Acto de homenaje al poeta Fernando Pessoa

Celebrado el 28 de julio de 2008

 

Área Legislativa - Departamento de Taquígrafos

 

 

SEÑOR PRESIDENTE (Gastón Silva).- Buenas tardes a todos y a todas.

            De esta manera estamos dando inicio al acto de homenaje al poeta y ensayista portugués Fernando Pessoa.

 

(Es la hora 16:30)

 

______Es el mayor poeta portugués del siglo XX, quien dejó, a su muerte, un baúl con más de 25.000 páginas manuscritas que le permitieron perdurar como un genio de la literatura.

            Nacía hace 120 años en Portugal, y decía que así como los navegantes tenían una frase gloriosa que dice: “Navegar es necesario, vivir no lo es”, él afirmaba: “Crear es necesario, vivir no lo es”.

            Decía Octavio Paz: “Pessoa es el tránsito entre la irrealidad de su vida cotidiana a la realidad de sus ficciones”.

            Hoy la Junta Departamental de Montevideo, el Parlamento de la Ciudad, homenajea a este poeta en un abrazo invisible que cruza el Atlántico desde Montevideo a Lisboa y las une con un collar de letras. 

            Para iniciar el acto, es con honda satisfacción que vamos a dar la palabra a la Edila Silvia Aguiar.

 

SEÑORA AGUIAR.- Buenas tardes a las autoridades y a todos los presentes.

            Hoy es muy día muy importante para nuestra Junta, porque homenajeamos a uno de los grandes escritores, para algunos reconocido tardíamente.

            Fue Gaspar Simões quien reivindicó el nombre de Pessoa cuando sólo había publicado algunos poemas. Hoy ya todos los reconocemos como el más grande y universal de los poetas portugueses del siglo XX.

            Como bien lo decía el señor Presidente, un 13 de junio de 1888, en Lisboa, la “Blanca”, nace Antonio Nogueira Pessoa. A raíz de la muerte de su padre, viaja con su madre a Durban, Sudáfrica, ciudad que lo impactó. Allí escribió sus primeros poemas en inglés y recibió, en 1904, el premio Reina Victoria. Un año más tarde regresa a Lisboa para realizar cursos superiores de letras y profundizar sus estudios sobre la poesía portuguesa.

            En esos años recibió la influencia del futurismo y comenzó a escribir con heterónimos; la Ode Triunfal y el Ultimátum son ejemplos de esto.

            Lo atrapó el “saudosismo” de la escuela poética portuguesa, que se basa en ese sentimiento tan portugués como la saudade ‑que es la añoranza de las cosas buenas del pasado que el tiempo ido trajo y dejó‑, reflejada en el fado; lo que es similar a nuestra nostalgia, una filosofía del existir reflejada en nuestro tango.

            Fallece el 28 de noviembre de 1935. Es recién en 1942 cuando se inicia la edición de sus obras completas.

            La obra de Pessoa no es fácil, señor Presidente; es como la música, es un arte muy difícil. Eso es precisamente lo que hace a Pessoa extraordinario: es el único poeta con cuatro voces afinadas en un mismo tono y en una sola poesía. Existen en él, claramente diferenciados: Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Pessoa.

            En su carta de la génesis de los heterónimos describió: “No podrá decirse que son anónimas o seudónimas” (...) “la heteronimia es el autor fuera de su personalidad, es de una individualidad completa fabricada por él, pero como si fuera los parlamentos de los personajes de su propio drama”. Dice: “(...) puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización dramática, en Ricardo Reis toda mi disciplina mental investida de la música que le es propia, en Álvaro de Campos la emoción que no debo ni a mí ni a la vida, la obra de los tres es un conjunto dramático, es un drama en gente en vez de ser en actos. Si estas tres personalidades son más o menos reales es un problema metafísico que Pessoa nunca podrá resolver (...)”.             Cada uno de ellos es parte de Fernando Pessoa, que bajo su ortónimo se convierte a la vez en uno más, pero que juntos constituyen la personalidad completa y acabada del poeta, y todos y cada uno de ellos poseen una existencia anterior real, así como una expresión literaria.          

Armando Cortés opina que su obra es el misterio de la vida misma. En cada uno de estos heterónimos hay un concepto de la vida y aflora la importancia misteriosa del existir. Será por eso que también me gusta a mí.

