Acta Nº 1191
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Sesión extraordinaria celebrada el 23 de junio de 2005 |
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Departamento de Taquígrafos - Departamento de Trámite Legislativo |
En Montevideo, a los
veintitres días del mes de junio de dos mil cinco, siendo la hora dieciseis, celebró SESIÓN
EXTRAORDINARIA la JUNTA DEPARTAMENTAL
DE MONTEVIDEO, bajo la Presidencia de:
DON MARIO CAYOTA, Presidente.
Secretaría de los
señores: José María Bidegain, Secretario General y Hugo Ubilla, Secretario
General Adjunto.
Con la asistencia de los señores Ediles:
GONZÁLEZ, EDUARDO GARÍN, GRACIELA
SILVA, GASTÓN LUJÁN, LUIS
AZPIROZ, JAVIER PEREYRA, SUSANA
UNANIAN, RAFFI FACIO, LUIS
WEISS, GABRIEL LINZO, MARIO
AYESTARÁN, TERESITA MALLO, ALMA
BRUSCO, RAÚL ALBERTONI, DUILIO
MELO, MARCELO FERRO, CRISTINA
SCHIAVONE, JULIO GARCÍA, CÉSAR
COITINHO,
HUGO ABI SAAB,
OSVALDO
GONZÁLEZ, EDUARDO MAUTE, MARCELO
OSCAR, DESTOUET VIZINTÍN, ÁLVARO
CARLOS, MILANO GHISOLFO, JORGE
SEÑOR PRESIDENTE (Mario Cayota).- Habiendo número en Sala, se inicia esta sesión extraordinaria.
(Es la hora 16:11)
HOMENAJE AL PROFESOR JOSÉ
RICARDO DE LEÓN, COMO RECONOCIMIENTO A SU TRAYECTORIA.
(EXP. 2005-0678).
______La Corporación se honra de haber convocado a esta sesión extraordinaria para homenajear al señor Ricardo De León.
La Junta Departamental no es sólo un órgano legislativo, sino que también es un ámbito en el que se expresan el pensar, el sentir, el vivir de los vecinos y vecinas de Montevideo. Por eso no es ajeno a las expresiones más vivas, más profundas, más intensas de la comunidad, de la ciudad. En razón de ello, esta Institución tampoco es ajena a las figuras emblemáticas, en este caso del deporte nacional, figuras egregias, sin duda, que han trascendido el ámbito nacional y se han destacado, para orgullo del país, en otras ciudades de Latinoamérica.
Aun cuando como Presidentes de la Junta Departamental sólo nos cabe abrir esta sesión, es para nosotros un motivo de suma alegría y satisfacción dar la bienvenida al señor De León y, junto con él, a otras significativas figuras del deporte nacional.
Asimismo, queremos agradecer la presencia de los legisladores nacionales aquí presentes.
Damos la palabra al señor Edil Osvaldo Abi Saab.
SEÑOR ABI SAAB.- Muchas gracias, señor Presidente.
Es para mí un gusto haber tenido, junto a los Ediles de la Junta Departamental, la iniciativa de realizar una sesión de homenaje a la trayectoria del profesor José Ricardo De León.
Pensé: "Tengo que armar algo sobre el profesor De León", y lo hice al revés de como voy a decirlo. Así que, Profe, si me lo permite, voy a terminar mi exposición tuteándolo.
Profesor De León: gracias por estar aquí en este reconocimiento que la Junta Departamental de Montevideo le tributa a su figura, a su extensa trayectoria, pues dejó su impronta no sólo en el fútbol uruguayo, sino también en América Latina, específicamente en Colombia, México y Argentina, en este último caso cuando dirigió a Rosario Central.
Hay fechas muy queridas en nuestra historia que a veces olvidamos. Este mes se celebran los 81º y 77º aniversario de las conquistas olímpicas de Amsterdam y Colombes; el 75º aniversario de la inauguración del Estadio Centenario, monumento del fútbol del mundo. También se celebra el hecho de haber salido campeones en 1930, y se cumplen 55 años del triunfo de Maracaná. Asimismo, es el mes de Carlos Gardel y el mes en el que se homenajeó al más grande de los relatores de fútbol, don Carlos Solé, colocando una placa en el Estadio Centenario. Nos honra referirnos a usted como a un grande de la altura de los que mencioné recién.
Yo jugaba en la 5ª División de Intermedia en 1966, cuando era la primera 5ª Experimental de Intermedia. En el año 1969 fue cuando conocí a De León, cuando dirigió al Club Atlético Rentistas. Él me llevó de 5ª a 1ª; yo pedía 15 y el Profe De León hizo que me dieran 25, lo que habla de cómo De León peleaba por los jugadores. En ese entonces nadie podía imaginar la trayectoria que tendría De León.
Junto a él conocí a dos grandes figuras: al profesor Caminatti, aquí presente, y al profesor Hermes Huelmo. Estos dos hombres no pudieron conmigo porque yo tenía tendencia a engordar y me hacían entrenar mucho. De León iba a los vestuarios de 3ª División ‑en esa época estaban 1ª B, 3ª, que jugaba el preliminar, y 5ª B- y dado que algunos no se lavaban los pies, decía: “Miren, muchachos, que los pies son las herramientas de los jugadores de fútbol. El único que juega con los pies y las manos es el arquero.” ¡Qué verdad era esto! También preguntaba: “¿Usted tiene problema en jugar con el número 54?” Le contestaba: “Yo no tengo problema ninguno”. Él respondía: “En realidad, el número de la espalda no es el que juega, el que juega es el jugador.” Esta polémica la tuvo también en el Club Atlético Defensor, cuando hizo jugar a los jugadores con distintos números. Creo que esto luego lo hizo Holanda en un campeonato mundial.
Voy a mencionar las técnicas que se aprenden y que se utilizan: saltar para restar, sobre todos los bases ‑físicos grandes, altos‑; abrir los brazos al ir a buscar la pelota en los corners hacía perder la estabilidad a los jugadores que venían a chocar con uno en el ataque; cómo había que pegarle a la pelota a la “guinda”; aprender a apretarla, a tirar los tiros libres. A los que teníamos un shot potente nos hacía tirar derecho a la barrera; decía que siempre alguno de la barrera se agacha o abre las piernas, lo cual es verdad. Y esto pasa ahora también en nuestro fútbol, en el que no se hacen goles: si se apunta derecho a la barrera, de tres tiros uno es gol. Otras técnicas son: el tiro de media distancia, los penales. Aparte, el Profe era bueno con la zurda, y no me refiero a la política. A De Marco, un arquero de Nacional que fue a Rentistas, le decía: “La pelota va allá”, y ésta iba a ese lugar. Practicábamos en la cancha de PHUASA.
De León dirigió a Rentistas, al Centro Atlético Fenix, a la selección de Florida, al Club Nacional de Fútbol y al Club Atlético Defensor, cuyos dirigentes nos honran con su presencia. Hoy leí unas declaraciones de Luis Alberto Cubilla en el diario “El País”. Decía que en su vida había tenido tres emociones muy grandes: la que vivió en Defensor, junto al profesor De León, y cuando salió campeón con Nacional y con Peñarol. Pero destacaba la de Defensor por ocurrir luego de 43 años de alternarse “los grandes” en el título. Cubilla ya venía en decadencia física, aunque jugaba igual de half izquierdo, que era lo que quería el Profe: que todo el mundo se moviera en la cancha.
Hacía referencia a lo de México, Colombia y Argentina porque yo tuve uno de mis mejores amigos ‑hoy fallecido‑, Leonardo Arturo Hernández Gutiérrez, conocido como el “Piojo” Hernández, quien fue a jugar con De León al Toluca, de México. Uno sabía y aprendía que luego de haber estado desde tan jovencito con el profesor De León, el Profe no dejaba a nadie a pie, como no dejó a muchos de los que hoy están aquí; y por algo están en este reconocimiento a un personaje grandioso como ha sido el profesor De León.
Quiero agradecer al profesor De León, a su señora, a las autoridades nacionales y departamentales, a la prensa en general; también a las autoridades del Club Atlético Defensor, del Club Nacional de Fútbol, del Club Atlético Rentistas, del Centro Atlético Fénix, de la Asociación Uruguaya; a la Asociación Uruguaya de Entrenadores; al Círculo de Periodistas Deportivos; a la Mutual Uruguaya; a todas las figuras del fútbol uruguayo; a los amigos y compañeros del profesor De León; a la gente de Florida; a los funcionarios de la Junta Departamental; a usted, señor Presidente; a la Mesa y a todos los Ediles y colaboradores.
Profe: acá hay dos cosas que me parecen importantes. La primera, lo que supe sacar de su enseñanza, y eso encierra un poco lo que usted nos dejó en la vida: “No esperes a mañana para ser feliz. Sé simple y serás feliz. Caminá de la mano con la vida, no delante de ella ni detrás. Dejá que las cosas vengan como deben, no las llames o las detengas, sólo espéralas en paz y acéptalas como vienen. No te inquietes, no pierdas tu paz; solamente envuélvete en ella y ama. Eso sí, nunca dejes de amar, porque entonces habrás perdido lo más valioso de tu existencia y el real sentido de la felicidad.”
Estas últimas palabras son para ti, Profe ‑permíteme tutearte‑: la piel se arruga; el pelo se vuelve blanco; los días se convierten en años. Pero lo importante no cambia: tu fuerza, tu espíritu, tu convicción, tu solidaridad, tu respeto, tu amistad, tu compañerismo, tu calidez, tu fe y tu enseñanza; eso no tiene edad. Por esto y tantas cosas más, te queremos.
