|
ACTO DE HOMENAJE A HÉCTOR NUMA MORAES |
|
Celebrado por 26 de marzo de 2008 |
|
Departamento de Taquígrafos |
SEÑOR PRESIDENTE (
(Es la hora 18:55)
______Brevemente, saludaremos a las autoridades presentes: al Intendente
Municipal de Montevideo, doctor Ricardo Ehrlich, quien nos acompaña; a don
Fernando Butazzoni, que anda por allí; también queremos saludar especialmente a
Héctor Numa Moraes y a su compañera; a Washington Benavides, que es parte del
paisaje de este Parlamento de Montevideo por habernos acompañado varias veces,
no solamente cuando ha sido homenajeado sino también en otras instancias.
Además, queremos agradecer especialmente la presencia de Jorge Cruz, el Primer
Secretario de
Hemos recibido algunos saludos ‑que,
naturalmente, vamos a hacer llegar al homenajeado‑: de Ciro Ferreira, el
Director del Hospital de Tacuarembó; de Raúl Campanella, Director de
Agradecemos especialmente a todos los que nos están acompañando; realmente engalanan esta sesión de homenaje.
Y ahora le vamos a pedir a nuestro colega y buen amigo, el Edil Dari Mendiondo, que siga presidiendo la sesión.
(Ocupa
SEÑOR PRESIDENTE (Dari Mendiondo).- Tiene la palabra el señor Edil
profesor
SEÑOR WEISS.- Muchas gracias, señor Presidente.
SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Usted merece.
SEÑOR WEISS.- Voy a comenzar agradeciéndole a mi bancada que me haya conferido el honor de ser quien hoy haga uso de la palabra en su representación en este sentido homenaje. Digo esto como una constancia de agradecimiento, y además porque algunos pensarán que estamos solicitando la ciudadanía tacuaremboense, ya que desde que somos Ediles hemos participado activamente en los homenajes a Washington Benavides, a Eduardo Darnauchans ‑el único homenaje que se le realizó en vida, en el Teatro Solís, fue a iniciativa de este Parlamento de Montevideo‑ y ahora a Héctor Numa Moraes. Y todavía, encima, tenemos una larga lista de hombres y mujeres de Tacuarembó que merecerían recibir este homenaje por el legado impresionante que van dejando no sólo para su departamento sino para el Uruguay, en esa tarea creadora inagotable, en esa fuente de iluminación increíble que late allí, en el centro del país, y que nos obliga no solamente a sacarnos el sombrero ‑en el mejor de los sentidos‑ sino también a practicar aquello de la humildad, que es una buena cosa cuando estamos aquí, en la capital, sintiendo que somos el centro del universo, cuando la verdad es que las historias de Tacuarembó nos pegan en el corazón. Así que si Tacuarembó nos da la ciudadanía, nos vamos a quedar muy contentos.
En realidad, este
tipo de homenajes se viene desarrollando desde hace muchos años en
A este músico que estamos homenajeando hoy, a este cantautor, lo queremos definir como un músico entrañable, un hombre que anda por todo el país con oído atento, con oído amoroso y con oído fino, registrando la música que suena desde el inicio de los tiempos en nuestro país, buscando las fuentes.
SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- ¿Me permite, señor Edil?
Acaba de llegar el señor Intendente Interino de Tacuarembó, maestro César Doroteo Pérez. Lo saludamos y le damos la bienvenida, maestro.
Puede proseguir, señor Edil.
SEÑOR WEISS.- Es un honor contar con su presencia.
Decíamos, entonces, que Numa Moraes sale a la búsqueda del origen, a la búsqueda de la identidad, porque la patria, compañeros, se puede encontrar también yendo a abrevar en los orígenes, rescatando la historia, rescatando la tradición. Como decía Salinas, son dos los componentes importantes de la creación: la tradición y la originalidad. Pero no existe originalidad que se sustente en la nada, sino que la originalidad abreva en la tradición.