Como bien lo dice, es un poeta dramático que al escribir hace una exaltación del poeta a la vez que una despersonalización del dramaturgo.

Pessoa vivió el destino que él mismo escogió, que da cuenta de las exigencias internas que lo dominaban. Si vivió solo fue porque era el clima propicio para su meditación, en concordancia con nuestro querido profesor ‑recientemente fallecido‑ Medina Vidal, quien también, como el poeta, prefirió la soledad, porque era feliz “sin más”. Dice Pessoa al respecto: “Si estoy solo, quiero no estarlo / Si no lo estoy, quiero estar solo, / En fin, quiero siempre estar / De la manera que no estoy”.

Las obras completas de Fernando Pessoa conforman ocho volúmenes: “Poesía de Fernando Pessoa”, editado en 1942; “Poesía de Álvaro de Campos”, en 1944; “Poemas de Alberto Caeiro”, en 1946; “Odes de Ricardo Reis”, en 1946; “Mensagem”, en 1945; “Poemas dramáticos de Fernando Pessoa”, en 1952; “Fernando Pessoa, Poesías Inéditas”, en 1955; “Fernando Pessoa, Poesías Inéditas, 1919-1930”, publicadas en 1956.

El “Libro del Desasosiego”, su obra póstuma, abunda en imágenes sorprendentes, que es lo que nos pasa a los lectores de Pessoa cuando entramos en su mundo torrencial, en el que se desnuda la sensibilidad y la inteligencia que expresa una imaginación prodigiosa, junto con el dominio absoluto de los aspectos técnicos de la escritura.

            En esta Sala nos hemos referido muchas veces al espejo; cuando uno habla de otra persona bien o mal siempre hay algo de sí en lo que uno dice. Y en este libro hay un espejo del alma del poeta, que refleja como tal sus sueños, sus pensamientos, sus ideas y sus imágenes con una belleza deslumbrante, porque cuenta en él la aventura terrenal de Pessoa, con sensibilidad y con sabiduría.

Como dice en su poema “El Pastor”: “No tengo ambiciones ni deseos. / Ser poeta no es una ambición mía. /Es mi manera de estar solo”.

Por último, señor Presidente: “Hay tantas cosas que sin existir, / Existen, existen demoradamente, / Y demoradamente son nuestras y nosotros / Por sobre el verde turbio del ancho río, / Los circunflejos blancos de las gaviotas…/ Por sobre el alma el aleteo inútil / De lo que no fue, no puede ser, y es todo. / ¡Dame más vino, porque la vida es nada!”.

 

(Se exhibe presentación multimedia)

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Queremos saludar al Presidente de la Casa de Portugal, Raúl Simón, y a la señora María del Carmen Núñez; al señor Luis Panasco, Presidente de la Cámara de Comercio Uruguay-Portugal; a Margarita Cavallo de Assunçao; a Cecilia Assunçao de Barreto; al doctor Amílcar Vasconcellos hijo, y al Senador Mariano Arana.

Tiene la palabra la profesora Margarita Cavallo de Assunçao.

 

SEÑORA ASSUNÇAO.- Buenas tardes para todos.

Señor Presidente de la Junta Departamental, señora Presidenta de la Comisión de Cultura, señor Vicepresidente, señores Ediles, invitados, señoras y señores: la figura que hoy nos convoca, Fernando Antonio Nogueira Pessoa, es una de las personalidades más ricas y representativas de la literatura europea del siglo XX y, sin duda, la más grande de ese siglo en lengua portuguesa.

 El poeta nació en Lisboa el 13 de junio de 1888; su padre era el crítico musical Joaquim de Seabra Pessoa, y su madre, María Madalena Pinheiro Nogueira. Con sólo cinco años perdió a su padre, y eso motivó un estrechamiento del vínculo con su madre, por quien sintió especial devoción. A ella dedicó su primer poema conocido, “A minha querida mãe”, en julio de 1895.

El 30 de diciembre de ese mismo año su madre se casó con el comandante de marina João Miguel Rosa, que se desempeñaba como Cónsul de Portugal en Durban, Sudáfrica. Allí, entre 1896 y 1898, Pessoa desarrolló sus estudios primarios en el Convento de West Street, y los completó entre 1899 y 1901 en la High School.

