Versión Taquigráfica

Sesión ordinaria celebrada el 14 de junio de 2007
aún no aprobada

 

 

SEÑOR PRESIDENTE (Pablo Ferrer).- Ha sido solicitada la hora por el señor Edil Dari Mendiondo. De acuerdo con el artículo 35 del Reglamento, pasados cinco minutos de la hora reglamentaria del comienzo de la Media Hora Previa y no habiendo número en Sala, no se puede realizar la misma.

 

(Es la hora 18:05)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Pablo Ferrer).- Habiendo número en Sala, damos comienzo a la sesión ordinaria del día de la fecha.

 

(Es la hora 18:35)

 

______A consideración las actas Nos 1.326 del 30 de mayo del 2007, sesión ordinaria, y 1.327, del 6 de junio del 2007, sesión extraordinaria.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 18 en 23.

A consideración la Relación de Asuntos Entrados.

Tiene la palabra el señor Secretario General para leer un asunto ingresado fuera de hora.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Simón).- Gracias, señor Presidente.

            “PROYECTO DECRETO/ RESOL. I.M.M Nº 2089/7 del 14/06/07.

            “Otórgase anuencia a la I.M.M. para llamar a licitación pública internacional para la remodelación y acondicionamiento del edificio del Hotel Casino Carrasco, la concesión del uso para su explotación comercial como hotel y de la gestión de la sala de juegos de Casino Municipal que funciona en aquel. El llamado a licitación se hará de conformidad con el Pliego de Condiciones Particulares que se adjunta y sus respectivos anexos. Destinar lo producido del canon que se obtenga por la concesión resultante del llamado precedente al financiamiento de obras sociales a cargo de esta Comuna.” El trámite es: a la Comisión de Legislación y Apelaciones.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Si no hay observaciones, se va a votar, con el asunto ingresado fuera de hora leído por el Secretario General.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 22 en 23.

 

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SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Aníbal Gloodtdofsky.

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Gracias, señor Presidente.

            Francamente, confieso al Cuerpo que las cosas que se vinculan directamente con la colectividad que uno integra, las cosas que van al fondo de por qué uno es lo que es y piensa como piensa, al igual que aconteciera cuando se hizo el homenaje al doctor Enrique Tarigo, hacen que nos sea muy grato reconocernos como integrantes de la Junta Departamental de Montevideo para contar con estas oportunidades.

            Lo que hoy queremos hacer ‑y lo queremos hacer como colorados‑, más allá de homenajear a los caídos en Yacaré Cururú, es extender estos 175 años que han pasado como un homenaje a todos los servidores públicos caídos en defensa de aquellas cosas que la sociedad toda les encomendó y les pidió; la sociedad que forma a los servidores públicos, les paga, les ofrece la custodia de las armas; las armas que siempre, en materia de convivencia social, tienen como único fin la preservación de la paz y de la convivencia.

            Este es un homenaje a los servidores públicos caídos, particularmente a los ignorados, que siempre son los más humildes. Todos se acuerdan de los nombres de los oficiales, de los generales, de los héroes, de los próceres, pero nadie se acuerda de los nueve soldados de Yacaré Cururú; nadie se acuerda de los soldados muertos, de los soldados, de los policías.

            Dice Maquiavelo que cuando un príncipe conquista un principado de similar lengua, leyes y costumbres, lo que debe hacer son dos cosas: la primera, no modificar el orden legal, de modo tal de no afectar a quienes allí viven; la segunda, exterminar al príncipe y a toda su parentela.

El Partido Colorado constituye para el Uruguay, sin duda, la imagen de ese príncipe, por los años que ha estado en el gobierno, que hemos compartido ‑ni que hablar‑ con el Partido Nacional; así lo hemos dicho en ocasión del homenaje al Partido Nacional en esta Junta. Como dice el poema de Yeats que señaláramos en aquella oportunidad: uno no podría ser si no está el otro; nosotros, desde papeles diferentes, hemos construido la República. Pero quien ha tenido la responsabilidad del gobierno ‑como decía Wilson Ferreira Aldunate, gobierno es el nombre que se da al Partido Colorado en el Uruguay‑ ha sido el Partido Colorado, y por eso ha sido objeto de una prédica sistemática, no desde el punto de vista político, sino desde el punto de vista académico, desde la visión de los hechos históricos, sobre qué papel, sobre qué cosa era el Partido Colorado.

            Esa acción demoledora de tantos años es la que nos ha permitido demostrar que en el conjunto de verdades tergiversadas durante tantos años está la esencia humanista y liberal que se procura exterminar. Sólo en el exterminio de las ideas liberales y de la concepción republicana es posible concretar una fuerza de gobierno como ha sido el Partido Colorado. En el eje de ese discurso, sin duda alguna, el principal objetivo ha sido la figura del general don Frutos Rivera. Curiosamente, en este país José Batlle y Ordóñez es de todos los uruguayos; Rivera es de los colorados. Hay que ir al cogollo del Partido Nacional, allí donde está la principal fuerza que lo enfrentó; ahí es donde podemos hoy encontrar aún gente que resista considerarse batllista. Pero Batlle es de todos los uruguayos y Rivera ‑como si se pretendiera hacer de él un lastre‑ es del Partido Colorado; como si el Partido Colorado debiera asumir la falsa imagen de abrasileramiento, la falsa imagen en general que de él se ha generado. Cantaba Zitarrosa: “Artigas junto a Lavalleja, el gran traicionado”. Es obvio que se está refiriendo a Rivera, primer Presidente de la República, teniente de Artigas, conquistador de los territorios que ningún uruguayo soñó en su vida volver a conquistar, conquistador de las Misiones.

            Si ha habido infamia que ha prendido con un carácter espléndido, francamente, a lo largo de todos estos años, desde el punto de vista de maniobra, ha sido la del llamado “genocidio charrúa”. Acerca de esa versión, la del genocidio, propalada por las huestes de la demolición, no abundaremos, dado que esa parece ser la historia oficial. Para ello vaya como botón de muestra lo acontecido el año pasado, cuando el Secretario General del Partido, el doctor Julio María Sanguinetti, recordó que las órdenes para la acción contra los indígenas habían partido de Juan Antonio Lavalleja. Al margen de algunas confusas aclaraciones y rechazos, la afirmación despertó perplejidad. Lo que se dijo era la pura verdad, pero la siembra de años y años logró lo que aquel ministro alemán sostenía: una mentira repetida mil veces termina siendo verdad.

            Los hechos históricos no pueden prescindir, al igual que los hombres, de su propia circunstancia. América toda y el Río de la Plata vivieron la cuestión indígena como un asunto mayor que hipotecaba el desarrollo soñado para los nuevos países. Tarde o temprano todos debieron abordar esa delicada cuestión. En aquellos días de pasiones desbordadas la historia se escribía con sangre. Y los hechos son los hechos; los hechos son tercos, decía aquel; tan tercos que es así siempre, y ha sido así. ¿O acaso no nos sirve preguntarnos qué hacía Rosas con sus enemigos; qué les pasó a los paraguayos en la Guerra de la Triple Alianza; qué hicieron los porteños con los negros; cuántos cayeron en nuestras guerras civiles; cómo cayó fusilado Leandro Gómez; qué habrá pensado al quedar solo, anciano y ciego, Anacleto Medina, rodeado de lanceros enemigos? Reclamar humanidad a los actos del pasado, no comprometerse con el futuro, no decir nunca más al olvido significa ‑de esa forma y de ninguna otra‑ anclarse al pasado, vivir reviviéndolo, renunciar a vivir en el futuro.

            Aunque la restauración rosista había combatido y empujado a las tribus hacia el sur, la conformación definitiva del Estado en la Argentina retrasó el tratamiento de la cuestión indígena. Sin embargo, en 1833, un año después de los episodios de Yacaré Cururú, tres mil doscientos indios fueron matados por Rosas.

Aquí viene lo sustancial, el motivo por el cual el Estado se mueve en estas circunstancias: siempre que la sociedad está afectada, siempre que el común de la gente recurre ‑en el marco de la Constitución y de la ley‑, ante un gobierno legítimo, a encargar a quienes custodian las armas que se hagan cargo de la situación. Nadie mejor que Juan Bautista Alberdi nos lo puede explicar, cuando habla de “garantías protectoras” para constituir los países, que lo que necesitaban en ese momento era prosperar. Es muy posible que aquello que decía Alberdi preparara la opinión para lo que luego haría el general Roca en Argentina. Lo que decía Alberdi era bueno para aquella época y es bueno para todo, siempre: “Sin orden no hay gobierno. Sin rentas tampoco lo hay, del mismo modo que sin gobierno, sin población, sin capitales, no hay Estado”. Lo urgente en aquel tiempo era el orden; y cuando el orden está en peligro, es lo urgente siempre, para todos. Reitero: sin orden no hay Estado. Continuaba Alberdi: “El orden que sea capaz de asegurar ese poder debe garantizar la libertad civil, la libertad de creer, de pensar, de opinar, de escribir y publicar, de votar, de obrar, de circular, de trabajar, de adquirir, de poseer la propiedad de lo adquirido, de enajenar, de transmitir lo suyo, de abstenerse, de ausentarse, de elegir su patria, su mujer, su industria, su domicilio”. El orden garantiza la libertad; el orden se asegura a través de los mecanismos del Estado, al cual los ciudadanos recurren para someter a quienes violentan el orden jurídico establecido. Solamente en el orden es posible que los países prosperen y den cobijo a la sociedad.

            Este pensamiento, en aquellos tiempos, recorría toda América. Lo vimos en la película “Pequeño gran hombre”, en esa caricatura del general Custer, que luego pagaría con su vida en Little Big Horn.

Pero me gusta mucho más lo que decía nada más y nada menos que Domingo Faustino Sarmiento: “Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes, por quienes sentimos, sin poderlo remediar, una invencible repugnancia, y para nosotros, Colo Colo, Lautaro y Caupolicán, no obstante los ropajes civilizados y nobles de que los revistiera Ercilla, no son más que unos indios asquerosos, a quienes habríamos hecho colgar y colgaríamos ahora, si reaparecieran en una guerra de los araucanos contra Chile, que nada tiene que ver con esa canalla”. Digo que me gusta porque representa, mejor que nada lo que se pensaba en ese momento y el objetivo que todos estos países tenían. Recordemos también a Bolívar en ese tema.