Queremos rescatar un reportaje que se le hizo en ocasión de la edición de “Memorias del Pago II y otras yerbas”, nuevo disco de Numa Moraes. Se le pregunta: “¿Cómo surge lo de rescatar las canciones de folclore que vos decís, ese folclore auténtico que es anónimo? ¿Lo hicieron especialmente para este disco?”, y Numa contesta: “No, en este caso desde el primer momento en que empezamos a grabar en el año ’68 siempre incluimos cosas folclóricas. Pero esto surge un poco a partir del trabajo que hicimos con Walter Roldán, que es el acordeonista, que es de familia acordeonista. Él empezó a tocar a los siete años; aprendió con su padre, que a su vez había aprendido con su abuelo. O sea que son músicas muy antiguas. Y son músicas que él guarda en su memoria; comúnmente no las tocaba en los bailes y en esos lugares, porque ahí se toca música más conocida y él tenía esto en su memoria. Fue empezar a charlar con él y empezaron a surgir músicas. Estas melodías se las entregamos a Washington Benavides, con la historia de a quién se la había escuchado, ¿no? Entonces, ahí surgen historias preciosas de acordeonistas de la zona norteña. O sea que las músicas estaban, los textos no, y bueno... por supuesto que los adaptamos a la tonalidad y a la forma de cantar”.
Este breve fragmento es un fundamento más que suficiente para este homenaje, porque es necesario, si queremos construir el futuro, mirar el pasado, pero no con una mirada nostálgica o diletante: debemos mirarlo porque las fuentes que nos permiten proyectar el país hacia el futuro como potencialidad creadora, están allí, y hay que tener oído fino para escuchar esos registros. Muchas veces no todos podemos escucharlos porque nos lleva el vértigo del mundo contemporáneo, lo que se vende, lo que se escucha en forma masiva, y lo que se escucha en forma masiva muchas veces pretende uniformizar. Si algo debemos rescatar es el valor y la singularidad de lo local.
Por supuesto que lo local no surge como una cuestión de generación espontánea, que no tiene raíces y vinculaciones con el resto del mundo, ¡por favor! Lo local es la forma de tocar música, de cantar, de escribir y de mirar que tenemos en este rincón del mundo, y que vale porque existimos, porque estamos, porque convivimos y también aportamos a la marcha del mundo. Esas personas que se encargan de hacer esa fina arqueología a su vez recrean ‑porque no es solamente un trabajo arqueológico de abrir sarcófagos y sacar momias-, resucitan ‑en el mejor sentido de la palabra‑ a los que no están, generando nuevamente potencia creadora.
Yo, señor Presidente, no voy a negar que siento respeto y veneración por aquellas personas que tienen la capacidad de tomar un instrumento musical y sacar maravillosos sonidos, cosa que yo sería absolutamente incapaz de hacer. Pero hablamos también ‑es otra faceta que hay que destacar‑ de un estudioso riguroso de la música que estudió en Holanda con maestros impresionantes durante ocho años. No hablamos de alguien que improvisadamente desarrolla su arte y le sale bien, porque hay poca gente que tiene la suerte de que espontáneamente y sin mucho rigor las cosas le salgan bien. Esa no es la norma; yo creo que la norma es uno por ciento de inspiración y noventa y nueve por ciento de esfuerzo, trabajo y perseverancia. Eso lo que revela es amor. En este mundo ‑lo he dicho mil veces y lo voy a seguir diciendo‑ lleno de abominaciones y de iniquidades, aquel que tiene amor, que tiene amor por lo nuestro y que nos hace mirarnos en ese espejo maravilloso del camino y de la tradición, aquel que nos permite también mirar hacia el futuro, merece ser homenajeado, y este Parlamento de Montevideo hace muy bien en homenajearlo.
Gracias, Héctor Numa Moraes; gracias, Señor Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Gracias a usted, señor Edil.
Antes de darle la
palabra el señor Edil Leonel Viera, vamos a saludar la presencia de un amigo de
esta Casa, el Primer Secretario de
Tiene la palabra el señor Edil Leonel Viera.
SEÑOR VIERA (Leonel).- Gracias, Presidente.
Señor Presidente
de
Señor Presidente: nos encontramos hoy aquí para homenajear a un grande, al señor Héctor Numa Moraes; al cantor de la patria grande, al cantor con fundamento.