            En 1902 se matriculó en la Comercial School de Durban, y en 1903 ingresó a la Universidad de Capetown, en la que aprobó al año siguiente el Intermediate Examination in Arts.

            En 1905 regresó solo a Portugal y se matriculó en la Facultad de Letras de Lisboa, pero abandonó sus estudios en 1907.

            A partir de 1908 comenzó a trabajar en lo que fue su medio de vida habitual, como redactor de correspondencia extranjera en empresas comerciales de importación y exportación. Otra tarea que realizó ocasionalmente fue la de traductor para algunas editoriales portuguesas e inglesas.

            Con respecto a su forma de ser y a su relacionamiento con los demás, podemos citar el testimonio de su ahijado, quien lo describió con estas palabras: “Era un hombre que no mostraba abiertamente la intimidad de su alma. El pudor especial con que siempre se revestía, aliado a la determinación implacablemente mantenida, a través de todo, de conservar una total y plena libertad de movimientos y de acción, limitaban en cierto sentido la intimidad de su convivencia, porque el poeta deseó toda la vida ‑y afortunadamente lo consiguió‑ trabajar sin horarios, almorzar y cenar donde y cuando le viniera en gana, conversar todo el día en la mesa del café y escribir intensamente a lo largo de toda una noche, no ya sin tener que dar satisfacciones a nadie, sino sin tener siquiera que advertírselo a nadie. No se crea, sin embargo, que tal ‘limitación’ se tradujera en algo semejante a la frialdad o el retraimiento: en la convivencia habitual se mostraba siempre como un conversador incansable y sutil, lleno de comprensión y ternura humanas, compañero ingenioso y divertido que ejercía un extraordinario poder de seducción en cuantos se le acercaban”.

            Entre 1909 y 1911 Pessoa desarrolló en “A Águia”, órgano de Renascença Portuguesa, sus primeros artículos: “A nova poesia portuguesa sociologicamente considerada”, “Reincidindo” y “A nova poesia portuguesa no seu aspecto psicológico”.

            A fines de 1912 su amigo y confidente, el poeta Mário de Sá Carneiro, le envió su poemario “Dispersão”, recién publicado.

El 8 de marzo del año 1914 tuvo lugar lo que él llamó su “día triunfal”, al que definió de esta manera: “Cierto día se me ocurrió gastarle una broma a Sá Carneiro: inventar un poeta bucólico de especie complicada y presentárselo, no recuerdo ya cómo, dentro de alguna especie de realidad. Pasé unos días elaborando al poeta, mas no lo conseguí. Ya había desistido cuando un día, por fin ‑era el 8 de marzo de 1914‑, me acerqué a una cómoda alta, tomé papel y comencé a escribir de pie, que es como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas, uno tras otro, en una especie de éxtasis que no podría definir. Fue el día triunfal de mi vida y nunca volveré a tener otro igual. Empecé con un título: ‘O guardador de rebanhos’, y lo que vino después fue la aparición de alguien a quien di enseguida el nombre de Alberto Caeiro. Pido perdón por lo absurdo de la frase: de mí había surgido mi maestro. Fue esta la sensación inmediata que tuve. Tanto es así que escritos treinta y tantos poemas, tomé enseguida más papel y escribí, también uno tras otro, los seis poemas de ‘Chuva oblíqua’, de Fernando Pessoa. Inmediata y totalmente. Era el regreso de Fernando Pessoa-Alberto Caeiro a Fernando Pessoa‑sólo él. O mejor: era la reacción de Fernando Pessoa contra su inexistencia en tanto que Alberto Caeiro. Aparecido Alberto Caeiro, traté en seguida de descubrirle ‑instintiva y subconscientemente‑ unos discípulos. Arranqué de su falso paganismo al Ricardo Reis latente, descubrí su nombre y lo ajusté a él, porque en aquel momento ya lo veía. Y de repente, derivando de dirección opuesta a la de Ricardo Reis, me surgió impetuosamente otro individuo. De la máquina de escribir, sin interrupción, a chorro, salió la ‘Ode Triunfal’ de Álvaro de Campos: la oda de este nombre y el hombre con el nombre que lleva”.

