno entra en el conocimiento profundo de los hechos, ve las opiniones y trata de interpretar la situación del momento, ve que la historia era otra y que las decisiones que se tomaban en ese momento, en parte, eran las correctas. Digo en parte, señor Presidente, porque no hay Gobierno perfecto, no hay seres humanos perfectos; todos los Gobiernos tienen luces y sombras. Luces y sombras son, en definitiva, las que hacen a cualquier gestión.

 

Jorge Pacheco Areco era un hombre común, un hombre de clase media, un hombre de amigos, del box, pero también era el profesor de Literatura, el Director del diario “El Día”, aspectos que de alguna manera también muestran una personalidad importante, una personalidad bastante más completa y compleja que la que se conoce. Ese hombre tuvo en su Gobierno luces y sombras, y no debemos, desde la lejanía del tiempo, tratar de considerar como dioses a quienes no lo eran; debemos valorar en forma racional y objetiva y de una manera humana cómo se desarrollaron las cosas.

 

            Nosotros, desde el Partido Colorado, creemos que las cosas se desarrollaron de la forma en que debían según las circunstancias. De la misma manera que vemos con orgullo a otros hombres que en otros momentos tomaron decisiones difíciles para llevar adelante a este país, el caso de Pacheco Areco también es un ejemplo claro de cómo, ante situaciones complicadas, tuvo el temperamento, el coraje, la mano firme, sí, para tomar decisiones, pero sin dejar de lado en su gestión los aspectos de fuerte contenido social, popular, que hoy subrayaba el Edil Facello. Porque, señor Presidente, los iluminados a veces intentan dar cátedra desde las posiciones de altura, pero el pueblo es el que no se equivoca, y cuando en ese momento el pueblo tuvo que valorar la gestión de Jorge Pacheco Areco lo hizo a través del apoyo del voto popular, y eso es lo más importante que les queda a los hombres públicos.

 

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Pido la palabra.

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Anibal Gloodtdofsky.

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Señor Presidente: como usted me ha informado, no quedan más oradores anotados. Por lo tanto, quería concluir este homenaje con un agradecimiento y una precisión.

 

            Lo primero que quiero es agradecerle a usted, señor Presidente, por la tolerancia reglamentaria con la que se ha conducido, por el mantenimiento del quórum de la forma en que lo ha hecho y por lo generoso que ha sido en el manejo de los tiempos para hacer uso de la palabra.

 

            Esta es su primera sesión. Realmente, ha empezado con buen pie y queríamos dejar establecida esa felicitación.

 

(Aplausos)

 

______En segundo lugar, quiero hacer una ligerísima aclaración, porque a los libros hay que leerlos en su totalidad, y no sólo una página. El capitán Pacheco recomendó nada más ni nada menos que al general José Gervasio Artigas para ingresar a los Blandengues.

 

            Creo que ese es mérito más que suficiente.

 

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Muchas gracias.

 

            Damos por finalizada la sesión.

 

(Es la hora 18:20)