Nos encontramos aquí para homenajear a un gran trovador, a una persona con vasta cultura musical y a un gran concertista de la guitarra. Un cantor con fundamento, con contenido, para quien el texto es fundamental. Al igual que otros grandes ‑como Aníbal Sampayo, Osiris Rodríguez, Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti‑, en sus textos nos dice cosas, nos da valores, nos denuncia situaciones.
Rechazo cuando se lo etiqueta de cantor de protesta, porque ese rótulo sirve solamente para los intereses de turno y no para el propósito de la canción; porque la canción sirve para despertar emociones, para despertar conciencia. La canción ayuda a la gente a descubrir su interior, a descubrir la realidad que los afecta y que los rodea.
Por todo eso, por
todo lo hecho como compositor, como músico, como letrista, el señor Numa
Moraeas es un grande de la música uruguaya, que aún hoy sigue luchando e investigando
‑como muy bien decía el compañero
Por eso, maestro, simplemente, muchas gracias.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Le damos la bienvenida a
Tiene la palabra el ilustre profesor uruguayo, pero tacuaremboense, don Washington Benavides.
(Aplausos)
SEÑOR BENAVIDES.- Hace unas horas estuvo acá en nuestro país, por segunda vez, probablemente la figura más importante del rock pop y del rock; un excepcional poeta, un gran músico que ha trascendido absolutamente toda barrera; me estoy refiriendo a Robert Zimmerman, más conocido por Bob Dylan. Este hombre, Bob Dylan, se origina en el country, en el pop popular. Fue discípulo del hombre que fustigó a los gobiernos de su país cuando la terrible recesión; me estoy refiriendo a Woody Guthrie, ese excepcional creador que fue el modelo de Bob Dylan, quien después evolucionaría. El artista tiene que evolucionar, el artista jamás tiene que sentirse satisfecho con lo realizado, sino que tiene que ser ferozmente autocrítico y no quedarse nunca con lo realizado, tiene que pensar que siempre le falta algo.
El dio ese paso, como también lo dio en el gran Brasil Caetano Veloso cuando un día, con un grupo de cuarta de rock argentino, empieza a utilizar guitarras eléctricas. Lo querían linchar, al igual que querían linchar al pobre de Bob Dylan cuando dio ese paso. Pero hay que dar esos pasos.
Yo digo todo esto porque me voy a referir a Héctor Numa Moraes. Numa no lo pongan entre comillas como si fuese un apodo; es el león de Curtina y de Tacuarembó. Se llama Héctor Numa Moraes. Son dos nombres; Numa no es un apodo, no es un seudónimo.
Héctor Numa Moraes, admirable trabajador, seguidor ‑como muchos otros‑ de los modelos que pesaban en aquel momento. Viglietti se sintió deslumbrado en determinado momento por ciertos músicos argentinos, a pesar de que si los comparamos con él son muy inferiores. Pero eran los modelos que pesaban, y ahí estaban. Principalmente, eran modelos argentinos. Pero Numa ya le había echado el ojo probablemente a uno de los mayores creadores de esa primera generación de la música popular uruguaya ‑en realidad, también de la poesía y de las letras‑: a Osiris Rodríguez Castillo. Y un día, mucho tiempo después, le llevará a cabo un homenaje haciendo un CD con temas de Osiris, del arisco y difícil Osiris, pues era muy difícil musicalizar y cantar sus canciones, lo mismo que las de don Atahualpa Yupanqui. Está aquella famosa anécdota cuando uno de Los Chalchaleros se le arrima a don Atahualpa Yupanqui y le dice que le cantaron una canción y que le hicieron un arreglito. “¿Y qué tenía mal, m’hijo?”, le dijo Yupanqui, porque si le hacían un arreglito...
(Hilaridad)
