ACTA
N° 1.404
En Montevideo, a los
veintinueve días del mes de julio de dos mil ocho, siendo la hora dieciséis y
cinco minutos, celebró Sesión Extraordinaria la Junta Departamental de
Montevideo, bajo la
DON
GASTÓN SILVA, Presidente; y,
DON
ALVARO VIVIANO, 2do. Vicepresidente.
Secretaría de los señores:
Alejandro Sánchez, Secretario General y José María Bidegain, Secretario General
Adjunto.
Con la asistencia de los
señores Ediles:
TITULARES
CANTERO, FITZGERALD LUJÁN, LUIS
FACELLO, GUILLERMO MARTINEZ, LUIS
FACHINETTI, ANGEL MENDIONDO, DAR
FERRER, PABLO OSTA,
GUSTAVO
FERRO, CRISTINA RIPOLL,
FERNAND0
GARÍN, GRACIELA RONDÁN,
GLENDA
GLOODTDOFSKY, ANÍBAL SÁNCHEZ, JAR
GRAFFIGNA, DANIEL
SUPLENTES
GONZÁLEZ, RAÚL
En uso de licencia los
señores Ediles: Susana Pereyra, Ruben Prieto y Edmundo Estavillo.
SESIÓN EXTRAORDINARIA
DE CARÁCTER SOLEMNE EN HOMENAJE AL EX PRESIDENTE DE
(EXP. 2008-1061).
SEÑOR PRESIDENTE (Gastón
Silva).- Habiendo número en Sala, damos comienzo a la sesión extraordinaria en
homenaje al ex Presidente de
(Es la hora 16:03)
______Buenas tardes a
todas y a todos los presentes en este reciento. Damos la bienvenida a los
invitados: doctor Julio María Sanguinetti, ex Presidente de
Primero vamos a dar la palabra al Secretario General de
SEÑOR SECRETARIO GENERAL
(Alejandro Sánchez).- “Montevideo, 28 de julio de 2008.
“Señor Gastón
Silva,
“Presidente de
“Presente.
“De mi mayor
consideración: he recibido la invitación para
“Saludo a usted
con mi más alta estima, Ricardo Ehrlich, Intendente Municipal de Montevideo.”
(Aplausos)
______“Montevideo, 29 de
julio de 2008.
“Sr. Presidente de
“De mi mayor consideración:
“En este día en que nuestra Junta Departamental sesiona
extraordinariamente para recordar al ex Presidente de
“El mejor legado que el Presidente Pacheco nos ha dejado
a los colorados y batllistas ha sido una sólida vocación de ‘luchar por causas
nobles que significa vivir en plenitud’ o ‘no huir de las responsabilidades’,
‘en el acierto o en el error gobernaré y haré lo que mi conciencia me indique
que deba hacer’.
“Por ello en esta sala no sólo está el espíritu de
Pacheco en el recuerdo, está vivo en el corazón de muchos señores Ediles, ya
que 8 de nosotros, titulares y suplentes, nacimos o desarrollamos nuestra
acción desde esa formación y ahí está el verdadero legado de Pacheco en la vida
institucional de los montevideanos.
“Porque repitiendo con él: ‘le ofrecemos al pueblo lo
mismo que le pedimos, honradez y trabajo’
“‘Soy un hombre que lucha contra todo lo que no sea el
interés nacional’.
“’Nuestras decisiones estarán inspiradas en una limpia y
responsable intención de servir al bien público, nunca en el cálculo del
aplauso fácil, no aspiramos a ganar circunstanciales voluntades a costa del
país...’.
“Cordialmente,
“Dante Nieves, suplente de Edil
“Partido Colorado.”
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Le damos la palabra al señor Edil Guillermo Facello.
SEÑOR FACELLO.- Gracias,
señor Presidente.
En primera instancia, además de destacar a las personas
que usted mencionó, debo particularmente agradecer la presencia de la bancada
del Partido Colorado, la del Partido Nacional y muy particularmente a los
integrantes de la bancada del Frente Amplio, en una actitud que mucho los
enaltece. Asimismo, hago extensivo ese juicio al mensaje que acabamos de
recibir del señor Intendente Municipal de Montevideo.
Señor Presidente: hace hoy diez años moría quien fuera
Presidente de
Por encima de todas las cosas, Pacheco fue un gran
oriental, fue uno de nosotros, un representante de los valores y de las
virtudes de nuestro pueblo. Valores y virtudes que pueden pasar inadvertidos en
la vida cotidiana, pero que, como la clase de los atletas que se agigantan en
la alta competencia, emergen con toda su nitidez y fuerza en los momentos
decisivos de la vida, cuando los hombres de temple se diferencian de los
timoratos y de los mediocres.
Pacheco descendía de una familia cuya vocación política
se extiende por varias generaciones: su padre, el médico Manuel Pacheco, fue
legislador; su abuelo, Ricardo Areco, Canciller de
Como tantos
jóvenes de la clase media uruguaya, Pacheco cursó varios años de la carrera de
Derecho sin recibirse, como ocurre con muchos de los inscritos en esa casa de
estudios. También, como tantos hombres de la clase media uruguaya, Pacheco fue
empleado público, profesor de Enseñanza Secundaria, deportista amateur y
periodista.
La vinculación
familiar con los Batlle Pacheco propició su carrera periodística. Fue
sucesivamente redactor, editorialista y, finalmente ‑a la muerte de su
tío Rafael Batlle, en 1961‑, asume la dirección del tradicional diario
battlista “El Día”, fundado por don José Batlle y Ordóñez.
En las elecciones
de 1966, Presidente, se plebiscitó y fue aprobada una reforma constitucional
que suplantaba al Poder Ejecutivo pluripersonal vigente desde 1952 por la
actual Presidencia de
Aquí comienzan para nosotros, señor Presidente, las diferencias:
su carácter y los tiempos que le tocó vivir a Pacheco le abren las puertas de
la historia.
La reforma
constitucional propuesta enfrentó a Pacheco con su tío César Batlle,
descendiente directo de Batlle y Ordóñez e integrante de la familia propietaria
de “El Día”. Pero como en toda su vida, Pacheco, fiel a sus convicciones,
reafirmó su apoyo a la reforma y renunció a la dirección del diario “El Día”.
Tenía ya Pacheco años de militancia partidaria y había
sido Diputado cuando el general Gestido lo seleccionó como compañero de fórmula
en las elecciones del ’66. Ganan las elecciones y Pacheco se transforma en
Vicepresidente de
Pero la
desgraciada circunstancia del fallecimiento de Gestido ‑cuando hacía
apenas seis meses que había comenzado su mandato‑ introdujo una variable
impensada en la historia nacional e, indirectamente, en la vida del señor Jorge
Pacheco Areco. Asume Pacheco
Señor Presidente:
Pacheco actuó siempre dentro de
(Aplausos)
______Se puede discutir su
interpretación de los hechos y la conveniencia de las medidas que adoptó en el
ejercicio de sus funciones, pero lo que nadie puede discutir es la entereza con
que actuó, la honestidad material e intelectual con que se desempeñó y sus
buenas intenciones. Pacheco defendió siempre
En la mejor tradición del Partido Colorado, escudo de los
débiles, Pacheco veló por los intereses de los pobres y de los que para vivir
no tienen más que su trabajo. Enfrentó decididamente la inflación; congeló
precios y salarios; dejó fijos los ingresos, pero también veló celosamente por
mantener los precios al alcance de los que menos tenían. Controló y persiguió a
quienes violaron esta norma, y muchas empresas fueron sancionadas y
clausuradas. También dejó en suspenso los lanzamientos y las ejecuciones, dando
respiro a quienes estaban ahogados por las dificultades económicas del momento.
Antes de la congelación se otorgó a los funcionarios del Estado un aumento
salarial ‑más alto aún de lo que ellos pedían‑, y se les facilitó,
además, un préstamo no reembolsable destinado a capear las dificultades del
momento; y no estábamos en año electoral.
Decía Pacheco: “La congelación de precios y salarios,
decretada dentro del cuadro de las medidas prontas de seguridad, fue el recurso
extremo e inevitable al que debimos recurrir para ordenar la vida económica del
país...”. Y agregaba refiriéndose a los delitos económicos: “Que nadie que haya
cometido daños o los cometa en el futuro en el plano económico o social duerma
tranquilo. Redoblaré mis esfuerzos para que ninguno, ni el más encumbrado,
escape al castigo”. “He luchado hasta la fatiga” ‑continuaba Pacheco‑
“contra la inflación, la delincuencia económica, contra los grupos de presión
que asfixian al país.” “La usura, el agio, la especulación y toda clase de
delitos económicos serán sancionados con la misma energía, en defensa de la
población.” “La inflación” ‑decía Pacheco‑ “favorece a los
poderosos, a los que no tienen sueldos o salarios fijos, sino porcentajes de
ganancias, o a quienes integran grupos fuertes de presión. Y perjudica a los
económicamente débiles, a las clases pasivas, a quienes no tienen fuerza de
presión en el mercado de trabajo. Incluso dentro del mismo sector asalariado
acentúa las diferencias entre los mejor remunerados y los que perciben ingresos
más bajos.” “Vencer la inflación” ‑decía Pacheco‑ “es ganar la
primera batalla por el desarrollo.” A propósito, veamos lo que dice el libro
“Tendencias Recientes de
Hoy también se habla mucho de la mujer en la política. Es
bueno recordar, entonces, que fue en el gobierno de Pacheco que por primera vez
en nuestro país llegó a ocupar un Ministerio una mujer, la senadora Alba
Roballo, quien tiempo después estaría entre los fundadores del Frente Amplio.
El sentido social de la obra de Pacheco es
particularmente visible en la construcción de viviendas, en la infraestructura
de
En 1969 crea el Plan Nacional de Viviendas; se da trabajo
a la construcción, se hacen viviendas para la clase media y menos pudientes. El
Banco Hipotecario asume con inspiración batllista una auténtica función social.