Si extrañas lo que hacías, quizá puedas volver a hacerlo. Cuando no puedas correr, trota ‑que es lo que tú nos enseñaste‑; cuando no puedas trotar, camina; y cuando no puedas caminar, usa el bastón, pero nunca te detengas.
Te queremos mucho, Profe.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- Muchas gracias, señor Edil.
En esta sesión extraordinaria de homenaje al profesor José Ricardo De León damos intervención al señor Secretario General, quien procederá a dar lectura a algunas adhesiones que han llegado.
SEÑOR SECRETARIO GENERAL (Bidegain).- “Sr. Presidente de la Junta Departamental de Montevideo. Prof. Mario Cayota. Presente. De mi mayor consideración: Ante la imposibilidad de concurrir personalmente a presenciar la sesión de esa Junta en que se homenajeará al distinguido ciudadano de Montevideo, Prof. José Ricardo De León, hago llegar mi adhesión a ese acto y mi afectuoso saludo al homenajeado. Ejemplo de dignidad y hombría de bien dentro y fuera de las canchas, como jugador, profesor de Educación Física, entrenador, periodista, docente, y en todas las actividades que ha desarrollado como ciudadano. Felicito, pues, al homenajeado, con quien además compartimos el corazón tricolor, y a esa Junta por la iniciativa de homenajearlo. Un afectuoso saludo. Contador Danilo Astori. Ministro de Economía y Finanzas.”
(Aplausos)
____“Señor Presidente de la Junta Departamental de Montevideo. Prof. Mario Cayota. Presente. De mi mayor consideración: Por la presente deseo agradecer la invitación recibida en ocasión del merecido homenaje que se realizará en el día de hoy a la trayectoria del Prof. Ricardo De León, así como disculpar mi ausencia ya que obligaciones referidas a mi función legislativa me impiden estar presente. Saluda afectuosamente, Diputado Carlos Varela.”
(Aplausos)
_____ “Sr. Profesor Don José Ricardo De León. Presente. Por compromisos contraídos con anterioridad, me es imposible acompañarlo en tan merecido homenaje. Sepa usted, querido colega, que estoy totalmente de acuerdo con la distinción que se le hace. Lamentablemente, creo que la humanidad está pasando por una etapa de crisis espiritual, en donde los ‘paradigmas’ son el apresuramiento por llegar, aunque no se tenga la formación necesaria, y el consumismo mercantilista. Esperemos que esto se revierta, y se retome el respeto por aquellos que no sólo han vivido más desde el punto de vista cronológico, sino que han demostrado con sus actos haber sabido mucho para beneficio de lo que antes se llamaba ‘la tribu’, como usted sí lo ha hecho. Reciba usted un fraternal y respetuoso saludo. Prof. Néstor Ibarra. Presidente de la Asociación de Preparadores Físicos del Uruguay”.
(Aplausos)
_____ “Montevideo, 23 de junio de 2005. Estimado Profesor José Ricardo De León. Con gran respeto y alegría es que me sumo en el día de hoy y por la presente al tan merecido homenaje que, en su honor, se está llevando a cabo en la Junta Departamental de Montevideo. Usted demostró, con el esfuerzo de su trabajo y una formidable capacidad técnica, hasta qué punto podía mejorar nuestro deporte, dando un mensaje que sigue abierto a las nuevas generaciones. Antes de despedirme, quisiera hacer referencia al inolvidable y revolucionario triunfo del Defensor del ´76. Creo que aquel logro debería ser hoy día inspirador para todos nosotros. Tanto dentro, como fuera del deporte. Porque fue la consecuencia lógica de una forma de trabajo cabal y consecuente. Inspirador, porque resultó de la aplicación de criterios técnicos, en una permanente búsqueda de profesionalizar nuestro fútbol y, finalmente, por su convencimiento personal sobre un estilo de conducción y una forma de trabajo basada en la claridad de criterios y el compromiso profesional. Resulta pues para mí un gran honor enviarle estas felicitaciones y un profundo reconocimiento. Dr. Ricardo Ehrlich. Intendente electo de Montevideo.”
(Aplausos)
_____ “A la distancia, deseo hacer llegar un fuerte abrazo al querido Profesor De León…maestro de maestros y nuestras sinceras felicitaciones al Legislativo Comunal por tan merecido homenaje…Francisco Paco Casal.”
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- Continuando con las exposiciones de los señores Ediles, tiene la palabra el señor Edil Roberto Borbonet.
SEÑOR BORBONET.- Muchas gracias, señor Presidente.
Esta Junta Departamental, durante los últimos 15 años ‑y especialmente durante estos últimos cinco‑ se ha caracterizado por realizar los homenajes en vida ‑y esto quiero recalcarlo‑ a aquellos ciudadanos que se han destacado por su trabajo en diferentes áreas o disciplinas y que han brindado su aporte a la ciudadanía; es decir, que han dejado su huella imborrable en la memoria colectiva.
Hoy homenajeamos al profesor José Ricardo De León. Yo no he tenido el gusto de conocerlo personalmente ‑aunque, evidentemente, el Profe ya hace tiempo que viene dejando su huella en mí y en otros ciudadanos, como decía anteriormente‑, pero sí a través de sus colegas, como el querido Cono Caminatti, el profesor Salvador Mauad, el profesor Néstor Ibarra, el profesor Rubbo, o tantos otros a quienes tengo el gusto de conocer. A través de ellos, repito, he conocido su largo y fecundo periplo por la razón de su vida: el fútbol.
Por lo tanto, Profe, por lo que sus colegas me han contado es que voy a referirme a algunas de sus vivencias personales y a anécdotas que muestran valores que usted posee y que son reconocidos, no sólo en nuestro país, sino en otras partes del mundo. Podemos hablar de México, donde aún se sigue hablando del sistema del Profe; de Colombia, donde no hay técnico que no incorpore en sus equipos algunos elementos de su sistema de juego, aunque no lo conozcan en detalle.
Un periodista dijo: “Amado y odiado, alabado y criticado; así es el profesor De León”. Muchos aseguran ‑entre otros, uno de los más grandes futbolistas uruguayos, como el Pepe Schiaffino‑ que este sistema ‑y no importa quién haya sido el primero en crearlo, si fue el profesor De León o el también profesor Rinus Mitchels‑ constituye un acto de altísima inteligencia a nivel mundial. Otros aseguran que es el gran creador de un sistema inédito en el fútbol mundial y que su permanencia y extensión como sembrador de fútbol en toda América es un gran mérito que le pertenece y que las autoridades del fútbol ‑creo‑ no han valorado en sus justos términos.
El periodista Jorge Esperanza, en la revista “Goles” del 3 de enero de 2000 ‑que fue quien hizo una profunda investigación sobre las bondades y aportes que hicieran los técnicos uruguayos del último siglo desde lo técnico, intelectual, cultural, pedagógico, metodológico y científico‑, no dudó en calificarlo como el técnico del siglo. Otros lo calificaron de “Quijote” del fútbol, alguien que atacó los invencibles molinos, que derrotó vallas, que conquistó quimeras, y que hoy tan campante sigue persiguiendo otras utopías.
Pablo Casals, gran músico español, célebre violonchelista y director de orquesta, cuando se le exigió que tocara sus melodías celestiales a los dictadores de turno en plena guerra civil española y guerra mundial, dijo: “Aunque me maten, no toco para los dictadores”, y se puso de pie dispuesto a morir como mueren los árboles. El Profe hizo algo similar cuando lo llamaron en la época infame que vivió nuestro país para dirigir la celeste en México. En ese momento, contestó: “Dirijo aquí un cuadro chico; mi palabra está dada y no acepto tan alto cargo”.
Luego de un clásico, este técnico de esta secular historia del fútbol uruguayo cumplió con un gran deseo: salir por la tribuna festejando su triunfo junto a los hinchas. Y luego, en el vestuario, cuando le preguntaron si dirigiría la celeste, usted contestó: “Claro, pero gratuitamente, porque la celestre es demasiado grande; no se le puede cobrar”.
(Aplausos)
_____En el año 1963 fue director técnico de la Selección de Florida. Por varios motivos quedó al frente de dicha Selección con un equipo juvenil. Usted les dijo a los neutrales: “Los voy a trabajar para que salgan campeones del sur y del Interior dentro de cuatro años. Seguramente, será con otro técnico, pero eso no es lo importante”. Ese año ‑el primero‑ se ubicó en los últimos puestos. Por supuesto que los críticos y aficionados pidieron su cabeza. En el fondo se equivocó, Profe: no fueron cuatro los años de espera, sino tres. Salieron campeones del sur y del Interior, por primera vez en la historia, con esos jugadores juveniles del año 1966.
En el año 1968 dirigió la Selección de Soriano. En el torneo del litoral, y al final de la primera rueda, iban primeros por amplio margen y dando espectáculo. La tribuna enloqueció. Les dijo a los dirigentes: “¿Saben qué? No importa que no cumplan conmigo, pero no han cumplido con mi ayudante técnico. Si esta noche no le pagan, mañana me voy a primera hora. No le pagaron y a las ocho del otro día estaba en la terminal de ómnibus. Minutos antes de la salida llegó muy fatigado el Presidente de la Liga, y le dijo: “Acá está la plata, Profe”. Éste, que estaba subiéndose al ómnibus, lo mira y le dice: “¿Sabe qué? Es tarde”. Y le extendió una mano de despedida. Junto a él estaba el ayudante, incomparable amigo y excepcional persona: el inmortal Raúl Pocho Cónsul.
A todo esto, la prensa, enterada, corrió a hacerle notas. Le dijeron: “Profe: vamos primeros. ¿Cómo vamos a salir en la segunda rueda?” El les dijo que salían últimos. Alguien que escuchaba el diálogo dijo a sus amigos: “El Pepe está loco de remate”. Usted no se equivocó, Profe: salieron últimos.