______Numa Moraes se sigue superando.
Se da en nuestro departamento, y en un momento muy especial,
una posibilidad de reunirse un grupo de profesores y alumnos y de descubrir
cosas importantísimas. Nosotros, por nuestra proximidad con Brasil, estábamos
al tanto de lo que allí pasaba, sobre todo por una persona que va a colaborar
principalmente con Darnauchans: me refiero a Chico Rodríguez, hijo de un
coronel constitucionalista que desde el ’64 tuvo que tomarse los vientos de
Brasil. Chico Rodríguez había estado muy cercano al grupo de la tropicalia. Era
amigo personal de Milton Nascimento y de Caetano. Entonces, nosotros tuvimos la
posibilidad en Tacuarembó, a casi
(Hilaridad)
______...y que anduvo por Italia, nos aproximó a los grandes baladistas italianos, que aún ahora en Montevideo son desconocidos en la mayoría de los casos, a pesar de ser excepcionales trovadores, auténticos trovadores, gente que escribe y canta, como Ángelo Branduardi, como Fabrizio D’André, como Renato Guccini, como Francesco De Gregori, como Lucio Dalla. Bueno, a no ser algunos de estos, la inmensa mayoría son ignorados, y acá nos matan con los festivales de San Remo, que desearíamos no oír más, y queda fuera eso. Pero allá, en el lejano norte se los escuchaba y también se abrevaba, quiero decir, se bebía. Porque ustedes no olviden que hay una enseñanza mágica de un gran escritor como fue Oswald de Andrade, que es la antropofagia. El creador tiene que ser un antropófago; el hombre de la colonia se alimenta de lo que está haciendo la metrópolis, pero, ¿qué hace? No lo repite simplemente ‑no es una parodia o una simple imitación‑, sino que se come aquello que es más importante para asimilarlo y transformarlo en novedad, en cosa nueva.
Yo pienso que eso lo han hecho varios de los grandes
creadores que ha dado Tacuarembó, entre ellos, Eduardo Darnauchans, que ya
mencionó
Perdónenme que yo diga estas cosas acá y les ponga énfasis, pero pienso que nosotros no tenemos que perdurar en los errores o repetir simplemente cosas que no son verdaderas. Por supuesto que Numa se alimentó de todo eso, pero aparte tenía ‑y aún tiene‑ una capacidad asombrosa de conseguir material.
¿Quién de ustedes conoce a Benjo Cruz? Benjo Cruz es un excepcional creador boliviano que, por supuesto, lo mataron. Cantaba demasiado bien y cantaba canciones de propuesta y de protesta, de las dos líneas.
A Numa se le ocurre, por ejemplo, crear un disco para niños. ¿A quién toma como base para los textos de esas canciones? A Manuel Felipe Rugeles, uno de los más grandes poetas venezolanos.Crea un disco excepcional que se llama “Los niños son los que saben”. Cuando Numa quiso sacar este disco no pudo; por ciertas minucias políticas tuvo que salir del país poco menos que en calzoncillos. Cuando regresa sí lo puede sacar.
Tuvo un paso no muy feliz por los países a los que iba
a tocar. Tenía un poder mágico pero al revés: país al que llegaba, había una
revuelta, o aparecía
Este fue su maestro de guitarra durante ocho años.
Este hombre que está a mi lado es la modestia hecha carne ‑últimamente bastante carne‑,…
(Hilaridad)
______...es la modestia hecha persona. Jamás dirá ‑aun en un reportaje‑ esto que estoy diciendo yo. Y sería una infamia que sus coterráneos, sus compatriotas no conocieran esto o los admirables programas “La canción nuestra”, con los que ha sembrado por todo el país. Se ha pasado hasta la madrugada grabando para pasar ese modelo de programa de música como es “La canción nuestra”. Con él tuve el altísimo privilegio de realizar algunos temas ‑cientos‑, de trabajar en distintas líneas, de colaborar profundamente. Tal era su obsesión ‑¡pobre infeliz, ¿no?!‑ que andaba por ahí exiliado y soñaba conmigo, discutía conmigo en sueños. ¡Pobre! Habiendo tantas mujeres hermosas en Europa y en otros lugares, soñar con un viejo profesor…
(Hilaridad)
______El mundo lírico tiene esas perversidades.
(Hilaridad)
_____Numa Moraes es un excepcional creador. Recorrer su discografía es una sorpresa permanente. Quien lo tenga como un neofolclórico ‑como muy bien dijeron aquí‑ no ha escuchado jamás las formidables baladas trovadorescas que ha compuesto sobre un poeta finísimo argentino, González Lanuza, “Fue en el roble”. Una maravilla que podrían cantar músicos y cantores de cámara.