Se crean los sistemas para la adjudicación de viviendas por ahorro previo,
cooperativas o ayuda mutua. Al final del gobierno de Pacheco, señor Presidente,
se habían entregado casi 4.000 viviendas; quedaban 11.300 para entregar, y
9.000 más en construcción. También habían obtenido la personería jurídica,
durante ese período, 150 cooperativas de vivienda de ayuda mutua. En suma, se
construyeron más viviendas durante los tres años de gobierno de Pacheco Areco que
durante los 30 años anteriores.
En salud, se amplió y remodeló el Hospital Maciel. Se
financiaron las obras de Salud Pública con recursos propios, y se vendieron
tierras de ese mismo Ministerio para que fueran usadas con fines sociales a
través del Instituto de Colonización y de
En cuanto al reparto de tierras, bandera tan agitada por
otros, decimos que con Pacheco el Instituto Nacional de Colonización ‑que
se había creado en 1948, y desde entonces había repartido solamente 15.000
hectáreas‑ tomó un nuevo impulso: se expropiaron al Estado y a
particulares
Pero no menos importante que la preocupación social de
Pacheco fue el énfasis puesto en la afirmación de nuestra soberanía. El
gobierno de Pacheco extendió nuestra soberanía a las
Tal vez se le pueda reprochar a Pacheco que muchas veces
se haya mostrado intransigente. Pero ocurre que transigir es posible sólo
cuando no están en juego principios ni derechos ni obligaciones que son
irrenunciables. Un gobernante no puede renunciar al ejercicio legítimo de la
autoridad cuando está en juego la estabilidad de las instituciones y cuando se
vulneran los derechos más elementales del ser humano: la seguridad personal y
jurídica, el derecho a la circulación y al trabajo, el derecho a vivir y a
expresarse sin temer represalias ni agresiones, sin ser perseguido ni
coaccionado.
Decía Pacheco: “Podrán imputárseme errores, pero no
omisiones en el ejercicio de la función de gobierno. La función que me impone
Se ha pretendido algunas veces que las medidas adoptadas
por el gobierno de Pacheco crearon un clima de temor que trajo la guerra civil
y la dictadura. Eso, terminantemente lo digo, no es así; la verdad histórica es
completamente distinta.
Ha dicho Jorge Batlle sobre Pacheco en su discurso
parlamentario: “Le tocó vivir los momentos más dramáticos que pudo haber vivido
Presidente alguno desde que el país vio la paz de
Pacheco decía: “Del beneficio que deje a
De la misma manera que lo han hecho Pacheco y los
pachequistas, hemos estado siempre dispuestos a ofrecer nuestra ayuda para
garantizar la gobernabilidad cuando existen autoridades legítimas. Aquí, en
esta misma Junta, ustedes me han visto acompañar con mi voto a la mayoría,
cuyas ideas políticas no comparto, en actos de gobierno en los que ese voto era
decisivo. He sido criticado por alguno de mis correligionarios por eso, pero me
siento satisfecho de haber actuado como demócrata y pachequista, aplicando el
mismo criterio que llevó a Pacheco a dar su apoyo al Presidente Sanguinetti, al
Presidente Lacalle y al Intendente Vázquez en su oportunidad. A Vázquez lo fue
a visitar a su casa cuando fue elegido Intendente, y Pacheco le dijo que él no
permitiría que los montevideanos fueran rehenes de enfrentamientos sectoriales.
Ese criterio es el que he defendido y defenderé aquí como representante del grupo
que lidera el señor Óscar Magurno, quien, como Pacheco, es un hombre de
principios, de obras y de realizaciones.
(Aplausos)
______A quien
legítimamente desempeña el gobierno, señor Presidente, creemos nosotros que hay
que dejarlo gobernar. Eso es democracia y ese es el ideal de Pacheco, un
uruguayo como todos nosotros, cuya condición de tal fue agudamente captada por
el ex Presidente Sanguinetti cuando, hablando en el entierro de Pacheco, dijo:
“Detrás de aquel hombre que sus adversarios veían como una roca impenetrable
había, en definitiva, un uruguayo sencillo y afable, con profundo sentido del
humor, en el que convivían la dicotomía extraña del caudillo épico con el
sentido gardeliano de la amistad en su entrañable condición de identidad
uruguaya”.
(Aplausos)
______Pacheco era uno de
nosotros, y un día, por circunstancias del destino, tuvo que asumir la máxima
responsabilidad que ofrece el Gobierno democrático y, sin habérselo propuesto,
se encontró enfrentado a una situación crucial del país. En esa situación
demostró sus condiciones de conductor y su indiscutible calidad de hombre de
bien, de demócrata y de defensor de los más desposeídos.
Señor Presidente: a Pacheco la historia no lo debe
absolver de nada; la historia y el país le reconocieron y le reconocerán la
impronta de una gran gestión, la que dejó sometida sin temor alguno al juicio
de la posteridad, que es la única que juzga sin odios ni pasiones subalternas.
¡Viva Pacheco!
Muchas gracias.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Tiene la palabra
SEÑORA FERRO.- Gracias,
Presidente.
Celebro la iniciativa del señor Edil Guillermo Facello de
traer hoy a Sala este homenaje a la figura de don Jorge Pacheco Areco. La
celebro porque, además de su excelente intervención, que realmente ha recorrido
vastamente todos aquellos aspectos que hacen a una gestión como
El Presidente Pacheco Areco fue un hombre de una especial
percepción política, de una sensibilidad muy particular; un hombre que llega al
Gobierno siendo poco conocido por el pueblo. Había sido Diputado; creo que alguna
vez le escuché decir a un dirigente colorado líder de un sector político ‑que
está en esta Sala acompañándonos hoy‑, el señor Alberto Iglesias, que el
señor Pacheco Areco era representante de una monobancada por
Un hombre que
llega poco conocido se va, señor Presidente, ungido por el pueblo: nada menos
que con más de 500.000 votos. Esos votos los logró no como candidato único de
un partido político; esos votos fueron a Jorge Pacheco Areco, al que se había
transformado a lo largo de esos años de Presidencia, en medio de las
circunstancias más difíciles, de las crisis más perversas, en un carismático
líder partidario y popular.
Pacheco tuvo muy pero muy claro el objetivo de su
Presidencia, su tarea. El objetivo era el país, el país y su gente. Las
herramientas para llegar a ese objetivo eran su partido ‑el Partido
Colorado, todo el ideario colorado y batllista que él había absorbido a través
de su vida y de su actividad política‑ y el poder que como gobernante
tomaba en el momento de asumir; poder que supo ejercer ‑lo señalaba el
Edil Facello‑, y dio inmediata cuenta de esa capacidad de resolver,
decidir y trasladar a la acción la más profunda convicción democrática,
batllista, partidaria.
Así, Pacheco Areco fue generando una línea de acción que
fue criticada por muchos. Nosotros entendemos que las críticas que genera el
accionar son válidas. Lo que queremos reivindicar, señor Presidente, como
integrantes del partido y, por sobre todas las cosas, como demócratas, es la
capacidad formidable de Pacheco de trabajar en un tiempo de crisis social,
económica y política tan fenomenal; de trabajar gobernando con fuerza, con
convicción, con coraje, siempre manteniéndose ajustado a
Decíamos, señor Presidente, que como gobernante Pacheco
supo generar una corriente nueva de pensamiento que terminó gestando un
liderazgo carismático que sembró un qué ver en la conciencia ciudadana que
trascendió los tiempos.
Hoy, a diez años de su muerte ‑y a muchos más de
que su actividad política se fuera viendo disminuida paulatinamente,
principalmente por razones de salud‑, hay detrás suyo tanta gente que lo
vive, lo siente presente y lo reivindica, señor Presidente, que nosotros nos
emocionamos cada vez que en círculos partidarios y políticos se nos traslada
esa opinión, ese sentimiento de afecto, de cariño, de agradecimiento, de
sujeción al líder por parte de tanta gente que aún hoy sigue reivindicando con
orgullo ser pachequista.
(Aplausos en
______Después de toda esa
etapa que ha podido describir con tanto acierto el señor Edil Facello, quiero
referirme a otra etapa de la vida de Pacheco Areco, a la etapa posterior a su
Presidencia, después de terminado aquel tiempo difícil que recordamos muy bien
quienes en aquella época ya militábamos en política. En el año ’71 tuvimos
dificultades en las elecciones internas de Unidad y Reforma y debimos enfrentar
disturbios permanentemente. Es cierto lo que dijo el Edil Facello: la historia
no se escribe de un solo lado; no se escribe hablando de lo que pasaba en esa
época e intentando plasmar la situación sólo como un estado de represión. ¿Qué
sentíamos nosotros, los que no pensábamos como aquellos de la batahola, cuando
queríamos militar políticamente en el grado más simple y más sencillo que
nuestra organización partidaria permitía, que era el de transformar en clubes
políticos nuestras propias casas, con los famosos cantones que teníamos
instalados en Montevideo y en todo el país? Nosotros supimos de la agresión,
supimos de la quema de banderas, supimos de la quema de pasacalles, supimos de
las amenazas, y supimos lo difícil que fue trabajar en ese momento. Por eso
sabemos que Pacheco, más allá de la enorme cantidad de votos que consiguió, y a
pesar de haber sido tentado desde las Fuerzas Armadas para que siguiera en el
poder, no lo hizo y sí supo plebiscitarse a la opinión ciudadana. Habiendo sido
vencido en las urnas, entendió que lo mejor era retirarse del país y dejar que continuara
adelante el Gobierno que se iniciaba, a efectos de no interferir en el mismo
con su fuerte personalidad.
Señor Presidente: la época en que comienza el alejamiento
de Pacheco del país tiene también todo un significado en lo que respecta al mantenimiento
permanente de ese líder con su gente. Tal es ese significado, señor Presidente,
que llegado el tiempo de finalización de la dictadura él resuelve retornar.