México. Un dirigente mexicano, dueño del cemento del país, hablando de la prima que solicitaba el profesor, le dijo: “Usted no puede pedir esa prima. En México nunca se pagó esa plata. Es una locura”. Y el Profe le dijo: “Es lo que valgo”. “No lo vale”, le contestó el magnate, y agregó: “Pero se la voy a dar igual”. El Profe, callado, lo miró y le dijo: “No; usted no tiene plata para pagar mis conocimientos”.
Y voy a culminar, aunque tengo varias anécdotas más.
En el año 1975, en Toluca, una pequeña ciudad mexicana, su equipo oficial ‑que lleva el mismo nombre‑, luego de muchos sueños, luchas y de perseguir las utopías, siempre lejanas e inalcanzables, alcanzó el título de campeón nacional mexicano. En el equipo estaba un floridense, Walter Gassire, y un mercedario, Roberto Matosas. La expectativa paró el funcionamiento de la sociedad, y el Profe, que había dirigido con mano maestra todo el torneo, estaba seguro del triunfo. Cotejó equipo a equipo y director técnico a director técnico, y concluyó: “En lo primero, le gano, y en lo segundo, también. Además, le temen al sistema”. La orden, que imaginamos todos como si la estuviéramos escuchando, fue la siguiente: “De entrada, en la cancha de ellos, al viejo mango a arrancarles la cabeza. No pueden pasar el medio de la cancha”. Y así fue nomás; por eso estuvo tranquilo durante el partido. Y el final, Profe, seguro que lo recuerda bien, en la vuelta olímpica, esa etérea dama inventada por uruguayos, usted en andas de los jugadores, lo abrazaban los hinchas y los vientos de libertad que corrían por ese país solidario. Era la gloria tan esquiva, tan amable a veces, tan inescrupulosa otras, en el pináculo y la cátedra donde debió estar siempre.
Y ahora permítame una pequeña última anécdota. En mitad de esa vuelta olímpica, en medio de los gritos y el humo de los cohetes, usted rápidamente se flexiona sobre sí mismo, se toma el costado izquierdo del tórax y permanece así. En la tribuna, doña Isabel, Pilar, Sofía y Joselo miran extasiados. Se ha cumplido un sueño. En ese momento uno de los niños dice: mamá, a papá le dio un infarto, mirá como se agachó. Y doña Isabel, que lo conocía bastante, le dijo: no, no te preocupes, no le dio ningún infarto, está viendo si no se le cayó la billetera.
(Hilaridad)
_____Voy a finalizar, Profe.
Escribió con letras de molde una forma de ser, de sentir, de vivir, de actuar. Como Prometeo, fue capaz y tuvo lo que tuvo que tener para decir no a los dioses de pies de barro. Y la historia y también los hombres de buena memoria se encargarán, no con esas letras, sino con letras reales de bronce, de poner su grato nombre en algo que tenga que ver con el fútbol, sobre todo en algún equipo.
Para terminar, permítame usted, profesor, recordar a Líber Falco, y con perdón de él cambiar algo en la letrita. Fuera locura / pero hoy lo haría / Atar un moño azul / en cada árbol / Ir con mi corazón / de calle a calle / decirles todos que lo queremos mucho / Subir a los pretiles / gritarle que lo queremos / Fuera locura / pero hoy lo haría.
Salud, Profe.
Gracias, señor Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- Gracias a usted, señor Edil.
Tiene la palabra el señor Edil Weiss.
SEÑOR WEISS.- Señor Presidente: al homenajear al profesor, esta Junta Departamental también homenajea al fútbol, que es parte indisoluble de nuestra vida como montevideanos, como uruguayos; y creo que hace bien, porque no solamente está homenajeando al fútbol en general, sino que está homenajeando valores; valores que tienen que ver con lo mejor de nuestro fútbol, que nos llevó a lograr conquistas que todos miramos con añoranza, que todos miramos con nostalgia; en estas épocas de vacas flacas, muy flacas, a veces tenemos la tentación -lo hemos dicho en Sala‑, que no nos acompaña en el resto de los órdenes de la vida, de pensar si no es cierto el aforismo de que todo tiempo pasado fue mejor. Digo que no nos acompaña en general porque no tenemos ese criterio y siempre pensamos que lo mejor está por venir, pero a veces los golpes repetidos nos hacen tener esa sensación.
Quiero trasladar un recuerdo del año ´76. Uno, como hincha de Peñarol, miraba absorto el paso triunfal de Defensor, del cuadro de Punta de las Carretas, que venía a ritmo vertiginoso, que le había ganado a Peñarol 3 a 1 en la segunda rueda. Lo recordamos perfectamente, con un dejo de dolor, pero lo recordamos. Recuerdo que salimos del cine Arizona y le preguntamos a una persona que estaba escuchando una radio qué había pasado, y nos dijo: “Ganó Defensor 2 a 1 a Rentistas, y es campeón uruguayo”. Y estoy viendo la edición del diario “El Día” del día siguiente que dice: “La historia se puso de rodillas: Defensor campeón uruguayo”. Y que la historia se hubiera puesto de rodillas -por lo menos en el fútbol del ’32 para acá‑ tenía que ver claramente con un equipo de fútbol en el que estaban Fredy Clavijo, Jauregui, Salomón, Cubillas, Santelli, Pedro Grafigna ‑que después pasó por Rampla‑, Rudy Rodríguez ‑quien hizo un gol a River Plate en Copa Libertadores, en un partido que perdió José Gervasio Gómez‑, etcétera. Y piensen que estos son los recuerdos de un hincha de Peñarol, cuando uno siempre supone que los hinchas de un equipo recuerdan sólo a los jugadores de su equipo. Pero eso tiene que ver también, ineludiblemente, con la figura que por aquellos tiempos dirigía a aquel equipo.
Aparte de todos los hechos que han reseñado los Ediles preopinantes también está éste, que fue, de alguna manera, muy trascendente, porque quebró una historia que se venía repitiendo durante décadas; una historia que de alguna manera nacía bebiendo las fuentes de la gloria, concretamente las de la gesta de 1950; una historia que se ponía de rodillas y que tenía que ver fundamentalmente con un hombre que, además de dedicar su vida al fútbol, era un referente ético. Y en esta época en que lamentablemente se ha mercantilizado todo, incluso el aire, ya que todo se ve con el signo de pesos; en esta época en que parece que lamentablemente el deporte ‑particularmente el que más queremos‑ se ha arrodillado definitivamente ante el valor del dinero, el profesor Ricardo De León es un referente ético, un referente que no solamente se preocupaba porque su equipo jugase bien al fútbol, o jugase un fútbol que él sentía profundamente y que era capaz de trasmitir, sino que también se preocupaba por las cuestiones que tienen que ver con los valores, que son, en definitiva, los que permanecen.
Se puede ganar de muchas maneras; se gana de muchas maneras, pero ganar imprimiendo conceptos y valores que luego trascienden el ámbito deportivo y se proyectan a la vida… eso no lo hace cualquiera. Y realmente pensamos que esa es una de las carencias grandes que tenemos hoy. Uno puede alcanzar éxitos deportivos y éstos pueden ser efímeros; lo que no se puede perder jamás es la perspectiva de la formación en valores.
Hoy nosotros nos inclinamos humildemente y acompañamos este merecido homenaje, así como también saludamos la iniciativa del Edil Osvaldo Abi Saab, no solamente reconociendo al hombre que imprimió una manera de ver el fútbol, al hombre riguroso, estudioso, trabajador y responsable, sino al hombre que sembró valores. Y en este caso lo homenajeamos y le trasmitimos un cálido abrazo porque, por encima del ámbito en el que se desempeñó, dejó para todos la enseñanza de valores que son eternos y que trascienden los ámbitos meramente deportivos.
Gracias, profesor De León.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- Muchas gracias, señor Edil.
Tiene la palabra la señora Edila Ferro.
SEÑORA FERRO.- Gracias, señor Presidente.
Sin duda que, a esta altura del homenaje, para esta hincha de Nacional
resulta un indudable riesgo el permitirme emitir una serie de conceptos y
recordar algunas anécdotas que amigos comunes me han hecho llegar.
Dado el importante nivel
de quienes me precedieron en el uso de la palabra para referirse con tanta
certeza y precisión a varias características de su personalidad, siento en este
momento doble compromiso y doble emoción al hacer uso de la palabra. Digo esto
porque no es simplemente agregar más palabras a las que ya se han emitido aquí,
sino también la necesidad de expresar que este ámbito político y plural, lo que
hace en este tipo de homenajes, profesor, es destacar que, más allá del
pensamiento, más allá del perfil ideológico de cada uno de nosotros, hay
valores supremos con los cuales todos estamos contestes. Son valores supremos
que queremos preservar, que usted ha sabido y sabe encarnar en este Uruguay de
hoy, en este tiempo de hoy, viniendo del ayer, y que van a perdurar siempre.
Por eso nos animamos a conversar con algunos amigos para pedirles que nos
ayudaran a hilvanar algunas frases, algunos conceptos, para dejarlos aquí hoy y
para rendirle nuestro homenaje.
En el homenaje que le
rendimos a usted le estamos rindiendo homenaje a algo muy superior: a esa
voluntad inquebrantable de crecer, de superarse, de vivir en la realidad pero
pensando siempre que únicamente desde esa misma realidad se pueden modificar y
cambiar las posibilidades del porvenir. El saber transmitir esa capacidad a
quienes están junto a uno no es tarea menor, y supongo que usted, que lo ha
sabido hacer tan bien, estará recibiendo hoy en este sencillo pero emotivo
homenaje un poco de eso que supo sembrar tan diestramente.