Es decir, ha recorrido una amplitud excepcional, sin jamás ponerle una zancadilla a nadie; por el contrario: siempre dando una mano o las dos, para ayudar a los más jóvenes, a aquellos que estaban ahí perdidos, para desenterrar vaneras, polcas, chamarritas, rancheras ‑o mazurcas, si quieren el nombre auténtico‑ no sólo de Tacuarembó, sino de Salto, de Paysandú, de Rivera, para destacar a otros creadores y colaborar con ellos, como es el caso de ese dúo magnífico de Rivera, los hermanos Da Cruz ‑Tacuruses‑, o de alguien más cercano todavía, nuestro queridísimo Carlos Johnny De Mello, en un CD admirable. También colaboró con jóvenes valores, sin tener el menor resquemor de aquello de la figura o de la figuración más que nada. Están esos trabajos y discos que ha grabado con Vera Sienra, una institución de la música uruguaya; los que ha grabado y seguirá grabando con esa esplendente figura de Érica Büsch; y lo hecho con el grupo Acuarimántima.
Por suerte no escribe; eso sí, alguna vez creo que intentó versificar. Por suerte, la mano derecha suya es realmente derecha, y se negó terminantemente.
(Hilaridad)
______Y como él la zurda no la domina ‑me refiero a la mano‑, se quedó en eso. Pero, como muy bien dijo el compañero Edil, la guitarra de Numa escribe y canta.
Creo que este es
uno de los homenajes que privilegian a
¡Salud, Numa!
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Destacamos la presencia de otro grande de la música popular, el maestro Daniel Viglietti, que está aquí, extrañamente a la derecha.
(Hilaridad)
______Bienvenido.
(Aplausos)
______También le damos la bienvenida a la señora Vera Sienra.
(Aplausos)
______Y saludamos al señor Rafael Pineda, Ministro Consejero de
(Aplausos)
______ Para ir cerrando este aporte del norte salvaje y brutal al sur ilustrado y valiente...
(Hilaridad)
______Y hablo aquí como norteño súbdito de Tacuarembó, porque mi abuelo nació en Arenales, en 1865, lugar que luego recibió el nombre de Rivera, departamento que surgió como un hijo dilecto de Tacuarembó, donde Artigas perdió su última batalla.
No quería dejar de mencionar aquí a Curtinas, Numa, y con ella a una familia ‑que tú conociste bien‑, los Bonaudi: José, Blanca, Seferino y Óscar, el mecánico. Los cuatro hermanos Bonaudi formaron parte de una generación de dirigentes sindicales que aportaron mucho al movimiento sindical y gremial del país.
El señor Intendente Municipal interino del departamento de Tacuarembó, maestro César Doroteo Pérez, le va a entregar un obsequio al amigo y cantor Numa Moraes.
(Así se efectúa)
(Aplausos)
______El señor Intendente Municipal de Montevideo, doctor Ricardo Ehrlich, le va a entregar un obsequio y declarar Ciudadano Ilustre al amigo Numa Moraes.
Señor Intendente, tiene usted la palabra.
SEÑOR INTENDENTE MUNICIPAL DE MONTEVIDEO (Ricardo Ehrlich).- Señor Presidente, estimados Ediles y Edilas, distinguidos presentes todos, querido Numa: estamos compartiendo un momento realmente singular en este Cuerpo, un momento de un brillo y de una profundidad particular.
Me corresponde cerrar este homenaje, esta ceremonia, con la formalidad de la designación de Ciudadano Ilustre, pero luego de todas las palabras que escuchamos, sólo voy a agregar algunas pocas.
Sin duda, se homenajea al creador, al investigador, pero también al hombre, a la voz que nos ha acompañado generaciones durante la vida, como hacen los poetas, como hacen los músicos, como hacen los artistas y como hace tanta gente. Acompañar ante la vida ayuda a salir adelante, ayuda a pasar los momentos difíciles pero, sobre todo, ayuda a soñar y a proyectarse hacia adelante.