Luego de haber permanecido muchos años en el exterior, seguramente habría
podido quedarse allí, amparado por sus amigos; seguramente habría tenido
siempre un cálido espacio en el que estar acompañado y ser visitado, y habría
seguido siendo siempre el mismo referente que había sido desde acá. Pero él
decide regresar. Vuelve, retorna a la vida, a la actividad, político‑partidaria
porque entiende que ese es su lugar, y su tarea, encolumnar desde aquí a su
gente detrás suyo y aportar al Partido Colorado los votos que tanta falta le
hacían para llegar adonde llegó el partido en
Es en ese momento, señor Presidente, que una vez más el
señor Pacheco Areco demuestra lo que es: no solamente apoya enfervorizadamente
todo el proceso del “cambio en paz” que tanto reivindicamos los colorados ‑particularmente
los sanguinettistas, los foristas‑, sino que de ahí en más apoya
Era un hombre de
unidad, a tal punto que muchas veces dejaba de lado sus intereses sectoriales,
y especialmente los personales, en aras de esa unidad partidaria. Yo, señor
Presidente, tuve oportunidad de conocer esa interpretación de la unidad que el
señor Pacheco Areco tenía en ocasión de la candidatura del doctor Mario
Carminatti a
Por eso, señor
Presidente, a este hombre ‑que supo plasmar, también, en su retórica el
doctor Sanguinetti, quien al referirse a él hablaba de bonhomía, de bohemia, de
bondad detrás de aquella apariencia de hombre tan duro y tan firme‑, que
le dio al partido lo mejor de su vida y su esencia, es que homenajeamos hoy con
convicción.
Dicen, señor
Presidente ‑y es una frase manida‑, que el tiempo es gentilhombre y
que acomoda estas cosas en su lugar. El juicio será certero pasado el tiempo;
se juzgará a Pacheco con sus luces y sombras, sus defectos y sus virtudes,
pero, por sobre todas las cosas, con algo que nosotros queremos reivindicar en
la noche de hoy: con respeto, señor Presidente, con el profundo respeto por
alguien que supo conducir al país, que entró votado por el pueblo y se fue
cuando el pueblo ‑más allá de haberlo votado una cantidad muy importante
de ciudadanos‑ no le dio la posibilidad de alcanzar nuevamente
Por eso, señor
Presidente, nosotros queremos terminar estas palabras haciéndonos eco de un
sentimiento que creemos Pacheco mucho contenía y preservaba en su espíritu, y
que más de una vez hemos expresado en esta Sala. Hay una frase con la que el
doctor Sanguinetti culmina su libro “Meditaciones del milenio” que a nosotros
mucho nos impactó siempre. Ahora la aseveramos, repito, como el comportamiento
y la actitud permanente de don Jorge Pacheco Areco: “La democracia es el más
revolucionario de los principios y la libertad la más humana de las ideas”.
Muchas gracias, señor Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Tiene la palabra el Edil Ángel Fachinetti.
SEÑOR FACHINETTI.- Muchas
gracias, Presidente.
En primer lugar, quiero dar la bienvenida al Secretario
General del Partido Colorado y dos veces Presidente, Julio María Sanguinetti…
(Aplausos en
_____ … a la señora de don
Jorge Pacheco Areco,
(Aplausos en
______...al Diputado y
amigo de don Jorge Pacheco Areco, el señor Oscar Magurno…
(Aplausos en
______...a nuestro
Intendente de Rivera, Tabaré Viera…
(Aplausos en
______...a Alberto
Iglesias…
(Aplausos en
______...y al Diputado
García Pintos.
(Aplausos en
______Señor Presidente: si
bien algunos creemos que usted, por su investidura, debía estar presente en
esta sesión, no podemos dejar de reconocer que hoy esté aquí en este homenaje,
que para muchos de los colorados ‑sobre todo para quienes somos
filosóficamente pachequistas‑ es un homenaje sentido. En mi caso
personal, vengo de una cuna pachequista: mi padre fue Diputado en los años 1966
y 1971, por Gestido y por don Jorge Pacheco Areco.
Asimismo, quiero
agradecer la presencia de los compañeros de la bancada del Frente Amplio de
Señor Presidente: hoy se cumplen diez años de la muerte
de don Jorge Pacheco Areco.
En primer lugar, quisiera referirme a la época y a las
circunstancias en que le tocó asumir
Cuando se produjo
la muerte de don Oscar Gestido el país se encontraba padeciendo una crisis
social e institucional como pocas, gestada por organizaciones clandestinas que
trataban de imponer sus ideas por la fuerza. Don Jorge Pacheco Areco tuvo el
temple necesario para seguir gobernando siempre dentro de los límites de
Decía el entonces
legislador Walter Santoro: “Las duras decisiones que debió tomar el Presidente
Pacheco las tomó con la finalidad de que el sistema político pudiera superar la
situación y proteger lo que para el Uruguay es un valor de carácter
excepcional: sus instituciones republicanas”.
Por su parte, el
Senador Penadés expresaba: “El Presidente Pacheco fue un gran ciudadano, un
gran hombre público y un hombre que estuvo a la altura de las circunstancias en
los momentos que tuvo que actuar”. Son conceptos que nos enorgullecen y que,
por provenir de otro partido político democrático, nos dan pie para decir que
en la defensa de las instituciones todos los demócratas somos pachequistas.
Ahora voy a
entrar en su obra y en los aspectos más importantes de su gestión, que lo
marcan como un gran estadista. Pese a la tormenta institucional que debió
enfrentar, supo generar en el pueblo ese afecto, esa correspondencia, ese
sentimiento de pertenencia que llevó a que el pueblo uruguayo lo idolatrara.
Ante los especuladores ‑que, lamentablemente, siempre están‑,
impuso primero la congelación y luego la regulación de precios de artículos de
primera necesidad, porque la inflación que se duplicaba de un día para el otro
se llevaba el alimento de los trabajadores y de los que menos recursos tenían.
Los salarios se continúan evocando como una guía. La comparación nos demuestra
un poder adquisitivo acorde a las expectativas de las necesidades de la
población. Impulsó el Plan Nacional de Vivienda, que sigue siendo un orgullo y
que permitió a la población acceder a un techo. Abrió para nuestro país el
camino hacia la reivindicación de los derechos que en materia de investigación
nos corresponden en el continente antártico, y sentó las bases para reclamar la
llamada Zona Económica Exclusiva e impulsó el Tratado de Límites del Río de
Se trató de un demócrata, de un líder, de un verdadero
estadista que logró las adhesiones de los sectores más populares y de los de
más bajos recursos. Voy más profundo: los votos a favor de su reelección
vinieron de todos los partidos políticos; fueron más de 600.000 votos. Se trató
de un grande, de alguien que, por sobre todo, promulgaba su lealtad a la patria
y estaba para colaborar. Supo ser mayoría, pero también supo ser minoría, y
desde un lugar u otro siempre estuvo para construir. Como bien decía
Para el final voy a dejar lo que para mí resulta una
enseñanza, y que es lo más importante que logro destacar de esta figura, de don
Jorge Pacheco Areco. Quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente
destacamos su sencillez, que mantuvo durante toda su vida. Pacheco fue amigo de
sus amigos; amigo con ese particular sentimiento de amistad que generaba, pero,
por sobre todas las cosas, señor Presidente, Pacheco fue un hombre honesto. Es
importante para nosotros en estos tiempos que vivimos decir que Pacheco vivió
pobre y murió pobre, pero con algo que no se compra en la farmacia, que se
llama dignidad. Cuando se fue, lo hizo muy ligero de equipaje, como lo hacen
los grandes; lo hizo de pie, dando la cara, mirando a los ojos y levantando la
bandera de su amado partido, el Partido Colorado, y de sus convicciones.
Lo que sí produjo Pacheco es una contradicción: por un
lado, se fue pobre en cuanto a lo económico, pero se fue rico y millonario en
cuanto a los afectos de todo su pueblo y de todos los que lo quisimos y lo
queremos tanto.
(Aplausos)
______Como dice el
Diputado García Pintos, Pacheco vive en su pueblo, vive en esta gente que hoy
ha venido a recordarlo: gente humilde, gente de trabajo que supo apreciar en él
su hombría de bien, su poder de convicción, su lealtad y honestidad por encima
de todas las cosas.
Señor Presidente: en esta sesión extraordinaria hago
público que nuestro sector, Fuerza Nueva Colorada, va a presentar una solicitud
a
(Aplausos)
______Con el orgullo de
haber participado y de haber hecho uso de la palabra, termino diciendo que para
los pachequistas y para los que somos filosóficamente pachequistas, que estamos
en todos los sectores del Partido Colorado, hoy es un día de enorme
importancia. Sigamos el ejemplo de don Jorge Pacheco Areco, de su honestidad,
la que también vemos en los hombres de su confianza, como, por ejemplo, en
Alberto Iglesias, cuando tuvo que presidir el Banco de Seguros; en el Diputado
García Pintos, quien lleva varias Legislaturas en ese cargo; o en el ex
Diputado Oscar Magurno, quien a través de
(Aplausos)
______Muchas gracias,
señor Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Tiene la palabra el Edil Pablo Ferrer.
SEÑOR FERRER.- Muchas
gracias, señor Presidente.
En primer lugar, quiero explicar el significado político
de mi presencia en
En tal sentido, señor Presidente, queremos expresar que,
además de estar cumpliendo con el deber y el compromiso que tenemos con la
ciudadanía de asumir con plenitud esta tarea, estamos cumpliendo también con
nuestro deber como personas, como ciudadanos y como demócratas al facilitar que
se lleve a cabo por parte de un señor Edil un homenaje a quien fuese su líder
político y principal referente de su partido, el Partido Colorado, en un tramo
importante del último tercio del siglo XX, y eso es para mí motivo suficiente
para estar en Sala.
Aún más, señor Presidente: hay motivos para estar en Sala
si a ello agregamos que esta sesión extraordinaria, este acto de carácter
institucional, se lleva a cabo por iniciativa de toda una bancada partidaria y
por toda la oposición política representada en esta Junta Departamental, que
entienden justo y necesario rendir homenaje a esta persona.