Esos apuntes que nos
permitimos reunir hoy nos dicen que usted, profesor, llegó muy joven desde su
Florida natal a Montevideo, muy posiblemente con la ilusión tanto de ser
futbolista como de prepararse para una etapa posterior de su vida, en función
de sus inclinaciones, que siempre estuvieron dirigidas al deporte.
Como futbolista actuó en
Divisiones inferiores de Nacional y también en la reserva, teniendo un pasaje
posterior por otras instituciones. Muy posiblemente fue en ese pasaje por
Nacional que inició su amistad con Julio Pérez, y como una de las
características de su personalidad ha sido la compenetración con sus amigos, en
algún momento posterior de su vida ‑ya, entonces, Director Técnico- contó
con el ex campeón del mundo como uno de sus colaboradores.
El Director Técnico
trascendió mucho más que el futbolista, porque su trayectoria en dicha
especialidad lo convirtió en uno de los referentes del fútbol uruguayo desde el
punto de vista de la táctica a emplear en los campos de juego. Muy
probablemente el Técnico se gestó mientras el futbolista actuaba, y todo lo que
aprendió dentro de una cancha de juego lo volcó posteriormente cuando estaba al
costado de la misma impartiendo instrucciones a sus dirigidos.
Usted, profesor, fue un hombre que elaboró las tácticas en función de la existencia de las reglas de juego, lo que no es un hecho menor. Si bien se supone que todos los deportistas deben conocer las normas que regulan la lid deportiva, sacar conclusiones para desempeñarse en el campo de juego en función de las normas significaba un procedimiento inverso al hasta entonces utilizado. Quizás en ese sentido usted, profesor, tuvo un gran parecido con otro gran táctico del fútbol argentino: don Osvaldo Zubeldía. No es de extrañar que estas dos escuelas en cada lado del Plata hayan determinado el auge de dos instituciones que hasta entonces permanecían en un segundo plano y que adquirieron notoriedad continental precisamente a raíz de la revolución táctica de sus entrenadores. De esta forma, así como Estudiantes de La Plata creció deportivamente en la Argentina, en el Uruguay creció Defensor ‑hoy Defensor Sporting‑, que allá por el año 1976 ‑como refería nuestro compañero Weiss‑ quebró la continua hegemonía de los equipos grandes para ser el primer equipo en desarrollo que obtuvo el título de Campeón Uruguayo. De la conjunción de una línea directriz a cuyo frente estaban los hermanos Julio y Jorge Franzini, y de la revolución táctica del Profesor Ricardo De León, emergió el Defensor campeón. Si bien De León había tenido un pasaje como Director Técnico en las Divisiones inferiores de Nacional y en Tercera División ‑uno de cuyos orientados, Ildo Maneiro, obtuvo trascendencia en el mundo futbolístico‑, y tenía el antecedente de haber ocupado durante un breve lapso el cargo de Director Técnico del primer equipo de Nacional, su ingreso a Defensor fue, sin dudas, lo que provocó esa conmoción que lo convirtió posteriormente en un referente de la dirección técnica en el fútbol uruguayo.
De esta forma, el mundo futbolístico se dividió, y hubo partidarios de De León y quienes controvertían a De León; cada quien podrá tener su posición, pero de lo que no puede haber dudas es de que cuando se produce este tipo de polémicas es porque la persona alrededor de la cual se generan es alguien trascendente.
Esa actuación en Defensor llevó a que el profesor De León emigrara a otras tierras, donde fueron requeridos sus servicios. Fue así como en México, Colombia y Paraguay dirigió equipos relevantes. Luego volvió a Uruguay para actuar nuevamente en Defensor y en Nacional, los equipos del medio con los que, en definitiva, estuvo compenetrado.
Se sabe que habiendo tenido oportunidad de ver desde niño mucho fútbol ‑incluso a quienes fueron los primeros campeones del mundo‑, ha identificado en Héctor Scarone a una de las máximas expresiones futbolísticas. Y ello demuestra que, más allá de la táctica utilizada, nunca desdeñó el talento futbolístico. Por eso no es de extrañar que para su Defensor de 1976 haya querido contar con la presencia de Luis Cubilla.
En ocasión de la Copa Libertadores del año 1980, cuando dirigía a Olimpia, el Presidente de esa institución hizo sumos elogios sobre las orientaciones e instrucciones tácticas dadas por De León, justificando incluso que su equipo resignara el título de Campeón de América en el hecho de que los jugadores no habían obedecido las instrucciones dadas por el técnico, en particular la forma como debía comportarse la línea de cuatro. Y esta anécdota, señor Presidente, enmarca un caso muy poco común, porque generalmente se pretende hacer recaer en los técnicos la responsabilidad de las derrotas; sin embargo, en ese momento no fue así, sino que, por el contrario, se elogió al técnico más allá de las circunstancias deportivas vividas. Ello sólo puede lograrse cuando existe una personalidad definida, de firmes convicciones, que sabe transmitir a los demás.
Si algo lo ha caracterizado, profesor, es haber sido siempre un hombre de firmes convicciones futbolísticas e incluso políticas; a tal grado que, como se ha señalado aquí, esa fuerte convicción en sus ideales lo llevó, en momentos muy difíciles de la vida nacional, a decidir no ser Director Técnico de la Selección Uruguaya, resistiendo las presiones que a tal efecto se ejercían sobre usted. Creo que el hecho de que en ese momento usted no claudicara demuestra la importancia que le dio a mantener firmes sus ideales y sus convicciones; mucho se lo agradecemos, profesor. No importa si esas convicciones, particularidades o ideas políticas que le llevaron a asumir tal actitud eran compartidas o no; lo que a usted le importó fue valorar lo que debía ser la fidelidad a su ideal como hombre. Lo que importa de la valoración de la firmeza de sus convicciones en momentos tan difíciles es que revelan profundamente la integridad de su persona. Por lo tanto, si usted provocó una revolución en el fútbol, al grado de ser un punto de referencia en los planteamientos tácticos a partir de su actuación, y si a ello se agrega que ha sido un hombre profundamente solidario ‑y de esto también hay infinidad de anécdotas y de testimonios‑, totalmente íntegro en sus convicciones y en su proceder, este homenaje que le tributa la Junta Departamental está totalmente justificado. Por ello nuestra muy cálida adhesión al mismo.
Queremos hacerle saber que si nos atrevimos y nos animamos a hacer uso de la palabra en esta tarde fue porque realmente nos complace saludarlo y trasmitirle nuestro afecto y nuestro reconocimiento, que va más allá de las meras consideraciones que hemos hecho hoy.
Gracias, señor Presidente.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- Tiene la palabra el señor Edil Marcelo Maute Saravia.
SEÑOR MAUTE SARAVIA.- Gracias, señor Presidente.
En primer lugar, queremos aprovechar la oportunidad de felicitar al compañero y amigo Osvaldo Abi Saab por una iniciativa como ésta, en una de nuestras últimas sesiones en esta Junta Departamental.
Nosotros quizá seamos los que mayor audacia tenemos a la hora de hacer uso de la palabra, por una cuestión generacional; pero lo haremos, en primer lugar porque lo sentimos, y en segundo lugar para representar a nuestra colectividad política, el Partido Nacional, que en esta Junta Departamental tiene la particularidad de contar con dos Ediles que por su edad ‑mi compañero Jorge Ghisolfo está cercano a los treinta años, igual que yo‑ no pueden ser tan profundos en datos y comentarios sobre el profesor De León como otros compañeros Ediles que han intervenido.
Nosotros queremos dejar alguna visión que nos parece importante en un homenaje que, a medida que van hablando los compañeros Ediles, consideramos cada vez más merecido. En la vida en general ‑en nuestro caso particular, en la vida política, como una expresión de lo que hemos venido desarrollando y de lo que nos gusta hacer‑, en el deporte y en el fútbol en particular, nosotros cultivamos una admiración principalísima por el proceder de la gente, hasta en lo simbólico: gente que mira de frente, que aprieta la mano cuando saluda. Admiramos a la gente que desarrolla actividades de tipo grupal, en las que las individualidades no son las que definen ‑por más que muchas veces se dice que ciertas individualidades son muy importantes, tanto en la vida política como en el deporte, y yo creo que en la vida en general‑, porque los seres humanos somos hombres de sociedad. Y creo que para que llegue a tributársele un homenaje a alguien pesan no tanto los éxitos ‑matemáticos o aritméticos‑, sino su proceder y su forma de actuar. En las diferentes actividades que uno desarrolla, los resultados muchas veces no son los que esperaba. Incluso a veces los resultados pueden venir sin esperarlos, porque uno está en la ola, o porque forma parte de un grupo; pero ‑y siempre haciendo referencia a lo que me motiva a hablar, que es lo que conozco, la política, o el deporte, porque soy un apasionado del fútbol‑ entiendo que en esas actividades los éxitos no se vinculan a la voluntad de una persona, ni a la de dos, ni a la de tres. Cuando una persona es reconocida, cuando vemos que es el ídolo de mucha gente, cuando un deportista es respetado, es porque durante su vida ha tenido un buen proceder, una buena actuación.
Hace no muchas sesiones, cuando despedíamos en esta Junta Departamental a un compañero Edil que iba a desempeñar tareas en otro ámbito, en lo nacional, como forma de homenajearlo, de saludarlo, decíamos algo que en campaña es muy común; los que conocen bien el trabajo rural, los baquianos del campo, saben que la frase: “Que la cosecha sea el elogio de la semilla” es muy recurrente. Se usa cuando alguien tiene la esperanza de que la semilla que arroja sea buena y fructifique; dice que hay que esperar la cosecha para poder elogiar la semilla. Y en esta tarde en particular, a través de los diferentes comentarios de los Ediles, estamos viendo que la cosecha ha sido buena, y esperamos que pueda seguir siéndolo por mucho tiempo más. Como dirigente político, como hombre al que le gusta la vida política, pero también como hombre que vive en un país al que muchas veces nos hemos referido como pequeño y al que hemos puesto el mote de pobre, esto me parece muy importante. Quizá sea pequeño en lo geográfico, pero es un gran país, que tiene genialidades como ésta de tributar homenaje a hombres como el profesor De León, quien en diferentes países ha tenido actitudes que solamente puede tener un criollo, un oriental, un uruguayo de cualquier rincón del país, nacido en este caso tierra adentro, en Florida.