El Edil Weiss señalaba, en algún momento de su intervención, que en la música y en las palabras del creador a veces uno se mira como si fuera un espejo, y eso nos ayuda a encontrar nuestro camino. Pero también se trata de espejos en los que nos miramos como sociedad. Y así como el poeta y el músico, Numa nos va acompañando ante la vida; nos vamos reflejando en su creación y como sociedad nos vamos encontrando, confluyendo desde rincones y sensibilidades muy distintas, y confluyendo desde generaciones diferentes. Entonces, van hilvanando lo personal, nuestros sueños, las distintas etapas de nuestra vida, pero nos van hilvanando también como sociedad, uniéndonos, tejiendo algunos lazos muy delicados e imperceptibles entre nosotros, y así nos identificamos con una melodía, con una palabra, que a veces es el resultado de largas horas de búsqueda, de mucho trabajo de creación.
Yo creo que lo que estamos reconociendo en este hombre de nuestro pueblo es lo mucho que ha significado, que significa y que seguramente significará para las generaciones que vendrán.
Por todo eso,
Numa, muchas gracias. Es un gran honor, como Intendente de Montevideo, y a
propuesta de este Cuerpo, de este Parlamento de
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- Además de darte el saludo que te
enviaron de
Te doy la palabra para que cierres este acto.
(Aplausos)
SEÑOR MORAES.- Yo no soy muy bueno para hablar, y en todos estos años tuve dos señales de ello bastante importantes, sobre todo por la mirada.
Estábamos actuando con “Bocha” en Paso de los Toros ‑creo‑ hace muchos años y de pronto me dijo: “No hables, cantá”.
(Hilaridad)
______Y la otra ocasión fue cuando fuimos a hacer una gira por Suiza con Eduardo Galeano; Daniel, que era quien hacía los recitales con Eduardo, no pudo ir y fui yo en su lugar. Yo cantaba y Eduardo decía poemas. En un momento me dijo: “No expliques los poemas porque les sacás la magia”.
(Hilaridad)
______O sea que muy bueno para hablar se ve que no soy.
Pero, claro, es inevitable que yo recuerde muchísimas cosas.
Estoy muy agradecido. Creo que este reconocimiento debería ser ‑y será‑ para muchos más compañeros. Yo soy una parte, nada más; un cantor. No veo que sea tan importante. El honor que ustedes me hacen lo tomo como parte de muchos; algunos no pudieron tenerlo en vida, pero bueno...
Hay mucha gente que hizo posible que yo esté hoy aquí y que ustedes me estén homenajeando: mis padres; mi tío Brígido, que me hizo enamorar de la guitarra; Washington Benavides, que fue mi maestro en el liceo de Tacuarembó. Creo que no fui su mejor alumno, pero me puso varias puntas en las que trabajar. En su casa ‑como él mismo lo dijo‑ escuchábamos todo. Allí escuché por primera vez música renacentista; escuché a Violeta Parra, a Margot Loyola. También escuchábamos a Osiris, a Daniel ‑los dos primeros discos‑, a Zitarrosa. Un día me escribió una carta y me mandó para Montevideo. La carta era para Daniel Viglietti. Yo fui a la calle Andes, subí al ascensor, toqué timbre. Daniel estaba cantando. Yo sentí a través de la puerta que estaba cantando “Canción para el hombre nuevo”, pero de bruto nomás fui y toqué timbre igual.
(Hilaridad)
______Él siguió cantando y ahí me quedé quietito. Abrió la puerta después de que terminó la canción, por supuesto. Leyó la carta y me dio su apoyo inmediato: me dio clases de guitarra; nunca me cobró un peso; me prestó su guitarra para grabar el segundo disco y me regaló una. También me recibió en su casa Alfredo Zitarrosa y me dio su abrazo solidario. Y también Los Olimareños ‑“Pepe” y Braulio‑, que me pusieron a cantar. Yo llegué a la vinería De Cojinillo, “Pepe” me dio la guitarra y dijo: “Cantá”. No me dijo que hablara; menos mal.
(Hilaridad)
______ Pero, bueno, toda esta vida ha sido posible por ellos: por mis tías Juanita y Yolanda, que me dieron asilo cuando llegué a Montevideo, porque uno tiene que llegar a vivir en algún lugar, y ellas siempre estuvieron ahí.
Recuerdo cosas divinas. Recuerdo cuando llegué con la guitarra para devolvérsela a Daniel. Estaban Los Quilapayún aquí, en Montevideo, y habíamos grabado “La vasija de barro”, que Washington había trascrito de un viejo disco ecuatoriano. Le dije a Daniel: “¡Qué barbaridad! ¡Es una maravilla la tecnología de ahora! Fijate que vos podés grabar la guitarra y después la voz la ponés en playboy”.