            No nos vamos a embarcar en el análisis de los hechos históricos. En Salsipuedes se cumplió una misión que el Estado tenía que encarar. ¿Por qué? Porque un gobierno legítimo, al amparo de la Constitución y la ley, le ordenó a un coronel, a sus tenientes y a sus soldados que acometieran una misión. ¿Exterminar a los charrúas era la misión? De ninguna manera. No; jamás. El Estado tenía que darle al norte del territorio las garantías protectoras ‑eso que decía Alberdi‑; debía imponer el orden y asegurarles los derechos a quienes padecían los atropellos de las bandas de indios que asolaban los campos. En Salsipuedes el que estaba era el Estado,  la sociedad cumpliendo con su deber; pero en Yacaré Cururú, un mes después, en ese episodio del que hoy se cumplen 175 años, estaba quien había llevado adelante la misión que los uruguayos le habían encomendado y moría en manos de los forajidos y los soliviantados dispersados por estos funcionarios públicos en el ejercicio de su deber. Fue allí, en Yacaré Cururú, que cayó el coronel Bernabé Rivera, junto a Pedro Bazán, José Viera y nueve soldados más. Nueve soldados que la memoria no atesora y cuyos nombres no registran los archivos; como siempre, los soldados muertos, y en la circunstancia que sea, no son recordados por las sociedades; no hay marketing para los soldados.

            El brutal martirio al que se los sometió debió bastar para que jamás menguara el agradecimiento y respeto a esos servidores públicos caídos en servicio. Y aunque los años y la demolición lograron revertir ese sentimiento, la reacción inicial que despertó la muerte de Bernabé Rivera  es la auténtica y la que hoy nos llama a impulsar este desagravio.

            Los cuerpos de Bernabé y de los otros caídos fueron trasladados a Montevideo casi dos años después y recibieron sepultura con los máximos honores que la República concede a sus héroes. Tal vez, en esta ocasión, nadie pudo expresar con mayor autoridad  la justicia de ese homenaje que el propio general Manuel Oribe ‑fundador del Partido Nacional‑, en carta a don Frutos, con la justicia que su figura naturalmente convoca; dice: “Mi querido General: con cuánto sentimiento tomo la pluma para escribir a Usted considerándolo inconsolable por la desgracia de mi amigo don Bernabé, a quien era necesario conocer como yo para saber lo que ha perdido la Patria (...) Hoy debe contar para todo con mi hermano y conmigo y ojalá podamos ocupar con Usted un vacío tan grande como ha dejado mi  amigo”.

            Con estas palabras finales de Oribe entendemos que sobradamente está justificado este desagravio y este homenaje a Bernabé Rivera y a los caídos en Yacaré Cururú, y en ellos a todos los caídos en la defensa de la paz, la justicia, la ley, la Constitución; y en ellos a todos los caídos por mandato de cada uno de nosotros como ciudadanos, cuando le reclamamos al Estado que intervenga si es necesario hacerlo para defender los derechos fundamentales de cada uno de los pobladores, de cada uno de los ciudadanos. Esa es la enseñanza que nos deja Yacaré Cururú. No es un acto partidario. No es levantar banderas del Partido Colorado ni señalar ni provocar discrepancias ni debates; simplemente significa la reivindicación de aquellos empleados públicos a quienes un día les damos una orden y luego tenemos el deber, como República que nos llamamos, de recordarlos, considerarlos y homenajearlos, más allá de la sinuosidad de la política.

            Gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Jorge Meroni.

 

SEÑOR MERONI.- Gracias, señor Presidente.         

            ¿Hasta qué punto podemos reivindicar los uruguayos el ancestro charrúa? No existen, numérica ni culturalmente hablando, otras raíces indígenas más significativas en la génesis del imaginario colectivo criollo. ¿No será más metafórico y voluntarista que real el entronizamiento de un charruismo cuya casi invisible hebra se pierde en el collage de nuestra colcha de retazos nacional, ya se la considere desde el punto de vista demótico, ya desde el punto de vista étnico? Y de ser importante la aportación charrúa, ¿en qué sentido se le puede conceder fuerza, legitimidad y permanencia?

            Este es un tema que merece un examen serio porque constituye el obligado santo y seña para una pujante porción del pueblo uruguayo integrada por sedicentes vanguardias políticas y culturales, que tras romper el cerco antropológico de los ojos azules y cabellos rubios heredados de los abuelos italianos o gallegos, emprenden una huída hacia el pasado en pos del vellocino de una quimera.

            La macroetnia charrúa comprendía a los charrúas propiamente dichos y a los minuanes, bohanes y guenoas; los yaros quizá tenían origen kaingang; los chaná ‑Timbú‑ beguás eran, posiblemente, el producto de reiterados mestizajes y aculturaciones entre pámpidos y láguidos; los guaraníes del litoral oeste y los tupí-guaraníes del este pertenecían a los amazónidos, también llamados brasílidos, y los arachanes, que jamás poblaron otro territorio que no fuera el de la imaginación, no son otra cosa que un ectoplasma histórico, o sea, un invento como tantos otros.

            Hablo ‑claro está‑ de los indios existentes en el momento de la conquista, iniciada con el establecimiento de San Lázaro, un fortín minúsculo fundado en 1527 por los expedicionarios de Gaboto en el actual departamento de Colonia. A partir de esa fecha, comienzan los choques entre charrúas y europeos, que recién iban a finalizar con las matanzas de Salsipuedes y Mataojo en 1831 o, si se prefiere, con la revancha de Yacaré Cururú  en 1832.

            A mí me abochorna darme cuenta de que nuestro Estado ‑tan liberal y republicano‑ tardó menos de dos años en perpetrar una masacre que los godos no osaron cometer en más de tres siglos. Me hiere, además, que el instrumento haya sido la traición más pérfida y premeditada. De todos modos, la llamada “Guerra de los Charrúas” no se agotó en la acción de Salsipuedes. Bernabé Rivera, en particular, tuvo un especial empeño en encontrar y exterminar a los que lograron escapar, en lo que el mismo describió como “el gran interés que tomó en la conclusión de los infieles”. El 17 de agosto de 1831, Bernabé Rivera sorprendió en Mataojo, cerca de la desembocadura del río Arapey grande, a un grupo de charrúas comandado por los caciques El Adivino y Juan Pedro, a los que atacó. Este episodio tuvo como saldo quince muertos y más de ochenta prisioneros. Bernabé Rivera informaba que habían conseguido escapar dieciocho hombres, ocho muchachos de siete a doce años y cinco chinas de bastante edad. Entre ellos, se encontraba el cacique Polidoro, único cacique sobreviviente.

            Bernabé Rivera se dedicó a perseguir a Polidoro. El 16 de junio de 1832 ubicó a un grupo de charrúas que huyeron hacia una hondonada llamada Yacaré Cururú, aunque en realidad habían montado una emboscada en la que mataron a Bernabé, nueve soldados y dos oficiales. El cadáver de Bernabé Rivera fue encontrado cerca de allí dos días después.

            Quiero hacer hincapié en el sórdido final de Mataojo: Senaqué, Vaimaca Perú, Tacuabé y Guyunusa fueron vendidos a un francés de apellido Curel, quien los trasladó a París, donde fueron exhibidos como ejemplares exóticos de América. A quien tenga oídos le insisto que París o Montevideo ‑su avergonzado reflejo‑ habrán significado para todo charrúa, congénitamente enamorado de la inmensidad del campo, un laberinto de piedra y gente sin pasto, sin cielo; una tumba precoz. Asimismo, me parece un cargo ilevantable el cruel reparto de la chusma: me refiero a las chinas, chinitos y chinitas por las que se desvelaron las clases acomodadas de Montevideo apenas llegaron los cautivos al cuartel de Dragones. No sólo se dispersó a la nación charrúa disgregando sus tribus; también se destruyeron sus familias: se mató o se espantó al hombre y se separó a la madre de sus hijos y a los hermanos entre sí. Se utilizó a los charrúas en nuestra guerra de independencia, y después, cuando se obtuvo, no sólo no se compartió con ellos, sino que se los atacó, se los dispersó y se terminó haciendo un genocidio con nuestros verdaderos ancestros.

            Y, para terminar, señor Presidente, voy a recordar al valiente cacique Vaimaca Perú diciendo: “Mirá a Frutos matando hermanos”.

            Gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra la señora Edila Silvia Aguiar.

 

SEÑORA AGUIAR.- Gracias, señor Presidente.

            En el día de hoy ha sido traído uno de los tantos temas que en la historia nacional todavía no han sido cabalmente investigados.

            Yacaré Cururú es un episodio de la matanza y el exterminio de las etnias aborígenes de nuestro país, que comenzó con la propia conquista.

            ¿Qué se puede decir de este Uruguay de 1830, 31 ó 32? Como dicen algunos, había una cruel necesidad de ocupar nuestro territorio, aunque también se realizó una inútil carnicería. A mí me gusta este último adjetivo. ¿Por qué fue “inútil”? Porque de cualquier forma los verdaderos pobladores de nuestra tierra, que tenían una antigüedad en la misma de más de 10.000 años, quisieron ser sustituidos por un Uruguay pensado, moderno, donde la estancia debía tener estancieros ausentes o debía ser un “foco de civilización”, entre comillas. ¿Qué se logró con esto? Que la sociedad también fuera cómplice. Porque hubo manos ejecutoras, pero también la sociedad fue cómplice con su silencio y, en muchos casos, con el visto bueno. Pero algunos se opusieron ‑y hay que resaltarlo‑ a esta matanza despiadada que se basó en el engaño a nuestros indios, quienes formaban parte de nuestra población aborigen, como he dicho acá. Porque indios los llamó el conquistador, el que quiso someterlos a su poder; el que tiene poder es el que mata para colocarse en el lugar del otro.

            A mí me hubiera gustado hablar hoy de la libertad que tenían los que vivían en esta tierra. Y voy a ir un poquito más atrás: me voy a referir a la política de Artigas con los indios. Cuando en el Reglamento de 1815 Artigas hablaba del arreglo de los campos, específicamente señalaba a los indios sedentarios, refiriéndose a los indios guaraníes, que también eran otra etnia que ocupaba nuestra Banda Oriental en aquel momento, y nuestro Uruguay después; no así de los charrúas, para los que tenía previsto un futuro diferente. Artigas nunca quiso civilizar a los indios, porque tenía otra mentalidad; quería hacer de ellos hombres libres que articularan con ese Estado o nación, en un momento de empuje ideal.

            Yo creo que si no hubiera sido Rivera, hubiera sido otro. De eso no me cabe la menor duda. Él fue quien lo ejecutó.

            Hoy habría que hablar de la libertad de estos pueblos, y no de la matanza. Me refiero no sólo al momento de la matanza en sí, que es un episodio cruel en sí mismo, sino a cómo fueron tratados después los indios. Y acá hay algo importante: una cosa es la matanza física y otra cosa es querer terminar con una cultura, con una forma de ser y de estar en el mundo, con la cual nosotros ‑o en ese momento la sociedad‑ podemos no estar de acuerdo, pero nadie tiene derecho a matar al otro por estar en desacuerdo con su forma de vivir. No sólo el indio, también los llamados vagos, los matreros, los gauchos pobres, muchos de ellos molestaban en ese Uruguay que quería otra forma de producir. Porque acá, ¿cuál es el tema? El tema es entre un Uruguay que nace y que tiene una serie de proyectos ‑fundamentalmente agropecuarios‑ y un conjunto de gauchos, indios, “matreros”, “vagos”, “vagabundos” ‑entre comillas‑, etcétera, que molestaban. Estas cosas no son solamente del Uruguay, también pasó en Argentina y otros países de América. Lo que pasa es que la historiografía y la historia no se han puesto de acuerdo: o ven a Rivera como el gran matador, o lo ven de otra forma.