Más adelante en esta exposición habremos de profundizar en el origen y en la significación de la creación de los heterónimos. Ahora continuaremos recorriendo el itinerario vital del poeta.

En abril de 1915 fundó, con Mario de Sá Carneiro y José de Almada Negreiros, entre otros, la revista “Orpheu”.

Un año después, el 26 de abril de 1916, se produjo un hecho doloroso para Pessoa: el suicidio de Sá Carneiro en París. Conmovido, escribió en una conocida carta dirigida a su tía Anica, lo siguiente: “Cuando Sá Carneiro atravesaba en París la gran crisis mental que habría de llevarlo al suicidio, yo sentí la crisis aquí. Cayó sobre mí una súbita depresión venida del exterior, que yo, en el momento, no conseguí explicarme”.

El 5 de octubre de 1919 murió el padrastro del poeta en Pretoria. Meses después, al regresar su madre a Lisboa, pasó a vivir con ella.

En 1922 apareció el primer número de “Contemporánea”, revista en la que Pessoa colaboró asiduamente, y en 1924 se inició la publicación de “Athena”, bajo su dirección y la de Ruy Vaz, de la que aparecerán cinco números.

En 1925 sufrió quizás el más duro golpe de su vida: la muerte de su madre. Los años siguientes fueron intensos en actividad lírica, pero también marcados por crisis de neurastenia y delirium tremens, propios de su condición de alcohólico crónico.

El 13 de enero de 1935 escribió la famosa carta a Adolfo Casais Montero, en la que explicó el origen de los heterónimos.

El 29 de noviembre del mismo año ingresó en la clínica de San Luis de los Franceses de Lisboa, donde falleció un día después, a los 47 años de edad.

El legado poético de Fernando Pessoa, es decir, su obra ortónima, comprende por una parte la producción en lengua portuguesa de “Cancioneiro”, “Mensagem” y “Primeiro Fausto”, varios poemas dispersos y una gran cantidad de artículos y ensayos; y, por otra parte, un conjunto de poemas en lengua inglesa. Para comprender el origen de los heterónimos, vamos a guiarnos por las palabras con las que el poeta se definió: “No sé quién soy ni qué alma tengo / Cuando hablo con sinceridad, no sé con qué sinceridad hablo. Soy diversamente otro respecto a un yo que no sé si existe, si es esos otros / (…) Me siento múltiple. Soy como una habitación con innumerables espejos fantásticos que distorsionan en reflejos falsos una única realidad anterior que no está en ninguno y está en todos / Como el panteísta se siente árbol e incluso flor, yo me siento varios seres. Me siento vivir vidas ajenas, en mí, parcialmente, como si mi ser participara de todos los hombres (…)”.

            Pessoa se sintió múltiple. No un autor, sino toda una generación. Por eso no se limitó a una personalidad, sino que se identificó con varias, y desde ese yo disgregado fue descubriendo su entorno. El comportamiento pessoano fue una conducta lúdica, semejante a la de los niños que se desdoblan en otros seres o dialogan con seres creados por su imaginación o tomados de cuentos infantiles.

            A propósito de la conducta de Pessoa, ha observado João Gaspar Simões, uno de los más relevantes estudiosos de su obra, que en la infancia de los grandes novelistas aparece a veces la tendencia manifiesta en Fernando Pessoa. Las célebres hermanas Bronté habían creado entre ellas un mundo habitado por personajes ficticios, en nombre de quienes escribían novelas y poemas. Flaubert inventaba personajes para un teatro de marionetas y Goethe se entregaba al mismo pasatiempo. Así nos encontramos ante manifestaciones precoces de un genio que no había descubierto todavía la vía normal de su propia realización: la despersonalización por medio de personajes de novelas o de dramas que el escritor adulto llegará a crear. Con todo, en Fernando Pessoa se da este extraño fenómeno: “… no trasciende la fase infantil por la que pasan, finalmente, muchos genios literarios. (...) Permaneció en su fase infantil. Continuó entreteniéndose, rodeándose de ‘amigos y conocidos’ que nunca habían existido, escribiendo en nombre de ellos, simulando que era ellos o que ellos eran él”.