Señor Presidente: yo sé que una parte importante de
nuestra población, particularmente los más jóvenes, nos reclaman dar vuelta la
página. Pero también sé que no es fácil dar vuelta la página de la historia, y
soy consciente de que quizás este tipo de actos de homenaje ‑tanto éste
como todos los demás‑ no colaboren mucho en tal sentido, pero esto
también es parte de la reconstrucción de la memoria histórica, memoria
histórica que es necesario construir y reconstruir, pero que no puede ni debe
reconstruirse en forma autoritaria, imperativa, autorreferencial, intolerante,
ni singular; memoria histórica que no puede transformarse en el relato de los
ocasionalmente vencedores, papel que precisamente hoy nos toca desempeñar,
aunque no nos olvidamos de que es en forma ocasional.
Señor Presidente: comparto poco y nada de lo que hasta el
momento se ha expresado a lo largo de esta sesión, y probablemente el balance
sea el mismo al finalizar la misma, pero mañana defenderé, al igual que ayer y
hoy, el derecho a expresarse de quienes así lo han hecho, aunque no comparta
sus opiniones, o, mejor dicho, defenderé su derecho a expresarse porque no
comparto en absoluto sus opiniones; ese es, sin duda, el derecho de expresión
que más vale la pena defender. Quizás en algún momento hasta me logren
convencer de parte de sus argumentos, o incluso en todo, y visto en forma
egoísta, quizás esté defendiendo su derecho a expresarse porque en definitiva
es también parte de mi derecho a pensar libremente, sometiendo al juicio
crítico mis propias convicciones frente a los argumentos de quienes no piensan como
yo.
Señor Presidente: si uno no se da a sí mismo la
oportunidad ‑siquiera‑ de cambiar de opinión, de escuchar al que
piensa distinto, al que mira la historia desde otro lugar, se transforma en
autorreferencial, se congela, se paraliza y se niega a seguir cambiando, y yo
creo que la vida es cambio, un cambio continuo, permanente, quizás hasta
imperceptible por momentos, más rápido en otros; pero sin cambios difícilmente
la vida merezca vivirse.
Señor Presidente: nuestra fuerza política, el Frente Amplio,
es evidencia misma de esto que estamos diciendo. ¿O es que acaso en ella no
confluyeron ciudadanos de mayor o menor trascendencia que provenían de los dos
partidos históricos y que habían tenido diferentes derroteros antes de llegar a
la conformación del Frente Amplio, junto con los de partidos tradicionalmente
de izquierda? ¿O es que acaso ninguno de los frenteamplistas, de ayer y de hoy,
con mayor o menor relevancia, estuvo de alguna forma vinculado al proceso
histórico protagonizado por quien está siendo hoy homenajeado? ¿O acaso en los
años 60 y comienzos de los 70 todos quienes hoy integramos esta fuerza política
coincidíamos en cuanto a concepción, método, táctica y estrategia? ¿O, por el
contrario, teníamos grandes diferencias e, incluso, quienes no vivíamos en
aquellos tiempos no diferimos hoy entre nosotros respecto de la interpretación
histórica? ¿O es que acaso nunca representantes de nuestra fuerza política
hemos acudido al homenajeado, o a quienes se consideran herederos de su legado,
para encontrar en ellos la cuota de gobernabilidad que necesitamos para llevar
adelante aspectos sustantivos de nuestro programa de Gobierno?
Señor Presidente: yo aspiro a seguir cambiando individual
y colectivamente; aspiro a alcanzar un futuro mejor, un país mejor, y aspiro a
que todo eso sea posible hacerlo juntos, entre todos los uruguayos, y que en
ese esfuerzo podamos encontrar sumadas las energías, las fuerzas, las ideas y
los pensamientos de todos. Espero poder convencer a otros de que nosotros tenemos
algunas razones más que ellos ‑aunque ellos puedan tener su cuota parte
de razón‑, y difícilmente eso sea posible si comienzo por negar la
posibilidad de que todos cambiemos. Por ello, incluso, es que entendí necesario
estar presente en Sala, permitiendo con mi presencia ‑por decirlo de
alguna forma‑ que se realizara este homenaje.
Señor Presidente:
ahora sí quiero referirme, aunque más no sea en forma muy breve, a algunas
características del período en que el homenajeado se encontró al frente de la
máxima magistratura nacional, a los efectos de ilustrar cómo el cambio y el
paso del tiempo hacen que muchos cambien de opinión en muchas cosas; es parte
de este rico proceso.
En el plano
político, el período se caracterizó por las Medidas Prontas de Seguridad como
estado de excepción permanente; por la limitación de las libertades
fundamentales; por la limitación de la libertad de expresión; por la censura y
clausura de medios de comunicación ‑¡qué diferencia, señor Presidente!‑;
por la prohibición y disolución de partidos políticos; represión policial;
militarización sindical; asesinato de estudiantes jóvenes por el delito de
manifestar en forma pacífica.
En el plano
económico, como ya se ha dicho en esta sesión, se aplicó la congelación de
precios y salarios, el control absolutista y autoritario de precios, lo que
significó la aplicación del programa económico más antiliberal y más
intervencionista que el país haya conocido en toda su historia.
Todo ello, señor
Presidente, no fue posible sólo gracias a la acción y decisión del homenajeado
sino, fundamentalmente, gracias a la concepción de ilustres pensadores ‑muchos
de los cuales hoy, por ejemplo en el plano económico, son los más firmes
defensores del libremercadismo‑ y, fundamentalmente, gracias al sustento
político partidario en el marco de las normas constitucionales ‑como
fuera dicho hoy en Sala‑ de una coalición entre la mayor parte de los dos
partidos políticos históricos; estos dieron sustento político, parlamentario y
legislativo al Gobierno de la época a través del respaldo a su acción.
Más tarde, señor
Presidente, una vez que el homenajeado había abandonado la primera
magistratura, podemos diferenciar muy claramente dos períodos en el último
cuarto de siglo de su vida, en un juego de luces y sombras, de claros y
oscuros.
Podemos
identificar un primer período que se inaugura con su sucesión, con la elección
de su sucesor y el apoyo a éste en el golpe de Estado desde el cargo de
Embajador de
El segundo
período ‑para nosotros más de claros, más de luces‑ es el que se
inaugura con la reapertura democrática y con la recomposición institucional del
país. Su gesto político fue dar gobernabilidad ‑como también fuera dicho‑
a los diferentes Gobiernos de todos los partidos políticos, tanto a nivel
nacional como departamental, bajo aquella máxima que sintetizara en una frase
simple, de acuerdo con lo que trasmitiera el señor Magurno: “Hay que apoyar al
que gana”. Con el recuerdo y el valor que se expresa en esa frase, que supone
anteponer los intereses del país a los propios, es que nos quedamos.
Vaya nuestro
respeto, señor Presidente, a su familia, a sus amigos y, particularmente, a
quienes se consideran continuadores de ese legado al que nos referimos.
Muchas gracias,
señor Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Silva).-
Tiene la palabra
SEÑORA RONDÁN.- Gracias,
Presidente.
Es harto conocido por mis compañeros que yo no iba a
hacer uso de la palabra, pero hay circunstancias que me obligan a hablar.
En primer lugar, señor Presidente, me quiero dirigir a la
señora Graciela Rompani de Pacheco Areco, al ex Presidente Julio María
Sanguinetti; al Intendente Tabaré Viera; al ex Diputado e integrante del Comité
Ejecutivo Nacional, don Óscar Magurno; al integrante del Ejecutivo Nacional y
del Ejecutivo Departamental de Partido Colorado, don Alberto Iglesias; al
Diputado Daniel García Pintos; a los ex Ediles Alma Mallo y Duilio Zuppardi, y
a todos ustedes, que hoy están aquí para recordar a alguien que debe estar en
sus corazones.
(Ocupa
______Quiero agradecer a
los Ediles del Partido Nacional por la compañía, y también a los Ediles del
Frente Amplio, más allá de su “discrepancia”, entre comillas. A lo mejor se
sortearon ‑salvo en el caso del Edil Ferrer‑ a quién le tocaba
venir y a quién no... Mi amiga Graciela Garín se ríe; por algo será.
A mí me gustaría saber ‑no lo voy a poder saber
nunca‑ si esas banderas, uruguaya y del Partido Comunista ‑al cual
respeto mucho‑, estarían colgadas ahí con esa intención si Arismendi
estuviera aquí. Me atrevo a decir, sin ánimo de ofender a los compañeros del
Partido Comunista, que no estarían ahí con esa intención. Lamento que ahora no
esté el ex Presidente Sanguinetti en Sala, porque Arismendi y el doctor
Sanguinetti tuvieron una excelente amistad, quizá porque a pesar de no ser
cristiano, a Arismendi la lectura de los Salmos ‑que siempre tenía a mano‑
lo hacía ser tolerante. Es precisamente esa la razón por la cual yo hoy estoy haciendo
uso de la palabra: por esas banderas que no homenajean, que ofenden. Aunque me
hago cargo del dicho “no ofende quien quiere sino quien puede”, a mí no me
ofenden; simplemente quiero que quede esa constancia.
Yo nunca voté a Pacheco, nunca fui pachequista. Mis votos
fueron del doctor Sanguinetti y, por siempre, del doctor Jorge Batlle; he
votado una vez al doctor Sanguinetti, y luego, siempre al doctor Batlle.
En esa elección en la que Pacheco obtiene esa cantidad
abrumadora de votos yo lloré, porque tengo mi corazón: yo quería que ganara
Batlle. Pero había ganado el partido.
El Frente Amplio ‑perdónenme
la alusión partidaria, pero ya se han hecho varias‑ es un conjunto de
partidos o de sectores, como quieran llamarlo. Nosotros también, y somos respetuosos
de los otros sectores.
Hay una cosa que es indudable: Pacheco no salió reelecto,
no salió la reelección, pero que tenía 500.000 votos en su espalda, los tenía.