Entonces, estos son los temas que hay que profundizar, investigar y ver a la luz de las nuevas pautas que han dado algunos antropólogos. Yo estaba recordando en estos días, por ejemplo, el aporte que hizo el profesor Acosta y Lara sobre los charrúas, que sobrevivieron como pudieron en el campo uruguayo, siempre sirvientes de los blancos, porque a los negros y a los indios no les quedó otro lugar: siempre fueron sirvientes de los blancos.

            En esta tierra tan vacía ‑como dijo alguien, una tierra del fin del mundo, porque estaba bien vacía‑, no eran más de 500 los indios hambrientos y harapientos al norte del Río Negro, que mal podían defenderse con las pocas armas que tenían. Los indios ya no eran aquellos bravos guerreros, estaban muy aculturados en 1830; habían perdido muchos de sus valores; estaban tristes y caminaban pausado por estas tierras que ahora eran de otros.

Entonces, cuando hablamos de libertad, cuando pensamos que la libertad es buena para unos, hay que pensar que la libertad es buena para todos. Y que si en un lugar hay una libertad que tenemos que preservar es la libertad de aquellos que vivieron antes que nosotros: la libertad de aquellos que con su cultura estaban en lo que después fue nuestro país, a quienes realmente se les podía haber dado otro lugar, bien articulado, con la naciente República.

            Creo que es un tema que no se agota en el día de hoy, porque da para hablar mucho. Es de los tantos temas que no están resueltos todavía, a la hora de los testimonios y documentos; hay testimonios y hay documentos de ambas partes. A nosotros, particularmente, es un tema que nos duele mucho porque sabemos que siempre vamos a estar de un lado: del lado de quienes son los dueños de la tierra, del lado de quienes formaron las pequeñas sociedades preuruguayas, del lado de los que se enfrentaban con una flecha y un arco a un fusil, y del lado de los que venían sufriendo despiadados ataques desde hacía mucho, mucho tiempo.

            Yo creo que el intento, aunque cruel y despiadado, fue casi en vano, porque muchos de ellos sobrevivieron en Santa Fe, otros al sur de Brasil, en Río Grande, muchos también el Tacuarembó ‑algunos murieron en el Hospital Maciel‑, y otros tantos. Lo lamentable es que tuvieron que esconderse; lo lamentable es que vivieron una vida miserable, pobre, y no teníamos derecho, argumentando la construcción de una República, a obrar de esa forma con quienes nos precedieron. Porque a veces nos rasgamos las vestiduras con el genocidio o el etnocidio de otros pueblos, pero hay pueblos que son bastante olvidados, como los gitanos ‑ahora me vienen a la memoria‑, que también sufrieron un gran genocidio y muchas veces no los recordamos. Y todas nuestras poblaciones indígenas americanas sufrieron mucho. Pero, bueno, hoy se tocó la nuestra, la que corresponde a nuestro país, y está bueno decir que hay cosas que no se olvidan.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Carlos Tutzó.

 

SEÑOR TUTZÓ.- La verdad es que esta es una interesante discusión. Nosotros no nos vamos a meter en el fondo de la cuestión porque los compañeros ya lo han hecho mucho mejor de lo que lo podemos hacer nosotros. Y quizá yo haya entendido mal; después lo veré leyendo las actas. Si entendí bien, se dijo que funcionario público al cual el Estado le manda hacer algo, lo debe cumplir, y que eso fue parte de lo que pasó. Lamentablemente, este discurso ‑si oí bien‑ ya lo escuchamos muchos veces antes. Lo escuchamos con relación a funcionarios públicos que asolaron casi toda Europa integrando los ejércitos del Führer; lo escuchamos con los ejércitos de Mussolini ‑y era la ideología dominante, eran las ideas predominantes en ese momento en una parte importante de la humanidad‑, con las tropas de Mussolini invadiendo y bombardeando Abisinia; lo escuchamos cuando el Plan Jakarta, en Indonesia, mató a un millón de indonesios en un día, o el Plan Fénix en Vietnam o el Plan Cóndor acá. Lo escuchamos justificando las atrocidades más impresionantes de la vida de la humanidad como, por ejemplo, secuestrar niños y entregárselos a otros para reeducarlos, no sea que en los genes trajeran cualquier cosa. Todos funcionarios públicos. Acá conocemos a algunos ‑que por suerte están yendo presos, Gavazzo, por ejemplo‑ que también cumplieron las órdenes del Estado. Llegando al extremo, nosotros tendríamos que homenajear a los funcionarios públicos que fueron llamados a dar un golpe de Estado y lo dieron porque, en definitiva, cumplieron la orden del Poder Ejecutivo de la época.

            Personalmente, creo que hay que ser sumamente cuidadosos en algunas cosas, y no digo que no se haya sido. Quizá yo entendí mal, pero sí entendí bien, quiero dejar claramente expresado que hay una cosa que está por arriba de cualquier aspecto que tenga que ver con la obediencia al Estado. No creemos en la obediencia debida porque nos ha generado brutales consecuencias en América Latina. Sólo en el Cono Sur hay 65.000 muertos desaparecidos; es mucho, es muy grave. Por eso nosotros decimos que deseamos haber entendido mal. Si cuando leamos las actas vemos que entendimos mal, diremos que entendimos mal, pero como el que avisa no es traidor y como no queremos dejar pasar lo que creemos haber entendido, decimos esto.

            Por otro lado, quiero remarcar lo que han dicho algunos compañeros: los que fueron buenos en una etapa para liberarse de otros, después fueron malos cuando había que consolidar el poder de una oligarquía naciente porque les disputaban algunos espacios de poder. Eso fue lo que pasó, no fue otra cosa más que eso lo que ocurrió acá: un viejo ajuste de cuentas a los que los del pueblo ya estamos acostumbrados. Es como lo que pasó en la Comuna de París cuando las burguesas les pinchaban los ojos a los obreros muertos, después de que las fuerzas multinacionales de la oligarquía alemana, unidas a los franceses, derrotaron esa experiencia; como nos pasó a los obreros, a los trabajadores, al pueblo uruguayo y al argentino en múltiples instancias. Los bomberos de la época de Terra también fueron funcionarios públicos llamados a ejercer la función no de apagar el fuego, sino de prender el fuego de un gobierno dictatorial.

Por lo tanto, nosotros decimos que apoyamos los planteos que han hecho los compañeros sobre el tema en concreto: el canto a la libertad que nosotros debemos levantar y no el canto a lo que, en mi opinión, es de los planteos más reaccionarios que hemos escuchado a lo largo de nuestra historia. No estoy diciendo que lo sea el de hoy, porque puede ser que lo haya entendido mal; lo decimos por ese planteo que recorre la historia de la humanidad en el cual los sectores dominantes tienen derecho, desde la solución final hasta la solución étnica, pasando por que el trabajador la quede en cualquier circunstancia para defender otros intereses. Pero ya lo decimos: ojalá hayamos oído mal o entendido mal. No hay duda de que eso puede pasar, ya veremos las actas.

Simplemente, queremos dejar asentadas estas opiniones.

Gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Gabriel Weiss.

 

SEÑOR WEISS.- Señor Presidente: es notorio que la intervención que origina este intercambio de ideas es, como el promotor de las mismas, dura y polémica en el sentido de incentivar la posibilidad de pensar y de buscar aspectos para poner arriba de la mesa.

            Básicamente, lo primero que me viene a la memoria cuando escucho a Sarmiento es José Hernández y Martín Fierro; es un defecto profesional. La verdad es que, según el relato de Martín Fierro, en la frontera había una corrupción escandalosa del ejército argentino; esto habla muy pobremente de los que supuestamente representaban a la civilización contra los que representaban a la barbarie. En todo caso, cambiábamos una “barbarie” ‑entre comillas, si así fuera‑ que tenía taparrabos y boleadoras, por la barbarie de saco y corbata, que también existe; también existe porque los bárbaros modernos, los contemporáneos, andan en cuatro por cuatro y en autos magníficos, y son bárbaros; incluso podemos asimilarlos a los visigodos, a los ostrogodos y otros.

            El problema de fondo es que, en realidad, las concepciones que llevaron a conquistar estos territorios y a colonizarlos desde el origen más primario ‑desde la llegada de las colectividades de España, de Portugal, y de Inglaterra en algunas zonas‑ concebían este lugar como un lugar para buscar riquezas y para apropiarse del mismo, y consideraban que las civilizaciones que había, las culturas que estaban aquí, eran culturas inferiores. Y como para ellos eran culturas inferiores, en primer lugar, a sangre y fuego, había que llevarles la verdad, que era la verdad de la cruz ‑así están representados los conquistadores, no es una interpretación‑ por la evangelización, que era la iluminación, y por la espada. Es terrible, es tremendo que haya sucedido eso y que todavía siga sucediendo: que en lugar de pensar en la riqueza de la diversidad, en la coexistencia, en la integración y en el supremo valor del mestizaje, en el intercambio de los pueblos y en el encuentro de los pueblos, se tomen las decisiones que se tomaron en muchos lugares, es decir, que por considerar inferiores a ciertas poblaciones había que terminar con ellas o llevarlas al extremo de la exclusión y la marginalidad en la que viven muchísimos de los pobladores que tienen raíz en lo autóctono que había en este continente.

A ver: ¿quién de nosotros ‑capaz que alguno sí‑ tiene vinculación autóctona? En mi caso, mis raíces vienen de Europa, vienen de los barcos; yo no puedo plantear que tengo raíces profundas en este continente porque no las tengo.

En ocasión de reunirse el Parlamento Cultural del Mercosur tuvimos la suerte de integrar un taller, el Taller de Diversidad Cultural, donde nos encontramos con diversas etnias. ¡36 etnias existen en Venezuela! Yo, la verdad, lo desconocía. Y hablan las lenguas autóctonas. Y las lenguas autóctonas refieren a concepciones del universo, hacen a la riqueza de la humanidad. Y cuando uno extermina a un pueblo, extermina sus representaciones culturales, extermina su simbología, extermina su posibilidad de comunicación y su manera de interpretar el mundo. No estoy refiriéndome a que eso fue lo que sucedió, sino que estoy diciendo un concepto más general; después me referiré al punto en particular.