Nos adherimos, también, a la teoría de que no todo tiempo pasado fue mejor, en lo deportivo y en otros ámbitos. Quizá podamos tener muy buenos recuerdos y hayamos logrado éxitos deportivos y de otro tipo, no siempre vinculados con lo que nosotros hemos hecho, porque también los otros juegan, porque también otras cosas importan y porque no dejamos nunca de reconocer lo que otros han hecho en el pasado, atravesando dificultades que quizá los deportistas uruguayos de hoy o quienes miramos deporte no podemos imaginar. Con el debido respeto, con el enorme orgullo de recordar a figuras que han cosechado a lo largo de la historia éxitos para nuestro país, no podemos dejar de reconocer que este es un gran país. Una vez alguien, en algún lugar del mundo, elogiando a un uruguayo, le dijo: “Si hubieras nacido en otro país, a lo que habrías llegado…”, y ese uruguayo le respondió: “Si hubiera nacido en otro país, no habría llegado ni siquiera a estar hoy acá”.
Como uruguayo, me siento orgulloso de homenajear al profesor De León y de que haya hombres que a lo largo de la historia le hayan dado y le sigan dando a nuestro país esa particular definición, como no hay otra igual en América ni en el mundo; como país, somos únicos e irrepetibles. A pesar de muchos, nacimos, porque esa es la historia de nuestro país: a pesar de que muchos no querían que naciéramos, nacimos. Y dentro de este país surgen figuras como la del profesor De León que, por encima de banderías políticas, por encima de edades, por encima de clases sociales, siempre van a hacer nacer orgullo en cada uno de los que nos sentimos orientales, y van a hacer que se nos ponga la piel de gallina al escuchar algunas de sus anécdotas u ocurrencias o, como en este caso, algunas de las salidas, a veces irónicas, otras veces con esa delicada y particular forma de ser que hemos visto que el profesor De León ha desarrollado en su vida.
Se necesita ser líder para comandar grupos, se necesita tener, como decíamos, algo especial, para que mucha gente pueda sentirse identificada y para que luego de algunos años haya un Edil o una Junta Departamental que quiera homenajear a un hombre que, simplemente, ha hecho lo que le gustaba, porque seguramente el profesor De León no pensó: “Voy a hacer esto porque dentro de algunos años me lo van a reconocer”. Precisamente, esa es la gracia de los hombres que todos los días van gestando lo que, cuando se pasa raya, hace la diferencia. Cuando alguien es diferente es porque las anécdotas que tiene para contar no son las que todo el mundo hubiera imaginado. Los valores y las cualidades que adornan la personalidad del profesor De León, desde el punto de vista económico, moral, ético y deportivo, lo hacen merecedor de este homenaje; y lo mismo va para su familia. En la vida nadie nace de gajo y nadie elige por casualidad a quién quiere que lo acompañe en la vida. Tampoco se inculcan valores a los hijos al azar. El profesor De León es hoy merecedor de este homenaje, al igual que su familia de origen, la que le ha trasmitido esos valores, y también su compañera, hijos y demás descendencia, que, por supuesto, no conocemos. Seríamos irrespetuosos si estuviéramos haciendo una categórica afirmación, pero presumimos que las características de su familia deben de estar vinculadas a la personalidad del homenajeado.
Nos da mucho gusto haber presenciado
esta sesión extraordinaria de homenaje.
Esto es algo que los uruguayos, por encima de todo, tenemos que rescatar siempre. Si este homenaje no se realizaba ‑gracias al Edil Abi Saab, se pudo hacer‑, igualmente el profesor De León iba a ser merecedor del mismo. Quizá lo merezca mucho más en otros ámbitos, tal como ocurre con otros uruguayos que tienen esa cualidad de dar ejemplo a otras generaciones que atraviesan por dificultades que en otras épocas no existían. Me refiero, sobre todo, a los jóvenes que sueñan con ser deportistas, futbolistas, por lo económico; nosotros creemos que debe rescatarse el aspecto deportivo y el orgullo de lucir una determinada casaquilla. Y el mejor ejemplo de esto es la referencia que se hizo sobre lo que el profesor De León decía a la hora del sueldo que se debía pagar por dirigir a la selección uruguaya. Nadie discute ni desconoce que lo económico es muy importante. Muchas veces se entrevista a los deportistas que tienen la posibilidad de emigrar y dicen que tienen que asegurar el futuro a su familia, y por eso tienen que buscar un destino para esto. Más allá de que lo económico pese, es muy importante el aspecto moral y lo que hay en el interior de cada uno. Muchos deportistas han ganado dinero, pero también lo han perdido por no tener bien afirmado en su interior algunos valores y aspectos que hoy han quedado claros al escuchar anécdotas de alguien que supo dirigir las voluntades de deportistas.
Creo que lo importante en el día de hoy es rescatar esto para el futuro. El presente es muy importante; pero, como siempre dijimos, nos sentimos con más mañana que ayer. Queremos que en este ámbito sigan realizándose homenajes de este tipo; que los futuros Ediles tengan la posibilidad de rendir tributo a gente que nos da la satisfacción de poder hablar de ella. Lo peor que uno puede hacer es pedir la palabra para simplemente quedar en el anecdotario.
Al principio dije que no soy cabal conocedor de la historia y trayectoria del profesor De León, pero no por no saber quién es, sino por no haber vivido la época en la que desempeñó su tarea, dado que nací en 1974. Esto no quita que como uruguayo sienta la satisfacción de que, como dije, aunque no tengamos la edad como para haberlo vivido, podamos, en base a lo escuchado y a lo que conocemos, quedarnos tranquilos de que estamos frente a personas que merecen, precisamente, no sólo el homenaje que hoy se realiza, sino el rótulo de conductores. La actividad que ha desarrollado el profesor De León, además, amerita ese nombre, el de conductor. En la vida es muy importante saber desempeñar esa tarea; en diferentes ámbitos de la vida se es conductor, y quizá ‑y sin quizá‑, lo más importante es saber llevar, con la altura moral que se necesita, esa tarea.
Todo esto lo dice, además ‑y con esto sí finalizo‑, un integrante de una colectividad política que no ha tenido éxitos matemáticos o aritméticos a lo largo de sus más de 160 años de historia ‑como decíamos al comienzo‑, pero que sí ha sabido tener dentro de su colectividad a grandes líderes, hombres que han sabido cautivar multitudes, no por ganar, sino por defender valores e ideales que en el ámbito deportivo hoy, y en el fútbol en particular, nos dicen que estamos por el buen camino cuando reconocemos a alguien que ha sabido llevar ese rótulo de conductor, como lo ha hecho el profesor De León.
Lo felicito a usted y a su familia, a quienes lo han acompañado y, sobre todo, a esta Junta Departamental que se ha dado el gusto de homenajearlo.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- Tiene la palabra el señor Edil José Carrasco.
SEÑOR CARRASCO.- Gracias, señor Presidente.
En los ámbitos parlamentarios, cuando se homenajea a alguien, éste se tiene que dotar de paciencia para escucharnos. Esto se está transformado en un partido con alargue y, en realidad, todos queremos opinar.
Me congratulo sincera y profundamente porque este Cuerpo Legislativo haya dispuesto, a instancia de nuestro compañero Osvaldo Abi Saab, que el último homenaje de la actual Administración le sea brindado al profesor José Ricardo De León, para nosotros, los futbolistas, una figura emblemática, legendaria, del más popular de los deportes, como dirían los que transmiten fútbol. Este acto de homenaje no pretende, a nuestro juicio, abarcar exclusivamente sus condiciones de gran deportista, de mejor conductor, de estratega, sino que entendemos que este homenaje, por sobre todas las cosas, va dirigido al hombre de bien, al ciudadano, al caballero integral que habita en él.
Ingresando por los caminos más conocidos de su vida, afirmaremos que cuando se escriba la historia del fútbol uruguayo de la segunda mitad del siglo XX él será un mojón insoslayable: habrá un antes y un después del profesor José Ricardo De León.
En un país que desafortunadamente no tiene mucha memoria de su pasado, le decimos a la juventud, a los que no lo conocieron, que el profesor De León cambió la historia del fútbol uruguayo. Sin entrar, por supuesto, en acotaciones de orden político o ideológico de ningún tipo, decimos que con su trabajo hizo que los llamados “equipos chicos”, los más humildes, llegaran un día a hacer cosas grandes y cambiaran la historia para siempre.
Y qué cosa extraña: cuando el Uruguay
vivía sus momentos más difíciles de su reciente y oscuro pasado, el profesor De
León y su filosofía de conducción prendían una luz de esperanza diciendo al
mundo entero que en el Uruguay se estaban cambiando las cosas, empezando, en
este caso específico, por el deporte.
Sin
dudas que marcó un camino para los llamados “chicos”; Defensor primero, después
Danubio, Bella Vista, Progreso, Central; en fin, tantos otros que no sólo
salieron campeones uruguayos, sino que ingresaron en esa selecta nómina de
participantes de la Copa Libertadores de América.
Reiteramos ‑sin
entrar en ideologías o en política‑ que el profesor José Ricardo De León,
con su inteligencia, su capacidad y, por sobre todas las cosas, con sus
convicciones, contribuyó a cambiar la historia, tarea no fácil y que, por rara
casualidad, hasta ese año de 1976 era manejada por los grandes y poderosos del
fútbol uruguayo.