Nadie obligaba a votar a nadie aquello, esto o lo otro. Nos ganó al resto de
los colorados y al resto de los partidos en buena ley, y como yo creo que
cuando alguien es elegido por la voluntad de la gente hay que respetarlo, no
importa que no me guste, y con esto no estoy diciendo que no me guste
totalmente. Creo que al doctor Bordaberry habría que haberlo respetado “hasta
que”. Pero quiero dejar una cosa bien clara: una cosa es Jorge Pacheco Areco y
otra cosa es Juan María Bordaberry. Juan María Bordaberry fue un dictador y
Pacheco fue un Presidente elegido por el pueblo; son cosas bien diferentes.
Como todos los compañeros se han referido extensivamente
a la figura de Pacheco yo voy a hacer otro tipo de consideraciones, pero antes
de continuar quiero felicitar de forma especial al Edil Guillermo Facello y
quiero evocar algunas cosas que los que tenemos cierta edad y estuvimos juntos
en ese momento podemos hacerlo con mucho orgullo: ¡Guillermo, hoy fuiste el del
Cine Cordón, fuiste el que habló en el Cine Cordón cuando nos sacaron de a
caballo a la calle! ¡Ese es Guillermo Facello, pachequista!
(Aplausos)
______Creo que lo peor que
puede tener un ser humano es ocultar lo que es. Uno es lo que es, uno es sus
principios, y eso es mi amigo, mi hermano Guillermo Facello.
Creo que un ser humano político, mujer u hombre, tendría
que tener tres condiciones que muchos que integran esta Junta tienen. Una de
ellas es la tolerancia; no el sentir igual al otro en el sentido de pensar
igual, sino sentir que el otro, aunque sea minoría, es mi igual. Por eso, vaya
mi agradecimiento al discurso ‑porque acá todos venimos a decir lo que
pensamos‑ del Edil Ferrer, a quien quiero felicitar y hacerle una chanza:
evidentemente, Edil, usted será frenteamplista, pero los genes de su abuelo
blanco están ahí; esos no se los va a poder sacar.
Yo quiero decir qué es para mí ser batllista. Para mí,
ser batllista, en primer lugar, es tener honestidad republicana. Yo no creo que
Jorge Pacheco Areco haya sido deshonesto, dicho esto desde el punto de vista de
la corrupción. Debemos ser liberales desde el punto de vista filosófico, tener
la cabeza bien abierta para ser capaces de comprender a todo el mundo. También
hay que ser humanistas, tener un profundo espíritu de justicia social y,
repito, tener tolerancia.
(Ocupa
______Yo era grande cuando
el Gobierno de Pacheco, y también ya era una mujer cuando la dictadura.
Ya que hemos hablado de algunos temas políticos, señor
Presidente, para terminar voy a hablar de un tema político que me importa
destacar. Considero que en las Presidencias de todos los hombres, de todos los
partidos, hay luces y sombras, y quienes pertenecemos a sus propios sectores a
veces tenemos discrepancias. Porque perdón: aquel que no tenga discrepancias ‑aun
con sus líderes‑, para mí es un ser que va tirado de la nariz. Podemos
tener una serie de principios que nos hacen pensar casi igual, pero nunca puede
haber dos personas que piensen exactamente igual; no existen. Pero durante su
Presidencia jamás el señor Pacheco Areco, en un acto, emitió una sola frase
político partidaria. De la misma manera que mi queridísimo compañero Edil
Ferrer señalaba aquellas cosas que no le gustaban de un muerto, yo voy a
señalar las de un vivo. Creo que si se pueden considerar antidemocráticas las
Medidas Prontas de Seguridad ‑que están dentro de
A los hombres no se los recuerda con palabras. Hoy
estamos haciendo un homenaje, pero a los hombres y a las mujeres valiosos y
valiosas que han tenido todos los partidos políticos que integran nuestras
colectividades se les recuerda con acciones. Nosotros, que siempre militamos
dentro del partido pero en otros sectores, tenemos un profundo respeto por los
compañeros pachequistas; si bien en muchas cosas no pensamos como ellos,
sabemos respetarlos.
Lo otro que quiero decir es que esta bancada del Partido
Colorado jamás dejó de estar en un homenaje que hiciera cualquier otro
compañero. Es más, esta bancada nunca se quedó en silencio; siempre habló, más
allá de las luces y las sombras. Ahora, hablando a título personal, debo decir que esta mujer cree que
todos los seres humanos tenemos luces y sombras, a veces tenemos más sombras
que luces, y a cada quien, en la forma en que quiera, le asiste el derecho a recordar a quien
considera su líder; por eso mi profundo agradecimiento.
Para terminar, señor Presidente, voy a usar una frase que
Luis Batlle pronunció en un congreso de jóvenes hace muchísimos años ‑por
supuesto‑ en el departamento de Salto. Nos dijo algo que a mí, por lo
menos, me quedó grabado. Dijo así: “Nadie puede ser realmente libre si no es
capaz de ser tolerante”. Solamente a través de la tolerancia es que nosotros y
nosotras podremos recomponer un Uruguay que, hoy por hoy, a uno le da por
pensar que parece que está mal herido, más mal herido que cuando la dictadura
de Terra y que cuando
Señor Presidente: por último, perdóneme una referencia
bíblica: amar a quien me ama es muy simple; ahora, amar a los que me odian y me
vituperan, eso sí es difícil. Quizá, como no somos perfectos ‑y me pongo
en primera línea en esa falta de perfección‑, es que creo que debemos ser
cada día más compañeros y más compañeras, porque cada día el Uruguay necesita
de gente que se ocupe de las cosas que hay que hacer, en nuestro caso, por
Montevideo. Acá hay muestras en el caso de algunos Ediles ‑entre los que
me incluyo‑, que hemos votado con el Frente porque creímos que esa medida
de gobierno era correcta, y en lo que a mí respecta lo haré tantas veces como
lo tenga que hacer porque, como dice don Óscar, acá lo que hay que hacer es
ayudar. Eso ha hecho el Partido Colorado siempre: ayudar a quien esté en el
Gobierno, no importa el color, siempre y cuando éste mantenga los principios de
respeto a
Felicitaciones a ustedes, que después de diez años
mantienen ese sentimiento vivo.
Muchas gracias.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Aníbal Gloodtdofsky.
SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Señor
Presidente: bienvenidos sean todos los invitados.
Quiero decir ‑quizá
contrariando alguna cosa dicha‑ que creo que la belleza debe amonedarse
en palabras y no sólo en acciones, y que es bueno decir las cosas que se pueden
estar diciendo acá. No tenemos acción por delante, tenemos palabras, y a ellas
nos vamos a lanzar.
Quien habla nunca fue pachequista; es más, inició su
actividad política enfrentando a Jorque Pacheco Areco. Allá, en las internas
del año 1982, eran las fuerzas vinculadas al ex Presidente Jorge Pacheco
las que enfrentaban al llamado Batllismo Unido, integrado por aquella sopa de
letras, ABX y ACE, lideradas en aquel entonces por el doctor Julio María
Sanguinetti y por el doctor Enrique Tarigo. Nosotros nos iniciamos allí. Así
que la forja de nuestra imagen del señor Jorge Pacheco Areco es el punto de
partida de una evolución hacia el conocimiento de un personaje que ha sido
emblemático, señero, trascendental en la última mitad del siglo pasado y
principios de éste.
Tengo, además, en mi haber el mayor de los recuerdos:
tener por norte y por guía en mi vida todas las enseñanzas que nos dejara el
doctor Enrique Tarigo, formidable campeón de la libertad y de la democracia,
que en aquel momento también enfrentara al señor Jorge Pacheco Areco.
¡Curioso! A pesar de esa actitud posterior al año ’85 ‑tantas
veces registrada hoy en Sala‑, una noche, allá en el año ’93 ó ’94, el doctor
Tarigo reconocía, primero, el invalorable patriotismo de Jorge Pacheco Areco
por lo que había sido su apoyo a los gobiernos posteriores al retorno a la
democracia, y, segundo, su increíble sentido del humor. No dejaba de ser
revelador que un adversario, con las características personales que además
tenía Tarigo, dijera lo que estaba diciendo.
En esa evolución
que tuvimos a partir del año ’82 vivimos lo que es la propia identidad que nos
hace colorados: el sentido de la construcción, la idea de ser constructivos, la
idea de que cuando se vuelca la balanza lo hace siempre a favor de la
esperanza, dejando el platillo del rencor en lo más bajo, porque es siempre,
sin dudas, la condición natural de un colorado vivir para el porvenir y no
vivir en el pasado. En tanto se viva para el porvenir, se vivirá con esperanza,
y en tanto se viva en el pasado, se vivirá con rencor, con intolerancia, con
gestos que nos avergüenzan en lo que es nuestra sensibilidad democrática.
(Aplausos en
______Por eso, como bien
señalaba el señor Edil Ferrer en sus muy buenas palabras, creemos en la
importancia del cambio y en la posibilidad de que cada uno cambie, como cambié
yo desde el año ’82, dejando las puertas y las ventanas de nuestros hogares, de
nuestros lugares de trabajo y de nuestros despachos abiertas para que entre el
viento fresco de la democracia, de la tolerancia, para poder entender que
solamente en armonía, hablando, dialogando, procesando los conflictos a través
de los mecanismos que nos da la democracia es que se puede construir república
y con ella felicidad para los uruguayos.
Digo, Presidente, que todo lo que ha sido valioso en la
gestión presidencial del señor Jorge Pacheco Areco ha sido muy bien dicho desde
el arranque mismo por el excelente discurso del Edil Facello. Creo que lo que
marcó el Gobierno de Pacheco Areco no fueron las Medidas Prontas de Seguridad.