Es increíble que en nuestro continente todavía no exista un centro académico regional, que fue la propuesta que hicimos en ese lugar, para la preservación, el estudio comparado y la publicación de las lenguas autóctonas, porque eso es muy importante. La lengua es el vehículo natural de comunicación de los pueblos. Les explicamos a las etnias que viven en Venezuela, y también a algunas de Colombia, que aquí no teníamos un grupo de raíz autóctona hablando su lengua, escribiendo ‑en el caso de que tuvieran el dominio de la escritura‑ en su lengua y creando su lengua, y no lo podían creer. Y eso, naturalmente, nos ponía en un tono de separación con los países de América, donde sí existen pobladores que hablan el guaraní, el aimara, el quechua y estas otras lenguas que se hablan en Venezuela, que ‑reitero‑ yo desconocía que existían. Y estamos hablando del vecindario; no estamos hablando de Marte. Yo desconocía que existían 36 etnias, y desconocía que cada una de ellas tenía una lengua propia. No es que son 36 etnias vinculadas, sino que cada etnia que vive allí tiene una lengua propia.

Quiero decir que el desprecio por las culturas autóctonas, el “desprecio” ‑entre comillas‑ por el tema de los gauchos ‑porque después también hay una cuestión de idealización de los valores a los que hay que referirse para tener fundación de nación‑, fue usado en muchas partes del mundo. Yo voy a decir que Himmler, para el exterminio de los judíos y de los gitanos, tomaba como modelo lo que hizo Estados Unidos con los indios. Lo quiero decir acá: hay un texto en el que Himmler dice que el modelo para lograr exterminar a los judíos y a los gitanos es el que aplicaron los Estados Unidos de América para el exterminio de sus poblaciones autóctonas. Y realmente con todo cariño digo que si alguien quiere convencernos de que en alguno de estos sitios de los que estamos hablando, como Estados Unidos y otros, no hubo exterminio, va a tener que fundamentarlo muy bien. Además, no estamos haciendo un planteo que sea original. En los propios Estados Unidos de América, en el ámbito académico y en el ámbito del arte y del cine, los norteamericanos han hecho expreso reconocimiento del exterminio.

            En realidad, sobre las decisiones que toma el gobierno de Rivera, o la Presidencia o quien fuera, sobre esas determinaciones ‑que tienen una consecuencia‑ habría que formular algunas preguntas. Por ejemplo: en el nombre del orden se pueden hacer muchas cosas, en todos lados; podemos poner muchos ejemplos. Podemos decir, Tiananmen, por ejemplo; si uno lee el fundamento, fundamentan el orden. Y podemos seguir con miles de ejemplos sobre el orden y lo que hay que hacer para preservar el orden. Ahora, realmente, creo que episodios de esa naturaleza son muy desgraciados. Lo que sucedió con los cuatro indios que fueron a París a ser exhibidos como si fueran animales para el zoológico es terrible en cualquier época, no importa quién lo haga. Puede corresponder a concepciones culturales, puede tener un sentido de determinismo. Capaz que, como dijo la Edila Silvia Aguiar, otro tal vez hubiera hecho lo mismo o muchos hubieran hecho lo mismo, pero eso no quita que a nosotros hoy nos parezca algo terrible. Porque si alguien va a sostener y a defender que cuatro personas sean sacadas de su tierra,  expuestas como animales, y mueran contra su voluntad al otro lado del océano, eso no se puede justificar. Se podrá entender ‑porque a veces lo valiente no es condenar, sino comprender‑, pero creo que no puede ser defendido.

            Para terminar, quiero decir que la frase de Sarmiento me parece terrible. Es más, me parece terrible que alguien hable así de otras personas, y que se refiera así a un grupo poblacional. La verdad es que referirse de esa forma a otras culturas es terrible. Ningún pueblo se puede idealizar; tampoco el pueblo uruguayo, porque todos los pueblos tienen sus idas y sus venidas. Pero ese es el camino que conduce al campo de concentración, al gueto, y al exterminio.

            Gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.  

 

SEÑORA RONDÁN.- Muchas gracias, Presidente.

            Lamentablemente, por razones particulares no pude llegar a escuchar al Edil Gloodtdofsky. Sí escuché a la Edila Silvia Aguiar, quien por su profesión, desde mi punto de vista, nos ha dado una visión con un absoluto equilibrio, absoluto equilibrio. En sus palabras no jugó su condición de socialista; jugó su condición de atropóloga y de conocer mucho más que algunos de nosotros la historia del Uruguay.

            Hay algunas cosas que me preocupan.

No me voy a poner a discutir acá si Rivera estuvo bien, mal, regular; si cumplió órdenes, o no cumplió órdenes. La primera cosa que quiero decir es que las acciones que los hombres y las mujeres realizan responden a coyunturas históricas. Esto tiene que ver, fundamentalmente, con blancos y colorados, con colorados y blancos en el Uruguay. Si nuestros queridísimos compañeros blancos tienen, por ejemplo, a sus héroes de Paysandú ‑hablando de Leandro y alguno más‑, nosotros tenemos a los mártires de Quinteros. Pero, ¿podemos nosotros hacer un juicio con la visión de hoy en ambas ocasiones? No, porque era otra época, los seres humanos tenían otros valores y se vivía de otra manera. En mi época,  cuando estaba en la escuela, nos daban una historia muy idealizada: todos nuestros héroes eran perfectos. Parecía que eran una especie de dioses, y creo que eso era malo, porque lo bueno es enfrentarse a una figura con virtudes y defectos, y respetarla y amarla igual por sus virtudes. Me enteré ya bien adulta ‑después de haber sido profesora de Literatura, cursando un año de historia en el IPA‑, qué quería decir “Carabina a la espada y sable en mano”; era el toque a degüello y lo hicieron Artigas, Lavalleja, Rivera, Oribe. Eso era para no dejar gente viva, era para degollarlos. Eso responde a una época histórica. Por lo tanto, ¿podría yo emitir un juicio? No, porque no estoy viviendo la época histórica. Es como si yo condenase a los mayas o a los aztecas, que eran terriblemente salvajes ‑para nuestra época‑ en cuanto a los sacrificios humanos y demás que formaban parte de sus creencias. Por eso la barbarie, como decía Weiss, tiene diferentes connotaciones según la época histórica. Lo que para nuestra patria vieja era una cosa común, natural y necesaria de hacer ‑me estoy refiriendo al “carabina a la espalda y sable en mano”‑, hoy para nosotros es una barbarie. Pero un profesor de Historia ‑se me ocurre, acá estoy talenteando‑ no va a decir en clase que en aquel momento eso era una barbarie; podrá decir que es una barbarie hoy. Porque era ‑valga la irreverente comparación‑ como la minifalda: cuando se usó, se usó; quedaría bien, quedaría mal, quedaríamos ridículas, quedaríamos preciosas, pero la minifalda se fue y sobrevendrán otras cosas. Así como la lengua es dinámica y todos los días nos vamos encontrando con modismos nuevos que utilizan las nuevas generaciones, en estas cosas pasa lo mismo.

Ahora, es cierto que el exterminio de una colectividad indígena es el exterminio de una cultura; eso es verdad. Y que ha ocurrido a lo largo y a lo ancho de todo el mundo, también es verdad; ha ocurrido a lo largo y a lo ancho de todo el mundo. Porque, ¿qué hacía el Imperio Romano con los otros cuando desde Europa comienza a dominar? Los exterminaba. Y los que se plegaban, se plegaban perdiendo absolutamente sus costumbres, sus tradiciones, su religión; los que no aceptaban, a otra cosa. Quiero decir que quizás esto es tan antiguo como el hombre mismo sobre la Tierra. Yo creo que hay dos pueblos que han podido sobrevivir independientemente de todo. El primero es el vasco; la otra vez dije que no se sabe de dónde vienen, de dónde viene su lengua, y nadie los ha podido cambiar en cuanto a sus costumbres, a su lengua y a una serie de cosas más. Los otros son los gitanos, que todavía existen y que tienen su forma de vivir, sus creencias, sus propias leyes a su interior, las que además los gitanos tienen que cumplir porque, si no, son expulsados de su tribu.

Hoy no hay tiempo para hablar acerca de qué es realmente cultura. Podríamos darnos ‑como a veces lo hacemos en la Comisión de Cultura‑ una discusión sobre esa palabra que ‑con todo respeto y no me refiero en este hemiciclo‑ la gente la aplica muy mal, muy mal.

Un Edil preopinante, en su larga lista ‑en la que, además, concuerdo con él casi en un todo‑ se olvidó de alguien, y yo lo voy a nombrar porque fue un exterminador. Lamentablemente, y no sé por qué, se olvidó de Stalin; no entiendo por qué, son lapsus que a veces uno tiene, ¿verdad? Se olvidó de Stalin, que también fue un exterminador y que también cortó las libertades de la gente.

Voy a contarles una anécdota brevísima. Mi hijo de 27 años estaba en cuarto año de liceo, estaba estudiando y de repente desde mi dormitorio escucho que dice: “¡Pero qué pedazo de idiota, qué gil!” ‑perdónenme la expresión, que no es correcta aquí en Sala‑, “después de todo lo que hizo, le tiraron la estatua al diablo y todo el mundo habla mal de él”. Ese fue el razonamiento de un adolescente de 14 años; lo quiero aclarar.

La otra cosa que me inquietó mucho es la siguiente. Me parece que todas las referencias posteriores ‑que yo comparto‑ no obedecen al espíritu de los uruguayos y al espíritu del señor Presidente de la República. Si seguimos pensando en lo que pasó hace poco tiempo en el Uruguay, lo del nunca más ‑valga la redundancia‑ no se va a dar nunca más.

Para terminar, señor Presidente, en el Uruguay hay una comunidad indígena charrúa que vive en una isla del Río Negro, la que le otorgó el ex señor Presidente Julio María Sanguinetti en su primer gobierno. Viven de la venta de cestos, de canastas de cardo que cultivan. Sus hijos no van a la escuela, conservan sus tradiciones y viven en una isla ‑en este momento no tengo la información, pero si quieren después se las puedo pasar por mail‑ del Río Negro que es de su propiedad.

            Cuando yo era secretaria del sector en el Palacio Legislativo, tuve la suerte de tener una compañera que era antropóloga ‑era secretaria de otro sector que no tenía nada que ver con mi partido‑ con quien tuve la oportunidad de visitarlos, incluso de traer su mercadería y comercializarla en el Palacio.

            Muchísimas gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).-  Tiene la palabra el señor Edil Leonel Viera.

 

SEÑOR VIERA.- Gracias, señor Presidente.

            No iba a hacer uso de la palabra, pero en este intercambio de opiniones ‑no pienso que sea una discusión, como decía el compañero Tutzó‑, me gustaría expresar que estos episodios de los que estamos hablando se dan en el marco de la llamada, mal llamada, conquista de América. Umberto Eco decía que la conquista se hace con una flor, con una sonrisa, y no de la manera como se realizó en nuestros pueblos.