(Hilaridad - Aplausos)
______Mucho no había aprendido de Bob Dylan. Pero, bueno, eran mis primeras palabras en inglés.
(Hilaridad - Aplausos)
______Imagínense las metidas de pata a lo uruguayo que me pasaron después en Holanda.
Hay mucha gente
que me salvó la vida, que me salvó el cuero: Ruben Núñez ‑que ya no está‑,
Rolando Fayet ‑que me ayudó mucho y me escondió en su casa‑, el
coronel Rodríguez, papá de José Francisco. Y hay mucha gente que me ayudó
después, en Chile y en todos los lados donde he estado. Podría seguir
agradeciendo y sería interminable: al maestro Antonio Pereira Arias, a Coriún
Aharonián, por quien un día me enteré que se editaba el disco “
(Aplausos. Hilaridad)
______Me enteré de que Konrad era compositor y, además, profesor
en el Conservatorio Real de
Tengo vivencias maravillosas. Un día fui a Alemania y me enloquecí con una guitarra de once cuerdas. Llegué a Holanda y le dije: “Maestro: me voy a comprar una guitarra de once cuerdas”. Y él me dijo: “¡Pero si usted no puede tocar con seis!”.
(Hilaridad - Aplausos)
______Son enseñanzas que uno va agarrando de la manga.
El día que me diplomé en el Conservatorio ‑era simplemente el comienzo de todo‑ el maestro me abrazó muy emocionado y me dijo: “Es el primer uruguayo que diplomo en 30 años aquí. ¿Usted se da cuenta? Un gauchito bruto como usted, de Curtina, se viene a un Conservatorio de estos y se diploma. ¡Es increíble!”.Y le dije: “Bueno, maestro, usted me enseñó”. Era así.
Se da el desexilio y aquí trato de reinsertarme. Me reencuentro con el maestro ‑a quien no podía ni escribir‑ y con todos los compañeros del canto que tanto me habían dado; porque yo escuchaba una canción nuestra y ‑aunque no estaba nombrado, porque no se podía‑ era como cantar acá: Carlitos Benavides, Julio Mora, todos los compañeros. Era impresionante. ¡Imagínense! ¿Cómo olvidar el día que recibí la carta hablada de Alfredo Zitarrosa en Cuba? La carta decía que se habían enterado de que estaba bien, que le escribiera a mi madre, que ya le habían avisado. Y me enviaba una canción que me habían hecho porque yo me había muerto en Chile.
(Hilaridad)
______¡Imagínense la terrible emoción! Cuando empecé a escuchar esa canción pensé: “Tengo que portarme bien; tengo que seguir avanzando; tengo que seguir trabajando”.
El desexilio fue maravilloso, y sigue siéndolo. Nunca más me voy a ir del Uruguay. Una vez, allá por el ’88, cuando estaba mal la cosa para los cantores populares, Alfredo me dijo: “Numita, andate si tenés que irte; yo no me voy”. Le dije: “No, yo tampoco”. Y ahí decidimos hacer un disco juntos, cosa que él me planteó; me dio ese maravilloso honor. Ustedes no se imaginan las peleas que tuvimos con Washington y con él cuando armamos “Sobre pájaros y almas”.
Yo sigo estudiando, porque un día, estudiando con Daniel, él me presentó al maestro Abel Carlevaro. Di un examen con él, con un susto espantoso, y siempre tuve la idea de que yo tenía que tratar de conocer esa técnica. Pero, bueno, la posibilidad no se dio hasta este momento, en que con Alfredo Escande estoy trabajando hace un año, aprendiendo más; y también gracias a Erica Büsch, que me dijo ‑cuando yo estaba convencido de que había algunas canciones que no podía cantar porque ya no me daba la voz‑: “Tenés que ponerte a estudiar”. Y me puse a estudiar con Gloria De León y estoy cantando todo mejor que antes.
(Hilaridad)
______Lo que no he aprendido todavía es a hablar. Así que muchas gracias.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Mendiondo).- No habiendo más asuntos que tratar, se levanta la sesión.
(Es la hora 19:47)