Ahí estamos evaluando un Gobierno por una consecuencia y no por una causa. Lo
que marca, lo que signa, ya no el Gobierno de Pacheco sino los de esos tiempos
en toda América Latina, son los tiempos violentos, como aquella película de
Quentin Tarantino; tiempos violentos que marcaron a toda América Latina. Hace
unos días aquí homenajeamos a Salvador Allende, naturalmente que con la
participación de todas las bancadas y de todos los Ediles en Sala, y hablábamos
del famoso discurso en el que concreta
Rescatamos en lo que es nuestro ejemplo personal en la
evolución y la consideración de la figura de Pacheco Areco la idea de
construcción y del partido constructivo. Rescatamos la idea de un hombre que
sirvió al partido con la mayor honestidad, y rescatamos a un hombre que recogía
en sí toda la genética de la mayor epopeya nacional. Este país no conoció más
tiempos violentos ni mayor epopeya que aquella de
Gracias, Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Tiene la palabra el Edil Dari Mendiondo.
SEÑOR MENDIONDO.- Señor
Presidente; señoras y señores invitados; colegas Ediles del Partido Nacional,
del Partido Colorado, del Frente Amplio: como bien dijera el Edil Pablo Ferrer,
esta sesión es una sesión institucional de
Desde ese punto
de vista consideramos que todas las verdades expresadas por los partidos son
parte de la identidad de los propios partidos. Cada fuerza política aquí
representada tiene su historia, tiene sus protagonistas, tiene sus íconos,
tiene sus trayectorias, y somos respetuosos de las trayectorias de las fuerzas
políticas que componen el escenario político nacional. En función de ello
siempre apelamos al fondo de nuestra historia.
El Uruguay se
conformó como Estado independiente no en un cuadro aislado, sino en un cuadro
de inmensa presión geográfica de los países poderosos que nos rodean, ya sea
por el norte, ya sea por el litoral de
Cuando aquí se
habla del Gobierno de
Debo decir que
cuando
(Interrupción de
______Sí, colgarlo en
serio. Todos los hijos le salieron colorados, menos ese.
Joaquín Pedro
Mendiondo fue Receptor de
Mi tío, Juan
Mendiondo, fue Comisario y Sub Jefe de Policía. Y podría seguir con toda la tradición
de esos Mendiondo colorados de la primera hora.
Recuerdo que
cuando el levantamiento de Paso de Morlán ‑en ese momento el caudillo
político era don Romeo Ferrando‑ ese gran médico colorado riverista,
Armand Ugón, hizo con el caudillo la lista en la cual estaba mi padre para
venir a combatir, a defender al Gobierno de 1935. Eso se expresaba en la
familia.
El otro día decía yo aquí que mi abuela, Gabina del Junco
Correa, que tenía un gran trabuco y fumaba chala, de niño me decía que los
blancos eran buenos y los colorados eran malos. Iba mi padre y decía: “M’hijo:
los blancos son unos blancos pillos”. Así fue nuestro departamento.
Cuando se elige a don José Batlle y Ordóñez Presidente de
Podemos hablar también del general Flores y de Berro,
ambos muertos en esas luchas intestinas que había en el proceso difícil y
complejo de la patria.
Por lo tanto, la historia no arranca con el período sobre
el que estamos debatiendo aquí. La historia nuestra, como narra Hudson en
“Tierra purpúrea”, es muy profunda, muy honda, y de ahí la necesidad ‑y
no quiero extenderme, señor Presidente‑ de la racionalidad para entender
nuestros procesos e intercambiar y comprendernos, más allá de que no estemos de
acuerdo con la mayoría de las cosas que aquí se han dicho sobre el señor
Pacheco Areco, tal como dijera el Edil Pablo Ferrer. Pero todos los hombres
tienen sus luces y sus sombras, por eso rescatamos también el criterio de
gobernabilidad que tuvo Pacheco Areco con relación a diversos Gobiernos, fueran
blancos o del Frente Amplio, como cuando el doctor Tabaré Vázquez asumió
Como Presidente de
En el Uruguay
también estamos en un proceso de construcción de memoria y de identidad. No
dejemos que la pasión nos ciegue, busquemos la racionalidad. No sólo me inspiro
en elementos nuestros, me inspiro en un gran patriota, en un gran luchador, en
un gran hombre de la historia brasileña que se llamó Luís Carlos Prestes,
teniente, que encabezó una marcha inmensa en Brasil, más larga que la marcha de
Mao Zedong, una marcha de un millón de kilómetros que se llevó a cabo en el año
1927. Fue un militar, un héroe nacional, luego Senador; fue perseguido y
encarcelado por Getulio Vargas; Su mujer fue enviada a Alemania y murió en un
campo de concentración. Estando preso, un teniente quiere levantarse contra el
Gobierno de Getulio Vargas y Luís Carlos Prestes le dice lo siguiente: “Nadie
como yo puede tener tanta antipatía y tanta aversión por Getulio Vargas, pero
primero está Brasil. Todo lo que se haga para debilitar al Brasil será nuestro propio
debilitamiento”. En esa línea está mi espíritu al estar hoy acá.
Gracias.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Álvaro Viviano.
SEÑOR VIVIANO.- Gracias,
Presidente.
En primer lugar, nosotros estamos en este homenaje como
hemos estado siempre en cada uno de los homenajes propuestos, más allá de las
líneas de pensamiento, más allá de los proponentes, porque entendemos que los
actos institucionales que determina el Cuerpo no merecen otro tipo de actitud
de los señores Ediles.
Yo, señor Presidente, como wilsonista que soy, debo
confesar ante el público, ante los presentes, ante el propio Partido Colorado,
que la figura de Pacheco Areco no es una de las figuras políticas de ese
Partido Colorado que más me atraiga, leyendo, analizándola, viéndola desde una
perspectiva histórica; debo decirlo con total lealtad porque creo que es lo que
corresponde. Pero también reconozco que varias de las actitudes políticas que
asumió al cabo de su historia merecerían ser valoradas, aunque más no fuera
durante unos breves instantes.
Revisando notas
de su vida personal pude ir encontrando aportes verdaderamente interesantes, no
de su vida política sino de su vida como periodista, como deportista ‑por
su afición al box; si no me equivoco, es de ahí que viene su apodo de el
“Bocha”‑, actividades que, además, lo llevaron a obtener reconocimientos
en la esfera internacional, también por sus destacadas actuaciones.
Es obvio ‑y el Cuerpo hoy está dando cuenta de ello
a partir de las distintas intervenciones‑ que Pacheco, al igual que
muchos de los grandes líderes que ha tenido la rica historia política de este
país, no ha transitado en forma indiferente, en absoluto. A partir de ello,
como es notorio, tuvo adherentes fervorosos ‑que aún mantiene‑, y
ha tenido, también a lo largo de su vida política, detractores ‑digamos‑,
y muy acérrimos. Es más: de esa dicotomía seguramente provenga hasta la
denominación popular de su sector político, pachequismo o pachecato, como
popularmente ha sido recordado y mencionado, según el lado del que se mire;
situación que seguramente no es deseable por nadie, porque esas cosas hablan,
de alguna manera, de pequeñas señales de resentimiento o intolerancia que, por
lo menos hoy, no pretendemos en nuestro país.
Yo creo que todos estos homenajes deberían, más que
plantear nuestras diferencias históricas y nuestras distintas posiciones al
cabo del tiempo, hacernos reflexionar acerca de esas situaciones en particular
y llevarlas al tiempo de hoy para tratar de revivirlas y, también, para
aprovechar las enseñanzas de la historia. Yo creo que es un momento vivo que
hoy está contagiando a todos y cada uno de los actores democráticos de este
país, en el que seguramente parte de la vida política de Pacheco Areco calzaría
a la perfección. Uno mira hoy varias acciones de gobierno, en un Gobierno de
izquierda, y pensaría que éstas no están tan lejos de las que fueron ‑en
materia de comercio, control de precios y demás‑ algunas de las acciones
típicas del gobierno de Pacheco Areco.
Yo creo que no
podemos, de ninguna manera, descontextualizar el análisis de esta figura de un
difícil y particular momento de nuestra historia, de que gobernar, por encima
de todo, importa poner autoridad. Vaya si no es para los gobernantes un karma
manejar esa situación, porque saben que, por encima de todas las
circunstancias, tienen que poner autoridad. Pacheco Areco la puso; la puso en
el marco de
Para terminar, señor Presidente, quisiera traer a Sala
una pequeña semblanza que hemos recogido de su vida, en algunos casos remarcada
por los señores Ediles del Partido Colorado. Fue un hombre honesto, fue un
hombre probo, y eso en la vida también vale e importa mucho.
Yo quiero leer parte de una nota que le hiciera el diario
“El País” a Juan Florencio Morales Benítez, quien fue chofer y guardaespaldas
de Pacheco cuando éste se desempeñó como Embajador en Estados Unidos, publicada
el día 24 de agosto del 2005. Dice así: “El “Bocha” era un verdadero bohemio.
Amaba la política, el periodismo y la vida en sí misma. Tan bohemio, que el día
que tomó el avión de retorno a Montevideo todo su capital lo llevaba en el
bolsillo. Eran sólo U$S 500; se lo juro. No tenía dónde vivir”.
Gracias, señor Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Gracias a usted.
Tiene la palabra el señor Edil Luis Luján.
SEÑOR LUJÁN.- Gracias,
Presidente.
En primer lugar, quiero decir que este Edil y toda esta
bancada están aquí por convicción ‑convicción que muy bien definió el
Edil Ferrer‑ y por el compromiso asumido con esta institución sobre la
base de nuestro espíritu democrático. Tengan claro que vamos a estar presentes
en todas aquellas instancias que la institución nos lo pida, como también vamos
a estar el próximo mes de agosto cuando rindamos homenaje a Líber Arce. Eso lo
queríamos dejar claro porque es parte de esa tolerancia de la que hablaba el
Edil Ferrer y es parte de ese convencimiento histórico. Los uruguayos estamos
tratando de recomponernos como país y como sociedad, y tenemos la convicción de
que es en estas instancias en que la memoria empieza a formar parte de nuestra
cultura y de nuestro quehacer político.