            Estos episodios de exterminio que sucedieron a lo largo y ancho de América Latina, de América del Norte ‑estamos hablando de Estados Unidos‑ y de todas partes del mundo, nos duelen más y, a su vez, los vemos lejos. Esto es porque de todos los que estamos aquí en esta Sala, pocos somos descendientes directos de la población autóctona del lugar, casi ninguno o muy pocos los son. Somos una sociedad de raíz emigrante, porque somos hijos de italianos y principalmente de españoles, pero no de la cultura autóctona de esta tierra. ¿Por qué nos duelen más estos episodios? Porque se trata de los principales soldados de nuestro prócer. Gracias a ellos obtuvimos la independencia. En nuestras primeras guerras por la independencia, los ejércitos fueron integrados principalmente por indígenas, por charrúas. No nos olvidemos que también los charrúas fueron los que acompañaron a nuestro prócer en el exilio; fueron los que lo dejaron en el límite del Paraguay, en el que se interna con un pequeño grupo para no volver nunca más.

            Me parece bien la iniciativa del compañero Gloodtdofsky de homenajear a sus líderes, a sus antecesores, puesto que el Partido Colorado, a diferencia de nuestro querido Partido Nacional o de lo que es el Frente Amplio, no llora a sus muertos, no los homenajea. Nos parece bien este recordatorio.

 Estamos hablando de unos episodios que se dieron en cierta coyuntura internacional, como decía la compañera Glenda, con presiones internacionales. Al Gobierno se lo presiona desde el exterior para el exterminio de este grupo de charrúas.

Queremos expresar que a la distancia condenamos el exterminio de la cultura y la manera en que se hizo. Recordemos que esto se hace en estado de embriaguez, los soldados se embriagaban para matar a los que hacía pocos años habían sido sus compañeros en las batallas de la independencia.

En el homenaje que hicimos antes de la sesión ordinaria decíamos que debemos tener memoria de lo sucedido, de nuestras cosas y que tenemos que pensar también en el nunca más. Y no debemos ser masoquistas y raspar la herida cada vez para que sangre. La herida cicatriza; queda la marca, pero nunca más.

            Simplemente eso, señor Presidente.

            Muchas gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Fitzgerald Cantero.

 

SEÑOR CANTERO.- Gracias, Presidente.

            Yo no pensaba hacer uso de la palabra pero, como decía el Edil que habló antes, el debate es rico y nosotros, que siempre somos partidarios de debatir, de poner temas sobre la mesa y de que cada uno exprese lo que siente, no queremos estar ausentes en esta oportunidad.

            Voy a hacer algunas consideraciones respecto a cosas que se han dicho.

            Yo puedo compartir muchos de los conceptos que se han vertido, pero, por ejemplo, creo que no podemos comparar un hecho que sucedió bajo un gobierno constitucional, con la primera Constitución de la República vigente, y que ‑como decía el Edil Gloodtdofsky‑ fue ejecutado por funcionarios públicos, con ejecuciones de gobiernos dictatoriales.

            Además, algo que se ha repetido pero que me parece fundamental es que cuando sacamos las cosas de contexto estamos falseando la verdad. Creo que la Edila Rondán lo decía: ver hoy esos episodios por supuesto que nos pone a todos la piel de gallina, pero de haberlos vivido en esa época quizá para nosotros hubiesen sido naturales. Hay que leer, por ejemplo, a Barrán en “Historia de la sensibilidad en el Uruguay”, tomo I, cuando habla de cosas que hoy nos parecen tremendamente atroces como naturales, como algo natural en la época, como la muerte de los hijos y otro montón de cosas que a nosotros nos parecen realmente inhumanas.

            Con respecto al tema de la libertad que planteaba la Edila Silvia Aguiar, por supuesto, ¿quién está en contra de la libertad? Lo que sucede es que para que la libertad exista debe haber un preconcepto básico y fundamental, que es el de respetar la libertad de los otros. Nosotros, que somos amantes de la libertad positiva ‑es decir, cuanto menos limitaciones para el individuo, mejor‑, entendemos que si esa libertad está coartada por otros individuos que asolan los pueblos, los bienes, las personas, evidentemente, no podemos estar hablando de un marco de libertad absoluta. Y cuando ocurre eso, el Estado tiene que intervenir; o interviene cuando hay delitos. En esa época los delitos eran de estas características.

            No comparto ‑y estoy seguro de que no fue así‑ que a los indios se los haya perseguido por su condición de tales, porque hay muchas etnias indígenas que sobreviven hasta hoy. Además, hay estudios historiográficos actuales ‑por ejemplo, el de Oscar Padrón Fabre‑ que dicen que no todos descendemos de los barcos, sino que buena parte de la población uruguaya tiene descendencia indígena.

            A mí Sarmiento no me gusta. Le dije recién al Edil Gloodtdofsky que el ejemplo que había utilizado no me gustaba; me parece bastante crudo, si se me permite. Pero también ‑y lo hemos discutido en la Comisión de Nomenclatura cuando se manejó alguna propuesta de cambiarle el nombre al puente de Sarmiento‑ tenemos que ver, pensar y reconocer que la educación que tanto nos distinguió y que tanto orgullo nos da, la reforma vareliana, estuvo inspirada en el señor Sarmiento, al cual no defiendo y repito que no me gusta.

            Una última cosa que me hizo recordar el Edil Weiss cuando habló de Martín Fierro ‑que, para mí, es la Biblia criolla‑: también Martín Fierro describía lo que eran los vandalismos de los indígenas; recuerdo una parte donde relata un enfrentamiento con los indígenas y dice que ante ellos le “hacía buya el corazón como la garganta al sapo”. Hasta a Martín Fierro, que era bastante matrero y no tenía miedo a nada, ante los indígenas le “hacía buya el corazón como la garganta al sapo”. Digamos las verdades completas. Creo que estos planteos son buenos para discutirlos y, sobre todo, para mirar el futuro, y ver que aquello que no está tan lejos, sin embargo, a nuestra civilización le parece arcaico.

Tenemos que hacer todos los días un poquito para que no se repitan determinadas cosas y para que podamos mirar al futuro con optimismo.

            Gracias, Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).-  Tiene la palabra el señor Edil Gustavo Osta.

 

SEÑOR OSTA.- Gracias, Presidente.

            Quisiera, desde luego por la importancia del tema planteado, contribuir con algunas consideraciones, con alguna información que, en definitiva, va a ayudar a ilustrar al Cuerpo, aún más de lo que lo ha hecho el Edil Gloodtdofsky, que ha planteado el tema con profundidad y con solvencia. Pero se trata de una serie de elementos que creo es importante tener en cuenta en el momento en que estamos analizando un tema como este, un hecho como este, porque, sin duda, no se debe analizar solamente el hecho puntual, sino teniendo en cuenta una situación general.

            ¿Cuál era la situación en ese momento? Se ha dicho con razón que no es bueno, a los efectos de la construcción de la verdad, el análisis extemporáneo y tratar de hacer un análisis de hechos del pasado de acuerdo con una situación actual.

            Es claro que este enfrentamiento no fue consecuencia de nadie en particular, sino de una sociedad toda que, en definitiva, había asimilado a una gran cantidad de colectividades indígenas, pero que, sin embargo, también se había enfrentado con lo que era el grupo charrúa, con el cual permanentemente confrontaba, grupo o etnia que permanentemente hostilizaba.

            También es importante destacar que la situación con los charrúas no era la misma que con otros grupos indígenas. La historia registra hechos de importancia, incluso de una conflictividad importante entre distintos grupos indígenas. Por ejemplo, en la batalla del Yí, en 1702, el ejército guaraní, comandado por sus curas, mató a quinientos guerreros charrúas y destruyó una toldería. Estamos hablando de 1702; estamos hablando de viejos enfrentamientos que ya se registraban entre distintas etnias.

            A nuestros próceres, como bien se ha dicho, también les correspondió enfrentar a grupos charrúas o minuanes. Así ocurrió con el abuelo de Artigas, Juan Antonio; con el padre del prócer, Martín José, y luego con él mismo, en su condición de oficial del Cuerpo de Blandengues, nacido, precisamente, para luchar con portugueses, bandoleros e indígenas sueltos. Creo que este es un dato bien significativo, importante y para no olvidar.

            El tema no era una cuestión racial: no era blancos contra indígenas. A tal punto no lo era, que el ejército nacional estaba constituido, en su mayoría, por guaraníes. Estos odiaban a los charrúas; había una confrontación muy importante. Desde luego que la actitud de los charrúas hacia ese otro grupo que constituían los guaraníes no era de amabilidad: tenían enfrentamientos importantes y actitudes de una hostilidad de envergadura.

La campaña de Rivera en 1831 ‑cuando se habla del tema de Salsipuedes, “del exterminio, del genocidio”, entre comillas‑ fue avalada no solamente por la sociedad de la época, sino también por la Asamblea General, dato por demás importante que respalda, desde luego, la labor de los funcionarios que llevaron adelante la acción. Muy distinta es la situación cuando las que ordenan la acción a los funcionarios públicos son dictaduras, como bien se ha señalado; aquí se ha hablado de los regímenes fascistas o del sistema comunista, que fue el que por lejos mató más gente en la historia. Entonces, nos parece que hablar de exterminio es, por lo menos, un exceso. Por los datos que arroja la historia, da la sensación de que su situación de enfrentamiento los había llevado a ser relegados ‑como a veces se dice‑ no por Rivera sino por toda una sociedad y por los próceres, que son, en definitiva, como bien se ha dicho, quienes a lo largo de la historia de nuestro país llevaron adelante este tipo de campañas.

            Se habla de genocidio, de exterminio cuando se refieren, por ejemplo, a Salsipuedes. Pero hay un dato importante a tener en cuenta: se registraron 40 muertos, dato que no siempre se maneja públicamente. No estamos diciendo que la pérdida de 40 vidas humanas no sea algo lamentable, pero de allí a hablar de genocidio, de exterminio, de allí a calificar a Rivera como “el gran matador”... Nos da la sensación de que se está exagerando la nota. Por la misma información de quienes tienen una posición contraria, queda claro que en el caso de Salsipuedes no hubo genocidio ni exterminio, porque luego se encargaron de Bernabé Rivera. Eso lo narra muy bien Tomás de Mattos en su novela, en la que empieza escribiendo para condenar al personaje y termina admirándolo.

            De manera, entonces, que nosotros estamos tratando hechos que refieren a figuras importantes de la historia de nuestro país. Estamos hablando, en este caso ‑porque se ha hecho mención a él‑, de don Frutos Rivera, primer Presidente constitucional del país, el gran caudillo del siglo XIX, el hombre más popular en la campaña. No vamos a ser nosotros quienes desde el Partido Colorado hagamos una alabanza que se puede calificar de subjetiva o exagerada, pero creo que hace bien hablar de estas cosas, porque permite situar el tema donde debe estar.