Nosotros,
como aficionados al fútbol de toda la vida, conocíamos al profesor De León,
pero igual consultamos a deportistas que trabajaron con él, a sus alumnos y a
sus amigos, y las anécdotas que cada uno nos aportó sobre su personalidad y su
trabajo ayudaron a enriquecer su imagen, si es que aún hacía falta. Para poder
elaborar esto también recurrimos a compañeros, en este caso conocidos por todas
las figuras del deporte, como el “Tarta” Vanrell, quien me decía: “Por favor,
tenemos que hablar del profesor Ricardo De León y debemos tener alguna
anécdota”. Así que esto está compartido por un amigo, por mi secretario. Esta
figura se merecía que dedicáramos tiempo a recabar esas anécdotas que
enriquecen y hacen aún más grande al personaje. Por eso se recurrió a Pedro
Graffigna, al Profesor Juan Tchadkijian, al propio Paco Casal, por citar a
algunos.
Todos
los entrevistados coincidieron en un común denominador: “El profesor es un
fenómeno; es un fenómeno en todos los aspectos. Es extremadamente humano, muy
serio en su trabajo, e imponía un gran respeto con su presencia; un sabio que
sabía trasmitir su sabiduría”. Dijo alguien: “Más que de fútbol, es un profesor
que sabe de vida. Aprendí muchas cosas con él, hasta filosofía de conducción de
deportistas. Por sobre todas las cosas, un señor, y ese es un título que no lo
otorga ninguna Facultad, sino la vida y la conducta de cada persona”. A
propósito de eso, recuerdo mucho algún consejo de mi finado viejo, quien decía
algo así como: “Llegará a viejo aprendiendo quien del saber no hace alarde”. A
este consejo le agrego lo que un poeta maragato ya fallecido decía: “Llegará a
viejo aprendiendo quien del saber no hace alarde, porque al valiente y al
cobarde, sin mirar sus condiciones, le da el mundo sus lecciones, aunque casi
siempre tarde”. Así podríamos seguir, y citar también a los que nos brindaron
otras aportaciones, incluso varios periodistas que coincidían en lo mismo.
Pero entremos, brevemente, en un capítulo deportivo, aunque Osvaldo Abi Saab ya se explayó notablemente en esa materia. Nos consta que muchos jugadores que ya estaban culminando sus carreras deportivas como futbolistas, pero que tenían un horizonte cierto como directores técnicos, pidieron a Franzini y a sus compañeros de Comisión Directiva, jugar en aquel Defensor de 1976, ¡y vaya si les sirvió ese posgrado de fútbol hecho con el profesor José Ricardo De León! Fíjense ustedes que aquel equipo que el 26 de julio le ganara a Rentistas 2 a 1 en el Estadio Franzini ‑me acuerdo claramente porque durante doce años fui secretario de actas de Rentistas, así que me tocó sufrir esa impronta‑ y lograra por primera vez el Campeonato Uruguayo para un “chico” ‑ahora sí entre comillas‑ como Defensor, después se hizo muy grande. Todos los integrantes del plantel que logró aquella hazaña fueron luego técnicos de muchísimo éxito. Me refiero a Clavijo, Callero, el “Bola” Arispe ‑un gran amigo, Director Técnico de Rentistas‑, Jauregui, el “Quico” Salomón, Beethoven Javier, Pedrito Grafigna, José Gervasio Gómez, el “Tato” Ortiz, Gregorio Pérez, Luis Alberto Cubilla, Pedro Álvarez, Rodolfo Rodríguez, Rudy Rodríguez, Alberto Santelli, Washington González, Ricardo Conde, el profesor Santos; todos ellos, o casi todos, fueron grandes técnicos, y algunos aún están en actividad.
Aquella fría tarde en el Estadio Luis Franzini, este plantel, que quedó en la historia no sólo de Defensor, sino de todo el fútbol uruguayo, hasta tuvo el coraje o la intuición de cambiar la vuelta olímpica y darla al revés, mientras el profesor, con su reconocida modestia, abandonaba el estadio por la talud de Julio Herrera y Reissig, como diciendo: “El triunfo es de ellos y no mío”.
En el comienzo de su carrera, el profesor De León recorrió el mundo aprendiendo todos los secretos del fútbol, y nos consta que lo hizo a expensas de un gran sacrificio económico y personal; después vinieron los trabajos en Defensor, Nacional, Fénix, en países como Argentina, México, Paraguay, Colombia, etcétera.
Algunos de los que entrevistamos nos confesaban que el Profesor no era un gran teórico, sino un gran pragmático. Es decir, indicaba una o dos veces una pauta y después, a la cancha hasta que saliera bien.
Yo rescato una anécdota que me resultó muy jugosa y que lo pinta en toda su dimensión y en toda su inteligencia. Durante una práctica de fútbol en el Estadio Franzini ‑parece como si estuviera allí metido‑ el profesor ordena, ante la sorpresa general, armar los equipos sin golero; él se sienta en una silla en la raya del arco del equipo titular. Yo me imagino la sorpresa de todos los jugadores ante tamaña figura ‑con todo el respeto que se le tenía‑ sentada en la raya del arco a efectos de que no dejaran pasar ninguna pelota ‑y menos que le pegaran‑, para evitar que les hicieran algún gol. Creo que esta anécdota luego se fue agrandando, cobró fama, y de ahí el efecto que tenía en todos los hinchas aquel famoso cerrojo, aquella defensa cerrada de Defensor a la que era muy difícil hacerle un gol y, sobre todo, faltando muy poquitos minutos; te arrancaban la cabeza ni bien llegabas a la puerta del área.
En síntesis, un fenómeno en toda la extensión de la palabra, que nos honra con su presencia hoy aquí, en este recinto que representa a toda la ciudadanía de Montevideo. Esta Junta tenía pendiente este homenaje; por suerte pudimos cristalizarlo antes de irnos, ya que esta es la penúltima sesión de la actual legislatura. El 7 de julio asumirán los nuevos Ediles elegidos por el voto popular en las últimas elecciones, como no podía ser de otra manera, pero a todos los aquí presentes ‑y, en lo personal, a mí‑ nos colma de satisfacción y alegría que este Cuerpo haya realizado hoy, con este homenaje, un estricto acto de justicia a un señor con mayúscula, que cambió la vida del deporte más popular del Uruguay y que marcó, en una época política muy difícil para el país, que con trabajo, esfuerzo, decencia y principios la historia se puede cambiar. Así lo predicó y lo llevó a la práctica en aquel funesto año de 1976, dando, quizá ‑y sin quizá‑, al pueblo uruguayo la única alegría que tuvo en aquel triste y frío invierno.
Muchas gracias, profesor De León.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- Tiene la palabra el señor Edil Unanian.
SEÑOR UNANIAN.- Voy a ser breve, ya que la paciencia del profesor y de los invitados ha sido mayúscula.
Yo nací en la década del 70. Mis primeras visiones sobre el fútbol ‑o por lo menos las que pueda haber racionalizado‑ son justamente las del año en que Defensor salió campeón uruguayo conducido por el profesor De León. En esa oportunidad, por primera vez un cuadro chico en desarrollo ganaba el campeonato uruguayo del profesionalismo, rompiendo la hegemonía de Peñarol y Nacional.
El Uruguay es un país que ha dado grandes poetas, músicos y políticos. Pero la única profesión que nos puso en el mundo y en el mapa fue el fútbol. El Uruguay se hizo conocer en el mundo desde el ´24, pasando por el ´28, el ´50, los años que van del ´60 al ´66 –digo esto como peñarolense‑, en los que Peñarol rompe con la hegemonía mundial del Real Madrid, y también por las innovaciones futbolísticas que el profesor De León ha dado, tanto en el Club Defensor como en los países donde le tocó dirigir.
Recuerdo un artículo que leí en el periódico “Marca”, que creo hacía referencia al Mundial de Corea‑Japón. Allí se describía cada país, y al llegar a Uruguay se decía que era un país que ganó todo cuando el fútbol era lírico y no ganó nada cuando el fútbol era hiperprofesional. Es decir, se planteaba un antes y un después en el fútbol: el lírico y vistoso, y el hiperprofesional. Recuerdo que cuando leí el artículo pensé que el mundo no es blanco o negro, como tampoco el fútbol. El fútbol es el único deporte en el que todavía el pobre le puede ganar al rico, donde Camerún le puede ganar a Argentina cuando se inaugura un mundial. Creo que ni en el básquetbol ni en ningún otro deporte se puede dar una situación como esa. Es por ello que todavía tiene tanto valor: el valor de que cuando se enfrentan once contra once en una cancha, el resultado, más allá de la plata, sigue siendo incierto. Y digo esto porque, siguiendo la lógica de ese artículo, España, que está a la cabeza del mundo hiperprofesional, debía ganar todo; sin embargo, en el fútbol, que es hiperprofesional, no ha ganado nada. Por lo tanto, creo que esas narraciones en las que se describe a un país por determinada situación o haciendo referencia a lo lírico o hiperprofesional, son inexactas, porque en el caso del fútbol lo que se plantea no se da. Creo que por suerte es así, por más plata que haya de por medio. Y aclaro que yo no estoy a favor ni en contra; creo que el tema del hiperprofesionalismo en el fútbol es un dato de la realidad que hay que incorporar, de modo que hay que adaptarse y trabajar en ese sentido. El Uruguay es un país que todavía sigue dando formidables jugadores. Humildemente, creo que los pocos triunfos que estamos viviendo en estas décadas no se deben a falta de táctica o de técnica, ni a haber perdido protagonismo en un fútbol rico; más bien pienso que los jugadores alcanzan su madurez futbolística en otro lado, volviendo en su ocaso. Por lo tanto, no hay continuismo para grandes equipos en el fútbol uruguayo.