También quisiera
aclarar algo que dijo una Edila que me antecedió en el uso de la palabra. Este
país no está mal herido como se afirmó hace un instante. Si estuviera mal
herido, este homenaje no se estaría realizando. Comparar este país, el actual,
con el de la dictadura de Terra y con el de 1904 me parece una exageración y
una falta de evaluación del momento histórico que estamos viviendo, nos guste o
no nos guste, en pleno goce de nuestras libertades y recomponiéndonos como país
y sociedad. Esta institución está homenajeando a esta figura a raíz de un
planteo traído a Sala por el Edil Facello, y la bancada del Frente Amplio está
presente en esta Sala. Decimos esto no para contestar una alusión, sino para
plantear que no se puede hacer una afirmación de ese tipo en cualquier
instancia ni en cualquier momento. Por lo tanto, lo queríamos dejar claro antes
de comenzar.
La mayoría de esta bancada nació en la década del ’60;
yo, al menos, nací en esa década. Mi acercamiento a esta figura se dio
básicamente por intermedio de la historia, de los libros, de la lectura, de la
reflexión. Luego, cuando ya éramos un poco más grandes, vino el plebiscito del
’80, en momentos en que el país vivía una encrucijada. Ahí empezamos a tener
diferencias con el homenajeado. Posteriormente seguimos con una serie de
diferencias, y a medida que íbamos creciendo nos íbamos informando; íbamos
conociendo la historia económica, el contexto regional, las luchas
parlamentarias, lo que pensaban los diversos partidos y personalidades
históricas sobre la persona hoy homenajeada.
Después de tantos años, la convicción que tengo, como
decía el Edil Ferrer, es que me separa de esta situación una gran diferencia de
evaluación del momento histórico, de las decisiones tomadas ‑porque lo
que tomó el homenajeado fueron muchas decisiones en momentos críticos, las que
no comparto, pero las tomó‑; hago esta evaluación en función de los
hechos, de los actos. La particularidad básicamente es que no todos habríamos
tomado las mismas decisiones para el mismo hecho, en el mismo momento. ¿Las
Medidas habrían tenido el mismo tenor si las hubieran tomado otras
personalidades? No se sabe. Ahora, yo ‑por lo menos, voy a hablar en
primera persona‑ hoy evalúo y miro lo que pasó posteriormente y llego al
convencimiento de que dichas Medidas que fueron extremadamente equivocadas para
el momento que estaba viviendo el país. Por eso me separan ‑lo digo con
respeto‑ enormes diferencias históricas, ideológicas y políticas sobre
las decisiones tomadas en ese momento.
Por eso es que hoy, como bancada, teníamos la obligación
de plantearlo, porque también forma parte de la construcción de la memoria
histórica y política. La memoria política de este país también incluye los
hechos parlamentarios, porque también dieron lugar a lo que vivimos
posteriormente. Fue una sucesión de errores que luego llevaron a una crisis
institucional: pasamos 13 años de la peor época de este país.
Básicamente, compartimos lo que hoy planteaba el Edil
Ferrer respecto a las valoraciones históricas. Podríamos hablar muchísimo en
ese sentido, pero nosotros no somos políticos haciendo historia: somos
políticos evaluando la política y el desenvolvimiento del país desde el ’60 en
adelante. Hoy también hay consecuencias, por eso hoy también estamos haciendo
memoria, memoria de ese momento histórico, porque, si no, no tendríamos homenajes por venir. En esos momentos
sucedieron hechos políticos a raíz de decisiones tomadas por hombres, por
instituciones que funcionaban a veces, decisiones que nosotros también decimos
que no fueron tomadas en forma y con los contenidos que
Por eso, y por
muchas cosas más, si bien estamos acá, no compartimos este homenaje. La bancada
tenía la obligación institucional y política de manifestar, con el debido
respeto y la tolerancia que se merecen los convocantes, nuestra opinión sobre
esta figura.
Vaya nuestro
saludo al Edil Facello y a las bancadas del Partido Colorado y del Partido
Nacional.
Gracias, Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).-
Tiene la palabra el señor Edil Raúl González.
SEÑOR GONZÁLEZ (Raúl).-
Gracias, señor Presidente.
En primer lugar, quiero aclarar que estamos presentes en
Sala por decisión propia, por respeto a quien propone el homenaje, en respaldo
al Presidente del Cuerpo, y no por ningún sorteo. Es ofensivo para quien habla
y para esta bancada que se piense que estamos aquí por sorteo. Estamos aquí, y
vamos a tener que estar mañana en nuestros lugares comunes, con nuestros
vecinos, con nuestros amigos, en los comités de base de nuestra fuerza política
rindiendo cuentas de por qué estamos aquí. Este es un acto de madurez política
de esta bancada del Frente Amplio.
Dicho esto, nosotros creemos para que poder hablar,
estudiar o analizar al homenajeado en el día de hoy es necesario recurrir a un
montón de crónicas de la época, y no basarse en historiadores. Hay que
analizar, desde fines de la década del ’50, la economía del Uruguay, de
Obviamente, estamos en las antípodas, pero en las
antípodas, de las ideas de Jorge Pacheco Areco, por la formación que hemos
adquirido, que, justamente, es de quien enfrentó en esa época a lo que vamos a
llamar el pachecato. Pero lejos está de quien habla transformarse en un
tribunal que juzgue.
Nosotros decimos
que quienes estuvieron en aquella época y quienes estamos transitando esta
época tenemos la responsabilidad institucional y patriótica de aportar todos
los elementos necesarios para que, cuando ninguno de nosotros esté presente
sobre esta tierra, alguien pueda escribir la historia para que hombres y
mujeres puedan juzgar sobre la base de ella. La historia no es la que juzga:
los que juzgan son los hombres y mujeres que leen la historia. Es una gran
responsabilidad que tenemos cada uno de los que estamos participando en la vida
política de este país tratar de dar los datos más objetivos sobre cada uno de
los acontecimientos de la historia.
Lo que surgió
durante y después del pachecato le duele a todo este país. Más de 350 muertos y
desaparecidos en Uruguay y en la región.
(Murmullos)
______No nos afiliamos a
la idea de qué habría sucedido con una reelección...
(Murmullos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Vamos a solicitar silencio de parte de las señoras y señores Ediles.
Puede continuar.
SEÑOR GONZÁLEZ (Raúl).-
Muchas gracias, señor Presidente.
Como decíamos al inicio de nuestra intervención, en un
acto de responsabilidad y tolerancia, estamos y nos mantenemos en Sala...
(Murmullos)
______...aunque el acuerdo
previo era que la responsabilidad de mantener el quórum era de las bancadas del
Partido Nacional y del Partido Colorado. Nosotros, en un acto de grandeza y de
responsabilidad, nos mantenemos en Sala y no nos vamos a ir por más que nos
moleste lo que digan algunos Ediles.
(Murmullos)
______Mucho se ha escrito
sobre el homenajeado, y algunos se pueden afiliar a una tesis de lo escrito, y
otros, a otra. Pero no es un dato menor...
(Murmullos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Perdón, señor Edil.
Vamos a solicitar por segunda y última vez que se respete
a quien está hablando, como todos y cada uno hemos respetado a quienes hablaron
anteriormente.
Gracias.
Prosiga.
SEÑOR GONZÁLEZ (Raúl).-
Gracias, señor Presidente.
Queremos citar lo que decía Real de Azúa de Jorge Pacheco
Areco en su libro “Política, poder y partidos en el Uruguay de hoy”. A mí me
ayudó a entender algunas cuestiones, obviamente desde mi punto de vista. Decía:
“El presidente es tataranieto de su homónimo, el preboste de Blandengues Jorge
Pacheco (1762-1832), famoso por su dureza en la tarea de ‘ordenación de los
campos’ en los años preliminares a
“De familia antigua aunque modesta, y sin otra actuación
pública o privada que inconclusos estudios de derecho y un persistente
entusiasmo por el boxeo, Jorge Pacheco despertó, en plena juventud, la simpatía
de su pariente César Batlle Pacheco, el retraído hijo mayor de Batlle y
Ordóñez, dueño de cuantiosa fortuna y de un considerable caudal de influencia
política. El brioso púgil de viril arrogancia vio abiertas entonces por todo lo
alto las puertas del diario ‘El Día’, el legendario bastión periodístico del
batllismo, ‘la caverna’ de persistentes rencores y reflejos, lemas y lenguajes
mantenidos sin cambio por más de medio siglo. Tras desempeñar paralelamente
funciones aduaneras de las que salió con renombre de probo sino de laborioso, y
luego de cuatro años más, durante los cuales, electo diputado por Montevideo,
mantuvo en el Parlamento un mutismo casi invariable, Pacheco debió abandonar el
grupo codirectivo de ‘El Día’, que entonces integraba, a raíz de su adhesión a
la candidatura presidencial del general Oscar D. Gestido. Si se atiende a que
este prohijaba la reimplantación del unipersonalismo presidencia y la
derogación del ejecutivo colegiado, niño de los ojos de ‘la mística batllista’,
ya fue fácil ver qué escasamente internalizados tenía este integrante del ‘inner circle’ bátllico los principios
vertebradores de la ideología de su partido.
“De su selección como compañero de fórmula presidencial
de Gestido se sabe que este desechó, por una parte, la alternativa de nombres
más brillantes por menos cómodos, y que otras ofertas previas de la candidatura
vicepresidencial ‑caso del embajador Lacarte Muró‑ le fueron
rechazadas a su vez. En noviembre de 1966, como es notorio, fue ratificado
plebiscitariamente el proyecto presidencialista ‘naranja’ y el general Gestido
resultó triunfante entre los varios candidatos que contendían con él por la
nominación dentro del lema vencedor. Ascendió al poder en marzo de 1967, sin
que casi nadie atendiera a la figura que lo acompañaba pero, menos de nueve
meses más tarde, la muerte repentina del general dio paso a esa figura como
presidente de todos los orientales.”
Con la muerte del presidente Gestido, Carlos Quijano
escribía en “Marcha”, en noviembre de 1967: “He aquí la muerte llegada,
sigilosa, y todo lo trastorna. Porque este repentino desenlace es en las
circunstancias actuales una catástrofe nacional”.
Tal vez con esa visión se analizaba lo que podía venir en
este país.