            Por ejemplo, Luis Alberto de Herrera, caudillo e historiador blanco, decía: “Todos los momentos sombríos del general Rivera, todos sus atropellos aliados a todos sus pecados, no alcanzan a palidecer, ante el juicio oriental, el prestigio de sus victorias y de sus derrotas en aras de la libertad. Esa misma libertad está afianzada en nuestra tierra, en mucha parte, gracias a los esfuerzos del general Oribe, cuyo renombre no morirá a pesar de sus torpezas, de sus pecados, de sus complicidades con la tiranía’. Y decía en otro pasaje: ‘A Lavalleja, a Rivera, a Oribe, a Suárez, a Berro y a otros muchos ilustres ciudadanos se los viene disputando, desde muy atrás, al culto nacional, que los reclama como figuras propias, el culto defectuoso y fragmentario de los bandos políticos. Y esto no puede razonablemente continuar así, porque la sana lógica no permite perduren tales aberraciones y porque algún día hemos de abandonar comunes y singulares prejuicios”. Esto lo escribía Luis Alberto de Herrera.

            Más cercanos en la historia, Lincoln Maiztegui ‑otro gran historiador blanco‑ decía: “Más allá de la imagen casi angélica generada por algunos de sus partidarios, tuvo como permanente idea central la libertad de su patria, que defendió con Artigas contra los españoles y portugueses, con Lavalleja contra los brasileños, solo contra los intentos porteños de dividir las tropas orientales y contra la dictadura de Rosas, que pretendía, según su convicción, absorber la República. Heredó una fortuna y murió casi en la miseria”.

 

(Timbre indicador de tiempo)

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Redondee su idea, señor Edil.

 

 SEÑOR OSTA.- Finalizo, señor Presidente.

“De enorme carisma, mujeriego empedernido y esposo tierno y gentil, sus errores, crueldades e intransigencias fueron las de su tiempo. La historia recoge su impar aportación  a la génesis y consolidación del Uruguay, sus legendarias dotes de guerrillero y la creación de una de las dos grandes fuerzas políticas que construyeron el país. Ello lo convierte en el más fascinante de los caudillos nacionales”.

Gracias, Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Fabián Villamarín.

 

SEÑOR VILLAMARÍN.- Gracias, señor Presidente.

            Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de concurrir ‑en representación de la bancada de Ediles del Frente Amplio‑ a la ciudad de Santa María, Brasil, con una delegación de Ediles de todos los partidos. Y hubo algo que me llamó poderosamente la atención: se trata de una ciudad que está tan al sur de Brasil, tan cerca de la frontera con Uruguay, y sin embargo el Uruguay no existe a 300 kilómetros de la frontera. Es la misma sensación que uno tiene al salir fuera de nuestras fronteras. En ese momento uno comprende lo pequeños que somos geográficamente y lo grandes que somos en cuanto a la calidad de nuestra gente, de nuestro pueblo.

            Creo que los vecinos de Montevideo se merecen ‑dicho esto con mucho respeto‑ que este ámbito se transforme en un lugar en el que haya cabida para todas las manifestaciones, como pueden ser los homenajes, sin duda. Pero creo que los homenajes como el que el Edil Gloodtdofsky pretendió realizar a la figura de Rivera deben centrarse en los aspectos del individuo con sus claroscuros, y no en episodios como estos, que hoy más que unirnos nos dividen. El desafío que tenemos por delante como uruguayos ‑independientemente de los partidos políticos‑ es buscar aquello que nos une, y no mirar tanto aquello que nos divide.

Yo, por mi profesión, estoy bastante vinculado con todo lo que tiene que ver con la historia, por lo que tengo claro que hay tantas visiones de la historia como historiadores o investigadores existen. No obstante ello, si hay algo que también sé es que en historia yo puedo interpretar, pero no operar, porque ya pasó; lo que tengo que hacer es mirar para adelante. En ese sentido, me preocupa que llevemos una hora y media de discusión sobre hechos muy tristes de la historia nacional, en lugar de centrarnos en lo que a nosotros, como actores políticos, nos interesa, que es ver cómo hacemos de Montevideo una ciudad mejor, qué aportes podemos hacer para beneficiar a los vecinos de Montevideo.

Creo que cuando homenajeamos a una persona ‑llámese Oribe, Rivera, Leandro Gómez o quien sea‑ debemos buscar los claroscuros que ésta tiene, pero siempre apostando a la unión nacional. No creo, en términos históricos, en los absolutos. Hay  episodios de la vida particular y militar de Rivera que son, sin duda, admirables. Y podemos decir que a la actuación de Rivera posterior a la Cruzada Libertadora le debemos, en gran parte, la independencia nacional e incluso la reconquista de Las Misiones. Por supuesto que tiene puntos oscuros, pero como personaje histórico, allí está.

Reitero: tenemos que buscar lo que nos une, porque el debate es cómo hacemos de esta sociedad, de este país y de esta ciudad un lugar mejor, y cómo podemos, salvando nuestras diferencias, construir desde este ámbito. Creo que esa debería ser la tónica. A mi entender, nos merecemos ‑dicho esto con profundo respeto‑ debates con altura. Y debo decir que hoy, lamentablemente, tuvimos un debate que quizá tuvo mucho de pasión, pero no sé si tuvo tanto de histórico. Creo que nos merecemos otra cosa y que, por encima de estas discusiones, tenemos que buscar aquello que nos une y no aquello que nos divide.

            Hoy se mencionaba al señor Presidente de la República. Creo que él también apunta a eso cuando promueve el evento del 19 de junio como forma de buscar una reconciliación. Considero que los uruguayos tenemos que empezar a cerrar heridas de una vez por todas, a unirnos y a tratar de mirar para adelante como nación, porque en el siglo XXI el gran desafío de los pueblos no son los conflictos intranacionales ni intraestados; hay poderes mucho más fuertes que hoy en día desafían hasta la existencia de los propios Estados, cuanto más de los pueblos como sociedad. Por lo tanto, mi mensaje en este momento, luego de haber escuchado atentamente, es que tratemos de trabajar más en la unidad y no tanto en aquello que nos divide, con respecto a lo cual, además, no nos vamos a poner de acuerdo: yo tengo mi visión sobre este hecho, la cual no cambia hoy por este debate.

            Sinceramente, me gustaría buscar un poco más las cosas positivas de la vida en este ámbito.

            Gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Pido la palabra para una cuestión de trámite.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Gloodtdofsky.

 

SEÑOR GLOODTDOFSKY.- Como una contribución al reencuentro de los uruguayos, voy a solicitar que la versión taquigráfica de mis palabras pase a la Presidencia de la República, al doctor Tabaré Vázquez.

            Gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Así se hará, señor Edil.

            Para dar lectura a asuntos que tienen que ver con la integración del Cuerpo, tiene la palabra el señor Secretario General.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Simón).- Gracias, señor Presidente.

            El señor Edil Daniel Placeres solicita se le conceda licencia desde el día 17 de junio hasta el 1º de julio del 2007 con motivo de realizar un viaje al exterior del país.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 27 en 28 votos.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Simón).- Se convoca al suplente de Edil señor Fernando Franco.

            La doctora Teresita Ayestarán solicita se le conceda licencia el día jueves 21 de junio del 2007 por motivos personales.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 28 votos.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Simón).- Se convoca al señor suplente de Edil Alejandro Collazo.

            Aprovecho para pasar un aviso. El llamado a Sala al señor Intendente Municipal, doctor Ricardo Ehrlich, que se iba a concretar en el día de mañana, se suspendió. Se va a realizar el próximo miércoles 20, a las 17 horas.

 

# 2 #

 

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 27 votos.

 

# 3 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

           

SEÑOR WEISS.- Pido la palabra.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Gabriel Weiss.

 

SEÑOR WEISS.- Señor Presidente: brevemente quiero plantear que este proyecto se presentó por parte de integrantes del Frente Amplio, de la Coordinadora B ‑que es la coordinadora correspondiente a las zonas de Parque Rodó, Cordón, etcétera‑, en el período pasado. Y quiero destacar que esta Junta Departamental ‑primero su Comisión de Nomenclatura y después la Junta‑, en consideración a la trascendencia de la figura, no solamente por su actuación política muy destacada, sino también por su incursión en el campo de la medicina y la docencia universitaria, había resuelto, por unanimidad, hacer lugar, de acuerdo con lo que el decreto establece, a la posibilidad de realizar una excepción, ya que no se habían cumplido los diez años del fallecimiento, ya que en ese momento iban siete.

Esta voluntad del Cuerpo, lamentablemente, no fue de recibo en el seno de la Intendencia Municipal. Y yo quiero manifestar esto porque me parece que con mucho cuidado y con mucha mesura el decreto que establece diez años es un decreto que está muy bien, pero también están las excepciones, es decir, se establece que en casos excepcionales se podrá considerar a partir de cinco años. En este caso eran siete. Y esta propuesta reunió la voluntad de los tres partidos políticos con representación en el seno de la Junta Departamental, lo cual me parece que es un gesto muy bueno que entiende la significación de una persona, no tomando una decisión mezquina, sino entendiendo que la personalidad era muy importante para el Frente, pero también para la medicina y el ámbito universitario.

No fue posible que esto se concretara y hoy lo votamos con alegría, porque nos parece que es una personalidad de las que le hicieron bien a la política, como hay personalidades de todos los partidos políticos que enaltecen esa labor. Crottogini era un hombre honrado a carta cabal, un hombre de principios, un hombre de esos que se convierten en referentes para todos los militantes que abrazan la causa partidaria y que creen que a través de la labor político-partidaria se puede mejorar la situación de un país y de la región.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Jorge Morandeira.

 

SEÑOR MORANDEIRA.- Gracias, señor Presidente.

            Al igual que lo hacía el Edil preopinante, quiero felicitar a quienes promovieron en su momento esta designación por la que ahora un espacio va a llevar el nombre del profesor doctor Juan José Crottogini, así como el que acabamos de votar con el nombre de “Mártires Estudiantiles” y el que sigue con el nombre de José Germán Araújo.

También hay que felicitar a las señoras Edilas y señores Ediles que forman parte de la Comisión asesora de este Cuerpo, que permitieron que esta sesión valga para reiterar una vez más que sólo quienes estamos en este recinto, y a través de esta expresión democrática que asumimos por quienes nos votaron, somos quienes, en definitiva, recibimos, estudiamos o proponemos designaciones que se apoyarán o no en el Pleno. Este es el camino: el de la propuesta, el del diálogo, el del cambio de opiniones, el del pasaje por la Comisión asesora para que luego llegue al Pleno. Es este el camino y no el de bajar carteles, el de poner los nombres a prepo o el de expresar voluntades de algunos que se autodenominan como representantes de la cultura montevideana.