            “O poeta é un fingidor/ Finge tão completamente/ que chega a sentir que é dor/ A dor que deveras sente// E os que lêem o que escreve/ Na dor lida sentem bem/ Não as duas que ele teve/ Mas só a que eles não têm// E assim nas calhas de roda/ Gira, a entreter a razão,/ Esse camboio de corda/ que se chama coração//”

            Pessoa, Caeiro, Reis, Campos. Cuatro nombres. Un hombre, tres criaturas. Una voz, varias voces, todas las voces.

            Muchas gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Tiene la palabra el señor Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Señor Presidente, señor Senador Mariano Arana, colectividad portuguesa, doctor Amílcar Vasconcellos, amigos, amigas, colegas Ediles: es un intenso placer disfrutar de esta jornada intelectual y cultural del día de hoy, que busca hermanar a dos pueblos amigos, entrañablemente amigos, unidos por la historia, que son el pueblo uruguayo y el pueblo portugués.

            En algún momento hemos hablado y hemos trabajado para hermanar aún más las ciudades portuarias portuguesas ‑particularmente, la capital, Lisboa‑ con nuestra ciudad de Montevideo.

            En la tarde de hoy la Presidenta de la Comisión de Cultura, señora Silvia Aguiar, y la profesora Margarita Assunção nos han deleitado con una breve, apretada y riquísima biografía de este formidable pensador, poeta y escritor.

            Podemos hablar de la generación del ’90, de poetas españoles como Alberti, Machado, Hernández. Pessoa nace en 1888 y muere en 1935. Las fechas coinciden con las de ese gran intelectual y mártir de la lucha por la República española que fue Federico García Lorca.

            En Pessoa tenemos, como aquí se ha dicho, al hombre desdibujado, al pensador desdibujado, que busca en su creación hombres que representen ideas, sentimientos, poemas, mensajes. Esto lo llevó adelante a través de Caeiro, de Reis, de Campos. Este último es con el que más me he identificado porque se inspira en ese gran poeta norteamericano, escritor ‑entre otras obras‑ de “Hojas de hierba”, que fue Walt Whitman; me agrada mucho más que cuando se inspira en Schopenhauer y Nietzsche. Ese canto a la vida, al progreso, al desarrollo, a la gente, a la vitalidad, me emociona y me conmueve.

Por lo tanto, señor Presidente, quisiéramos finalizar conscientes de que este no es un acto más, sino de que es un acto de unión de culturas, de encuentro, de hermandad con ese pueblo portugués ‑nacido en los orígenes del bajo latín, en esa vieja Iberia‑ dominado por romanos. Sin embargo, han generado una identidad, una cultura que arranca con el gran patriarca del poema, del canto, de la escritura portuguesa, que fue Camões. Su nacimiento coincide con el otro grande de la literatura española, que fue Cervantes; estamos hablando del siglo de oro de España y Portugal. Podemos decir que el encuentro de esas dos culturas, de esos dos pueblos, de España y Portugal, es parte de la vida misma.

            Los cantores, los divulgadores, los hombres que nos han ilustrado con sus poemas, con sus cantos y sus letras ‑arrancando con Camões‑ siempre hablan de los navegantes del mar como un pueblo, como el pueblo portugués, que fue un pueblo de cara al mundo, al mar, al conocimiento, al desarrollo. Por eso aquí tenemos a la colectividad portuguesa y esa historia común que nos une mucho a Portugal.

            Gracias, Presidente.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Gracias a usted, señor Edil.

            Tiene la palabra el señor Edil Aníbal Gloodtdofsky.

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Señor Presidente; amigos de la colectividad portuguesa; Senador Mariano Arana ‑a quien en los últimos días estamos viendo mucho por acá; debe estar despertando en él la vocación de Edil‑; amigo Vasconcellos, amigo de toda la vida: es un gusto tenerlos a todos aquí, con nosotros.

            Francamente, la bancada del Partido Colorado, en medio de la ajetreada actividad que ha tenido, como la hemos tenido todos en los últimos días en la Junta ‑cambio de autoridades, homenajes, el trabajo cotidiano, la incipiente actividad electoral‑ no se ha podido detener, como lo hace siempre, a atender lo importante. Sin embargo, la Edila Silvia Aguiar, con esa sensibilidad que la ha caracterizado en el transcurso de esta Legislatura, nos lo recuerda cada tanto y nos hace hacer un alto en el camino. Esto es bueno, porque nos permite recordar estas cosas importantes. Al final de mis palabras, quizás, ello quede más claro.  