Yo viví la década en que uno se sabía de memoria la formación de un cuadro porque los jugadores estaban cinco o seis años en el mismo club antes de ser vendidos. Y si vamos más atrás, la cantidad de años de permanencia era mayor. Hoy embromaba con Abi Saab ‑autor de la brillante idea de este homenaje al Profesor‑ acerca de cuánto podría durar en el fútbol actual la delantera de Peñarol del ´49, es decir, Ghiggia, Hohberg, Miguez, Schiaffino y Vidal. Yo creo que ellos no durarían ni 8 meses en el fútbol uruguayo actual;. Sin embargo, en aquel entonces se aburrieron de jugar, puesto que lo hicieron durante años. Esa continuidad fue la que permitió que el fútbol uruguayo tuviera grandes triunfos más allá de lo económico.
Y considero que usted, Profe De León, llevó a cabo una revolución en el año ´76 con el logro magnífico de Defensor, que salió campeón uruguayo Y creo que ahí se dio otro logro: por primera vez una de las llamadas radios grandes que seguían al fútbol hizo una campaña de un cuadro chico. Creo que el relator era Víctor Hugo Morales. Esos dos logros fueron de la mano en ese año ´76, en un país en el que se vivían épocas muy oscuras, puesto que todavía estaba muy lejos la claridad de la libertad.
Para mí, humildemente ‑yo tenía seis años cuando usted hizo a Defensor campeón del fútbol uruguayo, pero siempre escuché y leí sobre usted-, usted ha pasado a ser una leyenda del fútbol uruguayo. Muchas gracias por estar presente hoy aquí.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- Tiene la palabra el señor Edil Linzo.
SEÑOR LINZO.- Gracias, Presidente.
Sin duda, hoy la Junta está de fiesta, no sólo por la presencia del profesor De León, sino por todas las personas que nos acompañan. Veo desde aquí a Juan Ramón Carrasco; hace un rato me presentaron al Pato Aguilera; tengo al doctor Jorge Santos detrás de mí ‑fue funcionario municipal, compañero en los casinos municipales-; hay entrenadores, preparadores físicos, futbolistas, Diputados, como Uberfil Hernández, que hasta hace poco fue Edil de esta Junta Departamental… Realmente, hay un clima de alegría fantástico, como hace mucho tiempo no se vivía en esta Junta Departamental. También vi pasar a dirigentes, como Hernán Navascués, el contador Fidel Russo; seguramente hay otros más por allí.
Yo soy muy amigo de Mortimer Valdez, Presidente de Cerro y ex Edil de esta Junta Departamental ‑hoy no lo vi acá‑, con quien siempre estoy en contacto. Él tiene sus años, pero como es muy coqueto no voy a revelar su edad; yo sé qué edad tiene, aunque siempre está igual, y cuando me manda saludos para el contador Russo me dice: “Dale saludos y decile que lo quiero como a un hijo”. En realidad, le lleva pocos años. Siempre oí, sobre todo de esa gente que sabe de fútbol, que ha visto mucho fútbol, que acá hubo dos técnicos importantísimos: Ondino Viera y José Ricardo De León. Eso es lo que la gente mayor, que ha visto fútbol desde tantísimo tiempo, dice siempre.
Alguien decía que no todo tiempo pasado fue mejor; en mi modestísima opinión, futbolísticamente el tiempo pasado sí fue mejor. De eso no tengo la menor duda. Recuerdo que Dalton Rosas Riolfo siempre decía en sus audiciones radiales que la generación del ´24 ganó tres mundiales: el del ´24, el del ´28 y el del ´30. Esa generación, la de Nasazzi, ganó tres mundiales al hilo; llegó hasta Santa Beatriz en un campeonato Sudamericano y también ganó, y los jugadores ya tenían 35 años; Nasazzi era de 1900, Lorenzo Fernández también era de esa época. Entonces, ¡cómo no va a ser mejor el fútbol de antes que el de ahora! Yo soy hincha de Peñarol y, aunque no vi al Peñarol del ´49, tuve la suerte de ver los dos quinquenios de Peñarol. Les puedo asegurar que como esos jugadores, sobre todo como los del primer quinquenio, ahora no hay. Alguien decía que ahora estamos mal porque los jugadores se van pronto; es cierto eso, pero creo que también, en mi modesta opinión, los jugadores de hoy no tienen las cualidades que tenían los que yo vi; y reitero que no vi a los del ´50. Mirando el mediocampo de la Selección actual, uno recuerda a Rocha, a Abadie jugando como mediocampista porque la edad ya no le daba, incluso a los jugadores que tenía Nacional en esa época y, realmente, la diferencia es abismal, brutal. Algunos están en Europa y habitualmente no juegan; dicen que son cracks, pero hacen tres o cuatro goles por año y los canales de acá los pasan 40 veces. Son presuntos fenómenos porque fueron transferidos a Europa; eso pasa, seguramente, porque hay buenos contactos para transferirlos allí, pero no sé si por la calidad futbolística.
Volviendo al tema de fondo, en mi
modesta opinión, en Uruguay el tiempo pasado fue mejor, al punto tal de que
hace poco todos festejamos ‑incluso yo- por 18 de Julio que en un repechaje
le ganamos a Australia. Ojalá este año tengamos posibilidad de festejar algún
repechaje, así vamos a Alemania. Recuerdo que cuando en el ´70 salimos cuartos
cuando deberíamos haber salido terceros, por un partido en el que peloteamos a
los alemanes todo el tiempo, la gente quedó desconforme porque Uruguay había
salido cuarto; pero Juan Eduardo Hohberg, que era el técnico, dijo que iba a
ser muy difícil salir cuartos, y era cierto. A Hohberg yo lo vi jugar ya de veterano, y fue un
brillantísimo jugador de fútbol; tal vez hoy saldría U$S 40:000.000 ó U$S
50:000.000. El hecho es que Uruguay salió cuarto, y acá nadie festejó ese
hecho; al contrario, la gente estuvo más bien cabizbaja, desconforme.
Alguien habló de
Scarone. Mi padre ‑que era un gran hincha de Peñarol‑ opinaba que
el mejor jugador que él había visto era, precisamente, Héctor Scarone. Y
Mortimer Valdez ‑que no tendría la edad de mi padre; mi padre sería mayor
si viviera‑ me dijo que el mejor jugador que él vio fue Schiaffino. Y a
propósito de Schiaffino, un día el contador Russo me pregunta: “Usted, que es hincha de Peñarol,
¿sabe a qué edad se fue Schiaffino de Peñarol?”. Yo le respondí: “La verdad es
que no tengo la menor idea”. Y él me dijo: “A los 29 años, para que hiciera
algún peso en Italia”. Jugó hasta los 37 años en dos cuadros, en el Milan y en
la Roma, y fue el capitán de la selección italiana. En aquella época también el
“Ñato” Ghiggia ‑ex compañero mío y de Jorge Santos en los Casinos
municipales‑ jugaba en Italia. Mortimer Valdez me decía que Schiaffino,
en los primeros años de la década del ´50, si no era el mejor jugador del mundo
estaba entre los tres primeros. Entonces, ¿Cómo no va a ser mejor el fútbol de
antes que el de ahora? ¡Por favor! ¡Si habrá sido mejor el pasado para Uruguay!
Pero usted, profesor,
que tuvo la suerte de ver ese pasado glorioso, también participó en otras
glorias, como fue la de cambiarle la historia a este fútbol uruguayo. Yo,
naturalmente, lamenté que Peñarol no fuera campeón ese año…
(Hilaridad)
_____Y después de ese momento se
siguió repitiendo el fenómeno Defensor; hasta el momento ha salido campeón en
tres oportunidades. Pero la verdad es que la historia la cambió usted, y eso no
se lo quita nadie. Pasarán millones de años; capaz que hay un cuadro chico que
hace un quinquenio, pero el primer campeón de los cuadros chicos en el
profesionalismo fue Defensor.
A veces se dicen esas
tonterías ‑a mi criterio‑ de que las selecciones, los cuadros,
andan mal porque la situación económica de los países anda mal, y eso arrastra
al deporte. De acuerdo con eso, los brasileños seguramente deben de vivir en la
abundancia mayúscula, porque del ´58 para acá han salido cinco veces campeones
del mundo. Y los negritos africanos, que están jugando en los principales
países y cuadros de Europa, también deben de vivir en la abundancia. Yo veo que
realmente son buenos. Basta con ver lo que fue Senegal contra Uruguay en el
último mundial: volaban; pero aparte sabían jugar al fútbol. O sea que la
situación económica de los países no necesariamente se transfiere al fútbol o
al deporte en general.
Entonces, profesor,
usted cambió la historia; tuvo ese mérito. Y hoy, como consecuencia de eso y de
los éxitos que tuvo acá y en otros países, con muchísimo gusto lo estamos homenajeando.
Seguramente, tal vez sea
este el primer homenaje que a usted le hacen, por lo menos en ámbitos
parlamentarios o conocidos. Pero a veces los homenajes son contagiosos, y tal
vez la AUF se acuerde de que usted todavía existe y está muy bien. Tal vez
alguno de la AUF se atreva a pedir y a realizar un homenaje a su persona.
Nosotros confiamos en eso, porque yo creo que estas cosas son contagiosas. Por
lo que me contaba Abi Saab ‑que lo conocía‑ y otras personas que
han tenido el placer y el privilegio de trabajar con usted, a mí me parece que
lo que usted debe tener en claro es que hoy no lo homenajeamos solamente por
ser un hombre exitoso; básicamente, lo homenajeamos por ser y haber sido una
buena persona.