            ¿Y por qué digo esto, después de este largo debate que hemos tenido con el tema anterior? Porque a las dotes de docente, de investigador, de político, de luchador social, debo agregar que el doctor Crottogini tenía ese don particular que tienen algunos, que es el don de la ubicación. Eso nos lo han trasmitido quienes compartieron con él largas horas en los momentos de fundación del Frente Amplio, en los años de la oscuridad, la responsabilidad de la candidatura de 1984.

Precisamente hablando de esta designación con el Prosecretario General de la Intendencia de Montevideo, el doctor Jorge Rodríguez, el querido “Chileno” Rodríguez nos contaba que cuando se respiraba aquel aire de “se va a acabar”, aquel aire del fin de la dictadura, cuando los estudiantes se preparaban para aquella gloriosa tarde del 25 de setiembre del ’83, se invitó a los ex Decanos y ex Rectores de la Universidad ‑ambas condiciones que cumplía el profesor Crottogini, habiendo sido Decano de la Facultad de Medicina y Rector de la Universidad‑ a participar en el acto del Franzini. Obviamente que a ellos se les daba un lugar particular. Allí le dicen al “Chileno”, primer Presidente de ASCEEP-FEUU: “Mirá que Crottogini está sentado en una tribuna”. Me decía el “Chileno” que se acercó y le dijo: “Doctor: soy Jorge Rodríguez, el Presidente de ASCEEP-FEUU. Le pido que, por favor, nos acompañe en el estrado”, y él le dijo: “No, botija; este es mi lugar y aquel es el lugar de ustedes, de los estudiantes, que están luchando por derrocar la dictadura. No quiero que mi actual figura, haciendo las veces” –porque no estaba nominado así- “de Presidente del Frente Amplio, pueda llegar a empañar esta gloriosa tarde”. Y así Crottogini, se quedó sentado como uno más.

            En cuanto a los mártires estudiantiles, a lo que estamos votando con referencia al Dr.  Crottogini, y para no pedir nuevamente la palabra cuando llegue el punto relacionado con Germán, y teniendo en cuenta además lo que hemos hablado recientemente de los charrúas, simplemente quiero agregar una vez más que ojalá podamos estar a la altura de estas mujeres y de estos hombres, y que estas cosas no pasen meramente por una denominación.

Quiero reiterar que sólo aquí, en este recinto, es donde tenemos que evaluar democráticamente quiénes tienen que ser reconocidos en los espacios, en los lugares de nuestro departamento.

            Nada más.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Fernando Ripoll.

 

SEÑOR RIPOLL.- Gracias, Presidente.

            No me voy a referir a la figura del doctor Juan José Crottogini, aunque entendemos que fue una gran figura del Frente Amplio, pero ya tendremos otras instancias para hacerlo.

            Quiero hablar de lo que introdujo el señor Edil Gabriel Weiss. Él habló de la Comisión Asesora de Nomenclatura designada por el señor Intendente Municipal hace varios años, conformada ‑creo yo‑ por historiadores notables, de todos los partidos políticos ‑es bueno recalcarlo‑, que hace la suerte de órgano de alzada para que las decisiones que se toman tengan, de alguna forma, ese equilibrio entre lo político, lo cultural y lo social. Si bien estamos de acuerdo, en general, con esta fundamentación, también nos parece que nos debemos una discusión ‑aquí va un desafío para la futura Presidencia de Gabriel Weiss‑ sobre esto; creo que la Comisión de Nomenclatura tuvo una suerte de debate ‑no digo enfrentamiento‑ sobre estos temas. Lamentablemente, cuando esta Comisión Asesora de Nomenclatura entiende algunas circunstancias, creo que está pasando por encima de la voluntad de todos los montevideanos. Y esto está referido directamente a las atribuciones y delegaciones que le da el señor Intendente Municipal a esa Comisión, porque podría ser una Comisión Asesora, pero que no tuviera el poder de veto como el que tiene, ya que algunas designaciones que nuestra Comisión plantea por unanimidad muchas veces son vetadas por la Comisión Asesora amparada en el equilibrio que yo hoy mencionaba; pero no sé si todas las veces tiene razón. Creo que nosotros deberíamos dar el debate sobre el tema de hasta dónde tenemos el derecho, porque esa Comisión Asesora no vota, esa Comisión Asesora aconseja y manda a la Junta Departamental, y los que votamos y designamos los espacios públicos y las calles de todos los montevideanos somos nosotros. Creo que esto también es una pérdida de espacio de los montevideanos, de los cuales nosotros somos una parte y a los cuales estamos representando.

            Muchas gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Dari Mendiondo.

 

SEÑOR MENDIONDO.- Sobre el tema de nomenclatura que plantea el señor Edil, debo decir que en la propia Comisión estuvimos mirando que las propuestas y mociones que se votan en la Junta Departamental de Montevideo tienen una mayor celeridad de parte del Ejecutivo Comunal. Hay que decir, en aras de la verdad, que también hay trabas objetivas porque muchas veces nuestras iniciativas no tienen en cuenta el mapa, no tienen en cuenta la propia historia. Es más: nosotros hemos votado bien intencionadamente propuestas de espacios y de calles y, a veces, como el espacio público no tiene cartel, creemos que no está nominado. Incluso a mí me ha tocado ir personalmente a reconocer el espacio y resultar que el espacio tenía nombre; esa es una falla de la Intendencia Municipal de Montevideo en cuanto a que no está el nomenclátor totalmente representado con el cartel que corresponde.

Tengo una anécdota de la calle Liniers, que es de dos cuadras. En una conferencia sobre los 200 años de las Invasiones Inglesas que se hizo en la Intendencia Municipal de Montevideo estaba el ex Presidente de la República don Julio María Sanguinetti, el ex Vicepresidente don Gonzalo Aguirre, el señor Intendente Municipal de Montevideo, el Embajador argentino, un representante de Paraguay, el Embajador inglés, el Embajador francés, etcétera, y ahí, en un análisis histórico, el doctor Gonzalo Aguirre se refiere al papel de Santiago Liniers en la reconquista de Buenos Aires y dice: “Santiago Liniers aquí en Montevideo tenía una calle, que ahora no tiene”. Entonces, los que estaban a mi lado ‑había Ediles de todos los partidos‑ me codearon: “¡Vos sos el responsable!”. Afortunadamente, hacía unos seis meses que yo ya había enviado una nota a quien corresponde en la Intendencia Municipal de Montevideo para que apareciese el cartelito. Son dos cuadras  frente al Solís; además, a una cuadra hay una plaza: la plaza Matos Rodríguez.

Entonces, insistí en este aspecto y afortunadamente apareció el cartelito que dice: “Liniers”. Esa calle, que prácticamente es inexistente, será la calle de la futura Casa de Gobierno, que estará en Liniers y Plaza Independencia. Le envié una nota al doctor Gonzalo Aguirre diciéndole que su inquietud se había plasmado en la práctica y le expliqué el mecanismo.

Es decir que hay razones en el planteo, hay atrasos, hay falta de inversión para la cartelería de las plazas y de las calles. En la propia Comisión de Nomenclatura estuvimos viendo eso, enviando notas, y creo que en la próxima sesión estaremos votando una solicitud para presentar ante la Intendencia Municipal de Montevideo a fin de que esto se agilice.

En el caso del Partido Nacional, por ejemplo, que propuso el nombre del ex Diputado Álvaro Carbone para una calle, hace tiempo que lo votamos, hay acuerdo, personalmente fui a mirar el lugar, lo consultamos con el Partido Nacional, estuvo de acuerdo, entonces, ¿por qué no ha venido el decreto de la Intendencia Municipal de Montevideo? Es evidente que ahí hay una lentitud. Desde ese punto de vista estamos de acuerdo con el espíritu; a veces los elementos no son políticos, sino que son de trámite administrativo. Hemos comprobado que la cartografía no siempre está al día, que es toda una fase importante en la topografía de la Intendencia Municipal de Montevideo.

Es decir que me parece bien la inquietud, porque es para avanzar en el proceso de regularización y nominación de los espacios públicos, de las calles, avenidas, pasajes, bulevares, etcétera.

En cuanto al tema de Crottogini ‑si me queda un minuto, señor Presidente‑, me sumo a todas las palabras que aquí se han dicho. Solamente quería recordar que esta personalidad tan importante para la Universidad de la República fue el segundo Rector de izquierda que tuvo, en una década muy difícil: la década del ’60 ‑si la memoria no me falla‑; el primero fue el compañero socialista Cassinoni.

Crottogini era ginecólogo; hombre de paz, hombre vinculado a la vida, al nacimiento de los niños. Sin embargo, deseo recordar, por lo que aquí se decía del “nunca más” y la reconciliación entre los orientales y el futuro, del mirar hacia adelante para ver cómo contribuir a un país en desarrollo pero en paz, en el que hagamos política, en el que discrepemos, en el que la confrontación no nos lleve a terrenos que después son callejones sin salida, que una noche hubo la explosión de tres grandes bombas: una en la casa del Senador Zelmar Michelini, otra en la del doctor Crottogini, y otra en la del Senador Enrique Rodríguez. A mí me tocó integrar una delegación con el Senador Jaime Pérez, Mario Benedetti y José Luis Massera para visitar a Crottogini, a Zelmar Michelini y a Enrique Rodríguez.

Entonces, por eso, que el “nunca más” esté fresco en la memoria. Necesitamos la voluntad de todos los orientales para que las pasiones, las confrontaciones, no nos lleven a callejones sin salida.

            Gracias, Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Raúl Brusco.

 

SEÑOR BRUSCO.- Señor Presidente: con respecto a lo que dice el decreto en el artículo primero, voy a sugerir que se ponga: “Desígnase con el nombre de Plaza…”, escrito “Plaza” con mayúscula.

El Edil Weiss me pide una interrupción, y se la concedo.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Puede interrumpir el señor Edil Weiss.

 

SEÑOR WEISS.- Gracias, señor Presidente.

Quiero hacer dos precisiones. La primera, que el decreto que crea la Comisión Asesora de Nomenclatura del Intendente es del año 1952.

La segunda, que ese decreto establece claramente que existe la posibilidad de que esa Comisión recepcione iniciativas de los vecinos; por extensión, en esta actual circunstancia también puede recepcionar, obviamente, iniciativas de Concejos Vecinales, Juntas Locales, instituciones, o lo que a uno se le pueda ocurrir. Esto genera un hecho complejo, y es que, en realidad, tenemos dos ámbitos de decisión, porque el decreto los autoriza a recibir iniciativas. Incluso, la gente se confunde y viene a reclamarnos cosas que no inició aquí, sino en la Intendencia Municipal a través de la Comisión Asesora.