Existen estas visiones y también existen las otras que
hemos escuchado hoy. Justamente, para que los hombres y mujeres del mañana
puedan leer, analizar y escribir un juicio sobre la historia, debemos dar todos
los puntos de vista objetivos, con altura y con respeto.
Muchas gracias, señor Presidente.
(Aplausos)
SEÑORA RONDÁN.- Pido la
palabra para una cuestión de orden.
SEÑOR PRESIDENTE (Silva)-
Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán para una cuestión de orden.
SEÑORA RONDÁN.- Quiero
saber cuál es la bibliografía que utilizó el Edil Raúl González.
SEÑOR PRESIDENTE (Silva).-
Consta en actas: Real de Azúa.
Para finalizar, tiene la palabra el señor Edil Osta.
SEÑOR OSTA.- Gracias,
señor Presidente.
Al tributar hoy homenaje al ex Presidente Jorge Pacheco
Areco
Ha hecho muy bien el Edil Facello ‑apoyado por todo
el Partido Colorado‑ en traer a
Estamos homenajeando a un Presidente de
Nos parece que
rendir homenaje a un Presidente es un hecho de relieve institucional
fundamental; ello, señor Presidente, desde el punto de vista institucional, no
es lo mismo que homenajear a otras
figuras, a las que se tendrá el derecho de homenajear, por supuesto. Aquí
estamos hablando de un Presidente de
Desde nuestra bancada, agradecemos las opiniones y
palabras del representante del Partido Nacional, del señor Edil Ferrer, del
señor Edil Luján y del señor Edil Mendiondo. No vamos a entrar a profundizar en
otras consideraciones, señor Presidente, de quienes están acostumbrados a limpiar
el estercolero y casi siempre se les asigna el trabajo sucio.
La primera
consideración política que vamos a hacer, señor Presidente, es que hoy estamos
en esta sesión porque la oposición ha juntado las firmas necesarias ‑las
ocho firmas del Partido Colorado y las tres del Partido Nacional‑ para
que este homenaje se llevara adelante en el marco de una Junta Extraordinaria.
Es verdad que hay Ediles del Gobierno que están hoy aquí presentes y hacen
número, pero oficialmente, señor Presidente, el partido de Gobierno no dio sus
votos el día que aquí se planteó la realización de este homenaje. Nos parece
oportuno que estén en Sala debido a la obligación institucional que les impone
el lugar que ocupan, pero, desde el punto de vista político, no se apoyó
la realización de este homenaje; eso es algo que también se debe saber y por
eso lo decimos.
Hoy estamos homenajeando a un gran hombre.
Yo no tengo procedencia pachequista en el Partido
Colorado, señor Presidente, pero al igual que a muchos, el conocimiento y el
estudio objetivo de la situación, de lo que representó la gestión de Pacheco
Areco, me ha llevado a tener una opinión absolutamente positiva. Además, muchas
de las cosas que se han dicho parten también de algo que nosotros queremos
subrayar: si bien hay varias bibliotecas, del análisis histórico surge que ha
habido una tergiversación histórica de algunos aspectos, llegándose a demonizar
a Pacheco a través de seudo insultos ‑como eso del Pachecato que tan
alegremente se dice a la pasada‑ y a tratar de denostar ‑digo
“tratar” porque no se ha logrado‑ la figura y la gestión de un hombre
como Jorge Pacheco Areco.
Entonces, cuando se entra en el estudio y análisis de la
situación se toma real conocimiento de lo sucedido y se entiende qué es lo que
pasó, por qué pasó, qué se hizo y cómo se hizo. No vale acá la nostalgia por el
recuerdo de lo que nunca pasó. Nosotros evaluamos el hecho histórico por el
hecho histórico en sí. Decimos que las decisiones políticas que se tomaron
fueron las correctas y no nos introducimos en sueños o pensamientos sobre cuál
habría sido la situación hipotética que nunca se dio, porque la objetividad con
que los colorados miramos la historia y la realidad nos lleva a ser mucho más
pragmáticos y realistas en el momento de las cosas; quizás haya sido,
justamente, por lo que se mencionaba hoy acerca de nuestra histórica
responsabilidad en lo que respecta a ejercer el gobierno, y que en el caso de
Jorge Pacheco Areco viene de
Además, señor Presidente, no vale hoy tratar de generar
una lectura aislada de un relato histórico sesgado sobre acontecimientos del
siglo XIX que condenan fusilamientos, cuando hoy en día, señor Presidente,
existen fusilamientos que son aplaudidos por quienes denostan aquellos
fusilamientos del siglo XIX.
(Aplausos desde
______Entonces, señor
Presidente, también decimos que el tema de la memoria es importante; ya lo
hemos discutido en Sala varias veces. La memoria es importante como base del
relato histórico. Pero de la misma manera que se sostiene la importancia de la
memoria para el relato histórico, también nosotros desde aquí vamos a decir que
no estamos dispuestos a soportar los abusos de
Es verdad, señor
Presidente, que en momentos difíciles de conflicto
¿Cuáles fueron
las causas de esa situación, señor Presidente? ¿Qué vamos a decir aquí? ¿Que la
situación de violencia que se generó en ese entonces era causa del gobierno del
momento, del señor Presidente? No; él tuvo que administrar esas tensiones ‑que
habían aparecido mucho antes en el país‑ de quienes sentían que, en forma
iluminada, podían indicarle a la gente mediante la fuerza cuál era el destino
que había que seguir. En ese contexto, señor Presidente, aparecieron las
Medidas Prontas de Seguridad, de las que hoy se hablaba y que no eran nuevas en
el país, ya que los gobiernos blancos las habían tenido que llevar adelante.
Entonces, no es cuestión de encajonar un concepto para venderlo de manera
endemoniada y aislada de toda una situación.
Señor Presidente:
vamos a dar lectura a un historiador blanco, para que no se nos diga que
estamos haciendo alusión a historiadores colorados. Vamos a leer lo que al
respecto decía la propia Ministra de entonces, Alba Roballo; la venerada ex
Senadora por la bancada de Gobierno, desde luego, porque terminó su vida
política en el Frente Amplio. En ese momento decía en una carta firmada por ella
‑y no es una opinión sesgada de algún historiador‑: “Subrayo que
las motivaciones que ha tenido este Gobierno que usted preside para dictar las
medidas prontas de seguridad son de orden superior y patriótico y que nunca ha
tenido más motivos un Gobierno para llegar a ese extremo constitucional. Esa
actitud no contradice mi adhesión personal y política a ese Gobierno y a su
persona, que será manifestada a través de la actuación en el Parlamento y desde
mi banca, donde seguiré testimoniando la confianza que tengo en el Gobierno
colorado y el inmenso aprecio personal que tengo al señor Presidente”. Esta es
una carta de Alba Roballo a Pacheco Areco, que Maiztegui publica en el tercer
tomo de “Orientales”. Quizá mucha gente diga: “¿Esto es así? Recién me entero”.
Sí, muchos no lo saben. Pero de alguna manera es un ejemplo claro de cómo todo
un momento histórico se ha mostrado de determinada manera, sesgando juicios,
mostrando parte de los hechos. Cuando uno entra en el conocimiento profundo de
los hechos, ve las opiniones y trata de interpretar la situación del momento,
ve que la historia era otra y que las decisiones que se tomaban en ese momento,
en parte, eran las correctas. Digo en parte, señor Presidente, porque no hay
Gobierno perfecto, no hay seres humanos perfectos; todos los Gobiernos tienen
luces y sombras. Luces y sombras son, en definitiva, las que hacen a cualquier
gestión.
Jorge Pacheco
Areco era un hombre común, un hombre de clase media, un hombre de amigos, del
box, pero también era el profesor de Literatura, el Director del diario “El
Día”, aspectos que de alguna manera también muestran una personalidad
importante, una personalidad bastante más completa y compleja que la que se
conoce. Ese hombre tuvo en su Gobierno luces y sombras, y no debemos, desde la
lejanía del tiempo, tratar de considerar como dioses a quienes no lo eran;
debemos valorar en forma racional y objetiva y de una manera humana cómo se
desarrollaron las cosas.
Nosotros, desde el Partido Colorado, creemos que las
cosas se desarrollaron de la forma en que debían según las circunstancias. De
la misma manera que vemos con orgullo a otros hombres que en otros momentos
tomaron decisiones difíciles para llevar adelante a este país, el caso de
Pacheco Areco también es un ejemplo claro de cómo, ante situaciones
complicadas, tuvo el temperamento, el coraje, la mano firme, sí, para tomar
decisiones, pero sin dejar de lado en su gestión los aspectos de fuerte
contenido social, popular, que hoy subrayaba el Edil Facello. Porque, señor
Presidente, los iluminados a veces intentan dar cátedra desde las posiciones de
altura, pero el pueblo es el que no se equivoca, y cuando en ese momento el
pueblo tuvo que valorar la gestión de Jorge Pacheco Areco lo hizo a través del
apoyo del voto popular, y eso es lo más importante que les queda a los hombres
públicos.
Muchas gracias, señor Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Pido
la palabra.
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Anibal Gloodtdofsky.
SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Señor
Presidente: como usted me ha informado, no quedan más oradores anotados. Por lo
tanto, quería concluir este homenaje con un agradecimiento y una precisión.
Lo primero que quiero es agradecerle a usted, señor
Presidente, por la tolerancia reglamentaria con la que se ha conducido, por el
mantenimiento del quórum de la forma en que lo ha hecho y por lo generoso que
ha sido en el manejo de los tiempos para hacer uso de la palabra.
Esta es su primera sesión. Realmente, ha empezado con
buen pie y queríamos dejar establecida esa felicitación.
(Aplausos)
______En segundo lugar,
quiero hacer una ligerísima aclaración, porque a los libros hay que leerlos en
su totalidad, y no sólo una página. El capitán Pacheco recomendó nada más ni
nada menos que al general José Gervasio Artigas para ingresar a los
Blandengues.
Creo que ese es mérito más que suficiente.
Gracias.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (G.
Silva).- Muchas gracias.
Damos por finalizada la sesión.
(Es la hora 18:20)