            La Casa de Portugal es para mí, además, parte de mi casa ‑el Presidente Gastón Silva también es del barrio‑ y también la plaza que está en Monte Caseros y Mariano Moreno; Gastón lo recordará bien, porque eso nos vincula.

En lo que me es particular, lo que más me ha interesado es que Pessoa era un traductor y era un hombre que escribía en inglés. Yo tengo la suerte ‑consta en actas‑ de estar hace muchos años casado con una traductora, que estudió y vivió en Londres durante muchos años; toda su formación fue en Londres. He tenido la suerte de ver la enorme cantidad de intelectuales que, sobre todo al final del Imperio Británico, se destacaron escribiendo en otros idiomas. Sin ir más lejos, Conrad, que era polaco, escribía en inglés; es de los autores más importantes. Otros también escribían en otros idiomas; por ejemplo, Kafka escribía en alemán. En el caso de Pessoa, recién al final de su vida escribe directamente poemas en portugués.

            Era un hombre vinculado a la filosofía ‑no voy a abundar en datos biográficos, no voy a ser tan atrevido después de escuchar a la profesora Assunçao‑, era un hombre vinculado a Schopenhauer, a Nietzsche. Precisamente, en una de sus obras, “El libro del desasosiego” ‑en el que se plantea que si Dios existe, no sabe dónde está‑, nos pauta una enorme cantidad de inquietudes; curiosamente, para los hombres políticos puede resultar muy interesante su lectura. Es cierto y es sorprendente que, sin ser yo un lector profundo, sino un esforzado, un muy esforzado lector, es un autor que francamente me lleva a su lectura y me entusiasma. Al decir de Borges ‑por aquello de que las proezas más caras son las que se amonedan en las palabras‑, esto que estoy haciendo es amonedar en palabras, precisamente, lo que hizo Pessoa, no necesariamente mi lectura. Pero si hay algo que sorprende en el transcurso de su obra es eso que la profesora señalaba con absoluta claridad, ese inmovilismo infantil, que se nota claramente. Es curioso no encontrar una evolución que paute el transcurso de su historia como autor. Esto no es lo que sucede con tantos plásticos, en los que uno puede encontrar en el transcurso de su vida colores, paletas, enfoques, temas que los caracterizan, ni tampoco con los poetas o con otros autores similares, que van evolucionando con el correr de los años. Ese es el caso indudable de Pessoa, ese es el caso que nosotros queríamos destacar.

Particularmente, deseamos destacar de su obra “El libro del desasosiego” el párrafo en el que señala lo siguiente ‑por eso decíamos que la lectura de Pessoa puede ser recomendable para gente que actúa en política‑: “Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con vidas como el jugador de ajedrez juega con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensara que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y el dolor a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar”.

            Pessoa y tantos otros que aquí hemos recordado, que aquí recordamos y que aquí habremos de recordar, ofrecen, a quienes tenemos por misión en la vida la batalla cotidiana, el recurso de amparo de la poesía para volver a sentirnos exactamente esos humanos que Pessoa no encontraba en la acción. No se trata de convertirnos en poetas, sino que se trata de permitirnos sentir un poco más.

Por eso, Presidente, en este justísimo homenaje que hace la Junta Departamental  reclamamos que también se escuche nuestra propuesta ‑que venimos realizando desde hace tantos meses‑ de homenajear a un hombre de nuestra tierra, a don Carlos Vaz Ferreira, de quien también se cumple aniversario.

Con el recuerdo de Pessoa en nuestro recuerdo, y con la invitación a navegar en el remanso de la poesía, concluimos nuestras palabras, señor Presidente.

            Gracias.

 

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Para finalizar este acto de homenaje, vamos a escuchar al cantautor Andrés Stagnaro, a quien agradecemos de antemano su intervención.

 

(El cantautor Stagnaro interpreta dos poemas de Fernando Pessoa que ha musicalizado)

(Aplausos)

 

SEÑOR PRESIDENTE (G. Silva).- Muchísimas gracias a todas y a todos.

            Damos por finalizado el acto.

 

(Aplausos)

(Es la hora 17:14)