Voy a contar una anécdota que tiene un cierto tono de humor para que se comprenda. En la Legislatura pasada votamos el nombre de Rosas. Naturalmente que el Partido Colorado no acompañó esa moción: la votaron el Partido Nacional y el Frente Amplio. Aquello fue para la Intendencia y durmió el sueño de los justos. Entonces, el Edil Martín Fernández me solicitó si hacía una gestión de buenos oficios ‑porque yo presidía la Comisión‑ para ir a hablar con la Comisión Asesora, integrada por conspicuos representantes de los tres partidos que hoy están representados aquí en la sala de sesiones. Hice la gestión y volví apaleado por los conspicuos representantes de los tres partidos políticos; o sea que le planteé al Edil Martín Fernández que le agradecía haber sido golpeado por sus representantes. Además, algunas son personas que tienen una vinculación estrecha con sus partidos políticos, uno no tiene que investigar para saber que es del Frente Amplio, blanco o colorado. O sea que hay una cuestión peculiar en la conformación, y el decreto los habilita, les da ciertas prerrogativas, como que le puedan decir al Intendente: “Proponemos esto y lo otro”. Lo quiero aclarar porque, si no, podemos cometer un error: pensar que se están extralimitando cuando, en realidad, lo que están haciendo es ajustarse a lo que la resolución del Intendente Municipal les autoriza a hacer.

Gracias, señor Presidente; gracias, Edil Brusco.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Puede proseguir el Edil Brusco.

 

SEÑOR BRUSCO.- Señor Presidente: para finalizar, voy a plantear dos cuestiones de orden. Una, la prórroga de la hora de finalización de la sesión, y la otra es la comunicación en el día de todos los asuntos aprobados en la noche de hoy.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración las dos cuestiones de orden planteadas por el Edil Brusco. En primer lugar, la prórroga de la hora de finalización de la sesión.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 24 votos.

            En segundo lugar, la comunicación en el día de los asuntos aprobados y a aprobarse en la noche de hoy.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 24 votos.

 

# 3 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 25 votos.

 

# 4 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 25 votos.

 

# 5 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Desde la Mesa vamos a sugerir un agregado ‑que ha sido consultado con algunos miembros de la Comisión‑ al final del artículo.

            Le pedimos al Secretario General que dé lectura del mismo.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Simón).- Gracias, señor Presidente.

En el resuelve: “1º.- Cursar comunicación a la Intendencia Municipal de Montevideo haciéndole saber que es voluntad del Cuerpo se estudie la posibilidad de actualizar la señalización esquinera del nomenclátor y numeración de la ciudad de Montevideo y en especial de la zona céntrica de la misma”. Se agregaría: “así como la señalización orientadora del tránsito en la ciudad, especialmente en la zona de Tres Cruces”.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Si hay acuerdo de los miembros de la Comisión, se pasa a votar con el agregado.

 

SEÑOR CANTERO.- Pido la palabra.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Fitzgerald Cantero.

 

SEÑOR CANTERO.- Soy uno de los firmantes del proyecto de decreto y quiero dejar aclarado que de esto me entero en este momento, pero obviamente lo comparto y lo voy a acompañar. Quiero dejar claro que no había sido consultado al respecto. 

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- La consulta se estaba haciendo en Sala.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD.- 26  votos.

 

# 6 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

            Si no hay observaciones, se va a votar en general.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 25 en 28.

            A consideración el artículo 1º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 24 en 28.

            A consideración el artículo 2º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 24 en 28.

 

# 7 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 24 en 28.

 

# 8 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

            Si no hay observaciones, se va a votar en general.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 27 en 28.

            A consideración el artículo 1º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 28 votos.

            A consideración el artículo 2º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 28 votos.

            A consideración el artículo 3º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 28 votos.

 

# 9 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 28 votos.

 

# 10 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

            Si no hay observaciones, se va a votar en general.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 28 votos.

            A consideración el artículo 1º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 27 en 28.

            A consideración el artículo 2º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 27 en 28.

 

# 11 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- A consideración.

           

SEÑOR MENDIONDO.- Pido la palabra.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ferrer).- Tiene la palabra el señor Edil Dari Mendiondo.    

           

SEÑOR MENDIONDO.- Señores y señoras Ediles, señor Presidente: me encontré en el Orden del Día con la solicitud de apoyo para la realización de la decimotercera edición de la Feria de la Familia en la iglesia Santa Gema. Me fue grato encontrar a una persona que figura en esta solicitud: el párroco Federico Soneira. Quería colectivizar con ustedes la experiencia extraordinaria que tuve con ese señor clérigo durante la huelga general del 27 de junio de 1973.

            Como se sabe, esta iglesia está enclavada en Cuchilla Grande y Roma, en el corazón mismo en donde por aquel entonces se ubicaban las curtiembres y las fábricas textiles de Maroñas. Contaba con un ateneo juvenil con mucha participación de la muchachada del barrio, de los hijos de obreros y obreras de esa zona. Había un relacionamiento con la mesa zonal de la CNT, a la cual concurría asiduamente uno de los clérigos de esta iglesia, Federico Soneira. Durante la huelga general hubo una tremenda persecución a los trabajadores y a las trabajadoras, que fueron sacados a punta de bayoneta de las curtiembres y de las fábricas textiles y llevados hacia los cuarteles.

 

(Ocupa la Presidencia el señor Edil Fernando Ripoll)

 

______Hubo un momento en que el terror era tal que prácticamente no había amparo, particularmente para la gente que tenía responsabilidades sindicales: delegadas, delegados, gente de los comités de base.

            Fue en ese entonces que hicimos una gestión personal con Federico Soneira: teníamos siete dirigentes curtidoras que necesitaban un amparo de por lo menos un día en la iglesia, para luego reubicarlas en casas fuera de la zona, rompiendo el cerco, saliendo del cerco, para seguir la resistencia con la huelga. El Padre Soneira nos dijo que después de las siete de la mañana hasta las seis de la tarde en que cae la noche podíamos ir y estar en la iglesia bajo su protección, y así se hizo durante dos días.

            Quiero destacar la valentía, el heroísmo de estos curas obreros, en última instancia, porque sus vínculos con los trabajadores los hacía tomar postura, posición democrática a favor de los trabajadores. Sin la menor duda, se jugó su prestigio personal, así como también su propio desarrollo en la Iglesia, aunque sabíamos que estaba en un momento muy particular porque no era casualidad que Monseñor Parteli fuera el Obispo de la ciudad de Montevideo. Monseñor Parteli tenía tradiciones democráticas muy agudas, muy profundas. La más trascendente de ellas fue cuando ocurrió lo de los mártires de la 20, ocasión en la cual asistió al local del Partido Comunista y al entierro, dando prueba de un compromiso con los hechos que sucedían en aquel momento en la sociedad. Es decir, la experiencia que vivimos fue la de Iglesia junto a los trabajadores y el pueblo; con la de Vera y con la de Roma, las iglesias madres que estaban en la zona de la huelga general de Maroñas, en la que nos tocó participar y vivir.

Por lo tanto, mi saludo y mi reconocimiento al valor de este hombre y, a su vez, a la orientación progresista de una Iglesia que no ha renegado de la prédica de Cristo de unirse a los humildes, de unirse a los desamparados.

            Gracias.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- Muchas gracias, señor Edil.

            Antes de ingresar en la votación del punto Nº 11, desde la Mesa vamos a pedir una corrección. Donde dice: “VISTO: que el señor P. Federico Sonería”, debe decir: “el señor P. Federico Soneira”.

            Si están de acuerdo con la modificación, se pasa a votar en general.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 24 en 26.

 

SEÑOR FACHINETTI.- Que se rectifique la votación.

           

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- Se va a rectificar la votación del punto Nº 11 en general.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 21 en 27.

 

SEÑORA RONDÁN.- Pido la palabra para fundamentar mi voto.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán para fundamentar el voto en general.

 

SEÑORA RONDÁN.- Simplemente, quiero explicar por centésima vez que esta decisión nada tiene que ver con el sacerdote, con el Padre Soneira, con Santa Gema. Es una decisión del Partido Colorado de no votar la donación de afiches hasta que el Tribunal de Cuentas levante la observación.

            Gracias, señor Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- Gracias a usted, señora Edila.

            A consideración el artículo 1º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 22 en 28.

            A consideración el artículo 2º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 22 en 28.

            A consideración el artículo 3º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 22 en 28.

 

# 12 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- A consideración.

            Si no hay observaciones, se va a votar en general.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 22 en 28.

            A consideración el artículo 1º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 22 en 28.

            A consideración el artículo 2º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 22 en 28.

            A consideración el artículo 3º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 22 en 28.

 

# 13 #

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- A consideración

            Si no hay observaciones, se va a votar en general.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 25 en 27.

            A consideración el artículo 1º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA, UNANIMIDAD. 27 votos.

            A consideración el artículo 2º.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 25 en 27.

            Por Secretaría se dará lectura a los asuntos solicitados como graves y urgentes.

 

SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Simón).- Gracias, señor Presidente.

            Se trata del Expediente 2007-0930. Es el Repartido Nº 15.004. Dice: “Designar a la Señora Edila Glenda Rondán, y a las suplentas Edilas Señoras María Luisa Decia y Verónica Batalla para concurrir en representación de esta Junta Departamental al Foro de Mujeres del Mercosur, que se realizará en el departamento de Maldonado el 17 de junio de 2007”.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- Se va a votar si el tema se considera grave y urgente.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

_____AFIRMATIVA, UNANIMIDAD: 27 votos.

            A consideración el punto.

            Si no hay observaciones, se va a votar.

            Los señores Ediles que estén por la afirmativa, sírvanse indicarlo.

 

(Se vota)

 

______AFIRMATIVA: 26 en 27.

           

SEÑORA RONDÁN.- Pido la palabra para hacer una aclaración.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- Tiene la palabra la señora Edila Glenda Rondán.

 

SEÑORA RONDÁN.- Gracias, señor Presidente.

            Quiero aclarar que, en mi caso, este viaje no le ocasiona ningún tipo de gasto a la Junta Departamental, nada más que el del traslado. En el caso de las compañeras, el único gasto que le ocasiona a la Junta es el de la inscripción, que creo cuesta $ 300.

            También quiero agradecer especialmente a los compañeros del Partido Socialista, a quienes no consulté para que fuera Verónica Batalla, cosa que debí hacer por delicadeza, pero  igualmente tuvieron la deferencia de aprobarlo.

            Gracias, Presidente.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- Gracias a usted, señora Edila.

 

SEÑOR MORANDEIRA.- Pido la palabra.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- Tiene la palabra el señor Edil Morandeira.

 

SEÑOR MORANDEIRA.- El texto de la solicitud de  grave y urgente dice: “Sra. Edila Glenda Rondán” y “suplentas Edilas”; debería decir “señoras suplentas Edilas”.

 

SEÑOR PRESIDENTE (Ripoll).- Está bien hecha la corrección, señor Edil.

            No habiendo más asuntos para tratar, se levanta la sesión.

 

(Es la hora 20:39)