Muchas gracias.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- La Secretaría me señala que, junto con las autoridades y figuras relevantes que se han mencionado, también están presentes las autoridades de CAMBADU y de CUTCSA. De manera que, entonces, también agradecemos a ellos, y a quienes no hemos nombrado, su solidaridad con este homenaje que estamos realizando.
Sin duda que esta sesión extraordinaria ha tenido características especialmente relevantes. Los elogios ‑merecidos todos‑ han sido muy numerosos; los recuerdos y las anécdotas, también. Es bueno hacer memoria. Y no solamente hacer memoria sino recordar, que es hacer memoria con el corazón, y aquí no ha faltado tampoco la emoción.
La Junta Departamental, permitiéndose interpretar el sentir de todos los que aquí están presentes, quiere ahora expresarlo a través de un modesto pero significativo símbolo, como es esta medalla que se le entregará al Profesor, no sólo por su relevancia profesional sino también por el anclaje ético de su conducta a lo largo de toda su labor y de su vida.
(Se entrega medalla)
(Aplausos)
______Tiene la palabra el Profesor De León.
SEÑOR DE LEÓN.- Muchas gracias por todos los elogios vertidos, tanto hacia mi señora como hacia mi persona, y por la medalla que me han dado. Me parece que todo esto es un poco exagerado, que no es para tanto lo que he hecho. Por supuesto, pensé hacer algo más. Mi idea era que un cuadro del Interior fuera campeón uruguayo, y por una razón muy sencilla: creo que el interior ha dado mejores jugadores que la capital. ¿Qué les parece? Galvalisi, Matherson, Núber Cano, Abadie, Rocha… En fin, una cantidad de jugadores que a mí, como hincha del interior ‑perdonen que los hiera, que me le suba a la capital‑, me gustaban mucho.
Me parece que el elogio hacia mi persona es demasiado. Pero como las anécdotas son ciertas, no tengo más remedio que agradecer lo que han dicho. Y todos han dicho lo mismo, prácticamente lo mismo: que fui un hombre que, dentro del fútbol, dio más para la vida que para el fútbol mismo. Pero eso no lo aprendí en el fútbol: lo aprendí en mi casa, con mi padre y con mi madre; y lo aprendí bien. Una sola cosa no aprendí: a ponerme la camiseta de Peñarol.
(Hilaridad. Aplausos)
______Los defectos son como los homenajes, se tienen en vida.
(Hilaridad. Aplausos)
______Perdónenme los que son hinchas de Peñarol.
Mi padre era hincha de Nacional. Iba a la Escuela de Artes y Oficios a aprender telegrafía, y también jugaba al fútbol. Iban a pie, cantando; y volvían cinco minutos antes. La prueba de ingreso que tenían era saber pelear. Él preguntó: “¿Se aprende telegrafía, carpintería y música gratis en Montevideo? ¿No cobran nada?” “Eso sí” ‑le explicaba un amigo de Durazno‑, “si te portás mal, te meten preso.” Mi padre decía: “Está perfecto, te meten preso”. Y preguntó: “¿Qué hay que saber?” Le contestaron: “Lo primero es saber pelear. Te van a escupir en el suelo y enseguida te ponen uno más o menos como vos, un poco más chico. La escupida se borra con el pie. Los dos la borran a la vez, se pisotean un poco, y enseguida se hace la pelea. Y después, hay que saber ser suplente”. El que se negaba a ser suplente, tenía que pelear. Había que saber ser suplente; nadie quería serlo.
Esta medalla la tengo que lucir. Me la tengo que poner, que se vea. Voy a tener que andar con el saco abierto, porque la tengo que mostrar a todo el mundo. Aquí dice: “Homenaje al profesor José Ricardo De León, Junta Departamental de Montevideo”. Me voy a tener que cuidar en lo que digo, porque ya ataqué a Montevideo, y resulta que Montevideo me hace el homenaje.
En mi pueblo ‑que no es Florida,
porque yo nací en Flores, Trinidad‑, mi padre era ferroviario,
telegrafista e hincha de Nacional. Por eso yo fui hincha de Nacional, por Nacional
de Trinidad. Y mi padrino también era hincha de Nacional. Me regalaba dos
vintenes todos los días y me regaló una pelota de fútbol, que nunca disfruté;
la disfrutó mi hermano mayor. Ningún chiquilín de esa época hijo de un
empleado, y menos de un empleado público, se podía comprar una pelota de
fútbol. Hacíamos rifas para comprar una pelota de fútbol. Rifábamos un número de lotería por las dudas
que pudiéramos sacar la grande. Se rifaba y se compraba la pelota, pero mi
hermano se llevaba la pelota para su cuadro, que tampoco era Nacional; era
Charley, un cuadro de Montevideo. Él ‑mi hermano mayor-, por llevarle la
contra a papá, se hizo hincha de Peñarol; papá era hincha de Nacional de
Flores. Los hijos que nacimos ahí éramos hinchas de Nacional de Flores y de
Nacional de Montevideo, así que estaba muy entreverada la cosa. Yo jugué en
Peñarol de Florida, pero con un bolsillo de Nacional cosido en el corazón; por
eso soy amigo de hinchas de Peñarol igual que de hinchas de Nacional. También
por eso digo que le debo mucho a mi padre. Cuando yo iba a practicar a Quilmes,
en un momento le dije: “Papá, ficharon al Coco” ‑mi hermano- “que juega
mucho menos que yo”. Él me contestó: “Vos tenés un cuadro para jugar”. “¿Qué
cuadro?”, pregunté. “Peñarol”, respondió. “No, Peñarol ni que me maten;
Peñarol, no”. Entonces, me dijo: “Pero se soluciona muy fácil: yo te doy la
camiseta sin bolsillo, vos lo hacés coser por tu mamá por dentro, pegado al
corazón, y después le hacés algún golcito a Nacional”.
(Hilaridad)
_____Bueno, me conformó. Quiere
decir que yo estuve al borde de venderme.
(Hilaridad)
_____Entonces, cuando dirigí a
Defensor dije: este cuadro, de este barrio ‑Pocitos y el Parque Rodó-,
tiene que ganarle a Nacional y a Peñarol, porque es de un lugar privilegiado. Y
así siempre que veía a los jugadores que no jugaban, o que no rendían lo que yo
pensaba que iban a rendir, tenía argumentos para darles esperanzas de que algún
día podían jugar en Primera, incluso, jugar en la Selección, y para eso hay que
ganarle a Peñarol y a Nacional.
Es decir que mi actuación a cargo de Defensor no fue una trovata que yo logré, sino que yo estaba convencido de que si me hacían caso salíamos campeones; y los convencí. Así fue que ellos hacían un gol y ya estaba ganado el partido, sin meterse atrás, que eso era lo que me achacaban mis enemigos; me achacaban que me metía atrás, decían que “ponía la bañadera”. Mentira: nunca “puse la bañadera”. Ahí empecé a tomarles un poco de rabia a Nacional y a Peñarol. Y fue entonces que comenzaron a nacerme las ideas. ¿Se dan cuenta? Y las ideas había que pensarlas muy bien, porque si uno le decía a Caillava: “Yo pienso que te van a parar los de Peñarol”… Yo lo convencía ‑al igual que a Carrasco y a todos‑ de que él era mejor que los de Peñarol. Los convencía, pese a que eran jugadores rebeldes. Un día le pedí al masajista que me trajera a Caillava, y le dije: “Bueno, tenés que resolver este partido. Vamos a ver si sos bueno de verdad. Pelota que agarres, encará; andá derecho a los contrarios. Tenés que eludirlos. Andá una vez. ¿La perdiste? Vas otra vez. No se la pases a nadie. Así vas a hacer un gol. No se la pases a nadie. Faltan diez minutos”. Dos a uno les ganamos. Ese mismo sistema lo usé en Defensor.
Para terminar, agradezco la devoción de quienes hicieron uso de la palabra, y les transmito la satisfacción que siento al ver que todos coinciden en que yo convencí a los jugadores de que eran los mejores del medio y, al convencerlos, se transformaron en el mejor equipo de Montevideo. Con los años, mis enemigos, que eran los hinchas de Nacional y de Peñarol, se convencieron de que los hinchas eran hinchas del que ganaba, fuera quien fuera el cuadro; en este caso, yo los convencí de que Defensor era mejor que Nacional y que Peñarol.
Por último, quiero agradecer al señor Presidente, a las señoras Edilas, a los señores Ediles, a los funcionarios y al amigo Abi Saab, que jugaba muy bien…
(Interrupciones)
(Hilaridad)
_____Y las mañas que le enseñé…
(Hilaridad. Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- El contador Fidel Russo ha solicitado sumarse a este homenaje.
Le damos la palabra.
SEÑOR RUSSO.- La Edila Cristina Ferro se olvidó de mencionar que de Nacional pasó a Liverpool, en un recordado pase, porque a Liverpool le llegaron como 14 ó 15 jugadores, entre ellos, Máspoli ‑después campeón del mundo‑ y Sixto González, el mejor jugador de fútbol que yo conocí, aunque no pude ver a los anteriores. Era una de las aclaraciones que siempre me hacía Obdulio Varela. Cuando me veía, me abrazaba y me decía: “Sixto fue mejor que yo”. Obdulio vendía diarios en Paso Molino y jugó en Deportivo Juventud, al igual que Sixto.
Esta foto que le
entrego tiene más de 60 años. Espero que le genere mucha emoción el recuerdo de
sus compañeros.
(Aplausos)
SEÑOR PRESIDENTE (Cayota).- Con este emotivo recuerdo e intervención, se levanta la sesión extraordinaria del día de hoy.
(Es
la hora 18:06)